La Costurera Que Encontró Un Tesoro Cuando Iba A Hacer Pis — Vicente G. Olaya / The Seamstress Who Found A Treasure When She Was Going To Pee by Vicente G. Olaya (spanish book edition)

Este libro es muy ameno y debe leerse como un acercamiento a la arqueología de manera agradable donde tuve buenos momentos durante su lectura.

El francés Émile de Cartailhac fue uno de los arqueólogos y paleontólogos más reconocidos de la época. Prácticamente cada nuevo descubrimiento requería su visto bueno antes de ser hecho público. Y él nunca se lo dio a Altamira. Todo resultaba demasiado espectacular en la cueva española. Los bisontes parecían correr por las paredes, las figuras asemejaban haber sido realizadas en tres dimensiones, los colores resaltaban con una viveza propia de un cuadro del Renacimiento. No, no era posible que aquello fuera obra de un ser humano de hace catorce mil años. Hasta que en 1902 cambió de opinión al comparar los dibujos que había realizado un compatriota suyo llamado Henil Breuil de la cueva santanderina con los obtenidos en otras grutas de Francia. Eran prácticamente los mismos. Escribió entonces un artículo titulado «La grotte d’Altamira, Espagne. Mea culpa d’un sceptique», pero ya era tarde para Sanz de Sautuola y Vilanova. Habían fallecido en el total descrédito científico y se les conocía despectivamente en aquel mundo de sabios europeos como «los clérigos españoles». «Me dijeron que desconfiara de ellos —se confesó De Cartailhac— y yo desconfié». No tuvo en cuenta que los niños siempre dicen la verdad.

El descubrimiento de las cuevas de Altamira a finales del siglo XIX había desatado en Europa la fiebre por desenterrar o hallar nuevos y espectaculares yacimientos en España. Así, Obermaier, después de llevar años recorriendo la cornisa cantábrica investigando cuevas prehistóricas, llegó en 1923 al pequeño municipio onubense de Trigueros (Huelva). La Real Academia de la Historia le había encargado estudiar un enigmático descubrimiento realizado allí, lo que pronto se denominó Dolmen de Soto. Manuel Fuentes, un empleado del marqués Armando de Soto, se había topado con una extraña estructura subterránea cuando llevaba a cabo las labores de construcción de una caseta en el cerro Zancarrón, dentro de la finca La Lobita, propiedad del noble. De Soto era hombre cultivado, curioso y amante de la historia. Cuando su trabajador le comunicó el hallazgo, decidió excavar él mismo aquellas estructuras de piedra que habían brotado en sus terrenos. Pronto se dio cuenta de su importancia: se trataba de una imponente tumba. La dató como perteneciente al periodo «musulmán» —en España siempre ha habido una curiosa tendencia a calificar como del «tiempo de los moros o de los romanos» lo antiguo—. No obstante, el marqués escribió a la Real Academia y le pidió ayuda: los cuerpos y la cerámica encontrados en el interior del túmulo le resultaban demasiado extraños. Obermaier, el elegido por los académicos para llevar a cabo una investigación más profunda.
Un año después de su llegada a Trigueros, Obermaier concluyó que se trataba de una construcción megalítica —entre 3.000 y 2.500 años antes de nuestra era— subterránea. Un siglo más tarde, la catedrática de prehistoria de la Universidad de Alcalá de Henares, Mimi Bueno-Ramírez, reabrió el camino abierto por el germano. Las nuevas tecnologías, además de confirmar las averiguaciones de Obermaier, han permitido detectar la existencia de un montículo de unos sesenta metros de diámetro y rodeado, a su vez, por un círculo de piedras de otros sesenta y cinco metros. En su interior se extiende una galería de dólmenes compuesta por sesenta y tres soportes, una losa frontal y otras treinta lajas más que cubren la estancia. Una especie de Stonehenge subterráneo. Un pasillo de 21,50 metros de recorrido y tres metros de altura lo conectan con el exterior. Todas las piedras están grabadas, talladas o pintadas. Fue erigido con orientación este-oeste, lo que permitía que los difuntos recibiesen directamente los rayos del sol durante el equinoccio y, al tiempo, se aunasen las creencias que fundían la vida en el más allá con los ciclos de actividad agrícola.
Obermaier lo relató así en El dolmen de Soto:
Es sorprendente la preferencia que se ha dado al granito, pues esta roca se halla muy lejos en Escacena (Huelva) y, por lo tanto, ha sido acarreada desde una distancia de unos treinta y siete o treinta y ocho kilómetros. Para su transporte, por medio de rodillos, se ha debido proceder a la construcción de verdaderas pistas (caminos) y a la movilización de numerosos obreros bien disciplinados o quizás esclavos. La arenisca se encuentra en Luena, a unos diez kilómetros de distancia; los conglomerados y la caliza proceden de las canteras de Niebla, a unos seis kilómetros de distancia, mientras que la pizarra se halla en los alrededores inmediatos de un sitio conocido por Molino de la Tallisca, a unos cuatro kilómetros.

Se calcula que el normando-manchego padre Breuil visitó más de trescientos yacimientos, casi siempre a lomos de una burra durante su vida y que escribió unas ochocientas publicaciones con sus trabajos, entre ellas las obras Las pinturas rupestres esquemáticas de la península ibérica, Los hombres de la piedra antigua o la evolución del arte cuaternario y Las cavernas de la región cantábrica, todas con amplias referencias a sus investigaciones en la península.
Colaboró con numerosos arqueólogos y estudiosos españoles de la época como Juan Cabré, Ramón Huguet o Vicente Paredes, pero tuvo que abandonar el país durante la Segunda Guerra Mundial dado el pasaporte francés que portaba. Así que el Papa de la Prehistoria, tras pasar por Portugal, se dirigió al yacimiento chino de Chu-Ku-Tien, un conjunto de cavernas próximo a la capital del país asiático y que albergaba restos de unos cuarenta individuos pertenecientes a la especie Hombre de Pekín o Homo erectus —unos setecientos mil años antes de nuestra era—. Tras la guerra, el sacerdote dedicó su vida a rebuscar nuestro pasado en África —Rhodesia, Sudáfrica, Mozambique, Angola…—, siempre posesiones inglesas y portuguesas…
El muro que Breuil observó en Hellín ocupaba unos ocho metros cuadrados e incluía cuatro centenares de motivos —entre los cinco centímetros y el metro de altura cada uno—, de los que destacaban caballos, cazadores —con cabeza o sin ella—, ciervos, arcos, flechas… Los análisis de laboratorio han aclarado que para pintar estos contornos humanos o de animales los habitantes de las cavernas usaron óxido de hierro, ácidos grasos y materias de origen vegetal y animal. La proporción en que mezclaban unos u otros componentes producía las tonalidades que deseaban crear y plasmar en colores más o menos cercanos al rojo, negro o blanco. Plumas de aves y finas ramas les servían como pinceles.
Hoy en día, el Tolmo de Minateda encabeza las investigaciones arqueológicas en España. Se trata de un rompecabezas de difícil encaje y que expresa claramente lo que la península significó para los diferentes pueblos que la habitaron: desde el Paleolítico que tanto admiraba el pequeño abate francés hasta la Edad Media. De dónde venimos, sigue siendo un misterio, pero ha habido personas que se han dejado la vida intentando descubrirlo.

Los expertos consideran que La Almoloya era la capital administrativa de esta cultura que perduró seis siglos. Entre los restos de la ciudad se ha documentado una trama urbana, con angostas calles, entre las que destaca un edificio de unos trescientos metros cuadrados con una sala de reuniones de otros setenta. Desde aquí, según los estudiosos, se dirigía no solo la ciudad, sino, posiblemente, todo el territorio compuesto por decenas de poblaciones.
La espectacular edificación contiene una estancia en cuyas paredes se apoyaba un banco corrido de piedra en el que se podían sentar hasta sesenta y cuatro personas. Los asientos no estaban nivelados, de tal forma que aumentaban de altura conforme la importancia de los personajes que los ocupaban, alcanzando su máximo nivel donde se sentaba el príncipe o la princesa, por llamarlos de alguna manera, porque no se conoce con exactitud el tipo de gobierno de este pueblo. Se ignora si el mando se heredaba o si, al contrario, se alcanzaba por votación. De todas formas, el hecho de que se haya descubierto esta gran estancia y su configuración permite que los expertos de la Universidad Autónoma de Barcelona, que son los que desde hace años encabezan las excavaciones, hablen «del primer parlamento de la historia de Europa».
Los análisis de laboratorio han permitido a la Universidad Autónoma de Barcelona confirmar que todo el conjunto urbano de La Almoloya ardió en el 1635 antes de Cristo.

30 de septiembre de 1958, cuando el albañil Alonso Hinojos del Pino metió el azadón en la tierra y ante él apareció un brazalete de oro de veinticuatro quilates. Hinojos formaba parte de un grupo de trabajadores que estaba rebajando unos quince centímetros el nivel exterior de unas instalaciones que la Real Sociedad de Tiro de Pichón de Sevilla había levantado en una parcela del término municipal de Camas, una ciudad próxima a la capital hispalense. Los cálculos arquitectónicos al construir el edificio habían sido erróneos y una de las ventanas quedaba demasiado baja, casi a ras de suelo, por lo que, si se rebajaba el pavimento un poco, asunto arreglado. Made in Spain.
Tras la aparición del brazalete, comenzaron las prisas por desenterrar más objetos. Los obreros no tardaron mucho en hallar un recipiente de barro en cuyo interior alguien había ocultado numerosas piezas de oro, hasta un total de veintiuna, que pesaban casi 2,9 kilos. El conjunto lo conformaban hileras doradas, un pectoral, dos brazaletes, ocho placas, un collar, anillos…
Los carambolos, como se denomina en la zona a los pequeños altozanos donde se levantó el complejo de tiro, dieron nombre a este tesoro.
Los expertos no se ponen de acuerdo sobre el conjunto artístico de Camas. Además del tesoro, se detectó la presencia de un complejo arquitectónico de culto y ceremonial de más de cuatro mil trescientos metros cuadrados, que incluía desde altares con forma de toro hasta enterramientos infantiles o figuras y exvotos de terracota muy poco frecuentes en la península. Auténticas batallas académicas se han sucedido sobre el origen del tesoro: a quién pertenecía, quién lo encargó, cómo llegó hasta Camas, dónde se fabricó, en qué tipo de construcción fue ocultado.
La versión más extendida entre los expertos es que El Carambolo era un gran centro de culto fenicio, asentado sobre una prominente colina —hoy rodeada por edificios—, que servía como guía a las embarcaciones que surcaban el Guadalquivir y sus ramificaciones.

La Dama de Baza es una escultura de unos ochocientos kilogramos de peso, 1,33 metros de altura y de 1,03 metros de ala a ala del trono. Fue tallada en caliza microcristalina con componentes de carbonato de calcio, sílice y sodio. La piedra con la que fue esculpida fue extraída de alguna cantera de las cercanías.
Representa a una mujer sentada sobre un trono. La figura sufría diversas roturas en brazos, pies y mentón, pero en general su conservación resultaba bastante aceptable. Los daños que la aquejaban procedían de terremotos ocurridos en la zona o, quizás, del hundimiento del techo que la cubría. Hierática, su creador se esmeró, fundamentalmente, en el rostro, no así en su regazo. La cara muestra a una mujer de nariz perfecta y ojos pintados e inclinados. Cejas de color negro y boca de rosa vivo. El cabello, rizado y negro, asoma bajo el tocado, recogido en dos bandós junto a las mejillas, dejó escrito Presedo en 1973 en la memoria científica de su hallazgo.
El cuello de la mujer se oculta bajo collares y en las manos, anillos en los dedos anulares e índices. Los pies descansan sobre un cojín azul. Porta un tocado con tres franjas que puede representar una tiara. De los lóbulos de sus orejas penden colgantes con borlas y su cuello está decorado con cuatro gargantillas.
La estatua se esculpió como urna funeraria. Sirvió para contener las cenizas de la difunta. A pesar de todo, los expertos no formulan ninguna hipótesis concreta, aunque barajan la posibilidad de que se trate una diosa griega o púnica helenizada: Artemisa, Deméter, Perséfone o Tanit cuentan con posibilidades de ser las representadas. Otros estudiosos, dado que fue enterrada con falcatas —un arma de guerra— la relacionan más con una reina.
Presedo, cuando en 1973 presentó su informe sobre el descubrimiento, hizo mención a la otra gran señora de la cultura prerromana, la de Elche, descubierta en 1897. Relacionó a ambas servata distantia, si bien «no podemos olvidar las diferencias que indudablemente alejan algo a estas dos figuras: la Dama de Elche es más barroquizante, sin la sencillez de la de Baza».
No era la primera vez que un tesoro nacional abandonaba España por la dejadez de las autoridades competentes. Se pidió un cambio legislativo que impidiera pérdidas como esta, algo que ya resultaba cómico porque, durante el Gobierno de Leopoldo O’Donnell (1856-1866), había ocurrido exactamente lo mismo con el llamado tesoro de Guarrazar: los franceses se lo llevaron tras adquirirlo a diversos joyeros y campesinos de Toledo y lo expusieron en el Museo de Cluny. Pero la historia está llena de coincidencias: la Dama de Elche y el tesoro de Guarrazar terminarían encontrándose muchos años después. El destino.
El 17 de junio de 1940 Francia reconoció su imposibilidad de detener a la Wehrmacht, el poderoso ejército alemán. Tres días después, sus representantes firmaron ante los nazis el armisticio en un vagón de tren, el mismo que se había utilizado para que hiciesen lo propio los alemanes en la Primera Guerra Mundial. Francia, humillada, fue dividida en dos y se nombró un Gobierno títere presidido por el general Philippe Pétain, que establecería su capital en Vichy, una ciudad de unos treinta mil habitantes del centro de Francia. El 28 de junio, Adolf Hitler, el dueño de Europa, realizó su entrada triunfal en la capital francesa. Tenía a su disposición lo que quisiera.
El 30 de octubre de ese año, España vio su oportunidad y propuso a Francia —la de Vichy— un trueque de obras de arte. Luis Monreal, que era comisario de la IV Zona de Defensa del Patrimonio Histórico Nacional, dejó escrito, según consta en «Franco trajo a España la Dama de Elche»…

¿Qué es el castro de Coaña? Era una población con un sistema defensivo basado en murallas, terraplenes y torreones y en cuya parte más alta se situaba la acrópolis, mientras que en la baja —barrio norte— se contabilizaban más de ochenta cabañas en las que pudieron vivir hasta mil quinientas personas. De hecho, la envergadura de los edificios fue notable, ya que algunos lienzos conservados superan los tres o cuatro metros de altura. Las cabañas contaban, según las investigaciones de García y Bellido, con unos vestíbulos que aumentaban el volumen de las viviendas y que separaban las habitaciones de las zonas de producción —los establos y rediles—.
El asentamiento fue construido sobre un pequeño altozano. Su entrada principal, que daba acceso directo al área más elevada, se hallaba flanqueada por puestos de guardia. En la zona superior, los astures levantaron lo que los arqueólogos denominan el Torreón, una gran construcción rectangular que pudo utilizarse como tribuna o como atalaya para localizar peligros inminentes.
Todo el complejo urbano estaba cruzado por calles y plazas junto a las que se levantaban edificios circulares o rectangulares de esquinas redondeadas. En el área denominada «recinto sacro» se alzaban también dos edificios que se caracterizaban por contar con una cámara central de cubierta abovedada y cabeceras semicirculares. En esta parte se han encontrado molinos y piedras con cazoletas de granito, hornos y una enorme tina.

Al estudiar las imágenes de los mosaicos de Noheda, los arqueólogos han llegado a la conclusión de que fueron, al menos, dos los artistas —pictores imaginarii— que diseñaron el gran mosaico, en el que se representan, entre otros, el mito de Enómao, Pélope e Hipodamia; dos pantomimas; el juicio de Paris y el rapto de Helena, aparte del cortejo dionisiaco y el Thiasos marino. En el mosaico dedicado al rey Enómao, se relata que el monarca solo concedería la mano de su hija Hipodamia a quien le derrotase en una carrera. Lo consiguió el arriesgado y valiente Pélope, que sustituyó los elementos de bronce del carro real por otros de cera que se derritieron con la fricción. Nadie dijo que no se pudieran hacer trampas. En el mosaico son perfectamente reconocibles, asimismo, tres cabezas colgantes de los que no pudieron vencer al monarca. En la escena de El cortejo de Dionisio, destaca la imagen de Sileno, su padre adoptivo, que es representado como un anciano montado en un burro, junto al que aparecen centauros, músicos o sátiros. Y así, decenas de alegorías distribuidas por todo el triclinium de la estancia principal que relatan historias muy populares en la antigua Roma.
Los artistas romanos componían los mosaicos con miles de teselas, que eran pequeñas piezas de mármol o cerámica, aunque también se podían utilizar piedras semipreciosas, vidrios o incluso oro.
Aparte del mosaico, los investigadores desenterraron en Noheda medio centenar de grandes fragmentos de esculturas, todas realizadas en mármoles de Oriente y Carrara (Italia), lo que convierte al conjunto escultórico en el más grande de toda Hispania, con representaciones de Dionisio, Venus o los Dioscuros.

Resulta difícil describir la riqueza artística e histórica de la necrópolis de Castiltierra, pero sirva como ejemplo la enumeración de objetos que fueron rescatados por las autoridades españolas de su venta a compradores privados cuando una enorme parte ya había desaparecido. De lo que adquirieron los coleccionistas y los anticuarios, posiblemente los objetos más valiosos y espectaculares, no ha quedado rastro oficial, pero sí de los que se guardan aún en los anaqueles de los museos nacionales, una reducida porción de las riquezas exhumadas en aquel cementerio visigodo con novecientas almas.
La lista oficial es larga y solo ofrece el nombre y descripción de los objetos, pero no el número que se guarda de cada pieza. Muchas estaban repetidas. No obstante, merece la pena recordar la relación para hacerse una idea de lo expoliado. Si esto es lo que ha podido ser rescatado por los museos, qué no incluiría inicialmente el yacimiento: colgante, fíbula de puente, fíbula de puente digitada, fíbula de arco laminar, fíbula trilaminar, fíbula pseudolaminar, fíbula discoidal, fíbula zoomorfa —ciervo y caballito—, fíbula aquiliforme, fíbula en omega, fíbula romboidal, broche de cinturón, broche de cinturón de placa articulada —diversas variantes—, broche de cinturón con lámina repujada…

El 25 de agosto de 1858, Escolástica, hija de Francisco Morales y de María Pérez, había acudido con sus padres a una prueba de costura en Toledo para poder ejercer como maestra. En aquella España de mediados del XIX, con endebles gobiernos nacionales incapaces de dominar una situación político-social que diez años más tarde terminaría costando el reinado a Isabel II, un oficio seguro no le vendría mal a la muchacha. Así que la familia, que vivía en Guadamur, un municipio situado a once kilómetros de Toledo, decidió salir temprano hacia la capital de la provincia para que les diera tiempo a pasar antes por la catedral y rezar un misterio, un padrenuestro o lo que terciara, que siempre convenía.
Durante el camino, entre huertas y olivares, la joven sintió una necesidad fisiológica, por lo que buscó un lugar donde miccionar alejada de las miradas de los numerosos campesinos a los que iban saludando a su regreso y que trabajaban en los campos próximos a Guadamur. Escolástica eligió como refugio lo que parecía una pequeña tapia de mampostería. Se levantó los refajos y miró hacia el suelo. Al cabo de unos minutos, Francisco, a grandes voces, le exigió que se apurase, porque estaba comenzando a llover con fuerza. Pero la muchacha no respondía, se había quedado mirando fijamente aquel brillo que intentaba liberarse entre las dos lanchas separadas sobre las que había apoyado sus alpargatas negras. Se bajó rápidamente las faldas y acercó la vista a la grieta. «¡Padre, padre, que parece una alhaja!».
El agua caía ya directamente sobre las joyas de oro y piedras preciosas que se ocultaban en el interior de la tumba de casi un metro y medio de profundidad. Más cadenas, más coronas, más crucifijos, más preseas, más de todo. Sus brazos resultaban insuficientes para abrazar el nuevo tesoro que se mostraba ante sus ojos. Pero la avidez le dio el impulso necesario, cargó los sacos del burro y se dirigió también a su casa.
Nunca se sabrá con exactitud la magnitud del tesoro de Guarrazar. Muchas piezas se perdieron en las orfebrerías de Toledo, donde fueron fundidas solamente por el valor del metal, otras fueron partidas y destrozadas por sus descubridores para venderlas mejor y otras tantas desaparecieron entre las manos de marchantes, intermediarios y ladrones. Aproximadamente, el conjunto artístico estaba formado por una treintena de grandes piezas, de las que las llamadas coronas votivas suponían un componente fundamental.

La historia de los restos del Campeador oscila entre lo grotesco y lo sorprendente, pero también está salpicada por momentos emotivos y de respeto que reconcilian con el pasado. Hoy en día, este trozo del cráneo, de 69 x 57 milímetros, se conserva en la Real Academia.
Los restos óseos del Campeador no son los únicos que se reparten por diferentes lugares sin ninguna lógica. Lo mismo ocurre con sus más preciadas pertenencias, como sus afamadas espadas Tizona y Colada, de las que tampoco existen pruebas irrefutables de dónde se hallan o incluso de su veracidad en el caso de las dos que se exponen. Aparte de la que robó Denon, y que posiblemente sí sería original, todo lo referente a los aceros del líder castellano se envuelve en una bruma de tradiciones orales, leyendas, resultados de laboratorio, denuncias en los tribunales y datos falsos o literarios.

De los restos del alcázar desde el que se dominaba el mundo y del entramado de calles, iglesias, plazas y conventos que lo rodeaban solo han quedado tres elementos visibles al público para vergüenza y escarnio de todos: la base de una torre de vigilancia musulmana dentro de aparcamiento de la plaza de Oriente, los restos a ras de calle de los muros de la iglesia de San Juan, que se invisibilizan cuando el vaho o la lluvia humedecen los cristales que los protegen, y la estatua en bronce de un vecino con gorra calada que mira, junto a la calle Mayor, las cuatro piedras —esta vez sí, comparadas con lo que se destruyó— que se desenterraron de la vieja iglesia románica de Santa María de la Almudena. Este templo fue el antecesor de la catedral de Madrid, conocida como la Almudena, edificio adyacente al futuro Museo de Colecciones Reales y cuyo subsuelo histórico —a pesar de erigirse sobre el viejo alcázar árabe— no guarda nada interesante que deba ser salvado para las siguientes generaciones. También es mala suerte.

De todos los búnkeres que la República construyó destaca uno por dos razones: por sus medidas —más de dos mil metros cuadrados— y por su estado de conservación. Se llama búnker de la Posición Jaca y está oculto entre la naturaleza del bellísimo parque del Capricho, a las afueras de Madrid. El cuartel general republicano, que al principio de la guerra se estableció en la sede del Ministerio de Hacienda, muy próximo a la neurálgica y céntrica Puerta del Sol, resultaba un objetivo demasiado fácil para los aviones de las escuadras nacionales. Así que pronto se decidió buscar un lugar más difícilmente detectable. Se eligió el Capricho porque estaba cerca del aeropuerto de Barajas y muy próximo a la carretera que unía Madrid con Valencia. Con el máximo secreto, las autoridades republicanas iniciaron su construcción a unos quince metros de profundidad.
Este parque madrileño fue idea de María Josefa Pimentel (1752-1834), que deseaba tener una finca de recreo —un capricho, como la llamaba— a las entonces afueras de Madrid. Casada con Pedro Alcántara, duque de Osuna, ideó un jardín romántico con palacio que fue concluido en 1798 y que llegó a albergar cuadros de Goya. El palacio, rodeado de laberintos vegetales, un salón de baile, una casa de juegos con autómatas, riachuelos y estanques…
El refugio era totalmente autónomo, ya que disponía de generadores eléctricos, de sistemas de ventilación y comunicación telefónica. Su capacidad máxima se estableció en unas doscientas personas. Una de sus curiosidades es que el suelo cuenta con baldosas de distintos colores y formas. Fue diseñado así para que, en caso de apagón, sus ocupantes pudieran orientarse en la semipenumbra siguiendo determinados dibujos. La entrada al centro de mando era doble y estaba ubicada en la parte inferior del palacio. Contaba con salidas secretas para realizar evacuaciones urgentes. Hoy son visibles todavía en las calles que rodean el conjunto histórico.
A poco más de treinta kilómetros del parque del Capricho, en el término municipal de San Martín de la Vega, se levanta un despoblado llamado Górquez de Abajo. En su momento, lo conformaban grandes casones, una ermita, establos, jardines, huertos y estanques, que llegaron en el siglo XVI a estar bajo administración directa del monasterio de El Escorial. En una de esas antiguas edificaciones, se estableció el cuartel general franquista durante la batalla del Jarama. Hoy en día, estos edificios forman parte de rutas turísticas en bicicleta por el parque del Sureste. Sus restos, sin embargo, no llaman demasiado la de los visitantes en un primer momento, porque la mayoría se queda mirando las enormes estructuras metálicas y de vivos colores de un parque de atracciones que se levantó en 2002 en la zona exacta donde los franquistas dirigieron la batalla y donde actuó el llamado Duende de Górquez.

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This book is very entertaining and should be read as an approach to archeology in a pleasant way where I had good moments during its reading.

The Frenchman Émile de Cartailhac was one of the most renowned archaeologists and paleontologists of the time. Virtually every new discovery required his approval before being made public. And he never gave it to Altamira. Everything was too spectacular in the Spanish cave. The bison seemed to run along the walls, the figures seemed to have been made in three dimensions, the colors stood out with a vividness typical of a Renaissance painting. No, it couldn’t possibly be the work of a human being fourteen thousand years ago. Until in 1902 he changed his mind when he compared the drawings made by a compatriot of his named Henil Breuil of the Santander cave with those obtained in other caves in France. They were practically the same. He then wrote an article entitled «La grotte d ‘Altamira, Spain. Mea culpa d’un skeptic ”, but it was too late for Sanz de Sautuola and Vilanova. They had died in total scientific discredit and were contemptuously known in that world of European scholars as «the Spanish clergymen.» «They told me to distrust them,» De Cartailhac confessed, «and I distrusted them.» He did not take into account that children always tell the truth.

The discovery of the Altamira caves at the end of the 19th century had unleashed a fever in Europe to unearth or find new and spectacular sites in Spain. Thus, Obermaier, after spending years traveling the Cantabrian coast investigating prehistoric caves, arrived in 1923 in the small Huelva municipality of Trigueros (Huelva). The Royal Academy of History had commissioned him to study an enigmatic discovery made there, what was soon known as the Dolmen de Soto. Manuel Fuentes, an employee of the Marquis Armando de Soto, had come across a strange underground structure when he was carrying out the work of building a hut on the Zancarrón hill, within the La Lobita farm, owned by the nobleman. De Soto was a cultured man, curious and a lover of history. When his worker informed him of the discovery, he decided to excavate himself those stone structures that had sprouted in his lands. He soon realized its importance: it was an imposing tomb. He dated it as belonging to the «Muslim» period – in Spain there has always been a curious tendency to describe the ancient as «the time of the Moors or the Romans.» However, the Marquis wrote to the Royal Academy and asked for their help: the bodies and pottery found inside the burial mound were too strange to him. Obermaier, the one chosen by academics for further investigation.
A year after his arrival in Trigueros, Obermaier concluded that it was a megalithic construction – between 3,000 and 2,500 years before our era – underground. A century later, the professor of prehistory at the University of Alcalá de Henares, Mimi Bueno-Ramírez, reopened the path opened by the German. New technologies, in addition to confirming Obermaier’s findings, have made it possible to detect the existence of a mound about sixty meters in diameter and surrounded, in turn, by a circle of stones of another 65 meters. Inside there is a gallery of dolmens made up of sixty-three supports, a frontal slab and another thirty more slabs that cover the room. A kind of underground Stonehenge. A 21.50 meter long corridor and three meters high connect it to the outside. All the stones are engraved, carved or painted. It was erected with an east-west orientation, which allowed the deceased to directly receive the rays of the sun during the equinox and, at the same time, join the beliefs that merged life in the afterlife with the cycles of agricultural activity.
Obermaier related it like this in El dolmen de Soto:
The preference given to granite is surprising, since this rock is found very far away in Escacena (Huelva) and, therefore, has been hauled from a distance of about thirty-seven or thirty-eight kilometers. For its transport, by means of rollers, it has been necessary to proceed to the construction of real tracks (roads) and to the mobilization of numerous well-disciplined workers or perhaps slaves. The sandstone is located in Luena, about ten kilometers away; the conglomerates and limestone come from the Niebla quarries, some six kilometers away, while the shale is in the immediate vicinity of a site known as Molino de la Tallisca, some four kilometers away.

It is estimated that the Norman-Manchego father Breuil visited more than three hundred sites, almost always on the back of a donkey during his life and that he wrote about eight hundred publications with his works, among them the works The schematic cave paintings of the Iberian Peninsula, The men of the ancient stone or the evolution of quaternary art and The caverns of the Cantabrian region, all with extensive references to his research in the peninsula.
He collaborated with numerous Spanish archaeologists and scholars of the time such as Juan Cabré, Ramón Huguet or Vicente Paredes, but had to leave the country during World War II given the French passport that he carried. So the Pope of Prehistory, after passing through Portugal, went to the Chinese site of Chu-Ku-Tien, a set of caves near the capital of the Asian country and which housed the remains of about forty individuals belonging to the Man of Peking or Homo erectus — some seven hundred thousand years before our era. After the war, the priest dedicated his life to searching our past in Africa —Rhodesia, South Africa, Mozambique, Angola… -, always English and Portuguese possessions…
The wall that Breuil observed in Hellín occupied about eight square meters and included four hundred motifs – between five centimeters and one meter in height each -, of which horses, hunters – with or without heads -, deer, bows stood out. , arrows … Laboratory analyzes have clarified that to paint these human or animal contours the cave dwellers used iron oxide, fatty acids and materials of plant and animal origin. The proportion in which they mixed one or the other components produced the tones they wanted to create and capture in colors more or less close to red, black or white. Bird feathers and fine branches served as brushes.
Today, Tolmo de Minateda leads archaeological investigations in Spain. It is a puzzle that is difficult to fit and clearly expresses what the peninsula meant for the different peoples that inhabited it: from the Paleolithic period that the little French abbe admired so much until the Middle Ages. Where we come from remains a mystery, but there have been people who have spent their lives trying to find out.

Experts consider that La Almoloya was the administrative capital of this culture that lasted six centuries. Among the remains of the city an urban fabric has been documented, with narrow streets, among which a building of about three hundred square meters with a meeting room of another seventy stands out. From here, according to scholars, not only the city was headed, but possibly the entire territory made up of dozens of populations.
The spectacular building contains a room on the walls of which supported a long stone bench where up to sixty-four people could sit. The seats were not level, in such a way that they increased in height according to the importance of the characters that occupied them, reaching their maximum level where the prince or princess sat, to call them in some way, because the type is not known exactly. of government of this town. It is unknown if the command was inherited or if, on the contrary, it was reached by vote. In any case, the fact that this large room and its configuration have been discovered allows the experts from the Autonomous University of Barcelona, who have been leading the excavations for years, to speak of «the first parliament in the history of Europe» .
Laboratory analyzes have allowed the Autonomous University of Barcelona to confirm that the entire urban complex of La Almoloya burned in 1635 BC.

September 30, 1958, when the bricklayer Alonso Hinojos del Pino drove the hoe into the ground and a twenty-four-karat gold bracelet appeared before him. Hinojos was part of a group of workers who were lowering the exterior level of some fifteen centimeters of facilities that the Royal Pichón Shooting Society of Seville had built on a plot of the municipality of Camas, a city near the capital of Seville. The architectural calculations when constructing the building had been wrong and one of the windows was too low, almost at ground level, so if the pavement was lowered a little, that was fixed. Made in Spain.
Following the appearance of the bracelet, the rush to unearth more objects began. It didn’t take long for the workers to find an earthenware container inside which someone had hidden numerous pieces of gold, up to a total of twenty-one, weighing almost 2.9 kilos. The set was made up of golden rows, a breastplate, two bracelets, eight plates, a necklace, rings …
The carambols, as the small hills where the shooting complex was built, are called in the area, gave this treasure its name.
The experts do not agree on the artistic group of Beds. In addition to the treasure, the presence of a cult and ceremonial architectural complex of more than four thousand three hundred square meters was detected, which included from bull-shaped altars to child burials or figures and terracotta votive offerings, very rare in the peninsula. Authentic academic battles have taken place over the origin of the treasure: to whom it belonged, who commissioned it, how it got to Camas, where it was made, in what type of construction it was hidden.
The most widespread version among experts is that El Carambolo was a great Phoenician cult center, settled on a prominent hill – today surrounded by buildings – that served as a guide for the boats that plowed the Guadalquivir and its ramifications.

La Dama de Baza is a sculpture weighing about 800 kilograms, 1.33 meters high and 1.03 meters from wing to wing of the throne. It was carved in microcrystalline limestone with components of calcium carbonate, silica and sodium. The stone with which it was sculpted was extracted from a nearby quarry.
It represents a woman sitting on a throne. The figure suffered several breaks in its arms, feet and chin, but in general its conservation was quite acceptable. The damage that afflicted it came from earthquakes that occurred in the area or, perhaps, from the collapse of the roof that covered it. Hieratic, the creator of her, took great care, fundamentally, in her face, not in her lap. The face shows a woman with a perfect nose and slanted painted eyes. Black eyebrows and bright pink mouth. Her hair, curly and black, appears under her headdress, gathered in two sides next to her cheeks, she wrote Presedo in 1973 in the scientific memory of her finding.
The woman’s neck is hidden under necklaces and in her hands, rings on the ring and index fingers. Her feet rest on a blue cushion. She wears a headdress with three stripes that can represent a tiara. Tassel pendants hang from her earlobes, and her neck is decorated with four chokers.
The statue was sculpted as a funeral urn. It served to contain the ashes of the deceased. In spite of everything, the experts do not formulate any concrete hypothesis, although they consider the possibility that a Greek or Hellenized Punic goddess is involved: Artemis, Demeter, Persephone or Tanit have possibilities of being represented. Other scholars, given that she was buried with falcatas – a weapon of war – relate her more to a queen.
When Presedo presented his report on the discovery in 1973, he made mention of the other great lady of pre-Roman culture, that of Elche, discovered in 1897. He related both servata distantia, although “we cannot forget the differences that undoubtedly separate something to these two figures: the Lady of Elche is more baroque, without the simplicity of that of Baza ».
It was not the first time that a national treasure had left Spain due to the negligence of the competent authorities. A legislative change was requested to prevent losses like this, something that was already comical because, during the Government of Leopoldo O’Donnell (1856-1866), exactly the same had happened with the so-called Guarrazar treasure: the French took it after Acquire it from various jewelers and peasants in Toledo and exhibited it in the Cluny Museum. But history is full of coincidences: the Lady of Elche and Guarrazar’s treasure would end up meeting many years later. Destiny.
On June 17, 1940, France recognized its inability to stop the Wehrmacht, the powerful German army. Three days later, their representatives signed the armistice before the Nazis in a train car, the same one that had been used for the Germans to do the same in the First World War. France, humiliated, was divided in two and a puppet government headed by General Philippe Pétain was appointed, who would establish his capital in Vichy, a city of some thirty thousand inhabitants in central France. On June 28, Adolf Hitler, the owner of Europe, made his triumphal entry into the French capital. He had at his disposal whatever he wanted.
On October 30 of that year, Spain saw its opportunity and proposed to France – that of Vichy – a barter of works of art. Luis Monreal, who was commissioner of the IV Zone of Defense of the National Historical Heritage, wrote, as recorded in «Franco brought the Lady of Elche to Spain» …

What is the Castro de Coaña? It was a town with a defensive system based on walls, ramparts and towers and the acropolis in the highest part of which was located, while in the lower part – the northern district – there were more than eighty cabins in which up to 1,500 people could live. In fact, the wingspan of the buildings was remarkable, as some preserved canvases exceed three or four meters in height. According to García and Bellido’s investigations, the cabins had hallways that increased the volume of the houses and separated the rooms from the production areas — the stables and pens.
The settlement was built on a small hill. Its main entrance, which gave direct access to the higher area, was flanked by guard posts. In the upper area, the Asturians built what archaeologists call the Torreón, a large rectangular construction that could be used as a platform or as a watchtower to locate imminent dangers.
The entire urban complex was crossed by streets and squares alongside which stood circular or rectangular buildings with rounded corners. In the area known as the «sacred enclosure» there were also two buildings that were characterized by having a central chamber with a vaulted roof and semicircular headboards. In this part, mills and stones with granite bowls, ovens and a huge tub have been found.

By studying the images of the Noheda mosaics, archaeologists have come to the conclusion that there were at least two artists – imaginary picters – who designed the great mosaic, which depicts, among others, the myth of Oenomaus. , Pelops and Hypodamia; two pantomimes; the judgment of Paris and the abduction of Helena, apart from the Dionysian courtship and the marine Thiasos. In the mosaic dedicated to King Oenomaus, it is related that the monarch would only grant the hand of his daughter Hipodamia to whom he defeated in a race. It was achieved by the risky and brave Pelops, who replaced the bronze elements of the royal chariot with others made of wax that melted with friction. No one said you couldn’t cheat. In the mosaic are perfectly recognizable, likewise, three hanging heads of those who could not defeat the monarch. In the scene of El cortejo de Dionisio, the image of Silenus, his adoptive father, stands out, who is represented as an old man riding on a donkey, next to whom appear centaurs, musicians or satyrs. And so, dozens of allegories distributed throughout the triclinium of the main room that tell stories very popular in ancient Rome.
Roman artists composed mosaics with thousands of tesserae, which were small pieces of marble or ceramic, although semi-precious stones, glass, or even gold could also be used.
Apart from the mosaic, the researchers unearthed fifty large sculpture fragments in Noheda, all made of marbles from the East and Carrara (Italy), which makes the sculptural ensemble the largest in all of Hispania, with representations of Dionysus, Venus or the Dioscuri.

It’s difficult to describe the artistic and historical wealth of the necropolis of Castiltierra, but the list of objects that were rescued by the Spanish authorities from their sale to private buyers when a huge part had already disappeared is an example. Of what the collectors and antique dealers acquired, possibly the most valuable and spectacular objects, there has been no official trace, but of those that are still kept on the shelves of national museums, a small portion of the riches exhumed in that cemetery Visigoth with nine hundred souls.
The official list is long and only offers the name and description of the objects, but not the number that is kept for each piece. Many were repeated. However, it is worth remembering the relationship to get an idea of what was plundered. If this is what has been rescued by museums, what would the site not initially include: pendant, bridge fibula, finger bridge fibula, laminar arch fibula, trilaminar fibula, pseudolaminar fibula, discoidal fibula, zoomorphic fibula – deer and rocking horse—, aquiliform fibula, omega fibula, rhomboid fibula, belt clasp, articulated plate belt clasp —various variants—, belt clasp with embossed foil …

On August 25, 1858, Escolástica, daughter of Francisco Morales and María Pérez, had gone with her parents to a sewing test in Toledo in order to be a teacher. In that Spain in the mid-nineteenth century, with weak national governments unable to dominate a political-social situation that ten years later would end up costing Elizabeth II the reign, a sure job would not hurt the girl. So the family, who lived in Guadamur, a municipality located eleven kilometers from Toledo, decided to leave early for the capital of the province so that they would have time to go through the cathedral first and pray a mystery, an Our Father or whatever. , which always suited.
Along the way, between orchards and olive groves, the young woman felt a physiological need, so she looked for a place to urinate away from the eyes of the many peasants who were greeting her return and who worked in the nearby fields. to Guadamur. Scholastica chose as a refuge what looked like a small masonry wall. She lifted her petticoats and looked down at the floor. After a few minutes, Francisco, loudly from her, demanded that she hurry from her, because she was starting to rain hard. But the girl did not respond, she had been staring at that brightness that she was trying to free herself between the two separate boats on which she had supported her black espadrilles. She quickly lowered her skirts and looked up at the crevice. «Father, father, it looks like a jewel!»
The water was already falling directly on the jewels of gold and precious stones that were hidden inside the tomb of almost a meter and a half deep. More chains, more crowns, more crucifixes, more medals, more of everything. Her arms were insufficient to embrace the new treasure that was displayed before her eyes. But her greed gave him the necessary impulse, she loaded the donkey’s sacks and also went to her house.
The exact magnitude of Guarrazar’s treasure will never be known. Many pieces were lost in the goldsmiths of Toledo, where they were melted only for the value of the metal, others were split and destroyed by their discoverers to sell them better and many others disappeared into the hands of dealers, intermediaries and thieves. Approximately, the artistic ensemble consisted of around thirty large pieces, of which the so-called votive crowns were a fundamental component.

The history of the Campeador remains oscillates between the grotesque and the surprising, but it is also punctuated by emotional and respectful moments that reconcile with the past. Today, this piece of the skull, measuring 69 x 57 millimeters, is kept in the Royal Academy.
The skeletal remains of the Campeador are not the only ones that are distributed in different places without any logic. The same happens with his most precious belongings, such as his famous Tizona and Colada swords, of which there is also no irrefutable evidence of where they are or even of the veracity of him in the case of the two that are exposed. Apart from the one that Denon stole, and which would possibly be original, everything related to the Castilian leader’s steels is wrapped in a mist of oral traditions, legends, laboratory results, complaints in court and false or literary data.

Of the remains of the fortress from which the world was dominated and the network of streets, churches, squares and convents that surrounded it, only three elements remain visible to the public to the shame and derision of all: the base of a Muslim watchtower inside parking space in the Plaza de Oriente, the remains at street level of the walls of the church of San Juan, which become invisible when the steam or rain moisten the windows that protect them, and the bronze statue of a neighbor with a cap shed that looks, next to Calle Mayor, at the four stones — this time, compared to what was destroyed — that were unearthed from the old Romanesque church of Santa María de la Almudena. This temple was the predecessor of the Madrid Cathedral, known as the Almudena, a building adjacent to the future Royal Collections Museum and whose historical subsoil – despite being erected on the old Arab fortress – does not keep anything interesting that should be saved for the following generations. It is also bad luck.

Of all the bunkers that the Republic built, one stands out for two reasons: because of its size – more than two thousand square meters – and because of its state of preservation. It is called the Bunker of the Jaca Position and it is hidden among the nature of the beautiful Capricho Park, on the outskirts of Madrid. The republican headquarters, which at the beginning of the war was established in the headquarters of the Ministry of Finance, very close to the central and central Puerta del Sol, was too easy a target for the planes of the national squadrons. So it was soon decided to look for a more difficultly detectable place. El Capricho was chosen because it was close to the Barajas airport and very close to the road that linked Madrid with Valencia. With the utmost secrecy, the republican authorities began construction at a depth of about fifteen meters.
This Madrid park was the idea of María Josefa Pimentel (1752-1834), who wanted to have a recreational farm – a whim, as she called it – on the then outskirts of Madrid. Married to Pedro Alcántara, Duke of Osuna, she devised a romantic garden with a palace that was completed in 1798 and which came to house paintings by Goya. The palace, surrounded by vegetable labyrinths, a dance hall, a playhouse with automata, streams and ponds …
The shelter was completely autonomous, as it had electrical generators, ventilation systems and telephone communication. Its maximum capacity was established at about two hundred people. One of its curiosities is that the floor has tiles of different colors and shapes. It was designed this way so that, in the event of a power failure, its occupants could orient themselves in the semi-darkness following certain drawings. The entrance to the command center was double and was located in the lower part of the palace. It had secret exits for urgent evacuations. Today they are still visible in the streets that surround the historic complex.
A little more than thirty kilometers from the Capricho park, in the municipality of San Martín de la Vega, there is a depopulated area called Górquez de Abajo. At the time, it was made up of large mansions, a hermitage, stables, gardens, orchards and ponds, which came under the direct administration of the El Escorial monastery in the 16th century. In one of these old buildings, the Francoist headquarters was established during the Battle of Jarama. Today, these buildings are part of tourist bike routes through the Southeast Park. Its remains, however, do not attract too much that of visitors at first, because most stare at the huge metallic and brightly colored structures of an amusement park that was built in 2002 in the exact area where the Francoists directed the battle and where the so-called Duende de Górquez acted.

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