España 2030: Gobernar El Futuro — José Moisés Martín Carretero / Spain 2030: Governing the Future by José Moisés Martín Carretero (spanish book edition)

Recomendable. Abundantes referencias a bibliografia. Es un buen comienzo para trazar los nuevos moldelos de futuro. En mi opinión, flaquea al tratar la solución a la «externalización» de los costes ecologicos y sociales de la economía oficial pero lo realmente preocupante es que fue publicado en 2016 estamos en 2021 y nuestros gestores públicos siguen en su vida paralela.

Hace tiempo que parece que hemos perdido un sentido claro de hacia dónde caminar. Vivimos con regocijo la salida de la Gran Recesión, confirmando con las estadísticas trimestrales y mensuales los indicios de que hemos dejado atrás una de las etapas más difíciles de la historia de la España democrática.
La saturación informativa, esta elevación del nivel de ruido, no es buena para el debate público y menos para la reflexión estratégica. Los aspectos relevantes quedan en un segundo plano frente al efectismo de tal o cual declaración pública. La memoria informativa no es temporal sino acumulativa: la digitalización de los medios permite a cualquiera obtener hoy declaraciones, escritos, propuestas o proyectos de hace años, acabando con la dimensión temporal. Todo es presente, todo es susceptible de estar en la agenda pública permanente: lo que se dijo ayer, anteayer, y hace cinco años.
Y en este presente permanente es en el que España está saliendo de la crisis. Sin saber muy bien si salió ayer, hoy o mañana…

• Entre 1995 y 2008, el ritmo de crecimiento económico de España fue superior al de la Unión Europea, produciéndose además cierta aceleración en relación con el período anterior (1980-1995).
• En buena medida, este crecimiento económico estuvo soportado por el crecimiento en el capital y en el empleo. Entre 1995 y 2005, España creó el 30 por ciento de los puestos de trabajo generados en la Unión Europea.
• A pesar de este crecimiento, la productividad del trabajo se redujo durante el período, dando lugar a un incremento de los costes laborales unitarios. En su conjunto, la productividad total de los factores tuvo una evolución inicialmente positiva, y luego negativa, fundamentalmente relacionada con el crecimiento negativo de la productividad en el sector de la construcción.

En 2008, el año que comenzó la crisis, la productividad total de los factores en España era prácticamente la misma que en 1995. Es decir, después de la revolución de internet, los teléfonos móviles, la hiperconectividad, la modernización de la economía española y la entrada en el euro, en 2008, España no había mejorado su nivel de productividad. Esto significa que para crecer más como crecimos, España necesitó más inversión y más horas de trabajo que sus socios europeos. La crisis hizo variar esa tendencia: la destrucción de empleo no vino acompañada con una bajada de la producción del mismo calibre, y la productividad inició una tendencia ascendente todavía lejos de los ritmos de crecimiento de los países europeos de referencia. Éste es uno de los grandes dramas de la economía española de los últimos veinte años: el empleo que se crea es un empleo de baja calidad y poca productividad.

Un gran factor de desequilibrio será el paulatino envejecimiento de la población. El acceso a más y mejores servicios de salud, la mejora de las condiciones de salubridad y de alimentación, y una vida más activa, han permitido incrementar la esperanza de vida de manera espectacular durante los últimos cincuenta años, y probablemente lo siga haciendo en el futuro. La contrapartida de esta mayor esperanza de vida es que la población viva estará más envejecida.
Una población más madura traerá consigo nuevos retos en materia de cuidados a las personas mayores, y tendrá importantes efectos sociopolíticos, como podremos observar más adelante. De hecho, más de uno de cada cuatro europeos tendrá, en 2050, más de 65 años, circunstancia que sólo se dará en menos de uno de cada diez africanos.
Otro elemento clave que conformará el futuro próximo es el incremento del grado de urbanización. 2011 fue el primer año en la historia de la humanidad en la que más de la mitad de la población vivía en ciudades. En la actualidad, alrededor del 51 por ciento de la población mundial vive en núcleos urbanos, cifra que se incrementará hasta el 60 por ciento en 2050. Esto significa que entre 2015 y 2050, de acuerdo con los datos de Naciones Unidas, las ciudades del planeta verán crecer sus habitantes en un 57 por ciento, pasando de los casi 4.000 millones actuales a 6.300.
Es interesante observar que Europa no tendrá ningún representante en la lista de las 15 ciudades más pobladas en 2030. Estambul, la única ciudad europea que aparece entre las treinta primeras grandes ciudades, permanecerá en el puesto vigésimo. Japón mantendrá a Osaka y Tokio en la lista, mientras que Estados Unidos mantiene a Nueva York dentro de los 15 primeros puestos y habría que descender hasta el puesto 26 o para encontrar la conurbación de Los Ángeles.
El cambio del equilibrio mundial no se realizará sin problemas: los desequilibrios económicos y financieros internacionales persistirán y es posible que se agraven tras las diferenciadas salidas habidas a la crisis de 2008. Son muchos los analistas, teóricos y especialistas en economía internacional que están alertando sobre la necesidad de encontrar un nuevo reequilibrio mundial entre los países deudores y acreedores, entre productores y compradores. La competencia global hacia el fondo en materia de costes ambientales y laborales, la extraordinaria volatilidad de los mercados de capitales sin regulación, o las fallas en el establecimiento de regímenes económicos internacionales pueden volver a situar, encima de la mesa, y en cualquier momento, nuevas crisis financieras internacionales.

Otro recurso que sufrirá importantes presiones será el agua. El incremento de la producción industrial, la urbanización y el crecimiento de la población supondrán un importante aumento de su demanda, mientras que su suministro ya se encuentra, en muchas zonas, bajo una alta presión.
De acuerdo con el informe «Charting our water future» (mapeando nuestro futuro con el agua), un informe elaborado en colaboración con la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial, en 2030 las necesidades de agua dulce se situarán en 6,9 billones de metros cúbicos de agua, un 53 por ciento más que en 2010, lo cual supone un déficit de 2,8 billones de metros cúbicos teniendo en cuenta los accesos existentes a fecha de hoy.

El cambio tecnológico no sólo es fuente de retos, sino también de oportunidades. Dependerá mucho no sólo de su desarrollo estrictamente técnico, sino del contexto social, económico y político en el que dichas soluciones tecnológicas aterricen. La revolución verde de los sesenta y setenta no acabó con el hambre en el mundo. El precio de algunas patentes de medicamentos ha sido motivo de disputa internacional en numerosas ocasiones ya que sus costes son prohibitivos para economías en desarrollo incapaces de pagar altos precios por tratamientos que podrían salvar la vida a miles de sus ciudadanos. Hay que construir no sólo un contexto proclive a la investigación y al desarrollo, sino también al uso y extensión democrática de dicho progreso técnico.
Gobernar estos riesgos globales no será fácil. Muchos de ellos requieren de una acción internacional decidida mientras que otros necesitan estrategias inmediatas de tratamiento. Sin embargo, es absurdo convertir la gestión de estos riesgos en una sociedad del miedo.

El mundo en el que vivamos dentro de quince o veinte años será diferente al mundo en el que vivimos hoy. Y la España que tengamos será diferente a la que tenemos hoy. Esa cuestión está fuera de toda duda. La cuestión no es si este país va a cambiar, sino hacia dónde va a cambiar, hacia dónde podemos orientar nuestra proa.
España es un país interesante: hemos vivido nuestra historia con gran intensidad, la intensidad que da el hecho de que en los últimos doscientos cincuenta años.
En España hemos estado demasiado tiempo con problemas de identidad. Un país que lleva demasiados siglos en una tensión permanente entre tradición y modernidad, buscando su propia personalidad a través de los siglos con demasiado poco éxito: introvertido, que ha mirado al exterior con ansiedad y con esperanza, buscando su propio lugar en el mundo. Basta echar un vistazo a la historiografía reciente para darse cuenta de hasta qué punto España, su identidad, y su pasado, han suscitado y todavía suscitan los más acalorados debates.
La crisis no ha hecho sino acentuar esta sensación de destino histórico. ¿Cuántos siglos lleva España en decadencia? ¿Ha sido el período de paz y prosperidad entre 1978 y 2008 un paréntesis en nuestro triste devenir histórico? ¿Estamos condenados a la mediocridad, al cainismo, al eterno retorno de la lucha de garrotes tan dramáticamente retratada por Goya? ¿Es, en definitiva, nuestra historia la historia de quienes sueñan con la modernidad y la ilustración frente al oscurantismo y la «mentalidad inquisitorial»?
Tenemos que aprender a enfrentarnos con la realidad: el escenario está cambiando y las claves sobre las que construimos nuestra convivencia y nuestra prosperidad están perdiendo su lustre a marchas forzadas. Pero esto no es negativo, ni mucho menos: nos enfrentamos a una crisis de crecimiento, a un momento en el que nuestro potencial debe ser liberado sin miedo y con esperanza en el futuro. De no hacerlo, se pudrirá y no dará sus resultados. Tenemos un país que es la cuarta economía de la eurozona, la quinta economía de la Unión Europea. Nuestro nivel de desarrollo económico y social constituye un auténtico sueño para un par de generaciones atrás.

¿Está España preparada para responder a este «tsunami»? El big data, las aplicaciones móviles, la biotecnología, etcétera, pueden generar un cambio de primera magnitud en la forma en la que entendemos la economía y la sociedad, ocasionando nuevos equilibrios en las relaciones económicas internacionales, y promoviendo una economía de la innovación permanente, en la que las estructuras productivas de los países se van a transformar radicalmente. Podemos tomar la decisión de quedarnos fuera de este cambio, o podemos trabajar para situarnos entre aquellos países que lideren la nueva revolución tecnológica.
Es poco probable que España sea capaz en los próximos años de revertir completamente esta tendencia y de situarse en el grupo de innovadores líderes de la Unión Europea, pero sí podemos proponernos el reto de recortar la distancia y de situarnos por encima de la media de la Unión Europea o, al menos, al mismo nivel que el grupo de innovadores seguidores (Austria, Francia, Bélgica, Irlanda, Reino Unido).
• Fomento del despliegue de redes y servicios para garantizar la conectividad.
• Desarrollar la economía digital para el crecimiento.
• Mejorar la administración digital.
• Reforzar la confianza en el ámbito digital.
• Impulsar el sistema de I+D+i en el ámbito de las TIC.
• Promover la inclusión y la alfabetización digital.

Los objetivos para el año 2030 se volverán más ambiciosos, suponiendo una reducción del 40 por ciento sobre la tendencia actual, lo que representa un nuevo esfuerzo adicional para mantener el nivel de eficiencia energética previsto. No será fácil, ya que las primeras ganancias de eficiencia ya estarán desarrolladas en estos años. En 1997, el Club de Roma admitió a discusión un informe sobre las posibilidades de la eficiencia en recursos energéticos y naturales, que planteaba la posibilidad de reducir a la mitad el consumo de recursos para obtener el doble de bienestar.
España tiene el potencial y la posición para enfrentarse al reto de la transición hacia una economía sostenible y baja en carbono: existe la experiencia, el conocimiento y la tecnología para avanzar en ese camino, los obstáculos son de alcance político y económico. Transformar nuestras ciudades, refundar —más que reformar— nuestro sistema de producción energética, fomentar la I+D y la eficiencia a través de instrumentos adecuados, nos pueden poner en la senda de la prosperidad sostenible. Esta transformación es una transformación económica, generadora de empleo y de riqueza. Los informes de la Asociación de Productores de Energías Renovables sobre el impacto macroeconómico de las renovables en España no dejan lugar a dudas como fuente de generación de empleo de calidad, de crecimiento económico y de bienestar social. Con toda seguridad habrá poderosas resistencias que vencer, pero los beneficios de una adecuada gestión de esta transición superan con creces los costes de no llevarla adelante. Hará falta, y no me cabe la menor duda, determinación y coraje.

Objetivos:
– una España cosmopolita
– España en Europa
– Aprender a gestionar el cambio, no sólo desde lo público

* Un proyecto de país es un proyecto político, también para las ciudades y las comunidades autónomas.
* Nuestro propio Plan Marshall
* Priorizar, calendarizar, ejecutar
* Un proyecto de país no es el camino al paraíso
* El turno de una generación

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Recommendable book. Abundant references to bibliography. It is a good beginning to trace the new patterns of the future. In my opinion, it falters when dealing with the solution to the «outsourcing» of the ecological and social costs of the official economy, but what is really worrying is that it was published in 2016, we are in 2021 and our public managers continue in their parallel life.

It seems long ago that we have lost a clear sense of where to walk. We are living the exit from the Great Recession with rejoicing, confirming with quarterly and monthly statistics the signs that we have left behind one of the most difficult stages in the history of democratic Spain.
The information saturation, this rise in the noise level, is not good for public debate and less for strategic reflection. The relevant aspects remain in the background compared to the effect of this or that public statement. Informational memory is not temporary but cumulative: the digitalization of the media allows anyone to obtain statements, writings, proposals or projects from years ago today, ending the temporal dimension. Everything is present, everything is likely to be on the permanent public agenda: what was said yesterday, the day before yesterday, and five years ago.
And it is in this permanent present that Spain is emerging from the crisis. Without knowing very well if it came out yesterday, today or tomorrow …

• Between 1995 and 2008, the rate of economic growth in Spain was higher than that of the European Union, also producing a certain acceleration in relation to the previous period (1980-1995).
• To a large extent, this economic growth was supported by growth in capital and employment. Between 1995 and 2005, Spain created 30 percent of the jobs generated in the European Union.
• Despite this growth, labor productivity declined during the period, leading to an increase in unit labor costs. As a whole, total factor productivity had an initially positive and later negative evolution, mainly related to the negative growth of productivity in the construction sector.

In 2008, the year the crisis began, total factor productivity in Spain was practically the same as in 1995. That is, after the internet revolution, mobile phones, hyperconnectivity, the modernization of the Spanish economy and the entry into the euro, in 2008, Spain had not improved its level of productivity. This means that to grow more as we grew, Spain needed more investment and more hours of work than its European partners. The crisis changed this trend: job destruction was not accompanied by a drop in production of the same caliber, and productivity began an upward trend, still far from the growth rates of the European countries of reference. This is one of the great dramas of the Spanish economy of the last twenty years: the employment that is created is a job of low quality and low productivity.

A major factor of imbalance will be the gradual aging of the population. Access to more and better health services, improved health and nutrition conditions, and a more active life have made it possible to increase life expectancy dramatically over the last fifty years, and will probably continue to do so in the future. future. The counterpart of this greater life expectancy is that the living population will be older.
A more mature population will bring with it new challenges in terms of caring for the elderly, and will have important socio-political effects, as we will see later. In fact, more than one in four Europeans will be over 65 by 2050, a circumstance that will only be the case for less than one in ten Africans.
Another key element that will shape the near future is the increase in the degree of urbanization. 2011 was the first year in human history that more than half of the population lived in cities. Currently, around 51 percent of the world’s population lives in urban centers, a figure that will increase to 60 percent in 2050. This means that between 2015 and 2050, according to United Nations data, the cities of the planet will see its inhabitants grow by 57 percent, from the current almost 4,000 million to 6,300.
It is interesting to note that Europe will have no representative on the list of the 15 most populous cities in 2030. Istanbul, the only European city to appear in the top thirty major cities, will remain in 20th place. Japan will keep Osaka and Tokyo on the list, while the United States keeps New York in the top 15 and would have to go down to 26 or to find the Los Angeles conurbation.
The change in the global balance will not take place without problems: international economic and financial imbalances will persist and may worsen after the different solutions to the 2008 crisis. Many analysts, theorists and specialists in international economics are warning about the need to find a new global rebalancing between debtor and creditor countries, between producers and buyers. Global competition to the bottom in terms of environmental and labor costs, the extraordinary volatility of unregulated capital markets, or the failures in the establishment of international economic regimes can put, at any time, on the table again, new international financial crises.

Another resource that will come under significant pressure will be water. Increased industrial production, urbanization and population growth will lead to a significant increase in demand, while its supply is already, in many areas, under high pressure.
According to the “Charting our water future” report, a report produced in collaboration with the World Bank’s International Finance Corporation, by 2030 fresh water needs will be 6.9 billion meters cubic meters of water, 53 percent more than in 2010, which represents a deficit of 2.8 trillion cubic meters taking into account the existing accesses to date.

Technological change is not only a source of challenges, but also of opportunities. Much will depend not only on its strictly technical development, but on the social, economic and political context in which these technological solutions land. The green revolution of the sixties and seventies did not end hunger in the world. The price of some drug patents has been the subject of international dispute on numerous occasions as their costs are prohibitive for developing economies unable to pay high prices for treatments that could save the lives of thousands of their citizens. We must build not only a context prone to research and development, but also to the use and democratic extension of such technical progress.
Governing these global risks will not be easy. Many of them require decisive international action while others need immediate treatment strategies. However, it is absurd to turn the management of these risks into a society of fear.

The world we live in fifteen or twenty years from now will be different from the world we live in today. And the Spain we have will be different from the one we have today. That question is beyond question. The question is not whether this country is going to change, but where it is going to change, where we can steer our bow.
Spain is an interesting country: we have lived our history with great intensity, the intensity given by the fact that in the last two hundred and fifty years.
In Spain we have been with identity problems for too long. A country that has spent too many centuries in a permanent tension between tradition and modernity, seeking its own personality through the centuries with too little success: an introvert, who has looked abroad with anxiety and hope, seeking its own place in the world. It is enough to take a look at recent historiography to realize to what extent Spain, its identity, and its past have and still are the most heated debates.
The crisis has only accentuated this sense of historic destiny. How many centuries has Spain been in decline? Has the period of peace and prosperity between 1978 and 2008 been a parenthesis in our sad historical evolution? Are we condemned to mediocrity, to cainism, to the eternal return of the club fight so dramatically portrayed by Goya? Is our history, ultimately, the story of those who dream of modernity and enlightenment in the face of obscurantism and the «inquisitorial mentality»?
We have to learn to face reality: the scenario is changing and the keys on which we build our coexistence and our prosperity are losing their luster at a forced marches. But this is not negative, far from it: we are facing a growth crisis, at a time when our potential must be unleashed without fear and with hope for the future. Failure to do so will rot and will not give its results. We have a country that is the fourth economy in the eurozone, the fifth economy in the European Union. Our level of economic and social development constitutes a true dream for a couple of generations ago.

Is Spain prepared to respond to this «tsunami»? Big data, mobile applications, biotechnology, etc., can generate a change of the first magnitude in the way we understand the economy and society, causing new balances in international economic relations, and promoting an economy of permanent innovation. , in which the productive structures of the countries are going to be radically transformed. We can make the decision to stay out of this change, or we can work to position ourselves among those countries that are leading the new technological revolution.
It is unlikely that Spain will be able in the coming years to completely reverse this trend and to place itself in the group of leading innovators in the European Union, but we can set ourselves the challenge of closing the gap and placing ourselves above the average of the European Union or, at least, at the same level as the group of innovative followers (Austria, France, Belgium, Ireland, United Kingdom).
• Promotion of the deployment of networks and services to guarantee connectivity.
• Develop the digital economy for growth.
• Improve digital administration.
• Strengthen confidence in the digital field.
• Promote the R + D + i system in the field of ICT.
• Promote inclusion and digital literacy.

The targets for the year 2030 will become more ambitious, assuming a reduction of 40 percent on the current trend, which represents a new additional effort to maintain the level of energy efficiency envisaged. It will not be easy, since the first efficiency gains will already be developed in these years. In 1997, the Club of Rome admitted for discussion a report on the possibilities of efficiency in energy and natural resources, which raised the possibility of reducing the consumption of resources by half to obtain double the well-being.
Spain has the potential and the position to face the challenge of the transition towards a sustainable and low-carbon economy: there is the experience, the knowledge and the technology to advance on this path, the obstacles are political and economic in scope. Transforming our cities, refounding – rather than reforming – our energy production system, promoting R&D and efficiency through appropriate instruments, can put us on the path to sustainable prosperity. This transformation is an economic transformation, generating employment and wealth. The reports of the Association of Renewable Energy Producers on the macroeconomic impact of renewables in Spain leave no doubt as a source of quality employment generation, economic growth and social welfare. There will certainly be powerful resistance to overcome, but the benefits of properly managing this transition far outweigh the costs of not carrying it out. It will be necessary, and I have no doubt, determination and courage.

Goals:
– a cosmopolitan Spain
– Spain in Europe
– Learn to manage change, not just from the public

* A country project is a political project, also for cities and autonomous communities.
* Our own Marshall Plan
* Prioritize, schedule, execute
* A country project is not the way to paradise
* The turn of a generation

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