Migraña — Oliver Sacks / Migraine by Oliver Sacks

Últimamente he leído bastante sobre Oliver Sacks y ahora me doy cuenta de que he estado leyendo obras populistas. Puede leer fácilmente y puede hacer medicina. Éste es médico.
Sin embargo, lo leí de principio a fin y lo encontré muy interesante, a pesar de que había bastantes términos médicos que se me pasaban por la cabeza. Creo que pude leer todo el libro simplemente porque tengo migrañas, así que todo parecía personal, incluso las partes que no encontré entretenidas y que realmente no entendí.
Lo que más me gusta de Sacks es el hecho de que claramente todo lo que escribe sobre él encuentra tan intensamente interesante. Debe haber estado pensando en la migraña durante décadas.
No creo que la lectura de este libro haya cambiado mi comprensión de qué es la migraña y cómo afecta a las personas. Aunque probablemente me dijo cosas que no sabía, no me las dijo de una manera que pudiera llevarme conmigo. Pero me alegro de haberlo leído.
Sacks cubre todos los aspectos de la experiencia de la migraña en este libro. casi exhaustivo.
La ciencia y la erudición son de primera categoría. Agregó una actualización a esta edición que cubre los avances recientes en el conocimiento y el tratamiento y modificó sus propias declaraciones anteriores, dándose cuenta de que se había equivocado.
Incluir el arte era importante, permitió a quienes no la padecían echar un vistazo a las experiencias de tener una migraña y demostrar que las migrañas no se tratan solo de dolor.
Es un buen escritor y hace todo lo posible para hablar con su audiencia pero, al final, es un libro de neurociencia clínica en lugar de una historia, incluso con todas las historias de casos incluidos. Las alucinaciones hicieron un mejor trabajo al combinar la entrega académica con la narración. Esta es una evaluación puramente estética.

El padecimiento de la migraña ha sido descrito al menos durante los últimos dos mil años, y no cabe duda de que cada generación humana, a lo largo de una historia de 250.000 años, posee su experiencia sobre esta constelación de trastornos. Pese a todo, el público y la profesión médica son de la opinión común de que se sabe muy poco sobre la migraña, y menos aún de lo que puede hacerse con ella. Sólo en 1970 se tomaron las medidas necesarias para que en la ciudad de Londres se estableciera una clínica dedicada al tratamiento de la migraña.

La migraña afecta a una considerable minoría de la población, se manifiesta en todas las civilizaciones y ha sido reconocida desde los albores de la historia. Fue un azote o un estímulo para César, Pablo, Kant y Freud, y es también un hecho cotidiano para millones de seres anónimos que sufren en secreto y en silencio.
Thomas Willis analizó de nuevo con mayor rigor las nociones clásicas de simpatía. Había rechazado las nociones hipocráticas sobre la histeria, que atribuían ésta al desplazamiento físico del útero por el cuerpo, concibiendo en cambio que el útero irradiaba la histeria a través de una infinidad de caminos diminutos. Amplió este concepto a la transmisión de la migraña a través del organismo, y a muchos otros trastornos paroxísticos.
Willis se dedicó, tres siglos atrás, a revisar todo el campo de los trastornos nerviosos (De Anima Brutorum), y en el transcurso de esta labor incluyó una sección («De cephalalgia») que debe considerarse como el primer trabajo sobre la migraña.
Robert Whytt fue contemporáneo de Tissot, y también inclinó el peso de su autoridad a favor de las teorías simpáticas. Al observar «el vómito que generalmente acompaña a la inflamación del vientre, la náusea, el trastorno del apetito que aparecen tras la concepción… el dolor de cabeza, el calor, los dolores de espalda y los cólicos intestinales que se experimentan cuando se aproxima la época del flujo menstrual», Whytt describe al cuerpo humano (según la paráfrasis elocuente de Foucault) como gobernado de un extremo a otro por oscuros aunque directos senderos de simpatía: senderos que pueden transmitir el fenómeno de la migraña o de una histeria desde sus orígenes viscerales.
Es importante tener en cuenta que los observadores clínicos más agudos del siglo XVIII (Tissot, que escribió extensamente sobre migraña y cuyo tratado de 1790 fue el auténtico sucesor del «De cephalalgia» de Willis, Whytt, Cheyne, Cullen, Sydenham y otros) no establecían distinciones arbitrarias entre síntomas físicos y emocionales.

Una migraña es un hecho físico, que también puede ser desde un comienzo, o posteriormente, un hecho emocional o simbólico. Expresa necesidades tanto fisiológicas como emocionales: es el prototipo de una reacción psicofisiológica. Por ello, la convergencia de pensamiento que su comprensión requiere debe basarse tanto en la neurología como en la psiquiatría (la convergencia que concibieron y a la que se aproximaron Cannon, el fisiólogo, y Groddeck, el psicoanalista); por último, la migraña no puede considerarse una reacción exclusivamente humana, sino una forma de reacción biológica específicamente diseñada para las necesidades y el sistema nervioso humano.
Existe un tipo de ataque, particularmente agudo y dramático, que merece una atención particular: el aura migrañosa. Tales auras pueden producirse como hechos aislados o seguidos de dolor de cabeza, náuseas y otros rasgos de la migraña. El síndrome completo se denomina migraña clásica.
Otra variante muy clara de la migraña, algo distinta de los síndromes anteriores, ha sido descrita con muchos nombres, siendo el más preciso el de neuralgia de migraña. Muy raramente, una migraña común o clásica puede ir seguida de déficits neurológicos prolongados; son las denominadas migrañas hemipléjicas u oftalmopléjicas. Asociadas a estas raras variantes, mencionaremos también las pseudomigrañas, lesiones orgánicas que remedan la migraña auténtica.

Los síntomas principales de la migraña común son el dolor de cabeza y las náuseas. Como complemento pueden encontrarse una notable variedad de síntomas importantes, sumados a otros trastornos y cambios fisiológicos menores de los que el paciente puede no ser consciente. Presidiendo el ataque en su conjunto suele darse, según las palabras de Du Bois Reymond, «un sentimiento general de malestar», que puede percibirse tanto en términos físicos como emocionales, y exceder la capacidad descriptiva del paciente. Es característica la gran variedad de síntomas, no sólo de los ataques en pacientes distintos, sino también en ataques sucesivos sufridos por un mismo paciente.
Éstos son, pues, los ingredientes de una migraña común. La duración del dolor de cabeza es extremadamente variable. En los ataques agudos muy intensos (neuralgia), el dolor puede ser una cuestión de minutos. En una migraña común, la duración rara vez es menor de tres horas; por lo general dura de ocho a veinticuatro horas, y a veces varios días, llegando en algún caso extremo a alargarse una semana. En los ataques prolongados pueden manifestarse cambios en el tejido. La arteria (o las arterias) superficial temporal puede volverse increíblemente sensible al tacto y visiblemente endurecida. La piel de alrededor también puede volverse sensible, y permanecer en ese estado durante más de un día con posterioridad al dolor de cabeza. Más raramente, puede formarse un higroma o un hematoma en la vena afectada.
Durante o después de un ataque de dolor de cabeza de migraña, casi siempre pueden detectarse cambios en el aspecto de los ojos, aun en los casos en que el paciente no experimenta síntomas visuales u oculares. Suele producirse un enrojecimiento de los pequeños vasos del globo, y en los ataques graves los ojos pueden tornarse sanguinolentos (este rasgo es característico de la neuralgia). Se muestran húmedos (quemáticos) debido a un incremento de la secreción lacrimal (análoga y a menudo coincidente con un aumento de salivación), o nublados por la inflamación exudativa del fondo vascular, y también, alternativamente, faltos de brillo y hundidos, pudiendo desarrollarse una auténtica enoftalmosis.
La resolución de una migraña común, o incluso de cualquier género de ataque, puede llevar tres días, como se ha sabido desde el siglo XVII . En su curso natural, puede agotarse por sí misma y finalizar con el sueño; el sueño posterior a la migraña es largo, profundo y tonificador, como el sueño postepiléptico. En segundo lugar, puede resolverse por «lisis», una disminución gradual del sufrimiento que se acompaña de una o más actividades secretoras.
El tercer modo de resolución de una migraña es la crisis, un ascenso súbito de la actividad física o mental que liquida el ataque en cuestión de minutos.

La consideración de los diversos síntomas que pueden componer una migraña común nos ha demostrado que el término no puede ser identificado con un síntoma único. Una migraña es un agregado de innumerables componentes, y su estructura es compuesta. El énfasis de los componentes es extremadamente variable en el marco de un modelo general. El dolor de cabeza puede ser el síntoma principal; puede constituir un síntoma simplemente subsidiario, o bien estar completamente ausente del cuadro. Empleamos el término equivalente de la migraña para referirnos a un complejo sintomático que no incluye el componente del dolor de cabeza.
Esta exposición es comparable a la de «equivalente epiléptico», que designa una forma de epilepsia sin convulsión.
En cualquier tipo de migraña los síntomas son múltiples, y la división entre «ataques biliares» y «migrañas abdominales» es arbitraria. El factor dominante de estas últimas es el dolor epigástrico continuo y de gran intensidad, acompañado de una variedad de síntomas autónomos.

El aura misma está muy lejos de ser un síntoma inusual. En todo caso, sí son inusuales las buenas descripciones de la misma. Son imprescindibles unas buenas descripciones de este fenómeno, puesto que posee una gran importancia, y no sólo podrían iluminar la cuestión de la migraña, sino también los mecanismos elementales y fundamentales del cerebro y de la mente. Es difícil obtenerlas, porque muchos fenómenos de aura son tan extraños que superan la capacidad del lenguaje. Las buenas descripciones son además escasas debido a la presencia de algo siniestro y temible, cuyo solo pensamiento espanta a la mente.
a) Alucinaciones específicas táctiles, visuales u otras.
b) Alucinaciones generales del umbral sensorial y de la excitabilidad.
c) Alteraciones del nivel de conciencia y tono muscular.
d) Alteraciones afectivas y de humor.
e) Trastornos de las funciones integradoras superiores: percepción, ideación, memoria y habla.
Estas categorías se adoptan exclusivamente para facilitar su análisis, y en modo alguno son excluyentes. El aura de migraña, al igual que la migraña común, es de naturaleza compuesta, y la forman diversos componentes posibles. Pese a que una descripción aislada pueda hacer referencia a un sólo síntoma, como el escotoma centelleante, si se interroga atentamente al paciente descubrimos casi siempre que la situación es más compleja, y que se producen varios fenómenos al mismo tiempo, algunos muy leves y difíciles de describir.
En resumen, podemos reconocer los siguientes rasgos que caracterizan a estos estados de las auras de migraña:
– Su desencadenamiento súbito.
– Su carácter aparentemente inmotivado, y a menudo incongruente con los contenidos básicos de la conciencia.
– Su cualidad abrumadora.
– La sensación de pasividad, de que el afecto invade la mente de un modo «forzado».
– Su breve duración (es raro que duren más de unos minutos.
– La sensación de quietud e intemporalidad que suscitan. Estos estados pueden aumentar su intensidad o profundidad, pero esto ocurre a pesar de la ausencia de todo «suceso» experimental.
– La dificultad o la imposibilidad para describirlos adecuadamente.

El término migraña hemipléjica se emplea a menudo de un modo vago para referirse a los ataques ordinarios de migraña clásica con síntomas neurálgicos transitorios, así como a los ataques en los que se aprecia una verdadera hemiplejía motriz, que puede durar horas o días. Aquí utilizaremos el término en sentido estricto.
La migraña oftalmopléjica es también sumamente rara (Friedman, Harter y Merritt, 1961, sólo hallaron ocho casos en una población de 5.000 pacientes con migraña). La mayoría de los pacientes han experimentado muchas migrañas clásicas o comunes, y alguno de estos ataques ha presentado síntomas oftalmopléjicos. Como es obvio, este diagnóstico sólo puede establecerse tras una cuidadosa investigación neurológica, y la exclusión de posibles anormalidades anatómicas (aneurisma, angioma, etc.).
Fases de la migraña:
1) La excitación inicial de un ataque (producida externamente por un estímulo provocador, o internamente por un aura), en la que los aspectos emocionales pueden experimentarse como rabia, júbilo, etc., y los aspectos fisiológicos como aumento de la percepción sensorial, escotomas centelleantes, parestesias y otras experiencias.
2) Un estado de congestión (algunas veces denominado pródromo, otras simplemente «las fases iniciales de un ataque») caracterizado por la distensión visceral y la estasis, la dilatación vascular, la retención fecal y de líquidos, la tensión muscular, etc.; y, junto a estos síntomas, sentimientos de tensión emocional, ansiedad, inquietud, irritabilidad y otros.
3) Un estado de postración (frecuentemente aislable por la observación médica y denominado «ataque propiamente dicho»), en el cual la experiencia afectiva es de apatía, depresión y retraimiento, mientras que sus concomitantes físicos son la náusea, el malestar, la somnolencia, el mareo, la flojedad y la debilidad muscular, y trastornos análogos.
4) El estado de recuperación o resolución, que puede alcanzarse súbitamente (crisis) o de modo gradual (lisis). En el primer caso puede haber una violenta eyaculación visceral en forma de vómitos o estornudos, o un exceso súbito de emoción, o ambas cosas al mismo tiempo; en el segundo caso, una variedad de actividades secretoras (diuresis, diaforesis, llanto involuntario, etc.) se acompañan de una disolución concurrente o catarsis de los síntomas emocionales existentes.
5) Un estado de rebote (si el ataque ha sido breve y compacto), en el cual los sentimientos de euforia y energía renovada se acompañan de gran bienestar físico, un incremento del tono muscular y la atención: en suma, un despertar generalizado.

La migraña en su conjunto (desde los primeros destellos del aura, o los primeros índices de excitación prodrómica, hasta los ecos finales que siguen a la resolución de un ataque) se muestra como una unidad integral; por así decirlo, está preformada y completa, con una tendencia irresistible a seguir su curso hasta que se disipa y permite el establecimiento de un nuevo (y acaso temporal) equilibrio fisiológico. Las migrañas periódicas y paroxísticas son difíciles de prever y difíciles de abortar, pero a su vez prometen una inmunidad ulterior de considerable duración. En sus síntomas y sus estilos, tienden también a ser el tipo de migraña más estereotipada, la que menos sujeta está a consideraciones circunstanciales, y la menos inspirada por un fondo o una estrategia emocional. Se precipitan de modo brusco y total a partir de una solución fisiológica, lo que recuerda la cristalización súbita en una solución sobresaturada. Señalan el clímax y el ocaso de una estación fisiológica: el ataque brota, como la eclosión de una fruta madura, para que el ciclo pueda ponerse de nuevo en movimiento.

La migraña es la perturbación primaria de la función cerebral, sean cuales sean los mecanismos secundarios, locales o humorales que puedan participar en su expresión clínica. El examen directo de la actividad cerebral, en un estado benigno como la migraña, se ve de hecho limitado a los estudios electroencefalográficos (EEG), por lo que debemos referirnos a éstos y a su interpretación.
La causa inmediata del dolor de cabeza de migraña ha sido examinada con todo detalle por Wolff y sus colegas, y puede explicarse completamente en términos de la dilatación de las arterias extracraneales y la activación de los factores locales que causan dolor. Es dudoso, sin embargo, que los mecanismos vasomotores oculten otros importantes aspectos del ataque de migraña, y parece imposible que los síntomas del aura de migraña, en particular, puedan explicarse mediante consideraciones de isquemia cortical local.
Se ha demostrado que sustancias como el mecolil, la histamina, la reserpina, etc., pueden producir síndromes clínicos que guardan algún parecido con algunos ataques de migraña, aunque tales reacciones iatrogénicas carecen de los rasgos esenciales de los ataques que ocurren espontáneamente.
Sea cual sea el mecanismo utilizado, la migraña demuestra ser elocuente y eficaz a la hora de ofrecer una expresión oblicua de sentimientos a los que se niega expresión directa o adecuada de otras maneras. En esto se comporta de manera análoga a muchas otras reacciones psicosomáticas, y no resulta menos análoga a los lenguajes del gesto y del sueño.

Los medicamentos utilizados en el tratamiento profiláctico de la migraña se dividen en dos grupos: el primero lo constituyen los que se considera que modifican los mecanismos de migraña y la reactividad de migraña específica, y el segundo, de no menor importancia, tiene como objeto disminuir la reactividad emocional cuando se considera que es un factor importante de las migrañas frecuentes.
Es evidente que sólo una limitada proporción de pacientes de migraña necesitan de hecho una terapia profiláctica. Los pacientes que sufren ataques aislados que tienen lugar a intervalos relativamente infrecuentes no son candidatos a la terapia preventiva. El grupo de pacientes que nos interesa son aquellos con ataques frecuentes, intensos y que no remiten: los pacientes más gravemente afectados pueden sufrir, por ejemplo, hasta cinco ataques de migraña semanales, y pueden estar gravemente incapacitados de manera crónica. Otro grupo de pacientes que precisa tratamiento profiláctico lo forman aquellos que padecen dolor de cabeza en racimo, ataques tremendamente dolorosos de neuralgia de migraña, hasta diez al día, durante la duración del racimo, que oscila entre dos y ocho semanas. Un tercer grupo de pacientes que necesitan terapia preventiva lo forman las mujeres que sufren migrañas menstruales intensas y prolongadas.
Sólo existe una regla cardinal: siempre hay que escuchar al paciente; y, por la misma razón, el pecado cardinal es no escuchar, no prestar atención a sus palabras. Antes de cualquier planteamiento específico, debe haber un planteamiento general: establecer una relación, una comunicación con el paciente, a fin de que médico y paciente se entiendan mutuamente. Una relación, además, en la que el paciente no sea totalmente pasivo y sumiso, que no crea y haga todo lo que se le dice y se tome todo lo que le «recetan»; una relación que es, esencialmente, de colaboración.
La historia de los «tratamientos» de la migraña se resume en gran parte en la «superioridad» médica y la explotación del paciente.

Nuestra concepción de la Naturaleza ha cambiado en los últimos veinte años: hemos llegado a identificar los procesos dinámicos no lineales, los procesos caóticos y autoorganizativos, en una amplia variedad de sistemas naturales, y a comprender que éstos juegan un papel esencial en la evolución del universo. Pero no necesitamos ir muy lejos para encontrar ejemplos –ni reflexionar sobre la agregación de limo y hongos, o los movimientos de Plutón–, pues tenemos un laboratorio natural, un microcosmos, en nuestras cabezas. Es por esta razón, a fin de cuentas, por lo que la migraña nos parece tan apasionante; pues nos muestra, a través de las manifestaciones alucinatorias, no sólo una actividad elemental de la corteza cerebral, sino el funcionamiento de todo un sistema autoorganizativo, un comportamiento universal. Nos muestra no sólo los secretos de la organización neuronal, sino el núcleo creativo de la Naturaleza misma.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/03/22/en-movimiento-una-vida-oliver-sacks/

https://weedjee.wordpress.com/2019/06/03/el-rio-de-la-conciencia-oliver-sacks-the-river-of-consciousness-by-oliver-sacks/

https://weedjee.wordpress.com/2021/04/23/todo-en-su-sitio-primeros-amores-y-ultimos-escritos-oliver-sacks-everything-in-its-place-first-loves-and-last-tales-by-oliver-sacks/

https://weedjee.wordpress.com/2021/08/24/migrana-oliver-sacks-migraine-by-oliver-sacks/

—————–

I’ve been reading quite a bit of Oliver Sacks lately and now I realise I’ve been reading the populist works. He can do easy read and he can do medical. This one is medical.
However, I read it all the way through and I found it very interesting, even though there were quite a few medical terms that went right over my head. I think I was able to read the whole book simply because I do have migraines, so it all seemed personal, even the bits I didn’t find entertaining and didn’t really understand.
What I most like about Sacks is the fact that he clearly finds everything he writes about so intensely interesting. He must have been thinking about migraine for decades.
I don’t think reading this book changed my understanding of what migraine is and how it affects people. Although it probably did tell me things I didn’t know, it didn’t tell me them in a way I could carry away with me. But I’m glad I read it.
Sacks covers all aspects of the migraine experience in this book. near-exhaustive.
The science and scholarship are top-notch. he added an update to this edition covering recent advances in knowledge and treatment and modified his own prior statements, realizing he’d been wrong.
Including the art was important. it allowed non-sufferers to get a glimpse into the experiences of having a migraine and show that migraines really are not all about pain.
He’s a good writer and does his best to talk with his audience but, in the end, it’s a clinical neuroscience book rather than a story even with all the case histories included. Hallucinations did a better job of marrying the scholarly delivery with storytelling. that’s a purely aesthetic assessment.

The suffering of migraine has been described for at least the last two thousand years, and there is no doubt that each human generation, throughout a history of 250,000 years, has its experience with this constellation of disorders. Still, the public and the medical profession are of the common opinion that very little is known about migraine, and even less about what can be done with it. It was only in 1970 that the necessary steps were taken to establish a clinic dedicated to the treatment of migraine in the city of London.

Migraine affects a considerable minority of the population, occurs in all civilizations and has been recognized since the dawn of history. It was a scourge or a stimulus for Caesar, Paul, Kant and Freud, and it is also a daily fact for millions of anonymous beings who suffer in secret and in silence.
Thomas Willis again took a more rigorous look at the classical notions of sympathy. He had rejected Hippocratic notions of hysteria, which attributed hysteria to the physical displacement of the uterus through the body, conceiving instead that the uterus radiated hysteria through an infinity of tiny paths. He extended this concept to the transmission of migraine throughout the body, and to many other paroxysmal disorders.
Willis devoted himself, three centuries ago, to reviewing the entire field of nervous disorders (De Anima Brutorum), and in the course of this work he included a section («De Cephalalgia») that must be considered the first work on migraine.
Robert Whytt was a contemporary of Tissot, and he also shifted the weight of his authority in favor of sympathetic theories. Observing «the vomiting that usually accompanies the swelling of the belly, the nausea, the appetite disorder that appears after conception … the headache, heat, back pain and intestinal cramps that are experienced when the epoch of menstrual flow ‘, Whytt describes the human body (according to Foucault’s eloquent paraphrase) as governed from one extreme to another by dark but direct paths of sympathy: paths that can transmit the phenomenon of migraine or hysteria from its origins visceral.
It is important to note that the most acute clinical observers of the 18th century (Tissot, who wrote extensively on migraine and whose 1790 treatise was the true successor to Willis, Whytt, Cheyne, Cullen, Sydenham, and others’ De cephalalgia) did not. they made arbitrary distinctions between physical and emotional symptoms.

A migraine is a physical event, which can also be, from the beginning, or later, an emotional or symbolic event. It expresses both physiological and emotional needs: it is the prototype of a psychophysiological reaction. Therefore, the convergence of thought that its understanding requires must be based on both neurology and psychiatry (the convergence that Cannon, the physiologist, and Groddeck, the psychoanalyst, envisioned and approached); Finally, migraine cannot be considered an exclusively human reaction, but rather a form of biological reaction specifically designed for the needs and the human nervous system.
There is a particularly acute and dramatic type of attack that deserves particular attention: the migraine aura. Such auras can occur as isolated events or followed by headaches, nausea, and other migraine features. The entire syndrome is called classic migraine.
Another very clear variant of migraine, somewhat different from the previous syndromes, has been described by many names, the most precise being migraine neuralgia. Very rarely, a common or classic migraine can be followed by prolonged neurological deficits; they are the so-called hemiplegic or ophthalmoplegic migraines. Associated with these rare variants, we will also mention pseudomigraines, organic lesions that mimic the real migraine.

The main symptoms of the common migraine are headache and nausea. In addition, a remarkable variety of important symptoms can be found, in addition to other disorders and minor physiological changes of which the patient may not be aware. Presiding over the attack as a whole there is usually, in the words of Du Bois Reymond, «a general feeling of discomfort», which can be perceived both physically and emotionally, and exceed the descriptive capacity of the patient. The great variety of symptoms is characteristic, not only of attacks in different patients, but also in successive attacks suffered by the same patient.
These, then, are the ingredients of a common migraine. The duration of the headache is extremely variable. In very severe acute attacks (neuralgia), pain can be a matter of minutes. In a common migraine, the duration is rarely less than three hours; it generally lasts from eight to twenty-four hours, and sometimes several days, in some extreme cases lasting a week. In prolonged attacks, changes in the tissue may manifest. The superficial temporal artery (or arteries) can become incredibly tender to the touch and visibly hardened. The surrounding skin can also become sensitive, and remain sensitive for more than a day after the headache. More rarely, a hygroma or hematoma may form in the affected vein.
During or after a migraine headache attack, changes in the appearance of the eyes can almost always be detected, even when the patient does not experience visual or ocular symptoms. A reddening of the small vessels of the globe usually occurs, and in severe attacks the eyes may turn bloody (this feature is characteristic of neuralgia). They appear moist (burnt) due to an increase in tear secretion (analogous and often coinciding with an increase in salivation), or cloudy due to the exudative inflammation of the vascular fundus, and also, alternatively, lack luster and sunken, and a true enophthalmosis.
The resolution of a common migraine, or even any kind of attack, can take three days, as has been known since the 17th century. In its natural course, it can exhaust itself and end with sleep; post-migraine sleep is long, deep, and invigorating, like post-pileptic sleep. Second, it can be resolved by «lysis,» a gradual decrease in suffering that is accompanied by one or more secretory activities.
The third mode of resolution of a migraine is the crisis, a sudden increase in physical or mental activity that clears the attack in a matter of minutes.

Consideration of the various symptoms that can make up a common migraine has shown us that the term cannot be identified with a single symptom. A migraine is an aggregate of innumerable components, and its structure is composite. Component emphasis is extremely variable in the framework of a general model. Headache may be the main symptom; it may constitute a merely subsidiary symptom, or it may be completely absent from the picture. We use the equivalent term for migraine to refer to a symptom complex that does not include the headache component.
This exposure is comparable to the ‘epileptic equivalent’, which designates a form of epilepsy without seizure.
In any type of migraine the symptoms are multiple, and the division between «biliary attacks» and «abdominal migraines» is arbitrary. The dominant factor in the latter is continuous and severe epigastric pain, accompanied by a variety of autonomic symptoms.

The aura itself is far from being an unusual symptom. In any case, good descriptions of it are unusual. Good descriptions of this phenomenon are essential, since it is of great importance, and could not only illuminate the issue of migraine, but also the elementary and fundamental mechanisms of the brain and mind. It is difficult to obtain them, because many aura phenomena are so strange that they exceed the capacity of language. Good descriptions are also rare due to the presence of something sinister and fearsome, the very thought of which scares the mind.
a) Specific tactile, visual or other hallucinations.
b) General hallucinations of sensory threshold and excitability.
c) Alterations in the level of consciousness and muscle tone.
d) Affective and mood disorders.
e) Disorders of higher integrative functions: perception, ideation, memory and speech.
These categories are adopted exclusively to facilitate analysis, and are in no way exclusive. The migraine aura, like the common migraine, is composite in nature, consisting of several possible components. Despite the fact that an isolated description may refer to a single symptom, such as the flashing scotoma, if the patient is questioned carefully, we almost always discover that the situation is more complex, and that several phenomena occur at the same time, some very mild and difficult. to describe.
In summary, we can recognize the following features that characterize these states of migraine auras:
– Its sudden onset.
– Its seemingly unmotivated character, and often incongruous with the basic contents of consciousness.
– Its overwhelming quality.
– The feeling of passivity, that affection invades the mind in a «forced» way.
– Its short duration (it is rare that they last more than a few minutes.
– The feeling of stillness and timelessness that they arouse. These states may increase in intensity or depth, but this occurs despite the absence of any experimental «happening.»
– The difficulty or inability to describe them adequately.

The term hemiplegic migraine is often used loosely to refer to ordinary classic migraine attacks with transient neuralgic symptoms, as well as attacks in which a true motor hemiplegia is seen, which can last for hours or days. Here we will use the term in a strict sense.
Ophthalmoplegic migraine is also extremely rare (Friedman, Harter, and Merritt, 1961, found only eight cases in a population of 5,000 migraine patients). Most of the patients have experienced many classic or common migraines, and some of these attacks have presented ophthalmoplegic symptoms. Obviously, this diagnosis can only be established after careful neurological investigation, and the exclusion of possible anatomical abnormalities (aneurysm, angioma, etc.).
Phases of migraine:
1) The initial excitement of an attack (produced externally by a provocative stimulus, or internally by an aura), in which the emotional aspects can be experienced as anger, elation, etc., and the physiological aspects as increased sensory perception, scintillating scotomas, paresthesias and other experiences.
2) A state of congestion (sometimes called prodrome, sometimes simply «the initial stages of an attack») characterized by visceral distention and stasis, vascular dilation, fecal and fluid retention, muscle tension, etc .; and, along with these symptoms, feelings of emotional tension, anxiety, restlessness, irritability and others.
3) A state of prostration (frequently isolatable by medical observation and called an «attack proper»), in which the affective experience is apathy, depression and withdrawal, while its physical concomitants are nausea, malaise, drowsiness , dizziness, muscle limp and weakness, and similar disorders.
4) The state of recovery or resolution, which can be reached suddenly (crisis) or gradually (lysis). In the first case there may be a violent visceral ejaculation in the form of vomiting or sneezing, or a sudden excess of emotion, or both at the same time; in the second case, a variety of secretory activities (diuresis, diaphoresis, involuntary crying, etc.) are accompanied by a concurrent dissolution or catharsis of existing emotional symptoms.
5) A rebound state (if the attack has been brief and compact), in which feelings of euphoria and renewed energy are accompanied by great physical well-being, an increase in muscle tone and attention: in short, a general awakening.

The migraine as a whole (from the first flashes of the aura, or the first indices of prodromal arousal, to the final echoes that follow the resolution of an attack) is shown as an integral unit; so to speak, it is preformed and complete, with an irresistible tendency to run its course until it dissipates and allows the establishment of a new (and perhaps temporary) physiological balance. Periodic and paroxysmal migraines are difficult to anticipate and difficult to abort, but they in turn promise subsequent immunity of considerable duration. In their symptoms and styles, they also tend to be the most stereotyped type of migraine, the least subject to circumstantial considerations, and the least inspired by emotional background or strategy. They precipitate abruptly and completely from a physiological solution, which is reminiscent of sudden crystallization in a supersaturated solution. They mark the climax and decline of a physiological season: the attack sprouts, like the hatching of a ripe fruit, so that the cycle can start moving again.

Migraine is the primary disturbance of brain function, regardless of secondary, local, or humoral mechanisms that may be involved in its clinical expression. Direct examination of brain activity, in a benign state such as migraine, is in fact limited to electroencephalographic studies (EEG), so we must refer to these and their interpretation.
The immediate cause of migraine headache pain has been examined in detail by Wolff and his colleagues, and can be fully explained in terms of the dilation of the extracranial arteries and the activation of local factors that cause pain. It is doubtful, however, that vasomotor mechanisms mask other important aspects of the migraine attack, and it seems impossible that the symptoms of migraine aura, in particular, can be explained by considerations of local cortical ischemia.
Substances such as mecolyl, histamine, reserpine, etc. have been shown to produce clinical syndromes that bear some resemblance to some migraine attacks, although such iatrogenic reactions lack the essential features of spontaneously occurring attacks.
Regardless of the mechanism used, migraine headaches prove to be eloquent and effective in offering oblique expression of feelings that are denied direct or adequate expression in other ways. In this it behaves analogously to many other psychosomatic reactions, and is no less analogous to the languages of gesture and dream.

The drugs used in the prophylactic treatment of migraine are divided into two groups: the first is made up of those that are considered to modify the mechanisms of migraine and specific migraine reactivity, and the second, of no less importance, is aimed at reducing emotional reactivity when considered to be a major factor in frequent migraines.
It is clear that only a limited proportion of migraine patients actually need prophylactic therapy. Patients with isolated attacks that occur at relatively infrequent intervals are not candidates for preventive therapy. The group of patients we are interested in are those with frequent, intense and non-remitting attacks: the most severely affected patients may suffer, for example, up to five weekly migraine attacks, and may be severely chronically disabled. Another group of patients who require prophylactic treatment are those who suffer from cluster headaches, extremely painful attacks of migraine neuralgia, up to ten a day, for the duration of the cluster, which ranges from two to eight weeks. A third group of patients who need preventive therapy are women who suffer from intense and prolonged menstrual migraines.
There is only one cardinal rule: always listen to the patient; and, for the same reason, the cardinal sin is not listening, not paying attention to his words. Before any specific approach, there must be a general approach: establish a relationship, a communication with the patient, so that doctor and patient understand each other. A relationship, moreover, in which the patient is not totally passive and submissive, who does not believe and do everything he is told and take everything that is «prescribed»; a relationship that is essentially collaborative.
The history of migraine «treatments» is largely summed up in medical «superiority» and exploitation of the patient.

Our conception of Nature has changed in the last twenty years: we have come to identify non-linear dynamic processes, chaotic and self-organizing processes, in a wide variety of natural systems, and to understand that these play an essential role in the evolution of the universe. . But we don’t need to look far to find examples – or reflect on the aggregation of slime and fungi, or the movements of Pluto – for we have a natural laboratory, a microcosm, in our heads. It is for this reason, after all, that migraine seems so exciting to us; as it shows us, through hallucinatory manifestations, not only an elementary activity of the cerebral cortex, but the functioning of an entire self-organizing system, a universal behavior. It shows us not only the secrets of neural organization, but the creative core of Nature itself.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/03/22/en-movimiento-una-vida-oliver-sacks/

https://weedjee.wordpress.com/2019/06/03/el-rio-de-la-conciencia-oliver-sacks-the-river-of-consciousness-by-oliver-sacks/

https://weedjee.wordpress.com/2021/04/23/todo-en-su-sitio-primeros-amores-y-ultimos-escritos-oliver-sacks-everything-in-its-place-first-loves-and-last-tales-by-oliver-sacks/

https://weedjee.wordpress.com/2021/08/24/migrana-oliver-sacks-migraine-by-oliver-sacks/

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.