La Individualización. El Individualismo Institucionalizado Y Sus Consecuencias Sociales Y Políticas — Ulrich Beck, Elisabeth Beck-Gernsheim / Individualization: Institutionalized Individualism and Its Social and Political Consequences by Ulrich Beck, Elisabeth Beck-Gernsheim

Una fascinante disección de la sociedad. Beck ha desafiado algunas de mis opiniones sobre el estado de bienestar. En particular, su argumento de que el estado de bienestar promueve el individualismo fue muy interesante. En algunas partes, el libro se lee como un texto de psicología con las opiniones de Beck sobre la sociedad moderna y su énfasis en el individualismo.

La individualización ha venido para quedarse. Toda elucubración sobre los medios de abordar su impacto en la manera de conducir nuestras vidas debe comenzar reconociendo este hecho. La individualización trae a un número de hombres y mujeres cada vez mayor una libertad de experimentar sin precedentes; pero (timeo danaos et dona ferentes …) también trae una tarea sin precedentes: hacer frente a las consecuencias. El grandísimo abismo que se abre entre el derecho a la afirmación personal y la capacidad de controlar los marcos sociales que tornan factible o no realista dicha afirmación personal parece ser la principal contradicción de la «segunda modernidad», una contradicción que, mediante la prueba del error, la reflexión crítica y la experimentación atrevida, todos debemos aprender a resolver colectivamente.
Ulrich Beck sugiere que se necesita nada menos que «otra Reforma», que exige la «radicalización de la modernidad».

La vida moderna está convirtiendo cualquier aspecto que se considere —la religión, la naturaleza, la verdad, la ciencia, la tecnología, la moral, el amor, el matrimonio— en «libertad precaria». Toda metafísica y trascendencia, toda necesidad y certidumbre están siendo sustituidas por la habilidad personal. Tanto en lo más público como en lo más privado, nos estamos convirtiendo en funambulistas bajo la lona del circo. Y muchos de nosotros caemos. Y no sólo en Occidente, sino también en los países que han abierto bruscamente las puertas a nuestro tipo de vida occidental.
Lo que ocurre es, simplemente, que en las sociedades modernas los individuos se enfrentan a nuevas exigencias, controles y constricciones. A través del mercado laboral, el Estado del bienestar y las instituciones, la gente entra en una red hecha de regulaciones, condiciones, salvedades… Desde el derecho a la pensión hasta la protección que ofrecen las compañías aseguradoras, pasando por las becas de estudios y los tipos impositivos, todas estas cosas son sendos puntos de referencia institucionales que marcan el horizonte dentro del cual deben tener lugar el pensamiento, la planificación y la acción de nuestros días.
La individualización, en este sentido, no significa, por tanto, una «lógica de acción sin cortapisas, que se desenvuelve en un espacio virtualmente vacío», ni tampoco una mera «subjetividad», una actitud que se niega a ver que «bajo la superficie de la vida hay una sociedad institucional altamente eficaz y densamente trenzada.
¿Son tales descripciones, como algunos sospechan, signos del egoísmo, del hedonismo y de la fiebre del ego que hace estragos en Occidente? Mirando más de cerca, descubrimos otro rasgo de las líneas maestras de la modernidad: que actúan contra, en vez de para, la cohesión familiar. La mayor parte de los derechos que el Estado del bienestar tiene que garantizar están concebidos más para los individuos que para las familias.
La individualización tiene una doble cara: «las libertades precarias». Expresadas en los términos antiguos, y equivocados, la emancipación y la anomia forman juntas, en virtud de su química política, una mezcla explosiva. Las consecuencias y las cuestiones que surgen por doquier en la sociedad son a la vez trascendentales y insensibilizadoras; cada vez alarman más al público y preocupan más a los científicos sociales. Por mencionar sólo unos ejemplos, ¿cómo se educan los hijos en una época en que hay cada vez menos directrices y responsabilidades en las familias? ¿Puede establecerse una relación entre esto y la creciente tendencia a la violencia entre los jóvenes? Con la pluralización de los estilos de vida, ¿está tocando a su fin la era de los productos y el consumo masivos, y deben la economía y la industria adaptarse a productos y modas que se puedan combinar individualmente con los correspondientes métodos de producción?.

Es difícil encontrar actualmente en Occidente un deseo más extendido que el de vivir la «propia vida». Si alguien que viaja a Francia, Finlandia, Polonia, Suiza, Gran Bretaña, Alemania, Hungría, Estados Unidos o Canadá pregunta qué es lo que mueve realmente a la gente allí, por qué cosas se afana y lucha, la respuesta puede ser el dinero, el trabajo, el poder, el amor, Dios o cualquier otra cosa; pero también puede ser —y ello cada vez más— el poder vivir «la propia vida». El dinero significa «un dinero propio»; el espacio, «un espacio propio», en el sentido más elemental de una condición de vida que se pueda llamar propia.
Estamos viviendo una época en la que el orden social del Estado nacional, la clase, la etnicidad y la familia tradicional están en declive. La ética de la realización personal es la corriente más poderosa de la sociedad moderna. El ser humano elegidor, decididor y configurador, que aspira a ser el autor de su propia vida y el creador de una identidad individual, se ha convertido en el protagonista de nuestro tiempo. Es la causa fundamental de los cambios producidos en la familia y de la revolución global del género en relación con el trabajo y la política. Cualquier intento por dar un nuevo sentido a la cohesión social debe comenzar por el reconocimiento de que el individualismo, la diversidad y el escepticismo se han introducido con fuerza en la cultura occidental. La importancia de tener una vida propia en un mundo desbocado puede resumirse en los quince puntos siguientes.

1. La necesidad compulsiva de vivir una vida propia y la posibilidad de hacerlo emergen cuando una sociedad está altamente diferenciada.
2. La propia vida —la vida de uno— no es una vida privativa; es más bien lo contrario: una vida estandarizada que combina a la vez el éxito y la justicia y en la que el interés del individuo y de la sociedad racionalizada están íntimamente relacionados.
3. La vida propia depende, así, por completo de las instituciones. En lugar de tradiciones vinculantes, las directrices institucionales aparecen en escena para organizar nuestra propia vida.
4. Vivir y tener una vida propia significa, pues, que las biografías tipo se vuelven biografías electivas, biografías «hágalo usted mismo», biografías de riesgo, biografías averiadas. Incluso detrás de una fachada de seguridad y prosperidad, las posibilidades de resbalar y venirse abajo están siempre presentes, al acecho. De ahí el aferrarse y el miedo incluso en las capas medias de la sociedad, que aparentan cierta prosperidad.
5. A pesar, o a causa, de las directrices institucionales y de la a menudo incalculable inseguridad, la vida de uno está condenada a la actividad; incluso en el fracaso, es activa en la estructuración de sus demandas. El otro lado de esta obligación de actividad es que el fracaso se convierte en fracaso personal, que ya no se percibe como una experiencia de clase en una «cultura de la pobreza». El fracaso corre parejo con las formas de autorresponsabilidad.
6. Nuestra propia vida, nuestro propio fracaso. Consiguientemente, varios fenómenos de crisis social, como, por ejemplo, el paro estructural, se pueden convertir en un plus de riesgo sobre las espaldas de los individuos. Los problemas sociales pueden convertirse directamente en estados anímicos: en sentimientos de culpabilidad, ansiedades, conflictos y neurosis. Paradójicamente, una nueva inmediatez está impregnando la relación entre individuo y sociedad, una inmediatez de desorden tal que las crisis sociales aparecen como algo individual y ya no son percibidas —o sólo de manera muy indirecta— en su dimensión social.
7. Las personas luchan por vivir sus propias vidas en un mundo que cada vez se les escapa más palmariamente, si bien está interconectado o «enredado» de manera irrevocable y global.
8. La otra vertiente de la globalización es la «destradicionalización». La vida propia es también una vida «destradicionalizada». Esto no significa que la tradición no juegue ya ningún papel —a veces es justo lo contrario—. Pero las tradiciones deben ser elegidas y a menudo inventadas, y sólo tienen fuerza merced a las decisiones y experiencias de los individuos.
9. Si se analizan a la vez la globalización, la «destradicionalización» y la individualización, salta a la vista que la propia vida es una vida experimental. Las recetas heredadas para vivir mejor y los estereotipos sobre los roles sociales dejan entonces de funcionar.
10. La vida de uno es una vida reflexiva. La reflexión social —el procesamiento de información contradictoria, el diálogo, la negociación, el compromiso— es casi sinónimo de vivir la propia vida. Se necesita una gestión activa (ésta parece ser la palabra exacta) para vivir la vida en un contexto de exigencias en conflicto y en un espacio de incertidumbre global. La autorrealización y la autodeterminación no son en absoluto metas meramente individuales; a menudo son también soluciones públicas, el lado inverso del problema que todos los sistemas parciales descargan en los ciudadanos cuando los consideran de repente «maduros y responsables».
11. Vivir la propia vida es, en este sentido, una forma tardomoderna que goza de gran estima. Pero éste no ha sido siempre el caso. En las sociedades tradicionales, nacionalmente cerradas, el individuo sigue siendo un concepto de la especie: la unidad más pequeña de un todo imaginado. Sólo la «destradicionalización», la apertura global y una nueva multiplicidad de lógicas funcionales ofrecen espacio y significado social a la insistencia especial en el individuo.
12. La vida propia, vista de esta manera, es una vida radicalmente no idéntica. Mientras que antes la cultura se definía por las tradiciones, hoy debe definirse como un ámbito de libertad que protege a cada grupo de individuos y tiene la capacidad de producir y defender su propia individualización. Más específicamente, la cultura es el ámbito en el que dejamos claro que podemos vivir juntos, iguales pero diferentes.
13. Vivir la vida propia puede significar, pues, vivir en las condiciones de la democracia radicalizada para la que muchos de los conceptos y fórmulas de la primera modernidad se han tornado inadecuados.
14. El declive de los valores que los pesimistas culturales son tan aficionados a criticar está en realidad permitiendo escapar del credo del «mayor, más y mejor» en una época que está viviendo por encima de sus posibilidades ecológicas y económicas. Mientras que, en el antiguo sistema de valores, el yo siempre tenía que subordinarse a unas pautas de carácter colectivo, estas nuevas orientaciones del «nosotros» están creando algo muy parecido a un individualismo cooperativo o altruista. Pensar en uno mismo y vivir para los demás, algo considerado en otros tiempos como una contradicción en los términos, se revela hoy como una conexión interna.
15. El predominio de la propia vida conduce, así, a una apertura y a una subpolitización de la sociedad, pero también a una despolitización de la política nacional. Actualmente se están cuestionando de manera especial dos de las condiciones básicas de la democracia representativa nacional. La primera es la confianza general que permite que los partidos (y otros actores colectivos) movilicen a los ciudadanos y a los miembros de los partidos, en cierto modo ciegamente y con independencia de sus preferencias personales, en torno a ciertas cuestiones del momento. La segunda es el número limitado de actores colectivos y su homogeneidad interna.

Desde hace tiempo, el proceso de individualización se viene considerando un rasgo característico de la nueva burguesía; pero, bajo otra forma, fue también un rasgo distintivo del «asalariado libre» del capitalismo moderno y de la dinámica del mercado laboral en las democracias en serie del Estado del bienestar. El acceso al mercado laboral ha liberado repetidas veces a la gente de las ataduras de la familia.
A medida que la enseñanza obligatoria se amplía en cuanto a duración, las orientaciones, maneras de pensar y estilos de vida tradicionales sufren una refundición y desplazamiento por parte de las formas de aprendizaje y de enseñanza universalistas. Según su duración y contenido, la educación hace posible un determinado grado de descubrimiento y reflexión personales. Además, la educación se ve relacionada con la selección y, por tanto, con las expectativas de movilidad hacia arriba del individuo; expectativas que se dan incluso en los casos en que la movilidad hacia arriba mediante la educación resulta ser una ilusión, pues la educación es poco más que una protección contra la movilidad hacia abajo.
La gente experimenta la movilidad tan pronto como entra en el mercado laboral. Enseguida se siente alejada de los modelos y de las disposiciones tradicionales, y, si no está dispuesta a sufrir un descalabro económico, se ve obligada a tomar las riendas de su propia vida. Mediante la movilidad ocupacional, el lugar de residencia o de empleo, el tipo de empleo y los cambios en el emplazamiento social que produce, el mercado de trabajo se revela una importante fuerza motriz de la individualización de la vida de la gente, la cual se vuelve relativamente independiente respecto de las ataduras heredadas o creadas recientemente.

En primer lugar, los procesos de individualización privan a las distinciones de clase de su identidad social. Los grupos sociales pierden sus rasgos distintivos, tanto en términos de autocomprensión como en relación con otros grupos. También pierden sus identidades independientes y la probabilidad de convertirse en una fuerza política formadora.
En segundo lugar, las desigualdades no desaparecen, ni mucho menos. Simplemente, se redefinen en términos de individualización de los riesgos sociales . El resultado es que los problemas sociales se perciben cada vez más como disposiciones psicológicas: como inadecuaciones personales, sentimientos de culpa, ansiedades, conflictos y neurosis.
En tercer lugar, a la hora de hacer frente a los problemas sociales, la gente se ve obligada a establecer alianzas políticas y sociales. Sin embargo, éstas no tienen por qué seguir un único paradigma, como, por ejemplo, el modelo clasista. El aislamiento de las vidas privatizadas, protegidas contra todas las demás vidas privatizadas…
En cuarto lugar, los conflictos permanentes tienden a surgir paralelamente a las características adscritas, que ahora se relacionan más que nunca con la discriminación. La raza, el color de la piel, el género, la etnicidad, la edad, la homosexualidad, la incapacidad física: éstas son las principales características adscritas. En las condiciones de la individualización avanzada, tales desigualdades sociales cuasi naturales propician el desarrollo de unos efectos de organización completamente específicos.

El concepto de «cultura del yo», entendido como búsqueda a la aventura de una «vida propia» por parte de muchos, debería distinguirse en primer lugar de los conceptos de cultura proletaria y burguesa que marcaron los rasgos y conflictos de la primera modernidad (industrial). Las esperanzas y peculiaridades de esta última, sus hábitos de vida, el trabajo, el amor y el consumo, sus estilos de política, sus rituales autodestructivos a la hora de dormir, vivir, bañarse, aprender, relajarse, etcétera, todo ello se puede apreciar en la bibliografía de cada campo, desde las ciencias a la música pasando por la novela. La autocultura se desarrolla hasta el extremo de que tanto la cultura proletaria como la burguesa se están apagando paulatinamente hasta que acaben desapareciendo por completo. Lo que emerge entonces no es, como han sospechado a menudo los sociólogos, una cultura y una sociedad uniforme de clase media (Schelsky,1965), sino más bien una autocultura que es impredecible tanto para uno mismo como para los demás, una mezcla de sociedad civil, sociedad de consumo, sociedad terapéutica y sociedad del riesgo.
1. El concepto de situación (en todas sus manifestaciones) tiene una apariencia de estabilidad en el tiempo, el espacio y el contenido que se está perdiendo por doquier .
2. En vez de las situaciones que están constantemente arriba o abajo, están surgiendo otras que están sujetas a cancelación, situaciones híbridas que unen cosas que parecen ser mutuamente excluyentes.
3. Subir puede significar en cierto sentido bajar; las imágenes del movimiento arriba-abajo o abajo-arriba exigen, pues, un nuevo tratamiento.
La precariedad de una situación, vista desde arriba, significa que:
1. Se necesita un acto de equilibrismo constante para conjurar el peligro de caer.
2. Visto desde abajo, esto se expresa mediante la esperanza de volver a subir con la siguiente solicitud de empleo o con el siguiente matrimonio.
3. La conciencia de culpa o vergüenza viene a ocupar el lugar de la conciencia de clase. Desde la óptica de la «propia vida», se transforma en culpabilidad un destino colectivo estructuralmente determinado y perfectamente transparente.

La nueva pobreza precaria se desvanece y se desarrolla en un ambiente de silencio. Esto es un estado de la cuestión escandaloso y dramático que exige una urgente acción política, pues la pobreza, una vez eliminada de los puntos focales socioestructurales de las clases y de las organizaciones políticas, no desaparece ni mucho menos, sino que se intensifica entre las distintas mutaciones de la vida individualizada. Se convierte en la expresión de una extendida responsabilidad de las condiciones de vida , que llega hasta las capas medias exteriormente acomodadas y cuyo impacto político es tan nuevo como impredecible y global.

En cuanto a la mujer:
• Movilidad geográfica . Cuanto mayor es la distancia entre el lugar de trabajo y el hogar, y cuanto más exige el trabajo que la mujer se desplace o se encuentre algunas veces lejos del hogar, más se aleja ésta de su medio familiar y más gente conoce de otra extracción social o de otros grupos sociales.
• Posibilidad de nuevas ocupaciones , asociada a una mayor diferenciación y especialización en el empleo. Cuantos más empleos están disponibles para las mujeres, y más nuevos trabajos especializados hay, las que proceden de un mismo nivel social más expuestas se ven a diferentes exigencias y experiencias. Tienen grandes decepciones, satisfacciones y dificultades, disfrutan de más o menos oportunidades, se enfrentan a más o menos obstáculos, y sus expectativas y planes se modifican a tenor de todo esto, menos en función de su extracción social que de las experiencias concretas vividas en su trabajo.
• Movilidad social . La mejora de las oportunidades educativas contribuye a que algunas mujeres consigan elevarse por encima del estatus social de su familia de origen. Sin duda, las mejores oportunidades educativas no suelen traducirse en mejores oportunidades profesionales equitativamente repartidas, y, por tanto, su promoción social resulta más bien modesta. Lo que sí se produce es el abandono del contexto familiar por un mundo nuevo marcado por distintas experiencias y hábitos, así como por diferentes convicciones, normas y directrices, como se puede percibir por numerosos detalles, desde la ropa y la comida hasta ciertas maneras de criar a los hijos o de abordar el mundo del ocio.
• El cambio generacional . A medida que resulta cada vez más normal el modelo de una vida laboral más larga (incluso para toda la vida), se produce un distanciamiento —por no decir incluso un abismo— entre la nueva generación de mujeres y la generación más vieja. Muchas cosas que las madres daban por descontadas —modo de vida, con sus expectativas y actitudes asociadas— se han vuelto cuestionables para muchas hijas.

En la actual «transición liberal», las jóvenes se topan de nuevo con el problema de la sexualidad; su situación no se ha vuelto más simple, sino, por el contrario, más complicada, pues, mientras que a finales del siglo XIX , las hijas de la burguesía —al menos— estaban aún estrictamente «protegidas» y supervisadas, y, hace dos o tres décadas, aún seguían recibiendo órdenes y prohibiciones claras por parte de sus padres, en la actualidad ha surgido un espacio más abierto y difuso , que contiene sin duda más libertades, pero también zonas grises, instrucciones contradictorias y riesgos considerables, que exigen la máxima «responsabilidad individual» y, en cualquier caso, obligan a los individuos a tomar decisiones. La necesidad de ternura e intimidad se da la mano con preguntas del tipo «si», «desde cuándo» y «hasta dónde», con la consiguiente confusión de sentimientos, deseos, temores y dudas. Las jóvenes se ven, así, abandonadas a sus propios mecanismos.
Las últimas décadas han presenciado también un cambio decisivo en las «consecuencias» del sexo, o, para ser más precisos, en el control de dichas consecuencias. Los métodos anticonceptivos (sobre todo la «píldora») se han vuelto más fiables y disponibles, y, en muchos países, los cambios introducidos en la legislación han facilitado la interrupción del embarazo. Pero también en esto hay una cierta ambivalencia en lo que se refiere a las vidas de las mujeres, con un posible reforzamiento tanto de la autonomía como de la heteronomía. En efecto, como ha subrayado a menudo el movimiento feminista y los estudios sobre el tema de la mujer, las mujeres se han vuelto más disponibles (por haber «menos consecuencias»), mientras que los hombres se ven liberados de responsabilidad, incluso más que antes. Esto refuerza a menudo la presión sobre la expectativa sexual, con el resultado de que la mujer se convierte en un objeto «disponible».
Así pues, la mujer se ve atrapada entre dos exigencias variables, e incluso contradictorias, según la situación, su grupo de referencia y su pareja.
En las sociedades modernas del mundo occidental no desaparecerá el deseo de tener hijos, sino que seguirá ejerciendo su poder de atracción y ofreciendo un marco de referencia para las esperanzas y anhelos de las personas, sobre todo teniendo en cuenta las imposiciones y exigencias a las que las mujeres se ven expuestas en la actualidad. Pero esto sólo es una parte de la historia, pues los contrapesos son también muy fuertes, y a veces incluso más.
Mientras competa individualmente a las mujeres (procediendo empíricamente y realizando unos esfuerzos de equilibro e improvisación que son siempre precarios) resolver la tensión entre su deseo de tener hijos y poseer una vida propia, mientras las medidas políticas para hacer compatibles estos diferentes ámbitos sigan siendo a todas luces insuficientes, cuando no brillan incluso por su ausencia, y mientras los hombres no muestren una mayor disposición para desempeñar un papel activo en el cuidado de los hijos, difícilmente podremos esperar que el índice de natalidad aumente de forma significativa.

El problema no es que los europeos occidentales estemos viviendo una crisis de cultura y de certidumbres en medio del desmoronamiento de los valores, sino algo mucho «peor». Nuestras palabras de libertad están empezando a hacerse realidad en la vida cotidiana y, así, están cuestionando las bases mismas de nuestra coexistencia anterior, que descansaba en la precondición de que sólo hablaríamos de libertad política y no obraríamos según ella. La «catástrofe» es, por tanto, que debemos comprender, reconocer y soportar más —y diferentes— tipos de libertad que los previstos en el manual de la democracia, muy comentados y prometidos pero nunca llevados a la práctica. Ser hijos de la libertad significa, pues, que estamos viviendo bajo las precondiciones de la democracia interiorizada , para la que muchos de los conceptos y fórmulas de la primera modernidad se han vuelto inadecuados.
El vacío actual se debe a que instituciones victoriosas de Occidente, como la OTAN, el libre mercado, el Estado del bienestar, la democracia multipartidista y la soberanía nacional, ya no se pueden seguir dando por supuestas como instituciones al haber perdido su base histórica. ¿Qué es la OTAN sin su anticomunismo? ¿Qué es la economía del crecimiento y la sociedad de consumo desde que se conoce su destructividad ecológica?…

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/04/07/la-metamorfosis-del-mundo-ulrich-beck-the-metamorphosis-of-the-world-how-climate-change-is-transforming-our-concept-of-the-world-by-ulrich-beck/

https://weedjee.wordpress.com/2021/08/19/la-individualizacion-el-individualismo-institucionalizado-y-sus-consecuencias-sociales-y-politicas-ulrich-beck-elisabeth-beck-gernsheim-individualization-institutionalized-individualism/

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A fascinating dissection of society. Beck has challenged some of my views of the welfare state. In particular, his argument that the welfare state promotes individualism, was very interesting. In parts, the book read like a psychology text with Beck’s views on modern society and its emphasis on individualism.

Individualization has come to stay. Any speculation about the means of addressing its impact on the way we conduct our lives must begin by acknowledging this fact. Individualization brings an increasing number of men and women with unprecedented freedom to experiment; but (timeo danaos et dona ferentes…) it also brings an unprecedented task: face the consequences. The enormous gulf that opens up between the right to personal affirmation and the ability to control the social frameworks that make such personal affirmation feasible or unrealistic seems to be the main contradiction of the «second modernity», a contradiction that, through the test of the error, critical reflection and daring experimentation, we must all learn to solve collectively.
Ulrich Beck suggests that nothing less than «another Reformation» is needed, which calls for the «radicalization of modernity.»

Modern life is turning whatever it takes to consider — religion, nature, truth, science, technology, morals, love, marriage — into «precarious freedom.» All metaphysics and transcendence, all necessity and certainty are being replaced by personal ability. In both the most public and the most private, we are becoming tightrope walkers under the circus canvas. And many of us fall. And not only in the West, but also in countries that have abruptly opened the doors to our Western way of life.
What is happening is simply that in modern societies individuals face new demands, controls, and constraints. Through the labor market, the welfare state and institutions, people enter a network made up of regulations, conditions, exceptions … From the right to a pension to the protection offered by insurance companies, through scholarships and scholarships. tax rates, all these things are institutional reference points that mark the horizon within which the thinking, planning and action of our day must take place.
Individualization, in this sense, does not mean, therefore, a «logic of action without restrictions, which unfolds in a virtually empty space», nor does it mean a mere «subjectivity», an attitude that refuses to see that «under the surface of life there is a highly effective and densely woven institutional society.
Are such descriptions, as some suspect, signs of the selfishness, hedonism, and ego rush that is raging in the West? Looking more closely, we discover another feature of modernity’s master lines: that they work against, rather than for, family cohesion. Most of the rights that the welfare state has to guarantee are designed more for individuals than for families.
Individualisation has a double face: «precarious freedoms.» Expressed in the old and wrong terms, emancipation and anomie form together, by virtue of their political chemistry, an explosive mixture. The consequences and issues that arise everywhere in society are both momentous and desensitizing; they increasingly alarm the public and concern social scientists more and more. To mention just a few examples, how are children educated at a time when there are fewer and fewer guidelines and responsibilities in families? Can a relationship be established between this and the growing trend of violence among young people? With the pluralization of lifestyles, is the era of mass products and consumption coming to an end, and must the economy and industry adapt to products and fashions that can be individually combined with corresponding production methods?.

It is difficult to find a more widespread desire in the West today than to live one’s own life. If someone who travels to France, Finland, Poland, Switzerland, Great Britain, Germany, Hungary, the United States or Canada asks what really moves people there, what they toil and fight for, the answer may be money. , work, power, love, God or anything else; but it can also be —and this more and more— being able to live «one’s own life.» Money means «one’s own money»; space, «a space of its own», in the most elementary sense of a condition of life that can be called its own.
We are living in a time when the social order of the national state, class, ethnicity and the traditional family are in decline. The ethics of personal fulfillment is the most powerful current in modern society. The choosing, deciding and shaping human being, who aspires to be the author of his own life and the creator of an individual identity, has become the protagonist of our time. He is the fundamental cause of the changes in the family and of the global gender revolution in relation to work and politics. Any attempt to give new meaning to social cohesion must begin with the recognition that individualism, diversity, and skepticism have made their way into Western culture. The importance of having a life of your own in a runaway world can be summed up in the following fifteen points.

1. The compulsive need to live a life of their own and the possibility to do so emerge when a society is highly differentiated.
2. Life itself — one’s life — is not a private life; it is rather the opposite: a standardized life that combines success and justice at the same time and in which the interests of the individual and of the rationalized society are intimately related.
3. Their own life thus depends entirely on the institutions. Instead of binding traditions, institutional guidelines appear on the scene to organize our own lives.
4. Living and having a life of your own, then, means that standard biographies become elective biographies, do-it-yourself biographies, risk biographies, damaged biographies. Even behind a facade of security and prosperity, the chances of slipping and falling are always there, lurking. Hence the clinging and fear even in the middle layers of society, which appear to be a certain prosperity.
5. Despite, or because of, institutional directives and often incalculable insecurity, one’s life is condemned to activity; even in failure, it is active in structuring its demands. The other side of this duty of activity is that failure turns into personal failure, which is no longer perceived as a class experience in a «culture of poverty.» Failure runs hand in hand with forms of self-responsibility.
6. Our own life, our own failure. Consequently, various phenomena of social crisis, such as, for example, structural unemployment, can become a risk bonus on the backs of individuals. Social problems can turn directly into moods: feelings of guilt, anxieties, conflicts and neuroses. Paradoxically, a new immediacy is permeating the relationship between individual and society, an immediacy of disorder such that social crises appear as something individual and are no longer perceived —or only in a very indirect way— in their social dimension.
7. People struggle to live their own lives in a world that is becoming more and more obvious to them, yet irrevocably and globally interconnected or «entangled».
8. The other aspect of globalization is «detraditionalization.» Your own life is also a «detraditionalized» life. This does not mean that tradition no longer plays any role – sometimes the opposite is true. But traditions must be chosen and often invented, and they only have force thanks to the decisions and experiences of individuals.
9. If globalization, «detraditionalization» and individualization are analyzed simultaneously, it is clear that life itself is an experimental life. The inherited recipes for better living and stereotypes about social roles then stop working.
10. One’s life is a reflective life. Social reflection — the processing of contradictory information, dialogue, negotiation, compromise — is almost synonymous with living one’s life. Active management (this seems to be the right word) is needed to live life in a context of conflicting demands and in a space of global uncertainty. Self-actualization and self-determination are by no means merely individual goals; they are often public solutions as well, the reverse side of the problem that all partial systems discharge on citizens when they are suddenly considered «mature and responsible.»
11. Living one’s life is, in this sense, a late modern way that is highly regarded. But this has not always been the case. In traditional, nationally closed societies, the individual remains a concept of the species: the smallest unit of an imagined whole. Only «detraditionalization,» global openness, and a new multiplicity of functional logics offer space and social meaning to the special emphasis on the individual.
12. Self-life, seen in this way, is a radically non-identical life. Whereas before culture was defined by traditions, today it must be defined as an area of freedom that protects each group of individuals and has the capacity to produce and defend its own individualization. More specifically, culture is the area in which we make it clear that we can live together, the same but different.
13. Living one’s own life can therefore mean living in the conditions of radical democracy for which many of the concepts and formulas of the first modernity have become inadequate.
14. The decline in values that cultural pessimists are so fond of criticizing is actually allowing the creed of «greater, more and better» to escape in an age that is living beyond its ecological and economic possibilities. Whereas, in the old value system, the self always had to be subordinated to guidelines of a collective character, these new orientations of the «we» are creating something very close to a cooperative or altruistic individualism. Thinking of oneself and living for others, something considered in other times as a contradiction in terms, is revealed today as an internal connection.
15. The predominance of life itself thus leads to an openness and a sub-politicization of society, but also a depoliticization of national politics. Two of the basic conditions of national representative democracy are currently being questioned in a special way. The first is the general trust that allows parties (and other collective actors) to mobilize citizens and party members, somewhat blindly and regardless of their personal preferences, around certain issues of the moment. The second is the limited number of collective actors and their internal homogeneity.

For a long time, the process of individualization has been considered a characteristic feature of the new bourgeoisie; but, in another form, it was also a distinctive feature of the ‘free wage earner’ of modern capitalism and of the dynamics of the labor market in serial democracies of the welfare state. Access to the labor market has repeatedly freed people from the ties of the family.
As compulsory education expands in duration, traditional orientations, ways of thinking and lifestyles are recast and displaced by universalist ways of learning and teaching. Depending on its duration and content, education makes possible a certain degree of personal discovery and reflection. In addition, education is related to selection and, therefore, to the expectations of upward mobility of the individual; expectations that exist even in cases where upward mobility through education turns out to be an illusion, for education is little more than protection against downward mobility.
People experience mobility as soon as they enter the job market. She quickly feels estranged from traditional models and dispositions, and if she is not willing to suffer a financial disaster, she is forced to take charge of her own life. Through occupational mobility, the place of residence or employment, the type of employment and the changes in the social location that it produces, the labor market reveals an important driving force in the individualization of people’s lives, which is becomes relatively independent from newly created or inherited tethers.

In the first place, individualization processes deprive class distinctions of their social identity. Social groups lose their distinctive features, both in terms of self-understanding and in relation to other groups. They also lose their independent identities and the likelihood of becoming a formative political force.
Second, inequalities do not disappear, far from it. They are simply redefined in terms of the individualization of social risks. The result is that social problems are increasingly perceived as psychological dispositions: as personal inadequacies, feelings of guilt, anxieties, conflicts, and neuroses.
Third, in dealing with social problems, people are forced to form political and social alliances. However, they do not have to follow a single paradigm, such as, for example, the class model. The isolation of privatized lives, protected against all other privatized lives …
Fourth, permanent conflicts tend to arise in parallel with ascribed characteristics, which are now more related than ever to discrimination. Race, skin color, gender, ethnicity, age, homosexuality, physical disability: these are the main ascribed characteristics. Under the conditions of advanced individualization, such quasi-natural social inequalities favor the development of completely specific organizational effects.

The concept of «culture of the self», understood as a search for the adventure of a «life of its own» by many, should be distinguished first of all from the concepts of proletarian and bourgeois culture that marked the features and conflicts of the first modernity ( industrial). The hopes and peculiarities of the latter, their habits of life, work, love and consumption, their styles of politics, their self-destructive rituals when it comes to sleeping, living, bathing, learning, relaxing, etc., all of this can be done. appreciate in the bibliography of each field, from science to music through the novel. Self-culture develops to the extent that both proletarian and bourgeois culture are gradually fading until they end up completely disappearing. What emerges then is not, as sociologists have often suspected, a uniform middle-class culture and society (Schelsky, 1965), but rather a self-culture that is unpredictable for both oneself and others, a mixture of civil society, consumer society, therapeutic society and risk society.
1. The concept of situation (in all its manifestations) has an appearance of stability in time, space and content that is being lost everywhere.
2. Instead of situations that are constantly up or down, others are emerging that are subject to cancellation, hybrid situations that bring together things that seem to be mutually exclusive.
3. Going up can in a sense mean going down; the images of up-down or down-up movement thus require a new treatment.
The precariousness of a situation, seen from above, means that:
1. It takes a constant balancing act to ward off the danger of falling.
2. Viewed from below, this is expressed by hoping to get back up with the next job application or with the next marriage.
3. The conscience of guilt or shame comes to take the place of the class conscience. From the perspective of «life itself,» a structurally determined and perfectly transparent collective destiny is transformed into guilt.

The new precarious poverty vanishes and develops in an atmosphere of silence. This is a scandalous and dramatic state of affairs that requires urgent political action, since poverty, once eliminated from the socio-structural focal points of classes and political organizations, does not disappear far from it, but intensifies among the different mutations of individualized life. It becomes the expression of a widespread responsibility for living conditions, which reaches the outwardly well-off middle classes and whose political impact is as new as it is unpredictable and global.

Regarding the woman:
• Geographical mobility . The greater the distance between the place of work and the home, and the more work requires women to travel or sometimes be away from home, the further they are from their family environment and the more people they meet from other social backgrounds or from other social groups.
• Possibility of new occupations, associated with greater differentiation and specialization in employment. The more jobs are available to women, and the more new specialized jobs there are, those who come from the same social level are more exposed to different demands and experiences. They have great disappointments, satisfactions and difficulties, they enjoy more or fewer opportunities, they face more or less obstacles, and their expectations and plans are modified in light of all this, less in function of their social extraction than of the concrete experiences lived in his work.
• Social Mobility . Improved educational opportunities help some women rise above the social status of their family of origin. Undoubtedly, the best educational opportunities do not usually translate into better equitably distributed professional opportunities, and therefore their social advancement is rather modest. What does occur is the abandonment of the family context for a new world marked by different experiences and habits, as well as by different convictions, norms and guidelines, as can be perceived by numerous details, from clothing and food to certain ways of raise children or tackle the world of leisure.
• The generational change. As the pattern of a longer working life (even for a lifetime) becomes more and more normal, there is a rift – not to say even a gulf – between the new generation of women and the older generation. Many things that mothers took for granted – lifestyle, with its associated expectations and attitudes – have become questionable for many daughters.

In the current «liberal transition», young women are again faced with the problem of sexuality; Their situation has not become simpler, but, on the contrary, more complicated, since, while at the end of the 19th century, the daughters of the bourgeoisie – at least – were still strictly «protected» and supervised, and, two years ago or three decades, they still continued to receive clear orders and prohibitions from their parents, today a more open and diffuse space has emerged, which undoubtedly contains more freedoms, but also gray areas, contradictory instructions and considerable risks, which require the maximum «individual responsibility» and, in any case, oblige individuals to make decisions. The need for tenderness and intimacy goes hand in hand with questions such as «if,» «since when,» and «how far,» with the consequent confusion of feelings, desires, fears, and doubts. The young women are thus left to their own devices.
The last few decades have also witnessed a decisive shift in the «consequences» of sex, or, to be more precise, in the control of those consequences. Contraceptive methods (especially the ‘pill’) have become more reliable and available, and in many countries changes in legislation have made it easier to terminate pregnancy. But here too there is a certain ambivalence when it comes to women’s lives, with a possible reinforcement of both autonomy and heteronomy. Indeed, as the feminist movement and women’s studies have often emphasized, women have become more available (because there are «fewer consequences»), while men are relieved of responsibility, even more than before. This often reinforces the pressure on sexual expectation, with the result that the woman becomes an «available» object.
Thus, the woman is caught between two varying and even contradictory demands, depending on the situation, her reference group and her partner.

In modern societies in the Western world, the desire to have children will not disappear, but will continue to exercise its power of attraction and offer a frame of reference for people’s hopes and desires, especially taking into account the impositions and demands to which they women are exposed today. But this is only part of the story, as the counterweights are also very strong, and sometimes even stronger.
While it is the responsibility of women individually (proceeding empirically and making balancing and improvising efforts that are always precarious) to resolve the tension between their desire to have children and to have a life of their own, as long as the political measures to make these different areas compatible remain clearly insufficient, when they are not conspicuous even by their absence, and as long as men do not show a greater willingness to play an active role in the care of their children, we can hardly expect the birth rate to increase significantly.

The problem is not that we Western Europeans are experiencing a crisis of culture and certainties amid the collapse of values, but something much «worse.» Our words of freedom are beginning to become reality in everyday life and thus are questioning the very foundations of our previous coexistence, which rested on the precondition that we would only speak of political freedom and not act according to it. The «catastrophe» is, therefore, that we must understand, recognize and endure more — and different — types of freedom than those envisaged in the democracy manual, much discussed and promised but never put into practice. Being children of freedom means, then, that we are living under the preconditions of internalized democracy, for which many of the concepts and formulas of the first modernity have become inadequate.
The current vacuum is due to the fact that victorious institutions in the West, such as NATO, the free market, the welfare state, multiparty democracy and national sovereignty, can no longer be taken for granted as institutions, having lost their historical base. What is NATO without its anti-communism? What is the economy of growth and consumer society since its ecological destructiveness is known? …

Books from the author commented in the blog:https://weedjee.wordpress.com/2019/04/07/la-metamorfosis-del-mundo-ulrich-beck-the-metamorphosis-of-the-world-how-climate-change-is-transforming-our-concept-of-the-world-by-ulrich-beck/

https://weedjee.wordpress.com/2021/08/19/la-individualizacion-el-individualismo-institucionalizado-y-sus-consecuencias-sociales-y-politicas-ulrich-beck-elisabeth-beck-gernsheim-individualization-institutionalized-individualism/

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