Lo Que Falta De Noche — Laurent Petitmangin / Ce Qu’il Faut De Nuit by Laurent Petitmangin

Hermosa representación de la vida cotidiana de un padre que hace lo mejor que puede para cuidar a sus dos hijos adultos, con los dilemas relacionados con los diferentes caminos que toman. Me gustaron menos al principio las expresiones nativas de «región» y hay ciertas palabras que no entendí pero terminé diciéndome que era parte del encanto del libro.
Una novela que se destaca en el océano infinito de este reingreso literario. Por una vez, no es una novela que nos describe en su totalidad un estilo de vida de un pequeño bobo, ni una historia sobre la clase trabajadora resultante de las fantasías de la burguesía. Es una novela cruda y sin adornos, a la vez violenta y gentil, sobre una familia de tres hombres, cercanos y distantes; una familia corriente que intenta mantenerse a flote tras la muerte de la madre, la ausencia temporal del padre y la caída gradual a la extrema derecha del hijo mayor. Laurent Petitmangin aborda aquí de una manera muy realista el amor familiar, el duelo, la afiliación social y política, la violencia, etc. También es una novela corta, que se lee de forma rápida y sencilla.
Una historia que podríamos haber comprado si no fuera por estas inconsistencias en la narrativa. Y ese sentimiento de pasividad de los personajes también, de esta manera parecen siempre «soltarse» domina un poco demasiado sobre todo lo demás, sobre el amor, los sentimientos, los lazos.
Premio Stanislas al mejor debut del año, Premio Fémina de los Estudiantes, Premio Georges Brassens…

Fus acabó saliendo del hospital cuatro días después de que lo ingresaran. Nadie quería pronunciarse acerca de su ojo. Había perdido tres cuartas partes de visión. Podía ser que mejorara, pero también que se quedara así. El ojo apenas se movía. No parecía un ojo, más bien algo muerto. Un ave cubierta de chapapote. También tenía el brazo izquierdo bastante mal. En este caso, las dificultades que presentaba a la hora de levantarlo y moverlo podían ser también solo temporales, pero los médicos no quisieron pintarle un panorama demasiado halagüeño. La policía interrogó a Fus y al principio dijo que no sabía nada. Como era imposible que no supiera nada, que no pudiera contar nada, insistieron.

Enseguida entendí que emborracharme un día tras otro no me conduciría a ninguna parte. Lo hice ya una vez, después de la muerte de la madre, y conseguí superarlo. No me apetecía volver a caer en eso. Pero no estaba listo para retomar el servicio…

En mi interior sabía que estábamos condenados a vivir así, navegando entre dos aguas, hasta que pudiéramos volver a hablar, al menos una vez, de lo que había sucedido. Yo quería saber si tenía remordimientos, si aquello le quitaba el sueño como a mí. Pero él nunca tocaba el tema. Al contrario, me daba la impresión de que vivía lo ocurrido de manera mecánica, con un increíble desapego.

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Beautiful representation of the daily life of a father doing the best he can to care for his two adult children, with the dilemmas related to the different paths they take. I liked the native expressions of «region» less at first and there are certain words that I did not understand but ended up telling myself that it was part of the charm of the book.
A novel that stands out in the infinite ocean of this literary re-entry. For once, it is not a novel that fully describes the lifestyle of a little fool, nor is it a story about the working class resulting from the fantasies of the bourgeoisie. It is a crude and unadorned novel, at once violent and gentle, about a family of three men, close and distant; an ordinary family trying to stay afloat after the death of the mother, the temporary absence of the father and the gradual fall to the extreme right of the eldest son. Here Laurent Petitmangin deals with family love, grief, social and political affiliation, violence, etc. in a very realistic way. It is also a short novel, which is read quickly and easily.
A story we could have bought if it weren’t for these inconsistencies in the narrative. And that feeling of passivity of the characters too, in this way they always seem to «loosen up» dominates a little too much over everything else, over love, feelings, ties.
Stanislas Award for the best debut of the year, Female Student Award, Georges Brassens Award …

Fus ended up leaving the hospital four days after he was admitted. Nobody wanted to comment on his eye. He had lost three-quarters of his vision. It could be that he improved, but also that he stayed that way. The eye barely moved. It didn’t look like an eye, rather something dead. A bird covered in chapapote. He also had a pretty bad left arm. In this case, the difficulties that he presented when lifting and moving him could also be only temporary, but the doctors did not want to paint a too rosy picture for him. The police questioned Fus and at first he said that he did not know anything. As it was impossible that he did not know anything, that he could not tell anything, they insisted.

I quickly understood that getting drunk day after day would get me nowhere. I did it once already, after the death of the mother, and I managed to overcome it. I didn’t feel like falling into that again. But he was not ready to resume service …

I knew deep down that we were condemned to live like this, navigating between two waters, until we could speak again, at least once, about what had happened. I wanted to know if he had regrets, if that made him sleepless like me. But he never touched the subject. On the contrary, he gave me the impression that he lived what happened in a mechanical way, with an incredible detachment.

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