Decálogo Del Buen Ciudadano. Cómo Ser Mejores Personas En Un Mundo Narcisista — Víctor Lapuente / Decalogue Of The Good Citizen. How To Be A Better Person In A Narcissistic World by Víctor Lapuente (spanish book edition)

A través de diez consejos trata de acercarnos a la felicidad a través de la virtud, desmontando alguno de los mitos propios de estos tiempos. Un estimulante libro fácil de leer y que te ayudará con tus propias reflexiones… Esto es lo más importante como lector.
Muchos de nuestros enfrentamientos sociales derivan de una borrachera de narcisismo. Llevamos décadas bebiendo de dos ideologías que han embriagado nuestro yo. Por un lado, el individualismo económico, promocionado por la derecha ultraliberal; y, por el otro, el individualismo cultural, promovido por la izquierda cosmopolita. Unos y otros han roto los lazos que nos unían a la comunidad, librándonos de anticuadas responsabilidades y deberes hacia los demás. Ahora solo tenemos derechos: el de enriquecernos, aun a costa de romper los usos y costumbres de los negocios y las relaciones laborales (el derecho impulsado por la derecha); y el de la satisfacción personal, aun a expensas de romper las tradiciones culturales y religiosas (el derecho promovido por la izquierda). Y ni siquiera así, o precisamente por eso, ni una ideología ni la otra nos acercan a la felicidad.

Las causas del malestar que rodea nuestras sociedades modernas no son materiales, sino inmateriales. Vivimos en el periodo de mayor opulencia de la historia. A nivel global, todos los indicadores objetivos están en máximos: somos más longevos, ricos, educados, y estamos más protegidos contra el hambre, la violencia, la enfermedad y otros caballos del Apocalipsis que en cualquier otra época. Somos la generación que disfruta de más lujos y comodidades de todas las que han pisado la faz de la Tierra, pero también somos la más angustiada y deprimida.
El coronavirus es una tragedia sorprendente, pero el hecho de que nos llame tanto la atención se debe precisamente a su carácter excepcional. Junto a la ansiedad se ha catapultado el miedo. Miedo a la tecnología (tecnopesimismo), a la globalización (repliegue de las fronteras) y a las élites (populismo). Una omnipresente y amenazadora sensación de decadencia, en palabras de la científica social Sophia Gaston, flota sobre todo Occidente.
El factor que se utiliza habitualmente para explicar nuestro desasosiego social, desencanto, indignación o crispación, es el aumento de la desigualdad económica. Si unos pocos acumulan mucha riqueza, el resto de las personas naturalmente empieza a sospechar del sistema. Y es innegable que, en el interior de los países occidentales, la desigualdad de ingresos lleva años creciendo, invisible y silenciosamente, como un tumor lento.
Pero nuestro gran problema es que nos hemos vuelto más narcisistas. Concretamente, un 30 % desde finales del siglo XX. El narcisismo nos impide calibrar la importancia de las cosas que nos afectan y nos empuja a estar insatisfechos con la vida. Hemos perdido la mesura de las cosas y la vida se ha convertido en una competición constante contra nosotros mismos y contra los demás. Incluso aquellos que se hallan en la cúspide, cada día más estrecha, de nuestra pirámide social, están crecientemente incómodos. En lugar de disfrutar de sus privilegios, se sienten atrapados por una meritocracia asfixiante.

Los seres humanos tenemos dos formas opuestas de organizarnos. La primera está basada en el dominio, la segunda en el prestigio. El dominio es nuestra manera primigenia de crear grupos humanos, que antecede incluso a la aparición de nuestra especie. Un espécimen (generalmente macho) alfa nos dirige usando la fuerza, el garrote. Los demás acatamos sus órdenes, porque, a pesar de estar sometidos, entendemos, instintiva o conscientemente, que es lo mejor para que la comunidad sobreviva. El macho nos protege de los peligros que la noche de la jungla esconde.
Sin embargo, y esto es lo que separa al ser humano del resto del mundo animal, ya en el amanecer de nuestra especie inventamos un modo revolucionario de establecer jerarquías, donde no asciende la persona más fuerte del grupo, sino la más prestigiosa. No la que puede quitar más, sino la que quiere dar más a los demás.
Hoy estamos conectados al teléfono, pero nos sentimos solos. Y buscamos consuelo en la inagotable industria del entretenimiento, en los videojuegos y la realidad virtual, o en el deporte y las drogas. Pero son solo alivios. Porque nuestra innata sed de sentido, de encontrarle significado a la vida, nos reclama algo que vaya más allá de la satisfacción de nuestros deseos inmediatos. Y a menudo inadvertidamente, intentamos empaquetar con un papel espiritual hasta nuestras diversiones más mundanas. Convertimos en religión el fútbol, pero también la guerra de las galaxias.
El hiperindividualismo de nuestra época nos ha dejado huérfanos e inseguros. En teoría, pensar que eres el centro del universo debería darte fuerza. En la práctica, te debilita. Porque el individualismo convierte toda relación en condicional.

La víctima es el héroe de nuestro tiempo. Como dice Daniele Giglioli, siempre ha habido victimismo, pero recientemente hemos dado un salto cualitativo. Nos consideramos víctimas a las primeras de cambio, y a veces incluso por herencia.
El narcisismo de nuestra época socava un pilar fundamental de las sociedades modernas: la responsabilidad individual de los ciudadanos. Es un concepto que originalmente deriva del dios de la Era Axial: todos somos iguales ante Dios.
Si no quieres caer en esta trampa y perder el control de tu existencia, siempre que puedas asume tu responsabilidad frente a tu comunidad presente, pasada y futura. Concíbete a ti mismo como responsable de tu vida y no como víctima de la de otros.

La persecución de la virtud conllevará momentos de sufrimiento, pero incluso en esos instantes difíciles podemos alcanzar la tranquilidad, porque nada nos producirá más paz que cumplir nuestro deber. Esta máxima nos guiará cuando afrontemos cualquier duda de la vida, cuando exploremos territorios desconocidos…

10 reglas:
1. Busca al enemigo dentro de ti.
2. No te mires al espejo.
3. Agradece.
4. Ama a un dios por encima de todas las cosas.
5. No adores a falsos dioses.
6. Da a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César.
7. Cultiva las siete virtudes capitales: coraje, templanza, prudencia, justicia, amor, fe, y esperanza.
8. Ponte en la cabeza de tu adversario.
9. No te sientas víctima.
10.Abraza la incertidumbre.

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Through ten pieces of advice he tries to bring us closer to happiness through virtue, dismantling some of the myths of these times. A stimulating book that is easy to read and that will help you with your own reflections … This is the most important thing as a reader.
Many of our social confrontations stem from a binge of narcissism. We have been drinking two ideologies for decades that have intoxicated our selves. On the one hand, economic individualism, promoted by the ultra-liberal right; and, on the other, cultural individualism, promoted by the cosmopolitan left. Both have broken the ties that bound us to the community, freeing us from outdated responsibilities and duties towards others. Now we only have rights: to enrich ourselves, even at the cost of breaking the uses and customs of business and labor relations (the right promoted by the right); and that of personal satisfaction, even at the expense of breaking cultural and religious traditions (the right promoted by the left). And even like this, or precisely because of that, neither one ideology nor the other bring us closer to happiness.

The causes of the malaise that surrounds our modern societies are not material, but immaterial. We live in the period of greatest opulence in history. Globally, all objective indicators are at maximum: we are older, wealthier, more educated, and we are more protected against hunger, violence, disease and other horses of the apocalypse than in any other time. We are the generation that enjoys the most luxuries and comforts of all those that have walked the face of the Earth, but we are also the most distressed and depressed.
The coronavirus is a surprising tragedy, but the fact that it attracts so much attention is due precisely to its exceptional nature. Along with anxiety, fear has catapulted. Fear of technology (techno-pessimism), of globalization (withdrawal of borders) and of elites (populism). An omnipresent and threatening sense of decadence, in the words of social scientist Sophia Gaston, floats over the entire West.
The factor that is usually used to explain our social unrest, disenchantment, indignation or tension, is the increase in economic inequality. If a few accumulate a lot of wealth, the rest of the people naturally become suspicious of the system. And it is undeniable that, within Western countries, income inequality has been growing for years, invisibly and silently, like a slow tumor.
But our big problem is that we have become more narcissistic. Specifically, 30% since the end of the 20th century. Narcissism prevents us from gauging the importance of the things that affect us and pushes us to be dissatisfied with life. We have lost the measure of things and life has become a constant competition against ourselves and against others. Even those at the narrower top of our social pyramid are increasingly uncomfortable. Instead of enjoying their privileges, they feel trapped by a suffocating meritocracy.

Human beings have two opposite ways of organizing ourselves. The first is based on dominance, the second on prestige. Dominion is our original way of creating human groups, which predates even the appearance of our species. An alpha (usually male) specimen directs us using force, the club. The rest of us follow his orders, because, despite being subjugated, we understand, instinctively or consciously, that it is the best for the community to survive. The male protects us from the dangers that the jungle night hides.
However, and this is what separates the human being from the rest of the animal world, already at the dawn of our species we invented a revolutionary way of establishing hierarchies, where the strongest person in the group does not rise, but the most prestigious. Not the one who can take the most, but the one who wants to give more to others.
Today we are connected to the phone, but we feel alone. And we seek solace in the inexhaustible entertainment industry, in video games and virtual reality, or in sports and drugs. But they are just reliefs. Because our innate thirst for meaning, to find meaning in life, demands something from us that goes beyond the satisfaction of our immediate desires. And often inadvertently we try to pack even our most mundane amusements into spiritual paper. We turn football into religion, but also Star Wars.
The hyper-individualism of our time has left us orphans and insecure. In theory, thinking that you are the center of the universe should give you strength. In practice, it weakens you. Because individualism makes every relationship conditional.

The victim is the hero of our time. As Daniele Giglioli says, there has always been victimhood, but recently we have taken a qualitative leap. We consider ourselves victims of change at first, and sometimes even by inheritance.
The narcissism of our time undermines a fundamental pillar of modern societies: the individual responsibility of citizens. It is a concept that originally derived from the god of the Axial Age: we are all equal before God.
If you do not want to fall into this trap and lose control of your existence, whenever you can assume your responsibility towards your present, past and future community. Conceive yourself as responsible for your life and not as a victim of that of others.

The pursuit of virtue will bring moments of suffering, but even in those difficult moments we can achieve tranquility, because nothing will bring us more peace than doing our duty. This maxim will guide us when we face any doubt in life, when we explore unknown territories …

10 rules:
1. Search for the enemy within you.
2. Don’t look in the mirror.
3. Be grateful.
4. Love a god above all else.
5. Do not worship false gods.
6. Give to God what is God’s, and to Caesar what is Caesar’s.
7. Cultivate the seven capital virtues: courage, temperance, prudence, justice, love, faith, and hope.
8. Put yourself in the head of your adversary.
9. Don’t feel like a victim.
10. Embrace uncertainty.

2 pensamientos en “Decálogo Del Buen Ciudadano. Cómo Ser Mejores Personas En Un Mundo Narcisista — Víctor Lapuente / Decalogue Of The Good Citizen. How To Be A Better Person In A Narcissistic World by Víctor Lapuente (spanish book edition)

  1. Muy interesante David. Hoy leí un artículo sobre el individualismo y cómo la izquierda se ha dividido en secciones, debilitándose, de Daniel Bernabé. Sobre el libro y siendo laico, es difícil todo lo que rodea a los dioses… Yo tengo que empezar a crear mi iglesia, donde se adorará a la trinidad Bertrand Russell, Jan Ove-Waldner y Carlos Dengler. Saludos desde el sur

    • Te doy la razón eres de los míos la Trinidad laica, la muerte de Alzheimer de mi padre y el comportamiento de muchísima sociedad imperando el negocio, me ha hecho pasar de mucha gente

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