Lo Que El Mundo Le Debe A España — Luis Suárez / What The World Owes Spain by Luis Suárez (spanish book edition)

Es un libro que para leer en pequeños ratos de ocio viene muy bien. A veces se hace un poquitín pesado, pero es bueno. Yo ahondaría algo más en otros temas mas importantes, pero es un libro interesante que todo el mundo debería haber leído. Interesante pero solo recomendable si se tienen conocimientos previos profundos de la historia de España.

Europa nace precisamente cuando el Imperio romano acepta la fe cristiana y se divide en dos mitades, latina y griega. Durante varios siglos se preferirá emplear el término cristiandad para referirse a ella, aunque el nombre, desde el siglo VII, también aparece con frecuencia. Por este mismo tiempo Diocleciano y Constantino proceden a una reestructuración del territorio reconociendo la existencia de diversidades nacionales a las que llamaron diócesis, que tiene una equivalencia en el germanismo Volk. Occidente estaba significada por África, que se perdió definitivamente en el siglo VII, Italia, Galias, Britania, Germania e Hispania.
Mientras que las Galias, Britania o Germania abandonaron su nombre para adoptar el de los Volk germánicos que las ocuparon, España e Italia conservaron el suyo demostrando de este modo que en ellas se acusaba el predominio de la herencia romana. Constancio II pretendió que también los germanos instalados en sus fronteras tuvieran que aceptar la nueva fe que aseguraba la identidad con Roma y con la herencia del helenismo en su versión cristiana.

Leovigildo, que pudo finalmente unificar la Península estableciendo en Toledo su centro político, imaginó, ya en la segunda mitad del siglo VI, una fórmula consistente en atraer a la plenitud de derechos a sus súbditos romanos con la condición de que aceptasen el arrianismo y los otros signos de la germanidad.
El año 589 en el III Concilio celebrado en Toledo, el hijo y sucesor de Leovigildo, Recaredo, anunciaba que él, con su reino, abrazaban la fe romana. El germanismo, en muy pocos años, iba a abandonar el signo arriano.
Esto traía consigo una consecuencia de gran importancia para el futuro de Europa: no habría en adelante disyunciones sociales, sino que todos los súbditos formaban una sola comunidad, regida a su vez por esa ley romana de los visigodos, que reducía la servidumbre a dimensiones económicas ya que todos los bautizados pasaban a ser personas. Tendrían que transcurrir todavía varios siglos para que la servidumbre desapareciera del todo; era sin duda el modo que garantizaba a los campesinos la subsistencia mediante el trabajo de la tierra. Un factor entonces ignorado entraba en juego: a medida que los ingresos del propietario se fijaban en moneda, el poder adquisitivo de ésta menguaba y se incrementaba el de las cosechas.
España se alejaba del modelo de la Königtum que limitaba a la estirpe (Sippe) su potestad y convertía el reino en patrimonio divisible, como si fuera propiedad privada, situándose bajo la influencia romana y cristiana que reconocía la ciudadanía como portadora de un ius y a éste sometido al orden moral. Es lo que san Isidoro expresa con la famosa y conocida frase: «Rex eris si recte facias, si non facias non eris». De este modo el ejercicio de la potestad regia pasaba a ser un deber y no un derecho.

Todo pareció perderse a consecuencia de la invasión musulmana. No hemos de olvidar que mientras que los cristianos se reconocían como continuadores de la línea de Isaac, la nueva versión árabe invocaba su descendencia de Abraham por la vía de Ismael. La doctrina de Muhammad, «el Alabado», fallecido en 632, presentaba así algunas profundas divergencias con el viejo y el nuevo Israel, especialmente al invocar la «yihad» o guerra santa como la forma más adecuada para llevar a término la implantación de la nueva fe. También era profunda la divergencia en el papel atribuido a la mujer. San Ildefonso, español, al explicar la doctrina de la doble naturaleza en Cristo, había llegado a descubrir que María era la más excelsa de las criaturas, algo que el islam tenía que considerar como un tremendo error.
Durante casi un siglo el impulso del islam pareció imparable: Oriente Próximo y todo el litoral africano sucumbieron a su poder militar y en 711, aprovechando la crisis interna que acechaba detrás de la monarquía electiva, los musulmanes, en su mayor parte berberiscos —un significativo porcentaje de árabes vendría después—, destruyeron la Monarquía visigoda y asumieron el poder.
Los musulmanes no estaban en condiciones de instalarse en tierras que quedaran fuera de sus cultivos de olivo, vid y naranja. De modo que aunque sometieron a la Península y penetraron profundamente en Francia, no estaban en condiciones de ejecutar un relevo: abandonaron incluso el nombre acuñando el de al-Andalus, que parece tener cierta relación con el Atlántico. En los pequeños focos de resistencia que permanecieron, en profundos valles de las cordilleras septentrionales, se invocó, sin embargo, desde muy pronto, la memoria romana.

Hasta el año 757 no podemos decir que en Hispania se manifestara un proyecto de recreación del antiguo reino de Toledo, ciudad hacia la que, sin embargo, se dirigían todas las miradas. Sólo en la época de Alfonso I, yerno de Pelayo, que fuera duque de Cantabria, de estirpe godo, se formuló el proyecto de establecer en torno a la iglesia de San Salvador de Oviedo una especie de poder político, retornando al sistema electivo. Desde el año 768 los francos eran dueños de la antigua provincia goda de Septimania y empezaban a adueñarse, con ayuda de sus moradores, de una larga línea de condados, desde Pamplona a Barcelona, que restablecían el nombre común de Hispania. Todo ello favorecía el cambio desde el caudillaje electivo a la realeza hereditaria, a partir de Alfonso II, nieto del primero de este nombre, por cuyas venas corría sangre gascona.
La reconquista, sin embargo, iba a traer tras de sí un cambio de ciertas proporciones: la necesidad de enfrentarse a un enemigo cuantitativamente superior y desde una postura religiosa que sobre todo desde el lado musulmán se tornaba más intransigente, obligaba a dividir la línea del frente. De este modo surgieron varias entidades políticas. En los bordes mediterráneos la vinculación a Francia se hizo, hasta muy avanzado el siglo XI, predominante. Coincidía esta circunstancia con otra. Desde mediados del siglo IX Europa se hallaba sometida al empuje de las que los historiadores llamamos «segundas invasiones: vikingos (normandos), magiares (mongoles) y sarracenos (musulmanes mediterráneos). A España correspondió el protagonismo en este tercer frente y es preciso reconocer que cumplió con eficacia su tarea.
Los monarcas asturianos iniciaron la marcha instalándose en la línea del Duero, con tres zonas bien definidas, Portugal en el Oeste, León en el Centro y Castilla (al-Qilat) para los musulmanes) en el Este. La tarea consistía ante todo en estas dos operaciones: ocupar primero la tierra y luego defenderla.
La consolidación de las defensas fronterizas había permitido la edificación de monasterios en la retaguardia segura, los cuales enriquecían sus bibliotecas con copias que se obtenían incluso del territorio más allá de la frontera. Escalada, Leire, Roda, San Juan de la Peña y especialmente Ripoll, que pronto superó el centenar de códices, junto a Silos y San Millán, fueron centros intelectuales para la educación de Europa. Se invitó a viajar a Ripoll al sabio más importante del tiempo, Gerberto de Aurillac. Desde aquí se le señaló cómo en San Juan de la Peña se encontraba el gran tratado matemático de al-Kwarizmi, que él rescató y tradujo. De este modo las letras mayúsculas latinas fueron sustituidas por las cifras o guarismos, entre las cuales el cero iba a permitir expresar cantidades sin límites. Mediante aquel regalo del pequeño monasterio perdido en las montañas, Europa comenzaba su andadura hacia el álgebra y el cálculo infinitesimal.
El cristianismo comenzó entonces a practicar, como hicieron siempre judíos y musulmanes, el rito de la peregrinación, es decir, la visita a un lugar sagrado en donde, además de la rectificación de la conciencia, se lograse el contacto físico con la santidad. No tardaron en descubrir que sólo eran accesibles tres lugares verdaderamente santos, Jerusalén, escenario de la Pasión, Roma, tumba para las columnas de la Iglesia, y Compostela, que custodiaba las cenizas del Apóstol. Es lo que Dante había llegado a sintetizar con esas palabras de la Vita Nuova: sólo es peregrino el que camina hacia la tumba de Jacobo, romero el que va a Roma, palmero si dirige sus pasos a Jerusalén.
Compostela estaba aportando a la cultura europea una de sus más importantes dimensiones, aquella que partiendo del dato de que no hay pecado, por grave que sea, que no pueda alcanzar de Dios su perdón, acaba afirmando que el castigo o penitencia debe conducir a la restauración del pecador o delincuente. Los peregrinos, que empleaban a veces años en su misión, eran conscientes, a través de las leyendas, de que les era posible borrar su pasado hasta alcanzar la «Gran Perdonanza». Por eso, cuando al término del viaje se vislumbraba desde la altura la silueta de la catedral, se lanzaba un grito de alegría que ha llegado a nosotros a través del nombre de la Manjoya (mon joie). Naturalmente que, como en toda empresa humana, en el camino se mezclaron también aventureros, comerciantes y hasta falsificadores, como los que se hacían pasar por sacerdotes que mediante un dinero podían otorgar el perdón y penitencia, si bien todos estos datos negativos no impiden el descubrimiento de ese gran regalo que significa el cambio de mentalidad que rectifica el rumbo en la justicia: más importante que castigar es siempre reconciliar. Los monarcas europeos, incluso en los momentos más duros, se reservaron el derecho a dar ese perdón.
La difusión del gran movimiento de las peregrinaciones se halla en relación con los grandes procesos de reforma del siglo XI; merced a ellos dejó de ser gallego para convertirse en europeo. Colaboró en los esfuerzos para que pudiera emerger una nueva sociedad cristiana después del medio milenio de desastre y hundimiento que marcó la caída del Imperio romano. El culto al caballo y a la espada que protagoniza los Cantares de Gesta debía ser sustituido por esa nueva relación entre vasallos que significa el espíritu de la caballería. Santiago era un ejemplo para la sublimación en el empleo de las armas que ahora empuñaban los cruzados.
 La vía jacobea era también un campo adecuado para experimentar esas nuevas consignas de guardar y cumplir la paz y tregua de Dios, primer paso hacia la creación de leyes de guerra que Europa invoca como un deber, aunque muchas veces se aparte de ellas. Paz de Dios significaba ante todo seguridad de los caminos y de las personas que por ellos transitaban, especialmente aquellos que por su debilidad necesitaban más protección.

España es una de las naciones que contribuyeron a crear esa primera forma de Estado que llamamos Monarquía y que es exclusivamente europea. Aunque apliquemos este nombre a otras organizaciones políticas de otro mundo, no existe el menor signo de identidad. La Monarquía establece el principio de que el rey se encuentra tan obligado como los súbditos a un deber de obediencia a las leyes heredadas, que puede «mejorar» valiéndose de las instituciones creadas.
La fecha de 1085 tiene una extraordinaria significación en la vida europea. Parecía evidente que la nación hispana iba a ser plenamente recobrada. Para la población mezclada de hispanos, berberiscos y árabes, llegaba la hora de tomar una decisión. Si aceptaban la fórmula de sometimiento tributario al que Alfonso les sometía, el islam llegaría a desaparecer en un plazo no demasiado largo. Si recurrían a los fuertes poderes asentados en el norte de África con clara tendencia al fundamentalismo, estarían obligados a abandonar el brillo cultural que los omeyas consiguieron establecer.
España desempeña también un papel muy importante en el retorno al Derecho romano, que se practicaba en los demás reinos europeos, ya que en ella el uso de tal jurisprudencia nunca se había perdido. El sistema adoptado por Carlomagno de reconocer a cada una de las comunidades por él integradas unas costumbres propias, no fue en la Península de aplicación, acaso en razón de esa pluralidad política. El contacto con musulmanes y judíos permitía además una transmisión de los saberes orientales y helenísticos incluyendo en ellos de una manera especial a Aristóteles. Las fuertes líneas de defensa establecidas primero frente a los almorávides y luego contra los almohades, no implicaban tampoco un repliegue, sino un avance.
Aunque las cuatro universidades hispanas, Salamanca, Valladolid, Coimbra y Lérida, siguen el modelo de la de París y no pueden asumir pretensiones de originalidad (estamos entre los años 1218 y 1270), sí que aportan algunas novedades. Los órganos de la Iglesia, que eran quienes validaban sus títulos, aparecen como creación del Estado, bajo la custodia de los reyes, que se encargaban en consecuencia de su mantenimiento económico. Salamanca trabaja de una manera especial en los dos derechos y consigue alcanzar con su madurez el reconocimiento de que en toda persona humana, sin distinciones de religión o de etnia, deben reconocerse esos derechos que la Iglesia había llegado a recordar: se trata pues del «derecho de gentes», capaz de lograr que al otro lado del Atlántico se constituyan naciones y no simples colonias. Valladolid será notable por la Medicina y, en consecuencia, fue la primera que recibió el permiso para hacer el estudio sobre cadáveres. Con el tiempo, hombres como Vesalio viajarán hasta ella.

Tal vez los proyectos del rey Sabio eran prematuros, pero su herencia sobrevivió como modelo que debía ser imitado, especialmente en dos puntos: a) la importancia de una Monarquía depende del grado de saber que es capaz de amparar, siempre desarrollando la conciencia cristiana; y b) el Estado, para consolidarse, depende del cumplimiento de un pacto entre rey y reino, referido siempre a las leyes y libertades que el monarca debe jurar, intercambiándose la recíproca obediencia.
La estructura política de la nación española se reforzaba en estos años que marcan el tránsito del siglo XIV al XV. Cada uno de los tres reinos —en cierto modo también Navarra, que trabajó para conservar su identidad a pesar de compartir su rey con los franceses— alcanzaba una plena maduración en el camino de la libertad. Los nobles, sin que faltaran en ellos los intereses egoístas, trabajaron muy fuertemente para conseguir este cambio. Y de hecho cuando la crisis estalló en toda Europa, por los años veinte del siglo XIV, Castilla había conseguido descubrir los caminos por donde superarlos: el comercio marítimo, capaz de sustituir en su papel a las Ferias de Champagne.
La Monarquía castellana se había consolidado. Utilizando y ampliando las reformas introducidas en la Corona de Aragón había llevado a cabo algunas modificaciones internas de gran alcance que garantizaban la independencia entre los tres poderes y aseguraban al Consejo la dirección de la vida política. El matrimonio de Enrique III con Catalina de Lancaster, y el de Juan I de Portugal con la hermana de esta última, Felipa, había conseguido no sólo cerrar las heridas abiertas en el interior del linaje de descendientes de Alfonso X, sino también una reconciliación entre Portugal, Castilla y la Corona de Aragón, que se asignaban o reconocían misiones diferentes pero de la misma importancia para Europa.
A los aragoneses, que con Alfonso V se instalarían en Nápoles, que no sería incorporada a la Corona española hasta el siglo XVI, correspondía la defensa del Mediterráneo frente a los turcos, buscando incluso para ella unas buenas relaciones con el Soldán de Egipto. De este modo los grandes centros económicos italianos, es decir, Génova, Venecia y Florencia, superando las discordias que de antiguo les separaban, podían contar con una especie de mercado común. A Castilla incumbía el mantenimiento y defensa de las rutas de Flandes…

La incorporación de Navarra al conjunto en 1512 y los repetidos matrimonios con príncipes de Portugal apuntaban ya a un objetivo, hacer de la nación española una plena homogeneidad política. Un siglo más tarde Felipe II sería de hecho rey de todo el conjunto, bien entendido que el modelo que imaginara un día Pedro IV se estaba conservando. La potestad quedaba ordenada en los dos niveles que hemos mencionado, el superior, rigurosamente unitario gracias a la Corona, y el inferior, que respetaba los usos y costumbres de cada uno de los reinos. Algunas veces se hablaría de unidad en la diversidad como forma política superior.
Ahora la Monarquía hispana, en estrecha relación de amistad con Portugal, alcanzaba, como en el caso de Francia, un carácter nacional. Los Consejos, especializados según los reinos o los temas a abordar, gozando de la confianza plena de los monarcas, se convirtieron en los órganos fundamentales de poder. De ellos nacen, a través del sistema de privados u hombres de confianza, los servicios especializados que pasarán a constituirse en ministerios. España se mostró resistente a la figura del monarca absoluto, y hubo de esperar al cambio de dinastía en el siglo XVIII para que esto se intentara de alguna manera. Esta polisinodia se apoyaba además sobre un esquema de leyes consuetudinarias muy rico, que Fernando e Isabel hicieron extensivo a Castilla, encomendando a Alfonso Rodríguez de Montalvo reunir en un solo Ordenamiento todas las leyes vigentes.
La consolidación de esta Monarquía española, factor esencial de Europa, a la que estaba dispuesta a defender del creciente poder de los turcos, coincide con un fenómeno cultural de grandes dimensiones, al que se había referido Antonio de Nebrija a la hora de entregar su Gramática: «siempre fue la lengua compañera del Imperio». En su caso se estaba refiriendo a la lengua española, que sustituía definitivamente a la castellana y era ya instrumento para todos los súbditos de la Monarquía, aunque ninguna dificultad se estableciera para otros modos de hablar. También ellos estaban tratando de crear una literatura.
No debemos engañarnos. Carlos no era otra cosa que un gigante con pies de barro: el Dominium Mundi no era sólo una tesis trasnochada, sino que resultaba incompatible con la situación presente. Los españoles estaban consiguiendo incorporar las dos grandes estructuras políticas de América, mexicana y peruana, poniendo las bases para los nuevos imperios ultramarinos en forma de reinos al modo europeo, pero Carlos parecía ajeno a este gran compromiso. Hemos de poner especial atención sobre este aspecto: hasta 1559 en que Felipe II toma en sus manos la dirección de este asunto, España perdió un tiempo precioso en relación con América. Por eso los que desean criticar su tarea se ven siempre obligados a referirse a sucesos de la primera mitad del siglo XVI. Las Leyes de Indias significan un cambio decisivo en el camino hacia ese nuevo mundo que, cuando se dirige a Dios, habla en español.
Las primeras generaciones europeas que se interesaron por aquellas tierras lo hacían desde los esquemas que habían prevalecido para superar la gran recesión del siglo XIV: ni la agricultura ni la industria merecían atención; todo se reducía a la metalurgia preciosa. Pronto comprendieron que el oro no abundaba y en cambio la plata contaba con magníficas reservas.

La autoridad del Papa asumía, como la de los reyes, el carácter y el valor de un compromiso entre partes. La unidad y autoridad del Primado no se negaba; pero quedaba sujeta a los límites que marcaba ese derecho.
Aquí estaba uno de los grandes servicios que Europa debe a España. Como Diego Laínez expusiera en sus aulas, la autoridad del Pontífice era reconocida como de carácter universal. No se cometió el error de insistir demasiado en las condenas; resultaba mucho más importante exponer una doctrina mediante la cual el ser humano puede llegar a descubrir soluciones para los principales problemas que le aquejan. Sin embargo, tendrían que pasar muchos años antes de que Europa extrajera las consecuencias de estos planteamientos doctrinales.
Westfalia, como el Papa anunciara, no trajo la paz, sino la guerra. Una prueba era que franceses y españoles siguieran combatiendo hasta la paz de los Pirineos, que costó a los monarcas españoles la pérdida de una parte de Cataluña. Luego vinieron, en una lista larga y cada vez más cruenta, las guerras que merecen sin duda el nombre de europeas: las de Luis XIV, la de Sucesión de España, la de la Pragmática, la de los Siete Años, las de la Revolución y el Imperio, la de Crimea, la franco-prusiana del 70, la Primera (1914-1918) y la Segunda, que ya pueden calificarse de mundial (1938-1945). El predominio de los Estados llegó a ser la fórmula que desembocaría en los diversos totalitarismos. Ya que «totalitario», como bien explicó Lenin, no significa otra cosa que sometimiento a su vez del Estado a los partidos.

El gran arte es el teatro, que abandona los temas del barroco, remontados a la fantasía del gran cerco de Viena, para entrar en las costumbres populares. Los nobles formaban parte del público entusiasta, y se mezclaba después con el pueblo en los bailes de candil. Era inevitable que las costumbres populares se les contagiasen alcanzando esos niveles que Goya sabrá recoger mejor que nadie. Uno de los cambios más significativos lo hallamos en las corridas de toros. Una vieja norma dentro del espíritu de la caballería. Ahora, desde Pedro Romero, los infantes no nobles se enfrentarán, con capas, a los poderosos animales hasta matarlos. La nobleza se mostró entusiasmada con el nuevo deporte; a fin de cuentas, ella era la que proporcionaba las reses más adecuadas. Todavía hoy los toreros salen a la plaza vestidos a la usanza del tiempo de Carlos III. En definitiva era el pueblo medio y bajo el que imponía ahora sus gustos y la nobleza trataba de acomodarse.
Otro cambio social de no menores consecuencias lo encontramos en el ámbito de la economía. Es, también, el desarrollo de las ideas que los nuevos ilustrados tratan de comunicar a través de las Sociedades de Amigos del país y otras semejantes. Sin renunciar del todo al sistema monopolista de los gremios, se trataba de invertir los términos en que durante largo tiempo se colocara el comercio atlántico: en lugar de licencias, libertad de iniciativa.
1820 es un año clave para la Historia de España; enseñanzas valiosas para Europa, también, tuvieron lugar entonces. Fernando VII, que se había negado a jurar la Constitución, contando con el aplauso de la mayor parte de sus súbditos que atribuían a Godoy y a Bonaparte las desdichas que ahora soportaban, aconsejado por colaboradores demasiado simplistas, llegó a conclusiones muy semejantes. La generalización en el uso del papel moneda, dispuesta por Godoy, había tenido como consecuencia una elevación desmesurada de los precios y una inflación a la que se responsabilizaba de la pavorosa situación imperante. Fernando dispuso que no se emitieran más billetes y que se acuñara moneda de oro o plata. Muy escasa en cantidad porque ya no venían metales de América.
Siendo escaso el dinero en circulación, la demanda se rebajó y los comerciantes tuvieron que bajar los precios. En 1820 esta rebaja era ya del 50 %. Los poseedores de moneda la guardaban porque sabían que su poder adquisitivo seguiría creciendo. Y los precios se detuvieron tan sólo después del cambio de reinado.
Francia pone atención en España para sus capitales. Empiezan ferrocarriles y altos hornos merced a esas aportaciones de capital extranjero que se manejan por medio de la Bolsa. Y la industria textil, tanto en tierras castellanas como, especialmente, en torno a Barcelona, prospera. De modo que cuando en Francia estalla la revolución de 1830 que da paso al liberalismo moderado de Luis Felipe de Orleans, España parece estar moviéndose en la misma línea, sin cambiar por ello el titular de la Corona. Una buena lección en el cálculo de posibilidades europeas.

Hearst, el magnate de la prensa norteamericana que Orson Welles utilizaría luego para forjar su Ciudadano Kane, montó una gran campaña en los mass media para convencer a la opinión pública de que los españoles habían volado el crucero Maine que se hallaba en el puerto de La Habana en una misión de intercambio. Hoy sabemos, por reconocimiento del propio Gobierno norteamericano, que era una noticia falsa; un accidente interno había sido la causa del desastre. Estados Unidos, el gigante, declaró la guerra a España enviando numerosas tropas entre las que militaba Theodore Roosevelt, futuro presidente. La flota española, que por sentido de dignidad quiso enfrentarse a la norteamericana frente a Santiago de Cuba, fue fácilmente destruida. Y España hubo de firmar el Tratado de París, renunciando a Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Cuba pasaba a ser teóricamente un Estado independiente, Filipinas era un protectorado norteamericano y Puerto Rico prácticamente una provincia.
Para España se cerraba un tiempo en la Historia, aquel que comenzara en 1492. La visión de los soldados que regresaban pobres y vencidos, desencadenó una ola de hondo pesimismo. No se trataba únicamente de la derrota, sino sobre todo de la humillación. España ya no podía imaginarse una posición entre las potencias; era una pequeña Monarquía de tercera fila. Una lección de la que Europa extraería también consecuencias: aquella Monarquía debía vivir al amparo de las otras grandes potencias, entre las cuales crecía la rivalidad.

Desde finales del siglo XV, y mediante la Unión de las tres Coronas, España se había ofrecido a Europa como un modelo de Estado que significaba el sometimiento de la potestad real a los principios que informaban a la Iglesia. Desde esta postura había tratado —y en gran medida conseguido— crear un mundo nuevo cristiano en América, y defender en la propia Europa los valores que insertan a la persona humana dentro del derecho de gentes. Pero desde 1598 ese modelo de Monarquía católica había comenzado a recibir golpes cada vez más contundentes, que afectaban no sólo a los aspectos externos de la estructura política, sino también a lo íntimo de las conciencias. Fracasó, a causa de la Revolución francesa y de la invasión napoleónica, el gran y fecundo proyecto de crear una Ilustración desde la obediencia a los valores antes señalados, es decir, una Ilustración que pudiera considerarse católica como la Monarquía. Y así el gran edificio comenzó a demolerse mientras, en el interior, tradicionalistas y liberales se enfrentaban con soluciones distintas.
La Restauración había significado un retorno a la esperanza. De nuevo Europa debía sentirse en deuda con España, aunque no lo reconociera: el liberalismo suavizaba los rigores propios de una ideología, porque la Constitución seguía llamándose confesionalmente católica, se abrían a la convivencia los diversos sectores políticos, se afirmaba una economía de mercado y comenzaban a prosperar las nuevas universidades, que, durante un siglo, serán un buen ejemplo para la difusión del saber.

Europa debe a España en estos años. En primer lugar, un acercamiento íntimo: Francia y sobre todo Inglaterra eran los amigos con quienes se iba compartiendo el desarrollo económico. Primo de Rivera viajó a Italia para lograr el apoyo de este país y organizó una Exposición en Sevilla que quería marcar el desarrollo. Pero este desarrollo, como estaba sucediendo en Europa, se apoyaba en las actividades extranjeras: dinero y créditos que venían de los grandes bancos. Y en 1929, comenzando por Estados Unidos, se detectó una gran depresión que alcanzaría finalmente a todos. El país se distanció de Primo de Rivera y culpó de los fracasos y malestar al Rey. A fin de cuentas, el dictador había llegado al poder mediante un documento firmado por el propio Monarca. A principios de 1930, Primo de Rivera, que no había podido conseguir el apoyo de los otros generales, fue despedido. Un año más tarde, el 14 de abril de 1931, el Rey tendría que suspender sus funciones y partir hacia el exilio.
España, en aquellas horas de angustia, prestó a Europa un importante servicio, ayudando a la política americana que intentaba salvar a las potencias occidentales de un peligro inminente. Por su parte, el infante don Juan, que se titulaba conde de Barcelona y había recibido de su padre Alfonso XIII la legitimidad, presentó un documento, el Manifiesto de Lausanne, que mostraba a los Aliados una tercera vía: la restauración podía garantizar en aquellos momentos un reajuste institucional que borrase las nieblas del pasado. Franco se molestó con este manifiesto, pero en conversaciones privadas no tuvo más remedio que reconocer que el príncipe estaba tratando de prestar un servicio.

En España se han presentado problemas que afectan también a la Unión Europea: la depresión económica, entre cuyas causas debemos situar también el incremento de los costes políticos, que genera un crecimiento alarmante del desempleo, llegando a afectar a más de cinco millones de españoles, y la deriva de ciertos partidos regionales que interpretaron la autonomía como un primer paso hacia el independentismo. Por vez primera en Cataluña unas elecciones autonómicas fueron presentadas como plebiscito en favor de dicha independencia. España debía dejar de ser nación, ya que este nombre correspondía a ciertas etnias regionales, y también Monarquía pasando a ser una suma de repúblicas que negociarían una por una las condiciones de convivencia. Aunque el independentismo catalán no logró la mayoría en 2015, obtuvo unas cantidades de votos que le permitían continuar la pugna con esperanza de obtener la victoria a corto plazo.
En 2011, el Partido Popular, llegado al poder, emprendió, contando con el apoyo de la mayor parte de los miembros de la Unión Europea que consideraban un daño para su propia economía acudir al «rescate» de la española, guiado por Mariano Rajoy, a quien el propio Aznar recomendara para su sucesión, pudo tomar medidas, duras en cierto aspecto, pero logró reducir el paro en casi un diez por ciento y que las grandes y medianas empresas se recuperasen.
España estaba demostrando cuál era el camino a seguir. Pero esta política, por otra parte, despertaba quejas que permitieron a sectores políticos radicales romper la dualidad: extremismos, que ahora se denominan «populismos» en este y otros países, despojaban prácticamente al Gobierno de la mayoría absoluta aunque parece conservar la simple. En el momento de escribir estas últimas páginas es difícil prever el futuro. Esto no corresponde tampoco al historiador.
Juan Carlos I, que había sufrido accidentes que lo obligaron a pasar repetidas veces por la clínica, tomó entonces la decisión de abdicar en su hijo que había alcanzado mayoría más que suficiente y disponía de descendencia que garantizaba el futuro. En España, una mujer tiene derechos al trono y así lo demostraron las dos Reinas Isabel, la del siglo XV y la del XIX. El 19 de junio de 2014, Felipe VI inició su reinado. La decisión tomada presentaba también ventajas en un doble sentido. La transferencia de la Corona se hacia dentro de la misma Monarquía y no desde un régimen transitorio como sucediera en el caso anterior. Y el exRey permanecía al lado del nuevo titular prestando apoyo en el ejercicio de la autoridad. Felipe VI ha definido la Monarquía como unidad en la diversidad; es decir, del mismo modo que se venía usando desde mediados del siglo XIV con el Ordenamiento de Casa y Corte de Pedro IV.
Resumamos: desde el año 589 hasta el momento actual, España ha hecho un largo recorrido contribuyendo a la creación de la que debemos llamar europeidad. El III Concilio de Toledo, como explicó el cardenal Cañizares en su discurso de ingreso en la Academia de la Historia en 1208, no se trato únicamente de sustituir el arrianismo gótico por el catolicismo sino de asumir toda la herencia que Roma dejara tras de sí. El Derecho romano sería fundamento de toda la jurisprudencia y la lengua latina raíz de la española. Primer servicio, al que siguió la defensa frente al islam y la reconquista. Al mismo tiempo se hizo de judíos y musulmanes transmisores de una cultura que enriquecería también a Europa. A España se debe el descubrimiento del numero cero.
El crecimiento hacia la Monarquía permitió la desaparición de la servidumbre, la apertura del sistema parlamentario con las Cortes y el reconocimiento del derecho de gentes que fue llevado a América por medio de las Leyes de Indias. La defensa del catolicismo frente al nominalismo voluntarista permitió afirmar los valores que revisten a la persona humana, especialmente dos: libre albedrío y capacidad racional para el conocimiento especulativo. De ahí que fuera capaz de defender frente a los totalitarismos un valor de la existencia que vuelve a estar amenazado. España se siente plenamente integrada en Europa. Y el valor de la Monarquía tiene que ser reconocido en todo este proceso.

El ser humano es capaz también de descubrir qué es lo bueno, lo bello y lo justo. Sin lo cual, indudablemente, el conocimiento se convierte en algo limitado.
No hay dudas, entre los historiadores e intelectuales europeos, acerca de la importancia que tuvo el que llamamos Siglo de Oro. A fin de cuentas, cuando nos referimos a las cinco lenguas o modos de pensar esenciales para Europa, en seguida pensamos en Dante, Goethe, Molière, Shakespeare y Cervantes, lo que no puede dejar de señalarse como dimensión esencial.
España, con su neutralidad en ambas guerras, la del 14 y la del 39, prestó a Europa servicios muy importantes: evitó que ninguno de los totalitarismos llegara a imponerse, facilitó el intercambio de prisioneros entre los beligerantes, permitió la huida de muchos que salían del tremendo huracán y devolvió a los judíos una legitimidad que permitió salvar numerosas vidas. El remate final de toda esta historia es, sin embargo, algo que atañe exclusivamente a España: haber demostrado que es posible salir de un régimen autoritario sin violencia, abriéndose a Europa, de la que, sin duda, es una parte sustancial.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/09/29/la-europa-de-las-cinco-naciones-como-francia-espana-italia-alemania-e-inglaterra-han-configurado-la-historia-luis-suarez-the-europe-of-the-five-nations-how-france-spain-italy-germa/

https://weedjee.wordpress.com/2021/08/04/lo-que-el-mundo-le-debe-a-espana-luis-suarez-what-the-world-owes-spain-by-luis-suarez-spanish-book-edition/

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It’s a book that is very useful to read in small leisure moments. Sometimes it gets a little heavy, but it’s good. I would delve a bit more into other more important topics, but it is an interesting book that everyone should have read. Interesting but only recommended if you have deep prior knowledge of the history of Spain.

Europe was born precisely when the Roman Empire accepted the Christian faith and was divided into two halves, Latin and Greek. For several centuries it was preferred to use the term Christianity to refer to it, although the name, since the 7th century, also appears frequently. By this same time Diocletian and Constantine proceed to a restructuring of the territory recognizing the existence of national diversities which they called dioceses, which has an equivalence in Volk Germanism. The West was signified by Africa, which was permanently lost in the 7th century, Italy, Gaul, Britain, Germania and Hispania.
While Gaul, Britannia or Germania abandoned their name to adopt that of the Germanic Volks who occupied them, Spain and Italy preserved theirs, thus demonstrating that the predominance of Roman heritage was accused. Constantius II claimed that the Germans also living on its borders had to accept the new faith that ensured identity with Rome and with the inheritance of Hellenism in its Christian version.

Leovigildo, who was finally able to unify the Peninsula by establishing its political center in Toledo, imagined, already in the second half of the 6th century, a formula consisting of attracting his Roman subjects to full rights on the condition that they accept Arianism and the other signs of germanity.
In the year 589 at the Third Council held in Toledo, Leovigildo’s son and successor, Recaredo, announced that he, with his kingdom, embraced the Roman faith. Germanism, in a very few years, was going to abandon the Arian sign.
This brought with it a consequence of great importance for the future of Europe: from now on there would be no social disjunctions, but all subjects formed a single community, governed in turn by that Roman law of the Visigoths, which reduced servitude to economic dimensions. since all the baptized happened to be people. It would take several centuries for serfdom to disappear completely; it was undoubtedly the way that he guaranteed subsistence to the peasants by working the land. A factor then ignored came into play: as the owner’s income was fixed in currency, the purchasing power of this diminished and that of the crops increased.
Spain was moving away from the Königtum model that limited the lineage (Sippe) its power and turned the kingdom into divisible patrimony, as if it were private property, placing itself under the Roman and Christian influence that recognized citizenship as bearers of a ius and this submitted to the moral order. This is what Saint Isidore expresses with the famous and well-known phrase: “Rex eris si recte facias, si non facias non eris”. In this way, the exercise of the royal authority became a duty and not a right.

Everything seemed to be lost as a result of the Muslim invasion. We must not forget that while the Christians recognized themselves as continuing the line of Isaac, the new Arabic version invoked their descendants from Abraham via Ishmael. The doctrine of Muhammad, “the Praised”, who died in 632, thus presented some profound differences with the old and the new Israel, especially when invoking the “jihad” or holy war as the most appropriate way to carry out the implementation of the new faith. The divergence in the role attributed to women was also profound. San Ildefonso, Spanish, when explaining the doctrine of the double nature in Christ, had come to discover that Mary was the most exalted of creatures, something that Islam had to consider as a tremendous error.
For almost a century the momentum of Islam seemed unstoppable: the Middle East and the entire African coastline succumbed to its military might and in 711, taking advantage of the internal crisis that lurked behind the elective monarchy, the Muslims, mostly Berber – a significant percentage of Arabs would come later—, they destroyed the Visigoth Monarchy and assumed power.
The Muslims were not in a position to settle on land that was left out of their olive, vine and orange crops. So, although they subdued the Peninsula and penetrated deeply into France, they were not in a position to carry out a relay: they even abandoned the name, coining al-Andalus, which seems to have a certain relationship with the Atlantic. In the small pockets of resistance that remained, in the deep valleys of the northern mountain ranges, Roman memory was invoked, however, very early on.

Until the year 757 we cannot say that a project to recreate the ancient kingdom of Toledo was manifested in Hispania, a city towards which, however, all eyes were directed. Only in the time of Alfonso I, Pelayo’s son-in-law, who was Duke of Cantabria, of Gothic descent, was the project formulated to establish a kind of political power around the church of San Salvador de Oviedo, returning to the elective system. Since 768 the Franks were the owners of the old Gothic province of Septimania and began to take over, with the help of its inhabitants, a long line of counties, from Pamplona to Barcelona, which reestablished the common name of Hispania. All this favored the change from elective leadership to hereditary royalty, starting with Alfonso II, grandson of the first of this name, through whose veins Gascon blood flowed.
The reconquest, however, was going to bring behind it a change of certain proportions: the need to confront a quantitatively superior enemy and from a religious stance that, especially from the Muslim side, became more intransigent, forced to divide the line of the front. In this way several political entities arose. On the Mediterranean borders the link to France became, until well into the eleventh century, predominant. This circumstance coincided with another. From the middle of the 9th century, Europe had been under the pressure of what historians call “second invasions: Vikings (Normans), Magyars (Mongols) and Saracens (Mediterranean Muslims). Spain played the leading role in this third front and it must be recognized that it effectively fulfilled its task.
The Asturian monarchs began the march by settling on the Duero line, with three well-defined areas, Portugal in the West, León in the Center and Castilla (al-Qilat) for the Muslims) in the East. The task consisted above all in these two operations: first occupy the land and then defend it.
The consolidation of the border defenses had allowed the construction of monasteries in the safe rear, which enriched their libraries with copies obtained even from the territory beyond the border. Escalada, Leire, Roda, San Juan de la Peña and especially Ripoll, which soon exceeded a hundred codices, together with Silos and San Millán, were intellectual centers for the education of Europe. The most important sage of the time, Gerberto de Aurillac, was invited to travel to Ripoll. From here it was pointed out to him how in San Juan de la Peña was the great mathematical treatise of al-Kwarizmi, which he rescued and translated. In this way, the Latin capital letters were replaced by figures or figures, among which zero would allow unlimited amounts to be expressed. Through that gift of the small monastery lost in the mountains, Europe began its journey towards algebra and infinitesimal calculus.
Christianity then began to practice, as Jews and Muslims always did, the rite of pilgrimage, that is, a visit to a sacred place where, in addition to the rectification of conscience, physical contact with holiness was achieved. It was not long before they discovered that only three truly holy places were accessible: Jerusalem, the scene of the Passion, Rome, the tomb for the columns of the Church, and Compostela, which guarded the ashes of the Apostle. This is what Dante had come to synthesize with those words of the Vita Nuova: only the pilgrim who walks towards the tomb of Jacobo, the pilgrim who goes to Rome, the palm tree if he leads his steps to Jerusalem.
Compostela was contributing to European culture one of its most important dimensions, that which, starting from the fact that there is no sin, no matter how serious, that cannot be forgiven by God, ends up affirming that punishment or penance must lead to restoration of the sinner or offender. The pilgrims, who sometimes spent years on their mission, were aware, through legends, that it was possible for them to erase their past until they reached the “Great Forgiveness.” For this reason, when at the end of the trip the silhouette of the cathedral was glimpsed from the height, a cry of joy was launched that has reached us through the name of the Manjoya (mon joie). Of course, as in all human endeavors, adventurers, merchants, and even counterfeiters also mixed along the way, such as those who posed as priests who could grant forgiveness and penance with money, although all these negative data do not prevent the discovery of that great gift that means the change of mentality that rectifies the course of justice: more important than punishing is always reconciling. The European monarchs, even in the hardest moments, reserved the right to give such forgiveness.
The spread of the great pilgrimage movement is related to the great reform processes of the eleventh century; thanks to them he stopped being Galician to become European. He assisted in efforts so that a new Christian society could emerge after the half-millennium of disaster and collapse that marked the fall of the Roman Empire. The cult of the horse and the sword that stars in the Songs of Gesta had to be replaced by that new relationship between vassals that signifies the spirit of chivalry. Santiago was an example for sublimation in the use of weapons now wielded by the Crusaders.
The Jacobean route was also a suitable field to experience these new slogans of keeping and fulfilling the peace and truce of God, the first step towards the creation of laws of war that Europe invokes as a duty, although many times it departs from them. Peace of God meant, above all, safety of the roads and of the people who passed through them, especially those who, due to their weakness, needed more protection.

Spain is one of the nations that contributed to creating that first form of State that we call Monarchy and which is exclusively European. Although we apply this name to other political organizations from another world, there is not the slightest sign of identity. The Monarchy establishes the principle that the king is as obliged as the subjects to a duty of obedience to the inherited laws, which he can “improve” using the institutions created.
The date 1085 has an extraordinary significance in European life. It seemed clear that the Hispanic nation was going to be fully recovered. For the mixed population of Hispanics, Berbers and Arabs, it was time to make a decision. If they accepted the formula of tributary submission to which Alfonso subjected them, Islam would disappear in a not too long time. If they turned to the strong powers established in North Africa with a clear tendency to fundamentalism, they would be forced to abandon the cultural brilliance that the Umayyads managed to establish.
Spain also plays a very important role in the return to Roman law, which was practiced in the other European kingdoms, since in it the use of such jurisprudence had never been lost. The system adopted by Charlemagne of recognizing to each one of the communities integrated by him their own customs, was not applied in the Peninsula, perhaps because of that political plurality. The contact with Muslims and Jews also allowed a transmission of the Eastern and Hellenistic knowledge including in them in a special way Aristotle. The strong lines of defense established first against the Almoravids and then against the Almohads did not imply a withdrawal, but an advance.
Although the four Hispanic universities, Salamanca, Valladolid, Coimbra and Lérida, follow the model of the one in Paris and cannot assume claims of originality (we are between the years 1218 and 1270), they do provide some novelties. The organs of the Church, which were the ones who validated their titles, appear as a creation of the State, under the custody of the kings, who consequently were in charge of their economic maintenance. Salamanca works in a special way on the two rights and manages to achieve with his maturity the recognition that in every human person, regardless of religion or ethnicity, those rights that the Church had come to remember must be recognized: it is therefore the « law of nations ”, capable of achieving that on the other side of the Atlantic nations are constituted and not simple colonies. Valladolid will be notable for Medicine and, consequently, it was the first to receive permission to carry out the study on corpses. In time, men like Vesalius will travel to her.

Perhaps the projects of the Wise King were premature, but his inheritance survived as a model that should be imitated, especially in two points: a) the importance of a Monarchy depends on the degree of knowledge that it is capable of protecting, always developing the Christian conscience; and b) the State, to consolidate itself, depends on the fulfillment of a pact between king and kingdom, always referring to the laws and freedoms that the monarch must swear, exchanging reciprocal obedience.
The political structure of the Spanish nation was reinforced in these years that mark the transition from the fourteenth to the fifteenth century. Each of the three kingdoms – in a way also Navarre, which worked to preserve its identity despite sharing its king with the French – reached full maturity on the road to freedom. The nobles, without lacking selfish interests, worked very hard to achieve this change. And in fact when the crisis broke out throughout Europe, in the 1920s, Castile had managed to discover the ways to overcome them: maritime trade, capable of replacing the Champagne Fairs in its role.
The Castilian Monarchy had been consolidated. Using and expanding the reforms introduced in the Crown of Aragon, he had carried out some far-reaching internal modifications that guaranteed the independence between the three powers and assured the Council the direction of political life. The marriage of Enrique III with Catherine of Lancaster, and that of Juan I of Portugal with the sister of the latter, Felipa, had managed not only to close the open wounds within the lineage of descendants of Alfonso X, but also a reconciliation between Portugal, Castile and the Crown of Aragon, which assigned or recognized different missions but of the same importance for Europe.
The Aragonese, who with Alfonso V would settle in Naples, which would not be incorporated into the Spanish Crown until the 16th century, corresponded to the defense of the Mediterranean against the Turks, even seeking good relations with the Soldán of Egypt. In this way, the great Italian economic centers, that is to say, Genoa, Venice and Florence, overcoming the disagreements that separated them from ancient times, could count on a kind of common market. Castile was responsible for the maintenance and defense of the routes of Flanders …

The incorporation of Navarra to the group in 1512 and the repeated marriages with princes of Portugal already pointed to one objective, to make the Spanish nation a full political homogeneity. A century later, Philip II would in fact be king of the whole ensemble, well understood that the model that Peter IV had imagined one day was being preserved. The power was ordered in the two levels that we have mentioned, the superior, rigorously unitary thanks to the Crown, and the inferior, which respected the uses and customs of each of the kingdoms. Sometimes one would speak of unity in diversity as a superior political form.
Now the Spanish Monarchy, in close friendship with Portugal, reached, as in the case of France, a national character. The Councils, specialized according to the kingdoms or the issues to be addressed, enjoying the full confidence of the monarchs, became the fundamental organs of power. From them are born, through the system of private or trusted men, specialized services that will become ministries. Spain was resistant to the figure of the absolute monarch, and had to wait for the change of dynasty in the eighteenth century for this to be attempted in some way. This polysynody was also supported by a very rich scheme of customary laws, which Fernando and Isabel extended to Castile, entrusting Alfonso Rodríguez de Montalvo to gather all the laws in force in a single ordinance.
The consolidation of this Spanish Monarchy, an essential factor in Europe, which it was willing to defend from the growing power of the Turks, coincides with a large-scale cultural phenomenon, to which Antonio de Nebrija had referred when delivering his Grammar : «It was always the companion language of the Empire». In his case, he was referring to the Spanish language, which definitively replaced the Castilian language and was already an instrument for all the subjects of the Monarchy, although no difficulties were established for other ways of speaking. They too were trying to create a literature.
We must not fool ourselves. Carlos was nothing more than a giant with feet of clay: the Dominium Mundi was not only an outdated thesis, it was incompatible with the present situation. The Spanish were managing to incorporate the two great political structures of America, Mexican and Peruvian, laying the foundations for the new overseas empires in the form of kingdoms in the European way, but Carlos seemed oblivious to this great commitment. We must pay special attention to this aspect: until 1559, when Philip II took over the management of this matter, Spain lost precious time in relation to America. That is why those who wish to criticize his work are always forced to refer to events from the first half of the sixteenth century. The Laws of the Indies signify a decisive change on the way to that new world that, when it addresses God, speaks in Spanish.
The first European generations that were interested in those lands did so from the schemes that had prevailed to overcome the great recession of the fourteenth century: neither agriculture nor industry deserved attention; it all came down to precious metallurgy. They soon understood that gold was not abundant and instead silver had magnificent reserves.

The authority of the Pope assumed, like that of kings, the character and value of a compromise between parties. The unity and authority of the Primate was not denied; but it was subject to the limits set by that right.
Here was one of the great services that Europe owes to Spain. As Diego Laínez explained in his classrooms, the authority of the Pontiff was recognized as universal in character. The mistake of insisting too much on convictions was not made; It was much more important to expose a doctrine by which human beings can discover solutions to the main problems that afflict them. However, it would take many years for Europe to draw the consequences of these doctrinal approaches.
Westphalia, as the Pope announced, did not bring peace, but war. One test was that the French and the Spanish continued fighting until the peace of the Pyrenees, which cost the Spanish monarchs the loss of a part of Catalonia. Then came, in a long and increasingly bloody list, the wars that undoubtedly deserve the name of European: those of Louis XIV, that of the Spanish Succession, that of the Pragmatic, that of the Seven Years, those of the Revolution. and the Empire, the Crimean Empire, the Franco-Prussian Empire of the 70s, the First (1914-1918) and the Second, which can already be classified as world (1938-1945). The predominance of the States became the formula that would lead to the various totalitarianisms. Since “totalitarian”, as Lenin explained well, does not mean anything other than submission of the State to the parties.

The great art is the theater, which abandons the themes of the baroque, traced back to the fantasy of the great siege of Vienna, to enter the popular customs. The nobles were part of the enthusiastic public, and later mingled with the people in the candle dances. It was inevitable that popular customs would infect them, reaching those levels that Goya will know how to pick up better than anyone. One of the most significant changes is found in bullfights. An old rule in the spirit of chivalry. Now, from Pedro Romero, the non-noble infants will face, in capes, the powerful animals until they are killed. The nobility were enthusiastic about the new sport; after all, she was the one who provided the most suitable cattle. Still today the bullfighters go out to the square dressed in the style of the time of Carlos III. Ultimately, it was the middle and low people who now imposed their tastes and the nobility tried to accommodate themselves.
Another social change of no lesser consequences is found in the field of economics. It is also the development of the ideas that the new Enlightenment try to communicate through the Societies of Friends of the country and others like them. Without renouncing entirely to the monopoly system of the guilds, it was a question of inverting the terms in which the Atlantic trade was placed for a long time: instead of licenses, freedom of initiative.
1820 is a key year for the History of Spain; Valuable teachings for Europe, too, took place then. Fernando VII, who had refused to swear to the Constitution, counting on the applause of the majority of his subjects who attributed to Godoy and Bonaparte the misfortunes they now endured, on the advice of overly simplistic collaborators, reached very similar conclusions. The generalization in the use of paper money, arranged by Godoy, had resulted in a disproportionate rise in prices and an inflation that was blamed for the terrifying prevailing situation. Fernando ordered that no more notes be issued and that gold or silver coins be minted. Very scarce in quantity because metals were no longer coming from America.
With money in circulation scarce, demand fell and merchants had to lower prices. In 1820 this reduction was already 50%. Coin holders kept it because they knew their purchasing power would continue to grow. And the prices stopped only after the change of reign.
France pays attention to Spain for her capitals. Railroads and blast furnaces began thanks to these contributions of foreign capital that are managed through the Stock Exchange. And the textile industry, both in Castilian lands and, especially, around Barcelona, thrives. Thus, when the 1830 revolution broke out in France, giving way to the moderate liberalism of Louis Philippe of Orleans, Spain seems to be moving along the same lines, without changing the head of the Crown. A good lesson in the calculation of European possibilities.

Hearst, the North American press mogul who Orson Welles would later use to forge his Citizen Kane, mounted a massive mass media campaign to convince the public that the Spanish had flown the Maine cruise ship in the port of La Havana on an exchange mission. Today we know, by recognition of the US Government itself, that it was false news; an internal accident had been the cause of the disaster. The United States, the giant, declared war on Spain, sending numerous troops, including Theodore Roosevelt, future president. The Spanish fleet, which out of a sense of dignity wanted to face the North American in front of Santiago de Cuba, was easily destroyed. And Spain had to sign the Treaty of Paris, renouncing Cuba, Puerto Rico and the Philippines. Cuba would theoretically become an independent state, the Philippines was a North American protectorate, and Puerto Rico practically a province.
For Spain a time in history was closing, the one that began in 1492. The vision of the soldiers who returned poor and defeated, unleashed a wave of deep pessimism. It was not only about defeat, but above all about humiliation. Spain could no longer imagine a position among the powers; she was a little third-rank Monarchy. A lesson from which Europe would also draw consequences: that Monarchy had to live under the protection of the other great powers, between which the rivalry was growing.

From the end of the 15th century, and through the Union of the three Crowns, Spain had offered itself to Europe as a model of State that meant the submission of the royal power to the principles that informed the Church. From this position she had tried – and to a great extent succeeded – to create a new Christian world in America, and to defend in Europe itself the values that insert the human person within the law of nations. But since 1598, this model of the Catholic Monarchy had begun to receive more and more forceful blows, which affected not only the external aspects of the political structure, but also the innermost consciences. Due to the French Revolution and the Napoleonic invasion, the great and fruitful project of creating an Enlightenment based on obedience to the above-mentioned values failed, that is, an Enlightenment that could be considered Catholic like the Monarchy. And so the great edifice began to demolish while, inside, traditionalists and liberals faced different solutions.
The Restoration had meant a return to hope. Once again, Europe should feel indebted to Spain, even if it did not recognize it: liberalism softened the rigors of an ideology, because the Constitution continued to be called confessionally Catholic, the various political sectors were open to coexistence, a market economy was affirmed and The new universities began to prosper, which, for a century, will be a good example for the dissemination of knowledge.

Europe owes Spain in these years. In the first place, an intimate approach: France and especially England were the friends with whom economic development was shared. Primo de Rivera traveled to Italy to gain the support of this country and organized an Exhibition in Seville that wanted to mark the development. But this development, as was happening in Europe, was supported by foreign activities: money and credits that came from the big banks. And in 1929, beginning with the United States, a great depression was detected that would finally reach everyone. The country distanced itself from Primo de Rivera and blamed the failures and discomfort on the King. After all, the dictator had come to power through a document signed by the Monarch himself. In early 1930, Primo de Rivera, who had been unable to enlist the support of the other generals, was fired. A year later, on April 14, 1931, the King would have to suspend his functions and go into exile.
Spain, in those hours of anguish, rendered an important service to Europe, helping the American policy that tried to save the Western powers from imminent danger. For his part, the Infante Don Juan, who was entitled Count of Barcelona and had received legitimacy from his father Alfonso XIII, presented a document, the Lausanne Manifesto, which showed the Allies a third way: restoration could guarantee in those moments an institutional readjustment to erase the mists of the past. Franco was upset by this manifesto, but in private conversations he had no choice but to acknowledge that the prince was trying to render a service.

In Spain there have been problems that also affect the European Union: the economic depression, among whose causes we must also place the increase in political costs, which generates an alarming growth in unemployment, affecting more than five million Spaniards, and the drift of certain regional parties that interpreted autonomy as a first step towards independence. For the first time in Catalonia, autonomous elections were presented as a plebiscite in favor of said independence. Spain should cease to be a nation, since this name corresponded to certain regional ethnic groups, and also the Monarchy, becoming a sum of republics that would negotiate the conditions of coexistence one by one. Although the Catalan independence movement did not achieve a majority in 2015, it obtained a number of votes that allowed it to continue the struggle with the hope of obtaining victory in the short term.
In 2011, the Popular Party, which came to power, undertook, with the support of most of the members of the European Union who considered a damage to their own economy, to go to the “rescue” of the Spanish, guided by Mariano Rajoy, Whom Aznar himself recommended for his succession, he was able to take measures, tough in one respect, but he managed to reduce unemployment by almost ten percent and for large and medium-sized companies to recover.
Spain was showing the way forward. But this policy, on the other hand, aroused complaints that allowed radical political sectors to break the duality: extremisms, which are now called “populisms” in this and other countries, practically deprived the Government of the absolute majority although it seems to preserve the simple majority. At the time of writing these last pages it is difficult to foresee the future. This is not for the historian either.
Juan Carlos I, who had suffered accidents that forced him to visit the clinic repeatedly, then made the decision to abdicate his son, who had reached a more than enough majority and had descendants that guaranteed the future. In Spain, a woman has rights to the throne and this was demonstrated by the two Queen Elizabeth, the 15th century and the 19th century. On June 19, 2014, Felipe VI began his reign. The decision taken also had advantages in two ways. The transfer of the Crown is within the same Monarchy and not from a transitory regime as it happened in the previous case. And the former King remained by the side of the new head, providing support in the exercise of authority. Felipe VI has defined the Monarchy as unity in diversity; that is to say, in the same way that it had been used since the mid-fourteenth century with the Pedro IV House and Court Order.
Let’s summarize: from the year 589 to the present, Spain has come a long way, contributing to the creation of what we must call Europeanity. The Third Council of Toledo, as Cardinal Cañizares explained in his admission speech to the Academy of History in 1208, was not only about substituting Gothic Arianism for Catholicism but about assuming all the heritage that Rome left behind. Roman law would be the foundation of all jurisprudence and the Latin language root of the Spanish. First service, which was followed by the defense against Islam and the reconquest. At the same time, he made Jews and Muslims transmitters of a culture that would also enrich Europe. Spain owes the discovery of the number zero.
The growth towards the Monarchy allowed the disappearance of serfdom, the opening of the parliamentary system with the Courts and the recognition of the right of nations that was brought to America through the Laws of the Indies. The defense of Catholicism against voluntarist nominalism allowed to affirm the values that cover the human person, especially two: free will and rational capacity for speculative knowledge. Hence, it was able to defend against totalitarianism a value of existence that is once again threatened. Spain feels fully integrated into Europe. And the value of the Monarchy has to be recognized throughout this process.

The human being is also capable of discovering what is good, what is beautiful and what is fair. Without which, undoubtedly, knowledge becomes limited.
There is no doubt, among European historians and intellectuals, about the importance of what we call the Golden Age. After all, when we refer to the five languages or ways of thinking essential for Europe, we immediately think of Dante, Goethe, Molière, Shakespeare and Cervantes, which cannot fail to be noted as an essential dimension.
Spain, with its neutrality in both wars, those of 14 and 39, rendered very important services to Europe: it prevented any totalitarianism from being imposed, it facilitated the exchange of prisoners between the belligerents, it allowed the flight of many who left. from the tremendous hurricane and gave the Jews a legitimacy that saved many lives. The final punch line of this whole story is, however, something that concerns Spain exclusively: having shown that it is possible to leave an authoritarian regime without violence, opening up to Europe, of which, without a doubt, it is a substantial part.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/09/29/la-europa-de-las-cinco-naciones-como-francia-espana-italia-alemania-e-inglaterra-han-configurado-la-historia-luis-suarez-the-europe-of-the-five-nations-how-france-spain-italy-germa/

https://weedjee.wordpress.com/2021/08/04/lo-que-el-mundo-le-debe-a-espana-luis-suarez-what-the-world-owes-spain-by-luis-suarez-spanish-book-edition/

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