Españopoly: Cómo Hacerse Con El Poder En España (o, al menos, entenderlo) — Eva Belmonte / Spain-poly Game How to Get Power in Spain (or at least understand it) by Eva Belmonte (spanish book edition)

El trabajo periodístico de Eva Belmonte es espectacular: busca evidencias en una fuente incontestable, como es el BOE*. No hay declaraciones, no hay opiniones de uno y otros. Hay datos (vale, es cierto que algunos de ellos son susceptibles de interpretación) y una conclusión fácil de establecer: si este país quiere crecer democráticamente necesita una transparencia mayor y real.
En algun momento durante el libro creo que recordar que incluso ella misma aclara que estaremos cansados de leer los mismos nombres una y otra vez, pero así es siempre hay cargos para amigos/familiares (entiendo que en cargos de confianza debe así pero deberían ser los mínimos casos) y como van repartiendo directivas de RTVE, Telefónica por el carnet del partido.
Este es un estupendo libro, documentadísimo, que debería ayudar a despejar el sueño de muchos que piensan que España es una sociedad igualitaria y que nos confirma que hay muchísimo que hacer aún en temas de transparencia.
El libro se lee estupendamente y tiene muchísimas horas de trabajo detrás. Me ha gustado mucho una reflexión final: cuando tenemos unas administraciones tan opacas, es fácil que la ciudadanía permanezca en un estado de pasividad, que no proteste. Nos tienen en lo oscuro a propósito.

Arias-Salgado fue capaz de adaptarse, como muchos otros, a esos tiempos cambiantes en los que las líneas divisorias entre partidos se afinaban cada vez más. Es el espíritu de la Transición. La misma que reivindica desde la Fundación Transición Española, de la que es fundador junto a otros políticos que formaron parte de ese periodo y Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, que no se pierde una. La misma Transición que se rememoró, entre copas de rioja y bogavante, en uno de los actos de la gira de despedida ofrecida por el rey Juan Carlos en una cena en el restaurante Currito el 17 de junio de 2014. A 48 horas de su abdicación oficial y tras dejarse ver en un par de actos empresariales, el monarca compartió mesa con sus viejos rockeros. A saber: algunos ponentes de la Constitución, cargos institucionales, presidentes autonómicos retirados (Rodríguez Ibarra y Joaquín Leguina) y más de una decena de exministros, la mayoría del PSOE, entre los que se encontraba José Barrionuevo, ministro del Interior condenado por secuestro y malversación de fondos públicos vinculado a los GAL e indultado. También acudieron otros exministros socialistas como Virgilio Zapatero, uno de los consejeros del fiasco de Bankia; José Luis «patada en la puerta» Corcuera; o Alfonso Guerra.
Al florido ágape no faltó Arias-Salgado. Ni Javier Sáenz de Cosculluela, que saltó de la casilla del Ministerio de Obras Públicas a la de la presidencia de la patronal de constructoras en un caso de puerta giratoria de libro.
Es la misma Transición que engendró el bipartidismo y, con él, el reparto de cuotas de poder entre PP y PSOE a lo largo de todos estos años. No solo en la distribución oscilante de miembros en Congreso y Senado, en los parlamentos autonómicos, las entidades locales y los órganos de gobierno a todas las escalas, sino también en el reparto de subvenciones aparejado al número de escaños para cada partido y para cada una de sus fundaciones asociadas, puerta trasera de la financiación de las formaciones políticas. Esa dualidad popular/socialista va más allá, hasta llegar a impregnarlo todo, incluso los organismos definidos en sus estatutos como independientes, que acaban convertidos en un reflejo de la composición parlamentaria sin atender a méritos. Empezando por las cajas de ahorro (ahí está Bankia, la madre del cordero del reventón económico), siguiendo por entidades especializadísimas (como el Consejo de Seguridad Nuclear), pasando por las encargadas de la fiscalización (Tribunal de Cuentas) y acabando por la tercera pata de la división de poderes, los altos tribunales (el Consejo General del Poder Judicial y sus retoños: Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional).
El reparto de cromos también se juega en las televisiones públicas.
La naturalidad con la que se acepta que cada cambio de Gobierno lleve aparejado un cambio de equipo directivo es buena prueba de ello. Es el caso, por ejemplo, de RTVE, que a lo largo de su historia ha sido dirigida, excepto en contadas ocasiones, por un enviado especial del Gobierno de turno.

El plan, a partir de ahora, es explicar quiénes son los jugadores de este gran Monopoly en el que se ha convertido España y, sobre todo, cómo han hecho suyas las reglas del juego y han ido ocupando todas y cada una de sus casillas a lo largo de estos años.
El primer paso para colocarse en la élite de los poderosos es empezar a jugar desde la casilla de salida con ellos.
Rafael Arias-Salgado —recuerden, ministro por partida doble— compartió promoción escolar con Guillermo de la Dehesa (vicepresidente del Banco Santander), Jaime Lamo de Espinosa (marqués, barón y exministro), Juan Abelló (empresario y cazador), Javier Rupérez (diplomático y político a partes iguales) y Rodrigo Uría (abogado de primera línea). Durante sus años de pantalón corto en el colegio de Nuestra Señora del Pilar de Madrid se cruzaban en el patio con los jóvenes hermanos Solana, Rubalcaba, Fernando Savater y Miguel Ángel Fernández Ordóñez, exgobernador del Banco de España, entre muchos otros nombres que, con los años, ilustrarían portadas .
Todos ellos forman parte de la «élite biempensante» del siglo XX, educada tras los muros de piedra del prestigioso colegio situado en la calle Castelló del madrileño barrio de Salamanca.
Los códigos del poder, en ocasiones, son tan estrictos y reconocibles como los del western. No hay nada que marque tanto el camino que recorre cada una de las aventuras en el salvaje oeste cinematográfico como el paisaje (piensen diez títulos de películas y cuenten cuántos accidentes geográficos han nombrado). Y así se forjan sus mitos, a golpe de desierto y cactus. Lo que marca las cicatrices de cada personaje es de dónde viene, porque no es lo mismo haberse curtido en la polvorienta Dodge City que tener las uñas limpias y arregladas de un ciudadano de la brillante San Francisco. Y ese origen marca hasta su nombre.

Villar Mir, es cierto que no fue ministro hasta diciembre de 1975, con el dictador ya fallecido, pero también lo es que, durante el franquismo, ya había ocupado varios altos cargos: fue subdirector general de Puertos del 62 al 64 y director general de Empleo del 64 al 67. De hecho, fue Francisco Franco quien inauguró el medallero particular del constructor el 18 de julio de 1966, cuando le concedió la Gran Cruz del Mérito Civil. Dos años después, y en las mismas fechas (nótese que coinciden con el aniversario del alzamiento militar), recibía la Gran Cruz de la Orden del Mérito Militar.
El medallero siguió creciendo con el cambio de régimen. Tras su paso por el ministerio recibió, como todos los que ocupan alguna cartera, la Gran Cruz de Carlos III. Años más tarde, en diciembre de 2011, el Gobierno de Zapatero en funciones le concedió la Gran Cruz de Isabel la Católica. Aquí no acaba la cosa. En noviembre de 2013 recibió, en Nueva York y de la mano de Esperanza Aguirre, el premio a empresario del año de la Cámara de Comercio España-Estados Unidos. Pero el mayor reconocimiento de todos los que ha tenido a lo largo de su carrera político-empresarial le llegó en 2011, de la mano de un viejo amigo, el rey Juan Carlos I, que creó un marquesado a su medida, el de Villar Mir.
Juan Miguel y Juan Carlos han coincidido, de forma pública, en numerosas ocasiones. Ambos son habituales en la casilla de las fundaciones. El rey en la reserva es presidente de honor de Cotec, una fundación empresarial para el fomento de la innovación tecnológica de la que forman parte todos los grandes nombres del país, incluyendo a Villar Mir, que durante un tiempo fue su presidente. La constructora OHL, la joya de la corona del Grupo Villar Mir y una de las más importantes del país, fue una de las empresas que se llevó el contrato del AVE a La Meca, un negociado internacional en el que intervinieron varios ministros y el propio Juan Carlos I.
Miembro de la Real Academia de Farmacia, Juan Abelló debe buena parte de su fortuna —o, al menos, el germen de esta— a la herencia de su padre: Laboratorios Abelló. Pero para estar en la lista de la revista Forbes de los más ricos del mundo (con una fortuna valorada en 2.200 millones de dólares) eso no es suficiente, así que emprendió una carrera de inversiones que le ha llevado a sentarse en los puestos directivos de las empresas más importantes del país.
Tras vender la empresa familiar y comprar otra firma de medicamentos, entró en Banesto como vicepresidente junto a Mario Conde, su socio inseparable por aquel entonces. Con los años, la relación empresarial y personal de ambos se fue al traste y dejaron de jugar esta partida juntos, pero el banquero siempre recuerda a Abelló en sus varias biografías. Entre el 96 y el 2000, además, Abelló fue presidente de Airtel, de 2002 a 2004 consejero del Banco Santander y, durante un año, vicepresidente de Repsol.
Pero la mayoría de sus inversiones se han vehiculado a través de Torreal, la sociedad de inversión familiar creada en 1990 y a través de la que, entre otras cosas, consiguió situarse en la vicepresidencia de la constructora Sacyr. En la actualidad, la firma es accionista mayoritaria de la empresa de estupefacientes Alcaliber y de Pepe Jeans. También cuenta con acciones en aparcamientos Saba, Imagina (una de las productoras accionista de Atresmedia), la multinacional de entretenimiento móvil Zed, Talgo y muchas otras compañías.
La sociedad de inversión propiedad de la saga es, claro, una empresa familiar. Y repite el esquema clásico. Con Juan como presidente, la vicepresidencia es para la mujer de Abelló, Ana Gamazo Hohenlohe. Además, sus cuatro hijos son consejeros. Uno de ellos, Juan Claudio, heredero de la presidencia de la SICAV del padre (Naira), está casado con Marta Álvarez, hija del fallecido propietario de El Corte Inglés.

No podemos dejar de lado a los líderes de determinados sectores, como la banca, y nombrar al fallecido Emilio Botín (Santander) y Francisco González (BBVA), por ejemplo. O seguir con las sagas familiares y recordar a hermanísimos, como los Solana; las Koplowitz o los Nadal. En diciembre de 2011, con la llegada al poder de Rajoy, Álvaro Nadal fue designado jefe de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno, uno de los puestos clave de la nueva ejecutiva. Un año después, Alberto era nombrado secretario de Estado de Energía. Hermanos. Como los Rojos y los Baxters de San Fierro, el Sodoma y Gomorra fronterizo de Por un puñado de dólares. O los Dalton, personajes míticos de la leyenda del Oeste transformados en simpáticos y escalonados bigotudos de cómic.
Dinero, apellido y poder. La clave está en la confluencia de estos factores, cuantos más mejor, para poder saber quiénes son los más influyentes, aquellos cuyas decisiones afectan a nuestro día a día. Pero para influir hay que estar. Por naíf que pueda parecer, una de las claves para ejercer poder es estar presente. Por eso, en un país en el que el lobby profesional es aún minoritario, los encuentros —literales, físicos— entre lo público y lo privado (reuniones, viajes, asambleas de fundaciones) son un elemento clave. Porque muestran quiénes despachan con aquellos que toman decisiones sobre lo público, ya sean ministros, el rey o el presidente del Gobierno.

En 1980, cuando el entonces príncipe solo tenía 12 años, se creó a su alrededor la Fundación Príncipe de Asturias (FPdA). Así, se relacionaba al heredero con unos premios que celebraban valores tan positivos como las artes, la investigación, la concordia, los deportes, las letras… y, a la vez, a un nutrido grupo de los empresarios más importantes del país, con los que se reunía una vez al año para aprobar las cuentas anuales y que se han ido afianzando como su círculo de confianza. Previo pago, claro. No sabemos cuánto cuesta el asiento de cada uno de los patronos, pero sí que el 64% de los ingresos de la fundación, lo que se traduce en casi 3,6 millones, proviene de esas cuotas y donaciones. Un 16% (algo menos de 900.000 euros) es dinero público, en forma de subvenciones de los gobiernos estatal, autonómico y local. El resto, un 20%, llega de las rentas de su patrimonio y otros ingresos. La FPdA, además, tiene beneficios (unos 400.000 euros en 2013) y un patrimonio neto acumulado de 30,4 millones de euros.
¿Qué es mejor que una fundación? Dos. En el verano de 2009 se creó la Fundació Príncep de Girona (FPdGi), versión catalana (y algo más recogida, ya que su presupuesto fue de unos dos millones de euros[31] en 2014) de su homóloga asturiana. Se financia exclusivamente con las cuotas de sus patronos. Repiten en ambas fundaciones, Asturias y Girona, los tres banqueros más importantes del país: Francisco González (BBVA), Ana Patricia Botín[*] (Banco Santander) e Isidre Fainé (Caixabank).[*] También aparecen en los dos patronatos algunos de los clásicos, como Isak Andic (Mango), Antonio Brufau (Repsol), José Manuel Entrecanales (Acciona), César Alierta (Telefónica), Borja Prado (Endesa) y Juan Miguel Villar Mir (OHL). Juan Abelló es patrono de la fundación asturiana y su hijo Claudio de la de Girona.

Más allá de estas subvenciones a sectores concretos, existen aquellas destinadas a pagar la factura de la fiesta de la democracia o, lo que es lo mismo, a mantener una parte de los gastos de los actores clave del sistema, como son los partidos políticos (hablaremos de ellos unas líneas más abajo, no sufran) o los sindicatos. Los representantes de los trabajadores reciben dos tipos de ayudas: las generales, destinadas a su mantenimiento; y las vinculadas a su participación en órganos consultivos públicos. Las primeras, que se reparten porcentualmente teniendo en cuenta la representatividad de cada sindicato, están destinadas a sufragar «cualquier tipo de actividad sindical dirigida a la promoción y defensa de los intereses económicos y sociales de los trabajadores». Así, en abierto, son las ayudas genéricas, por existir. Las segundas pagan el tiempo dedicado a participar en mesas sectoriales o debates generales junto a miembros del Gobierno y la patronal.
Excepto Nafarroa Bai y Compromís, todos los partidos con representación parlamentaria cuentan con al menos una fundación asociada. En este caso, el peso de las aportaciones privadas sobre el total del presupuesto sí es relevante: en 2011 recibieron 7,3 millones en donaciones. Aunque el PP ganó las elecciones a finales de año, el aroma a caballo ganador ayudó a FAES a que ciudadanos y empresas le donaran un millón y medio de euros. En el terreno de lo público, las fundaciones de partidos reciben dos grandes líneas de ayudas. La primera, destinada a pagar su funcionamiento (las ayudas por existir, vamos), que se reparten también por escaño y han ido perdiendo fondos durante la crisis, a razón de medio millón al año: de 2,5 millones en 2012 a 1,5 en 2014. En 2015, la ayuda quedó en 1,32 millones. Eso sí, otras partidas del mismo programa y del mismo departamento han sufrido tijeretazos muy superiores. Pero ¿de qué ministerio estamos hablando? De Cultura, estamos hablando de Cultura. No se sorprendan, porque el segundo tipo de ayudas sale del presupuesto de Cooperación Internacional. Su objetivo es la «financiación de actividades de formación, consolidación y difusión del sistema democrático…

Las famosas puertas giratorias (herencia de la expresión inglesa revolving doors) o, lo que es lo mismo, del flujo profesional entre lo público y lo privado de determinados altos cargos que a veces, solo a veces, puede resultar conflictivo. Imaginemos (por imaginar que no quede) que un médico acaba siendo ministro de Sanidad. ¿Qué problema hay si cuando acaba su mandato vuelve a ejercer en un hospital, por ejemplo? Ninguno. ¿Y si del hospital vuelve a otro cargo público? De nuevo, ninguno. Pero si deja el ministerio para montar una clínica privada que se acaba haciendo cargo de contratos públicos otorgados por su mismo partido la cosa se pone, como mínimo, sospechosa. En ocasiones, como pasó con los dos exconsejeros de Sanidad madrileños, el giro de las puertas se queda en el mismo sector, aunque no tuvieran conocimientos previos sobre la materia: llegan sin experiencia a lo público[*] pero salen con ella hacia lo privado y lo hacen en empresas a las que previamente han concedido contratos. En otros casos, no importa de dónde vengas o qué cargos hayas tenido, siempre que hayan sido de peso y tu red de influencia —muy valorada por las grandes empresas— bien valga un puesto en las compañías eléctricas…
El baile de sillas y de amiguismos al que juegan los principales partidos cuando toman el poder se perpetúa en organismos asesores como el Comité de Bioética, una entidad creada para aconsejar al Gobierno sobre asuntos como el aborto o la investigación con células madre. En este caso, los elegidos no llevan el sello del partido en la frente, pero su composición se moldea a gusto del líder del momento. Cuando Rajoy llegó al poder a finales de 2011, su Gobierno prometió una reforma de la ley del aborto. Y le puso fecha, octubre de 2012. La norma se fue retrasando y, gracias a ello, cuando llegó el momento de renovar a los miembros del Comité de Bioética aún no se había presentado. Solo rondaba, en forma de suposiciones y augurios, en algunos titulares de prensa. En diciembre, cuando se cumplían los cuatro años marcados, se renovó a los vocales. Seis fueron nombrados por el Gobierno y otros seis por las comunidades autónomas. Había que elegirlos bien, pues serían los responsables de emitir un informe sobre la nueva ley.

La tan anunciada norma de la transparencia no pasa de panfleto publicitario cuando, para permitir que los ciudadanos planteen sus preguntas a las administraciones, les hace superar una serie de trabas burocráticas que incluyen el uso del DNI electrónico, la firma digital (ambos sistemas minoritarios en España).
Los inconvenientes demuestran que quienes legislan no se han tomado muy en serio esto del derecho de acceso a la información de todos los ciudadanos. De hecho, a la hora de vender la nueva norma se han centrado en la otra parte de la transparencia, aquella que abarca la información que las administraciones van a mostrar sin que se les pregunte de forma concreta, aquella que deben hacer pública por ley.
Cuando se oculta información, la que debería ser la regla básica de la representación política, ese trabajan para nosotros, se volatiliza y se trata a las instituciones públicas como un corralito propiedad del ocupante de turno, que decide si [le] es conveniente o no contar según qué cosas. Es la misma premisa que sustenta la corrupción: este dinero de los fondos reservados es mío, estas subvenciones que reparto son mías, este contrato de obra del ayuntamiento es mío… En definitiva, el juego es mío y hago con él lo que me plazca.
Conocer las reglas del juego nos permite a todos proponer cambios concretos y racionales, factibles, superando la crítica por la crítica, para poder ejercer un lobby ciudadano real y que en el debate y, por lo tanto, en las decisiones, dejen de participar siempre los mismos jugadores.

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Eva Belmonte’s journalistic work is spectacular: she looks for evidence in an indisputable source, such as the BOE*. There are no statements, there are no opinions of one and others. There are data (okay, it is true that some of them are susceptible to interpretation) and an easy conclusion to establish: if this country wants to grow democratically, it needs greater and real transparency.
At some point during the book I think to remember that even she clarifies that we will be tired of reading the same names over and over again, but that’s the way it is there are always charges for friends / family (I understand that in positions of trust it should be like that but they should be the minimal cases) and how they are distributing directives from RTVE, Telefonica for the party card.
This is a wonderful book, very well documented, which should help clear the dream of many who think that Spain is an egalitarian society and which confirms that there is still a lot to do on transparency issues.
The book reads great and has many hours of work behind it. I really liked a final reflection: when we have such opaque administrations, it is easy for citizens to remain in a state of passivity, not to protest. They have us in the dark on purpose.

Arias-Salgado was able to adapt, like many others, to those changing times in which the dividing lines between parties became more and more refined. It is the spirit of the Transition. The same that he claims from the Spanish Transition Foundation, of which he is the founder along with other politicians who were part of that period and Florentino Pérez, president of Real Madrid, who does not miss one. The same transition that was recalled, between glasses of Rioja and lobster, in one of the acts of the farewell tour offered by King Juan Carlos at a dinner at the Currito restaurant on June 17, 2014. 48 hours after his abdication official and after being seen in a couple of business events, the monarch shared a table with his old rockers. Namely: some speakers of the Constitution, institutional positions, retired regional presidents (Rodríguez Ibarra and Joaquín Leguina) and more than a dozen former ministers, the majority from the PSOE, among whom was José Barrionuevo, Minister of the Interior convicted of kidnapping and embezzlement of public funds linked to LAGs and pardoned. Other former socialist ministers also attended, such as Virgilio Zapatero, one of the advisers to the Bankia fiasco; José Luis “kick in the door” Corcuera; or Alfonso Guerra.
Arias-Salgado was not lacking at the flowery agape. Nor Javier Sáenz de Cosculluela, who jumped from the box of the Ministry of Public Works to that of the presidency of the construction employers’ association in a case of revolving book door.
It is the same Transition that engendered bipartisanship and, with it, the distribution of power quotas between PP and PSOE throughout all these years. Not only in the oscillating distribution of members in Congress and Senate, in regional parliaments, local entities and government bodies at all levels, but also in the distribution of subsidies coupled with the number of seats for each party and for each one of its associated foundations, back door of the financing of political formations. This popular / socialist duality goes further, until it permeates everything, even the bodies defined in their statutes as independent, which end up being a reflection of the parliamentary composition without regard to merits. Starting with the savings banks (there is Bankia, the mother of the lamb of the economic blowout), followed by highly specialized entities (such as the Nuclear Safety Council), passing through those in charge of auditing (Court of Accounts) and ending with the third leg of the division of powers, the high courts (the General Council of the Judiciary and its offshoots: Supreme Court and Constitutional Court).
The distribution of stickers is also played on public televisions.
The naturalness with which it is accepted that each change of government entails a change of management team is good proof of this. This is the case, for example, of RTVE, which throughout its history has been directed, except on rare occasions, by a special envoy of the Government on duty.

The plan, from now on, is to explain who the players of this great Monopoly that Spain has become and, above all, how they have made the rules of the game their own and have been occupying each and every one of their boxes throughout these years.
The first step to placing yourself in the elite of the powerful is to start playing from the starting square with them.
Rafael Arias-Salgado – remember, a double minister – shared a school promotion with Guillermo de la Dehesa (vice president of Banco Santander), Jaime Lamo de Espinosa (marquis, baron and former minister), Juan Abelló (businessman and hunter), Javier Rupérez ( diplomat and politician in equal parts) and Rodrigo Uría (front-line lawyer). During their years in shorts at the Nuestra Señora del Pilar school in Madrid, the young brothers Solana, Rubalcaba, Fernando Savater and Miguel Ángel Fernández Ordóñez, former governor of the Bank of Spain, met in the courtyard, among many other names who, with the years, would illustrate covers.
All of them are part of the “thoughtful elite” of the 20th century, educated behind the stone walls of the prestigious school located on Castelló street in the Salamanca district of Madrid.
The codes of power, at times, are as strict and recognizable as those of the western. There is nothing that marks the path of each Wild West movie adventure as much as the landscape (think of ten movie titles and count how many landforms you have named). And so their myths are forged, by the blow of desert and cactus. What marks the scars of each character is where they come from, because having tanned in dusty Dodge City is not the same as having the clean and groomed nails of a citizen of bright San Francisco. And that origin marks even his name.

Villar Mir, it is true that he was not a minister until December 1975, with the dictator already deceased, but it is also true that, during the Franco regime, he had already held several high positions: he was deputy director general of Ports from 62 to 64 and general director of Employment from 64 to 67. In fact, it was Francisco Franco who inaugurated the constructor’s private medal table on July 18, 1966, when he was awarded the Grand Cross of Civil Merit. Two years later, and on the same dates (note that they coincide with the anniversary of the military uprising), he received the Grand Cross of the Order of Military Merit.
The medal table continued to grow with the regime change. After passing through the ministry, he received, like all those who occupy a portfolio, the Grand Cross of Carlos III. Years later, in December 2011, the Acting Government of Zapatero awarded him the Grand Cross of Isabel la Católica. The thing does not end here. In November 2013 he received, in New York and from the hand of Esperanza Aguirre, the award for businessman of the year from the Spain-United States Chamber of Commerce. But the greatest recognition of all that he has had throughout his political-business career came in 2011, from the hand of an old friend, King Juan Carlos I, who created a marquisate to suit him, the by Villar Mir.
Juan Miguel and Juan Carlos have agreed, publicly, on numerous occasions. Both are common in the box of foundations. The king in the reserve is the honorary president of Cotec, a business foundation for the promotion of technological innovation of which all the great names of the country are part, including Villar Mir, who for a time was its president. The OHL construction company, the jewel in the Villar Mir Group’s crown and one of the most important in the country, was one of the companies that took the AVE contract to Mecca, an international negotiation in which several ministers and the own Juan Carlos I.
A member of the Royal Academy of Pharmacy, Juan Abelló owes a large part of his fortune —or, at least, its germ— to the inheritance of his father: Laboratorios Abelló. But to be on Forbes magazine’s list of the richest in the world (with a fortune valued at $ 2.2 billion) that is not enough, so he embarked on an investment career that has led him to sit in the management positions of the most important companies in the country.
After selling the family business and buying another drug company, he joined Banesto as vice president along with Mario Conde, his inseparable partner at the time. Over the years, the business and personal relationship of both was ruined and they stopped playing this game together, but the banker always remembers Abelló in the various biographies of him. Between 96 and 2000, in addition, Abelló was Chairman of Airtel, from 2002 to 2004 a director of Banco Santander and, for a year, Vice Chairman of Repsol.
But most of his investments have been channeled through Torreal, the family investment company created in 1990 and through which, among other things, he managed to become vice president of the construction company Sacyr. Currently, the firm is the majority shareholder of the drug company Alcaliber and Pepe Jeans. It also has shares in car parks Saba, Imagina (one of Atresmedia’s shareholder production companies), the mobile entertainment multinational Zed, Talgo and many other companies.
The investment company owned by the saga is, of course, a family business. And repeat the classic scheme. With Juan as president, the vice-presidency goes to Abelló’s wife, Ana Gamazo Hohenlohe. In addition, her four children are counselors. One of them, Juan Claudio, heir to the presidency of the SICAV from his father (Naira), is married to Marta Álvarez, daughter of the late owner of El Corte Inglés.

We cannot put aside the leaders of certain sectors, such as banking, and name the late Emilio Botín (Santander) and Francisco González (BBVA), for example. Or continue with the family sagas and remember very siblings, like the Solana; the Koplowitz or the Nadal. In December 2011, with the coming to power of Rajoy, Álvaro Nadal was appointed head of the Economic Office of the President of the Government, one of the key positions of the new executive. A year later, Alberto was appointed Secretary of State for Energy. Brothers. Like the Reds and the San Fierro Baxters, the Sodom and Gomorrah border of For a Handful of Dollars. Or the Daltons, mythical characters from the legend of the West transformed into friendly and staggered comic book mustaches.
Money, surname and power. The key is in the confluence of these factors, the more the merrier, in order to know who are the most influential, those whose decisions affect our day to day. But to influence you have to be. Naive as it may seem, one of the keys to exercising power is being present. For this reason, in a country where the professional lobby is still a minority, meetings – literal, physical – between the public and the private (meetings, trips, foundations assemblies) are a key element. Because they show who dispatches with those who make decisions about the public, whether they are ministers, the king or the president of the Government.

In 1980, when the then prince was only 12 years old, the Prince of Asturias Foundation (FPdA) was created around him. Thus, the heir was associated with awards that celebrated such positive values as the arts, research, harmony, sports, letters … and, at the same time, a large group of the most important businessmen in the country, with whom he met once a year to approve the annual accounts and who have been establishing themselves as his circle of trust. Upon payment, of course. We do not know how much the seat of each of the trustees costs, but we do know that 64% of the foundation’s income, which translates to almost 3.6 million, comes from these fees and donations. 16% (slightly less than 900,000 euros) is public money, in the form of subsidies from the state, regional and local governments. The rest, 20%, comes from income from his estate and other income. The FPdA also has benefits (about 400,000 euros in 2013) and an accumulated net worth of 30.4 million euros.
What is better than a foundation? Two. In the summer of 2009, the Fundació Príncep de Girona (FPdGi) was created, a Catalan version (and somewhat more collected, since its budget was around two million euros [31] in 2014) from its Asturian counterpart. It is financed exclusively with the contributions of its employers. The three most important bankers in the country repeat in both foundations, Asturias and Girona: Francisco González (BBVA), Ana Patricia Botín [*] (Banco Santander) and Isidre Fainé (Caixabank). [*] Some also appear in the two boards of the classics, such as Isak Andic (Mango), Antonio Brufau (Repsol), José Manuel Entrecanales (Acciona), César Alierta (Telefónica), Borja Prado (Endesa) and Juan Miguel Villar Mir (OHL). Juan Abelló is the patron of the Asturian foundation and his son, Claudio de Girona.

Beyond these subsidies to specific sectors, there are those destined to pay the bill for the democracy party or, what is the same, to maintain a part of the expenses of the key actors of the system, such as political parties ( we will talk about them a few lines below, do not suffer) or the unions. Workers’ representatives receive two types of aid: general, intended for their maintenance; and those related to their participation in public consultative bodies. The former, which are distributed in percentage terms taking into account the representativeness of each union, are intended to pay for “any type of union activity aimed at promoting and defending the economic and social interests of workers.” Thus, in the open, they are generic aids, because they exist. The latter pay for the time dedicated to participating in sector tables or general debates with members of the Government and the employers.
Except for Nafarroa Bai and Compromís, all parties with parliamentary representation have at least one associated foundation. In this case, the weight of private contributions over the total budget is relevant: in 2011 they received 7.3 million in donations. Although the PP won the elections at the end of the year, the aroma of a winning horse helped FAES to get citizens and companies to donate one and a half million euros. In the public sphere, party foundations receive two main lines of aid. The first, destined to pay for its operation (the aid for existing, come on), which is also distributed by seat and has been losing funds during the crisis, at a rate of half a million a year: from 2.5 million in 2012 to 1, 5 in 2014. In 2015, aid was 1.32 million. Of course, other games from the same program and from the same department have suffered much higher snips. But what ministry are we talking about? From Culture, we are talking about Culture. Do not be surprised, because the second type of aid comes from the International Cooperation budget. Its objective is the «financing of activities of formation, consolidation and diffusion of the democratic system …

The famous revolving doors (inheritance of the English expression revolving doors) or, what is the same, of the professional flow between the public and the private of certain high positions that sometimes, only sometimes, can be conflictive. Let’s imagine (to imagine that there is no left) that a doctor ends up being Minister of Health. What problem is there if when he finishes his mandate he returns to practice in a hospital, for example? None. What if the hospital returns to another public office? Again, none. But if he leaves the ministry to set up a private clinic that ends up taking over public contracts awarded by his own party, things get, to say the least, suspicious. Sometimes, as happened with the two former Madrid Health Councilors, the turn of the doors remains in the same sector, even if they had no previous knowledge on the matter: they go to the public without experience [*] but go out with it to the private and they do it in companies to which they have previously awarded contracts. In other cases, it does not matter where you come from or what positions you have held, as long as they have been of weight and your network of influence – highly valued by large companies – is well worth a position in the electricity companies …
The dance of chairs and cronyism that the main parties play when they take power is perpetuated in advisory bodies such as the Bioethics Committee, an entity created to advise the Government on matters such as abortion or stem cell research. In this case, those elected do not carry the seal of the party on their foreheads, but their composition is shaped to suit the leader of the moment. When Rajoy came to power in late 2011, his government promised a reform of the abortion law. And he set a date, October 2012. The rule was delayed and, thanks to that, when the time came to renew the members of the Bioethics Committee, it had not yet been presented. It only hovered, in the form of suppositions and omens, in some press headlines. In December, when the four years marked were completed, the members were renewed. Six were appointed by the Government and another six by the autonomous communities. They had to be chosen well, as they would be responsible for issuing a report on the new law.

The much announced norm of transparency does not go beyond an advertising pamphlet when, to allow citizens to ask their questions to the administrations, it makes them overcome a series of bureaucratic obstacles that include the use of the electronic DNI, the digital signature (both minority systems in Spain).
The drawbacks show that those who legislate have not taken the right of access to information for all citizens very seriously. In fact, when it comes to selling the new rule, they have focused on the other part of transparency, that which covers the information that the administrations are going to show without being specifically asked, that which they must make public by law.
When information is hidden, which should be the basic rule of political representation, it works for us, it is volatilized and public institutions are treated as a corralito owned by the occupant on duty, who decides whether [it] is convenient or not count according to what things. It is the same premise that sustains corruption: this money from the reserved funds is mine, these grants that I distribute are mine, this construction contract from the city council is mine … In short, the game is mine and I do with it what I want. please.
Knowing the rules of the game allows us all to propose concrete and rational, feasible changes, overcoming criticism for criticism, in order to exercise a real citizen lobby and that in the debate and, therefore, in the decisions, they always stop participating the same players.

* BOE State Official Newsletter

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