El Poder De Las Banderas. Historia Y Significado De Nuestros Símbolos — Tim Marshall / Worth Dying For: The Power and Politics of Flags by Tim Marshall

En general, estoy interesado en el tema de las banderas, así que me alegré de retomar esto también. Está escrito con fuerza, es interesante y está lleno de curiosidades que nunca me habría dado cuenta sin el libro, pero también hay algunos problemas aquí.
Toda la sección “Banderas del miedo o terror” está dominada por banderas de grupos militantes islamistas. La esvástica nazi se analiza en el capítulo sobre la historia de la bandera de Alemania, pero seguramente pertenece aquí, dado que el símbolo sigue siendo común entre los grupos neonazis. Igualmente, Marshall podría haber discutido la fascinante historia de Irlanda del Norte y las banderas utilizadas por sus grupos militantes, todos los cuales todavía tienen un fuerte significado y que se están discutiendo ampliamente nuevamente con el Brexit en el horizonte. Pudo haber hablado de la Facción del Ejército Rojo (Baader Meinhof), que recibe una breve mención pero no se considera en profundidad, o incluso de las FARC, que fue importante en las noticias mundiales en 2016. La decisión de centrarse tanto en las banderas fundamentalistas del Islam da el libro tiene una perspectiva firmemente occidental centrista: se olvida de comprender las realidades más amplias de los llamados grupos “revolucionarios” y terroristas.
Por supuesto, la naturaleza misma de las banderas es que generan una respuesta emocional. No creo que ningún autor pueda escapar a las críticas en este frente: las ‘banderas’ no es un tema donde todos los rincones puedan apaciguarse.
Mi otro problema importante con el libro fue que leer las descripciones de las banderas era muy desagradable sin una imagen a la que referirse fácilmente. Esto hizo que la experiencia de lectura fuera bastante forzada.
Eso no quiere decir que no me gustó esto: el conocimiento del autor sobre las banderas occidentales es claramente excelente y aprendí más sobre las banderas de Oriente Medio y África de lo que había conocido antes, también aprendí mucho más sobre las banderas islamistas y cómo estas bastardas son genuinas. Mensajes islámicos.
El enfoque final en banderas que son famosas sin representar un estado nacional, como la bandera del Orgullo, fue una buena manera de terminar el libro. Aprendí mucho, pero al final, quizás este tema era demasiado extenso para un libro de geografía popular.

Aspectos destacados: la naturaleza de la bandera de Arabia Saudita causa problemas cuando la gente intenta usarla como cualquier otra cosa que no sea una bandera. Por ejemplo, McDonalds intentó poner un montón de banderas en sus bolsas para llevar a casa durante una Copa del Mundo, pero los saudíes protestaron: la bandera contiene la declaración de fe para el Islam, por lo que asociarla con envoltorios de comida destinados a ser desechados rápidamente es un no iniciador. Un problema similar ocurrió con los balones de fútbol que incluían la bandera de Arabia Saudita (entre otras banderas).
Hay una historia divertida sobre la aprobación de la bandera sudafricana posterior al apartheid. Se envió por fax a Mandela para su aprobación, pero en el pasado los faxes eran solo en blanco y negro y la bandera es multicolor. Así que los funcionarios tuvieron que correr a la tienda para conseguir bolígrafos de colores para completar el diseño de la bandera enviada por fax.
Oh, se supone que la bandera de Estados Unidos no debe usarse en anuncios. Sí, esa regla de etiqueta de la bandera seguramente no se sigue muy bien.

El significado de la bandera procede de la emoción que inspira. La «vieja gloria», como la conocen los estadounidenses, les habla de un modo que un no estadounidense sencillamente no puede compartir; pero podemos entenderlo, porque muchos de nosotros tendremos sentimientos parecidos respecto a nuestros propios símbolos de nación y pertenencia. Se pueden tener opiniones abiertamente positivas, o desde luego negativas, sobre lo que uno cree que representa su bandera, pero el hecho persiste: ese sencillo trozo de tela es la encarnación de la nación. La historia, la geografía, los ciudadanos y los valores de un país están todos ellos simbolizados en la tela, su forma y los colores con los que está estampada. Está investida de significado, incluso si es distinto para diferentes personas.
Lo que sí está claro es que estos símbolos tienen tanta importancia como siempre, y, en algunos casos, más. Estamos siendo testigos de un resurgimiento del nacionalismo, y con él un resurgimiento de los símbolos nacionales. A comienzos de este siglo, se puso de moda en algunos círculos intelectuales, para alegar que el Estado nación se debilitaría en la era de la globalización. Esa visión omite por completo la fuerza de la identidad todavía presente en cada nación.
Cada una de las banderas del mundo es a la vez singular y similar. Todas dicen algo, en ocasiones quizá demasiado.
El aforismo de George Orwell según el cual el fútbol es una «guerra sin disparos» resultó cierto y, dada la inestabilidad en los Balcanes, la combinación de fútbol, política y bandera podría incluso haber llevado a un verdadero conflicto.

¿De dónde procedían esos símbolos nacionales a los que nos sentimos tan apegados? Las banderas son un fenómeno relativamente reciente en la historia de la humanidad. Los estandartes y los símbolos pintados en una tela preceden a las banderas y fueron usados por los antiguos egipcios, los asirios y los romanos, pero lo que hizo que las banderas, tal y como las conocemos en la actualidad, prosperaran y se difundieran fue la invención de la seda por parte de los chinos. El tejido tradicional era demasiado pesado para enarbolarlo, desplegarlo y hacer que ondeara al viento, sobre todo si estaba pintado; la seda era mucho más ligera y posibilitó que las banderas pudieran, por ejemplo, acompañar a las tropas al campo de batalla.
La nueva tela y costumbre se propagó por toda la Ruta de la Seda. Los árabes fueron los primeros en adoptarla y los europeos siguieron su ejemplo tras estar en contacto con ellos durante las cruzadas. Probablemente fueron estas campañas militares, y los grandes ejércitos occidentales involucrados en ellas, las que confirmaron el uso de símbolos de heráldica y emblemas de armas para ayudar a identificar a los participantes.

¿Qué significa intentar encerrar una nación en una bandera? Significa tratar de unir a una población en torno a un conjunto de ideales, objetivos, historia y creencias homogéneos, una labor prácticamente imposible. Pero cuando afloran las pasiones, cuando la bandera de un enemigo ondea en lo alto, en ese momento el pueblo acude en masa a su propio símbolo. Las banderas tienen mucho que ver con nuestras tendencias tribales tradicionales y las nociones de identidad: la idea de «nosotros contra ellos». Buena parte del simbolismo presente en el diseño de banderas se basa en ese concepto de conflicto y oposición, como se observa en el denominador común del rojo para la sangre del pueblo, por ejemplo. Pero en un mundo moderno que lucha por reducir el conflicto y fomentar un mayor sentido de unidad, paz e igualdad, donde los movimientos demográficos han desdibujado esas líneas entre «nosotros y ellos», ¿qué papel desempeñan las banderas hoy en día?.
Parece que estamos en medio de un resurgimiento de la política identitaria a nivel local, regional, nacional, étnico y religioso. El poder cambia, las antiguas certezas desaparecen y, en momentos así, el pueblo busca símbolos familiares como sostenes ideológicos en un mundo inestable y cambiante. La realidad de una nación no está necesariamente a la altura de los ideales encarnados en su bandera; no obstante, la bandera sí puede, como «citó» el secretario de Interior Franklin K. Lane a las barras y estrellas cuando dicen «soy todo lo que crees que puedo ser».
Esto es una bandera: un emblema cargado de emoción. Tiene la capacidad de evocar y encarnar sentimientos tan fuertes que a veces el pueblo seguirá incluso a su tela de colores a través de los disparos y morirá por lo que simboliza.

Para los estadounidenses, ver su bandera fuera del país es un recordatorio tan solo de su compromiso en el mundo, su historia en diversas guerras; criticar su bandera alimenta el eterno debate en Estados Unidos acerca del aislacionismo y el compromiso.
Los estadounidenses veneran su bandera en una manera que pocos pueblos lo hacen. Sus colores primarios son su símbolo primitivo de la identidad nacional, y en ocasiones las barras y estrellas se consideran una forma de arte. Para muchos estadounidenses, su bandera se parece mucho a un símbolo sagrado. Es la representación de lo que ellos mismos describen como «una nación bajo Dios», y los políticos del país han parafraseado con frecuencia unas palabras de Jesús que promueven la idea de que Estados Unidos es «una ciudad resplandeciente en una colina». Cierto o no, su bandera es el tema de canciones, poemas, libros y obras de arte. Representa la infancia del pueblo, sus sueños, su rebelión original contra la tiranía y ahora sus libertades. Su historia es la del propio Estados Unidos, y lo que sienten los estadounidenses por ella representa la historia de una nación. Ninguna otra bandera de un país está cerca de igualar el reconocimiento que infunde la bandera estadounidense, ni la magnitud de las emociones negativas o positivas que evoca.
Se tardaron 183 años y numerosas versiones para que la bandera tuviera el aspecto actual. El modelo vigente con sus 50 estrellas de cinco puntas individuales, que representan los cincuenta estados de la Unión, tal vez no sea el último. Los prototipos de la bandera aparecieron a mediados de la década de 1760, antes del nacimiento de la nación, e incluso hoy oímos los ecos de aquella época en el moderno y conservador Tea Party (Partido del Té); el nombre de sus miembros proviene de la organización original Hijos de la Libertad, que en 1773 arrojó por la borda 342 arcones de té británico en el puerto de Boston como protesta por unos impuestos injustos.
Sin embargo, la ley no especificaba qué diseño de estrellas debía usarse o si las barras tenían que ser verticales u horizontales, y, hasta el día de hoy, la bandera en ocasiones se cuelga con las barras verticales, puesto que no se considera erróneo. ¿Por qué las estrellas? Eso no se explicó en la época, pero una publicación de 1977 realizada por los estados de la Cámara de Representantes afirma que «La estrella es un símbolo del cielo y del propósito divino al que ha aspirado el hombre desde tiempos inmemoriales».
Tampoco se explicó el simbolismo de los colores de la bandera. No obstante, coinciden con los del Gran Sello de Estados Unidos, cuyo diseño encomendó el Congreso en 1776. Al comité encargado de hacerlo se le pidió que ideara algo que reflejara los valores de los Padres Fundadores. Eligió el rojo, el blanco y el azul, y el Gran Sello se adoptó en 1782. Al presentar el sello al Congreso Continental, su secretario, Charles Thomson, dijo que los colores «son los usados en la bandera de Estados Unidos de América. El blanco significa pureza e inocencia. El rojo, resistencia y valor, y el azul significa vigilancia, perseverancia y justicia». Aún se emplea para autenticar algunos documentos federales y aparece en los pasaportes de Estados Unidos.
El himno nace de un conflicto que no empezaron los británicos. Estaban luchando contra los franceses en las guerras napoleónicas y el conflicto llegó hasta el Nuevo Mundo, porque de vez en cuando saqueaban buques estadounidenses. El presidente Madison aprovechó la oportunidad para declarar la guerra a Gran Bretaña en 1812.

Las leyes relativas a la profanación de la bandera varían de un país a otro en todo el mundo, y la lista de aquellos en los que es ilegal dista mucho de limitarse a los Estados represivos. No parece haber un patrón o agrupamiento para esto, si bien en las democracias modernas qué leyes siguen estando en los libros rara vez se toma tan en serio como en las dictaduras. El Reino Unido, Australia, Bélgica, Canadá y Japón, por ejemplo, no tienen leyes que lo prohíban, mientras que en Alemania, Italia, Austria, Croacia, Francia, México y Nueva Zelanda sí. En Alemania, la legislación permite una condena de hasta tres años de prisión, como se hace en China. En Francia, la pena máxima es de seis meses.

Rojo, blanco y azul: ¿qué significado tienen para ti? ¿El símbolo de un Estado nación moderno y dinámico seguro de su identidad? O, para citar a la actriz Emma Thompson a principios de 2016, ¿una isla diminuta, encapotada, miserable y gris en un rincón lluvioso de una especie de Europa, llena de pasteles y antigua? El rojo, el blanco y el azul de la Union Jack podría representar el pasado glorioso de un país aún poderoso, pero una vez más podría dar pie a un apodo más amargo, como en algunas partes de Irlanda, por ejemplo, donde se conoce como el Delantal del Carnicero, que simboliza la opresión colonial y una bandera ensangrentada.
La visión de la bandera de Gran Bretaña en el mundo era la representación de una nación insular con una historia sorprendente. La bandera representaba el poder marítimo, el imperio, los avances científicos y la exploración británicos. Al mismo tiempo, para algunos representaba los males del colonialismo, y una pieza clave en un juego de rivalidad entre grandes potencias. También representaba regimientos de muchos colores y que habían luchado con y por el Reino Unido.
La forma en que se ve ahora depende de a quién se pregunte. En los territorios palestinos, por ejemplo, la Union Jack se asocia negativamente con el papel de Gran Bretaña en el Mandato de Palestina…
Hoy en día, la Union Jack se ve en todo el mundo de dos formas. Una, a nivel comercial, en miles de millones de camisetas, carátulas de discos, tazas y miles de productos que llevan estampado el símbolo de la venerable casa de la Madre de todos los Parlamentos, la Revolución Industrial y uno de los mayores imperios jamás vistos, pero también de una nueva y estupenda Britania del siglo XXI . La otra forma es la misma de siempre: en las banderas. El legado colonial de Gran Bretaña supone que la Union Jack sigue ondeando al viento en muchos Estados nación, pero cuando lo hace suele ser en el cantón, o la esquina superior izquierda, de una bandera que recuerda el pasado pero mira hacia su propio futuro.

La bandera de la Unión Europea es, y al mismo tiempo no es, la bandera de Europa. De hecho, no se ha definido que sea en realidad siquiera una bandera.
¿Cuándo una bandera no es una bandera? Al principio de lo que sería la Unión Europea, los Estados miembro, sobre todo el Reino Unido, temían que pudiera sustituir a las banderas de sus Estados nación, así que oficialmente es «un emblema que reúne las condiciones para reproducirse en trozos de tela rectangulares». Es una especie de media bandera, una bandera de Schrödinger.
Pero la bandera europea, que «representa» solo a 28 países, es también la del Consejo de Europa, que tiene 47 Estados miembro, entre ellos Turquía y Rusia (el único país europeo que falta es Bielorrusia).
El fondo azul y el círculo de doce estrellas, que ahora ondea en los edificios del Consejo de Europa en todos los países europeos salvo en uno, data de 1955. Ese año, el Consejo, que se fundó en 1949 para aunar a las «tribus» europeas enfrentadas recientemente, acordó al final un diseño después de rechazar varias propuestas. Los otros colores ya se habían adoptado: rojo para los soviéticos, verde para el islam, blanco para la rendición, negro para el luto, azul claro para las Naciones Unidas, etc., así que se quedó el azul marino. El círculo de estrellas fue idea de Arsène Heitz, que trabajó para el servicio postal del Consejo en Estrasburgo y que había enviado decenas de diseños.
Originalmente, tenía que haber quince estrellas para los quince miembros del Consejo; sin embargo, una de las estrellas representaba al Sarre, por entonces parte de Francia, pero anteriormente había formado parte de Alemania.
Se señaló que doce es un símbolo de perfección, que doce eran los apóstoles de Jesús, doce los meses del año, doce los signos del zodiaco, y suma y sigue. Se apuntó incluso a la similitud existente con la descripción de la Virgen del Apocalipsis del Libro de las Revelaciones, 12, 1: «Y apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre la cabeza».
El principal simbolismo de la bandera europea quería decir un hogar común europeo, para algunos ciudadanos ahora significaba otras cosas.

Si los árabes son una nación, entonces son una nación de muchas banderas. Que muchas de las banderas compartan los mismos colores habla del parentesco árabe, pero al mismo tiempo su diversidad nos dice que esta nación conceptual está dividida de muchas maneras. Algunos de los Estados nación modernos no tienen raíces profundas, y en los próximos diez años tal vez veamos nuevas banderas ondeando en los fuertes vientos que azotan a Arabia.
Hay 22 países en Oriente Medio y África del Norte que se podrían describir como árabes y tienen una población total de más de 300 millones de personas. Se extienden desde Marruecos a orillas del océano Atlántico, Egipto en el mar Mediterráneo y, hacia el este y el sur, hasta Kuwait, Omán y el mar Arábigo. En esta región hay muchas comunidades étnicas, religiosas y lingüísticas distintas, como los kurdos, los bereberes, los drusos y los caldeos, pero los dos factores dominantes son el idioma y la religión. La gran mayoría de estos 300 millones de personas hablan una versión del árabe y pertenecen a una rama de la fe islámica.
Esto explica por qué la bandera del movimiento panárabe, que intentó derrocar el gobierno turco en Oriente Medio durante la Primera Guerra Mundial, fue diseñada con los colores blanco, negro, verde y rojo, todos ellos importantes en el islam. El panarabismo es un concepto político fallido, pese a que aún hay quien cree en la causa. Todavía se ve la idea en los colores de muchos Estados nación árabes, sobre todo en Siria, Jordania, Yemen, Omán, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y el supuesto Estado nación de Palestina. Estos colores también dan información acerca de muchas de las banderas de países no árabes más al este que estuvieron bajo el dominio del islam, como Irán y Afganistán.
El blanco corresponde a la dinastía Omeya, que reinó desde Damasco entre los años 661 d. C. y 750 d. C. y expandió el Imperio islámico hasta Portugal por el oeste y Samarcanda por el este. Se dice que los Omeyas eligieron el blanco como su color a modo de recordatorio de la primera gran batalla del Profeta en Badr.
El verde representa a la dinastía Fatimí chií de 909-1171, que fue fundada en África del Norte; pero el verde también se considera cada vez más el color del islam porque se dice que ha sido el favorito del Profeta: cuenta la tradición que él llevaba un manto verde, y que durante la conquista de La Meca sus seguidores enarbolaban banderas verdes. Hasta el día de hoy, todavía se ven muchos minaretes en todo el mundo con una luz verde por la noche. El simbolismo del rojo no está tan claro, pero muchos expertos creen que se incluyó en la bandera de la Revuelta Árabe porque era el color de la tribu del jerife Huseín: los Hachemitas.
La bandera saudí está hecha de modo que la shahada se lea correctamente, de derecha a izquierda, cuando se ve desde cualquiera de los lados, y la espada siempre apunta en la misma dirección que el texto. Es una de las pocas banderas que nunca está a media asta, puesto que se consideraría blasfemo. De manera similar, no es frecuente verla en la ropa, como en camisetas o pantalones cortos, y puede haber un problema concreto si se usa en publicidad. En 1994, McDonald’s consiguió ofender a muchos musulmanes antes de la fase final del Mundial de fútbol de ese año al estampar todas las banderas de los países participantes en sus bolsas de comida para llevar. Arabia Saudí señaló que tal vez no era de muy buen gusto que uno de sus dogmas sagrados acabara arrugado y en una papelera. Cientos de miles de bolsas se retiraron posteriormente.
En vísperas de la fase final de la Copa Mundial de 2002, la FIFA quería autorizar un balón de fútbol que llevara las banderas de todos los países que jugaban ese año. Los saudíes se quejaron alegando que no querían que una imagen de su bandera se pateara…

Nos hemos acostumbrado a ver esta bandera en los medios de comunicación; el fondo negro con un círculo blanco donde figura un texto en árabe que dice: «Mahoma es el mensajero de Dios», con otra línea en la parte superior que reza: «No hay más dios que Dios». Estas dos líneas conforman la shahada , la profesión de fe musulmana. El estilo de la letra que aparece en la bandera del Estado Islámico es deliberadamente tosco y rápido, a diferencia de la caligrafía empleada para la shahada en la bandera de Arabia Saudí. Esto puede entenderse como un mensaje que anuncia que el IS está marcando el comienzo de un regreso a lo que ve como la forma original del islam. En esto, el Estado Islámico compite en ideología con los saudíes: ambos profesan una versión suní extrema de la fe, el wahabismo, y ambos la usan con el fin de reivindicar la legitimidad para representar a todo el islam. Hay aspectos en Arabia Saudí que apoyan al IS, pero, a nivel estatal, recuerdan cómo, al haber ayudado en parte a crear Al Qaeda, sufrieron ulteriormente una ola de ataques terroristas, porque Al Qaeda quería desestabilizar el reino y hacerse con él.
El Estado Islámico proclamó la bandera como su estandarte en 2007, pero el uso del negro y la shahada son símbolos panislámicos que no deberían asociarse necesariamente con el terror; la astucia del IS es que así ha sido.
En 2007, el IS finalizó su declaración sobre «su» bandera con una plegaria: «Pedimos a Dios, alabado sea, que haga de esta bandera la única para todos los musulmanes». Desde luego, la bandera podría ser, en teoría, la de todos los musulmanes; por suerte, relativamente unos pocos muestran solidaridad cuando pretende ser una señal de apoyo al Estado Islámico.

De las banderas de los cinco «istán» de Asia central, solo dos presentan la media luna, pese a que todos tienen una población de mayoría musulmana, aunque con minorías considerables de rusos no musulmanes. Todas ellas son culturas antiguas pero Estados nuevos, formados a partir del desmoronamiento de la Unión Soviética en 1991. Esto requiere crear naciones con bastante rapidez tras haber sido repúblicas soviéticas durante tantos decenios. Con el fin de la gran represión soviética, las élites se dedicaron de inmediato a crear sus propias represiones regionales. Como en casi todas partes, el mito de que el «hombre soviético» era inmortal se borró de la faz de la cultura. El «hombre local» tan solo se despertaba de una larga pesadilla y seguía adelante con lo que siempre había sido, pero con la complicación añadida de que los años soviéticos habían introducido movimientos demográficos que ahora pueden provocar tensiones regionales dentro de las fronteras de los nuevos Estados. El ejemplo más notorio de esto está en el valle de Fergana, donde se encuentran las fronteras de Tayikistán, Uzbekistán y Kirguistán, trazadas arbitrariamente por los soviéticos, en lo que puede ser una mezcla tóxica. Aquí, pueblos túrquicos se tropezaron con uzbekos, tayicos y kirguises, con estallidos esporádicos de conflictos étnicos por las tierras, así como controversias por las aguas.
La bandera de Turkmenistán derrocha, en el buen sentido, simbolismo y es casi una obra de arte. Es una afirmación de independencia de Moscú en cuanto a que no le debe nada a la época soviética.
El verde y la media luna son claras referencias al islam, la religión dominante desde el siglo VIII , pero el blanco de la media luna y las estrellas se supone que también transmite serenidad. Las cinco estrellas representan las cinco regiones principales de Turkmenistán —Ahal, Balkan, Daşoguz, Lebap y Mary—. Las puntas de las estrellas simbolizan los cinco estados de la materia: sólido, líquido, gaseoso, cristalino y plasmático. Por si esto no fuera lo suficientemente genial, la barra vertical roja del lado izquierdo tiene otras cinco. En esta ocasión se trata de cinco guls , medallones simétricos usados en la fabricación de alfombras tradicionales de Turkmenistán y que hablan por sí solos de la ascendencia nómada de los pueblos. La confección de alfombras continúa, pero actualmente la población es en su mayoría sedentaria, sin contar con la gran cantidad de personas que se trasladan al extranjero en busca de trabajo.

La bandera india se conoce como la «tiranga», que significa tricolor. Tiene tres franjas horizontales: azafrán en la parte superior, blanco en el centro y verde en la parte inferior. En el medio hay una rueda azul con 24 radios llamada chakra. Es el mismo diseño que la rueda que se halla en el ábaco del capitel de los leones de Sarnath, del emperador Ashoka del siglo III  a. C., que acabó convirtiéndose en el emblema nacional de la India.
La bandera fue adoptada el 22 de julio de 1947, poco antes de la independencia, pero no antes de que Mahatma Gandhi hubiera recordado al subcontinente lo importante que era acertar con el simbolismo.
… Una bandera es una necesidad para todas las naciones. Millones han muerto por ella. Es sin duda una especie de idolatría que sería un pecado destruir. Una bandera representa un ideal. Desplegar la Union Jack evoca en el corazón de los ingleses sentimientos cuya fuerza es difícil de medir. Las barras y estrellas lo son todo para los estadounidenses. La estrella y la media luna suscitarán el mayor coraje en el islam. Será preciso que nosotros los indios, musulmanes, cristianos, judíos, parsis y todos aquellos que consideran la India su patria, reconozcamos una bandera común por la que vivir y morir.
Oficialmente, los colores modernos ya no están vinculados a la religión, pero todos saben que el verde representa el islam y que el azafrán es significativo para los hindúes, los budistas y los jansenistas. Se supone que expresa desapego y renuncia al mundo material, y de ahí que sea el color elegido por muchos monjes budistas, aspirantes a gurú, así como hombres y mujeres bailando de un lado a otro en el centro de las ciudades mientras agitan panderetas y cantan «Hare Krishna». Extraoficialmente, la franja blanca en el medio de la bandera se une al azafrán y el verde en paz.
Por ley, la bandera solo se puede confeccionar con un tipo de tejido indio hilado a mano llamado khadi , que popularizó Gandhi, y su destrucción o profanación se puede castigar hasta con tres años de prisión.

A medida que los momentos más catastróficos del siglo XX caían en el olvido, la bandera japonesa está resurgiendo de las sombras de la época de la guerra. No obstante, incluso hasta 2016, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, sintió la necesidad de emitir una sugerencia «recomendando encarecidamente» que las universidades del país izaran la bandera en los campus.
Después de todo, el sol nunca se pone en el este, y del mismo modo su representación en un trozo de tela para simbolizar la tierra del sol naciente no se va a enterrar en la historia.

Liberia es una excepción a este patrón de rojo, dorado, verde y negro debido a su historia atípica. Su bandera se parece mucho a las barras y estrellas porque el país fue fundado en parte por antiguos esclavos afroamericanos. El nombre de Liberia procede de la palabra latina liber , libre. Los abolicionistas y los esclavos liberados compraron tierras a las tribus locales de la costa occidental de África en las primeras décadas del siglo XIX y después fueron colonizadas por miles de afroamericanos. Al principio, se usó una bandera de estilo estadounidense, pero con una cruz en el área superior izquierda. En 1847, se hizo un llamamiento para obtener una bandera nacional; el resultado final tenía 11 barras, que simbolizaban los 11 hombres que habían firmado la Declaración de Independencia de Liberia, y la cruz se sustituyó por una estrella.
También hay otras excepciones; no rechazan el panafricanismo, una idea que aún se acepta en el continente, sino que suelen ser una respuesta a actos o circunstancias concretos dentro del país. Por ejemplo, la región de África central ha estado plagada de conflictos durante años, sobre todo en la República Democrática del Congo, Ruanda y Burundi. Tras el genocidio de Ruanda en 1994, hubo un acuerdo general sobre la necesidad de una reconciliación nacional.
El rojo, el dorado, el verde y el negro siempre ayudarán a fomentar la idea de unidad en todo el continente, pero en esa inmensa masa continental está la realidad de miles de personas que están forjando la identidad de decenas de naciones, y en medio de las interacciones de poder, política y grupos étnicos, el simbolismo de cada bandera desempeña un papel importante. La dificultad está en consolidar estos emblemas de nación; las nuevas banderas dan a la población algo en torno a lo cual unirse, pero las antiguas identidades pueden seguir y seguirán siendo fuertes.

La wiphala, que se ha convertido en un segundo emblema nacional y también en símbolo de los derechos de los pueblos indígenas a través de los Andes en Ecuador, Perú, Bolivia y Chile. Es una bandera cuadrada que contiene 49 cuadrados en los siete colores del arcoíris. La palabra wiphala proviene de la lengua local, el aimara, y significa sencillamente «bandera». Se debate mucho acerca de las raíces de la bandera y de si los colores están relacionados con el Imperio inca, pero la conclusión es que sus variantes hoy representan a los pueblos indígenas, y ha ido ganando popularidad a lo largo de las últimas décadas a medida que esos pueblos han pasado a estar más organizados políticamente.
En 2009, el presidente Evo Morales, que procede de una familia que habla aimara, decretó que la wiphala debería ondear junto con la bandera nacional roja, amarilla y verde en todos los espacios y edificios públicos, incluidas las escuelas. Esto no sentó demasiado bien en algunas partes del este de Bolivia, donde la mayoría de la población no tiene un origen indígena y donde en algunos sitios el decreto se ha ignorado.
La única bandera nacional que recurre a la iconografía de los pueblos indígenas se halla más al norte, en México. A menudo se dice que la bandera mexicana se parece a la italiana. Sin embargo, no es del todo justo, ya que el origen de las barras verticales verde, blanca y roja de México precede en unas cuantas décadas a la creación de Italia. A pesar de todo, la versión oficial actual se presentó en 1968 porque México iba a acoger los Juegos Olímpicos ese año y quería evitar cualquier tipo de confusión entre las dos; así pues, dispuso que la bandera mexicana debía tener siempre un águila en la franja central blanca, en vez de ser una opción (que es lo que ha sido tradicionalmente). El águila está erguida sobre un cactus en un lago. Lleva una serpiente en la boca. Y detrás de eso se esconde una de las grandes historias del «nacimiento de una nación».
El nombre México proviene de la palabra azteca o náhuatl metzlixcictlico (pronunciación habitual). Los aztecas, que también se autodenominaban «mexicas», llegaron a lo que hoy conocemos como la zona del valle de México en el siglo XIII . Según la leyenda, los sacerdotes aztecas decían que su dios les había dicho que buscaran un lugar nuevo donde vivir. Lo sabrían cuando hubiesen llegado porque verían un águila gigante erguida sobre un cactus. Quién lo iba a decir; ahí estaba, sobre un cactus, en una roca, en una isla, en un lago.
Aquí se pone un poco más complicado, pero los lugareños llamaron al lago Metztli iapan, o «lago de la luna». La isla, suponen los etimólogos, se habría denominado por tanto Metztli iapan ixic, que, para acortar una palabra larga y una historia breve, podría haberse reducido a Mexic-co. Es un «podría» considerable, aparentemente, pero, de cualquier manera, uno no puede imaginarse que cuando los españoles hicieron su aparición trescientos años más tarde se decantarían por la versión original.

¿Por qué la «Jolly Roger» se llama Jolly Roger? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Quizá ninguna de estas frases sea divertida y desde luego los piratas no eran, ni son, ninguna broma. Los asesinos despreciables y ladrones rara vez son graciosos, y, sin embargo, con el paso de los siglos, la bandera con la calavera y las tibias cruzadas…
La Jolly Roger, al igual que otras banderas en este capítulo, se reconoce en todo el mundo; es una de esas que traspasa las fronteras. Las banderas no tienen por qué representar a una nación o una idea política para suscitar emociones y transmitir un mensaje. Podría ser un símbolo de paz, una señal de solidaridad para respaldar a una comunidad internacional o incluso tan solo una forma acertada de desarrollo de marca. Estas banderas representan ideas distintas, pero comparten el factor de reconocimiento, aunque mediante diversos recursos. Existen asimismo otras, como la Jolly Roger, que transmiten un mensaje diferente en función del contexto en que se usan.

Por lo general, las banderas significan identidad; identifican lo que son las personas, pero, de la misma manera, también identifican lo que no son. Por este motivo una bandera nacional o religiosa puede tener tanta influencia en nuestra imaginación y nuestras pasiones. Pero la bandera de las Naciones Unidas no se opone a un enemigo externo, lo que nos dificulta aún más que nos unamos en torno a ella. Tal vez nos falta imaginación para vernos a nosotros mismos como una entidad unida con un fin común.
A todo lo largo del recinto de la sede de las Naciones Unidas, las banderas de los Estados nación del mundo. Están alineadas, una tras otra; representaciones de grupos de personas de cada Estado reconocido internacionalmente en el mundo. Es una afirmación claramente visible y rotunda de nuestra diversidad en el color, la lengua y la cultura, la política y de otra índole, y al mismo tiempo un recordatorio de que podemos unirnos, y que a pesar de todos nuestros defectos, y todas nuestras banderas, somos una familia.

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I’m generally interested in the topic of flags so was happy to pick this up too. It’s strongly written, interesting and full of tidbits that I never would have realised without the book- but there are also some problems here.
The entire ‘Flags of Fear’ section is dominated by flags of militant Islamist groups. The Nazi swastika is discussed in the chapter about Germany’s flag history, but surely belongs here, given the symbol remains common among neo-Nazi groups. Equally, Marshall could have discussed the fascinating history of Northern Ireland and the flags utilised by its militant groups- all of which still have strong meanings and which are being widely discussed again with Brexit on the horizon. He could have discussed the Red Army Faction (Baader Meinhof), which gets a brief mention but isn’t considered in depth- or even FARC, which was significant in world news in 2016. The decision to focus so heavily on fundamentalist Islam flags gives the book a firmly Western centrist outlook- it neglects to comprehend wider realities of so-called ‘revolutionary’ and terrorist groups.
Of course, the very nature of flags is that they draw an emotional response. I don’t think any author could escape criticism on this front- ‘flags’ is not a topic where all corners can be appeased.
My other major issue with the book was that reading the descriptions of the flags was very unfriendly without an image to easily refer to.
That’s not to say I didn’t like this- the author’s knowledge of Western flags is clearly great and I learned more about Middle Eastern and African flags than I had known before- I also learned a lot more about Islamist flags and how these bastardise genuine Islamic messages.
The end focus on flags that are famous while not standing for a nation state, like the Pride flag, was a nice way to end the book. I learned a lot- but in the end, perhaps this topic was too large for a pop-geography book.

Highlights: the Saudi Arabian flag’s nature causes problems when people try to use it as anything other than a flag. For instance, McDonalds tried to put a bunch of flags on their take-home bags during a World Cup, but the Saudis protested – the flag contains the declaration of faith for Islam, so associating that with food wraps meant to be quickly disposed of is a non-starter. A similar problem occurred with soccer balls that included the Saudi flag (among other flag).
There is a funny story about the approval of post-apartheid South African flag. It was faxed to Mandela for his approval, but back in the day faxes were only black-and-white and the flag is multi-colored. So the officials had to rush to the store to get colored pens to fill in the faxed flag design.
Oh, the US flag isn’t supposed to be used in adverts. Yeah, that rule of flag etiquette sure isn’t followed very well.

The meaning of the flag comes from the emotion it inspires. The “old glory,” as Americans know it, speaks to you in a way that a non-American simply cannot share; But we can understand it, because many of us will have similar feelings about our own symbols of nation and belonging. You can have openly positive opinions, or of course negative ones, about what you think your flag represents, but the fact remains: that simple piece of cloth is the incarnation of the nation. The history, geography, citizens and values of a country are all symbolized in the fabric, its shape and the colors with which it is stamped. It is invested with meaning, even if it is different for different people.
What is clear is that these symbols are as important as ever, and, in some cases, more. We are witnessing a resurgence of nationalism, and with it a resurgence of national symbols. At the beginning of this century, it became fashionable in some intellectual circles, to argue that the nation state would weaken in the age of globalization. That vision completely omits the force of identity still present in every nation.
Each of the flags of the world is both unique and similar. They all say something, sometimes maybe too much.
George Orwell’s aphorism that football is a “war without shooting” proved true and, given the instability in the Balkans, the combination of football, politics and the flag could even have led to a real conflict.

Where did those national symbols to which we feel so attached come from? Flags are a relatively recent phenomenon in the history of mankind. Banners and symbols painted on cloth precede flags and were used by ancient Egyptians, Assyrians, and Romans, but what made flags, as we know them today, flourish and spread was the invention of silk by the Chinese. Traditional fabric was too heavy to fly, unfold, and blow in the wind, especially if it was painted; silk was much lighter and made it possible for flags to, for example, accompany troops to the battlefield.
The new cloth and custom spread all over the Silk Road. Arabs were the first to adopt it, and Europeans followed suit after being in contact with them during the Crusades. It was probably these military campaigns, and the great Western armies involved in them, that confirmed the use of heraldry symbols and weapon emblems to help identify the participants.

What does it mean to try to enclose a nation in a flag? It means trying to unite a population around a set of homogeneous ideals, goals, history and beliefs, a practically impossible task. But when passions arise, when the flag of an enemy flies high, at that moment the people flock to their own symbol. The flags have a lot to do with our traditional tribal tendencies and notions of identity: the “us versus them” idea. Much of the symbolism present in the design of flags is based on that concept of conflict and opposition, as observed in the common denominator of red for the blood of the people, for example. But in a modern world struggling to reduce conflict and foster a greater sense of unity, peace and equality, where demographic movements have blurred those lines between “us and them,” what role do flags play today?
We seem to be in the midst of a resurgence of identity politics at the local, regional, national, ethnic and religious levels. Power changes, old certainties disappear and, at such moments, the people look for familiar symbols as ideological underpinnings in an unstable and changing world. The reality of a nation does not necessarily measure up to the ideals embodied in its flag; however, the flag can, as Home Secretary Franklin K. Lane “quoted” the stars and stripes when they say “I am all you think I can be.”
This is a flag: an emblem charged with emotion. It has the ability to evoke and embody feelings so strong that sometimes the people will even follow its colored cloth through the shots and will die for what it symbolizes.

For Americans, seeing their flag outside the country is only a reminder of their commitment in the world, their history in various wars; criticizing their flag fuels the perennial debate in America about isolationism and compromise.
Americans revere their flag in a way that few other peoples do. Its primary colors are its primitive symbol of national identity, and the stars and stripes are sometimes considered an art form. For many Americans, their flag looks a lot like a sacred symbol. It is the representation of what they describe as “a nation under God,” and politicians in the country have frequently paraphrased a few words of Jesus that promote the idea that America is “a shining city on a hill.” True or not, your flag is the subject of songs, poems, books, and works of art. It represents the childhood of the people, their dreams, their original rebellion against tyranny and now their freedoms. Its history is that of the United States itself, and how Americans feel about it represents the history of a nation. No other flag of a country comes close to matching the recognition that the American flag instills, nor the magnitude of negative or positive emotions it evokes.
It took 183 years and numerous versions for the flag to have its current appearance. The current model with its 50 individual five-pointed stars, representing the fifty states of the Union, may not be the last. Prototypes of the flag appeared in the mid-1760s, before the nation was born, and even today we hear echoes of that era in the modern, conservative Tea Party; Its members are named after the original Sons of Liberty organization, which in 1773 threw 342 chests of British tea overboard in Boston Harbor in protest of unfair taxation.
However, the law did not specify which star pattern should be used or whether the bars had to be vertical or horizontal, and to this day the flag is sometimes hung with the vertical bars, as it is not considered wrong. Why the stars? That was not explained at the time, but a 1977 publication by the states of the House of Representatives states that “The star is a symbol of the sky and the divine purpose to which man has aspired since time immemorial.”
The symbolism of the flag’s colors was also not explained. However, they do match those of the Great Seal of the United States, the design of which was commissioned by Congress in 1776. The committee charged with doing so was asked to come up with something that reflected the values of the Founding Fathers. He chose red, white, and blue, and the Great Seal was adopted in 1782. Presenting the seal to the Continental Congress, its secretary, Charles Thomson, said that the colors “are those used on the flag of the United States of America. White signifies purity and innocence. The red, resistance and courage, and the blue means vigilance, perseverance and justice. It is still used to authenticate some federal documents and appears on United States passports.
The anthem stems from a conflict that the British did not start. They were fighting the French in the Napoleonic wars and the conflict reached as far as the New World, because from time to time they looted American ships. President Madison took the opportunity to declare war on Great Britain in 1812.

Laws regarding flag desecration vary from country to country around the world, and the list of those where it is illegal is far from limited to repressive states. There doesn’t seem to be a pattern or grouping for this, although in modern democracies what laws are still on the books are rarely taken as seriously as in dictatorships. The United Kingdom, Australia, Belgium, Canada and Japan, for example, do not have laws prohibiting it, while in Germany, Italy, Austria, Croatia, France, Mexico and New Zealand they do. In Germany, the legislation allows a sentence of up to three years in prison, as is done in China. In France, the maximum penalty is six months.

Red, white and blue: what do they mean to you? The symbol of a modern and dynamic nation-state sure of its identity? Or, to quote actress Emma Thompson in early 2016, a tiny, overcast, miserable, gray island in a rainy corner of some kind of old, pastel-filled Europe? The red, white and blue of the Union Jack could represent the glorious past of a still powerful country, but could once again give rise to a more bitter nickname, as in some parts of Ireland, for example, where it is known as the Butcher’s Apron, symbolizing colonial oppression and a bloody flag.
The vision of the flag of Great Britain in the world was the representation of an island nation with an amazing history. The flag represented British maritime power, empire, scientific advancement and exploration. At the same time, for some it represented the evils of colonialism, and a key piece in a game of rivalry between great powers. It also represented regiments of many colors and that had fought with and for the United Kingdom.
The way it looks now depends on who you ask. In the Palestinian territories, for example, the Union Jack is negatively associated with Britain’s role in the Mandate of Palestine …
Today, the Union Jack is seen around the world in two ways. One, commercially, on billions of T-shirts, record covers, mugs and thousands of products emblazoned with the symbol of the venerable house of the Mother of all Parliaments, the Industrial Revolution and one of the greatest empires ever seen. , but also a wonderful new Britannia of the 21st century. The other way is the same as always: in the flags. Britain’s colonial legacy assumes that the Union Jack continues to flutter in the wind in many nation states, but when it does, it is usually in the canton, or upper left corner, of a flag that remembers the past but looks to its own future.

The flag of the European Union is, and at the same time it is not, the flag of Europe. In fact, it has not been defined that it is actually even a flag.
When is a flag not a flag? At the beginning of what would become the European Union, member states, especially the United Kingdom, feared that it could replace the flags of their nation states, so officially it is’ an emblem that qualifies to be reproduced on rectangular pieces of cloth ». It is a kind of half flag, a Schrödinger flag.
But the European flag, which “represents” only 28 countries, is also that of the Council of Europe, which has 47 member states, including Turkey and Russia (the only missing European country is Belarus).
The blue background and the circle of twelve stars, which now flutter in the buildings of the Council of Europe in all European countries except one, dates from 1955. That year, the Council, which was founded in 1949 to bring together the ‘tribes »Europeans who recently faced each other, finally agreed on a design after rejecting several proposals. The other colors had already been adopted: red for the Soviets, green for Islam, white for surrender, black for mourning, light blue for the United Nations, etc., so it was navy blue. The circle of stars was the brainchild of Arsène Heitz, who worked for the Council’s postal service in Strasbourg and who had sent dozens of designs.
Originally, there had to be fifteen stars for the fifteen members of the Council; however, one of the stars represented the Saarland, then part of France but had previously been part of Germany.
It was pointed out that twelve is a symbol of perfection, that twelve were the apostles of Jesus, twelve the months of the year, twelve the signs of the zodiac, and addition and on. It even pointed to the similarity existing with the description of the Virgin of the Apocalypse in the Book of Revelations, 12, 1: «And a great sign appeared in heaven: a woman clothed with the sun, with the moon under her feet, and a crown of twelve stars on the head ».
The main symbolism of the European flag meant a common European home, for some citizens it now meant other things.

If the Arabs are a nation, then they are a nation of many flags. That many of the flags share the same colors speaks of Arab kinship, but at the same time their diversity tells us that this conceptual nation is divided in many ways. Some of the modern nation states do not have deep roots, and in the next ten years we may see new flags waving in the strong winds that sweep across Arabia.
There are 22 countries in the Middle East and North Africa that could be described as Arab and have a total population of more than 300 million people. They stretch from Morocco on the shores of the Atlantic Ocean, Egypt on the Mediterranean Sea and, east and south, to Kuwait, Oman and the Arabian Sea. There are many different ethnic, religious and linguistic communities in this region, such as the Kurds, Berbers, Druze and Chaldeans, but the two dominant factors are language and religion. The vast majority of these 300 million people speak a version of Arabic and belong to a branch of the Islamic faith.
This explains why the flag of the pan-Arab movement, which tried to overthrow the Turkish government in the Middle East during World War I, was designed in the colors white, black, green and red, all of them important in Islam. Pan-Arabism is a failed political concept, even though there are still those who believe in the cause. The idea is still seen in the colors of many Arab nation-states, notably Syria, Jordan, Yemen, Oman, the United Arab Emirates, Kuwait, Iraq, and the supposed nation-state of Palestine. These colors also give information about many of the flags of non-Arab countries further east that were under the rule of Islam, such as Iran and Afghanistan.
The white corresponds to the Umayyad dynasty, which ruled from Damascus between 661 AD. C. and 750 d. C. and expanded the Islamic Empire to Portugal to the west and Samarkand to the east. It is said that the Umayyads chose white as their color as a reminder of the first great battle of the Prophet at Badr.
The green represents the Fatimid Shiite dynasty of 909-1171, which was founded in North Africa; But green is also increasingly considered the color of Islam because it is said to have been the favorite of the Prophet: tradition has it that he wore a green cloak, and that during the conquest of Mecca his followers flew green flags. To this day, many minarets are still seen around the world with a green light at night. The symbolism of red is not so clear, but many experts believe that it was included in the flag of the Arab Revolt because it was the color of the tribe of Sherif Hussein: the Hashemites.
The Saudi flag is made so that the shahada reads correctly, from right to left, when viewed from either side, and the sword always points in the same direction as the text. It is one of the few flags that is never at half mast, as it would be considered blasphemous. Similarly, it is not often seen on clothing, such as T-shirts or shorts, and there may be a particular problem if it is used in advertising. In 1994, McDonald’s managed to offend many Muslims before the finals of that year’s World Cup by stamping all the flags of the participating countries on their take-out bags. Saudi Arabia pointed out that it was perhaps not in very good taste for one of its sacred dogmas to end up crumpled up and in a trash can. Hundreds of thousands of bags were subsequently removed.
On the eve of the 2002 World Cup finals, FIFA wanted to authorize a soccer ball bearing the flags of all the countries playing that year. The Saudis complained that they did not want an image of their flag to be kicked …

We have become used to seeing this flag in the media; the black background with a white circle where there is a text in Arabic that says: “Muhammad is the messenger of God”, with another line at the top that reads: “There is no god but God.” These two lines make up the shahada, the Muslim profession of faith. The style of the type that appears in the flag of the Islamic State is deliberately crude and fast, unlike the calligraphy used for the shahada in the flag of Saudi Arabia. This can be understood as a message announcing that the IS is ushering in a return to what it sees as the original form of Islam. In this, the Islamic State competes in ideology with the Saudis: both profess an extreme Sunni version of the faith, Wahhabism, and both use it in order to claim legitimacy to represent all of Islam. There are aspects in Saudi Arabia that support the IS, but, at the state level, they remember how, having helped in part to create Al Qaeda, they subsequently suffered a wave of terrorist attacks, because Al Qaeda wanted to destabilize the kingdom and take over.
The Islamic State proclaimed the flag as its banner in 2007, but the use of black and the shahada are pan-Islamic symbols that should not necessarily be associated with terror; the cleverness of the IS is that it has been.
In 2007, the IS ended its declaration on “its” flag with a prayer: “We ask God, praise him, to make this flag the only one for all Muslims.” Of course, the flag could, in theory, be that of all Muslims; luckily, a relatively few show solidarity when it purports to be a sign of support for the Islamic State.

Of the flags of the five Central Asian “istan”, only two feature the crescent, despite the fact that all have a Muslim majority population, albeit with considerable minorities of non-Muslim Russians. They are all old cultures but new states, formed from the collapse of the Soviet Union in 1991. This requires creating nations rather quickly after having been Soviet republics for so many decades. With the end of the great Soviet repression, the elites immediately set about creating their own regional repressions. As almost everywhere, the myth that the “Soviet man” was immortal was erased from the face of culture. The “local man” just woke up from a long nightmare and went on with what he had always been, but with the added complication that the Soviet years had introduced demographic movements that can now provoke regional tensions within the borders of the United States. new states. The most notorious example of this is in the Fergana Valley, where the borders of Tajikistan, Uzbekistan and Kyrgyzstan meet, arbitrarily drawn by the Soviets, in what may be a toxic mix. Here, Turkic peoples encountered Uzbeks, Tajis and Kyrgyz, with sporadic outbreaks of ethnic conflicts over land, as well as disputes over water.
The flag of Turkmenistan wastes, in a good way, symbolism and is almost a work of art. It is an assertion of independence from Moscow in that it owes nothing to Soviet times.
The green and the crescent are clear references to Islam, the dominant religion since the 8th century, but the white of the crescent and the stars is supposed to also convey serenity. The five stars represent the five main regions of Turkmenistan – Ahal, Balkan, Daşoguz, Lebap and Mary. The points of the stars symbolize the five states of matter: solid, liquid, gaseous, crystalline and plasmatic. As if this wasn’t cool enough, the red vertical bar on the left side has five more. On this occasion, it is about five ghouls, symmetrical medallions used in the manufacture of traditional Turkmenistan rugs and that speak for themselves of the nomadic ancestry of the peoples. Carpet making continues, but currently the population is mostly sedentary, not counting the large number of people who move abroad in search of work.

The Indian flag is known as the “tiranga”, which means tricolor. It has three horizontal stripes: saffron at the top, white at the center, and green at the bottom. In the middle is a blue wheel with 24 spokes called a chakra. It is the same design as the wheel found on the abacus of the Sarnath lions capital of the 3rd century BC Emperor Ashoka. C., which ended up becoming the national emblem of India.
The flag was adopted on July 22, 1947, shortly before independence, but not before Mahatma Gandhi had reminded the subcontinent how important it was to get the symbolism right.
… A flag is a necessity for all nations. Millions have died for it. It is certainly a kind of idolatry that it would be a sin to destroy. A flag represents an ideal. Unfolding the Union Jack evokes feelings in the heart of English whose strength is difficult to measure. The stars and stripes are everything to Americans. The star and the crescent will arouse the greatest courage in Islam. It will be necessary for us Indians, Muslims, Christians, Jews, Parsis and all those who consider India their homeland, recognize a common flag by which to live and die.
Officially, modern colors are no longer tied to religion, but everyone knows that green represents Islam and that saffron is significant to Hindus, Buddhists, and Jansenists. It is supposed to express detachment and renunciation of the material world, and hence it is the color of choice for many Buddhist monks, aspiring guru, as well as men and women dancing back and forth in city centers while waving tambourines and chanting. Hare Krishna. Unofficially, the white stripe in the middle of the flag joins the saffron and green in peace.
By law, the flag can only be made from a type of hand-spun Indian fabric called khadi, popularized by Gandhi, and its destruction or desecration is punishable by up to three years in prison.

As the most catastrophic moments of the 20th century fell into oblivion, the Japanese flag is rising from the shadows of wartime. However, even until 2016, Japanese Prime Minister Shinzo Abe felt the need to issue a suggestion “strongly recommending” that the country’s universities raise the flag on campuses.
After all, the sun never sets in the east, and likewise its representation on a piece of cloth to symbolize the land of the rising sun is not going to be buried in history.

Liberia is an exception to this pattern of red, gold, green and black due to its unusual history. Its flag looks a lot like the stars and stripes because the country was founded in part by former African-American slaves. The name of Liberia comes from the Latin word liber, free. Abolitionists and freed slaves purchased land from local tribes on the west coast of Africa in the first decades of the 19th century and were later settled by thousands of African Americans. At first, an American-style flag was used, but with a cross in the upper left area. In 1847, an appeal was made for a national flag; the final result had 11 bars, which symbolized the 11 men who had signed the Declaration of Independence of Liberia, and the cross was replaced by a star.
There are other exceptions too; They do not reject pan-Africanism, an idea that is still accepted on the continent, but are usually a response to specific acts or circumstances within the country. For example, the Central African region has been plagued by conflict for years, particularly in the Democratic Republic of the Congo, Rwanda and Burundi. After the genocide in Rwanda in 1994, there was general agreement on the need for national reconciliation.
Red, gold, green and black will always help to promote the idea of unity throughout the continent, but in that immense continental mass is the reality of thousands of people who are forging the identity of dozens of nations, and in between From the interactions of power, politics and ethnic groups, the symbolism of each flag plays an important role. The difficulty is in consolidating these emblems of the nation; the new flags give the population something to rally around, but the old identities can and will continue to be strong.

The wiphala, which has become a second national emblem and also a symbol of the rights of indigenous peoples across the Andes in Ecuador, Peru, Bolivia and Chile. It is a square flag containing 49 squares in the seven colors of the rainbow. The word wiphala comes from the local language, Aymara, and simply means “flag.” There is much debate about the roots of the flag and whether the colors are related to the Inca Empire, but the conclusion is that its variants today represent indigenous peoples, and it has been gaining popularity over the last decades as that these peoples have become more politically organized.
In 2009, President Evo Morales, who comes from an Aymara-speaking family, decreed that the wiphala should fly along with the red, yellow and green national flag in all public spaces and buildings, including schools. This did not sit too well in some parts of eastern Bolivia, where the majority of the population does not have an indigenous origin and where in some places the decree has been ignored.
The only national flag that uses the iconography of indigenous peoples is further north, in Mexico. It is often said that the Mexican flag looks like the Italian one. However, it is not entirely fair, since the origin of Mexico’s green, white and red vertical bars predates the creation of Italy by a few decades. In spite of everything, the current official version was presented in 1968 because Mexico was going to host the Olympic Games that year and wanted to avoid any kind of confusion between the two; thus, it established that the Mexican flag should always have an eagle in the central white stripe, instead of being an option (which is what it has traditionally been). The eagle is standing on a cactus in a lake. It has a snake in its mouth. And behind that lies one of the great stories of the “birth of a nation”.
The name Mexico comes from the Aztec or Nahuatl word metzlixcictlico (usual pronunciation). The Aztecs, who also called themselves “Mexica”, arrived in what we now know as the Valley of Mexico area in the 13th century. According to legend, the Aztec priests said that their god had told them to find a new place to live. They would know when they got there because they would see a giant eagle perched on a cactus. Who was going to say it; there it was, on a cactus, on a rock, on an island, in a lake.
It gets a bit more complicated here, but the locals called Lake Metztli iapan, or ‘lake of the moon’. The island, the etymologists suppose, would therefore have been called Metztli iapan ixic, which, to shorten a long word and a short history, could have been reduced to Mexic-co. It is a considerable ‘could’, apparently, but, anyway, one cannot imagine that when the Spanish made their appearance three hundred years later they would opt for the original version.

Why is the “Jolly Roger” called Jolly Roger? Nobody knows for sure. Perhaps none of these phrases is funny and of course the pirates were not, and are not, a joke. Despicable murderers and thieves are rarely funny, and yet as the centuries go by, the flag with the skull and crossbones …
The Jolly Roger, like other flags in this chapter, is recognized throughout the world; It is one of those that crosses borders. Flags do not have to represent a nation or a political idea to elicit emotions and convey a message. It could be a symbol of peace, a sign of solidarity to support an international community, or even just a successful form of branding. These flags represent different ideas, but share the recognition factor, albeit through various resources. There are also others, such as the Jolly Roger, which convey a different message depending on the context in which they are used.

In general, flags signify identity; they identify what people are, but, in the same way, they also identify what they are not. For this reason, a national or religious flag can have such an influence on our imagination and our passions. But the flag of the United Nations is not opposed to an external enemy, which makes it even more difficult for us to rally around it. Perhaps we lack the imagination to see ourselves as a united entity with a common purpose.
Throughout the compound of the United Nations headquarters, the flags of the nation states of the world. They are lined up, one after another; Representations of groups of people from each internationally recognized State in the world. It is a clearly visible and resounding affirmation of our diversity in color, language and culture, politics and otherwise, and at the same time a reminder that we can come together, and that despite all our shortcomings, and all our flags, we are a family.

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