Diario De Corea Del Norte — Michael Palin / North Korea Journal by Michael Palin

Este libro está basado en el viaje de dos semanas de Michael Palin a Corea del Norte, donde filmó una miniserie. Es una buena lectura. He visto muchos documentales de Corea del Norte porque encuentro el país fascinante, así que realmente no obtuve ninguna información nueva al leer este libro. Sin embargo, me gustó escuchar sobre sus conversaciones con las personas que vivían allí, y cómo intentaba hacer preguntas a escondidas que no se le permitía hacer.
Es un libro corto con muchas imágenes (que son una ventaja absoluta) y está destinado a ser una pieza complementaria para el documental que Palin y el equipo filmaron en Corea del Norte en 2018. He visto el documental y vale la pena verlo. Este y el libro se enriquecen muy bien, el documental muestra los lugares y el libro revela los pensamientos e impresiones de Palin durante el viaje.
Como sugiere el nombre, Diario de Corea del Norte es un diario de viaje, hay algunos hechos básicos que se incluyen en el texto cuando es necesario para dar contexto, pero no trata de decirle al lector todo sobre Corea del Norte, solo lo que Palin vio allí durante dos semanas de filmación. Sigue siendo interesante, ¡no me malinterpretes! Después de leer y ver muchos libros y programas de este país, ¡una apariencia ligeramente diferente es bienvenida!.

A medida que nos acercamos a Pyongyang, encontramos las primeras muestras de industria, pero es de otra época. Fábricas de ladrillo con chimeneas muy altas, algún almacén de vez en cuando, playas de maniobras y vías secundarias.
Grandes bloques de viviendas se erigen pintados con colores pálidos. Los rostros de los Grandes Líderes, siempre del mismo tamaño, siempre uno junto al otro y siempre cuidadosamente enmarcados, sonríen desde sus carteles con una expresión paternal, tan amenazadores como el anuncio de una óptica. En ocasiones, sus retratos están acompañados por los símbolos heráldicos del régimen: un martillo, una hoz y un pincel de caligrafía; industria, agricultura y cultura.
En las calles casi no hay coches privados, pero sí una gran variedad de medios de transporte público, incluidos tranvías de dos vagones, autobuses y una red de metro. El metro de Pyongyang, que se inauguró hace cincuenta años, consta ahora de diecisiete estaciones. Entramos por la estación Yonggwang («Gloria»). Sobre la entrada hay un póster de propaganda grande y llamativo que muestra a un grupo de ciudadanos idealizados —un arquitecto, un soldado, un granjero y un obrero que sostiene un libro en alto— que avanzan con decisión con los ojos puestos en algún distante horizonte socialista.
No he visto ni rastro de anuncios de bienes de consumo. Aquí solo se venden ideas. Bajo los anchos escalones de la estación, una dama impasible revisa mi billete y subo a la escalera mecánica. Hasta ahora, nadie nos ha prestado la menor atención.
Hay un largo trecho hasta los andenes. Nick me dice que el motivo es que las estaciones se diseñaron para servir también como refugios antiaéreos, aunque ninguno de nuestros acompañantes está dispuesto a confirmarlo. Sin embargo, las estaciones no son en absoluto anodinas ni meramente funcionales.

Me sorprende lo pequeña y compacta que es la capital. Y no es ni mucho menos tan anodina como me había parecido esa misma mañana desde mi ventana. Muchos de los edificios están pintados en diversos tonos pastel: verde, rosa, rojo suave o azul pálido, por ejemplo. Hay un puñado de edificios futuristas dispersos aquí y allá, como, por ejemplo, el hotel Ryugyong y los enormes arcos del estadio Rungrado Primero de Mayo…

La música se considera un elemento muy importante para la unidad del partido y se emite desde altavoces colocados por toda la ciudad para motivar a las masas; eso explica que se reproduzca tan temprano y resuene por toda la ciudad cada hora en punto, hasta que la gente está en el trabajo.
Me llama la atención un salón de belleza que también es una barbería. En la entrada hay un cartel que muestra los quince peinados aprobados por el régimen. No está permitido que los hombres norcoreanos se dejen crecer el cabello más de cinco centímetros, a menos que sean calvos, en cuyo caso se les permite llevarlo más largo y peinarlo sobre la calva. Todos los estilos, que se muestran mediante figuras en escorzo, parecen exactamente el mismo: corto y pulido. Por lo que veo, ninguno de ellos se atreve a imitar el distintivo corte de pelo del actual líder del país.

Aprendo que lo que llamamos la Guerra de Corea aquí se conoce como la Guerra de Liberación de la Patria Victoriosa. Nosotros consideramos que empezó en junio de 1950, cuando setenta y cinco mil soldados del Ejército Popular de Corea del Norte cruzaron el paralelo 38 y entraron en Corea del Sur. Los norcoreanos consideran que la guerra comenzó un mes después, cuando las tropas estadounidenses invadieron el norte. No menciona que se trató de una fuerza de las Naciones Unidas. El gran enemigo es Estados Unidos, no el resto del mundo.

Con el paso de los días, comprendí que mis ideas preconcebidas no eran correctas. Los norcoreanos con los que me he topado no son autómatas malignos. Están cautivos en un sistema que exige lealtad absoluta, pero que, a cambio, les ofrece seguridad, y, dentro de unos estrechos confines, brinda a algunos la oportunidad de disfrutar de la vida y destacar. Los que hemos conocido, y aquellos con los que nos hemos cruzado mientras se ocupaban de los quehaceres de su vida cotidiana, no estaban destrozados ni humillados, sino orgullosos de su país y agradecidos porque nos interesáramos tanto por su estilo de vida.

Muchos de los desafíos a los que nos enfrentamos fueron los problemas del día a día que cabe esperar en un país pobre como Corea del Norte. Fuera de Pyongyang, conducir no era una experiencia agradable; las carreteras estaban desniveladas y llenas de baches. Dudo que en ningún momento condujéramos a más de 30 o 50 kilómetros por hora, lo que hizo que hasta los trayectos más cortos se convirtieran en sesiones de tortura de baja intensidad, pero de tres o cuatro horas de duración. Y una vez llegamos al campo, descubrimos que el suministro de electricidad era, en el mejor de los casos, irregular; a menudo, los hoteles se sumían en la oscuridad durante la cena o mientras nos lavábamos los dientes por la noche.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/11/22/erebus-la-historia-de-un-barco-michael-palin-erebus-the-story-of-a-ship-by-michael-palin/

https://weedjee.wordpress.com/2021/07/23/diario-de-corea-del-norte-michael-palin-north-korea-journal-by-michael-palin/

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This book is based on Michael Palin’s two week trip to North Korea, where he filmed a mini-series. It’s a good read. I’ve watched many North Korean documentaries because I find the country fascinating, so I didn’t really get any new information by reading this book. However, I did like hearing about his conversations with the people who lived there, and how he would try and sneak questions in which he wasn’t allowed to ask.
It’s a short book with a lot of pictures (which are absolute plus) and meant to be companion piece for the documentary Palin and crew filmed in North Korea in 2018. I’ve seen the documentary and it’s worth seeing. It and this book enrich each other nicely, documentary shows the places and the book reveals Palin’s thoughts and impressions during the trip.
Like the name suggests, North Korea Journal is a travelogue, there are some basic facts dropped in the text when needed to give some context but it’s not trying to tell the reader everything about North Korea, just what Palin saw there during two weeks of filming. It’s still interesting, don’t get me wrong! After reading and watching many books and programmes of NK, a slightly different look is welcome!.

As we get closer to Pyongyang, we find the first signs of industry, but it is from another era. Brick factories with very tall chimneys, a warehouse from time to time, shunting yards and back roads.
Large blocks of flats are painted in pale colors. The faces of the Great Leaders, always the same size, always next to each other and always carefully framed, smile from their posters with a fatherly expression, as threatening as an advertisement for an optician. On occasion, his portraits are accompanied by the heraldic symbols of the regime: a hammer, a sickle, and a calligraphy brush; industry, agriculture and culture.
There are almost no private cars on the streets, but there are a wide variety of means of public transport, including two-car trams, buses and a subway network. The Pyongyang subway, which opened fifty years ago, now consists of seventeen stations. We entered through Yonggwang (“Glory”) Station. Above the entrance is a large and gaudy propaganda poster depicting a group of idealized citizens – an architect, a soldier, a farmer, and a worker holding a book aloft – walking decisively with their eyes fixed on some distant horizon. socialist.
I have not seen a trace of advertisements for consumer goods. Only ideas are sold here. Under the wide steps of the station, an impassive lady checks my ticket and I climb the escalator. Until now, no one has paid us the slightest attention.
It’s a long way to the platforms. Nick tells me the reason is that the stations were designed to double as bomb shelters, although none of our chaperones are willing to confirm this. However, the stations are by no means nondescript or merely functional.

It amazes me how small and compact the capital is. And it’s not nearly as bland as it had seemed to me that morning from my window. Many of the buildings are painted in various pastel shades: green, pink, soft red or pale blue, for example. There are a handful of futuristic buildings scattered here and there, like, for example, the Ryugyong hotel and the huge arches of the Rungrado May Day stadium …

Music is considered a very important element for party unity and is broadcast from loudspeakers placed throughout the city to motivate the masses; That explains why it plays so early and resonates throughout the city every hour on the hour, until people are at work.
I am struck by a beauty salon that is also a barber shop. At the entrance there is a poster showing the fifteen hairstyles approved by the regime. North Korean men are not allowed to grow their hair longer than two inches, unless they are bald, in which case they are allowed to wear it longer and comb it over their bald spot. All styles, shown by foreshortened figures, look exactly the same – short and polished. From what I see, none of them dare to imitate the distinctive haircut of the current leader of the country.

I learn that what we call the Korean War here is known as the War of Liberation for the Victorious Fatherland. We consider that it began in June 1950, when 75,000 soldiers of the North Korean People’s Army crossed the 38th parallel and entered South Korea. North Koreans believe that the war began a month later, when American troops invaded the north. It does not mention that it was a United Nations force. The great enemy is the United States, not the rest of the world.

As the days went by, I realized that my preconceptions were not correct. The North Koreans I have come across are not evil automata. They are held captive in a system that demands absolute loyalty, but in return offers them security, and, within narrow confines, gives some the opportunity to enjoy life and shine. Those we have met, and those we have come across while going about the chores of their daily lives, were not shattered or humiliated, but rather proud of their country and grateful that we cared so much about their lifestyle.

Many of the challenges we faced were the day-to-day problems to expect in a poor country like North Korea. Outside of Pyongyang, driving was not a pleasant experience; the roads were uneven and full of potholes. I doubt that at any time we drove more than 30 or 50 kilometers per hour, which turned even the shortest journeys into low intensity torture sessions, but lasting three or four hours. And once we got to the field, we discovered that the electricity supply was, at best, irregular; hotels often went dark at dinner or while brushing our teeth at night.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/11/22/erebus-la-historia-de-un-barco-michael-palin-erebus-the-story-of-a-ship-by-michael-palin/

https://weedjee.wordpress.com/2021/07/23/diario-de-corea-del-norte-michael-palin-north-korea-journal-by-michael-palin/

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