Son Molinos, No Gigantes: Cómo Las Redes Sociales Y La Desinformación Amenazan A Nuestra Democracia — Irene Lozano / They’re Windmills, Not Giants: How Social Media And Disinformation Threaten Our Democracy by Irene Lozano (spanish book edition)

Interesante libro, el problema es la cantidad de libros sobre el tema, sin embargo este breve libro es interesante para seguir profundizando sobre el tema.

Los reaccionarios no solo se dirigen hacia el objetivo inmediato, también van construyendo la arquitectura de la polarización. Esta se fundamenta en tres objetivos. El primero, erosionar el debate público, debilitarlo como vehículo racional para la toma de decisiones: al contaminarlo con falsedades y desinformación lo inhabilitan como herramienta esencial de la democracia. En segundo lugar, exacerban la polarización y la división en la sociedad. En este debate descubrimos que empleábamos nombres distintos para la misma medida.
La arquitectura de la polarización que están levantando los reaccionarios se apuntala con un tercer elemento: la desconfianza hacia las élites, ya sean políticas, educativas, periodísticas o académicas. Todo lo que sirva para restar credibilidad a aquellas instituciones que tradicionalmente dispensaban el conocimiento —y, sin duda, la educación es la principal— forma parte esencial de su estrategia. Conseguir que el ciudadano de a pie se sienta engañado por la élite educativa o política es el objetivo. Los reaccionarios lo llevan a cabo mediante teorías conspirativas y, en cada acontecimiento, atribuyen a las despreciables élites progresistas la voluntad de poner otra pieza más en el engranaje para manipular a los desavisados ciudadanos.
Cuando empezamos a utilizar distintas palabras para nombrar lo mismo o creemos ciertas falsedades, corremos el riesgo de quebrar los consensos más básicos de la sociedad. El más elemental, el consenso sobre el significado de las palabras, está en peligro.

El malestar político es la secuela del malestar material y la desigualdad. La crisis económica y financiera mundial que comenzó en 2008 dejó un reguero de damnificados que no solo perdieron calidad de vida, sino que dejaron de confiar en las élites. En la renacionalización del discurso político que se está dando en distinto grado en numerosos países occidentales se encuentran las tres características del retorno del tribalismo político. En primer lugar, la visión tribal antepone la idea de identidad a la idea de humanidad, lo cual incluye establecer una clara diferencia entre «ellos» y «nosotros», sin que importe mucho quiénes son «ellos» y quiénes «nosotros» en cada momento.
En segundo lugar, la visión tribal del mundo defiende la sociedad cerrada frente a las sociedades abiertas, lo cual pasa por apegarse a las fronteras nacionales como solución a todos los problemas, si bien en distinto grado: vigilancia férrea (Donald Trump en Estados Unidos), restablecimiento (Brexit), exaltación como elemento clave de un discurso xenófobo (Vox); o bien establecerlas allí donde nunca existieron (independentismo catalán). Por último, la tribu se presenta como contraria al sistema y saca partido de su carácter marginal y outsider.
Por último, la visión tribal necesita de los mitos, en un sentido nada peyorativo: mitos como narraciones que aglutinan a la tribu y le explican el mundo. Desde la Antigüedad clásica, los mitos constituyen una forma de conocer la realidad que nos rodea. El mito de Pandora, por ejemplo, se crea, según el poeta Hesíodo, como castigo impuesto por Zeus a los hombres ante el robo del fuego perpetrado por Prometeo. Pandora, hecha con barro, al contrario que Eva, que en la cultura bíblica surge de la costilla de Adán, tiene el mismo fin de alimentar la mirada misógina del mundo: explicar la presencia del mal, o de algunos males, según observa el filólogo Carlos García Gual. Pandora, con su gracia erótica y su pericia para manejar el telar, representa el rol reproductor y doméstico de la mujer y su estigmatización; a diferencia de Eva, que en la mitología cristiana se limita a un aspecto moral, en el caso de Pandora es la causa de todos los males.
En momentos de profunda incertidumbre, como los actuales, la verdad puede hacerse inmanejable. Si estamos a la intemperie, si el mundo es volátil e imprevisible, como en efecto es, los mitos nos dan la ilusión de manejabilidad. Nos dispensan certezas rotundas que podemos comprender y organizar. Se trata de una ilusión, pero nos hacen creer que tenemos algún entendimiento del mundo, algún control. El eslogan triunfante de la campaña del Brexit, «Take back control» (recuperemos el control), apelaba justamente a esa necesidad de creencias firmes en medio de un mundo cambiante, imprevisible y que el ciudadano de a pie no logra ni siquiera entender. Prometía a los británicos que recuperarían el control de sus vidas y del futuro con un solo acto directo y simple: votar por la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE). La oferta resultó tan tentadora y la maquinaria de propaganda, tan eficaz, que el Brexit se aprobó en referéndum.

Uno de los bienes intangibles más relevantes que los gobernantes garantizan a los ciudadanos es la seguridad, entendida en el sentido más amplio posible.
Una tribu que basa su conocimiento del mundo en fortalecer la identidad propia, mantener una sociedad cerrada y cobijarla con el cálido abrigo de mitos, obviamente, prescinde de la ciencia y de los hechos. Hasta tal punto es necesario para los líderes tribales primar la creencia sobre el conocimiento racional que esto se convierte en un rasgo estructural de la nueva arquitectura social. La ola reaccionaria quiere tribus, y estas se caracterizan por tres rasgos: se trata de sociedades identitarias, cerradas y supersticiosas. Con cada falsedad, los reaccionarios no solo atacan, inventan o distorsionan una realidad, sino que además erosionan un método: el método científico, que protegía nuestras opiniones obligándonos a fundarlas en hechos. Lo contrario es una forma de abordar el conocimiento que lo desliga de la realidad y lo vincula al poder. Si la demostración científica no sirve para acreditar que podamos declarar algo como verdadero, si los hechos tienen el mismo valor que los «hechos alternativos», si una creencia goza del mismo respeto que un hecho empírico, entonces la visión del mundo que prevalezca no será la más fiel a la realidad, sino la que imponga quien tenga más poder y dinero para lograr el predominio de su relato, nombre amable que hemos dado a las creencias de un grupo social poderoso. Sin embargo, no todo empieza y acaba en el poder y el dinero. Los medios de comunicación, sumidos en el torbellino desencadenado por los cambios impuestos por las tecnologías, constituyen también una pieza clave para contribuir a fortalecer determinados relatos. Asistimos a un fenómeno insólito —por su magnitud—, cómo los medios son manipulados por distintos grupos de intereses de todo tipo.
Tradicionalmente, había que saber leer los medios para no dejarse manipular demasiado por su visión, o había que informarse en varios de distinta tendencia para tener el dibujo completo de una situación.
El concepto de Alt-Right o derecha alternativa ha sido acuñado por Richard Spencer, considerado un racista académico que, según el SPLC, intenta dotar de argumentos intelectuales al supremacismo blanco. Steve Bannon, el estratega político que colaboró en la campaña electoral de Trump, dirigió el portal Breitbart News , considerado la plataforma de la derecha alternativa.
La Alt-Right se basa en dos ejes: rechazo a la inmigración como amenaza al predominio demográfico blanco y al establishment político. Ambos sentimientos conectan con la campaña electoral de Trump, que lanzó guiños a ese colectivo con su retórica divisiva y contratando a Steve Bannon, que fue su estratega jefe en la Casa Blanca hasta que fue despedido por el propio presidente en 2107.
Bannon, hasta su detención, ha estado al frente de The Movement, una organización con base en Bruselas que alienta el euroescepticismo, el identitarismo y el populismo de derechas en Europa. Asesora a la mayoría de las expresiones de ultraderecha en el continente, incluyendo al partido español Vox, la Liga de Italia y la Agrupación Nacional de Francia. Esta última, que lidera Marine Le Pen, es una de las expresiones más significativas de la corriente en Europa. En Austria e Italia han conseguido formar parte del Gobierno al igual que en Estonia, Bulgaria y Finlandia. En Polonia y Hungría gobiernan con mayoría parlamentaria.

Las costuras de las sociedades se rompen por el lugar donde históricamente tienen una mayor debilidad: el Reino Unido, con su histórico aislacionismo; España, con su tradicional problema de regionalismos y nacionalismos; y el propio Estados Unidos, con su sentimiento de pérdida del papel de potencia mundial.
Joker , la película de Todd Phillips, refleja a la perfección cómo nos sentimos, y revela que el conocimiento del mundo se sitúa en el centro del problema. Arthur, el protagonista, es un payaso que aspira a ser un gran comediante, pero que padece graves problemas psiquiátricos y, al carecer de apoyo social, se convierte en marginal. Poco a poco, como consecuencia de la enfermedad, acaba entrando en una espiral de violencia que lo lleva a convertirse en el líder involuntario de una revolución contra los poderosos. El personaje presenta una clara actitud rupturista al impulsar un levantamiento que rompe con el sistema. Pone de manifiesto el malestar de esa sociedad ante el cúmulo de injusticias sociales y económicas que fomentan la ruptura del contrato social, pero lo más señalado de este Joker revolucionario es que provoca el levantamiento social sin querer, sin saber y sin tener alternativa.

Nuestra disposición a creer aquello que nos resulta más cercano, porque lo tenemos más disponible, es una forma de actuar que se describe como sesgo de disponibilidad o WYSIATI (What you see is all there is ), algo así como «lo que ves es todo lo que hay», en esto creo.
La idea de que estamos ciegos ante nuestra ceguera expresada por Kahneman es la misma enunciada por Sócrates en su célebre máxima: «Solo sé que no sé nada». La sabiduría consiste en reconocer las limitaciones de nuestra racionalidad, es decir, tomar conciencia de nuestra propia ceguera.
La importancia de no incurrir en el prejuicio parroquial y personal ya aparece en los albores de la cultura occidental como ejemplo de racionalidad y resulta la mejor herramienta de que disponemos contra el odio y los bulos de las redes. La importancia de este control mutuo de los distintos puntos de vista ligados a la vitalidad del debate público nos vuelve a recordar el carácter social de la razón. Aquello que intentó salvar Platón reaparece en el siglo XXI con la teoría argumentativa de la razón, que nos ilustra sobre cómo hacer un uso más fructífero de las enormes cantidades de información de que disponemos, antes de que nos arrollen.
Para la vida hipersocial del ser humano resulta crucial compartir información en grandes cantidades, mucho mayores que las intercambiadas por otras especies. No solo necesitamos adquirir grandes dosis de conocimiento para hacernos adultos y manejarnos adecuadamente en sociedad, sino que también necesitamos identificar y evaluar las propias fuentes del conocimiento, cuáles son fiables y cuáles no. Para ello hemos de aprender un mecanismo básico: el de la confianza. Cómo depositarla, en quién y en quién no; por qué y por qué no. La teoría interactiva de la razón vincula una gran parte de nuestros mecanismos razonantes a ese conocimiento relativo a la confianza y cómo administrarla.
Algunas fuentes obtienen nuestra confianza de forma inmediata (nuestros padres, nuestros amigos) y, por lo tanto, cuando nos transmiten información tenemos muchas más probabilidades de creerla. Sin embargo, también ha sido necesario para los seres humanos desarrollar mecanismos que suplan la existencia de confianza cuando los individuos no se conocen o se conocen poco y, por tanto, no hay una relación que haya permitido desarrollarla. Esos mecanismos los constituyen los argumentos y las justificaciones, es decir, las dos funciones básicas que Sperber y Mercier le atribuyen a la razón.

El populismo no es, como pretenden algunos, una simple exaltación de lo emocional y lo falso frente a la política tradicional, racional y honesta. El malestar con la política se debe a un fallo de la razón individual y la colectiva, esto es, a una crisis de vigilancia epistémica, en el sentido de que se produce en comunidades políticas que han sufrido una crisis aguda de confianza en sus élites políticas cuando los mecanismos de vigilancia epistémica individuales y colectivos quedaban simultáneamente desmantelados. Esto ha llevado a mucha gente a depositar su confianza en actores políticos ajenos al establishment , mientras, por otro lado, las instituciones de vigilancia epistémica colectivas quedaban no solo afectadas también por la pérdida de confianza en todo lo institucional, sino muy mermadas en su capacidad de ejercer esa vigilancia a causa de los cambios tecnológicos. En los últimos años, todas las sociedades occidentales se han visto en esa posición de vulnerabilidad.

Conviene distinguir varios aspectos del proceso de informarse que han cambiado con motivo de la revolución tecnológica. Son al menos tres: la atención, la arquitectura de la información y la autoridad de las fuentes. En mayor o menor medida, también se han visto influidos por aspectos culturales y político-económicos.
En primer lugar, postula «la contribución directa de la libertad de expresión en general y la libertad de prensa en particular a la calidad de nuestras vidas». Con respecto a la prensa, afirma que «tiene un papel informativo clave en la difusión del conocimiento y en el fomento del escrutinio crítico» y «una importante función protectora al dar voz a los olvidados y desfavorecidos». Defiende «la formación en valores, informada y libre, para la que es necesaria la apertura en la comunicación y el debate. La libertad de prensa es crucial en este proceso» para «facilitar el razonamiento público en general».
El segundo fenómeno es el denominado «torrente de información». En lo que se refiere solo a las noticias —es decir, a lo supuestamente relevante en términos de debate público y democracia—, el aluvión de datos ha transformado el modo en que nos informamos.
El debate, el de las noticias falsas, tiene dos vertientes: la primera es si los social media son medios de comunicación o plataformas donde los usuarios intercambian los contenidos que desean, al margen de su veracidad. La segunda línea es más interesante para los propósitos de este trabajo, y versa sobre si medios sociales como Facebook deberían ayudar a los usuarios a identificar las noticias falseadas difundidas a través de la red. Aunque Facebook se ha resistido, finalmente ha anunciado su disposición a colaborar para ayudar a los usuarios a identificar las informaciones fraudulentas, lo que equivaldría a un empujoncito a la hora de elegir cómo informarse. También Google ha anunciado distintas herramientas para ayudar a los usuarios a identificar las noticias falseadas, o bien para identificar aquellas que han sido verificadas por los especialistas de medios reputados como PolitiFact o The Washington Post.
El antiguo diario pertenece, sin ningún género de dudas, al lenguaje escrito (y no oral). Parece una obviedad decir que un periódico está escrito, pero algo característico de ciertos medios sociales (como Facebook, Twitter y, especialmente, WhatsApp) es la confusión entre lenguaje oral y escrito. Dicho de otro modo, los rumores infundados, las apreciaciones personales de amigos, que antes llegaban a nuestros oídos en forma de lenguaje verbal, ahora llegan por los mismos cauces que las informaciones contrastadas de forma profesional. La situación sentimental de alguien del entorno cercano a un usuario de Facebook o Twitter convive temporalmente con una declaración institucional de un jefe de Estado. En la tradición occidental, la diferencia de credibilidad entre lo oral y lo escrito ha sido uno de los indicadores fundamentales para que nuestros mecanismos de vigilancia epistémica atribuyeran mayor veracidad a una noticia impresa que a un rumor escuchado verbalmente. Esta confusión también ha producido un desarme en la ciudadanía.

La programación del algoritmo permanece en la más absoluta opacidad, y resulta imposible que la sociedad comprenda cómo funciona y hasta qué punto la manera en que está diseñado daña el debate público.
Estamos mejor informados y somos más manipulables que nunca. Como la realidad se ha vuelto tan compleja e inabarcable, la mayoría de nosotros estaremos muy bien informados en algunos aspectos (los que atraigan nuestro interés o preocupación) y seremos muy manipulables en aquellos a los que solo podamos dedicar una atención pobre y fragmentada. Dado que en la discusión democrática el ciudadano no puede estar al tanto de todo lo que ocurre ni conocer todas las cuestiones que se someten a votación o lo que verdaderamente hay en juego en cada debate, es necesario poder confiar en ciertas autoridades y sería bueno que estas instituciones trabajaran por restablecer su prestigio social.

El cúmulo de cambios ha tenido dos consecuencias últimas: los medios de comunicación tradicionales han perdido su papel de vigilantes epistémicos, al tiempo que, en el plano individual, también se ha producido el desmantelamiento de los criterios por los que los individuos llevaban a cabo esta vigilancia. Este proceso de desarme individual está estrechamente ligado al empobrecimiento de la atención propio de las sociedades saturadas de información.
La vigilancia va de la mano de la confianza, de tal modo que el aumento de la desconfianza hacia determinadas instituciones que hemos visto en los últimos tiempos, así como un creciente incremento de la desconfianza interpersonal han agravado la crisis epistémica.
El populismo se beneficia de la crisis de vigilancia epistémica, en su doble vertiente, social e individual, y busca el control del discurso, puesto que este es el ámbito que le es beneficioso, y no el de las ideas ni el de las realizaciones. Se suele decir que es emocional y desprecia la razón, lo cual es cierto, pero no por los motivos a los que se alude (el manejo de las emociones es consustancial a la política y a la vida y estas conviven con las razones), sino porque deja de utilizar la razón de forma argumentativa, es decir, en la manera en que es más productiva, más eficiente y más beneficiosa socialmente. El populismo no argumenta, narra. Cuenta historias. Y su capacidad de hacerlo es ilimitada, ya que no tiene propósitos éticos, sino fines de poder. El populismo, mediante narraciones, captura con más eficacia la imaginación de los ciudadanos y deja de lado la racionalidad y su función primordial de argumentación social, imprescindible para la cooperación humana y la toma de mejores decisiones para el avance de las sociedades.

El 30 de junio ya eran 130 empresas en total, cuya retirada provocó que las acciones de la empresa de Mark Zuckerberg bajaran un 8 %, lo cual supuso restar en un día 56.000 millones de dólares (casi 49.000 millones de euros) de su valor y una pérdida de 7.200 millones (unos 6.300 millones de euros) de fortuna personal de su presidente. En pocas semanas, cualquier ambigüedad discriminatoria se ha vuelto intolerable. Al mismo tiempo, a Zuckerberg le ha pasado factura su pasividad desde que Trump usara a su favor la plataforma en las presidenciales de 2016 para desincentivar el voto y sembrar de noticias falsas y desinformación la red social.
El derecho a recibir información veraz se gana cada día. Estos hechos son una prueba de que la sociedad libre, aunque atraviese una crisis del conocimiento, tiene recursos no solo para luchar contra el algoritmo que quiere confundirnos respecto a lo que es ficción y lo que es realidad. Aunque el esfuerzo parezca desmedido, es posible recuperar el sentido con el optimismo de la voluntad. Se hace evidente, una vez más, la afirmación de Rita Levi-Montalcini, Nobel de Medicina: «Si asumimos una visión catastrofista del ser humano, estamos acabados. La vida se hace inútil. Yo también me siento interiormente incapaz de ser optimista, pero hay que serlo, cueste lo que cueste». Hagamos la vida útil entonces, buscando la verdad, y teniendo presente que al defender la verdad estaremos protegiendo asimismo a la democracia.

Libros de la autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/04/26/no-mi-general-irene-lozano/

https://weedjee.wordpress.com/2018/02/07/el-saqueo-de-la-imaginacion-irene-lozano-the-plundering-of-the-imagination-by-irene-lozano-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2019/02/22/manual-de-supervivencia-pedro-sanchez-castejon-survival-guide-by-pedro-sanchez-castejon-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/07/12/son-molinos-no-gigantes-como-las-redes-sociales-y-la-desinformacion-amenazan-a-nuestra-democracia-irene-lozano-theyre-windmills-not-giants-how-social-media-and-disinformation-threate/

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Interesting book, the problem is the number of books on the subject, however this short book is interesting to continue deepening on the subject.

The reactionaries are not only heading towards the immediate goal, they are also building the architecture of polarization. This is based on three objectives. The first, eroding public debate, weakening it as a rational vehicle for decision-making: by contaminating it with falsehoods and misinformation, they disable it as an essential tool of democracy. Second, they exacerbate polarization and division in society. In this discussion we discovered that we used different names for the same measure.
The architecture of the polarization that the reactionaries are building is underpinned by a third element: distrust of the elites, be they political, educational, journalistic or academic. Anything that serves to diminish the credibility of those institutions that traditionally dispensed knowledge – and, without a doubt, education is the main one – is an essential part of their strategy. Getting the ordinary citizen to feel cheated by the educational or political elite is the goal. The reactionaries carry it out through conspiracy theories and, in each event, attribute to the despicable progressive elites the willingness to put yet another piece in the gear to manipulate the unsuspecting citizens.
When we start using different words to name the same thing or we believe certain falsehoods, we run the risk of breaking the most basic consensus of society. The most elementary, the consensus on the meaning of the words, is in danger.

Political unrest is the sequel to material unrest and inequality. The global economic and financial crisis that began in 2008 left a trail of victims who not only lost quality of life, but also stopped trusting the elites. In the renationalization of political discourse that is taking place to varying degrees in many Western countries are the three characteristics of the return of political tribalism. First, the tribal view puts the idea of identity before the idea of humanity, which includes making a clear difference between «them» and «us», regardless of who «they» and who «we» are in each. moment.
Second, the tribal vision of the world defends the closed society against open societies, which means sticking to national borders as a solution to all problems, albeit to a different degree: iron vigilance (Donald Trump in the United States) , reinstatement (Brexit), exaltation as a key element of a xenophobic discourse (Vox); or establish them where they never existed (Catalan independence). Finally, the tribe presents itself as contrary to the system and takes advantage of its marginal and outsider character.
Finally, the tribal vision needs myths, in a non-pejorative sense: myths as narratives that unite the tribe and explain the world to it. Since classical antiquity, myths have been a way of knowing the reality that surrounds us. The myth of Pandora, for example, is created, according to the poet Hesiod, as a punishment imposed by Zeus on men for the theft of fire perpetrated by Prometheus. Pandora, made with clay, unlike Eve, which in biblical culture arises from Adam’s rib, has the same purpose of feeding the misogynistic view of the world: explaining the presence of evil, or of some evils, according to the philologist Carlos García Gual. Pandora, with her erotic grace and her expertise in handling the loom, represents the reproductive and domestic role of women and her stigmatization; Unlike Eva, who in Christian mythology is limited to a moral aspect, in the case of Pandora she is the cause of all evil.
In moments of deep uncertainty, such as today, the truth can become unmanageable. If we are out in the open, if the world is volatile and unpredictable, as it indeed is, myths give us the illusion of manageability. They give us resounding certainties that we can understand and organize. It is an illusion, but they make us believe that we have some understanding of the world, some control. The triumphant slogan of the Brexit campaign, «Take back control» (let’s regain control), appealed precisely to that need for firm beliefs in the midst of a changing, unpredictable world that the ordinary citizen cannot even understand. He promised the British that they would regain control of their lives and the future with a single direct and simple act: voting for the United Kingdom to leave the European Union (EU). The offer was so tempting and the propaganda machine so effective that Brexit was approved in a referendum.

One of the most important intangible assets that governments guarantee to citizens is security, understood in the broadest possible sense.
A tribe that bases its knowledge of the world on strengthening its own identity, maintaining a closed society and sheltering it with the warm shelter of myths, obviously, dispenses with science and facts. To such an extent it is necessary for tribal leaders to prioritize belief over rational knowledge that this becomes a structural feature of the new social architecture. The reactionary wave wants tribes, and these are characterized by three features: they are identity societies, closed and superstitious. With every falsehood, reactionaries not only attack, invent or distort a reality, but also erode a method: the scientific method, which protected our opinions by forcing us to base them on facts. The opposite is a way of approaching the knowledge that detaches it from reality and links it to power. If scientific proof does not prove that we can declare something true, if the facts have the same value as the «alternative facts,» if a belief has the same respect as an empirical fact, then the prevailing world view will not be. the most faithful to reality, but the one imposed by whoever has more power and money to achieve the dominance of his story, a friendly name that we have given to the beliefs of a powerful social group. However, not everything begins and ends with power and money. The media, plunged into the whirlwind unleashed by the changes imposed by technology, are also a key element in helping to strengthen certain stories. We are witnessing an unusual phenomenon – due to its magnitude – how the media are manipulated by different interest groups of all kinds.
Traditionally, you had to know how to read the media so as not to allow yourself to be manipulated too much by your vision, or you had to find out about several of different trends to have the complete picture of a situation.
The concept of Alt-Right or alternative right has been coined by Richard Spencer, considered an academic racist who, according to the SPLC, tries to provide intellectual arguments to white supremacism. Steve Bannon, the political strategist who collaborated in Trump’s electoral campaign, headed the Breitbart News portal, considered the platform of the alternative right.
The Alt-Right is based on two axes: rejection of immigration as a threat to white demographic dominance and the political establishment. Both sentiments connect with Trump’s electoral campaign, which winked at that group with its divisive rhetoric and hiring Steve Bannon, who was his chief strategist in the White House until he was fired by the president himself in 2107.
Bannon, until his arrest, has led The Movement, a Brussels-based organization that encourages euroscepticism, identitarianism and right-wing populism in Europe. He advises most of the far-right expressions on the continent, including the Spanish Vox party, the League of Italy and the National Association of France. The latter, led by Marine Le Pen, is one of the most significant expressions of the current in Europe. In Austria and Italy they have managed to become part of the Government as well as in Estonia, Bulgaria and Finland. In Poland and Hungary they rule with a parliamentary majority.

The seams of societies are broken by where they historically have the greatest weakness: the United Kingdom, with its historic isolationism; Spain, with its traditional problem of regionalisms and nationalisms; and the United States itself, with its sense of loss of the role of world power.
Joker, Todd Phillips’ film, perfectly reflects how we feel, and reveals that knowledge of the world is at the center of the problem. Arthur, the main character, is a clown who aspires to be a great comedian, but suffers from serious psychiatric problems and, lacking social support, becomes marginal. Little by little, as a result of the disease, he ends up entering a spiral of violence that leads him to become the involuntary leader of a revolution against the powerful. The character presents a clear disruptive attitude when promoting an uprising that breaks with the system. He reveals the discomfort of that society in the face of the accumulation of social and economic injustices that promote the breaking of the social contract, but the most remarkable thing about this revolutionary Joker is that it causes the social uprising without wanting to, without knowing and without having an alternative.

Our willingness to believe what is closest to us, because we have it more available, is a way of acting that is described as availability bias or WYSIATI (What you see is all there is), something like «what you see is everything what there is », in this I believe.
The idea that we are blind to our blindness expressed by Kahneman is the same one enunciated by Socrates in his famous maxim: «I only know that I know nothing.» Wisdom consists in recognizing the limitations of our rationality, that is, becoming aware of our own blindness.
The importance of not incurring parochial and personal prejudice already appears at the dawn of Western culture as an example of rationality and it is the best tool we have against hate and the hoaxes of the networks. The importance of this mutual control of the different points of view linked to the vitality of public debate reminds us once again of the social character of reason. What Plato tried to save reappears in the 21st century with the argumentative theory of reason, which illustrates how to make more fruitful use of the enormous amounts of information that we have, before they overwhelm us.
For the hypersocial life of the human being, it is crucial to share information in large quantities, much greater than those exchanged by other species. Not only do we need to acquire large doses of knowledge to become adults and manage ourselves adequately in society, but we also need to identify and evaluate the sources of knowledge themselves, which are reliable and which are not. For this we have to learn a basic mechanism: that of trust. How to deposit it, in whom and in whom not; why and why not. The interactive theory of reason links a large part of our reasoning mechanisms to that knowledge regarding trust and how to manage it.
Some sources gain our trust immediately (our parents, our friends) and, therefore, when they transmit information to us we are much more likely to believe it. However, it has also been necessary for human beings to develop mechanisms that supplant the existence of trust when individuals do not know or know each other little and, therefore, there is no relationship that has allowed it to develop. These mechanisms are made up of arguments and justifications, that is, the two basic functions that Sperber and Mercier attribute to reason.

Populism is not, as some claim, a simple exaltation of the emotional and the false in the face of traditional, rational and honest politics. The malaise with politics is due to a failure of individual and collective reason, that is, to a crisis of epistemic vigilance, in the sense that it occurs in political communities that have suffered an acute crisis of trust in their political elites. when individual and collective epistemic surveillance mechanisms were simultaneously dismantled. This has led many people to place their trust in political actors outside the establishment, while, on the other hand, collective epistemic surveillance institutions were not only affected by the loss of trust in everything institutional, but also greatly diminished in their capacity. to exercise that vigilance due to technological changes. In recent years, all Western societies have found themselves in this vulnerable position.

It’s useful to distinguish several aspects of the information process that have changed due to the technological revolution. There are at least three: attention, information architecture and the authority of sources. To a greater or lesser extent, they have also been influenced by cultural and political-economic aspects.
First, it postulates «the direct contribution of freedom of expression in general and freedom of the press in particular to the quality of our lives.» With regard to the press, he states that it «has a key informative role in spreading knowledge and fostering critical scrutiny» and «an important protective role in giving a voice to the forgotten and disadvantaged.» He defends «the formation of values, informed and free, for which openness in communication and debate is necessary. Freedom of the press is crucial in this process «to» facilitate public reasoning in general. »
The second phenomenon is the so-called «torrent of information». When it comes to news only – that is, what is supposedly relevant in terms of public debate and democracy – the flood of data has transformed the way we inform ourselves.
The debate, that of fake news, has two aspects: the first is whether social media are means of communication or platforms where users exchange the content they want, regardless of its veracity. The second line is more interesting for the purposes of this work, and it is about whether social media such as Facebook should help users to identify false news spread through the network. Although Facebook has resisted, it has finally announced its willingness to collaborate to help users identify fraudulent information, which would amount to a little push when choosing how to get informed. Google has also announced various tools to help users identify false news, or to identify those that have been verified by reputable media specialists such as PolitiFact or The Washington Post.
The old diary belongs, without any doubt, to the written language (and not oral). It seems obvious to say that a newspaper is written, but something characteristic of certain social media (such as Facebook, Twitter and, especially, WhatsApp) is the confusion between oral and written language. In other words, unfounded rumors, personal opinions from friends, which used to reach our ears in the form of verbal language, now come through the same channels as professionally verified information. The sentimental situation of someone close to a Facebook or Twitter user temporarily coexists with an institutional statement from a head of state. In the Western tradition, the difference in credibility between what is oral and what is written has been one of the fundamental indicators for our epistemic surveillance mechanisms to attribute greater veracity to a printed news story than to a rumor heard verbally. This confusion has also produced a disarmament in the citizenry.

The programming of the algorithm remains in the most absolute opacity, and it is impossible for society to understand how it works and to what extent the way it is designed damages the public debate.
We are better informed and more manipulable than ever. As reality has become so complex and overwhelming, most of us will be very well informed in some aspects (those that attract our interest or concern) and we will be very manipulable in those to which we can only devote poor and fragmented attention. Given that in the democratic discussion the citizen cannot be aware of everything that happens or know all the questions that are put to the vote or what is really at stake in each debate, it is necessary to be able to trust certain authorities and it would be good if These institutions will work to restore their social prestige.

The accumulation of changes has had two final consequences: the traditional media have lost their role as epistemic vigilantes, while, at the individual level, there has also been the dismantling of the criteria by which individuals carried out this surveillance. This process of individual disarmament is closely linked to the impoverishment of care proper to information-saturated societies.
Surveillance goes hand in hand with trust, in such a way that the increase in distrust towards certain institutions that we have seen in recent times, as well as a growing increase in interpersonal distrust have aggravated the epistemic crisis.
Populism benefits from the crisis of epistemic surveillance, in its dual aspects, social and individual, and seeks control of discourse, since this is the area that is beneficial to it, and not that of ideas or achievements. It is often said that it is emotional and despises reason, which is true, but not for the reasons referred to (the management of emotions is inherent to politics and life and these coexist with reasons), but because stop using reason in an argumentative way, that is, in the way in which it is most productive, most efficient and most socially beneficial. Populism does not argue, he narrates. Tell stories. And its ability to do so is unlimited, since it does not have ethical purposes, but purposes of power. Populism, through narratives, more effectively captures the imagination of citizens and ignores rationality and its primary function of social argumentation, essential for human cooperation and making better decisions for the advancement of societies.

On June 30 there were already 130 companies in total, whose withdrawal caused the shares of Mark Zuckerberg’s company to fall by 8%, which meant subtracting in one day 56,000 million dollars (almost 49,000 million euros) from their value and a loss of 7,200 million (about 6,300 million euros) of personal fortune of its president. In a few weeks, any discriminatory ambiguity has become intolerable. At the same time, Zuckerberg’s passivity has taken its toll since Trump used the platform in his favor in the 2016 presidential elections to discourage voting and spread false news and misinformation on the social network.
The right to receive truthful information is earned every day. These facts are proof that the free society, even if it is going through a knowledge crisis, has resources not only to fight against the algorithm that wants to confuse us regarding what is fiction and what is reality. Although the effort seems excessive, it is possible to regain consciousness with the optimism of the will. Once again, the affirmation of Rita Levi-Montalcini, Nobel Prize in Medicine, is evident: «If we assume a catastrophic vision of the human being, we are finished. Life becomes useless. I also feel internally incapable of being optimistic, but you have to be, whatever the cost. Let’s make a useful life then, looking for the truth, and keeping in mind that by defending the truth we will also be protecting democracy.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/04/26/no-mi-general-irene-lozano/

https://weedjee.wordpress.com/2018/02/07/el-saqueo-de-la-imaginacion-irene-lozano-the-plundering-of-the-imagination-by-irene-lozano-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2019/02/22/manual-de-supervivencia-pedro-sanchez-castejon-survival-guide-by-pedro-sanchez-castejon-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/07/12/son-molinos-no-gigantes-como-las-redes-sociales-y-la-desinformacion-amenazan-a-nuestra-democracia-irene-lozano-theyre-windmills-not-giants-how-social-media-and-disinformation-threate/

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