La Deriva De Los Héroes En La Literatura Griega — Carlos García Gual / The Drift of Heroes in Greek Literature by Carlos García Gual (spanish book edition)

Es un ensayo muy interesante y bien estructurado, de lectura ligera, se lee casi como una novela. García Gual nunca decepciona.
Muy interesante el recorrido por la evolución de los héroes desde la épica a la novela, pasando por la tragedia y la comedia. Sobre todo me ha gustado la parte dedicada a Sófocles y a la Comedia Nueva, ya que me ha servido esta última para establecer relaciones con la comedia de enredos al estilo de Lope de Vega.
El ensayo está escrito de forma amena, con muchos ejemplos pero sin resultar tedioso, e invita a acercarnos a numerosas lecturas, ya sean ficticias o sobre teoría literaria.

Entre los hombres y los dioses están los héroes, los magníficos héroes, a veces llamados «semidioses» por su fama y su audacia, tipos magnánimos pero emplazados a la muerte, en su condición de humanos. Mártires de su gloria, los héroes son recordados una vez muertos y ensalzados como «los mejores». Son los áristoi , porque actuaron con extraordinaria valentía, lograron una inagotable fama duradera, y con su excelencia, con su nobleza de cuerpo y alma, por esa virtud que los griegos llamaban areté , merecen perdurar largo tiempo en la memoria colectiva como figuras ejemplares. Ellos son, junto a los dioses inmortales, los memorables protagonistas de los grandes mitos; con fulgor perviven en la memoria colectiva y reciben a veces culto singular en muchos lugares del mundo griego, manteniendo un fabuloso rastro tras la muerte.

Conviene advertir ya que, dentro de la diversidad, hay rasgos que definen la figura del héroe: su excelencia humana, su audacia y su mortalidad, por un lado, frente a los dioses, y, por otro, frente a los humanos efímeros y sin duda menos memorables; y, en consonancia con sus méritos, de ellos nos queda su fama resonante, que los salva del olvido más allá de su muerte. Los ecos de sus hazañas hacen que se conserven en la memoria colectiva sus refulgentes nombres y epítetos. Por decirlo en palabras griegas, su kléos , su fama, que pervive a través de los tiempos, y su singular areté , la excelencia o virtud que los ha vuelto ejemplos dignos de perdurar en el recuerdo, tras su fatídica muerte, para siempre. Frente al resto de los mortales, efímeros y oscuros, los héroes de un pasado glorioso refulgen evocados por la tradición mitológica, perviven en los relatos populares y, de manera brillante, en la poesía tradicional.
Los grandes héroes han contribuido a mejorar y humanizar el mundo, aniquilando monstruos, despejando caminos e instituyendo leyes. Han contribuido al orden, imitando a los dioses, que, mucho antes, abatieron y desterraron a los monstruos primigenios. Como caudillos formidables, duros guerreros o navegantes intrépidos, tales como Heracles, Teseo, Jasón u Odiseo, sirven de ejemplos memorables de un arrojo sobrehumano, inmenso valor y sutil inteligencia. Es posible trazar una distinción entre unos héroes de fabuloso poderío, hijos de un gran dios, como Perseo y Heracles, y otros más cercanos.
En su espléndida arrogancia, los héroes tienden a cierta desmesura, la violenta hybris típica y trágica. La grandeza se paga a veces con dolor, y la acción heroica comporta con frecuencia sufrimiento y destrucción. La recompensa de la acción magnánima del héroe es, como decíamos, la fama inmortal, el kléos . La tarea del héroe requiere una ejemplar magnanimidad, y su premio no es la felicidad terrena o ultraterrena, sino esa fama que perdura en la memoria colectiva y que reaviva el culto y siempre la poesía.

En definitiva, Heracles, el más grande y esforzado de los semidioses, es hijo de Zeus y demostró en la espléndida serie de sus doce arduos trabajos su insuperable valor, viajando por los confines del mundo (fue a las tierras de las hespérides, al país de las amazonas y al mismo Hades tenebroso), venció a monstruos variados (la hidra de cien cabezas, el enorme león de Nemea, un toro salvaje y algunos gigantes), abrió caminos y limpió establos, se enfrentó a algún dios, más tarde conoció la locura y el sufrimiento, y tuvo una muerte cruel y absurda (ardiendo en una pira funeraria en el monte Eta). Al final fue recompensado —un premio muy excepcional— con el don de la inmortalidad y resurgió como dios en el Olimpo, casado con Hebe, la diosa de la juventud.
En resumen, podemos distinguir tres etapas en la progresiva configuración literaria de la figura heroica: la de los héroes arcaicos (superhombres de poderes fabulosos), la de los héroes guerreros (de tipo micénico, como los de la Ilíada ) y la del protagonista de la Odisea (que resulta a la vez un fabuloso viajero mítico y un personaje novelesco).

En la tradición de la cultura griega, los géneros poéticos clásicos se presentan inventados uno tras otro en una secuencia histórica paradigmática: primero la épica, luego la lírica (que puede ser monódica o coral), después la dramaturgia (tragedia y comedia) y, ya como retoño tardío, la novela de amor y aventuras.
Jerjes es el protagonista de la catástrofe trágica. Con su desmesura ha atraído sobre su pueblo y su familia la ruina. Es la lección habitual en la tragedia. Al final viene a reconocer su error, su hamartía . Quiso franquear los límites naturales de su imperio asiático, y los dioses lo han castigado. El designio de Zeus, un dios justiciero, está detrás de la victoria griega, obtenida gracias al valor y el amor a la libertad de los atenienses.
No es la gloria de los vencedores, sino el dolor de los vencidos lo que Esquilo pone en escena. Y hay algo muy noble en esa celebración de un triunfo guerrero, que es en definitiva lo que aquí se nos relata (sin nombrar a ningún combatiente griego y sí, en contraste, a numerosos caudillos persas). En nada se rebaja la dignidad humana de los invasores, mientras que se invita a compartir sus lamentos y dolor ante la derrota.
En fin, sí, hay un héroe trágico en este drama. Es, sin duda, el alocado Jerjes.

La palabra «comedia» (komoidía ) viene de kômos o de kóme y de oîdé («canto»). Kômos significa «fiesta» o «coro festivo», kóme significa «aldea». De este modo, en su origen, komoidía evoca una «juerga rústica», un canto festivo donde el vino y las chanzas y danzas expresan una alegría comunitaria. Por consiguiente, en sus efectos buscados la comedia se opone a la tragedia. Si esta procuraba al público una catarsis sentimental (es decir, una «limpieza o purificación del terror y la compasión»), la comedia intenta ofrecer, en claro contraste, alegre diversión y una visión relajada del conflicto social. Si la tragedia suele relatar una agonía, la comedia acaba con la celebración del triunfo de sus héroes.
Al presentar o representar en escena conflictos de actualidad política, la comedia lo hace cruzando las alusiones realistas al enredo actual con una desenfrenada fantasía; es decir, ofrece una singular mezcla de realismo y de irrealidad fabulosa y grotesca, que permite una singular crítica, satírica y pintoresca, de temas que inquietan o agobian, a su abigarrado público.
El «héroe cómico» se distancia radicalmente del trágico, y no solo porque ya no es un noble guerrero o un rey de divino abolengo, sino porque es un individuo del común, un ciudadano avispado o un campesino ingenioso que tiene una idea salvífica o un plan para salir del marasmo, y, además y fundamentalmente, porque acaba triunfando siempre. La comedia acaba con su triunfo, celebrado en una fiesta y juerga colectiva. Como el trágico, el héroe cómico actúa con valor, se lanza a su empresa fantasiosa y, tras derrotar a sus adversarios (que pueden encontrarse en el mismo coro de la obra), alcanza el premio final, que puede consistir en una boda o un banquete, o ambas cosas, como Filocleón en Las avispas ; Trigeo en La paz , o Pistetero en Las aves ; o Estrepsíades en Las nubes.

Hay una sorprendente modernidad en el humor festivo de las farsas aristofánicas, algo que subraya con muy perspicaz claridad Irene Vallejo:
Aristófanes, como Chaplin, encarna la risa rebelde y disidente. De hecho, siempre he pensado que el humor de ambos tiene un aire de familia, una familia donde Chaplin sería el primo bonachón y Aristófanes el abuelo sarcástico. A los dos les interesaba la gente corriente y vulnerable; sus héroes nunca son aristócratas. Según la ocasión, Charlot aparece como vagabundo, como preso fugado, como emigrante, como alcohólico, como parado o como famélico buscador de oro. Los protagonistas de las comedias de Aristófanes son tipos —hombres y mujeres— sin bienes ni nobleza, pícaros agobiados por las deudas que trampean para no pagar impuestos, hartos de guerra, con ganas de sexo y fiesta, deslenguados, tal vez hambrientos, pero siempre fantaseando con darse un buen atracón de lenteja, carne y pasteles… Charlot tiene el descaro de ridiculizar a los ricachones, a los grandes empresarios, a los agentes de inmigración, a los engolados militares…

El último género inventado por los griegos, en el ocaso ya de su larga tradición literaria, fue el de la novela. Es decir, lo que nosotros llamamos «novela», pues los antiguos no le dieron nombre propio. «Novela» viene del italiano novella y francés nouvelle y, al comienzo, desde el siglo XIII , se aplicaba a lo que ahora solemos llamar «novela corta». (Así se usa todavía en el título cervantino Novelas ejemplares ). Pero las novelas griegas no son esas ficciones cortas, fantásticas o realistas, que existían desde muy antiguo, sino las nuevas ficciones de amor y aventuras de época helenística que se caracterizan por su temática amorosa y un claro tema «romántico».
Hemos conservado enteras cinco novelas que valen de estupendos ejemplos del género, y sabemos que hubo muchas otras hoy perdidas. Lo sabemos gracias a los numerosos papiros de breves fragmentos novelescos que atestiguan la popularidad del género, desde el siglo I a. C. hasta el IV d. C.
Por orden cronológico esas novelas que tenemos por entero son: Quéreas y Calírroe de Caritón de Afrodisias, Efesíacas o Antía y Habrócomes de Jenofonte de Éfeso, Leucipa y Clitofonte de Aquiles Tacio, Dafnis y Cloe de Longo de Lesbos, y Etiópicas o Teágenes y Cariclea de Heliodoro de Émesa.
¿Qué es lo que define al héroe novelesco? En principio, como ya apuntamos, requisitos previos de los amantes parecen ser su juventud y su extraordinaria belleza. Y a esos requisitos naturales puede añadirse el de provenir de una rica y honorable familia. 99 Una vez apresados por un amor apasionado, fulminante, y correspondido, ella y él no piensan en nada más que en lograr el matrimonio feliz y para siempre. Las ataduras familiares y las obligaciones cívicas no les interesan. Tal vez alguno de estos jóvenes muestra en algún momento oportuno su talento guerrero o su poderío atlético, y con ello asegura el exitoso final. Por ejemplo, en la novela de Caritón, Quéreas se revela como gran estratego, y su rauda victoria bélica le permite recuperar a Calírroe.

La deriva del ideal heroico griego, desde la temprana aurora épica al crepúsculo novelesco, encuentra en los ecos tardíos de la leyenda fabulosa de Alejandro su punto final. Ahí perdura la tradición heroica, renacida con fervor en un relato fantástico, que luego viaja por los siglos y las varias lenguas y literaturas mucho más allá del escenario en que surgió, la antigua Alejandría.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/10/30/la-secta-del-perro-vidas-de-los-filosofos-cinicos-carlos-garcia-gual/

https://weedjee.wordpress.com/2015/10/30/historia-del-rey-arturo-y-de-los-nobles-y-errantes-caballeros-de-la-tabla-redonda-carlos-garcia-gual/

https://weedjee.wordpress.com/2017/07/28/los-siete-sabios-y-tres-mas-carlos-garcia-gual/

https://weedjee.wordpress.com/2019/10/10/grecia-para-todos-carlos-garcia-gual-greece-for-all-readers-by-carlos-garcia-gual-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2020/10/08/audacias-femeninas-mujeres-del-mundo-antiguo-carlos-garcia-gual-by-carlos-garcia-gual-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2020/10/31/voces-de-largos-ecos-invitacion-a-leer-a-los-clasicos-carlos-garcia-gual-long-echoed-voices-an-invitation-to-read-the-classics-by-carlos-garcia-gual-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/07/09/la-deriva-de-los-heroes-en-la-literatura-griega-carlos-garcia-gual-the-drift-of-heroes-in-greek-literature-by-carlos-garcia-gual-spanish-book-edition/

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It’s a very interesting and well structured essay, light to read, it reads almost like a novel. García Gual never disappoints.
Very interesting the journey through the evolution of the heroes from the epic to the novel, passing through tragedy and comedy. Above all, I liked the part dedicated to Sophocles and the New Comedy, since the latter has helped me to establish relationships with the Lope de Vega-style comedy of entanglements.
The essay is written in an entertaining way, with many examples but without being tedious, and invites us to approach numerous readings, whether fictional or on literary theory.

Among men and gods are heroes, magnificent heroes, sometimes called «demigods» for their fame and audacity, magnanimous but deadly types, in their human condition. Martyrs of his glory, heroes are remembered once dead and extolled as «the best.» They are the Aristoi, because they acted with extraordinary courage, they achieved an inexhaustible enduring fame, and with their excellence, with their nobility of body and soul, for that virtue that the Greeks called areté, they deserve to last a long time in the collective memory as exemplary figures. They are, along with the immortal gods, the memorable protagonists of the great myths; with brilliance they survive in the collective memory and sometimes receive singular worship in many parts of the Greek world, maintaining a fabulous trace after death.

It should be noted since, within the diversity, there are features that define the figure of the hero: his human excellence, his audacity and his mortality, on the one hand, in front of the gods, and, on the other, in front of the ephemeral and without certainly less memorable; and, in keeping with their merits, their resounding fame remains, which saves them from oblivion beyond their death. The echoes of his exploits make his effulgent names and epithets remain in the collective memory. To put it in Greek words, their kléos, his fame, which survives through the ages, and their singular areté, the excellence or virtue that has made them examples worthy of lasting in the memory, after his fateful death, forever. . In front of the rest of the mortals, ephemeral and dark, the heroes of a glorious past shine evoked by the mythological tradition, they survive in the popular stories and, brilliantly, in the traditional poetry.
The great heroes have contributed to improving and humanizing the world, annihilating monsters, clearing roads and instituting laws. They have contributed to order, imitating the gods, who, long before, brought down and banished the primeval monsters. As formidable warlords, tough warriors, or intrepid sailors, such as Heracles, Theseus, Jason, or Odysseus, they serve as memorable examples of superhuman courage, immense courage, and subtle intelligence. It is possible to draw a distinction between heroes of fabulous power, sons of a great god, such as Perseus and Heracles, and others who are closer.
In their splendid arrogance, the heroes tend to a certain excess, the typical violent and tragic hubris. Greatness is sometimes paid for in pain, and heroic action often brings suffering and destruction. The reward for the magnanimous action of the hero is, as we said, immortal fame, the kléos. The hero’s task requires exemplary magnanimity, and his prize is not earthly or unearthly happiness, but that fame that endures in the collective memory and that rekindles worship and always poetry.

In short, Heracles, the greatest and most courageous of the demigods, is the son of Zeus and he demonstrated in the splendid series of his twelve arduous works his insurmountable value, traveling to the ends of the world (he went to the lands of the Hesperides, to the country of the Amazons and the dark Hades himself), he defeated various monsters (the hundred-headed hydra, the huge Nemean lion, a wild bull and some giants), he opened roads and cleaned stables, he faced some god, later he met madness and suffering, and died a cruel and absurd death (burning on a funeral pyre on Mount Eta). In the end he was rewarded – a very rare prize – with the gift of immortality and re-emerged as a god on Olympus, married to Hebe, the goddess of youth.
In summary, we can distinguish three stages in the progressive literary configuration of the heroic figure: that of the archaic heroes (supermen of fabulous powers), that of the warrior heroes (of the Mycenaean type, such as those of the Iliad) and that of the protagonist of the Odyssey (which is both a fabulous mythical traveler and a fictional character).

In the tradition of Greek culture, classical poetic genres are presented invented one after another in a paradigmatic historical sequence: first the epic, then the lyric (which can be monodic or choral), then the dramaturgy (tragedy and comedy) and, already as a late offspring, the love and adventure novel.
Xerxes is the protagonist of the tragic catastrophe. With his excess, he has brought ruin on his people and his family. It is the usual lesson in tragedy. In the end he comes to acknowledge his mistake, he hates it from him. He wanted to cross the natural limits of the Asian empire from him, and the gods have punished him. The design of Zeus, a righteous god, is behind the Greek victory, obtained thanks to the courage and love of freedom of the Athenians.
It is not the glory of the victors, but the pain of the defeated that Aeschylus puts on the scene. And there is something very noble in that celebration of a warrior triumph, which is ultimately what we are told here (without naming any Greek combatants and yes, in contrast, numerous Persian leaders). The human dignity of the invaders is not lowered at all, while they are invited to share their regrets and pain in the face of defeat.
Anyway, yes, there is a tragic hero in this drama. He is, without a doubt, the crazy Xerxes.

The word «comedy» (komoidía) comes from kômos or from kóme and from oîdé («song»). Kômos means «festival» or «festive choir», kóme means «village». In this way, in its origin, komoidía evokes a «rustic spree», a festive song where wine and jokes and dances express a communal joy. Consequently, in its intended effects comedy is opposed to tragedy. If it provided the audience with a sentimental catharsis (that is, a «cleansing or purification of terror and compassion»), the comedy attempts to offer, in stark contrast, joyous amusement and a relaxed view of social conflict. If the tragedy usually relates an agony, the comedy ends with the celebration of the triumph of its heroes.
By presenting or representing current political conflicts on stage, the comedy does so by crossing realistic allusions to current entanglement with unbridled fantasy; that is to say, it offers a singular mixture of realism and fabulous and grotesque unreality, which allows a singular critic, satirical and picturesque, of themes that disturb or overwhelm its motley audience.
The «comic hero» radically distances himself from the tragic one, and not only because he is no longer a noble warrior or a king of divine ancestry, but because he is an ordinary individual, a clever citizen or an ingenious peasant who has a salvific idea or a plan to get out of the morass, and, in addition and fundamentally, because it always ends up succeeding. The comedy ends with his triumph, celebrated at a party and collective revelry. Like the tragic man, the comic hero acts with courage, launches himself into his fanciful enterprise and, after defeating his adversaries (who may be in the same chorus of the play), reaches the final prize, which may consist of a wedding or a banquet, or both, as Filocleón in Las waspas; Trigeo in La Paz, or Pistetero in Las Aves; o Strepsiades in the clouds.

There is a surprising modernity in the festive mood of Aristophanic farces, something that Irene Vallejo underlines with very insightful clarity:
Aristophanes, like Chaplin, embodies rebellious and dissident laughter. In fact, I’ve always thought that the humor of both has a family air, a family where Chaplin would be the good-natured cousin and Aristophanes the sarcastic grandfather. They were both interested in ordinary, vulnerable people; his heroes are never aristocrats. Depending on the occasion, Charlot appears as a vagabond, an escaped prisoner, an immigrant, an alcoholic, an unemployed person or a starving gold digger. The protagonists of Aristophanes’ comedies are types – men and women – without property or nobility, rogues burdened by debts who cheat in order not to pay taxes, fed up with war, wanting to have sex and party, languid, perhaps hungry, but always fantasizing about eating a good binge of lentils, meat and cakes … Charlot has the audacity to ridicule the rich men, the big businessmen, the immigration agents, the rich military …

The last genre invented by the Greeks, in the decline of their long literary tradition, was the novel. That is to say, what we call a «novel», since the ancients did not give it a proper name. «Novel» comes from the Italian novella and French nouvelle and, at the beginning, from the thirteenth century, it was applied to what we now usually call «short novel.» (This is how it is still used in the Cervantine title Novelas exemplars). But Greek novels are not those short, fantastic or realistic fictions, which existed since ancient times, but the new fictions of love and adventures of the Hellenistic period characterized by their love theme and a clear «romantic» theme.
We have preserved entire five novels that are worth of great examples of the genre, and we know that there were many others lost today. We know this thanks to the numerous papyri of short fictional fragments that testify to the popularity of the genre, from the 1st century BC. C. until IV d. C.
In chronological order, those novels that we have in their entirety are: Chereas and Calírroe of Chariton of Aphrodisias, Ephesiacs or Antía and Habrócomes of Xenophon of Ephesus, Leucipa and Clitophon of Achilles Tacio, Daphnis and Chloe of Longo of Lesbos, and Ethiopicas or Theagenes and Cariclea of Heliodoro de Émesa.
What defines the fictional hero? In principle, as we have already pointed out, prerequisites of lovers seem to be their youth and their extraordinary beauty. And to these natural requirements can be added that of coming from a rich and honorable family. 99 Once seized by a passionate, withering, and reciprocated love, he and she think of nothing more than achieving a happy marriage forever. Family ties and civic obligations do not interest them. Perhaps one of these young people shows at some opportune moment his warrior talent or his athletic power, and thereby ensures the successful end. For example, in the novel by Caritón, Quéreas is revealed to be a great strategist, and his swift war victory allows him to recover Calírroe.

The drift of the Greek heroic ideal, from the early epic dawn to the romantic twilight, finds its final point in the late echoes of the fabulous legend of Alexander. There the heroic tradition endures, reborn with fervor in a fantastic tale, which then travels through the centuries and various languages and literatures far beyond the setting in which ancient Alexandria arose.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/10/30/la-secta-del-perro-vidas-de-los-filosofos-cinicos-carlos-garcia-gual/

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