Los Abismos — Pilar Quintana / Abysses by Pilar Quintana (spanish book edition)

La puerta de mi cuarto estaba entreabierta. En el corredor había un poco de luz. Me paré y caminé despacio. Los gritos no paraban. Salí al corredor. La puerta de ellos estaba abierta de par en par y vi a mi papá. Flaco y encorvado, con la camisa arrugada, la calva brillando bajo la lámpara y los pocos pelos blancos en desorden. Los gritos salían de su boca, deforme por la rabia, igual que dardos. Agarró a mi mamá, que estaba en piyama y despeinada, por el brazo, la sacudió y la tumbó en la cama.
Di un paso. Ellos me percibieron y se volvieron hacia mí. Mi mamá tirada en la cama y mi papá con los ojos como piedras. Caminó hacia la puerta y la cerró de un manotazo. Los gritos se acabaron. Ahora no se escuchaba nada. Solo el silencio. Solo el abismo de ese silencio.

Me ilusioné con la idea de que este libro, por haber ganado el XXIV Premio Alfaguara de Novela, iba a ser magnífico, pero no fue así.
Salvo contados fragmentos y algunas alusiones a la naturaleza y los abismos (tanto literales como figurados), la narración se queda corta en cuanto a aquello que promete tratar: el temor de la orfandad u otros temores de la infancia. Las alusiones a estos temas no se profundizan tanto como lo permitirían los abismos, precipicios o barrancos de los que trata. Es una historia bien escrita y con una agudeza interesante en algunos pensamientos de los personajes. Pero nada más.
La autora recrea cómo se da el estrago materno en Claudia, una niña que busca el amor de, ojo, Claudia, su mamá, pero en vez de amor pleno se encuentra con un mundo tétrico que la sitúa en la periferia.
También es una historia sobre cómo ser hijos nos condiciona para ser padres.
Los personajes están muy bien construidos: los que deben ser redondos son redondos y lo mismo con los planos, que tienen una función clara en la evolución de los primeros. Los personajes principales se caracterizan a partir de su historia familiar e infancia; los secundarios se delinean muy bien con pocas indicaciones, como es el caso de Gonzalo y su relación con los deseos de la tía Amelia y de Claudia mamá.
Los abismos está escrito con un estilo suave y profundo. Se ha criticado que el inicio carece de fuerza. Es cierto que es suave: la descripción del apartamento de Claudia no insinúa el conflicto narrativo ni contiene frases o acciones punzantes. Pero suave no significa débil. Por el contrario, la imagen de selva en esta descripción sirve muy bien a la historia y será la que yo evoque cuando piense en la zozobra de las Claudias y en el libro.
El libro tiene unas metáforas preciosas.
Un riesgo que toma Quintana, y que creo que le funciona, es narrar desde la perspectiva de una niña en el momento en que ya es adulta. El tono tiene ese matiz de ingenuidad y cuestionamiento tan propio de los niños, pero un lenguaje pulido y crítico. El abismo, como ese temor silencioso, permanente y a la vez atractivo, es una imagen hermosa y muy bien lograda. Como leía hace poco en un artículo, Quintana hace gala de una generación de escritores que se ha atrevido a hablar en su propio idioma, en forma autóctona, sin el canon del castellano “erudito” o internacional, con palabras que ubican la narración en el mundo mismo en el que ocurren, y hacen parte precisa del relato.

Más que nada la novela trata del mundo femenino: sus angustias, sus frustraciones, los deberes que se le imponen, las presiones casi intolerables para conformarse, los breves momentos de solaz, etc. Todo esto visto desde las perspectivas inocentes de una niña quien hace las veces del personaje principal y narradora. La prosa de la autora es concisa.
Me veo obligado a decir que la novela para mí no es ni muy buena, ni muy mala. Es corriente. Logró mantenerme enganchado lo suficiente para que no quisiera dejarla, porque a lo largo tenía la impresión de que iba a pasar algo chocante o inesperado, pero me quedé desilusionado.

Había plantas en el suelo, en las mesas, encima del equipo de sonido y el bifé, entre los muebles, en plataformas de hierro forjado, y materas de barro, colgadas de las paredes y el techo, en las primeras gradas y en los sitios que no se alcanzaban a ver desde el segundo piso: la cocina, el patio de ropas y el baño de las visitas. Había de todos los tipos. De sol, de sombra y de agua.
Tuve la impresión de que estaba más calmado que nunca, con las plantas inmóviles y los espacios tomados por el silencio. Ella entró en la cocina. Yo, con mi maleta en la espalda, sin esperar nada bueno, menos después de mis palabras, subí la escalera.
En el cuarto de mis papás no había luz. Di dos pasos y me asomé. Era una cueva allí adentro.

Cuidado si el viruñas* te acecha…

* el diablo, Satán

—————–

The door to my room was ajar. There was a little light in the corridor. I stood up and walked slowly. The screaming didn’t stop. I went out into the corridor. Their door was wide open and I saw my dad. Skinny and hunched over, his shirt wrinkled, his bald head gleaming under the lamp and the few white hairs in disarray. Screams came from his mouth, misshapen with rage, like darts. He grabbed my mom, who was in her pajamas and disheveled, by her arm, shook her, and knocked her onto the bed.
I took a step. They sensed me and turned to me. My mom lying on the bed and my dad with his eyes like stones. He walked to the door and slammed it shut. The screaming stopped. Now nothing was heard. Just the silence. Only the abyss of that silence.

I was delighted with the idea that this book, this book won the XXIV Alfaguara Novel Prize, was going to be magnificent, but it was not like that.
Except for a few fragments and some allusions to nature and the abysses (both literal and figurative), the narrative falls short in what it promises to address: the fear of orphanhood or other childhood fears. The allusions to these themes are not deepened as much as the abysses, precipices or ravines it deals with would allow. It’s a well-written story and interesting insight into some of the characters’ thoughts. But nothing else.
The author recreates how the maternal havoc occurs in Claudia, a girl who seeks the love of, eye, Claudia, her mother, but instead of full love she finds a gloomy world that places her on the periphery of her .
It is also a story about how being children conditions us to be parents.
The characters are very well built: those that should be round are round and the same with the planes, which have a clear function in the evolution of the first ones. The main characters are characterized from their family history and childhood; the secondary ones are outlined very well with few indications, as is the case of Gonzalo and his relationship with the wishes of Aunt Amelia and Claudia Mama.
The abyss is written in a soft and deep style. The start has been criticized as lacking in strength. It is true that it is mild: Claudia’s apartment description does not hint at narrative conflict or contain sharp phrases or actions. But soft does not mean weak. On the contrary, the image of the jungle in this description serves the story very well and will be the one that I evoke when I think of the anxiety of the Claudias and the book.
The book has some beautiful metaphors.
One risk that Quintana takes, and that I think she works for, is to narrate from the perspective of a girl when she is already an adult. The tone has that nuance of naivety and questioning so typical of children, but a polished and critical language. The abyss, like that silent, permanent and at the same time attractive fear, is a beautiful and very well achieved image. As I recently read in an article, Quintana shows off a generation of writers who have dared to speak in their own language, in a native way, without the canon of “erudite” or international Castilian Spanish, with words that place the narrative in the world itself in which they occur, and are a precise part of the story.

More than anything, the novel deals with the female world: her anguish, her frustrations, the duties imposed on her, the almost intolerable pressures to conform, the brief moments of solace, etc. All this seen from the innocent perspectives of a girl who acts as the main character and narrator. The author’s prose is concise.
I am forced to say that the novel for me is neither very good nor very bad. It is ordinary. She managed to keep me hooked long enough that I didn’t want to leave her, because throughout I had the impression that something shocking or unexpected was going to happen, but I was disappointed.

There were plants on the floor, on the tables, on top of the sound system and the steak, among the furniture, on wrought iron platforms, and clay pots, hung from the walls and ceiling, in the first steps and in the places that could not be seen from the second floor: the kitchen, the laundry room and the guest bathroom. There were all kinds. Sun, shade and water.
I had the impression that he was calmer than ever, with immobile plants and spaces taken by silence. She went into the kitchen. I, with my suitcase on my back, not expecting anything good, least of all after my words, I went up the stairs.
There was no light in my parents’ room. I took two steps and looked out. It was a cave in there.

Be careful if the viruñas* stalks you …

*Devil

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