¿Truco O Tratamiento?: La Medicina Alternativa A Prueba — Simon Sigh / Trick or Treatment: The Undeniable Facts about Alternative Medicine by Simon Singh

Este libro examina y evalúa la evidencia de cuatro medicinas alternativas: acupuntura, homeopatía, quiropráctica y medicina herbal. En general, Singh y Ernst, periodista y médico con experiencia en homeopatía, destruyen lo que ven. La investigación, cuando está presente, es débil, exagerada y mal controlada. Repetidamente, concluyen que hay poca evidencia de que estos tratamientos sean poco mejores que un placebo, excepto por una dispersión de remedios herbales y en circunstancias más limitadas de las que a menudo se articulan (por ejemplo, quiropráctica para el dolor de espalda).
Singh y Ernst argumentan que incluso los tratamientos que son útiles, como la hierba de San Juan, no deben tomarse sin crítica. La hierba de San Juan puede interferir con muchos medicamentos, incluidos muchos medicamentos utilizados para el VIH y el cáncer, algunos anticonceptivos orales e inmunosupresores. Desafortunadamente, muchas personas creen que los remedios a base de hierbas son inherentemente seguros porque son naturales. Singh y Ernst argumentan que natural no significa seguro, ni que la medicina convencional es necesariamente insegura.
Mis partes favoritas del libro fueron los dos primeros capítulos que se centran en el diseño de la investigación y el derramamiento de sangre. (¿Sabías que a George Washington le habían drenado la mitad de su sangre en menos de un día?) Singh y Ernst discuten las dificultades de usar casos únicos como “prueba”, la importancia de cegar a los pacientes y médicos a los tratamientos durante los ensayos clínicos, la peligros de la aceptación acrítica de los endosos, y más. Por ejemplo, en 1854, los pacientes del Hospital Homeopático de Londres tenían una tasa de supervivencia del 84%, en comparación con solo el 47% de los pacientes que recibían un tratamiento más convencional en un hospital cercano. Esta diferencia parece indicar claramente que la homeopatía fue más efectiva que la medicina convencional, pero Singh y Ernst argumentan que esta diferencia podría atribuirse a diferencias en la higiene, los niveles típicos de enfermedad en cada hospital o cuán ineficaz fue la medicina convencional durante ese período (piense en sangrías, vómitos y “medicinas” como el arsénico y el mercurio). Lectura interesante.

Hipócrates decía que, si alguien proponía un nuevo tratamiento médico, debíamos usar la ciencia para decidir si funciona o no, en lugar de confiar en opiniones personales. La ciencia emplea experimentos, observaciones, pruebas, argumentos y discusiones para llegar a un consenso objetivo sobre la verdad. Incluso cuando se ha llegado a una conclusión, la ciencia sigue investigando y favorece sus propias críticas en caso de que haya cometido un error. Por el contrario, las opiniones son subjetivas y contradictorias, y quien posea la mejor habilidad social tendrá la mejor oportunidad de promocionar su opinión, independientemente de si tiene razón o no.
De hecho, podemos definir la medicina alternativa como cualquier terapia que no sea aceptada por la mayoría de la comunidad médica convencional, lo que generalmente también significa que estas terapias alternativas tienen mecanismos de acción que la medicina moderna es incapaz de comprender. En lenguaje científico se dice que las terapias alternativas son biológicamente inverosímiles.
1. Tal vez la medicina alternativa es completamente inútil. Tal vez está rodeada de un marketing muy persuasivo que nos engaña para creer que la medicina alternativa funciona. Puede parecer que en las consultas de medicina alternativa hay personas amables, hablando como lo hacen sobre conceptos tan atractivos como «maravillas de la naturaleza» y «sabiduría antigua», pero pueden estar engañando al público, o tal vez incluso son personas que también están engañadas. También usan palabras de moda impresionantes como «integral», «meridianos», «autocuración» e «individualizado». Si pudiéramos ver más allá de la jerga, ¿nos daríamos cuenta de que la medicina alternativa es solo una estafa?
2. Puede ser que la medicina alternativa sea asombrosamente efectiva. Tal vez las personas más escépticas, incluida una gran parte de la comunidad médica, sean incapaces de reconocer los beneficios de un enfoque más holístico, natural, tradicional y espiritual de la salud. La medicina nunca ha afirmado tener todas las respuestas.
3. Quizás la verdad se encuentra en un punto medio.

El auge de las sangrías empezó en la Antigua Grecia, como consecuencia de la visión ampliamente arraigada de que las enfermedades estaban causadas por un desequilibrio en los cuatro fluidos corporales, también conocidos como los cuatro humores: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema. Además de afectar a la salud, los desequilibrios en estos cuatro humores daban como resultado temperamentos particulares. La sangre era asociada con el carácter optimista, la bilis amarilla con estar irascible, la bilis negra con el abatimiento y la flema con sentirse indiferente. El lenguaje moderno aún conserva hoy en día el eco del humorismo en palabras tales como sanguíneo, colérico, melancólico o flemático, aunque su significado ha ido evolucionando con el paso del tiempo.
Casualmente, el mismo día que Washington murió, el 14 de diciembre de 1799, hubo una resolución judicial sobre si las sangrías suponían realmente una cura o un perjuicio. El juicio surgió como resultado de un artículo escrito por el reconocido periodista inglés William Cobbett, que vivía en Filadelfia y se había interesado por las actividades del doctor Benjamin Rush, el más famoso y clamoroso defensor de las sangrías.
A la hora de decidir sobre el verdadero valor de las sangrías la profesión médica necesita un procedimiento más riguroso, algo menos parcial que incluso la corte más justa imaginable. De hecho, mientras Rush y Cobbett estaban debatiendo asuntos médicos en una corte judicial, no sabían que se había descubierto al otro lado del Atlántico, precisamente, el tipo de procedimiento adecuado para establecer la verdad sobre las cuestiones médicas y estaba siendo usado con gran impacto.

La lección que debe extraerse de los triunfos médicos de Florence Nightingale es que la prueba científica no es solo el mejor camino para establecer la verdad en la medicina sino el mejor mecanismo para que esta verdad sea reconocida. Los resultados de las pruebas estadísticas son tan poderosos que incluso permiten a alguien relativamente desconocido como Nightingale, una mujer joven que no era parte de la comunidad médica y relativamente desconocida, probar que tenía razón y que aquellos que mandaban estaban equivocados. Sin los ensayos médicos, visionarios solitarios como Nightingale serían ignorados, mientras que los doctores continuarían actuando de acuerdo a un cuerpo de conocimiento médico corrupto basado meramente en la tradición, el dogma, las modas, la política, el marketing y las anécdotas.
Quizás una de las mejores razones para categorizar como alternativo un tratamiento médico es si la comunidad médica lo ve como una blasfemia.

La mayoría de las personas cree que la acupuntura, el proceso de insertar agujas por todo el cuerpo para mejorar la salud, es un tipo de medicina que tiene su origen en China. Sin embargo, la evidencia más antigua de esta práctica fue hallada en el corazón de Europa. En 1991 dos alpinistas alemanes, Helmut y Erika Simon, se encontraron un cuerpo congelado en un glaciar en el valle alpino de Ötz, cerca de la frontera entre Italia y Austria. Al principio pensaron que se trataba de un cadáver reciente de alguien que estaba realizando alpinismo, ya que, debido a las condiciones climáticas tan adversas, había un gran número de alpinistas que acababan perdiendo sus vidas mientras practicaban este deporte. Pero la realidad es que se habían tropezado con los restos de un hombre de unos 5.000 años de antigüedad.
Una de las vías de investigación más inesperadas fue iniciada por el doctor Frank Bahr de la Academia Alemana de Acupuntura y Auriculomedicina. Para él, el aspecto más interesante de Ötzi fueron unos tatuajes que cubrían ciertas partes de su cuerpo. Dichos tatuajes consistían en líneas y puntos que, en lugar de ser pictóricos, parecían formar quince grupos. Además, Bahr notó que las marcas estaban en posiciones que le resultaban familiares: «Estaba sorprendido: el 80 % de los puntos correspondía a los usados actualmente en acupuntura».
La acupuntura fue creciendo en popularidad en Norteamérica, lo que llevó a una parte de la comunidad médica a realizar pruebas sobre su eficacia. Por ejemplo, en Filadelfia en 1862 se intentó resucitar gatos ahogados insertando agujas en sus corazones, basándose en algunas afirmaciones de la acupuntura europea. Sin embargo, este experimento estadounidense no tuvo éxito.

La primera patente médica emitida bajo la Constitución de Estados Unidos fue adjudicada en 1796 al médico Elisha Perkins, que había inventado dos barras metálicas que, según decía, podían extraer el dolor de sus pacientes. Estos «tractores», como él los apodó, no tenían que ser introducidos en ninguna parte del cuerpo de sus pacientes, sino que solo había que frotarlos sobre la superficie dolorida varios minutos, tiempo durante el que «extraerían el fluido eléctrico nocivo que se encuentra en la raíz del sufrimiento». Luigi Galvani había mostrado recientemente que los nervios de organismos vivos respondían a lo que llamó «electricidad animal», así que los tractores de Perkins eran parte de esa moda creciente basada en los principios de la electricidad.
Perkins proporcionaba curas electroterapéuticas para todo tipo de dolores y también decía que sus tractores podían acabar con el reumatismo, la miastenia y la hipoestesia. Pronto se jactó de haber curado a más de 5.000 pacientes y su reputación estaba alentada por el apoyo de varias escuelas médicas y personajes importantes como George Washington, que había comprado un par de tractores. La idea fue exportada a Europa gracias a Benjamin, el hijo de Perkins, que había emigrado a Londres, donde había publicado el libro The Influence of Metallic Tractors on the Human Body (La influencia de los tractores metálicos en el cuerpo humano). Padre e hijo hicieron una gran fortuna gracias a estos dispositivos.
Placebo» es una palabra de origen latino que significa «complaceré», y fue usada por escritores como Chaucer para describir expresiones hipócritas que nunca podían resultar útiles: «Los aduladores son los capellanes diabólicos que cantan al placebo». No fue hasta 1832 cuando la palabra «placebo» adquirió un significado médico, refiriéndose a un tratamiento ineficaz o hipócrita que nunca podría resultar útil.
Cabe destacar que Haygarth se había dado cuenta de que el efecto placebo no estaba solo restringido a los tratamientos engañosos, sino que pensaba que también podía ser un efecto importante en los tratamientos auténticos. Por ejemplo, aunque un paciente note beneficios al tomar aspirina de forma crónica debido a los efectos bioquímicos de esta pastilla, hay además un efecto extra debido al efecto placebo, resultado de la seguridad que tiene cada paciente en la aspirina o la prescripción médica. En otras palabras, un medicamento auténtico ofrece un beneficio debido, en su mayor parte, al medicamento en sí mismo y, en menor parte, debido al efecto placebo, mientras que el beneficio de las medicinas falsas estribaría únicamente en el efecto placebo.
El interés en el efecto placebo creció durante el siglo XIX , pero hasta la década de 1940 no se establece un programa riguroso para comprobar su potencial gracias al anestesista estadounidense Henry Beecher. El interés de Beecher en el efecto placebo surge al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando, debido a la falta de morfina en el hospital militar de campaña, se vieron forzados a realizar un experimento insólito. En lugar de tratar a un soldado herido sin morfina, le inyectaron una solución salina y dijeron al paciente que le habían inyectado un analgésico muy potente. Para sorpresa de Beecher, el paciente se relajó inmediatamente y no mostró signos de dolor, angustia o conmoción.

1. Los especialistas en acupuntura señalan que no podemos ignorar los ensayos clínicos aleatorizados controlados con placebo que indican que la acupuntura funciona. Por supuesto, tal evidencia no debe ser ignorada, pero debe compararse con la evidencia que la contrarresta y debemos decidir qué lado del argumento es más convincente, de la misma manera que lo haría un jurado en un caso legal.
2. Por otra parte, se argumenta que la acupuntura, como muchas terapias alternativas, es una terapia individualizada y compleja y que por eso no es adecuada para este tipo de pruebas a gran escala que se lleva a cabo en un ensayo clínico. Este argumento está basado en el malentendido de que los ensayos clínicos no tienen en cuenta la individualización o la complejidad. La verdad es que tales características pueden ser (y normalmente son) incorporadas al diseño de los ensayos clínicos.
3. También se afirma que la filosofía subyacente a esta terapia está tan en desacuerdo con la ciencia convencional que el ensayo clínico es inapropiado para probar su eficacia. Pero esta acusación es irrelevante, puesto que los ensayos clínicos no tienen nada que ver con la filosofía. En cambio, los ensayos clínicos solo se preocupan por probar si un tratamiento es efectivo o no.
4. Desde la acupuntura se vierten quejas de que los ensayos clínicos no son apropiados para las terapias alternativas puesto que el impacto del tratamiento es muy sutil. Pero si el efecto de la acupuntura es tan sutil que no puede ser detectado, ¿entonces es realmente una terapia que valga la pena? Los ensayos clínicos modernos son muy sofisticados, flexibles y sensibles de forma que permiten evaluar la eficacia o no del tratamiento y son la mejor manera de detectar incluso el efecto más sutil.
5. Finalmente, también se señala que la acupuntura real puede funcionar tan bien como la acupuntura simulada, pero ¿qué ocurre si la acupuntura falsa ofrece un beneficio médico auténtico en la salud de sus pacientes? Hemos asumido hasta ahora que la acupuntura simulada carece de actividad excepto como un placebo, pero ¿es concebible que la punción superficial y extraviada también de alguna manera toque los meridianos del cuerpo? Si esto resulta ser cierto, toda la filosofía de la acupuntura se desmorona: insertar una aguja en cualquier lugar a cualquier profundidad tendría un beneficio terapéutico, que parece muy poco probable.

Al contrario que la acupuntura, los orígenes de la homeopatía no se pierden en la bruma del tiempo, sino que pueden trazarse hasta los trabajos de un médico alemán llamado Samuel Hahnemann a finales del siglo XVIII . Habiendo estudiado medicina en Leipzig, Viena y Erlangen, Hahnemann se ganó una reputación como uno de los más avanzados intelectuales en Europa. Publicó un gran número de artículos sobre medicina y química y usó sus conocimientos de inglés, francés, italiano, griego, latín, árabe, sirio, caldeo y hebreo para traducir numerosos tratados académicos.
La homeopatía se extendió con rapidez a través de Europa durante la primera mitad del siglo XIX , tanto que la filosofía de Hahnemann llegó a estar bien establecida durante su propia vida. La idea de que «lo similar cura lo similar» y la creencia de que las enfermedades eran «trastornos del poder, parecido al espíritu, que anima el cuerpo humano» sonaban semejantes a algunos elementos de la todavía muy respetada filosofía griega de la medicina, así que la homeopatía fue recibida con entusiasmo. Más aún, las ideas de Hahnemann emergieron antes de que la comunidad científica hubiese establecido con firmeza la teoría microbiana de las enfermedades o la teoría atómica de la materia, así que la fuerza vital y las diluciones ultradébiles no sonaban tan extrañas como lo hacen hoy.

La quiropráctica, que generalmente trata problemas de espalda o cuello manipulando la columna vertebral, se está convirtiendo en muchos lugares en uno de los pilares fundamentales del sistema de salud, por lo que muchas de las personas se sorprenderán al ver esta terapia incluida en un libro sobre medicina alternativa.
Hacia finales del siglo XIX la quiropráctica comenzó a aproximarse a la medicina con una visión de la salud radicalmente nueva. Los fundadores de la terapia quiropráctica argumentaban que la mala salud se debía a subluxaciones, es decir, ligeras desalineaciones en las vértebras respecto de la columna vertebral. A su vez, se creía que las subluxaciones interferían en el flujo de la llamada inteligencia innata (similar a una fuerza o energía vital), lo que luego generaba problemas de salud de todo tipo. Sin embargo, no hay evidencia de la existencia de esta inteligencia innata o de su papel en la salud. Los conceptos de inteligencia innata y subluxaciones son tan místicos y desconcertantes como el concepto del qi en acupuntura o de la dilución extrema en homeopatía, lo que significa que no tiene absolutamente ningún sentido desde un punto de vista científico moderno. Precisamente por esto, el tratamiento quiropráctico todavía es considerado por muchas personas como una medicina alternativa, a pesar de su popularidad actual.
La terapia quiropráctica, que surgió de la tradición de componer los huesos, fue fundada por Daniel David Palmer, nacido en 1845 cerca de Toronto (Canadá), y que a la edad de veinte años se había mudado a Iowa. Palmer fue desarrollando gradualmente interés en la medicina, en la curación espiritual y en la sanación magnética, pero su interés en el potencial de la manipulación espinal se remonta a un hecho específico que tuvo lugar el 18 de septiembre de 1895.
Desafortunadamente, la manipulación de la región cervical es una práctica común en las consultas quiroprácticas, porque fue promovida por B. J. Palmer como la técnica quiropráctica más poderosa. Pero la comunidad quiropráctica ha sido ajena al daño que podría haber causado, ya que a menudo hay un retraso entre la disección vertebral y el bloqueo de la sangre en el cerebro. Por lo tanto, el vínculo entre la terapia quiropráctica y los accidentes cerebrovasculares pasó desapercibido durante décadas. Sin embargo, recientemente, se han identificado casos en los que la manipulación de la región cervical ha sido sin duda la causa de la disección vertebral.
Uno de los casos más claros que ponen de manifiesto los peligros de la manipulación espinal es el caso de Laurie Mathiason, una canadiense de veinte años que acudió a una consulta quiropráctica veintiuna veces entre julio de 1997 y febrero de 1998 para aliviar su dolor lumbar. En todas las consultas su practicante manipuló sus vértebras cervicales, pero tras su penúltima visita se quejó de dolor y rigidez en el cuello. Esa noche se volvió torpe, dejando caer ceniceros y platos en el restaurante donde trabajaba.
Mientras su terapeuta manipulaba su cuello una vez más, Laurie comenzó a llorar, sus ojos se quedaron en blanco, le salía espuma por la boca, comenzó a tener convulsiones y se quedó cianótica. Fue llevada urgentemente al hospital, donde se quedó en coma y acabó falleciendo tres días después.

A lo largo de las dos últimas décadas ha habido un sinfín de artículos periodísticos que defendían los beneficios de los remedios a base de plantas que se derivan de la hierba de San Juan, una planta que supuestamente actúa como antidepresivo. De hecho, las ventas de la hierba de San Juan se dispararon en la década de 1990, tanto que su consumo se incrementó más rápidamente que el de cualquier otra planta medicinal. Pero ¿está este boom de ventas justificado? ¿Puede realmente la hierba de San Juan ayudar a los pacientes con depresión?
La hierba de San Juan (Hypericum perforatum), originaria de Europa, sería reconocida por los primeros granjeros como una planta venenosa dado que podía dañar al ganado que estaba pastando, ocasionando problemas como abortos espontáneos e incluso la muerte. Quizás su toxicidad llevó a la práctica de colgar hierba de San Juan en las casas para ahuyentar a los malos espíritus. De hecho, la tradición evolucionó hasta que la gente comenzó a colgar la hierba en el día de San Juan, el 24 de junio, poco después de que apareciesen sus flores amarillas. La asociación con el día del santo es la manera en que la planta recibió su nombre, con el apéndice wort siendo simplemente el término en inglés antiguo para «planta».
Tres peligros potenciales de este tipo de medicinas:
1. Toxicidad directa de la fitoterapia.
2. Reacciones indirectas causadas por las interacciones con otros medicamentos.
3. Riesgo debido a los contaminantes y adulterantes.
Antes de embarcarse en la toma de un remedio concreto a base de plantas es crucial cerciorarse de que se sabe que es seguro.

Los tres principios de la medicina alternativa son realmente falacias:
1. La falacia «natural»
Solo porque algo sea natural no significa que sea bueno y solo porque algo no sea natural no significa que sea malo. El arsénico, el veneno de cobra, la radiación nuclear, los terremotos y el virus del Ébola pueden encontrarse todos en la naturaleza, mientras que las vacunas, las gafas y las prótesis de cadera son todas obras del ser humano. O, como la revista Medical Monitor indica: «La naturaleza no tiene prejuicios y puede verse cómo trabaja tan clara e inexorablemente en la difusión de una epidemia como en el nacimiento de un bebé sano».
2. La falacia «tradicional»
La noción de que lo tradicional es sinónimo de buena calidad ayuda a muchos terapeutas alternativos porque significa que el efecto placebo es reforzado por una dosis de nostalgia. Sin embargo, sería equivocado asumir que las terapias tradicionales son inherentemente buenas. Las sangrías fueron una tradición durante siglos y a través del tiempo han dañado a muchas más personas de las que han curado. Nuestro trabajo en el siglo XXI es probar lo que nuestros ancestros nos han legado. De esa forma podemos continuar con buenas tradiciones, adaptar las que tienen potencial y abandonar aquellas tradiciones que son locas, malas o peligrosas.
3. La falacia «holística»
Los terapeutas alternativos usan el término «holístico» para implicar que su metodología es superior a la de la medicina convencional, pero esta actitud de «más holístico que tú» es injustificada. Holístico simplemente significa adoptar una perspectiva de la medicina que considera a la persona como un todo, y los médicos convencionales tratan a sus pacientes también de forma holística. Los médicos de cabecera consideran el estilo de vida de un paciente, su alimentación, su edad, su historial familiar, su bagaje médico, su información genética y los resultados de toda una variedad de pruebas. Si acaso, la medicina convencional tiene una visión más holística que la medicina alternativa.
1. La falacia de la ciencia no puede poner a prueba la medicina alternativa.
2. La falacia de la ciencia no entiende la medicina alternativa.
3. La falacia de la ciencia está sesgada contra las ideas alternativas.

Culpables:
1. Celebridades
Esta lista no está recopilada en un orden particular, por lo que las celebridades no son necesariamente quienes más han contribuido a promocionar injustificadamente la medicina alternativa ineficaz, pero ciertamente han desempeñado un papel importante en las últimas décadas.
2. Comunidad científica médica
Ha habido una tendencia general en investigación a centrarse únicamente en su propia especialidad, quizás desarrollando nuevos antibióticos, vacunas o técnicas quirúrgicas, mientras ignoran el hecho de que en las consultas de medicina alternativa, a menudo, se destruye todo este trabajo al asustar sobre los efectos de la medicina convencional y sobrevalorar sus propios tratamientos alternativos. En otras palabras, hay una parte demasiado grande de la comunidad científica que conoce el surgimiento de la medicina alternativa y las teorías descabelladas que hay detrás de esta, pero callan.
3. Universidades
Las titulaciones de ciencias siempre han sido un bien atesorado. El alumnado que completa satisfactoriamente el bachillerato demuestra que conoce los principios generales y los fundamentos de una disciplina en particular y puede comenzar a estudiar un nivel superior. Aquellas personas que logran finalizar una carrera universitaria relacionada con las ciencias experimentales han demostrado que entienden el conocimiento derivado de experimentos anteriores y son capaces de realizar su propia investigación. O al menos eso es lo que los grados de ciencias solían representar. Hoy en día, algunas universidades han decidido devaluar la importancia de la licenciatura, degradando las tradiciones de la ciencia y prostituyendo la integridad de la beca.
4. Gurús alternativos
Es extraño que vivamos en una era en la que las personas que practican terapias alternativas son más famosas que las que practican las terapias convencionales. Por ejemplo, el gurú de la salud de Estados Unidos Deepak Chopra es un promotor mundialmente famoso de la medicina ayurvédica y otras terapias alternativas, y no hay un médico convencional que pueda igualar su estatus de celebridad global.
5. Los medios
Los periódicos, la radio y la televisión son, por supuesto, muy influyentes en cualquier debate. Sin embargo, están bajo constante presión para atraer lectores, oyentes y espectadores, lo que hace que muchas veces tiendan a ser sensacionalistas, que a veces significa no permitir que los hechos se interpongan en el camino de una buena historia.
6. Los medios
Los medios de comunicación son una fuerza poderosa para influir en el público, por lo que se merecen dos puestos en esta lista de los diez principales culpables.
7. La comunidad médica
La comunidad médica debería ser la principal embajadora de la medicina basada en la evidencia, combinando la mejor información de la investigación con su propia experiencia y el conocimiento de sus pacientes para ofrecer las mejores opciones de tratamiento. Esto debería significar que desaconsejen los tratamientos alternativos que, de forma general, se clasifican en: no probados, rechazados, peligrosos o costosos.
Lamentablemente, hay una parte demasiado grande de la comunidad médica que parece adoptar una postura completamente diferente.
8. Sociedades de medicina alternativa
Una plétora de sociedades de todo el mundo afirma representar a profesionales de diversas terapias alternativas. Solo en el Reino Unido hay alrededor de cien. Podrían ser una gran fuerza que ejerciese una influencia positiva ayudando a establecer altos estándares, promoviendo buenas prácticas y asegurando principios éticos. También podrían alentar las pruebas adicionales de terapias alternativas para la eficacia y la seguridad. En particular, estas sociedades deberían aclarar qué se puede tratar en las consultas de medicina alternativa y confirmar qué afecciones están más allá de sus capacidades. En cambio, muchas de ellas hacen afirmaciones sin fundamento para su terapia particular y permiten que en sus consultas se realicen todo tipo de intervenciones inapropiadas.
9. Gobiernos y entidades reguladoras
En su libro Bad Medicine (Mala medicina), el historiador David Wootton escribe: «Durante 2.400 años ha habido, por norma general, pacientes que creían que sus médicos hacían todo lo posible por ayudar en su curación; durante 2.300 años se equivocaron». En otras palabras, durante la mayor parte de nuestra historia la mayoría de los tratamientos médicos no han tratado la mayoría de nuestras enfermedades de manera efectiva. De hecho, la mayor parte de la comunidad médica de siglos anteriores empeoró la salud de sus pacientes en lugar de mejorarla.
El punto de inflexión se alcanzó con la llegada del pensamiento científico, el ensayo clínico y la regulación gubernamental para proteger a pacientes vulnerables de daños, tanto físicos como financieros. Gradualmente se fue apartando a quienes se habían estado lucrando a costa de vender aceite de serpiente y la medicina convencional se vio obligada a mostrar que sus tratamientos eran seguros y efectivos antes de que pudieran ser empleados.
10. La Organización Mundial de la Salud
Esta lista de personas, organizaciones y entidades responsables del crecimiento injustificado de la medicina alternativa ineficaz y a veces peligrosa no ha tenido un orden particular, excepto el que le hemos otorgado a la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha sido elegida deliberadamente para finalizar la lista, ya que tiene una posición especial.
Ninguna organización ha hecho más para mejorar la salud en todo el mundo, como la erradicación de la viruela, y sin embargo la OMS ha actuado vergonzosamente en su actitud y acciones hacia la medicina alternativa.
La OMS podría reparar su reputación si estuviera preparada para reevaluar la acupuntura de manera objetiva y publicar un nuevo informe que refleje la evidencia de los últimos y más fiables ensayos. De esta manera podría hacer una gran contribución al entendimiento del público sobre lo que la acupuntura puede y, más a menudo, no puede tratar. Desafortunadamente, no hay señales de que esto pueda suceder.
Peor aún, parece que la historia está a punto de repetirse y que la OMS está destinada a fallarnos y avergonzarse de nuevo. Según un informe de The Lancet, la OMS tiene previsto publicar un informe sobre la homeopatía que tendrá mucho en común con su informe irresponsable sobre la acupuntura. En otras palabras, será un estudio en el que la homeopatía esté idealizada y los estudios que la rodean sean carentes de rigor.
Una vez más, desde las consultas se utilizará el informe para ayudar a validar los tratamientos no válidos.

Esto nos lleva a una situación interesante: cualquier medicina alternativa probadamente segura y efectiva no es realmente una medicina alternativa, sino que pasa a formar parte de la medicina convencional. Por lo tanto, la medicina alternativa, por definición, parece consistir en tratamientos que no han sido probados, cuyas pruebas no son claras, que se ha demostrado que no funcionan, son inseguros, son placebos o su beneficio es mínimo.
Sin embargo, las consultas de medicina alternativa continúan usando el nombre «alternativa» como una insignia de honor, utilizándolo para dar a sus tratamientos deficientes un nivel de dignidad inmerecido. Usan el término «alternativa» para promover la noción de que de alguna manera explotan aspectos alternativos de la ciencia. La verdad, sin embargo, es que no existe ninguna clase de ciencia alternativa, del mismo modo que no existe una biología alternativa, una anatomía alternativa, una prueba alternativa o una evidencia alternativa.
Por el contrario, el concepto de un tipo alternativo de medicina es un retroceso a la Edad Media. La mayor parte de terapeutas de medicina alternativa siguen sin mostrar interés en determinar la seguridad y eficacia de sus intervenciones. Además, se trata de profesionales que tampoco ven la importancia de los ensayos clínicos rigurosos en el establecimiento de pruebas adecuadas a favor o en contra de sus tratamientos. Y donde ya existe evidencia de que los tratamientos son ineficaces o inseguros, la medicina alternativa continuará tapándose los oídos.
A pesar de esta situación inquietante, el mercado de tratamientos alternativos está en auge y el público está siendo engañado una y otra vez, a menudo por terapeutas mal guiados, a veces por charlatanes que se dedican a abusar de la gente.
Creemos que ya es hora de que se detengan los trucos y que los tratamientos reales tengan prioridad.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/04/14/los-simpsons-y-las-matematicas-simon-singh/

https://weedjee.wordpress.com/2021/06/11/truco-o-tratamiento-la-medicina-alternativa-a-prueba-simon-sigh-trick-or-treatment-the-undeniable-facts-about-alternative-medicine-by-simon-singh/

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This book examines and evaluates the evidence for four alternative medicines: acupuncture, homeopathy, chiropracty, and herbal medicine. By and large, Singh and Ernst, a journalist and a physician with a background in homeopathy, trash what they see. The research, when present, is weak, overstated, and poorly controlled. Repeatedly, they conclude that there is little evidence that these treatments are little better than a placebo, except for a scattering of herbal remedies and in more limited circumstances than often articulated (e.g., chiropracty for back pain).
Singh and Ernst argue that even treatments that are useful, such as St. John’s wort, should not be taken uncritically. St. John’s wort can interfere with many medicines, including many medicines used for HIV and cancer, some oral contraceptives, and immunosuppressants. Unfortunately, many people believe that herbal remedies are inherently safe because they are natural. Singh and Ernst argue natural does not mean safe, nor that conventional medicine is necessarily unsafe.
My favorite parts of the book were the first two chapters focusing on research design – and bloodletting. (Did you know that George Washington had been drained of half his blood in less than a day?) Singh and Ernst discuss the difficulties of using single cases as “proof,” the importance of blinding patients and doctors to treatments during clinical trials, the dangers of uncritical acceptance of endorsements, and more. For example, in 1854, patients at the London Homoeopathic Hospital had a survival rate of 84%, compared to just 47% for patients receiving more conventional treatment at a nearby hospital. This difference seems to clearly indicate that homeopathy was more effective than conventional medicine, but Singh and Ernst argue that this difference could be attributable to differences in hygiene, the typical levels of illness at each hospital, or how ineffective conventional medicine was during that period (think bloodletting, vomiting, and “medicines” such as arsenic and mercury). Interesting read.

Hippocrates said that if someone proposed a new medical treatment, we should use science to decide if it works or not, rather than relying on personal opinions. Science uses experiments, observations, tests, arguments, and discussions to reach an objective consensus about the truth. Even when a conclusion has been reached, science continues to investigate and favors its own criticism in case it has made a mistake. Rather, opinions are subjective and contradictory, and whoever possesses the best social ability will have the best chance of promoting their opinion, regardless of whether they are right or wrong.
In fact, we can define alternative medicine as any therapy that is not accepted by most of the mainstream medical community, which generally also means that these alternative therapies have mechanisms of action that modern medicine is unable to understand. In scientific language, alternative therapies are said to be biologically implausible.
1. Perhaps alternative medicine is completely useless. Perhaps it is surrounded by very persuasive marketing that misleads us into believing that alternative medicine works. It may seem that in alternative medicine practices there are kind people, talking as they do about such attractive concepts as “wonders of nature” and “ancient wisdom,” but they may be misleading the public, or maybe they are even people who are also deluded. They also use awesome buzzwords like “holistic,” “meridians,” “self-healing,” and “individualized.” If we could see beyond the jargon, would we realize that alternative medicine is just a scam?
2. It may be that alternative medicine is astonishingly effective. Perhaps the most skeptical people, including a large part of the medical community, are unable to recognize the benefits of a more holistic, natural, traditional and spiritual approach to health. Medicine has never claimed to have all the answers.
3. Perhaps the truth is somewhere in the middle.

The rise of bloodletting began in Ancient Greece, as a consequence of the widely held view that diseases were caused by an imbalance in the four bodily fluids, also known as the four humors: blood, yellow bile, black bile, and phlegm. In addition to affecting health, imbalances in these four humors resulted in particular temperaments. Blood was associated with optimistic character, yellow bile with being irascible, black bile with dejection, and phlegm with feeling indifferent. Modern language still preserves today the echo of humor in words such as sanguine, choleric, melancholic or phlegmatic, although its meaning has evolved over time.
Coincidentally, the same day that Washington died, December 14, 1799, there was a court ruling on whether the bloodletting was really a cure or a harm. The trial arose as a result of an article written by the renowned English journalist William Cobbett, who lived in Philadelphia and had taken an interest in the activities of Dr. Benjamin Rush, the most famous and vocal defender of bloodletting.
When deciding on the true value of indentations the medical profession needs a more rigorous procedure, somewhat less biased than even the fairest court imaginable. In fact, while Rush and Cobbett were debating medical matters in court, they were unaware that precisely the right kind of procedure to establish the truth about medical matters had been discovered across the Atlantic and was being used to great impact.

The lesson to be drawn from Florence Nightingale’s medical triumphs is that scientific proof is not only the best way to establish truth in medicine but the best mechanism for this truth to be recognized. The results of the statistical tests are so powerful that they even allow a relatively unknown person like Nightingale, a young woman who was not part of the medical community and relatively unknown, to prove that she was right and that those who commanded were wrong. Without medical essays, lonely visionaries like Nightingale would be ignored, while doctors would continue to act according to a corrupt body of medical knowledge based purely on tradition, dogma, fashions, politics, marketing, and anecdotes.
Perhaps one of the best reasons to categorize medical treatment as alternative is if the medical community views it as blasphemous.

Most people believe that acupuncture, the process of inserting needles throughout the body to improve health, is a type of medicine that originates from China. However, the oldest evidence of this practice was found in the heart of Europe. In 1991 two German mountaineers, Helmut and Erika Simon, found a frozen body on a glacier in the Alpine valley of Ötz, near the border between Italy and Austria. At first they thought that it was a recent corpse of someone who was doing mountaineering, since, due to the adverse weather conditions, there were a large number of mountaineers who ended up losing their lives while practicing this sport. But the reality is that they had stumbled upon the remains of a 5,000-year-old man.
One of the most unexpected avenues of research was initiated by Dr. Frank Bahr of the German Academy of Acupuncture and Auriculomedicine. For him, the most interesting aspect of Ötzi were tattoos that covered certain parts of his body. These tattoos consisted of lines and dots that, instead of being pictorial, seemed to form fifteen groups. In addition, Bahr noted that the marks were in positions that were familiar to him: “I was surprised: 80% of the points were those currently used in acupuncture”.
Acupuncture grew in popularity in North America, prompting a portion of the medical community to test its efficacy. For example, in Philadelphia in 1862 an attempt was made to resuscitate drowned cats by inserting needles into their hearts, based on some claims from European acupuncture. However, this American experiment was unsuccessful.

The first medical patent issued under the United States Constitution was awarded in 1796 to physician Elisha Perkins, who had invented two metal bars that she claimed could extract pain from her patients. These “tractors”, as she nicknamed them, did not have to be inserted into any part of the body of her patients, but only had to be rubbed on the painful surface for several minutes, during which time they would “extract the harmful electricalLuigi Galvani had recently shown that the nerves of living organisms responded to what he called “animal electricity,” so Perkins tractors were part of this growing fad based on the principles of electricity.
Perkins provided electrothera merged cures for all kinds of pain and also claimed that her tractors could end rheumatism, myasthenia and hypoesthesia. She soon boasted of having cured more than 5,000 patients, and her reputation was bolstered by the support of various medical schools and prominent figures such as George Washington, who had bought a pair of tractors. The idea was exported to Europe thanks to Benjamin, the son of Perkins, who had emigrated to London, where he had published the book The Influence of Metallic Tractors on the Human Body (The influence of metal tractors on the human body). Father and son made a great fortune thanks to these devices.
Placebo “is a word of Latin origin that means” I will please “, and was used by writers like Chaucer to describe hypocritical expressions that could never be useful:” The flatterers are the diabolical chaplains who sing to the placebo. ” It wasn’t until 1832 that the word “placebo” acquired a medical meaning, referring to an ineffective or hypocritical treatment that could never be helpful.
Notably, Haygarth had realized that the placebo effect was not only restricted to misleading treatments, but she believed that it could also be a significant effect in authentic treatments. For example, although a patient notices benefits when taking aspirin chronically due to the biochemical effects of this pill, there is also an extra effect due to the placebo effect, a result of the safety that each patient has in aspirin or the medical prescription. In other words, a real drug offers a benefit largely due to the drug itself and, to a lesser extent, due to the placebo effect, while the benefit of fake drugs would be solely due to the placebo effect.
Interest in the placebo effect grew during the 19th century, but it was not until the 1940s that a rigorous program was established to test its potential thanks to the American anesthetist Henry Beecher. Beecher’s interest in the placebo effect arose at the end of World War II, when, due to a lack of morphine in the military field hospital, they were forced to carry out an unusual experiment. Instead of treating a wounded soldier without morphine, they injected him with saline solution and told the patient that they had injected him with a very powerful pain reliever. To Beecher’s surprise, the patient immediately relaxed and showed no signs of pain, distress, or shock.

1. Acupuncture specialists point out that we cannot ignore randomized, placebo-controlled clinical trials that indicate that acupuncture works. Of course, such evidence should not be ignored, but it should be compared with the evidence that counteracts it, and we must decide which side of the argument is more compelling, in the same way that a jury would in a legal case.
2. On the other hand, it is argued that acupuncture, like many alternative therapies, is an individualized and complex therapy and that it is therefore not suitable for this type of large-scale testing carried out in a clinical trial. This argument is based on the misunderstanding that clinical trials do not take into account individualization or complexity. The truth is that such characteristics can be (and usually are) incorporated into the design of clinical trials.
3. It is also claimed that the philosophy underlying this therapy is so at odds with conventional science that clinical trial is inappropriate to test its efficacy. But this accusation is irrelevant, since clinical trials have nothing to do with philosophy. Instead, clinical trials are only concerned with testing whether a treatment is effective or not.
4. From acupuncture there are complaints that clinical trials are not appropriate for alternative therapies since the impact of the treatment is very subtle. But if the effect of acupuncture is so subtle that it cannot be detected, then is it really worthwhile therapy? Modern clinical trials are very sophisticated, flexible and sensitive in such a way that they allow to evaluate the efficacy or not of the treatment and are the best way to detect even the most subtle effect.
5. Finally, it is also pointed out that real acupuncture may work just as well as sham acupuncture, but what if sham acupuncture offers a genuine medical benefit to the health of your patients? We have so far assumed that sham acupuncture lacks activity except as a placebo, but is it conceivable that the misplaced, superficial puncture also somehow touches the meridians of the body? If this turns out to be true, the whole philosophy of acupuncture falls apart: inserting a needle anywhere at any depth would have a therapeutic benefit, which seems highly unlikely.

Unlike acupuncture, the origins of homeopathy are not lost in the mist of time, but can be traced back to the works of a German physician named Samuel Hahnemann in the late 18th century. Having studied medicine in Leipzig, Vienna, and Erlangen, Hahnemann earned a reputation as one of the most advanced intellectuals in Europe. He published a large number of articles on medicine and chemistry and used his knowledge of English, French, Italian, Greek, Latin, Arabic, Syrian, Chaldean, and Hebrew to translate numerous academic treatises.
Homeopathy spread rapidly throughout Europe during the first half of the 19th century, so much so that Hahnemann’s philosophy became well established during his own lifetime. The idea that “the similar cures the similar” and the belief that diseases were “disorders of the power, like the spirit, animating the human body” sounded similar to some elements of the still highly respected Greek philosophy of medicine. so homeopathy was greeted with enthusiasm. Furthermore, Hahnemann’s ideas emerged before the scientific community had firmly established the microbial theory of disease or the atomic theory of matter, so life force and ultra-weak dilutions didn’t sound as strange as they do today.

Chiropractic, which generally treats back or neck problems by manipulating the spine, is becoming in many places one of the fundamental pillars of the healthcare system, so many of the people will be surprised to see this therapy included in a book about alternative medicine.
Towards the end of the 19th century, chiropractic began to approach medicine with a radically new vision of health. The founders of chiropractic therapy argued that poor health was due to subluxations, that is, slight misalignments in the vertebrae with respect to the spine. In turn, it was believed that subluxations interfered with the flow of so-called innate intelligence (similar to a vital force or energy), which later led to health problems of all kinds. However, there is no evidence for the existence of this innate intelligence or its role in health. The concepts of innate intelligence and subluxations are as mystical and puzzling as the concept of qi in acupuncture or extreme dilution in homeopathy, which means that it makes absolutely no sense from a modern scientific point of view. Precisely for this reason, chiropractic treatment is still considered by many people as an alternative medicine, despite its current popularity.
Chiropractic therapy, which grew out of the tradition of composing bones, was founded by Daniel David Palmer, born in 1845 near Toronto, Canada, and who at the age of twenty had moved to Iowa. Palmer gradually developed interest in medicine, in spiritual healing and in magnetic healing, but his interest in the potential of spinal manipulation dates back to a specific event that took place on September 18, 1895.
Unfortunately, manipulation of the cervical region is a common practice in chiropractic practices, because it was promoted by B. J. Palmer as the most powerful chiropractic technique. But the chiropractic community has been oblivious to the damage it could have caused, as there is often a delay between spinal dissection and blood blockage in the brain. Therefore, the link between chiropractic therapy and strokes went unnoticed for decades. However, recently, cases have been identified in which manipulation of the cervical region has undoubtedly been the cause of vertebral dissection.
One of the clearest cases that highlights the dangers of spinal manipulation is the case of Laurie Mathiason, a twenty-year-old Canadian who attended a chiropractic consultation twenty-one times between July 1997 and February 1998 to relieve her low back pain. In all consultations her practitioner manipulated her cervical vertebrae, but after her penultimate visit she complained of pain and stiffness in her neck. That night she became clumsy, dropping ashtrays and plates in the restaurant where she worked.
As her therapist manipulated her neck once more, Laurie began to cry, her eyes went blank, she foamed at the mouth, she began to have seizures and went cyanotic. She was rushed to the hospital, where she was left in a coma and ended up dying three days later.

Over the past two decades there have been countless newspaper articles defending the benefits of herbal remedies derived from St. John’s wort, a plant that is supposed to act as an antidepressant. In fact, sales of St. John’s wort soared in the 1990s, so much so that its consumption increased faster than that of any other medicinal plant. But is this sales boom justified? Can St. John’s Wort Really Help Depression Patients?
St. John’s wort (Hypericum perforatum), native to Europe, would be recognized by early farmers as a poisonous plant since it could harm grazing cattle, causing problems such as miscarriages and even death. Perhaps its toxicity led to the practice of hanging St. John’s wort in homes to scare away evil spirits. In fact, the tradition evolved until people began hanging the herb on Saint John’s Day, June 24, shortly after its yellow flowers appeared. The association with the saint’s day is the way the plant got its name, with the wort appendix simply being the Old English term for “plant.”
Three potential dangers of this type of medicine:
1. Direct toxicity of herbal medicine.
2. Indirect reactions caused by interactions with other medications.
3. Risk due to contaminants and adulterants.
Before embarking on taking a specific herbal remedy it is crucial to make sure that it is known to be safe.

The three principles of alternative medicine are really fallacies:
1. The “natural” fallacy
Just because something is natural doesn’t mean it’s good and just because something isn’t natural doesn’t mean it’s bad. Arsenic, cobra venom, nuclear radiation, earthquakes, and the Ebola virus can all be found in nature, while vaccines, glasses, and hip replacements are all human works. Or, as Medical Monitor magazine points out, “Nature is non-judgmental and can be seen to work as clearly and inexorably in spreading an epidemic as it does in the birth of a healthy baby.”
2. The “traditional” fallacy
The notion that traditional is synonymous with good quality helps many alternative therapists because it means that the placebo effect is reinforced by a dose of nostalgia. However, it would be wrong to assume that traditional therapies are inherently good. Bleeding was a tradition for centuries and over time they have harmed many more people than they have cured. Our job in the 21st century is to prove what our ancestors have bequeathed to us. That way we can continue with good traditions, adapt those that have potential, and abandon those traditions that are crazy, bad, or dangerous.
3. The “holistic” fallacy
Alternative therapists use the term “holistic” to imply that their methodology is superior to that of conventional medicine, but this “more holistic than you” attitude is unjustified. Holistic simply means taking a perspective on medicine that considers the whole person, and conventional physicians treat their patients holistically as well. General practitioners consider a patient’s lifestyle, diet, age, family history, medical background, genetic information, and the results of a variety of tests. If anything, conventional medicine takes a more holistic view than alternative medicine.
1. The fallacy of science cannot test alternative medicine.
2. The fallacy of science does not understand alternative medicine.
3. The fallacy of science is biased against alternative ideas.

Culprit:
1. Celebrities
This list is not compiled in any particular order, so celebrities are not necessarily the biggest contributors to unjustifiably promoting ineffective alternative medicine, but they have certainly played an important role in recent decades.
2. Medical scientific community
There has been a general trend in research to focus solely on its own specialty, perhaps developing new antibiotics, vaccines or surgical techniques, while ignoring the fact that in alternative medicine practices all this work is often destroyed by scaring over effects of conventional medicine and overestimating their own alternative treatments. In other words, there is too large a part of the scientific community that knows about the rise of alternative medicine and the wild theories behind it, but they are silent.
3. Universities
Science degrees have always been a treasured asset. Students who successfully complete high school demonstrate that they know the general principles and foundations of a particular discipline and can begin studying at a higher level. Those who manage to finish a university degree related to experimental science have shown that they understand the knowledge derived from previous experiments and are capable of conducting their own research. Or at least that’s what science degrees used to represent. Today, some universities have decided to devalue the importance of the bachelor’s degree, degrading the traditions of science and prostituting the integrity of the scholarship.
4. Alternative gurus
It is strange that we live in an age where people who practice alternative therapies are more famous than those who practice conventional therapies. For example, American health guru Deepak Chopra is a world-famous promoter of Ayurvedic medicine and other alternative therapies, and there is no mainstream physician who can match his global celebrity status.
5. The media
Newspapers, radio and television are, of course, very influential in any debate. However, they are under constant pressure to attract readers, listeners, and viewers, making them often tabloid, which sometimes means not letting the facts get in the way of a good story.
6. The media
The media is a powerful force in influencing the public, which is why they deserve two spots on this list of the top ten culprits.
7. The medical community
The medical community should be the main ambassador for evidence-based medicine, combining the best information from research with its own experience and the knowledge of its patients to offer the best treatment options. This should mean that they advise against alternative treatments that are generally classified as: unproven, rejected, dangerous or expensive.
Unfortunately, there is too large a part of the medical community that seems to take a completely different position.
8. Alternative medicine societies
A plethora of societies around the world claim to represent practitioners of various alternative therapies. In the UK alone there are about a hundred. They could be a great force exerting a positive influence by helping to set high standards, promote good practice, and ensure ethical principles. They could also encourage further testing of alternative therapies for efficacy and safety. In particular, these societies should clarify what can be treated in alternative medicine consultations and confirm which conditions are beyond their capabilities. Instead, many of them make unsubstantiated claims for their particular therapy and allow all sorts of inappropriate interventions to be made in their consultations.
9. Governments and regulatory entities
In his book Bad Medicine, historian David Wootton writes: “For 2,400 years there have been, as a general rule, patients who believed that their doctors did everything possible to help in their healing; for 2,300 years they were wrong. ‘ In other words, for most of our history, most medical treatments have not treated most of our illnesses effectively. In fact, most of the medical community of previous centuries worsened the health of their patients instead of improving it.
The turning point was reached with the advent of scientific thinking, clinical trials, and government regulation to protect vulnerable patients from harm, both physical and financial. Gradually those who had been profiting from selling snake oil were pushed aside, and conventional medicine was forced to show that its treatments were safe and effective before they could be used.
10. The World Health Organization
This list of people, organizations and entities responsible for the unjustified growth of ineffective and sometimes dangerous alternative medicine has not had a particular order, except that we have given to the World Health Organization (WHO), which has been deliberately chosen finalize the list as it has a special position.
No organization has done more to improve health around the world than the eradication of smallpox, and yet the WHO has acted shamefully in its attitude and actions towards alternative medicine.
WHO could repair its reputation if it were prepared to re-evaluate acupuncture objectively and publish a new report reflecting the evidence from the latest and most reliable trials. In this way you could make a great contribution to the public’s understanding of what acupuncture can and, more often, cannot treat. Unfortunately, there are no signs that this could happen.
Worse still, it seems that history is about to repeat itself and that the WHO is destined to fail us and be ashamed again. According to a report in The Lancet, the WHO plans to publish a report on homeopathy that will have a lot in common with its irresponsible report on acupuncture. In other words, it will be a study in which homeopathy is idealized and the studies surrounding it are lacking in rigor.
Once again, from the consultations the report will be used to help validate the invalid treatments.

This brings us to an interesting situation: any proven safe and effective alternative medicine is not really alternative medicine, but becomes part of mainstream medicine. Therefore, alternative medicine, by definition, appears to consist of treatments that have not been tested, for which the evidence is unclear, that have been shown not to work, are unsafe, are placebos, or are of minimal benefit.
Yet alternative medicine practices continue to use the name “alternative” as a badge of honor, using it to give their poor treatments an undeserved level of dignity. They use the term “alternative” to promote the notion that they somehow exploit alternative aspects of science. The truth, however, is that there is no kind of alternative science, just as there is no alternative biology, alternative anatomy, alternative test, or alternative evidence.
On the contrary, the concept of an alternative type of medicine is a throwback to the Middle Ages. Most alternative medicine therapists remain uninterested in determining the safety and efficacy of their interventions. Furthermore, these are professionals who also do not see the importance of rigorous clinical trials in establishing adequate evidence for or against their treatments. And where there is already evidence that treatments are ineffective or unsafe, alternative medicine will continue to plug its ears.
Despite this disturbing situation, the market for alternative treatments is booming and the public is being misled over and over again, often by misguided therapists, sometimes by charlatans who are out to abuse people.
We think it’s about time the cheating stopped and real treatments took priority.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/04/14/los-simpsons-y-las-matematicas-simon-singh/

https://weedjee.wordpress.com/2021/06/11/truco-o-tratamiento-la-medicina-alternativa-a-prueba-simon-sigh-trick-or-treatment-the-undeniable-facts-about-alternative-medicine-by-simon-singh/

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