Por Una España Digital: Una Hoja De Ruta Para Que El Estado Y Las Empresas Den El Salto A La Economía Digital — Javier Rodríguez Zapatero / by Javier Rodríguez Zapatero (spanish book edition)

Este libro es una muy buena reflexión sobre la hoja de ruta del cambio que necesitamos como país. Atrevido y retador.
Para crear una sociedad digital, se necesita una conexión impecable. En este contexto, impecable significa capaz de llegar hasta el último rincón del territorio con una velocidad adecuada para prestar un buen servicio y permitir que los ciudadanos interactúen de forma recurrente con la Administración, los bancos o las empresas, entre otros.
El primer cambio necesario para lograr este objetivo afecta a la mentalidad. Se requiere una evolución en nuestra forma de pensar acorde con la asimilación de los enormes cambios que hemos vivido y que han sentado las bases de una sociedad distinta.
– Internet como derecho. La relevancia de la conexión a internet es de tal calibre que ha conquistado la categoría de derecho. Ya no estamos hablando del acceso a unos servicios premium , sino a un servicio casi esencial porque para un ciudadano constituye la diferencia entre tener las mismas oportunidades que otros o no. Esta convicción llevó a la ONU a declarar el acceso a internet como un derecho humano.
1. La vertebración de la ciudadanía. En la sociedad actual, la conexión es un instrumento vital para la pertenencia y para interactuar en sociedad. Tanto en el ámbito privado como en las facetas más públicas de nuestros perfiles, la red nos permite hacer prácticamente de todo. Es más, pensemos en cómo merman las capacidades de un ciudadano para estudiar, buscar un empleo, informarse, comunicarse o buscar y consumir los productos y servicios que necesita si no dispone de conexión digital. En la sociedad digital, ser un ciudadano de pleno derecho y con todas las oportunidades supone necesariamente ser digital y estar conectado. ¿Cómo han experimentado nuestros ciudadanos no conectados el confinamiento por la COVID-19? Es evidente que, a la mayoría, el hecho de estar conectados nos ha permitido mantenernos vertebrados dentro de la sociedad. Internet debe ser un derecho universal.
2. El efecto democratizador de la red. Uno de los mayores logros que ha supuesto internet para nuestra sociedad es la forma en que ha roto las fronteras y globalizado el mercado, hasta convertirse en un escaparate en el que todos los productos tienen las mismas oportunidades de impactar en un mercado formado por todos los millones de usuarios conectados —más de cuatro mil quinientos millones mientras escribo estas líneas, y se siguen multiplicando mes a mes a pasos de gigante—. No pretendo en absoluto ser demagogo: también en internet ya hay gigantes, y ello supone que disfrutan de los privilegios que les otorga una posición ventajosa.
3. La acción catalizadora en el desarrollo. Trasladémonos por un momento a la España de hace treinta años y reflexionemos sobre la forma en que el desarrollo de las infraestructuras (carreteras, aeropuertos, alta velocidad, logística portuaria, hospitales, redes de telecomunicaciones, etc.) ha contribuido al enorme crecimiento de nuestra economía. La consecución de un equipamiento adecuado facilita el funcionamiento de los mercados, atrae a la inversión privada, reduce el coste de los bienes y servicios, fomenta el empleo y la creación de empresas, además de ejercer una labor crucial para fomentar el crecimiento equilibrado de todas las regiones. Pues bien, a día de hoy, la red es la que debería ejercer esa misma función de catalizador del desarrollo.

En cobertura de banda ancha y 4G, España está por debajo de los países de Europa, aunque con unos porcentajes muy elevados de penetración en hogares (95 por ciento).
¿Cuál es el problema? La respuesta no es la disponibilidad, sino la adopción. En este momento, la simple conexión a la red no es suficiente. Para desarrollar la economía digital es necesario ofrecer a los ciudadanos una banda ancha de alta velocidad que no sólo garantice un uso adecuado de los servicios actuales, sino que permita el desarrollo de todos los que están por llegar. La idea es ir por delante y no reaccionar ante las necesidades acuciantes, porque, si nos limitamos a aplicar una estrategia reactiva, la más común en el entorno político, nunca podremos ser competitivos.
En definitiva, nuestra internet no es mala, pero no es la óptima. Además, nos aqueja un problema cultural. Mi propuesta es una internet de un giga y gratuita para todos los españoles. Lo cierto es que tenemos ya construidas las autopistas, sólo que en su mayoría son inversiones que ha hecho el sector privado. ¿Qué necesitamos para que el Gobierno pueda controlar y garantizar un servicio de este tipo a los ciudadanos? Sin duda, para empezar, un acuerdo entre los sectores público y privado de tal forma que las operadoras de telecomunicaciones cobren un canon al Estado, pero basen su negocio en otro tipo de servicios.
También en este caso, el cambio de mentalidad afecta a ambas partes. El Gobierno tiene que emprender las acciones necesarias para llevar una conexión de máxima calidad a todo el territorio, proveer a sus ciudadanos de un servicio que iguale a todos, vivan donde vivan, y que llegue adonde nunca lo haría el sector privado por falta de rentabilidad —vuelta a la idea del derecho por encima del servicio—. Las operadoras, por su parte, tienen que buscar una nueva vía de ofrecer valor añadido a sus clientes.

El país entiende que la educación es crucial y que necesita muchas mejoras, pero no existe una voluntad real de cambiarla y no moviliza suficientemente a la ciudadanía. Y, sin embargo, sin ella estamos poniendo en riesgo nuestro futuro, y no hablo sólo de una cuestión puramente económica, sino de nuestra convivencia, el bienestar, de la propia democracia y hasta de la supervivencia.
• Sistema y metodología anticuados. Nuestra universidad se mueve de una forma completamente ajena al mundo actual:
− Tiene un sistema muy jerárquico en el que el estudiante prácticamente no participa ni interactúa, más bien asiste.
− Asiste a clases magistrales, en su mayoría en un formato de transmisión de conocimientos y evaluación como mecanismo de control y criba, que permanece impertérrito ante el paso del tiempo y ha mostrado su escaso índice de éxito; fracasó de forma clara en países como Estados Unidos.
− No es una institución libre de tomar sus propias decisiones en todo aquello que la afecta porque está supeditada a los altibajos políticos constantes.
• Profesión docente endogámica. Como consecuencia de todo lo anterior, se ha forjado una profesión docente desvirtuada en relación con sus orígenes y funciones esenciales:
− La carrera de un profesor en la universidad pública es funcionarial, lo que determina la imposibilidad de despedir a los profesores titulares y catedráticos.
• Enfoque obsoleto. El continuismo al que ha llevado la inercia de todo el sistema también ha desembocado en una realidad que no responde a las necesidades del mundo actual, muy alejada del entorno empresarial en el que luego deben desembocar los alumnos.
• Contenidos incompletos. Una de las quejas omnipresentes de los docentes es que el sistema educativo les cambia todas las preguntas cuando ya han sido capaces de encontrar todas las respuestas.
• Falta de motivación o actitud.
La lista de problemas es larga y dolorosa. Parece que hablamos de una institución abandonada y poco querida. Creo que nuestra sociedad está sufriendo a causa de un sistema educativo diseñado para otra época, ideologizado porque así ha convenido a los políticos —y a sus intereses económicos o los del círculo que los financia— y con resultados cada vez peores.
No digo que el turismo no tenga que ser una fuente de ingresos para el país ni que debamos renunciar a algunas de nuestras claras señas de identidad y a nuestro modo de vida. Pero sí defiendo que España puede y debe aspirar a ser una potencia mundial en innovación, y eso sólo se consigue si ganamos la batalla de la educación.

España es un país rico en creatividad, talento, capacidad de trabajo y sacrificio. Lo tenemos casi todo para ser un número 1 mundial en esta nueva economía que nos envuelve y nos ha trastocado los esquemas. Pero nos falta lo más importante: cultura, disciplina y determinación política. Al menos, tenemos claro contra qué enemigo luchamos.
Repasemos algunos de los frenos:
• Burocracia: Un emprendedor español necesita dedicar 12,5 días al año en exclusiva para hacer trámites en siete ventanillas distintas. Caro y poco eficiente.
• Coste: Obviamente depende mucho del tipo de actividad y de la necesidad de inversión previa en instalaciones, producción o personal, entre otros factores, pero, como punto de partida, crear una empresa en nuestro país cuesta entre cuatro y cinco mil euros que se van en los gastos de notaría, registro, tasas e impuestos y capital social inicial exigido por la ley.
• Formación: Absoluta carencia de preparación en escuelas y universidades. Los emprendedores españoles provienen de cursar disciplinas muy variadas (a veces ningún estudio superior) e incluso de dirigir empresas, pero no acceden a preparación específica para crearlas, simplemente porque no existe. Y en su mayoría, las pocas universidades de emprendimiento en este país son privadas y su huella llega a pocos.
• Valoración social: Éste es un aspecto directamente dependiente de nuestras rémoras culturales, y es que la percepción del entorno sobre el emprendedor no es especialmente positiva. El «empresario» español arrastra una mochila pesada como explotador y avaro heredada de épocas de la lucha obrera.

• La justicia: Anquilosada en aplicaciones distintas en cada comunidad autónoma, todas obsoletas y lentas, dependiente de trámites arcaicos, poco actualizada y dotada de infraestructura y sin una visión de conjunto para todo el país. El año pasado se dio por finalizada la implantación del sistema de justicia digital en la parte que depende del Estado —comunidades autónomas en las que no se han transferido las competencias—, que permite presentar por esta vía el 81 por ciento de los escritos. El sistema Lexnet lleva ya acumuladas ochenta millones de notificaciones y ha permitido acortar los plazos de presentación de demandas de sesenta a diecinueve días. Sin duda, es un gran avance, pero el funcionamiento y la dotación del sistema en sí están a años luz del sector privado.
• Los servicios de valor añadido: La digitalización de la Administración está muy volcada en replicar el modelo de funcionamiento analógico, pero permitiendo que los documentos se hagan a través de un ordenador. Utilizar las herramientas nuevas para mejorar el funcionamiento de todo es siempre una buena idea, pero la digitalización va mucho más allá.
• Información. Internet es, por definición y sobre otras muchas cosas, la era de la información. Uno de los pilares de la economía digital es su capacidad para recopilar, tratar, interpretar, clasificar, analizar y aprender a partir de los datos. Datos que compartimos, que delegamos a cambio de servicios gratuitos, datos que se generan de forma constante en millones de interacciones. Datos que, convenientemente tratados, se convierten en información analizada para alimentar sistemas capaces de tomar decisiones, vender, mejorar y dar servicios.
• Nuevos servicios. Hay un papel fundamental que es inherente a la Administración general: tiene que garantizar a los ciudadanos unos servicios esenciales, pero eso no impide que se pueda gestionar como un ente moderno e innovador.
• Cultura y ciberseguridad. Para sustentar todo el proceso, es necesario que la transformación se apoye en una nueva cultura que comprometa a toda la ciudadanía y que le aporte la misma o más seguridad que la que tiene con una Administración analógica. Para lograr ese cambio cultural, la receta infalible es la formación.

• Inversión en I+D: El dinero que España dedica a innovación está por debajo del que destinan todos los líderes digitales y las grandes economías del mundo, excepto Italia. Ha sido fruto, además, de muchos altibajos: una tendencia creciente en la primera década del siglo, caída desde 2009 y trienio de subidas entre 2015 y 2017.
• Empresas y TIC: Las empresas son las que están tirando del carro de la innovación en nuestro país. Marcaron su récord en el año 2008 con una inversión de 8.073 millones y en 2017 se quedaron en 7.717. Aunque la tendencia es alcista, la mala noticia en este caso es que no aumenta el número de compañías que invierten en ciencia; al contrario, mientras que en 2008 existían más de 15.000 empresas inversoras, el nivel actual ha bajado un 30 por ciento.
• Patentes: Son una consecuencia de la inversión y la mentalidad dirigida hacia la innovación y, como decía antes, una garantía de crecimiento porque en el mundo actual no sirve progresar a partir de lo que inventan otros. Y, sin duda, un baremo muy útil para medir la innovación de cada país, aunque no el único. En el caso de España, su condición como país de servicios y mucho menos de producción merma bastante su posición como sede de patentes.
• Capital humano: Llegamos al tercer punto negro de nuestra parcela innovadora. A pesar de ser como somos un país excelso en creatividad, arrastramos unos desequilibrios tan potentes en educación que carecemos de profesionales preparados para dar una vuelta a esta situación.
Ya he dedicado un capítulo a la educación, uno de los aspectos más relevantes y que mayor peso va a tener en nuestra transformación digital.
La ciencia ha sido una de las grandes damnificadas durante la crisis: ajustes presupuestarios, recortes, partidas sin ejecutar, agenda política con otras prioridades. Es un nivel que no se corresponde en absoluto con nuestra posición como cuarta economía de la eurozona, como si creciéramos dando la espalda al progreso.

• Potenciar la formación digital: Hoy se puede acceder a cursos de gestión empresarial digital a costes muy accesibles e incluso gratuitos.
• Gestión digital: Incluye presupuestos, facturas o presentación telemática de impuestos. Hay cada vez más, mejor y más competitivo software de gestión empresarial que permite hacer todo esto muy fácilmente.
• Incidir en el almacenamiento de ficheros en la nube y aplicaciones avanzadas para reuniones virtuales.
• Desarrollo del puesto de trabajo móvil , accesible a través de diversos dispositivos y para el teletrabajo, pero también pensado para perfiles profesionales que necesiten desplazamientos, como podrían ser comerciales o instaladores.
La maldita pandemia de la COVID-19 va a dejar mucha pyme en la cuneta. No podemos permitir que la pequeña y mediana empresa se quede atrás y éste es el momento en el que nuestros dirigentes políticos tienen que poner la carne en el asador. Hay un proverbio estadounidense que reza: «Si quieres ir rápido, debes caminar solo; pero si lo que quieres es llegar lejos, mejor ve acompañado». Hay que acompañar a las pymes.

– No tenemos las leyes necesarias para la era digital. Es un hecho. Entre 1996 y 2019, en España hemos tenido una Ley de Propiedad Intelectual, por ejemplo, que no mencionaba una palabra sobre los videojuegos, una industria de quinientos millones de euros. Los negocios más nuevos y rompedores se pasan años trabajando en el limbo de vacíos legales, como los deportes electrónicos, los negocios de movilidad —Uber, Cabify—, las criptomonedas y todo el entorno de blockchain o los proyectos pioneros de internet de las cosas, entre otros, hasta que llegan las leyes y, cuando se aprueban, muchas se zambullen directamente en la polémica, en parte porque legislan sobre cosas nuevas con la misma mentalidad de siempre, es decir, intentan regular la era digital con los mimbres de la analógica.
– Necesitamos legisladores a la altura de los tiempos y los retos que abordamos. Y necesitamos reclamarles ese compromiso como sociedad. Pero no quiero eludir ni un ápice de responsabilidad. Los ciudadanos somos capaces de meter en campaña o en la agenda política aquellas demandas que nos llevan a la calle o a los escenarios en donde más altavoz consiguen nuestras reclamaciones. Y no hemos logrado que el reto de la transformación se cuele en los programas políticos.
– El futuro es exponencial. Ésta es una idea que vengo afirmando día tras día en mis clases y mis conferencias y que parece no agotarse. No pretendo profundizar mucho en este concepto y sus implicaciones porque darían para otro libro. Pero sí quiero decir aquí que «el futuro es exponencial» significa que estamos rodeados de tecnologías que se comportan de esta forma.
Cuando aparece una tecnología nueva, conlleva una promesa implícita de crear un mundo mejor.

El optimismo es la fe que conduce al éxito. Nada puede hacerse sin esperanza ni confianza.
HELLEN KELLER

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This book is a very good reflection on the roadmap of change that we need as a country. Bold and challenging reading.
In order to create a digital society, you need a seamless connection. In this context, impeccable means capable of reaching the last corner of the territory with an adequate speed to provide a good service and allow citizens to interact on a recurring basis with the Administration, banks or companies, among others.
The first change necessary to achieve this goal involves mindset. An evolution is required in our way of thinking in accordance with the assimilation of the enormous changes that we have experienced and that have laid the foundations of a different society.
– Internet as a right. The relevance of the internet connection is of such caliber that it has conquered the category of law. We are no longer talking about access to premium services, but to an almost essential service because for a citizen it constitutes the difference between having the same opportunities as others or not. This conviction led the UN to declare internet access a human right.
1. The structuring of citizenship. In today’s society, connection is a vital instrument for belonging and for interacting in society. Both in the private sphere and in the more public facets of our profiles, the network allows us to do practically everything. What’s more, let’s think about how a citizen’s capacities to study, look for a job, get informed, communicate, or look for and consume the products and services they need if they do not have a digital connection, diminish. In the digital society, being a full-fledged citizen with all opportunities necessarily means being digital and being connected. How have our unconnected citizens experienced lockdown by COVID-19? It is clear that, for most of us, being connected has allowed us to remain vertebrates within society. The Internet must be a universal right.
2. The democratizing effect of the network. One of the greatest achievements that the internet has meant for our society is the way it has broken borders and globalized the market, to become a showcase in which all products have the same opportunities to impact a market made up of all millions of connected users —more than four thousand five hundred million as I write these lines, and they continue to multiply month after month by giant steps. I do not claim to be a demagogue at all: there are already giants on the Internet, and this means that they enjoy the privileges that an advantageous position gives them.
3. The catalytic action in development. Let’s move for a moment to the Spain of thirty years ago and reflect on the way in which the development of infrastructures (roads, airports, high speed, port logistics, hospitals, telecommunications networks, etc.) has contributed to the enormous growth of our economy. The achievement of adequate equipment facilitates the functioning of markets, attracts private investment, reduces the cost of goods and services, encourages employment and the creation of companies, as well as performing a crucial task to promote the balanced growth of all the regions. Well, today, the network is the one that should exercise the same function as a catalyst for development.

In broadband and 4G coverage, Spain is below the European countries, although with very high percentages of penetration in homes (95 percent).
What is the problem? The answer is not availability, but adoption. At this time, simply connecting to the network is not enough. To develop the digital economy, it is necessary to offer citizens a high-speed broadband that not only guarantees adequate use of current services, but also allows the development of all those that are yet to come. The idea is to go ahead and not react to pressing needs, because if we limit ourselves to applying a reactive strategy, the most common in the political environment, we can never be competitive.
In short, our internet is not bad, but it is not optimal. In addition, we have a cultural problem. My proposal is an internet of one giga and free for all Spaniards. The truth is that we have already built the highways, only that for the most part they are investments made by the private sector. What do we need so that the Government can control and guarantee a service of this type to citizens? Without a doubt, to begin with, an agreement between the public and private sectors in such a way that telecommunications operators charge a fee to the State, but base their business on other services.
Also in this case, the change in mentality affects both parties. The Government has to take the necessary actions to bring a connection of the highest quality to the entire territory, provide its citizens with a service that equals everyone, wherever they live, and that reaches where the private sector would never do due to lack of profitability Back to the idea of law over service. Operators, for their part, have to find a new way to offer added value to their customers.

The country understands that education is crucial and that it needs many improvements, but there is no real will to change it and it does not sufficiently mobilize citizens. And yet, without it, we are putting our future at risk, and I am not just talking about a purely economic issue, but about our coexistence, well-being, democracy itself and even survival.
• Outdated system and methodology. Our university moves in a way that is completely alien to today’s world:
– It has a very hierarchical system in which the student practically does not participate or interact, but rather attends.
– Attend master classes, mostly in a format of transmission of knowledge and evaluation as a control and screening mechanism, which remains undaunted by the passage of time and has shown its low rate of success; it clearly failed in countries like the United States.
– It is not an institution free to make its own decisions in everything that affects it because it is subject to constant political ups and downs.
• Inbreeding teaching profession. As a consequence of all the above, a distorted teaching profession has been forged in relation to its origins and essential functions:
– The career of a professor in the public university is civil servant, which determines the impossibility of dismissing full professors and full professors.
• Obsolete approach. The continuity to which the inertia of the entire system has led has also led to a reality that does not respond to the needs of today’s world, far removed from the business environment in which students must later end up.
• Incomplete content. One of the omnipresent complaints of teachers is that the educational system changes all the questions for them when they have already been able to find all the answers.
• Lack of motivation or attitude.
The list of problems is long and painful. It seems that we are talking about an abandoned and little loved institution. I believe that our society is suffering because of an educational system designed for another era, ideologized because it has suited politicians – and their economic interests or those of the circle that finances them – and with increasingly worse results.
I am not saying that tourism does not have to be a source of income for the country or that we should give up some of our clear signs of identity and our way of life. But I do defend that Spain can and should aspire to be a world power in innovation, and that can only be achieved if we win the battle for education.

Spain is a country rich in creativity, talent, capacity for work and sacrifice. We have almost everything to be a world number 1 in this new economy that surrounds us and has disrupted our schemes. But we lack the most important thing: culture, discipline and political determination. At least, we are clear against which enemy we are fighting.
Let’s review some of the brakes:
• Bureaucracy: A Spanish entrepreneur needs to dedicate 12.5 days a year exclusively to carry out procedures at seven different windows. Expensive and inefficient.
• Cost: Obviously it depends a lot on the type of activity and the need for prior investment in facilities, production or personnel, among other factors, but, as a starting point, creating a company in our country costs between four and five thousand euros to be They go in the expenses of notary, registration, fees and taxes and initial capital stock required by law.
• Training: Absolute lack of preparation in schools and universities. Spanish entrepreneurs come from studying very varied disciplines (sometimes no higher studies) and even from running companies, but they do not have specific training to create them, simply because it does not exist. And for the most part, the few entrepreneurship universities in this country are private and their footprint reaches few.
• Social assessment: This is an aspect directly dependent on our cultural handicaps, and the perception of the environment about the entrepreneur is not particularly positive. The Spanish “businessman” carries a heavy backpack as an exploiter and greedy inherited from times of the workers’ struggle.

• Justice: Stagnant in different applications in each autonomous community, all obsolete and slow, dependent on archaic procedures, little updated and equipped with infrastructure and without an overall vision for the entire country. Last year the implementation of the digital justice system in the part that depends on the State – autonomous communities in which powers have not been transferred – was concluded, which allows 81 percent of the writings to be presented in this way. The Lexnet system has already accumulated eighty million notifications and has made it possible to shorten the deadlines for filing claims from sixty to nineteen days. It is certainly a breakthrough, but the operation and endowment of the system itself are light years ahead of the private sector.
• Value-added services: The digitization of the Administration is highly focused on replicating the analogue operating model, but allowing documents to be made through a computer. Using new tools to improve how everything works is always a good idea, but digitization goes much further.
• Information. Internet is, by definition and above many other things, the information age. One of the pillars of the digital economy is its ability to collect, process, interpret, classify, analyze and learn from data. Data that we share, that we delegate in exchange for free services, data that is constantly generated in millions of interactions. Data that, properly processed, become information analyzed to feed systems capable of making decisions, selling, improving and providing services.
• New services. There is a fundamental role that is inherent to the General Administration: it has to guarantee citizens essential services, but that does not prevent it from being managed as a modern and innovative entity.
• Culture and cybersecurity. To sustain the entire process, it is necessary for the transformation to be supported by a new culture that engages all citizens and provides them with the same or more security than the one they have with an analog Administration. To achieve this cultural change, the infallible recipe is training.

• Investment in R&D: The money that Spain spends on innovation is below that allocated by all the digital leaders and the world’s major economies, except Italy. It has also been the result of many ups and downs: a growing trend in the first decade of the century, a decline since 2009 and a three-year increase between 2015 and 2017.
• Companies and ICT: Companies are the ones that are pulling the bandwagon of innovation in our country. They set their record in 2008 with an investment of 8,073 million and in 2017 they stayed at 7,717. Although the trend is bullish, the bad news in this case is that the number of companies that invest in science is not increasing; On the contrary, while in 2008 there were more than 15,000 investment companies, the current level has dropped by 30 percent.
• Patents: They are a consequence of investment and the mentality directed towards innovation and, as I said before, a guarantee of growth because in today’s world it is useless to progress from what others invent. And, without a doubt, a very useful scale to measure the innovation of each country, although not the only one. In the case of Spain, its status as a country of services and much less of production greatly diminishes its position as a patent office.
• Human capital: We reached the third black point of our innovative plot. Despite being a country that is exalted in creativity, we have such powerful imbalances in education that we lack professionals prepared to turn this situation around.
I have already dedicated a chapter to education, one of the most relevant aspects that is going to have the greatest weight in our digital transformation.
Science has been one of the great victims during the crisis: budget adjustments, cuts, unimplemented items, a political agenda with other priorities. It is a level that does not correspond at all to our position as the fourth economy in the eurozone, as if we were growing turning our backs on progress.

• Promote digital training: Today you can access digital business management courses at very affordable and even free costs.
• Digital management: Includes budgets, invoices or electronic tax filing. There is more and more, better and more competitive business management software that makes it easy to do all of this.
• Influence file storage in the cloud and advanced applications for virtual meetings.
• Development of the mobile workstation, accessible through various devices and for teleworking, but also designed for professional profiles who need to travel, such as salespeople or installers.
The damn COVID-19 pandemic is going to leave many SMEs in the gutter. We cannot allow small and medium-sized businesses to be left behind and this is the moment when our political leaders have to put the meat on the grill. There is an American proverb that goes: “If you want to go fast, you must walk alone; but if what you want is to go far, better go together ». SMEs must be supported.

– We do not have the necessary laws for the digital age. It is a fact. Between 1996 and 2019, in Spain we have had an Intellectual Property Law, for example, that did not mention a word about video games, an industry of five hundred million euros. The newer and groundbreaking businesses spend years working in the limbo of legal loopholes, such as e-sports, mobility businesses – Uber, Cabify -, cryptocurrencies and the entire blockchain environment or pioneering projects of the Internet of Things, Among others, until the laws arrive and, when they are approved, many plunge directly into the controversy, in part because they legislate on new things with the same mentality as always, that is, they try to regulate the digital age with the wickers of analog .
– We need legislators at the height of the times and the challenges we face. And we need to claim that commitment from them as a society. But I don’t want to shirk one iota of responsibility. Citizens are capable of putting on the campaign or on the political agenda those demands that take us to the street or to the stages where more speakers get our claims. And we have not succeeded in getting the challenge of transformation into political programs.
– The future is exponential. This is an idea that I have been affirming day after day in my classes and my lectures and it seems not to run out. I do not intend to delve much into this concept and its implications because they would give for another book. But I do want to say here that “the future is exponential” means that we are surrounded by technologies that behave in this way.
When new technology appears, it carries an implicit promise to create a better world.

Optimism is the faith that leads to success. Nothing can be done without hope and trust.
HELLEN KELLER

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