Y Ahora ¿Qué Comemos? La Brújula Imprescindible Para Orientarte En El Supermercado Y Llevar Una Alimentación Saludable — Christophe Brusset / Et Maintenant, On Mange Quoi? by Christophe Brusset

El momento realmente nuevo, revelado gracias a Christophe Brusset, es la globalización del mercado de alimentos. Significa, en sus propias palabras, por ejemplo: que solo hay un pequeño porcentaje de productos de tomate (incluidos jugos, salsas, aderezos para pizza, ketchup, sopas deshidratadas) en la UE que no tienen origen en tomates chinos. Lo mismo ocurre con el ajo, la miel, las legumbres, las cebollas y el jugo de manzana. No hay obligación de mencionar esto en las etiquetas, por lo que quizás podría pensar que algunas latas que contienen tomates picados son enteramente / incluidos los tomates /, producidos en Italia o en cualquier otro lugar de la UE, pero no es el caso: las etiquetas solo mencionan el país de origen del país que produce el producto final. Una ofuscación similar la encontramos en el llamado mercado de productos biológicos: por ejemplo, los productos biológicos que se venden en tiendas especializadas pero que se importan de Perú, Túnez, Bolivia o México se producen en condiciones muy diferentes y menos estrictas en comparación con los productos biológicos. Productos producidos en la UE, pero esto nunca se menciona, por lo que tiene los llamados bioproductos (que pagan mucho más que los producidos convencionalmente) uno al lado del otro, pero producidos en circunstancias muy diferentes, de acuerdo con obligaciones legales muy diferentes. Estas son solo pequeñas connotaciones de todo lo que es interesante en este libro. Por ejemplo, ofrece una visión totalmente nueva del negocio de los restaurantes. No solo las cadenas de comida rápida, que ya están bastante denigradas, sino también los kebabs y pizzerías, cantinas y, curiosamente, los llamados restaurantes familiares. Solo un pequeño número de restauradores, según Brusset, no usa alimentos ya preparados (prefabricados en otro lugar) y en la mayoría de los casos congelados (es decir, comidas preparadas), incluidos los postres. Eso no significa que la comida no sea buena, pero si paga por un cocinero profesional en un restaurante, un precio cuatro veces, al menos, más alto de lo que pagaría por la misma comida en el refrigerador del supermercado, de lo que podría llamarlo fraude. . Esto no es lo peor. Los peores son los productos químicos, parte de ellos cancerígenos, toda una gama de aditivos, colores, potenciadores del sabor y, por supuesto, sal y azúcar en abundancia. Cosas que tienen el poder de alterar su salud después de años de consumación. Es una situación realmente triste. Toda mi vida leo sobre comida, desde libros de cocina, historia de la comida, artículos de salud, hasta temas sociológicos, antropológicos y periodísticos, y trato de comer de acuerdo con lo que aprendo de estas fuentes. Este libro realmente me hizo pensar. No es que la situación sea desesperada, aún puede elegir y encontrar buena comida, aunque la mejor ahora se cría en ambientes no naturales y se comercializa / vende de manera no tradicional. Pero el esfuerzo que tiene que hacer para encontrar ese alimento, y el dinero que tiene que pagar, está aumentando sustancialmente. Lo que no es asequible para la mayoría de las personas.

Las grandes corporaciones —se dediquen a la alimentación, a la distribución, al sector tabacalero, químico o cualquier otro— no son tus aliadas. Se trata de organizaciones creadas para obtener beneficios vendiendo un producto cuya fabricación les salga lo más barata posible. Y eso es incompatible con la calidad. El uso masivo de aditivos, las recetas demasiado grasas, dulces o saladas, la contaminación de los suelos, el abuso de pesticidas, las deslocalizaciones salvajes, la optimización fiscal, la corrupción y la manipulación (llamadas hoy en día lobbying ), la explotación de trabajadores pobres: esa es la verdadera cara del capitalismo que hemos permitido que se desarrolle en numerosos ámbitos en detrimento de la salud pública y del bienestar de la ciudadanía.

La cuestión es que se utilizan demasiados productos fitosanitarios. Para proteger el medioambiente, se intenta —en vano— reducir su uso. Los planes se suceden, sin que nada cambie —o casi nada— sobre el terreno.
Pero en lo que atañe a la salud de los consumidores, no hay de qué preocuparse: existe un reglamento europeo, el número 396/2005, fechado el 1 de septiembre de 2008, que indica que «los comestibles producidos y comercializados en el mercado europeo deben respetar los límites máximos de residuos de pesticidas (LMR) permitidos». Se trata de umbrales, de cantidades de esas moléculas tóxicas por kilo de producto que no se deben superar.
La «miel» china se compra a granel al importador entre uno y dos euros el kilo, se envasa y se vende en tarros a una gran superficie entre tres y cuatro euros, y los consumidores la compran entre cinco y seis euros el kilo. Muy barata si fuera miel, pero demasiado cara para lo que es en realidad.
El principal problema de la «comida basura» es que nos va envenenando poco a poco, de manera insidiosa. Salvo en el caso de una intoxicación alimentaria grave (como una salmonela), nadie se muere repentinamente después de zamparse una hamburguesa repleta de grasas, azúcares y aditivos.

1. los productores (agricultura e industria) y sus distintos proveedores (industria química, biotecnológica, agencias publicitarias y otros);
2. los intermediarios y los agentes;
3. los organismos de control, certificadores y los laboratorios de análisis (ecológicos, de calidad, de los orígenes, etc.);
4. las grandes superficies;
5. las administraciones (departamentos de aduanas, antifraudes, fisco, etc.);
6. los responsables políticos;
7. (lo mejor al final) los lobbies y las asociaciones de consumidores.

A grandes rasgos, el kétchup es una salsa de tomate azucarada. Los fabricantes lo elaboran a partir de tomate concentrado, que calientan con azúcar, vinagre y especias. Para no complicarnos, pasaré por alto los aditivos que se le añaden, como los almidones, los aromas y otros.
El líder mundial, que fabrica casi el 60 % de todo el kétchup que se vende en el mundo, es Heinz; bueno, The Kraft Heinz Company, desde que en 2015 se fusionó con Kraft. En el 2017, este grupo, que posee más de doscientas marcas, alcanzó una facturación de más de 26.000 millones de dólares americanos, con 5.500 millones de beneficios. Muy lejos, con todo, del líder del sector, Nestlé (95.000 millones de dólares), de Unilever (66.000 millones), de Pepsico (63.000 millones) o incluso de Coca-Cola (35.000 millones).
Estas multinacionales agroalimentarias fabrican en masa todos los productos emblemáticos de la comida basura: refrescos azucarados, dulces, tentempiés, galletas, salsas y un sinfín de platos preparados demasiado grasos, demasiado salados, demasiado dulces, demasiado pobres en fibras, en antioxidantes, en vitaminas y en minerales. Son las grandes ganadoras del sistema actual y sus beneficios van en aumento en la medida en que la comida basura —y, de resultas, la obesidad— se extiende por todo el mundo.

La verdadera pregunta que cabe formularse es: ¿quién decide en Bruselas?, ¿quién gobierna verdaderamente en Europa? ¿Para quién trabajan realmente los cargos electos de los europeos? ¿Para los ciudadanos o para ciertas élites y multinacionales?
Dejemos que los propios políticos europeos nos lo expliquen.
En noviembre de 2007, un comité del Parlamento Europeo publicó un informe oficial al respecto. En abril de 2008 se le sumó un comunicado del departamento de prensa igual de oficial, presentado como un «estudio», con el título «Los lobbies de la Unión Europea, en el centro de las miradas». Según este documento, en Bruselas (ciudad en la que se encuentran las comisiones del Parlamento Europeo de Estrasburgo), unos veinte mil miembros de lobbies se codean con quince mil funcionarios y cargos electos europeos. Siete años después, en un artículo del 8 de mayo de 2014, el periódico británico The Guardian , que no tiene nada de sensacionalista, reveló que el número de esos influencers había aumentado a más de treinta mil.
Los lobbies trabajan para todo tipo de empresas: bancos, industrias del acero, químicas, automovilísticas, de telecomunicaciones, de la construcción, agroalimentarias, fabricantes de aditivos, de papel, de plástico, de alcohol, de tabaco, de pesticidas, etc.
No obstante, los políticos de Bruselas no son tontos, ni se engañan: reconocen voluntariamente (de hecho, no tienen ningún escrúpulo en que conste en los informes oficiales) que los miembros de los lobbies son «representantes de grupos de interés cuyo trabajo consiste en influir en las decisiones de los europeos en un sentido que les resulta favorable».
EUFIC es un ejemplo magnífico de lo mejorcito de los lobbies . Este acrónimo corresponde a The European Food Information Council, es decir, el Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación. Su objetivo declarado es «proporcionar información sobre la alimentación y cuestiones nutricionales a profesionales de la salud y la alimentación, a profesores, a líderes de opinión y a medios de comunicación, basándose en investigaciones científicas y procurando que el gran público comprenda esa información».
EUFIC es un organismo financiado por empresas de la industria agroalimentaria y dirigido por miembros que han elegido… ¡las grandes compañías de la industria agroalimentaria (Coca-Cola, Ferrero, Nestlé, etc.)! Por tanto, se trata, claramente, de un instrumento de los fabricantes, financiado y controlado por los mayores grupos del sector.

Las menciones legales obligatorias que deben constar en la etiqueta de cualquier producto alimentario. Hay doce, en total:
1. La denominación de venta del producto alimentario.
2. La lista de ingredientes.
3. Cualquier ingrediente o coadyuvante tecnológico presente en el producto que pueda provocar intolerancias o alergias.
4. La cantidad de ciertos ingredientes o categorías de ingredientes.
5. La cantidad neta del comestible.
6. La fecha de caducidad y la fecha máxima de congelación.
7. Las condiciones particulares de conservación y/o de utilización.
8. El nombre o la razón social y la dirección postal del fabricante o envasador o vendedor establecido en la Unión Europea.
9. El país de origen o el lugar de procedencia.
10. Las instrucciones de uso si su defecto complica el uso adecuado del comestible.
11. El grado alcohólico volumétrico de las bebidas con más de 1,2 % de alcohol en volumen.
12. La información nutricional.

La técnica para fabricar un producto light es muy sencilla: basta con añadirle agua. Esta es la lista de ingredientes que acabo de leer en una pretendida «mantequilla light con un 15 % de materia grasa»: agua, materia grasa de la leche, almidón, lactosa, almidón modificado, sal (0,8 %), emulsionantes: E471 y E476, espesantes: E466, ácido láctico, conservante: sorbato de potasio, aromas naturales, colorante: betacaroteno, vitaminas A y E.
Nada que ver con la mantequilla de verdad. Se trata de una pésima preparación a base de materias grasas de la leche.
El agua constituye su ingrediente principal, gracias al uso masivo de emulsionantes que permiten incorporarla al producto. Texturizantes como el almidón modificado químicamente y la carboximetilcelulosa (E466, cancerígeno y disruptor del funcionamiento intestinal) para que el producto tenga consistencia y, por supuesto, conservantes químicos como el sorbato. Además, como el agua es el ingrediente principal, el producto carece de color, de sabor y de vitaminas, así que le añaden aditivos para compensarlo.
En los últimos años, la comida preparada ha invadido los estantes de los supermercados. Responden a la creciente demanda de los consumidores de productos frescos, sabrosos y naturales que puedan consumirse fácilmente durante la pausa de la comida o a lo largo de la jornada laboral.
Evita los productos que contengan embutido (jamón o taquitos de tocino, en general), dado que, por una razón de coste, será de baja calidad, infestado de agua, de grasa, de azúcar y de aditivos. Es mejor que compres embutido de calidad por separado y lo añadas al plato tú mismo.
Evita también los platos preparados de gama baja que contengan colorantes, aunque ponga «caramelo natural»…
Y, por supuesto, como de costumbre, evita los productos a los que hayan añadido azúcar en cualquiera de sus formas (dextrosa, glucosa, fructosa o maltodextrinas), estabilizantes, espesantes o almidones, que sirven para incorporar el máximo de agua al producto.

Contrariamente a lo que cree mucha gente, las especias y las hierbas aromáticas son productos frágiles, sensibles a la oxidación, al calor y a la luz. Además, una vez molidas, todavía se degradan más deprisa. Por tanto, exponer las especias molidas al aire libre y a la luz debería estar prohibidísimo, aunque solo fuera por falta de higiene, al dejar las especias sin protección alguna frente a las moscas o las manos sucias.
Idealmente, pues, las hierbas aromáticas y las especias deberían conservarse en un ambiente fresco y venderse en envases opacos y estancos, como bolsitas al vacío o botes. Esa es la razón por la cual en España, tradicionalmente, el pimentón molido o el azafrán se vende en botecitos de metal.
En resumen, siempre que puedas, elige tarros y botellas de cristal, y evita las latas de conserva, pero también envases más ligeros, heterogéneos y de plástico.
Presta mucha atención a las listas de ingredientes y no compres un producto si descubres que incluye algún ingrediente o algún aditivo que no conozcas. No te olvides de escurrir ni de lavar con agua las legumbres, porque suelen estar bañadas en un líquido rico en sal e incluso en azúcar.
Por último, no compres conservas que contengan carne de mala calidad, en salazón, como guisos o confitados, porque están infestadas de aditivos.

Si puedes, compra el café en grano, guárdalo en la nevera y muele solo la cantidad que vayas a utilizar, como hago yo. Además de que el café en grano conserva mejor el aroma, así te aseguras de que no le hayan añadido nada a hurtadillas.
Quisiera hacer un par de reflexiones sobre el café en cápsulas. Es verdad que se trata de un producto muy práctico, cuyo sabor acostumbra a ser exquisito. Pero también es extremadamente caro. Un kilo de café en grano te costará entre doce y veinte euros, 4 mientras que las cápsulas de la marca líder del mercado cuestan más de sesenta euros el kilo, es decir, entre tres y cinco veces más. Sabiendo que al fabricante el café verde al por mayor le cuesta dos euros y medio el kilo, imagínate qué márgenes gana con esta clase de producto. Comprar el café en grano y molerlo tú mismo según tus necesidades te saldrá mucho más barato. Además, puedes encontrar a pequeños tostadores de café con mucho oficio que te aconsejarán de maravilla y te descubrirán verdaderas maravillas.
Pero lo peor de las cápsulas de café es su impacto ecológico.

Los productos para adelgazar o controlar el peso suelen ser tentempiés y sustitutos de comidas con un valor calórico reducido respecto a los productos habituales.
Hoy en día, está muy de moda la comida «sin», especialmente «sin gluten», un conjunto de proteínas que se encuentran en algunos cereales (trigo, cebada, centeno…), y «sin lactosa», el azúcar de la leche.
Los productos «sin» son utilísimos para los celíacos, los intolerantes o los sensibles al gluten o la lactosa, desde luego. Pero cuando observo la cantidad de gente que compra productos sin gluten, me da la impresión de que se trata de una verdadera epidemia.
El problema radica en la dificultad para diagnosticar la sensibilidad al gluten o a la lactosa, y en el hecho de que, ante problemas digestivos, mucha gente empieza a consumir esa clase de productos por si acaso…
No te creas que la comida para niños que elaboran los fabricantes, ni siquiera los especializados en la infancia, es mejor que la que haces tú. Puedes preparar galletas para tus hijos igual de buenas que las industriales y, sobre todo, infinitamente más equilibradas.

Para aclararse en el universo de la comida ecológica, conviene distinguir entre la agricultura, la ganadería y los productos alimentarios procesados.
• La agricultura ecológica rechaza los productos químicos de síntesis (herbicidas y pesticidas, pero también fertilizantes, entre otros). Asimismo, prohíbe las semillas de organismos genéticamente modificados, la irradiación para conservar cultivos y el uso de lodos residuales como abonos.
• Los ganaderos que producen carne o productos animales (lácteos, huevos, miel…) deben alimentar a los animales únicamente con productos que cumplan las normas de la agricultura ecológica, y procurarles condiciones de vida adaptadas a los comportamientos naturales de los animales (espacio suficiente, luz natural, aire fresco). Está terminantemente prohibido el uso de hormonas de crecimiento o de antibióticos utilizados como activadores del crecimiento.
• Un producto procesado ecológico debe fabricarse a partir de ingredientes procedentes de la agricultura y la ganadería ecológicas. No se permiten los aditivos de síntesis, los colorantes y los aromas artificiales, o los conservantes químicos. En la industria ecológica solo están autorizados unos cincuenta aditivos, los menos nocivos, frente a los más de trescientos que se emplean en la industria convencional.

Los métodos de producción más naturales permiten que el consumidor ingiera menos productos químicos y se alimente de productos cuya calidad nutricional es mayor, pero también:
• favorecen la biodiversidad;
• reducen la contaminación de los cursos de agua;
• no envenenan a los agricultores ni a sus vecinos;
• detienen la resistencia a los antibióticos;
• contribuyen al bienestar de los animales;
• permiten a los productores vivir mejor de su actividad.

Para reducir los fraudes, tanto en la producción ecológica como en la convencional, la única solución es multiplicar los controles (especialmente los inesperados) y, sobre todo, imponer sanciones severas, incluso penas de cárcel en los casos más graves.

Gracias a la harina de insectos, ya no hará falta arramblar con los peces que viven en las profundidades de los océanos para alimentar a los salmones de piscifactoría. Esos insectos consumirán subproductos agrícolas, como paja o mondaduras. Esta clase de innovaciones, que se están multiplicando en los últimos años, apuntan en la dirección adecuada y deben animarnos a proseguir la lucha contra la comida basura industrial.
Debes saber que, pese a las apariencias, como consumidor no estás solo.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/12/18/como-puedes-comer-eso-un-juicio-sumarisimo-a-la-industria-alimentaria-christophe-brusset-vous-etes-fous-davaler-ca-un-industriel-de-lagroalimentaire-denonce-by-christophe-br/

https://weedjee.wordpress.com/2021/06/08/y-ahora-que-comemos-la-brujula-imprescindible-para-orientarte-en-el-supermercado-y-llevar-una-alimentacion-saludable-christophe-brusset-et-maintenant-on-mange-quoi-by-christophe-b/

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The really new moment, revealed thanks to Christophe Brusset, is the globalization of food market. It means, in his own words, for example: that there is only tiny percent of tomato products (including juices, sauces, pizza dressings, ketchup, dehydrated soups) in EU that doesn’t have origin in chinese tomatoes. Same for garlic, honey, legumes, onions, apple juice. There is no obligation to mention this on the labels, so you could perhaps think that some can that contains chopped tomatoes is entirely/including tomatoes/, produced in Italiy or elsewhere in the EU, but it is not the case – labels mention only the country of origin of the country that produces final product. Similar obfuscation we find at the so called bio products market: for example, the bio products that are sold in specialized shops but are imported from Peru, Tunisia, Bolivia or Mexico are produced under much different, and less strict, conditions in comparison with bio products produced in th EU – but this is never mentioned, so you have so called bio products (which you pay much more than conventionally produced ones) side by side but produced under very different circumstances, according to very different legal obligations. These are only tiny fractions of everything else what is interesting in this book. For example, it offers totally fresh view on restaurant business. Not only the fast food chains, which are already enough denigrated, but also kebab and pizza parlours, cantins and – interestingly – so called family restaurants. Only very tiny number of restaurateurs, according to Brusset, does not use already prepared (prefabricated elsewhere) and in most cases congelated food (i.e. ready meals), including desserts. That doesn’t mean the food is not good, but if you pay for a professional cook in restaurant, a price four times – at least – higher than you would pay for the same food at the supermarket refrigerator, than you could call it fraud. This is not the worst. The worst are chemicals, part of them cancerogene, whole array of additives, colours, taste enhancers, and of course – salt and sugar in abundance. Things that have the power of altering your health after years of consummation. It is really sad state of affairs. Whole my life I am reading about food, from cook-books, history of food, health articles, to sociologica, antropological and journalistic stuff, and I am trying to eat according to what I learn from this sources. This book really made me think. It is not that the state of affairs is hopeless, you can still choose and find good food, although the best one is now raised in non-natural environments, and marketed/sold in non-traditional way. But the effort you have to put in finding such food, and money you have to pay for it is on the substatial rise. Which is not affordable for majority of people.

Large corporations — whether they are dedicated to food, distribution, the tobacco, chemical or any other sector — are not your allies. These are organizations created to make a profit by selling a product that is as cheap as possible to manufacture. And that is incompatible with quality. The massive use of additives, recipes that are too fatty, sweet or salty, soil contamination, pesticide abuse, wild relocations, fiscal optimization, corruption and manipulation (nowadays called lobbying), the exploitation of working poor: that is the true face of capitalism that we have allowed to develop in many areas to the detriment of public health and the well-being of citizens.

The point is that too many plant protection products are used. To protect the environment, attempts are made – in vain – to reduce their use. The plans follow one another, with nothing – or almost nothing – changing on the ground.
But when it comes to the health of consumers, there is nothing to worry about: there is a European regulation, number 396/2005, dated September 1, 2008, which states that “foodstuffs produced and marketed on the European market they must respect the maximum permitted pesticide residue limits (MRLs) ”. These are thresholds, quantities of these toxic molecules per kilo of product that should not be exceeded.
Chinese “honey” is bought in bulk from the importer for between one and two euros per kilo, it is packaged and sold in large store jars for between three and four euros, and consumers buy it for between five and six euros per kilo. Very cheap if it were honey, but too expensive for what it really is.
The main problem with “junk food” is that it slowly, insidiously poisons us. Except in the case of severe food poisoning (such as salmonella), no one dies suddenly after eating a hamburger full of fats, sugars and additives.

1. the producers (agriculture and industry) and their various suppliers (chemical, biotechnological, advertising agencies and others);
2. intermediaries and agents;
3. control bodies, certifiers and analysis laboratories (ecological, quality, origins, etc.);
4. large surfaces;
5. administrations (customs, anti-fraud, treasury departments, etc.);
6. policy makers;
7. (the best in the end) lobbies and consumer associations.

Broadly speaking, ketchup is a sweetened tomato sauce. Manufacturers make it from concentrated tomato, which they heat with sugar, vinegar and spices. To keep things simple, I’ll ignore the additives that are added to it, such as starches, flavorings, and others.
The world leader, which makes almost 60% of all the ketchup sold in the world, is Heinz; well, The Kraft Heinz Company, since it merged with Kraft in 2015. In 2017, this group, which owns more than two hundred brands, achieved a turnover of more than 26,000 million US dollars, with 5.500 million profits. Still a long way from the industry leader, Nestlé ($ 95 billion), Unilever ($ 66 billion), Pepsico ($ 63 billion) or even Coca-Cola ($ 35 billion).
These multinational agri-food companies mass-manufacture all the emblematic junk food products: sugary soft drinks, sweets, snacks, cookies, sauces and a myriad of dishes that are too fatty, too salty, too sweet, too low in fiber, antioxidants, and vitamins. and in minerals. They are the big winners of the current system, and their benefits are growing as junk food – and, as a result, obesity – spreads around the world.

The real question to ask is: who decides in Brussels? Who really rules in Europe? For whom do elected officials of Europeans really work? For citizens or for certain elites and multinationals?
Let the European politicians themselves explain it to us.
In November 2007, a committee of the European Parliament published an official report on the matter. In April 2008, a statement from the equally official press department was added, presented as a “study”, with the title “The lobbies of the European Union, in the center of attention”. According to this document, in Brussels (the city where the commissions of the Strasbourg European Parliament are located), some 20,000 members of lobbies rub shoulders with 15,000 European officials and elected officials. Seven years later, in an article of May 8, 2014, the British newspaper The Guardian, which is not at all sensationalist, revealed that the number of these influencers had risen to more than thirty thousand.
Lobbies work for all types of companies: banks, steel, chemical, automotive, telecommunications, construction, agri-food industries, manufacturers of additives, paper, plastic, alcohol, tobacco, pesticides, etc.
However, Brussels politicians are not fools, nor are they delusional: they voluntarily acknowledge (in fact, they have no qualms about it being recorded in official reports) that lobbyists are ‘representatives of interest groups whose job it is to to influence the decisions of Europeans in a way that is favorable to them. ‘
EUFIC is a great example of the best of lobbies. This acronym stands for The European Food Information Council, that is, the European Food Information Council. Its stated objective is “to provide information on food and nutritional issues to health and nutrition professionals, teachers, opinion leaders and the media, based on scientific research and ensuring that the general public understands this information.”
EUFIC is a body funded by companies in the agri-food industry and run by members who have chosen… the big companies in the agri-food industry (Coca-Cola, Ferrero, Nestlé, etc.)! Therefore, it is clearly an instrument of the manufacturers, financed and controlled by the largest groups in the sector.

The mandatory legal mentions that must appear on the label of any food product. There are twelve, in total:
1. The denomination of sale of the food product.
2. The list of ingredients.
3. Any ingredient or technological aid present in the product that may cause intolerances or allergies.
4. The amount of certain ingredients or categories of ingredients.
5. The net quantity of the food.
6. The expiration date and the maximum freezing date.
7. The particular conditions of conservation and / or use.
8. The name or company name and postal address of the manufacturer or packer or seller established in the European Union.
9. The country of origin or the place of provenance.
10. The instructions for use if its defect complicates the proper use of the food.
11. The alcoholic strength by volume of beverages with more than 1.2% alcohol by volume.
12. Nutritional information.

The technique to make a light product is very simple: just add water. This is the list of ingredients that I just read in a so-called “light butter with 15% fat”: water, milk fat, starch, lactose, modified starch, salt (0.8%), emulsifiers: E471 and E476, thickeners: E466, lactic acid, preservative: potassium sorbate, natural flavors, coloring: beta-carotene, vitamins A and E.
Nothing to do with real butter. It is a terrible preparation based on milk fats.
Water is its main ingredient, thanks to the massive use of emulsifiers that allow it to be incorporated into the product. Texturizers such as chemically modified starch and carboxymethylcellulose (E466, carcinogen and disruptor of intestinal function) to give the product consistency and, of course, chemical preservatives such as sorbate. In addition, since water is the main ingredient, the product lacks color, flavor and vitamins, so additives are added to compensate.
In recent years, prepared food has invaded supermarket shelves. They respond to the growing consumer demand for fresh, tasty and natural products that can be easily consumed during the lunch break or throughout the working day.
Avoid products that contain sausage (ham or bacon cubes, in general), since, for a cost reason, it will be of low quality, infested with water, fat, sugar and additives. Better to buy quality sausage separately and add it to the plate yourself.
Also avoid low-end prepared dishes that contain coloring, even if it says “natural caramel” …
And, of course, as usual, avoid products to which sugar has been added in any of its forms (dextrose, glucose, fructose or maltodextrins), stabilizers, thickeners or starches, which serve to incorporate the maximum amount of water into the product.

Contrary to what many people believe, spices and aromatic herbs are fragile products, sensitive to oxidation, heat and light. In addition, once ground, they degrade even faster. Therefore, exposing ground spices to the open air and to light should be strictly prohibited, if only for lack of hygiene, leaving the spices without any protection against flies or dirty hands.
Ideally, then, aromatic herbs and spices should be kept in a cool environment and sold in opaque and watertight packaging, such as vacuum sachets or jars. That is the reason why in Spain, traditionally, ground paprika or saffron is sold in small metal jars.
In summary, whenever you can, choose glass jars and bottles, and avoid tin cans, but also lighter, heterogeneous and plastic containers.
Pay close attention to ingredient lists and don’t buy a product if you discover that it includes an ingredient or additive that you are not familiar with. Don’t forget to drain or wash the legumes with water, because they are usually bathed in a liquid rich in salt and even sugar.
Lastly, don’t buy canned foods that contain poor-quality, salted meat, such as casseroles or confit, because they are infested with additives.

If you can, buy the coffee beans, store it in the fridge and grind only the amount you are going to use, as I do. In addition to the fact that coffee beans preserve the aroma better, this way you make sure that nothing has been added on the sly.
I would like to make a couple of thoughts about coffee in capsules. It is true that it is a very practical product, whose flavor is usually exquisite. But it is also extremely expensive. A kilo of coffee beans will cost you between twelve and twenty euros, 4 while the capsules of the leading brand in the market cost more than sixty euros per kilo, that is, between three and five times more. Knowing that wholesale green coffee costs the manufacturer two and a half euros per kilo, imagine what margins he earns with this kind of product. Buying coffee beans and grinding it yourself according to your needs will be much cheaper. In addition, you can find small coffee roasters with a lot of trade who will advise you wonderfully and discover true wonders.
But the worst thing about coffee capsules is their ecological impact.

Products to lose weight or control weight are usually snacks and meal replacements with a reduced caloric value compared to the usual products.
Nowadays, “without” food is very fashionable, especially “without gluten”, a set of proteins found in some cereals (wheat, barley, rye …), and “without lactose”, the sugar in milk .
Products “without” are very useful for celiacs, those intolerant or sensitive to gluten or lactose, of course. But when I look at the number of people who buy gluten-free products, I get the impression that this is a true epidemic.
The problem lies in the difficulty in diagnosing gluten or lactose sensitivity, and in the fact that, when faced with digestive problems, many people start consuming these kinds of products just in case …
Do not believe that the food for children made by manufacturers, not even those specialized in childhood, is better than what you make. You can prepare cookies for your children just as good as industrial ones and, above all, infinitely more balanced.

To clarify in the universe of organic food, it is convenient to distinguish between agriculture, livestock and processed food products.
• Organic farming rejects synthetic chemicals (herbicides and pesticides, but also fertilizers, among others). It also prohibits the seeds of genetically modified organisms, irradiation to preserve crops and the use of sewage as fertilizers.
• Farmers who produce meat or animal products (dairy, eggs, honey …) must feed the animals only with products that meet the standards of organic farming, and provide them with living conditions adapted to the natural behavior of the animals (sufficient space , natural light, fresh air). The use of growth hormones or antibiotics used as growth promoters is strictly prohibited.
• An organic processed product must be made from ingredients sourced from organic farming and livestock. Synthetic additives, artificial colors and flavors, or chemical preservatives are not allowed. In the organic industry, only about fifty additives are authorized, the least harmful, compared to the more than three hundred used in conventional industry.

The more natural production methods allow the consumer to ingest fewer chemicals and eat products with higher nutritional quality, but also:
• favor biodiversity;
• reduce pollution of water courses;
• do not poison farmers or their neighbors;
• stop resistance to antibiotics;
• contribute to the welfare of animals;
• allow producers to make a better life from their activity.

To reduce fraud, both in organic and conventional production, the only solution is to multiply the controls (especially the unexpected ones) and, above all, to impose severe penalties, including prison sentences in the most serious cases.

Thanks to the insect meal, it will no longer be necessary to drag the fish that live in the depths of the oceans to feed the farmed salmon. Those insects will consume agricultural by-products, such as straw or toothpicks. These kinds of innovations, which have been multiplying in recent years, point in the right direction and should encourage us to continue the fight against industrial junk food.
You should know that, despite appearances, as a consumer you are not alone.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/12/18/como-puedes-comer-eso-un-juicio-sumarisimo-a-la-industria-alimentaria-christophe-brusset-vous-etes-fous-davaler-ca-un-industriel-de-lagroalimentaire-denonce-by-christophe-br/

https://weedjee.wordpress.com/2021/06/08/y-ahora-que-comemos-la-brujula-imprescindible-para-orientarte-en-el-supermercado-y-llevar-una-alimentacion-saludable-christophe-brusset-et-maintenant-on-mange-quoi-by-christophe-b/

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