Meghan y Harry. En libertad: La Forja De Una Familia Real Moderna — Omid Scobie, Carolyn Durand / Finding Freedom: Harry and Meghan and the Making of a Modern Royal Family by Omid Scobie, Carolyn Durand

No hay manera de imaginar que Meghan no haya estado íntimamente involucrada en la escritura de esta tontería. Huele a su egoísmo, inocente, ingenuame, mi persona. Demasiados detalles muy íntimos y nada que no hayamos leído ya en los tabloides. Este es el comienzo de la lenta guerra de venganza de Meghan contra el BRF, ya que se destaca y ataca personalmente a HMTQ, TRH’S El Duque y La Duquesa de Cambridge. Desafortunadamente, no es más que una juerga gigante. Lleno del tipo de victimización de «pobre de mí» y mezquindad unilateral que hemos llegado a asociar muy bien con Los Sussex’s, donde nada es culpa suya y el mundo entero está tratando de atraparlos. Este libro desciende rápidamente a un completo festival de repetición.
El libro viene después de una gira por África, con el telón de fondo de algunas de las personas más empobrecidas del mundo, con un relato mordaz de La duquesa que se lamenta de que no es suficiente con sobrevivir (ojo lateral serio). También llega en un momento de la historia en el que estamos sufriendo una pandemia mundial que ha provocado la muerte de cientos de miles de personas. Estados Unidos enfrenta su elección más importante en un siglo. Gran Bretaña está sufriendo la peor recesión de su historia.
Lamentablemente, los únicos que se benefician de este libro son los autores.
¡DEJA DE MENTIR! Megan, cariño. Nadie cree una sola palabra de ensalada que sale de tu boca. Desde los ridículos «5 amigos» (es decir, usted mismo) hasta las interminables demandas mezquinas, que literalmente no demandan a nadie. Está claro que Megan, egoístamente, nunca quiso encajar en la Familia Real. Quería asumir el control, ya que este libro se detalla claramente. ¿Por qué en la TIERRA estos dos tontos arrogantes y codiciosos exigirían el mismo trato y nivel que el futuro Rey y Reina de la Commonwealth?
Esto es lo que me enseñó este libro: Megan está interesada únicamente en su propio beneficio en detrimento de todos los que la rodean. Megan, la vocera auto-ordenada de BLM, que solo llegó a cualquier parte de este mundo porque usó (a su papá) y se casó con hombres blancos. Y cuando su plan de menospreciar a todos los que la rodeaban en un esfuerzo por convertirse en el número uno en la familia real fracasó, gritó discriminación. Ahora está tratando desesperadamente de parecer una pobre víctima triste, de ahí este libro sobre el accidente de tren. La forma en que el desafortunado Harry va junto con la destrucción de su propia familia mendiga la creencia.
Como han dicho muchos otros expertos: contar «su lado» durante una pandemia es asombrosamente egoísta y sordo. Esperemos que les explote en la cara, que todos finalmente vean la verdad de estos personajes mezquinos y desvergonzados, y que, finalmente, irán a arrastrarse debajo de una roca y evitarán a la humanidad los sonidos chirriantes de su predicación hipócrita delirante santurrón y sus quejas interminables, cortesía de dos de las personas más privilegiadas del planeta tierra.

Harry anhelaba una normalidad como la que su madre, Diana, trató de proporcionarles a su hermano y a él cuando los llevaba a un parque de atracciones o a un McDonald’s. (Es curioso que para aquel niño que había nacido rodeado de privilegios y riquezas inimaginables, lo mejor de ir a comer un Happy Meal fuera descubrir el juguetito de plástico que venía dentro de la caja de cartón).
Harry es distinto a su hermano Guillermo, que, por su carácter ordenado y pragmático, se parece más a su abuela, la reina. Es una persona emotiva que se aferra a ideales utópicos, pero siempre a su manera, lo que resulta admirable. Su deseo de vivir fuera de la burbuja del palacio —que se manifiesta en todos los aspectos, desde su costumbre de saludar con un abrazo en actos oficiales a su empeño en servir en primera línea del frente de guerra como miembro de las Fuerzas Armadas— es una cualidad muy positiva, aunque a veces cause complicaciones al resto de la familia real.
Su determinación y su energía le permitieron inaugurar un capítulo nuevo de la historia de la familia real al enamorarse de Meghan Markle.

Desde el comienzo de su relación estuvo claro que Harry había encontrado en ella a una mujer que apoyaba su pasión por las causas humanitarias y en la que veía reflejado como un espejo su afán por mejorar las condiciones de vida de quienes ocupan los márgenes de la sociedad. El mundo entero contempló con asombro el rápido desarrollo de su relación de pareja. Carolyn y yo también lo observábamos, mientras ciertos tabloides británicos acusaban a Meghan de ser una trepa, una advenediza exigente y problemática. Algunos de ellos apenas se molestaron en disimular el racismo que impregnaba sus titulares y sus comentarios mordaces.
Ese discurso que afloró en los medios sorprendió muchísimo a Meghan, que abordó sus compromisos oficiales y su labor benéfica como nuevo miembro de la familia real con la misma franqueza y audacia con la que, a los once años, escribió cartas a los políticos de su país —incluida Hillary Clinton— para protestar por el machismo de un anuncio de lavavajillas.

Proteger a Archie y preservar su intimidad era un asunto de importancia vital para la pareja, como se puso de manifiesto cuando decidieron no darle a su hijo un título regio. Harry, que había visto cómo los paparazzi perseguían sin descanso a su madre y conocía desde niño los inconvenientes de crecer en la pecera de la monarquía, y Meghan, que estaba aprendiendo rápidamente esa misma lección, querían asegurarse de que su hijo eligiera su destino, en lugar de verse obligado a asumir el que le venía impuesto por su pertenencia a la dinastía real.
Aquellos primeros días en la casa junto al mar les proporcionaron la tranquilidad que tanto anhelaban.

Al llegar a Londres en junio de 2016, hacía ya cinco años que Meghan se había trasladado a Toronto para protagonizar Suits. Su vida se hallaba a años luz de la de aquella aspirante a actriz de Los Ángeles que iba a los castings en un viejo Ford Explorer con el cierre automático averiado porque no podía permitirse llevarlo al taller (de hecho, se pasó cinco meses entrando en el coche por el maletero).
Si bien su papel en la serie de la cadena USA Network no la habría catapultado a la fama en urbes como Los Ángeles o Nueva York, en Canadá la convirtió rápidamente en una celebridad. Y pese a que su carrera ya había despegado, Meghan nunca dejó de esforzarse por conseguir nuevas oportunidades. Contrató a la agencia londinense de relaciones públicas Kruger Cowne para que la representara y comenzó a cobrar —hasta diez mil dólares por evento— por aparecer en la alfombra roja, como en la inauguración de la pasarela Marchesa Voyage con motivo del lanzamiento de la colección ShopStyle, en septiembre de 2014, en Nueva York, o como presentadora y ponente; por ejemplo, en el Dove Self-Esteem Project de Toronto en 2015 o en el almuerzo celebrado por la asociación Women in Cable Telecommunications que tuvo lugar en Chicago ese mismo año.

Harry se enamoró de África tras la trágica muerte de su madre, la princesa Diana, en 1997. Aunque con el paso de los años el continente se ha convertido en un segundo hogar para él, el príncipe sigue recordando su primera visita como si hubiera sido ayer. Días después de que Guillermo, que tenía quince años, y él, que tenía doce, acompañaran el féretro de su madre desde el palacio de Saint James a la abadía de Westminster, el príncipe Carlos animó a sus hijos a acompañarle en su primera visita oficial a Sudáfrica para escapar de las muestras de consternación y el luto oficial que los rodeaban por todas partes.
La muerte de Diana marcó un punto de inflexión en la relación de Carlos con sus hijos. El príncipe de Gales siempre había intentado ser un buen padre, pero había sido educado en un estricto sentido de la formalidad y, aunque dispensaba a sus hijos un cariño mucho mayor del que él había recibido como heredero al trono, era un hombre extremadamente rígido y no estaba acostumbrado en absoluto al ambiente familiar que Diana había creado para los niños.
Diana había tenido una infancia difícil debido al divorcio de sus padres y estaba decidida a que su familia llevara una vida lo más normal posible, llena de cariño y risas, en el palacio de Kensington. Fue una de las primeras royals que convirtió la cocina en una habitación más de su hogar, no reservada exclusivamente para el servicio. Le encantaba que su chef, Carolyn Robb, cocinara con los niños.
Gracias a su padre, Harry era ya un defensor del medioambiente mucho antes de que el ecologismo dejara de ser un movimiento minoritario. El príncipe Carlos lleva desde los años setenta hablando de cambio climático y uso del plástico, y es consciente de que, al principio, cuando ponía el énfasis en esas cuestiones, se le consideraba «un poco excéntrico». Gran defensor de la agricultura sostenible, gestiona su finca de Highgrove conforme a «estrictos criterios de sostenibilidad», como el sistema de drenaje y depuración mediante lecho de carrizo y los depósitos de recogida de agua de lluvia para su uso en algunos inodoros y en el riego de los campos.
Harry sentía un hormigueo de emoción cuando, el 28 de octubre, su avión procedente de Londres aterrizó en el aeropuerto de Toronto Pearson. Por fin, después de dos larguísimos meses de separación, estaba a escasos minutos de reencontrarse con su novia.
Meghan y él llevaban meses viéndose a escondidas y ya se habían acostumbrado a esa rutina, que de momento funcionaba a la perfección. El príncipe viajaba en vuelos comerciales, como hacía siempre (aunque normalmente era el último en subir al avión y el primero en bajar). Aquel día, para no llamar demasiado la atención, viajaba con un solo escolta, en vez de los dos que solían acompañarle. Se había asegurado, además, de que hubiera un coche que no llamara la atención esperándole a la salida de la terminal para llevarle a su nido de amor, la casa de dos plantas, pintada de color burdeos, que Meghan tenía en el barrio de Seaton Village.
Desde el viaje a África, su relación iba viento en popa.

Al margen del comportamiento de Meghan en Internet, nada puede justificar el racismo que comenzó a aflorar al poco tiempo en las noticias que trataban sobre ella. Un titular publicado por el Daily Mail durante la primera semana de noviembre declaraba que Meghan se había criado prácticamente en Compton, la conflictiva barriada de las afueras de Los Ángeles, y afirmaba que el barrio donde vivía su madre estaba marcado por las bandas callejeras. Tres días después, ese mismo rotativo publicó un artículo en el que afirmaba que Meghan no pasaría la prueba de la suegra. El artículo añadía a continuación, sin el menor escrúpulo, que los Windsor reforzarían su aguada sangre azul y los Spencer su piel clarucha y su pelo rojo con el denso y exótico ADN de la actriz. Y describía a la madre de Meghan como una señora afroamericana con rastas procedente de un barrio marginal. Estas publicaciones marcaron un nuevo hito en cuanto a bajeza informativa se refiere. El racismo soterrado se hacía cada vez más explícito, ofreciendo carnaza y yendo un paso más allá cada día. Un periódico afirmó que Meghan no era del estilo rubita pija de las novias anteriores de Harry.
No cabe duda de que en Gran Bretaña existe un racismo muy arraigado, aunque no se exprese de la misma forma que en Estados Unidos. En Inglaterra, el racismo se concreta a menudo en la cuestión de quién es auténticamente británico. Puede manifestarse en sesgos sutiles o en microagresiones como la que cometió cierto funcionario de palacio…

Al príncipe Harry le preocupa la seguridad de la señorita Markle y es causa de profundo pesar para él el no haber podido protegerla, afirmaba el documento. Es lamentable que, solo unos meses después de haber iniciado su relación, la señorita Markle se vea sometida a semejante tormenta mediática.

A Meghan le asustaba abrir la caja de Pandora al intentar enfrentarse a la prensa.
—¿No deberíamos ignorarlo y ya está? —preguntó.
Pero Harry estaba decidido.
En una declaración sin precedentes, Harry no solo confirmó que mantenía una relación sentimental con Meghan, sino que dejó claro que era él personalmente quien se hallaba detrás de aquella manifestación de protesta, con la esperanza de que los sectores de la prensa que han encabezado este discurso hagan una pausa y reflexionen antes de que se produzcan daños mayores.

Ahora que estaban prometidos, en el palacio de Kensington hubo numerosas discusiones acerca de si la pareja debía hacer su presentación pública antes de los Invictus Games de 2017. Pero, dado que los juegos paralímpicos patrocinados por Harry para heridos, enfermos y mutilados de las Fuerzas Armadas iban a tener lugar en septiembre en Toronto, eran la ocasión perfecta para hacer público su compromiso. (Pese a que se haya afirmado lo contrario, fue pura coincidencia que la competición tuviera como escenario Toronto, donde residía Meghan, puesto que la ciudad anfitriona se había elegido en mayo de 2016). ¿Qué podía ser mejor que combinar la declaración pública de su amor con el que sería quizá el legado más importante de Harry?.

Los problemas empezaron con Samantha Markle, la hermana de Meghan, que, a las veinticuatro horas de que se hiciera público que Meghan salía con Harry, decidió sacar partido a la situación, a pesar de que hacía más de una década que Meghan y ella no se veían.
Samantha, que se había cambiado el nombre (antes se llamaba Yvonne) y se había teñido el pelo de rubio, era la hija mayor de Thomas, fruto de su primer matrimonio con Roslyn Loveless. Thomas conoció a Roslyn en Chicago a los diecinueve años, cuando trabajaba en una cadena de noticias local. Ella tenía dieciocho recién cumplidos. Menos de un año después estaban casados e iban a ser padres. Dos años después nació su hijo Thomas. Cuando se separaron, en 1975, Roslyn se trasladó a Nuevo México con Yvonne y Thomas hijo. Siendo adolescentes, los chicos regresaron una temporada a California para vivir con su padre, pero no se quedaron mucho tiempo.
Debido en parte a que Samantha le llevaba diecisiete años, Meghan solo había coincidido con su hermana dos veces de pequeña; la última en 2008.
Meghan Markle pasó su última noche como plebeya a cuerpo de reina. A las seis y cuarto de la tarde del 18 de mayo, víspera de su boda con Harry, Doria y ella llegaron al que sería su alojamiento para esa noche: el hotel de cinco estrellas Cliveden House, una casa señorial cuyos orígenes se remontan al siglo XVII.
La mansión era desde hacía largo tiempo lugar de encuentro de la alta sociedad y la élite política. No sería, sin embargo, hasta la segunda mitad del siglo XX, tras instalarse en ella Nancy y Waldorf Astor, cuando alcanzaría fama por su espléndida hospitalidad y sus glamurosos invitados. Los Astor recibían en ella a una variopinta plétora de invitados: de Winston Churchill a George Bernard Shaw, pasando por Mahatma Gandhi o Henry Ford.
Ahora, la casa iba a alojar a la futura duquesa de Sussex.
Intentando que su novia se sintiera mejor, Harry recurrió a la persona que le pareció más adecuada para sustituir a Thomas: su padre. El príncipe Carlos tenía cierta experiencia en esas lides. Menos de dos años antes había acompañado hasta el altar a Alexandra Knatchbull, una amiga de la familia cuyo padre, lord Brabourne, cayó enfermo en el último momento.
—Se lo pedí y creo que él ya se lo esperaba —comentó Harry en un documental de la BBC—. Me contestó enseguida: «Por supuesto que sí. Haré lo que necesite Meghan, estoy aquí para apoyaros».
(El futuro rey tiene ahora en su residencia de Clarence House una fotografía enmarcada, en blanco y negro, en la que aparece acompañando a su nuera el día de la boda).
Tras una semana de especulaciones durante la cual el padre de Meghan acaparó el interés de los medios y ensombreció el que debería haber sido el momento más dulce de la vida de su hija, el palacio de Kensington anunció poco antes del gran día que sería el príncipe Carlos quien escoltara a la novia hasta el altar.

Meghan y Harry acababan de volver de su luna de miel secreta, a cuyo destino les había llevado un avión privado que les prestó un amigo. Habían pasado una semana fuera, disfrutando del sol en un lugar tan exclusivo que casi nadie —ni siquiera sus amigos— sabe todavía hoy dónde estuvieron. Se hallaban gozando aún de la felicidad de esos primeros días de matrimonio cuando, el 18 de junio de 2018, Thomas Markle concedió una explosiva entrevista en vivo al programa de televisión Good Morning Britain desde la habitación de un hotel de San Diego.
El padre de Meghan tocó diversos temas durante la entrevista y pidió disculpas por haber participado en el montaje de las fotografías antes de la boda (aunque al parecer también le pagaron diez mil dólares por la entrevista en televisión).
—Me doy cuenta de que fue un error grave —afirmó—. Pero cuesta deshacerlo.
Más aún costaba imaginar que Thomas pudiera tener la esperanza de que su hija y Harry se lo perdonaran. Los amigos y consejeros de la pareja no sabían a qué atenerse con un hombre que ya había dejado claro que no se podía confiar en él. La Casa Real valoraba la discreción y la privacidad por encima de todo.

Gracias al anuncio de su embarazo y a su impecable actuación durante su primer gran viaje oficial como representante de la Casa Real británica, Meghan pudo disfrutar por fin de unas cuantas semanas de buena prensa. Esa racha llegó bruscamente a su fin el 10 de noviembre, cuando el Mail on Sunday publicó la primera de una serie de noticias poco halagüeñas para la duquesa. Al parecer, Melissa Toubati, la asistente de los duques, había dejado su trabajo al cabo de solo seis meses.
El periódico citaba a un funcionario de la Casa Real, que describía a Melissa como una persona de gran talento que había desempeñado un papel crucial en el éxito de la boda real y a la que todo el personal de la Casa Real echará de menos, y afirmaba que Meghan era una pésima jefa.
Una semana después, el Mirror publicó asimismo un artículo sobre la brusca renuncia de Melissa, informando de que Meghan la había hecho llorar varias veces, y una fuente anónima aseguraba:

Ha aguantado mucho. Varias veces acabó llorando por culpa de las exigencias de Meghan. Melissa es una profesional como la copa de un pino y es fantástica en su trabajo, pero las cosas llegaron a un punto crítico y lo más fácil era que cada una tirara por su lado.

Los apodos que los tabloides dedicaban a la duquesa (Hurricane Meghan, «Huracán Meghan», y Me-Gain, «Yo gano») y las descripciones sesgadas de su conducta (levantarse a las cinco de la mañana, bombardear a sus asistentes con mensajes y cierta forma de mirar levantando las cejas) no mostraban signos de remitir.
A Meghan y Harry les preocupaba que la Casa Real no contestara a las muchas noticias desfavorables y engañosas que aparecieron en torno a la marcha de Melissa. Según múltiples fuentes que conocen los motivos de su súbita renuncia, pese a lo mucho que la prensa ensalzara a la exasistente del palacio, la pareja no estaba nada satisfecha con su trabajo y no se llevó en absoluto un disgusto cuando se marchó. Meghan se preguntaba si alguien en el palacio de Kensington, donde Melissa tenía buenos amigos, estaba más interesado en proteger a la asistente que en defenderla a ella.

Tanto Meghan como Kate han lucido en diversas ocasiones joyas icónicas vinculadas con Diana. Tras la muerte de la princesa, sus joyas pasaron a sus hijos o a la reina, dependiendo de si eran bienes privados o regalos recibidos en su calidad de representante de la Corona. Kate había llevado en diversas cenas de estado la diadema del Nudo de los Enamorados de Cambridge, que Diana lució muchas veces. Y, durante su gira por Australia, Nueva Zelanda, Fiyi y Tonga, se vio a Meghan con unos pendientes de diamantes en forma de mariposa y una pulsera de zafiros que habían sido de Diana.
No era la primera vez que la prensa aireaba presuntas disputas en torno a las joyas. The Sun informó anteriormente de que Meghan se había encaprichado de «una tiara con esmeraldas». Al parecer, se trataba de la diadema de la gran duquesa Vladimir, no de la que la reina María de Teck lució el día de su boda. La tiara Vladimir era una de las piezas más espectaculares de la colección real. Extraída clandestinamente de Rusia tras la Revolución de 1917, la reina María la compró en 1921 y posteriormente fue remodelada para añadirle aros de diamantes entrelazados de los que colgaban grandes esmeraldas y perlas en forma de lágrima.
Debido a estas piezas colgantes, la tiara se confunde a veces con la del Nudo de los Enamorados de Cambridge. Fabricada por la joyería House of Garrard para la reina María en 1914 usando perlas y diamantes que ya pertenecían a su familia, la diadema del Nudo de los Enamorados se hizo tomando como modelo una diadema de su abuela, la princesa Augusta de Hesse. Tras la muerte de la reina María en 1953, la tiara pasó a su nieta, Isabel II.
Como la mayoría de los principales funcionarios del palacio de Buckingham, Angela está siempre de guardia por si Su Majestad requiere sus servicios. Al parecer, cuando le llegaron las primeras peticiones para la prueba de peluquería estaba muy ocupada en el castillo de Windsor, donde la reina se había instalado para pasar la Pascua. Pero iban pasando las semanas y seguía sin fijarse la fecha para que Meghan se probara la diadema, a pesar de la insistencia de los asistentes del palacio de Kensington.
Aunque estaba, evidentemente, familiarizado con el protocolo de la Casa Real, Harry no creía que Angela estuviera tan ocupada como para no poder atenderlos. Pensaba más bien que estaba haciéndole el vacío a Meghan a propósito. Ello dio lugar a una acalorada discusión entre el príncipe y Angela, muy alejada de la moderación que se esperaba en ese contexto. Según una fuente, Harry abordó el asunto sin rodeos.
—Estaba harto —añade el asistente.
Faltaban solo un par de semanas para la boda y el asunto de la prueba de peluquería con la tiara seguía siendo motivo de conflicto. El personal del palacio de Kensington no conseguía ponerse en contacto con Angela. Era molesto… y desconcertante para todos. ¿Por qué era tan complicado fijar una fecha para que Meghan se probara la diadema con su peluquero? Al final, Harry tuvo que recurrir directamente a su abuela. Y Meghan pudo por fin probarse la diadema.
Un funcionario del palacio de Buckingham declaró que Harry se había mostrado «hipersensible» al acusar a Angela de intentar dificultarle las cosas a su prometida, pero una fuente cercana al príncipe asegura que Harry estaba convencido de que parte de la vieja guardia de la Casa Real sentía antipatía por Meghan y no se detendría ante nada para hacerle la vida imposible.

Las precauciones de ciberseguridad que tomaban los flamantes padres no les impidieron mostrar fotografías de su bebé a sus allegados, como hace cualquier padre primerizo. El Día de la Madre, Meghan desayunó en su habitación con Doria y Archie, y Harry compartió públicamente una foto del bebé en Instagram, en la que aparecían los piececitos de Archie sostenidos por la mano de su madre. Los nomeolvides que aparecían de fondo eran un homenaje a la princesa Diana, de la que, como es lógico, Harry «se acordaba muchísimo» desde que era padre.

Se les permitía, mantener sus patronatos privados. Aunque ya no podrían representar oficialmente a la reina, Meghan y Harry dejaron claro que en todas sus futuras iniciativas seguirían promoviendo los valores de Su Majestad.
En cuanto a la cuestión del dinero, al abandonar sus funciones reales dejarían de percibir fondos públicos. La pareja llevó está cláusula más allá al ofrecerse a reembolsar los gastos derivados de la reforma de Frogmore Cottage, que seguirá siendo su domicilio familiar en el Reino Unido. Parte de la opinión pública británica había puesto el grito en el cielo cuando, el mes de julio anterior, el informe de la Sovereign Grant correspondiente al periodo 2018-2019 confirmó que se habían invertido 2,4 millones de libras de dinero de los contribuyentes en la remodelación de la casa. Las críticas constantes desde los medios en torno a la cuestión de las obras no habían contribuido precisamente a rebajar la tensión, y a ambos les alivió poder dejar eso atrás. Al ofrecerse a devolver el dinero ponían de manifiesto hasta qué punto deseaban cortar sus lazos con la monarquía. En privado, el príncipe Carlos se comprometió a ayudarlos económicamente, de su bolsillo, si lo necesitaban. Hablaba en su calidad de padre preocupado, no en su papel de príncipe de Gales.
Quizás el gesto de apoyo más significativo, sin embargo, procedió de la propia reina, en un comunicado.

Soy consciente de las dificultades que han tenido que afrontar debido al intenso escrutinio de estos últimos dos años y apoyo su deseo de llevar una vida más independiente.

La reina siempre había tratado de comprender las necesidades de su nieto durante aquel periodo de angustia e infelicidad. Aquel gesto significó mucho para Harry, porque demostraba que su abuela le había escuchado durante la Cumbre de Sandringham cuando expresó, de nuevo, su frustración y su enfado porque nadie de la familia real hubiera reaccionado a pesar de lo mal que lo habían pasado Meghan y él desde que se hizo pública su relación.
Pero, aunque el apoyo de su abuela fuera un consuelo, el acuerdo supuso un duro golpe para Harry al despojarle de los honores militares que se le habían concedido en su calidad de príncipe.

A finales de noviembre de 2019 empezaron a clausurar su fundación y a principios de 2020 ya habían empezado a montar una organización sin ánimo de lucro en la que pensaban volcarse durante los años siguientes. Tenían pensado el nombre de la organización desde que se casaron: Archewell.
—Antes de SussexRoyal, se nos ocurrió arché, una palabra griega que significa «principio de acción» —explicaba la pareja—. Nos pareció que cuadraba muy bien con el concepto de la organización benéfica que queríamos crear algún día.
Ese término griego les sirvió, además, como inspiración para elegir el nombre de su hijo.
Aunque se hayan desvinculado de la monarquía, Meghan y Harry nunca renunciarán a sus principios e ideales. A Harry siempre le interesará la defensa del medioambiente y el apoyo a quienes sufren enfermedades mentales, a los afectados por el virus del sida y a los veteranos del ejército. Meghan, por su parte, seguirá centrando sus esfuerzos en el empoderamiento de las mujeres y las niñas en todo el mundo.
—Quieren dejar un legado moderno y significativo para las nuevas generaciones —explica una fuente cercana a la pareja—, dedicarse a una labor que no repita lo que ya están haciendo otras personas y que resista el paso del tiempo.

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There is just no way imaginable that Meghan was not very intimately involved in the writing of this drivel. It smacks of her self serving, innocent, ingenue me me me persona. Too many very intimate details and then nothing we haven’t all already read in the tabloids already. This is the start of Meghan’s slow revenge war against the BRF as she singles out and personally attacks HMTQ, TRH’S The Duke and Duchess of Cambridge. Unfortunately it is nothing more than 1 giant whinging spree. Filled with the kind of ‘woe is me’ victimization and one-sided pettiness we have come to associate only to well with The Sussex’s – where nothing is ever their fault and the whole world is out to get them. This book swiftly descends into a complete snooze fest.
Finding Freedom comes on the tail of a tour of Africa, against a backdrop of some of the most impoverished people in the world, with a lip biting account from The Duchess lamenting that it is not enough just to survive (serious side eye). It also comes at a time in history when we are suffering a global pandemic, that has killed hundreds of thousands of people. America faces its most important election in a century. Britain is suffering its worst recession ever.
Regrettably the only ones that gain from this book are the authors.
STOP LYING! Megan, hon. Nobody believes a single word salad that comes out of your mouth. From the laughable «5 Friends» (i.e, yourself) to the endless petty lawsuits, suing literally nobody. It’s clear that Megan selfishly never wanted to fit into the Royal Family. She wanted to take over as this book clearly detailed. Why on EARTH would these two arrogant, greedy numpties demand the same treatment and level as the future King and Queen of the Commonwealth?
Here’s what this book taught me: Megan is interested purely in her own gain to the detriment of everyone around her. Megan, the self-ordained spokesperson for BLM, who only got anywhere in this world because she used (her Dad) and married white men. And when her plan to disparage everyone around her in an effort to become number one in the RF flopped on its face, she cried out discrimination. Now she is desperately trying to look like a poor sad victim-hence this train wreck of a book. How Hapless Harry goes along with the destruction of his own family beggars belief.
As many other pundits have said: the telling of «their side» during a pandemic is staggeringly selfish and tone deaf. Let’s all hope it blows up in their faces, that everyone finally sees the truth of these petty shameless characters, and that they will – finally – go crawl under a rock and spare humanity the screeching sounds of their sanctimonious delusional hypocritical preaching and endless complaining, courtesy of two of the most privileged people on planet earth.

Harry longed for a normalcy like the one his mother, Diana, tried to provide for him and his brother when she took them to an amusement park or McDonald’s. (It is curious that for that child who was born surrounded by unimaginable privileges and riches, the best thing about going to eat a Happy Meal was to discover the little plastic toy that came inside the cardboard box).
Harry is different from his brother from his Guillermo from his, who, due to his orderly and pragmatic nature, is more like his grandmother, the queen. He is an emotional person who clings to utopian ideals, but always in his way, which is admirable. His desire to live outside the bubble of the palace – which is manifested in all aspects, from his habit of greeting with a hug in official acts to his determination to serve on the front line of the war front as a member of the Armed Forces – is a very positive quality, although it sometimes causes complications for the rest of the royal family.
His determination and his energy allowed him to usher in a new chapter in the history of the royal family by falling in love with Meghan Markle.

From the beginning of their relationship it was clear that Harry had found in her a woman who supported her passion for humanitarian causes and in whom he saw reflected like a mirror his desire to improve the living conditions of those who occupy the margins of the society. The whole world watched in amazement at the rapid development of their couple relationship. Carolyn and I watched it, too, as certain British tabloids accused Meghan of being a creep, a demanding and troublesome upstart. Some of them hardly bothered to disguise the racism that permeated their headlines and their scathing comments.
That speech that surfaced in the media greatly surprised Meghan, who approached her official commitments and her charitable work as a new member of the royal family with the same frankness and audacity with which, at the age of eleven, she wrote letters to the politicians of her country – including Hillary Clinton – to protest the machismo of a dishwasher ad.

Protecting Archie and preserving his privacy was a matter of vital importance to the couple, as revealed when they decided not to give their son a royal title. Harry, who had seen the paparazzi relentlessly pursuing his mother and had known since childhood the drawbacks of growing up in the monarchy’s fishbowl, and Meghan, who was quickly learning that same lesson, wanted to make sure their son chose his fate, instead of being forced to assume what was imposed on him by his membership of the royal dynasty.
Those first days in the house by the sea provided them with the tranquility they longed for.

Arriving in London in June 2016, it was five years since Meghan had moved to Toronto to star in Suits. Her life was light years away from that of that aspiring actress from Los Angeles who went to castings in an old Ford Explorer with a broken automatic lock because she couldn’t afford to drive it to the shop (in fact, she spent five months getting into the garage). car through the trunk).
While her role in the USA Network series would not have catapulted her to fame in cities like Los Angeles or New York, in Canada she quickly made her a celebrity. And even though her career had already taken off, Meghan never stopped striving for new opportunities. She hired London public relations agency Kruger Cowne to represent her and began charging – up to $ 10,000 per event – for appearing on the red carpet, such as at the opening of the Marchesa Voyage runway to launch the ShopStyle collection. , in September 2014, in New York, or as presenter and speaker; for example, at the Dove Self-Esteem Project in Toronto in 2015 or at the Women in Cable Telecommunications luncheon held in Chicago that same year.

Harry fell in love with Africa after the tragic death of his mother, Princess Diana, in 1997. Although the continent has become a second home for him over the years, the prince still remembers his first visit as if it had been Yesterday. Days after William, who was fifteen, and he, who was twelve, accompanied his mother’s coffin from Saint James’s Palace to Westminster Abbey, Prince Charles encouraged his sons to accompany him on his first official visit. to South Africa to escape the displays of consternation and official mourning that surrounded them on all sides.
Diana’s death marked a turning point in Carlos’s relationship with his children. The Prince of Wales had always tried to be a good father, but he had been brought up in a strict sense of formality and, although he gave his children much greater affection than he had received as heir to the throne, he was an extremely rigid and he was not at all used to the family environment Diana had created for the children.
Diana had had a difficult childhood due to her parents’ divorce and she was determined that her family lead as normal a life as possible, full of love and laughter, in Kensington Palace. She was one of the first royals to turn the kitchen into one more room in her home, not reserved exclusively for service. She loved that her chef, Carolyn Robb, cooked with the kids.
Thanks to his father, Harry was already an advocate for the environment long before environmentalism ceased to be a minority movement. Prince Charles has been talking about climate change and the use of plastic since the 1970s, and he is aware that, at first, when he put the emphasis on these issues, he was considered «a little eccentric». A strong advocate of sustainable agriculture, he manages his Highgrove farm according to «strict sustainability criteria», such as the reed bed drainage and purification system and the rainwater collection tanks for use in some toilets and in the watering the fields.
Harry felt a tingle of excitement when, on October 28, his plane from London landed at Toronto Pearson Airport. Finally, after two very long months of separation, he was a few minutes away from being reunited with his girlfriend.
He and Meghan had been secretly seeing each other for months and had already gotten used to this routine, which for now was working perfectly. The prince traveled on commercial flights, as he always did (although he was usually the last to get on the plane and the first to get off). That day, in order not to attract too much attention, he traveled with only one escort, instead of the two who usually accompanied him. He had also made sure that there was a car that did not attract attention waiting for him at the exit of the terminal to take him to his nest of love, the two-story house, painted in burgundy, that Meghan had in the Seaton neighborhood Village.
Since the trip to Africa, their relationship was going from strength to strength.

Regardless of Meghan’s behavior on the Internet, nothing can justify the racism that began to surface soon after in the news about her. A headline published by the Daily Mail during the first week of November declared that Meghan had practically grown up in Compton, the troubled suburb outside Los Angeles, and claimed that the neighborhood where her mother lived was marked by street gangs. . Three days later, that same newspaper published an article in which it affirmed that Meghan would not pass the test of her mother-in-law. The article then added, without the slightest scruple, that the Windsors would reinforce her watery blue blood and the Spencers hers would reinforce her fleshy skin and her red hair with the actress’s dense and exotic DNA. And he described Meghan’s mother as a dreadlocked African-American lady from a slum. These publications marked a new milestone in terms of low-level information. Underground racism became more and more explicit, offering bait and going one step further every day. One newspaper claimed that Meghan was not the posh blonde style of Harry’s previous girlfriends.
There is no doubt that there is deep-rooted racism in Britain, although it is not expressed in the same way as in the United States. In England, racism often comes down to the question of who is truly British. It can manifest itself in subtle biases or in microaggressions like the one committed by a certain palace official …

Prince Harry is concerned for the safety of Miss Markle and is deeply saddened by his failure to protect her, the document stated. It is unfortunate that, only a few months after starting their relationship, Miss Markle is subjected to such a media storm.

Meghan was scared to open Pandora’s box when trying to confront the press.
«Shouldn’t we just ignore him and he’s done?» She, ”she asked.
But Harry was determined.
In an unprecedented statement, Harry not only confirmed that he was romantically involved with Meghan, but also made it clear that it was he personally who was behind that protest demonstration, in the hope that the sectors of the press that have led this speech pause and reflect before further damage occurs.

Now that they were engaged, there were numerous discussions in Kensington Palace about whether the pair should make their public appearance before the 2017 Invictus Games. But, given that the Paralympic games sponsored by Harry for the wounded, sick and maimed of the Forces Armadas were to take place in September in Toronto, they were the perfect occasion to make their commitment public. (Despite claims to the contrary, it was pure coincidence that the competition took place in Toronto, where Meghan resided, since the host city had been chosen in May 2016). What could be better than to combine the public declaration of her love with what would be perhaps Harry’s most important legacy?

The problems started with Samantha Markle, Meghan’s sister, who, within twenty-four hours of it being made public that Meghan was dating Harry, decided to take advantage of the situation, despite the fact that she and Meghan had not been in for more than a decade. they looked.
Samantha, who had changed her name (formerly Yvonne) and dyed her hair blonde, was Thomas’ eldest daughter from her first marriage to Roslyn Loveless. Thomas met Roslyn in Chicago at the age of nineteen, when she was working for a local news network. She was just eighteen. Less than a year later they were married and were to be parents. Two years later their son Thomas was born. When they separated in 1975, Roslyn moved to New Mexico with Yvonne and Thomas Jr. As teenagers, the boys returned to California for a season to live with their father, but they didn’t stay long.
Due in part to the fact that Samantha was seventeen years older than her, Meghan had only met her sister twice as a child; the last in 2008.
Meghan Markle spent her last night as a commoner like a queen. At 6:15 p.m. on May 18, the eve of her wedding to Harry, she and Doria arrived at what would be their accommodation for the night: the five-star Cliveden House, a manor house whose origins date back to the century. XVII.
The mansion had long been a meeting place for high society and the political elite. It would not, however, until the second half of the 20th century, after Nancy and Waldorf Astor settled in, when he would become famous for his splendid hospitality and her glamorous guests. The Astors welcomed a diverse plethora of guests: from Winston Churchill to George Bernard Shaw to Mahatma Gandhi to Henry Ford.
Now the house was to house the future Duchess of Sussex.
Trying to make his girlfriend feel better, Harry turned to the person who seemed most appropriate to replace Thomas: his father. Prince Charles had some experience in these conflicts. Less than two years before, he had accompanied Alexandra Knatchbull, a family friend whose father, Lord Brabourne, fell ill at the last minute, down the aisle.
«I asked him and I think he expected it,» Harry commented in a BBC documentary. He immediately replied: “Of course I do. I’ll do what Meghan needs, I’m here to support you.
(The future king now has in his Clarence House residence a framed photograph, in black and white, in which he appears accompanying his daughter-in-law on the wedding day).
After a week of speculation during which Meghan’s father captured media interest and overshadowed what should have been the sweetest moment of his daughter’s life, Kensington Palace announced shortly before the big day that he would be the prince. Carlos who will escort the bride to the altar.

Meghan and Harry had just returned from their secret honeymoon, where they had been taken to a private plane lent by a friend. They had spent a week outside, enjoying the sun in a place so exclusive that hardly anyone – not even his friends – still knows where they were today. They were still enjoying the happiness of those first days of marriage when, on June 18, 2018, Thomas Markle gave an explosive live interview to the television program Good Morning Britain from a hotel room in San Diego.
Meghan’s father touched on various topics during the interview and apologized for having participated in the montage of the photos before the wedding (although he was apparently paid $ 10,000 for the television interview as well).
«I realize it was a serious mistake,» he said. But it is hard to undo.
It was even harder to imagine that Thomas could hope that his daughter and Harry would forgive him. The couple’s friends and counselors didn’t know what to expect from a man who had already made it clear that he couldn’t be trusted. The Royal House valued discretion and privacy above all else.

Thanks to the announcement of her pregnancy and her impeccable performance during her first big official trip as a representative of the British Royal House, Meghan was finally able to enjoy a few weeks of good press. That streak came to an abrupt end on November 10, when the Mail on Sunday published the first in a series of unflattering news stories for the Duchess. Apparently, Melissa Toubati, the assistant to the dukes, had left her job after only six months.
The newspaper quoted a Royal House official as describing Melissa as a highly talented person who had played a crucial role in the success of the royal wedding and who will be missed by all Royal House staff, stating Meghan was a lousy boss.
A week later, the Mirror also published an article about Melissa’s abrupt resignation, reporting that Meghan had made her cry several times, and an anonymous source claimed:

She has endured a lot. She several times she ended up crying because of Meghan’s demands. Melissa is a professional as a pine tree and she is fantastic at her job, but things reached a critical point and the easiest thing was for each one to pull on her side.

The tabloid nicknames for the Duchess (Hurricane Meghan, «Hurricane Meghan,» and Me-Gain, «I win») and the skewed descriptions of her behavior (waking up at five in the morning, bombarding her assistants with messages and a certain way of looking (raising the eyebrows) showed no signs of subsiding.
Meghan and Harry were concerned that the Royal Household would not respond to the many unfavorable and misleading news that surfaced surrounding Melissa’s departure. According to multiple sources who know the reasons for her sudden resignation, despite how much the press praised the former palace assistant, the couple were not satisfied with her work and were not at all displeased when she left. marched. Meghan wondered if anyone in Kensington Palace, where Melissa had good friends, was more interested in protecting her assistant than in defending her.

Both Meghan and Kate have worn iconic Diana jewelry on various occasions. After the death of the princess, her jewels passed to her children or her queen, depending on whether they were private property or gifts received in her capacity as representative of the Crown. Kate had worn the Cambridge Lovers’ Knot diadem to various state dinners, which Diana wore many times. And, during her tour of Australia, New Zealand, Fiji and Tonga, she spotted Meghan wearing diamond butterfly earrings and a sapphire bracelet that had been Diana’s.
It was not the first time that the press aired alleged disputes over jewelry. The Sun previously reported that Meghan had fallen in love with «an emerald tiara.» Apparently it was Grand Duchess Vladimir’s diadem, not the one Queen Mary of Teck wore on her wedding day. The Vladimir tiara was one of the most spectacular pieces in the royal collection. Clandestinely mined from Russia after the 1917 Revolution, it was purchased by Queen Mary in 1921 and later remodeled to add intertwined diamond earrings from which large emeralds and teardrop pearls dangled.
Because of these dangling pieces, the tiara is sometimes confused with that of the Cambridge Lovers’ Knot. Manufactured by House of Garrard jewelry for Queen Mary in 1914 using pearls and diamonds that already belonged to her family, the Lovers’ Knot diadem was modeled after a diadem of her grandmother, Princess Augusta of Hesse. Following the death of Queen Mary in 1953, the tiara passed to her granddaughter, Elizabeth II.
Like most of Buckingham Palace’s top officials, Angela is always on call in case her Majesty requires her services. Apparently, when she got her first requests for the hairdressing test she was very busy at Windsor Castle, where the queen had settled for Easter. But weeks went by and the date for Meghan to try on the tiara was still not set, despite the insistence of Kensington Palace assistants.
Although he was obviously familiar with Royal House protocol, Harry didn’t think Angela was so busy that she couldn’t attend to them. He thought rather that he was purposely purging Meghan. This led to a heated discussion between the prince and Angela, far from the restraint expected in that context. According to a source, Harry broached the matter bluntly.
«I was fed up,» adds the assistant.
The wedding was only a couple of weeks away, and the matter of the hairdressing fitting with the tiara was still a matter of conflict. Kensington Palace staff were unable to reach Angela. It was annoying… and unnerving for everyone. Why was it so difficult to set a date for Meghan to try on the headband with her hairdresser? In the end, Harry had to turn directly to his grandmother. And Meghan was finally able to try on the headband.
A Buckingham Palace official stated that Harry had been «hypersensitive» in accusing Angela of trying to make things difficult for his fiancée, but a source close to the prince says Harry was convinced that part of the old guard of the Royal House He disliked Meghan and would stop at nothing to make her life miserable.

The cybersecurity precautions that the new parents took did not prevent them from showing pictures of their baby to those close to them, as any new parent does. On Mother’s Day, Meghan had breakfast in her room with Doria and Archie, and Harry publicly shared a photo of the baby on Instagram, showing Archie’s little feet held by his mother’s hand. The forget-me-nots in the background were a tribute to Princess Diana, who, of course, Harry «remembered a lot» since he was her father.

They were allowed to maintain their private patronages. Although they could no longer officially represent the queen, Meghan and Harry made it clear that in all their future endeavors they would continue to promote the values of her Majesty.
As for the question of money, by abandoning their royal functions they would cease to receive public funds. The couple took this clause further by offering to reimburse the expenses arising from the renovation of Frogmore Cottage, which will remain their family home in the UK. Some of the British public had raised a cry when, the previous July, the Sovereign Grant report for the period 2018-2019 confirmed that 2.4 million pounds of taxpayer money had been invested in remodeling the house. The constant criticism from the media on the issue of the works had not exactly helped to reduce the tension, and both were relieved to be able to leave that behind. By offering to return the money, they revealed the extent to which they wanted to sever their ties with the monarchy. Privately, Prince Charles promised to help them financially, out of his pocket, if they needed it. He spoke in his capacity as his concerned father, not in his role as Prince of Wales.
Perhaps the most significant gesture of support, however, came from the queen herself, in a statement.

I am aware of the difficulties you have faced due to the intense scrutiny of the past two years and I support your desire to lead a more independent life.

The queen had always tried to understand the needs of her grandson during this period of anguish and unhappiness. That gesture meant a lot to Harry, because it showed that his grandmother had listened to him during the Sandringham Summit when he expressed, again, his frustration and his anger that no one from the royal family had reacted despite how badly Meghan and had had it him since their relationship became public.
But while the support of his grandmother was a consolation, the agreement dealt a severe blow to Harry by stripping him of the military honors that had been bestowed on him as his prince.

At the end of November 2019, they began to close their foundation and at the beginning of 2020 they had already started to set up a non-profit organization in which they planned to invest in the following years. They had the name of the organization in mind since they were married: Archewell.
«Before SussexRoyal, we came up with arché, a Greek word meaning ‘principle of action,'» the couple explained. We found it to fit very well with the concept of the charity we wanted to create one day.
This Greek term also served as inspiration for choosing the name of their son.
Although they have disassociated themselves from the monarchy, Meghan and Harry will never renounce their principles and ideals. Harry will always be interested in advocating for the environment and supporting those suffering from mental illness, those affected by the AIDS virus and military veterans. Meghan, for her part, will continue to focus her efforts on the empowerment of women and girls around the world.
—They want to leave a modern and significant legacy for the new generations —explains a source close to the couple—, dedicate themselves to a task that does not repeat what other people are already doing and that stands the test of time.

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