Estabilizando Una Economía Inestable — Hyman P. Minsky / Stabilizing an Unstable Economy: A Twentieth Century Fund Report by Hyman P. Minsky

El libro es un análisis exhaustivo del sistema supuestamente capitalista posterior a la Segunda Guerra Mundial, escrito en 1986 justo después del combate de Estados Unidos con la estanflación. Minsky hace todo lo posible para explicar la apropiación indebida de conceptos keynesianos, de hecho, el malentendido general (neoclásico) de Keynes, hecho en gran parte con fines políticos a corto plazo. El autor ve al Gran Gobierno como la manta de confort para la sociedad actual; aquí estoy de acuerdo. Sin embargo, considera que el mayor riesgo es la inflación; aquí no estoy de acuerdo, como lo demuestra el registro reciente. La inestabilidad en nuestra economía, dice, surge de la industria de servicios financieros, específicamente el afán de lucro incrustado en esas organizaciones; aquí también estoy de acuerdo. Curiosamente, Minsky no menciona a las agencias de calificación, esos tontos, los gobernadores más imperfectos de los flujos financieros, ni una sola vez en su volumen; tal vez incluso merezcan su propia escoriación dedicada.
Ahora creo que los economistas ven el mundo con un espejo retrovisor y están fuertemente influenciados por el sesgo de lo reciente. El campo, por lo tanto, hace un buen trabajo al describir los fenómenos de ayer, un maldito mal trabajo al describir los de mañana. A pesar de las advertencias de inflación de Minsky y a pesar de años de intervenciones gigantescas del banco central, la inflación en las principales economías es invisible. El Sr. Minksy parece equivocado. Más bien, ahora parece que hemos entrado en un ámbito en el que los bancos centrales son facilitadores de una extensa familia de consumidores de drogas, todos adictos al dinero barato. ¿Qué sucede si y cuando esos facilitadores deciden imponer un amor duro? Eso parece imposible ahora. ¿Dónde están los modelos económicos que describen tipos de interés cero y negativos combinados con un crecimiento económico anémico a largo plazo y una baja inflación?
El elefante muerto en la alfombra de la sala es el sistema bancario central mundial. No puedo señalar la teoría económica que explica completamente el entorno actual, proporcionando el camino hacia la comprensión de las posibles consecuencias futuras. Parece que estamos en una era en la que el gobierno de EE.UU. y todos puede emitir cantidades ilimitadas de deuda a tasas de interés históricamente bajas, pero donde las acciones de nuestro banco central están limitadas por la intoxicación de los mercados financieros por dinero barato y por las políticas acomodaticias sin precedentes de los bancos centrales europeos y japoneses. Se habla de algo llamado «teoría monetaria moderna», salarios estancados a largo plazo en los EE.UU. y el mundo, un verdadero lío en las finanzas europeas, poblaciones en declive en varias economías importantes, una demanda internacional aparentemente insaciable de dólares estadounidenses, tipos de cambio, y esto dragón adolescente llamado China, entre otros temas.
¿A dónde nos llevará esto? Nadie parece saberlo realmente. ¿Por qué tengo la sensación de que nos conducen hacia un espejismo?…

Los conocimientos de Hyman Minsky nos ayudan a entender los desarrollos financieros clave de las últimas décadas. Pocos han entendido tan bien como él tanto las dinámicas autorreafirmantes de las finanzas empresariales especulativas como la disminución de la calidad de la deuda y la volatilidad económica que han llegado a caracterizar nuestros tiempos. Minsky fue quien llamó «financiación especulativa» a los préstamos empresariales que tienen el propósito de amortizar deuda y que a su vez impulsan la inversión y los precios de los activos. Explicó cómo el aumento alcista del empleo, la inversión y los beneficios tienden a confirmar, en la mente de líderes empresariales y banqueros, la solidez de un enfoque que, en última instancia, fomenta una volatilidad y un riesgo inaceptable. En una brillante frase que podría ser el motto adecuado para los tiempos de Enron que vivimos, Minsky ya nos avisó de los peligros de las «aventuras en el balance de cuentas».

Estabilizando una economía inestable trata de explicar por qué nuestra economía está tan sujeta a fluctuaciones y cómo se ha ido conteniendo la evidente inestabilidad. Y si bien hemos evitado lo peor que nos podría haber ocurrido (una gran depresión), también es cierto que en los últimos años el rendimiento económico ha sido comparativamente peor que en esas dos décadas inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Además, desde finales de los años sesenta el éxito en la estabilización de la inestabilidad ha sido generalmente involuntario, ya que las teorías subyacentes a las políticas implementadas han ignorado las variables críticas que hacen posible «estabilizar» un sistema inherentemente inestable. Porque, si por un lado han tenido éxito, también es cierto que esas políticas nunca han abordado el deterioro de los resultados económicos. En vista de todo esto, después de seguir el hilo del material histórico, institucional y teórico, seguiré con una agenda, un plan de reformas.
Minsky desarrolló continuamente su hipótesis de inestabilidad financiera para incorporar las nuevas ampliaciones a su teoría de inversión desarrollada en las décadas de 1960 a 1980.
Minsky proporcionó el análisis más perspicaz del capitalismo financiero del siglo xx, y todavía hoy sus ideas siguen siendo muy relevantes.

La inestabilidad económica, tan evidente desde finales de la década de 1960, es el resultado de una fragilidad del sistema financiero surgida de los cambios acumulativos en las relaciones financieras y en las instituciones a lo largo de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Los cambios involuntarios, y a menudo inadvertidos, en las relaciones financieras, y la financiación especulativa inducida por el buen funcionamiento económico, han conseguido invalidar las directrices de las políticas monetaria y fiscal basadas en la experiencia de los años cincuenta y principios de los sesenta. Por sí mismo, ningún conjunto de manipulaciones monetarias y fiscales puede restablecer ni mantener la tranquilidad relativa de los cincuenta y principios de los sesenta. Si queremos recuperar esa tranquilidad relativa necesitamos cambios institucionales fundamentales de un alcance similar a las reformas básicas de los primeros 6 años de la presidencia de Roosevelt. Y si queremos que la reforma tenga éxito, debe estar iluminada por una visión teórica que nos permita comprender las causas de una inestabilidad ya tan evidente.
Los sistemas económicos no son sistemas naturales. Una economía es una organización social creada a través de una legislación o un proceso evolutivo de inventiva e innovación. Las políticas pueden hacer cambiar tanto los detalles como el carácter general de la economía, y la configuración de la política económica implica tanto la definición de objetivos como el conocimiento de que los procesos económicos reales dependen de instituciones económicas y sociales.
Por tanto, la política económica debe centrarse tanto en el diseño de instituciones, como en su forma de operar. Las instituciones son el resultado de procesos evolutivos y, una vez legisladas, toman vida propia y evolucionan en respuesta a los procesos del mercado. Además, en un mundo dinámico no podemos esperar resolver los problemas de organización institucional una sola vez y de una vez por todas, ni tampoco comprometernos a cambiar radicalmente las instituciones cada poco. Una vez que un acuerdo institucional encarna la mejor percepción de los procesos y objetivos del momento, se le debe dar tiempo para que los detalles vayan evolucionando y restringir las políticas a operaciones que queden dentro de ese marco institucional. Después, a medida que el rendimiento inadecuado del orden económico y social.
El mayor defecto de nuestra economía es que es inestable. Esta inestabilidad no se debe a shocks externos ni a la incompetencia o ignorancia de los responsables políticos. La inestabilidad se debe a los procesos internos de este tipo de economía. La dinámica de una economía capitalista con estructuras financieras complejas, sofisticadas y en evolución, desarrolla condiciones que conducen a la incoherencia, a inflaciones desbocadas y a profundas depresiones. Sin embargo, tampoco es absolutamente necesario que la incoherencia se haga realidad cuando se cuenta con instituciones y políticas que deben (y pueden) ser capaces de contener esta dinámica. Por así decirlo, podemos estabilizar la inestabilidad.

Uno de los atributos fundamentales de nuestra economía es que la propiedad de los activos sea típicamente financiada por deudas y, obviamente, que esas deudas impliquen compromisos de pago. A medio plazo, en la mayoría de entidades financieras y muchas organizaciones comerciales ordinarias, los compromisos de pago de deudas superan a menudo el efectivo que la unidad espera recibir de sus operaciones básicas. Estas unidades esperan obtener préstamos para así tener los fondos necesarios para amortizar la deuda. Incluso si una unidad espera recibir suficiente dinero en efectivo mediante la venta de output o activos, los compradores de esos outputs o activos a menudo tendrán que pedir prestado. En todo caso, los préstamos, la venta de activos y la venta de outputs en mercados cuyo funcionamiento normal depende del buen funcionamiento de los acuerdos financieros, son algunos de los atributos de nuestra economía. Así, llegamos a la conclusión de que para la economía funcione normalmente es necesario que un complejo sistema financiero interdependiente funcione correctamente: cualquier cosa que perturbe los mercados financieros tiene un efecto adverso en el output , el trabajo y el valor de los activos.

Cada vez que la Reserva Federal protege un instrumento financiero, legitima su utilización para financiar actividades. Esto significa que la acción de la Reserva Federal no solo aborta crisis incipientes, sino que también prepara el terreno para la reanudación de un proceso incremental de endeudamiento y además hace posible que se introduzcan nuevos instrumentos. En efecto, la Reserva Federal prepara la vía para la restauración del tipo de financiación necesaria, pero no suficiente, para la aparición de un boom de inversión que más tarde se verá frenado por una crisis financiera.
Los déficits del Gran Gobierno son la condición suficiente. Al sostener la demanda agregada, mantienen los beneficios empresariales y aportan activos seguros a las carteras. Este efecto de Gran Gobierno significa que después de una recesión llegará, más pronto que tarde, un boom de inversión, y ese boom generará una demanda de financiación que conducirá a otro brote de inflación y crisis.
Lo que parece que tengamos entre manos es un sistema que mantiene la inestabilidad incluso cuando consigue evitar el tipo de profundas depresiones del pasado. Hoy, en lugar de crisis financieras y depresiones profundas separadas por décadas, las amenazas de crisis y depresión profunda ocurren cada poco y, sin llegar a consolidar ninguna depresión profunda, tenemos que convivir con una inflación crónica. En cuanto a la prevención de depresiones profundas, es cierto que nos ha ido mejor que en épocas anteriores. No se trata de victorias insignificantes, por supuesto que no, pero la inestabilidad y el deterioro del rendimiento hacen que tengamos que buscar algo mejor.

Cuando las condiciones que deben satisfacer los precios incluyen la generación de flujos de caja de las operaciones que (1) validan las estructuras de pasivos, (2) inducen deseos de invertir y (3) generan financiación para la inversión, entonces el cuento de la estabilización y el equilibrio de la teoría neoclásica es irrelevante y deja de ser vigente. Además, cuanto mayores sean los flujos de caja necesarios para validar la deuda heredada y las estructuras de activos de capital, menos válida será la afirmación de que el capitalismo de mercado es eficiente. En un mundo de producción a gran escala con uso intensivo de capital, una de las principales funciones del mecanismo de fijación de precios es generar beneficios brutos, realizados y esperados, lo suficientemente grandes como para mantener la inversión por el buen camino. La inversión, o su equivalente en déficit público, es necesaria para sostener los beneficios, de modo que se validen tanto la estructura de deuda heredada como los precios históricos de los activos de capital. Como tal, cualquier posible impacto producido por la acumulación o la productividad técnica de los activos de capital es de importancia menor.
En el mundo en que vivimos, las preferencias genéticas impersonales y las relaciones de producción técnicamente determinadas no determinan ni los productos ni los precios ni las rentas. La política económica no puede basarse en el supuesto de que los detalles de la economía se determinen independientemente de las políticas. Cómo, qué y para quién son preguntas que hay que hacerse cuando se toman decisiones sobre esas políticas, pero solo dentro de los límites que nos da la capacidad de producir seremos libres de elegir las características del cómo, el qué y el para quién de nuestra vida económica. Dentro de lo que la economía puede ofrecer existen límites, por supuesto, pero dentro de estos límites tenemos cierta libertad para elegir.

La inversión es un proceso que se alarga en el tiempo y suele involucrar un gran número de empresas que producen inputs para activos de capital acabados. Por tanto, cualquier inversión implica una red de pagos que necesitan ser financiados. Estos pagos inevitables deben efectuarse aunque los proyectos de inversión no estén en marcha y, por tanto, no generen rentas a su titular. El valor de un proyecto de inversión depende de los precios de los activos de capital resultantes, que a su vez dependen de las cuasirrentas previstas y de cómo se pueden financiar las posiciones en activos de capital de nueva producción. En nuestra economía, la inversión es una transacción del tipo dinero-hoy-por-dinero-más-adelante. En este sentido sería como un bono o la compra de una anualidad. Sin embargo, el dinero-más-adelante de una inversión (o sea, los beneficios particulares) depende en buena parte de la fortuna de un parámetro bastante específico: el rendimiento.
La inversión es una actividad peculiar en la que el trabajo, las materias primas, el acero, etcétera, se compran al precio vigente de mercado y se juntan en algo, un activo de capital.
La cantidad de efectivo en circulación viene determinado por la demanda de fondos. A pesar de la existencia del seguro de depósitos y del uso de tarjetas de crédito, en los últimos años la ratio entre efectivo y la oferta monetaria total ha subido. Un aumento en el coeficiente de divisas reduce la cantidad de activos bancarios rentables que una cantidad determinada de pasivos de la Reserva Federal puede sostener. Durante períodos de incertidumbre e inestabilidad financiera, el aumento del coeficiente de divisas refleja una mayor importancia de la liquidez.

El capitalismo del Gran Gobierno en tiempos de paz maduró después de la Segunda Guerra Mundial, y su éxito vino acompañado de una estructura financiera frágil y una combinación de ciclos agudos, inflación aparentemente crónica y episodios de desempleo persistente. Cuando las refinanciaciones de prestamista de última instancia y los déficits masivos del Gobierno abortan la deflación de deuda y sostienen los beneficios, también sostienen, con cierto retraso, la capacidad de financiar el gasto a precios más altos. El impacto inflacionario de la inversión se ve aumentado por las consecuencias inflacionarias de la intervención pública. Las repercusiones financieras y sobre los beneficios de las intervenciones públicas para prevenir depresiones profundas superan las limitaciones sobre la inflación causadas por la incertidumbre y por la inelasticidad de las finanzas, respecto a la validación de beneficios, que limitan la inversión privada. La acelerada aunque cíclica inflación de los años 1966 al 1982 puede ser imputada al rápido crecimiento de los pagos por transferencia, los gastos estatales y locales, y las ráfagas de gastos militares. Todos estos gastos, tan grandes en relación con el PNB, nos hacen ver que solo se puede lograr una economía no inflacionaria si su tasa de aumento es menor o, a lo sumo igual, a la tasa a la que crece el PNB en ausencia de inflación.
La intervención del Gobierno en la economía no se limita a la compra de bienes y servicios y a los pagos por transferencia sino que también fomenta determinados outputs mediante la aprobación de obligaciones y tratamientos fiscales especiales.

Los principales puntos derivados de una perspectiva teórica basada en Keynes son:
1.Si bien el mecanismo de mercado es una herramienta de control eficaz para un sinfín de decisiones sin importancia, también es cierto que no supera las importantes pruebas de equidad, eficiencia y estabilidad.
2.Un sistema financiero sofisticado, complejo y dinámico como el nuestro genera, de manera endógena, serias fuerzas desestabilizadoras, de manera que las graves depresiones son consecuencia natural del capitalismo no intervencionista: las finanzas no pueden dejarse en manos del libre mercado.
3.El mecanismo de mercado descentralizado es particularmente inestable e ineficiente para una economía donde la inversión de capital constituye una parte importante del producto nacional privado y la producción de bienes de inversión es costosa.
4.Bajo una forma de organización capitalista, los recursos financieros no se arriesgarán en activos de capital masivos y de larga duración sin una protección contra las fuerzas del mercado.
5.El capitalismo con un Gran Gobierno es más estable que el capitalismo de los pequeños Gobiernos: esto se demuestra tanto por las experiencias del siglo pasado como por una teoría económica que permite la existencia de entidades financieras. Esta mayor estabilidad se debe al impacto de los déficits públicos como fenómeno contracíclico en la estabilización de beneficios. Sin embargo, si el Gran Gobierno no ha de favorecer la inflación, la estructura presupuestaria debe ser tal que cuando prevalezca la inflación los beneficios se vean limitados por los superávits.
6.Debido a que la estructura presupuestaria del Gran Gobierno debe llevar incorporada la capacidad de generar superávits cuando aparece la inflación, los ingresos fiscales deben representar una buena porción del PNB. El diseño del sistema tributario es vital.

Desde mediados de la década de 1960, los fracasos políticos están relacionados con la banalidad del análisis económico ortodoxo. A su vez, esta banalidad en el análisis está relacionada con la metamorfosis del pensamiento económico de Keynes como crítica al capitalismo a una serie de manipulaciones políticas triviales. El resultado keynesiano esencial, que el capitalismo es defectuoso principalmente porque gestiona mal el capital, no ilumina para nada las acciones políticas actuales. Además, la política y el pensamiento económico mainstream ignoran alegremente la necesidad y los efectos de las intervenciones de la Reserva Federal como prestamista de última instancia.
Keynes reconoció los fallos del capitalismo porque él, más que sus predecesores, contemporáneos y sucesores, entendió los aspectos financieros y temporales de un capitalismo que utiliza el capital. La combinación que hace un Gran Gobierno entre la socialización del mantenimiento de beneficios y las políticas de prestamista de última instancia (que fueron legitimadas por el análisis de Keynes), eliminó la posibilidad de una profunda depresión. Como resultado de un Gran Gobierno, la idea de que un régimen donde los mercados libres y competitivos sean un buen instrumento para limitar las presiones inflacionarias sobre los precios se vuelve agradable. El Gran Gobierno que necesitamos puede (y de hecho ya lo hace) proporcionar suelos a la economía que aseguren unos mínimos estándares de vida y servicios a todo el mundo, haciendo así irrelevante el argumento de que el libre mercado conduce a una degradación de los estándares de trabajo.
Lo que se necesita es una reestructuración económica que reduzca el ímpetu inflacionario debido al Gran Gobierno, aun manteniendo el poder del Gran Gobierno para evitar profundas depresiones. Sabemos que una reestructuración de este tipo solo tendrá un éxito transitorio y que, después de una fase inicial, las tendencias básicas de desequilibrio de las finanzas capitalistas volverán para empujar la estructura financiera al borde de la fragilidad. Cuando eso ocurra, será necesaria una nueva tanda de reformas. No hay ninguna posibilidad de que podamos arreglar las cosas de una vez por todas: con el tiempo, la inestabilidad, silenciada y aplacada por un conjunto de reformas, resurgirá con un nuevo disfraz.

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The book is a comprehensive analysis of the post World War II supposedly capitalist system, written in 1986 just following America’s bout with stagflation. Mr. Minsky goes to great lengths to explain the misappropriation of Keynesian concepts, indeed the general (neoclassical) misunderstanding of Keynes, done largely for short-term political purposes. Mr. Minsky sees Big Government as the comfort blanket for today’s society; here I agree. He sees the largest risk, however, being inflation; here I disagree, as the recent record demonstrates. The instability in our economy, he says, arises from the financial services industry, specifically the profit motive embedded within those organizations; here, too, I agree. Interestingly, Mr. Minsky fails to mention the rating agencies, those fools, those most imperfect governors of financial flows, once in his volume; perhaps they even deserve their own dedicated excoriation.
I now believe economists see the world with a rearview mirror and are heavily influenced with recency bias. The field, therefore, does a pretty good job describing yesterday’s phenomena, a damned poor job describing tomorrow’s. Despite Mr. Minsky’s inflation warnings and despite years of mammoth central bank interventions, inflation in leading economies is unseen. Mr. Minksy appears wrong. Rather, we now seem to have entered a realm where central banks are enablers to an extended family of drug users, all addicted to cheap money. What happens if and when those enablers decide to impose some tough love? That seems an impossibility now. Where are the economic models that describe zero and negative interest rates combined with long-term anemic economic growth and low inflation?.
The dead elephant on the living room carpet is the global central banking system. I’m at a loss to point to the economic theory that fully explains today’s environment, providing the pathway to an understanding of future likely consequences. We appear to be in an era where the US government can issue unlimited amounts of debt at historic low interest rates, yet where the actions of our central bank are bounded by the intoxication of the financial markets to cheap money and by the unprecedented accommodative policies of the European and Japanese central banks. There’s talk of something called “Modern Monetary Theory,” long-term stagnant wages in the US, a real mess of things in European finance, declining populations in several major economies, an apparently insatiable international demand for US dollars, exchange rates, and this teenage dragon called China, among other issues.
Where will this lead us? No one really seems to know. Why do I have this feeling we’re being led toward a mirage?…

Hyman Minsky’s insights help us understand the key financial developments of the past decades. Few have understood as well as he did both the self-asserting dynamics of speculative corporate finance and the declining quality of debt and economic volatility that have come to characterize our times. Minsky was the one who called «speculative financing» to business loans that are intended to pay off debt and that in turn boost investment and asset prices. He explained how rising employment, investment and earnings tend to confirm, in the minds of business leaders and bankers, the robustness of an approach that ultimately fosters unacceptable volatility and risk. In a brilliant phrase that could be the right motto for the Enron days we live in, Minsky has already warned us of the dangers of «balance sheet adventures».

Stabilizing an unstable economy tries to explain why our economy is so subject to fluctuations and how the evident instability has been contained. And while we have avoided the worst that could have happened to us (a great depression), it is also true that in recent years economic performance has been comparatively worse than in those two decades immediately after World War II. Furthermore, since the late 1960s, success in stabilizing instability has generally been unintended, as the theories underlying the policies implemented have ignored the critical variables that make it possible to «stabilize» an inherently unstable system. Because, if on the one hand they have been successful, it is also true that those policies have never addressed the deterioration of economic results. In view of all this, after following the thread of the historical, institutional and theoretical material, I will continue with an agenda, a reform plan.
Minsky continually developed his financial instability hypothesis to incorporate the new extensions into his investment theory developed in the 1960s to 1980s.
Minsky provided the most insightful analysis of 20th century finance capitalism, and his ideas are still highly relevant today.

Economic instability, so evident since the late 1960s, is the result of a fragility of the financial system arising from cumulative changes in financial relationships and institutions throughout the years after World War II. Inadvertent and often inadvertent changes in financial relationships, and speculative financing induced by good economic performance, have succeeded in invalidating monetary and fiscal policy guidelines based on the experience of the 1950s and early 1960s. By itself, no set of monetary and fiscal manipulations can restore or maintain the relative tranquility of the 1950s and early 1960s. If we want to regain that relative tranquility, we need fundamental institutional changes of a similar scope to the basic reforms of the first 6 years of the Roosevelt presidency. And if we want the reform to be successful, it must be illuminated by a theoretical vision that allows us to understand the causes of an already evident instability.
Economic systems are not natural systems. An economy is a social organization created through legislation or an evolutionary process of inventiveness and innovation. Policies can change both the details and the general character of the economy, and the configuration of economic policy involves both the definition of objectives and the knowledge that real economic processes depend on economic and social institutions.
Therefore, economic policy must focus both on the design of institutions and their way of operating. Institutions are the result of evolutionary processes and, once legislated, take on a life of their own and evolve in response to market processes. Furthermore, in a dynamic world we cannot hope to solve institutional organization problems once and once and for all, nor can we commit to radically changing institutions from time to time. Once an institutional arrangement embodies the best perception of the processes and objectives of the moment, it must be allowed time for the details to evolve and restrict the policies to operations that fall within that institutional framework. Later, as the inadequate performance of the economic and social order.
The biggest flaw in our economy is that it is unstable. This instability is not due to external shocks or the incompetence or ignorance of policy makers. Instability is due to the internal processes of this type of economy. The dynamics of a capitalist economy with complex, sophisticated and evolving financial structures develop conditions that lead to incoherence, runaway inflation, and deep depressions. However, it is not absolutely necessary that incoherence becomes a reality when there are institutions and policies that should (and may) be able to contain this dynamic. So to speak, we can stabilize instability.

One of the fundamental attributes of our economy is that the ownership of assets is typically financed by debt and, obviously, that those debts involve payment commitments. In the medium term, in most financial institutions and many ordinary business organizations, debt repayment commitments often exceed the cash the unit expects to receive from its core operations. These units hope to obtain loans in order to have the necessary funds to pay off the debt. Even if a unit expects to receive enough cash through the sale of output or assets, buyers of those outputs or assets will often have to borrow. In any case, loans, the sale of assets and the sale of outputs in markets whose normal functioning depends on the proper functioning of financial agreements are some of the attributes of our economy. Thus, we conclude that for the economy to function normally it is necessary for a complex interdependent financial system to function properly: anything that disturbs financial markets has an adverse effect on output, labor and the value of assets.

Every time the Federal Reserve protects a financial instrument, it legitimizes its use to finance activities. This means that the action of the Federal Reserve not only aborts incipient crises, but also prepares the ground for the resumption of an incremental debt process and also makes it possible for new instruments to be introduced. In effect, the Federal Reserve prepares the way for the restoration of the type of financing necessary, but not sufficient, for the appearance of an investment boom that will later be slowed down by a financial crisis.
Big Government deficits are the sufficient condition. By sustaining aggregate demand, they maintain business profits and bring safe assets to portfolios. This Big Government effect means that after a recession an investment boom will come sooner rather than later, and that boom will generate a demand for financing that will lead to another outbreak of inflation and crisis.
What we seem to be dealing with is a system that maintains instability even as it manages to avoid the kind of deep depressions of the past. Today, instead of financial crises and deep depressions separated by decades, threats of crisis and deep depression occur every so often and, without actually consolidating any deep depression, we have to live with chronic inflation. As for the prevention of deep depressions, it is true that we have done better than in previous times. These are not insignificant victories, of course not, but instability and deteriorating performance mean that we have to look for something better.

When the conditions that prices must satisfy include the generation of cash flows from operations that (1) validate liability structures, (2) induce desire to invest, and (3) generate investment financing, then the story of the stabilization and equilibrium of neoclassical theory is irrelevant and is no longer valid. Furthermore, the higher the cash flows required to validate inherited debt and capital asset structures, the less valid the claim that market capitalism is efficient. In a world of large-scale, capital-intensive production, one of the main functions of the pricing mechanism is to generate gross, realized and expected profits, large enough to keep investment on track. The investment, or its equivalent in public deficit, is necessary to sustain profits, so that both the inherited debt structure and the historical prices of capital assets are validated. As such, any possible impacts produced by the accumulation or technical productivity of capital assets are of minor importance.
In the world we live in, impersonal genetic preferences and technically determined relations of production determine neither products nor prices nor rents. Economic policy cannot be based on the assumption that the details of the economy are determined independently of policies. How, what and for whom are questions to be asked when making decisions about these policies, but only within the limits given by the ability to produce will we be free to choose the characteristics of the how, what and for whom of our economic life. There are limits to what the economy can offer, of course, but within these limits we have some freedom to choose.

Investing is a process that takes time and usually involves a large number of companies that produce inputs for finished capital assets. Therefore, any investment involves a network of payments that need to be financed. These unavoidable payments must be made even if the investment projects are not underway and, therefore, do not generate income for the owner. The value of an investment project depends on the prices of the resulting capital assets, which in turn depend on anticipated quasi-rents and how positions in newly produced capital assets can be financed. In our economy, investing is a money-today-for-money-later transaction. In this sense it would be like a bond or the purchase of an annuity. However, the money-later-on of an investment (that is, the particular benefits) depends largely on the fortune of a rather specific parameter: the yield.
Investment is a peculiar activity in which labor, raw materials, steel, etc., are bought at the prevailing market price and put together in something, a capital asset.
The amount of cash in circulation is determined by the demand for funds. Despite the existence of deposit insurance and the use of credit cards, in recent years the ratio between cash and the total money supply has risen. An increase in the currency ratio reduces the amount of profitable bank assets that a given amount of Federal Reserve liabilities can sustain. During periods of financial uncertainty and instability, the increase in the currency ratio reflects an increased importance of liquidity.

Peacetime Big Government capitalism matured after World War II, and its success was accompanied by a fragile financial structure and a combination of sharp cycles, seemingly chronic inflation, and bouts of persistent unemployment. When lender-of-last-resort refinances and massive government deficits abort debt deflation and sustain profits, they also sustain, with some delay, the ability to finance spending at higher prices. The inflationary impact of investment is increased by the inflationary consequences of public intervention. The financial and profit implications of public interventions to prevent deep depressions outweigh the constraints on inflation caused by uncertainty and inelasticity of finances, with respect to the validation of benefits, which limit private investment. The accelerating but cyclical inflation of the years 1966 to 1982 can be attributed to the rapid growth of transfer payments, state and local spending, and bursts of military spending. All these expenditures, so large in relation to GNP, make us see that a non-inflationary economy can only be achieved if its rate of increase is lower or, at most equal to the rate at which GNP grows in the absence of inflation.
Government intervention in the economy is not limited to the purchase of goods and services and transfer payments, but also encourages certain outputs through the approval of special tax obligations and treatments.

The main points derived from a theoretical perspective based on Keynes are:
1.While the market mechanism is an effective monitoring tool for countless unimportant decisions, it is also true that it does not pass important tests of fairness, efficiency, and stability.
2. A sophisticated, complex and dynamic financial system like ours generates, endogenously, serious destabilizing forces, so that serious depressions are a natural consequence of non-interventionist capitalism: finance cannot be left in the hands of the free market.
3. The decentralized market mechanism is particularly unstable and inefficient for an economy where capital investment constitutes an important part of the private national product and the production of investment goods is expensive.
4.Under a capitalist form of organization, financial resources will not be risked in massive, long-lived capital assets without protection against market forces.
5. Capitalism with a Big Government is more stable than the capitalism of small governments: this is demonstrated both by the experiences of the last century and by an economic theory that allows the existence of financial entities. This greater stability is due to the impact of public deficits as a countercyclical phenomenon in the stabilization of profits. However, if the Big Government is not to favor inflation, the budget structure must be such that when inflation prevails, profits are limited by surpluses.
6. Due to the fact that the budget structure of the Great Government must incorporate the ability to generate surpluses when inflation appears, fiscal revenues must represent a good portion of GNP. The design of the tax system is vital.

Since the mid-1960s, political failures have been related to the banality of orthodox economic analysis. In turn, this banality in the analysis is related to the metamorphosis of Keynes’s economic thought as a critique of capitalism to a series of trivial political manipulations. The essential Keynesian result, that capitalism is flawed primarily because it mismanages capital, does not illuminate current political actions at all. Furthermore, mainstream economic thinking and politics blithely ignore the necessity and effects of Federal Reserve interventions as a lender of last resort.
Keynes recognized the failings of capitalism because he, more than his predecessors, contemporaries, and successors, understood the financial and temporal aspects of a capitalism that uses capital. The combination that Great Government makes between the socialization of profit maintenance and lender-of-last resort policies (which were legitimized by Keynes’s analysis), eliminated the possibility of a deep depression. As a result of a Big Government, the idea that a regime where free and competitive markets are a good instrument to limit inflationary pressures on prices becomes pleasant. The Big Government we need can (and indeed already does) provide soils to the economy that ensure minimum standards of living and services to everyone, thus making irrelevant the argument that free markets lead to a degradation of standards. of work.
What is needed is an economic restructuring that reduces the inflationary momentum due to Big Government, while still maintaining the power of Big Government to avoid deep depressions. We know that such a restructuring will only be of temporary success and that, after an initial phase, the basic unbalanced tendencies of capitalist finance will return to push the financial structure to the brink of fragility. When that happens, a new round of reforms will be necessary. There is no chance that we can fix things once and for all: in time, instability, silenced and appeased by a set of reforms, will resurface in a new guise.

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