11 De Marzo 2004. El Día Del Mayor Atentado De La Historia De España — Mercedes Cabrera Calvo- Sotelo / March 11, 2004. The Day of the Greatest Attack in the History of Spain by Mercedes Cabrera Calvo-Sotelo (spanish book edition)

Interesante breve libro sobre uno de los días mas negros de España y Europa así como las consecuencias que tuvo dicha barbarie.
El jueves 11 de marzo de 2004, a las 7.37 de la mañana, se produjo en la estación de Atocha una explosión en el vagón número 4 del tren que acababa de cerrar sus puertas para seguir su trayecto. Apenas un minuto después, cuando los viajeros se amontonaban en las escaleras de salida sin saber qué había ocurrido, hubo otras dos explosiones en los vagones 5 y 6. Cundió el pánico. Casi simultáneamente, allí al lado, en la calle Téllez, se producían otras cuatro explosiones en el convoy que aminoraba la marcha para hacer su entrada en Atocha. Los viajeros, despavoridos, no podían saber que a esa misma hora, en otras dos estaciones de cercanías, la del Pozo del Tío Raimundo y la de Santa Eugenia, tres vagones más saltaban por los aires. Todos los trenes habían salido de Alcalá de Henares. Era la hora punta de la mañana, cuando cientos de personas se encaminaban al centro de Madrid para incorporarse a sus trabajos, a sus clases, a sus quehaceres diarios.
Mientras los madrileños empezaban a darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, el silencio, el miedo y la incertidumbre se extendían por calles, casas y lugares de trabajo, y la necesidad de saber dónde estaban sus familiares y amigos se apoderaba de muchos. El número de fallecidos pronto superó las instalaciones del Ifema.
Fueron varios los escenarios de la tragedia. Las estaciones de tren y sus inmediaciones, los hospitales, los pabellones de Ifema. Allí la masacre presentaba su cara más atroz, la más dura, la que semanas y meses más tarde, años en muchos casos, siguieron arrastrando las víctimas, no los muertos, sino los heridos y los traumatizados, los mutilados de por vida; los que no podían recuperar el oído tras el estruendo de las explosiones, horrorizados por el pánico, trágicamente incrédulos al tratar de buscar razones para lo ocurrido. Sus familiares y conocidos, sin aliento hasta que averiguaban el destino de aquellos a los que buscaban; inconsolables si lo que finalmente sabían era que habían muerto, o felices si comprobaban que habían sobrevivido, aunque las secuelas físicas y psicológicas resultaran en muchos casos terribles.

Todos apuntaron a ETA. No en vano, los españoles habían convivido con el terrorismo etarra durante décadas y, en más de una ocasión, la banda había irrumpido de una u otra manera en los procesos políticos y electorales. Casi sin excepción, todas las intervenciones públicas de las primeras horas coincidieron.
En Ferraz las dudas no paraban de aumentar. Miguel Sebastián, uno de los asesores más próximos a Zapatero, había hablado con un amigo que trabajaba en un banco de inversiones y tenía buenos contactos en Washington y el Pentágono. Le había dicho que allí se daba por hecho que había sido Al Qaeda. Además, a la sede del PSOE habían llegado noticias sobre la existencia de al menos un terrorista suicida entre los muertos. A las diez de la noche, la cadena SER dio la noticia. Sus fuentes policiales, afirmaron, eran las mismas que les estaban diciendo que la dinamita no era titadine y que les habían anunciado el hallazgo de la cinta con los versos coránicos.

«La desunión de los partidos marca la jornada de reflexión del 14M» era uno de los titulares que añadía el diario ABC , debajo de una gran fotografía de la manifestación en Madrid.
Los españoles votaron bajo la conmoción de lo ocurrido, sin duda. Aunque habían soportado durante muchos años el sufrimiento causado por el terrorismo de ETA, nunca se habían visto obligados a enterrar a tantas víctimas en un solo día, ni habían tenido que sustituir los mítines de final de campaña por los funerales. El impacto electoral de unos atentados obra de terroristas islámicos era una incógnita, tras las importantes movilizaciones y la repulsa que había provocado la intervención en Irak. La confusión generada sobre la autoría durante los tres días que mediaron entre el 11M y el 14M había dado lugar a un enfrentamiento entre la información oficial, empeñada en sostener la autoría etarra, y los medios más críticos, que apostaron casi desde el primer momento por la del islamismo radical.

En la comisión, por tanto, iba a haber comparecencia de Aznar y de Rodríguez Zapatero, que quedaron fijadas a partir del 21 de octubre. Se discutió si entre las dos habría otras, y varios grupos minoritarios se opusieron a la del presidente del Gobierno, porque en su opinión distorsionaba los objetivos propios de la comisión. Zapatero, sin embargo, confirmó su asistencia incluso en contra de la opinión de varios miembros de la directiva de su partido. Iba a hacerlo por «obligación moral» y por responsabilidad ante las víctimas y el país, afirmó. Sin embargo, antes de que aquello ocurriera, en la comisión se examinó nueva documentación recibida del CNI y del Ministerio del Interior.
Había habido fallos y descoordinación en la atención inmediata a las víctimas, sin control de la profesionalidad de quienes las atendían; faltó presencia institucional en Ifema, a donde algunos fueron a «hacerse la foto». Habían vivido, eso sí, la solidaridad espontánea de cientos de ciudadanos, y dio las gracias a bomberos, sanitarios, policías, taxistas, conductores de autobús, psicólogos. Que no siguieran prometiéndoles cosas, que no les dieran palmadas en la espalda ni los miraran con cara compasiva. Algunos de los miembros de la comisión habían intentado vetar su comparecencia, dijo Pilar Manjón, y nadie les había preguntado nunca si querían recibir homenajes, nadie les había consultado nunca la utilización de fotografías e imágenes «de la barbarie». Dejó constancia clara de que se oponían rotundamente a ello.
Durante meses, recordó, entre sesenta y ochenta personas se habían concentrado todos los martes en la Puerta del Sol de Madrid para pedir firmas que apoyaran su asistencia a la comisión. Llevaban camisetas en las que se podía leer: «Transparencia 11-M». No querían que la comisión siguiera con su formato actual, como un «espacio de riña entre partidos», y exigían de manera explícita otra comisión de expertos y figuras independientes.

El 6 de julio de 2006, el juez Del Olmo había concluido el sumario por los atentados del 11M y había elevado la causa a la sala de lo penal para su enjuiciamiento. La instrucción había durado dos años y medio, y el auto tenía doscientos treinta y siete tomos y treinta piezas separadas; casi cien mil folios. El juez señalaba que la investigación no había terminado, porque existían personas que podían haber participado criminalmente en los hechos y a las que todavía no se conocía, pero se habían llevado a cabo todas las diligencias y esperar nuevos datos supondría un tiempo excesivo, entre otras razones porque había varios procesados en prisión provisional desde hacía dos años y otros estaban en libertad provisional. En el sumario, el juez Del Olmo hacía un relato de los hechos anteriores al 11M, en el que se incluía una explicación de cómo se gestó la célula terrorista, así como de lo que ocurrió ese día y después, hasta el suicidio colectivo en Leganés; afirmaba que la financiación de los atentados procedía básicamente de la actividad delictiva por tráfico de drogas y de aportaciones de los miembros de la célula, y que en esa financiación había desempeñado un papel central Jamal Ahmidan, alias el Chino. De los ciento veinte imputados inicialmente, eran veintinueve los finalmente procesados.
El informe confirmaba que todos los restos intactos eran Goma 2 ECO, aunque no podía tenerse la misma seguridad sobre lo que estalló en los trenes. Aparecía en cantidades minoritarias una sustancia llamada dinitrotolueno, que no estaba presente en la dinamita Goma 2 ECO, pero sí en el titadine. Los peritos, salvo algunos nombrados por las acusaciones, lo explicaban como consecuencia de la contaminación ambiental. La sesión en el juicio fue agotadora, y Gómez Bermúdez puso todo su empeño en que quedara claro que las discrepancias se referían solo a una de las veintitrés muestras analizadas. Todos coincidían en que los explosivos intactos hallados en todos los escenarios eran Goma 2 ECO. Sin embargo, quedaba una puerta abierta a quienes seguirían bombardeando con las dudas durante años. En cualquier caso, el control de llamadas telefónicas no dejaba ninguna duda sobre el origen de la dinamita, la mina La Conchita, como sostuvieron los peritos al tiempo que afirmaban que no se había encontrado indicio alguno sobre relaciones entre etarras e islamistas radicales, cuyos métodos de actuación eran totalmente diferentes.
También hubo discusión, aunque sin la misma tormenta mediática, entre los peritos psiquiatras que opinaron sobre la enfermedad mental de Trashorras para atenuar su condena, aunque finalmente pareció imponerse la opinión de que el acusado tenía capacidad para comprender y decidir, y para distinguir el bien del mal.

La lectura de la sentencia despertó un gran eco en los medios de comunicación de muchos países. CNN y la cadena Al Yazira la emitieron en directo. La CNN creyó necesario explicar que en España no había pena de muerte, mientras que Le Monde señalaba que se había dictado la máxima condena para tres de los ocho principales procesados. La BBC tituló «Veredicto de culpables para los acusados», y coincidió con The Times y The Guardian en que, pese a considerársele el cerebro de los atentados, el Egipcio había quedado libre y en que, fundamentalmente, esa, pero también el resto de las absoluciones, así como algunas penas menores a las esperadas, habían decepcionado a las víctimas, que pensaban apelar. En España, El País tituló su editorial «El fin de la infamia». En opinión del periódico, la sentencia desmontaba clara y contundentemente todos los infundios, al afirmar que los atentados fueron obra «exclusiva» del yihadismo. Era una victoria del Estado de derecho frente al terrorismo y un reconocimiento expreso del buen hacer del juez instructor, Juan del Olmo. Las absoluciones, pese a no gustar a las víctimas, mostraban que había sido un juicio con plenas garantías. Criticaba el juicio paralelo de algunos medios de comunicación y afirmaba que el PP debería asumir sus responsabilidades políticas.
El periódico ABC , por su parte, titulaba «11M. Conspiración islamista contra España». Le había sorprendido la «contundencia» del respaldo de los tres magistrados a todas las pruebas de cargo del ministerio fiscal, que desarmaba todas las tesis sobre la supuesta falsedad de algunas.

Los atentados del 11M habían dado lugar, y seguirían haciéndolo, a una ingente cantidad de publicaciones de todo tipo, más académicas algunas, otras más periodísticas: artículos, colaboraciones en seminarios y actas de congresos, libros colectivos y monográficos, dosieres de prensa y reportajes, sobre todo en las fechas de los aniversarios del 11M, además de documentales de muy distinta calidad e intención. Si bien en un primer momento predominó la atención a la brutalidad de los atentados y sus imágenes, inmediatamente después, sin que desapareciera lo anterior, llegaron los relatos encontrados de lo que había ocurrido entre el 11 y el 14 de marzo, en particular la política de comunicación del Gobierno y las reacciones que provocó, como las concentraciones delante de las sedes del PP en la jornada de reflexión. Se escribió mucho sobre una de las novedades de aquellos días: la irrupción de los móviles y del acceso a internet, de las nuevas tecnologías como instrumento de información y movilización, que habían llegado para quedarse.
La estrategia de la crispación mantuvo viva la división, deslegitimando al Gobierno y al resto de las instituciones, desde el poder judicial hasta las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

Los atentados del 11M fueron una inmensa tragedia, que golpeó de frente a las víctimas, hirió a familiares y amigos, conmocionó a la sociedad e irrumpió en la escena política, poniendo a prueba el funcionamiento de las instituciones y de los partidos políticos, especialmente las relaciones entre el PP y el PSOE, que en las últimas elecciones habían sumado el 83,75 por ciento de los votos. Habían sido desde la década de 1990 las dos alternativas de poder, pero la primera legislatura de Rodríguez Zapatero introdujo profundas rupturas entre ellos, al optar el PP por una estrategia de la crispación que tensó al máximo la relación entre ambos, hasta el punto de rozar la deslegitimación de la victoria socialista en 2004 y utilizar en la confrontación cuestiones que hasta entonces habían estado al margen de la competencia política: la política antiterrorista y la organización territorial del Estado. En la segunda legislatura, la que comenzó en 2008, esas dos cuestiones pasaron a un segundo plano frente al impacto de la crisis económica y sus consecuencias, y el PP se acomodó en la actitud de esperar y ver, dejando que el Gobierno socialista sucumbiera, abrasado por el giro obligado en su política económica, y confiando en que los ciudadanos creían más en la capacidad de gestión del PP para sacar al país de la crisis. Los réditos de aquella confrontación y los obstáculos para lograr amplios acuerdos sobre cuestiones de Estado permanecieron, sin embargo, anclados en la cultura política.

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Interesting short book about one of the blackest days in Spain and Europe as well as the consequences that this barbarism act had.
On Thursday, 11 March, 2004, at 7.37 in the morning, an explosion occurred at the Atocha station in car number 4 of the train that had just closed its doors to continue its journey. Just a minute later, when travelers were crowding onto the exit stairs not knowing what had happened, there were two more explosions in carriages 5 and 6. Panic spread. Almost simultaneously, next door, on Tellez Street, there were four other explosions in the convoy that was slowing down to enter Atocha. The terrified travelers could not know that at that same hour, in two other nearby stations, the Pozo del Tío Raimundo and the Santa Eugenia, three more wagons were jumping through the air. All the trains had left Alcalá de Henares. It was rush hour in the morning, when hundreds of people were heading to the center of Madrid to join their jobs, their classes, their daily chores.
As the people of Madrid began to realize what was happening, silence, fear and uncertainty spread through the streets, houses and workplaces, and the need to know where their family and friends were took hold of many. The number of deaths soon exceeded the Ifema facilities.
There were several scenes of the tragedy. The train stations and their surroundings, the hospitals, the Ifema pavilions. There the massacre presented its most atrocious face, the harshest, the one that weeks and months later, years in many cases, the victims continued to drag, not the dead, but the wounded and traumatized, the mutilated for life; those who could not regain their hearing after the roar of the explosions, horrified by panic, tragically incredulous as they tried to find reasons for what happened. Their relatives and acquaintances, out of breath until they found out the fate of those they sought; inconsolable if what they finally knew was that they had died, or happy if they verified that they had survived, although the physical and psychological consequences were in many cases terrible.

They all pointed to ETA. Not in vain, the Spaniards had lived with ETA terrorism for decades and, on more than one occasion, the gang had broken into the political and electoral processes in one way or another. Almost without exception, all the public interventions of the first hours coincided.
In Ferraz the doubts did not stop increasing. Miguel Sebastián, one of Zapatero’s closest advisers, had spoken with a friend who worked at an investment bank and had good contacts in Washington and the Pentagon. He had told him that there it was assumed that it had been Al Qaeda. In addition, news had reached the PSOE headquarters about the existence of at least one suicide bomber among the dead. At ten o’clock at night, the SER network broke the news. Their police sources, they affirmed, were the same ones who were telling them that the dynamite was not titadine and who had announced the discovery of the tape with the Koranic verses.

«The disunity of the parties marks the day of reflection of the 14M» was one of the headlines that the newspaper ABC added, below a large photograph of the demonstration in Madrid.
The Spaniards voted under the shock of what happened, no doubt. Although they had endured the suffering caused by ETA terrorism for many years, they had never been forced to bury so many victims in one day, nor had they had to substitute funerals for end-of-campaign rallies. The electoral impact of some attacks by Islamic terrorists was unknown, after the important mobilizations and the rejection that the intervention in Iraq had caused. The confusion generated about the authorship during the three days that mediated between the 11M and the 14M had given rise to a confrontation between the official information, determined to sustain the ETA authorship, and the most critical media, which bet almost from the first moment on that of radical Islamism.

In the commission, therefore, there was to be an appearance by Aznar and Rodríguez Zapatero, which were set as of October 21. It was debated whether there would be others between the two, and several minority groups opposed that of the Prime Minister, because in their opinion it distorted the commission’s own objectives. Zapatero, however, confirmed his attendance even against the opinion of several members of his party’s leadership. He was going to do it out of «moral obligation» and out of responsibility to the victims and the country, he said. However, before that happened, the commission examined new documentation received from the CNI and the Ministry of the Interior.
There had been failures and lack of coordination in the immediate attention to the victims, without control of the professionalism of those who attended them; there was no institutional presence in Ifema, where some went to «take their picture.» They had lived, yes, the spontaneous solidarity of hundreds of citizens, and thanked firefighters, health workers, policemen, taxi drivers, bus drivers, psychologists. That they did not keep promising things, that they did not pat them on the back or look at them with compassionate faces. Some of the members of the commission had tried to veto their appearance, said Pilar Manjón, and no one had ever asked them if they wanted to receive tributes, no one had ever asked them to use photographs and images «of barbarism.» He made it clear that they were strongly opposed to it.
For months, he recalled, between sixty and eighty people had gathered every Tuesday at the Puerta del Sol in Madrid to ask for signatures to support their attendance at the commission. They wore T-shirts that read: «Transparency 11-M.» They did not want the commission to continue in its current format, as a «space for quarrel between parties», and explicitly demanded another commission of experts and independent figures.

On July 6, 2006, Judge Del Olmo had concluded the investigation into the 11M attacks and had taken the case to the criminal court for trial. The training had lasted two and a half years, and the car had two hundred and thirty-seven volumes and thirty separate parts; almost one hundred thousand pages. The judge pointed out that the investigation had not ended, because there were people who could have participated in the crime criminally and who were not yet known, but all the procedures had been carried out and waiting for new data would mean excessive time, among other reasons. because there were several defendants in provisional prison for two years and others were on provisional freedom. In the summary, Judge Del Olmo made an account of the events prior to 11M, which included an explanation of how the terrorist cell was conceived, as well as what happened that day and after, until the collective suicide in Leganés ; It stated that the financing of the attacks came basically from the criminal activity for drug trafficking and contributions from the members of the cell, and that Jamal Ahmidan, alias el Chino, had played a central role in this financing. Of the one hundred and twenty initially charged, twenty-nine were finally processed.
The report confirmed that all the intact remains were Goma 2 ECO, although the same certainty could not be had about what exploded on the trains. A substance called dinitrotoluene appeared in minor quantities, which was not present in the Goma 2 ECO dynamite, but was present in the titadine. The experts, except for some named for the accusations, explained it as a consequence of environmental contamination. The trial session was exhausting, and Gómez Bermúdez made every effort to make it clear that the discrepancies related to only one of the 23 samples analyzed. All agreed that the intact explosives found in all scenarios were Rubber 2 ECO. However, an open door remained for those who would continue to bombard with doubts for years. In any case, the control of telephone calls left no doubt about the origin of the dynamite, the La Conchita mine, as the experts argued while affirming that no evidence had been found of relations between ETA members and radical Islamists, whose methods acting were totally different.
There was also discussion, although without the same media storm, among the psychiatric experts who gave their opinion on Trashorras’s mental illness to mitigate his sentence, although the opinion finally seemed to prevail that the accused had the capacity to understand and decide, and to distinguish the good of evil.

The reading of the sentence woke up a great echo in the mass media of many countries. CNN and the Al Jazeera network broadcast it live. CNN believed it necessary to explain that there was no death penalty in Spain, while Le Monde pointed out that the maximum sentence had been handed down for three of the eight main defendants. The BBC titled «Verdict of guilty for the accused», and agreed with The Times and The Guardian that, despite being considered the mastermind of the attacks, the Egyptian had been free and that, fundamentally, that, but also the rest of the acquittals, as well as some lower-than-expected penalties, had disappointed the victims, who planned to appeal. In Spain, El País titled its editorial «The End of Infamy.» In the newspaper’s opinion, the sentence clearly and forcefully dismantled all the lies, stating that the attacks were the «exclusive» work of jihadism. It was a victory for the rule of law against terrorism and an express recognition of the good work of the investigating judge, Juan del Olmo. The acquittals, despite not liking the victims, showed that it had been a trial with full guarantees. He criticized the parallel judgment of some media and affirmed that the PP should assume its political responsibilities.
The newspaper ABC, for its part, headlined «11M. Islamist conspiracy against Spain ». He had been surprised by the «forcefulness» of the support of the three magistrates for all the prosecution evidence, which disarmed all the theses on the alleged falsehood of some.

The 11M attacks had given rise, and would continue to do so, to a huge number of publications of all kinds, some more academic, others more journalistic: articles, collaborations in seminars and conference proceedings, collective and monographic books, press dossiers and reports , especially on the dates of the 11M anniversaries, as well as documentaries of very different quality and intention. Although at first the attention to the brutality of the attacks and their images predominated, immediately afterwards, without the aforementioned disappearing, came the mixed accounts of what had happened between March 11 and 14, in particular the political of communication of the Government and the reactions that it provoked, like the concentrations in front of the headquarters of the PP in the day of reflection. Much was written about one of the novelties of those days: the irruption of mobile phones and internet access, of new technologies as an information and mobilization instrument, which had come to stay.
The strategy of tension kept the division alive, delegitimizing the Government and the rest of the institutions, from the judiciary to the State security forces.

The 11M attacks were an immense tragedy, which hit the victims head-on, injured family members and friends, shocked society and burst onto the political scene, putting the functioning of institutions and political parties to the test, especially political parties. relations between the PP and the PSOE, which in the last elections had added 83.75 percent of the votes. The two power alternatives had been since the 1990s, but the first legislature of Rodríguez Zapatero introduced deep ruptures between them, when the PP opted for a strategy of tension that tensed the relationship between the two to the maximum, to the point of rubbing the delegitimization of the socialist victory in 2004 and the use of issues in the confrontation that until then had been outside of political competition: the antiterrorist policy and the territorial organization of the State. In the second legislature, the one that began in 2008, these two issues took a back seat to the impact of the economic crisis and its consequences, and the PP settled into a wait and see attitude, letting the socialist government succumb. burned by the forced turn in its economic policy, and trusting that citizens believed more in the management capacity of the PP to get the country out of the crisis. The benefits of that confrontation and the obstacles to reaching broad agreements on State issues remained, however, anchored in the political culture.

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