El Día Después De Las Grandes Epidemias. De La Peste Bubónica Al Coronavirus — José Enrique Ruiz-Domènec / The Day After Major Epidemics: From Bubonic Plague to Coronavirus by José Enrique Ruiz-Domènec (spanish book edition)

Breve libro con un sentido filosófico de las pandemias a través de la historia y de cómo las plagas han transformado para bien a los seres humanos. Interesante.

La noción de «epidemia» designa una enfermedad contagiosa que afecta a mucha gente, cuando es a toda una civilización entonces se habla de «pandemia».
Se trata de una definición médica, por supuesto: Hipócrates, el primer autor que analiza las causas ambientales de las enfermedades infecciosas en lugar de atribuirlas a un origen divino, empleó por primera vez, en el siglo V a.C., el término «epidemia» en una obra con ese mismo nombre para definir una enfermedad que afecta a un país o a una región: el ejemplo analizado fue un brote de paperas en la isla de Tasos, donde pudo observar que las mujeres se contagiaban mucho menos que los hombres. Así, el «contagio» es una noción clave en epidemiología; indica la obligada necesidad de crear una estrategia clínica para vencer una enfermedad infecciosa.
La firmeza del saber médico frente a la ilusión de una naturaleza bondadosa.
Las epidemias no se pueden evitar, pero se debe aprender a combatirlas con eficacia. A partir del día después de la epidemia del 542 —se lee en los viejos cronicones monásticos—, comenzó un futuro prometedor para los europeos; y lo mismo dijeron los historiadores árabes instalados en Damasco sobre el futuro del islam.

A comienzos de 1340, bacterias, pulgas y ratas salieron de su hábitat original, en algún rincón de Asia central o quizá del oeste de China, y primero se propagaron con rapidez por las tierras áridas de la estepa, luego por el Mediterráneo y, finalmente, por las ciudades de la Europa atlántica, donde los pésimos sistemas de eliminación de residuos favorecieron su propagación. A eso se unió otro importante vector de contagio. A veces una epidemia llega por varias vías. Por eso se insiste en analizar todas las posibilidades de transmisión, o al menos se intenta.
Hace unos pocos años se analizaron los restos humanos de una comunidad nestoriana de Asia central que había sido infectada de peste, y los científicos llegaron a la conclusión de que murieron por un tipo de enfermedad contagiosa provocada probablemente por el virus del Ébola o tal vez el bacilo del Anthrax. Graham Twigg, que ha estudiado a fondo el caso, no acaba de decidirse por uno o por otro, pero insiste en que la peste negra se propagó también por esa otra vía.

El primer testimonio de los riesgos de una epidemia procede del médico Diego Álvarez Chanca, que acompañó a Cristóbal Colón en el segundo viaje, al anotar que la gripe afectaba más a los nativos que a los españoles. Desde luego, el comentario hecho por Las Casas de que eran «gentes delicadas» responde a un deseo de explicar el alto nivel de contagio entre los taínos del Caribe desde un providencialismo tan evidente como corrosivo, pues nunca dudó de que esa hazaña divina favorecería a los indios cuando se integraran en las formas de vida españolas, aunque apenas prestó atención a lo que realmente sucedió: la alteración radical de la biocenosis autóctona.
Los patógenos llevados a América en poco menos de treinta años confluyen en un enorme contenedor de contagios a cuál más mortífero: gripe, sarampión, tifus, fiebre amarilla y viruela.
La gripe fue la primera enfermedad epidémica que llegó a América y lo hizo durante el segundo viaje de Colón. No fueron nada útiles las habituales generalizaciones que hablaban de «pestilencias, fiebres, calenturas pútridas, modorras y males de costado», porque en realidad estaban frente a un contagio por Influenza virus de la familia Orthomyxoviridae en su variedad A, B, y C. Un asunto muy diferente al tono aproximativo y nada acertado de entender esta enfermedad. El virus A provoca serias infecciones respiratorias en los seres humanos, aunque también afecta a los cerdos y a otros animales domésticos; al contrario, el virus B es exclusivamente humano, y el virus C afecta a los niños, sin ser una epidemia. Fue por tanto la primera zoonosis que llegó al Nuevo Mundo y la que dejó la isla de Santo Domingo con un tercio de su población. El mapa del contagio es significativo: en 1518 se propaga por Puerto Rico, Cuba y Jamaica.
El mestizaje se funde con el deseo de mantener el mundo que se perdió tras la conquista. Y cada vez que se plantea vuelve la pregunta que tanto preocupa: ¿qué significaron las epidemias entre finales del siglo XV y principios del siglo XVI en la configuración de América Latina? Significaron lo que su respuesta consiguió hacer: salir del abismo para construir una identidad histórica visible todavía hoy.

En agosto de 1628 se detecta en la ciudad de Lyon un brote de peste bubónica. Se disparan las alertas. Las autoridades sanitarias optan por hospitalizar a los infectados en Saint-Laurent-des-Vignes, edificio situado fuera de las murallas de la ciudad; se quiere evitar la propagación de la epidemia. Según Monique Lucenet, en octubre se contabilizan seis mil enfermos, y desde noviembre cuatrocientas defunciones diarias. ¿Cómo no ver aquí una situación vivida ya en otras ocasiones y con otros protagonistas? Pero, sí, todo tiene algo de déjà vu para los médicos que leen en viejos tratados lo que debe hacerse ante una plaga. Los disparates son las herencias recibidas que han de cambiarse con una práctica de corte científico.
La prioridad se centra en tres aspectos esenciales: primero, la desinfección de los lugares, la pronta sepultura de los fallecidos y el aislamiento de los enfermos en las salas de infecciosos creadas para tal fin en los hospitales situados fuera de la ciudad; segundo, la difusión de perfumes y esencias para la limpieza de gérmenes, una actividad en la que destacó Henri de Rochas, médico personal de la princesa de Conti, y tercero, la creación de una comisión sanitaria para organizar la lucha contra los efectos de la epidemia y paliar los estragos que había provocado en la población.
El foco más activo en el año 1630 tuvo lugar en la región de Lombardía, especialmente en la capital, por eso se la conoce como «la peste de Milán». Su mejor estudioso, el doctor Robert Fletcher, da una cifra alarmante: un millón de fallecidos (el 63 por ciento del censo total).
Davy abrió un camino que se recorrería en su totalidad después de 1945 con el descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming.
Entre las vacunas y los antibióticos, el ser humano se blindó ante los ataques de la naturaleza.

Nos separan cien años del final de la gripe A (subtipo H1N1). Hemos tenido todo un siglo para reflexionar sobre el alcance de una pandemia que llevó al mundo al borde del abismo. Mientras la ciencia ha luchado durante todo ese tiempo para hacer más habitable el mundo, las autoridades públicas se aferraron en mantener el principio estratégico de que la historia la escriben los conflictos entre países o bloques. En estos cien años de magnífica reacción contra un patógeno vírico de altísima letalidad han sucedido dos Guerras Mundiales, numerosas guerras civiles, abundantes guerras de liberación nacional, masacres de pueblos enteros, bombardeos con napalm o gas mostaza y limpiezas étnicas. Haber superado el desafío de la epidemia de gripe A en tales circunstancias dice mucho de esa parte del ser humano que se interesa por sus semejantes. Y no dejo de maravillarme al descubrir tanta generosidad, tanta sencillez y proximidad, tanta grandeza de ánimo, al sentir esos esfuerzos por el bien de la comunidad tan fraternales, sí, esta es la palabra.
Y entonces llegó el 2020. Una nueva gran epidemia. La de la Covid-19. Y la historia volvió a empezar.

Siete propuestas para afrontar el siglo XXI.

– Primera propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus llevando a cabo un cambio morfológico de la sociedad. Estamos ante una interesante encrucijada: las utopías sociales se alejan, el principio de responsabilidad se aproxima. Para saber cómo hacer este cambio hay que volverse con sentido crítico hacia la marcha fatal de la historia reciente: sus falsos movimientos, sus mentiras, su codicia, su anhelo permanente de paraísos perdidos en los recodos del pasado, su inclinación a ver la vida como una free party. Las consecuencias: una sociedad atrapada en un mundo de cosas prescindibles. En serio, el consumo no es el camino para alcanzar la respuesta.
– Segunda propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus con complicidades con la inteligencia sentiente, la raison sensible de la que acaba de hablarnos Edgar Morin. Se deberá dar apoyo, por ejemplo, a los líderes preparados capaces de establecer un orden de prioridades y de hacer arbitrajes justos.
– Tercera propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus teniendo una visión correcta del futuro basada en el sentido que le confiere la historia. Se sabe, desde que Edward Gibbon se paseara por Roma en busca de un amanecer, que el arma más poderosa de las fuerzas de progreso es el espíritu crítico que libera a la sociedad de la mordaza que a menudo la suele dejar muda ante la acumulación de noticias sin ningún valor. ¿Qué se puede hacer si sobrevienen ciertos acontecimientos que producen lo contrario de lo que anuncian? Retarlos para que se expliquen. Si el siglo XXI debe prescindir de una sola de todas las propuestas, será imperfecto. Incluso los idiotas tienen cabida, siempre y cuando se sepa que son idiotas.
Solución: estimular el espíritu crítico, que es el único inventivo y creador. Hay que evitar la tentación de permanecer inactivos ante el peso de una maquinaria que aliena a la gente.
– Cuarta propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus recuperando, desde la imaginación moral, dos principios claves: sinceridad y autenticidad.
– Quinta propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus definiendo de nuevo el espacio de la comunicación. Desde que Thomas Babington Macaulay, al referirse a la galería parlamentaria, acuñó la expresión «el cuarto poder», los medios de comunicación han acompañado constante y fielmente a la sociedad abierta. La libertad individual está basada en este poder. ¿El anhelo de decir la verdad que nos atrae hacia lo mejor de las personas, como se ve en las películas donde periodistas locuaces y defensores de buenas causas se enfrentan a siniestras intrigas? ¿O la ironía de una comunidad que representa lo que no es, pero aspira a serlo? Ambas cosas, sin duda, como contrapeso a la estridente propaganda. La libertad de expresión es difícil.
– Sexta propuesta. Se saldrá de la situación creada por el coronavirus mediante una redefinición del valor de la cultura en la era global de la que habla Martin Albrow. No todo lo que se vende en el mercado de consumo masivo es cultura. El banco de pruebas para una gobernanza que aspire a darle una respuesta al desafío creado por el coronavirus de modo responsable y no superficialmente es situar la excitación vivida desde mediados de la década de 1960 hasta hoy en su exacto lugar de la historia. Hablar sin decir nada se ha convertido en tendencia al crear la ficción de los llamados «valores culturales»: da igual una canica que una pintura de Leonardo. Así no se va a ningún sitio en el siglo XXI.
– Séptima propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus entendiendo el poder de la naturaleza. Aquí es obligada la cita de Novalis: «La naturaleza sigue siendo el aterrador molino de la muerte». Y aquí está el debate sobre los límites del conocimiento que ha tenido un largo desarrollo en el campo de la epistemología y la bioética. Es la ocasión de recordar las palabras de Hegel que valen especialmente en estos tiempos para entender qué hay detrás de la Covid-19: «Lo que es conocido en general, precisamente porque nos resulta conocido, no es conocido. Es la manera más corriente de engañarse y de engañar a los demás presuponer que algo es conocido y conformarse con ello».
El día después necesita activar la investigación microbiana. No seguir en las complacientes nubes del consumo de medicamentos a cargo del Estado del bienestar, sin cuestionarnos por sus efectos; hay que preguntar por lo que se está haciendo con esa parte de la naturaleza no visible a simple vista, el mundo de las bacterias y de los virus, capaces con sus mutaciones (naturales o artificiales) de poner fin a la presencia del ser humano en la Tierra.

¿Qué expresa en verdad el coronavirus? Dos opciones.
Primera opción: representa el desafío de la naturaleza en su aspecto más extremo, el más amenazador, el más peligroso. Se inscribe en una larga lista de grandes epidemias, de las que aquí he destacado las cinco que cambiaron el curso de la historia. La sexta sería precisamente el coronavirus, porque estoy convencido de que lo va a hacer también.
Segunda opción: representa un golpe a una clase política preparada para la gestión diaria y el debate parlamentario, que ignora la historia y los desafíos que vienen de la naturaleza. Mucho hablar de cambio climático y de guerras y el peligro de verdad estaba en la mutación de un virus surgido en una ciudad de China.
Curioso dilema: ¿simboliza el coronavirus el desafío que se estaba esperando para poner fin a los mitos del siglo XX, o, por el contrario, es una prueba menor que la sociedad sabrá orillar para seguir medrando en unos valores plenamente obsoletos?
¿Qué representa, pues, la actual encrucijada que comienza en el verano-otoño del 2020 en la historia? Piensa y avanza. Hagamos un esfuerzo por vencer la incertidumbre y los fantasmas que la sostienen por ignorancia, negligencia o maldad.

Debemos aprender a escuchar sus palabras. Porque en ellas encontraremos las razones para cambiar el destino del alma del mundo, para hacer que avance la flecha del tiempo, para alzar el telón de la tragedia y volver a vivir en libertad y con dignidad.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/12/23/informe-sobre-cataluna-historia-de-una-rebeldia-777-2017-jose-enrique-ruiz-domenec-it-reports-on-catalonia-story-of-a-rebellion-777-2017-by-jose-enrique-ruiz-domenec-spanish-book-e/

https://weedjee.wordpress.com/2021/05/24/el-dia-despues-de-las-grandes-epidemias-de-la-peste-bubonica-al-coronavirus-jose-enrique-ruiz-domenec-the-day-after-major-epidemics-from-bubonic-plague-to-coronavirus-by-jose-enrique-rui/

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Short book with a philosophical sense of pandemics throughout history and how plagues have transformed human beings for the better. Interesting reading.

The notion of «epidemic» designates a contagious disease that affects many people, when it is an entire civilization then we speak of a «pandemic.»
This is a medical definition, of course: Hippocrates, the first author to analyze the environmental causes of infectious diseases rather than attributing them to a divine origin, first used the term «epidemic» in the fifth century BC in a work with the same name to define a disease that affects a country or a region: the example analyzed was an outbreak of mumps on the island of Thasos, where he could observe that women were infected much less than men. Thus, «contagion» is a key notion in epidemiology; indicates the imperative need to create a clinical strategy to defeat an infectious disease.
The firmness of medical knowledge in the face of the illusion of a caring nature.
Epidemics cannot be avoided, but you must learn to combat them effectively. From the day after the 542 epidemic – you read in the old monastic chronicles – a promising future began for Europeans; and the Arab historians living in Damascus said the same about the future of Islam.

In the early 1340s, bacteria, fleas, and rats emerged from their original habitat, somewhere in central Asia or perhaps western China, first spreading rapidly through the arid steppe lands, then the Mediterranean, and finally , by the cities of Atlantic Europe, where the terrible waste disposal systems favored its spread. This was joined by another important vector of contagion. Sometimes an epidemic comes in several ways. That is why they insist on analyzing all transmission possibilities, or at least they try.
A few years ago the human remains of a Nestorian community in central Asia that had been infected with plague were analyzed, and scientists concluded that they died from a type of contagious disease probably caused by the Ebola virus or perhaps the Anthrax bacillus. Graham Twigg, who has studied the case in depth, has not quite decided on one or the other, but insists that the Black Death spread through that other route as well.

The first testimony of the risks of an epidemic comes from the doctor Diego Álvarez Chanca, who accompanied Cristóbal Colón on the second trip, noting that the flu affected natives more than Spaniards. Of course, the comment made by Las Casas that they were «delicate people» responds to a desire to explain the high level of contagion among the Tainos of the Caribbean from a providentialism as obvious as it is corrosive, since he never doubted that this divine feat would favor Indians when they were integrated into Spanish ways of life, although he paid little attention to what actually happened: the radical alteration of the autochthonous biocenosis.
The pathogens brought to America in a little less than thirty years converge in a huge container of contagions, which is more deadly: flu, measles, typhus, yellow fever and smallpox.
The flu was the first epidemic disease to reach America and it did so during Columbus’ second voyage. The usual generalizations that spoke of «pestilences, fevers, putrid fever, drowsiness and side ailments» were not useful at all, because in reality they were facing a contagion by Influenza virus of the Orthomyxoviridae family in its variety A, B, and C. A matter very different from the approximate tone and not correct to understand this disease. Virus A causes serious respiratory infections in humans, although it also affects pigs and other domestic animals; on the contrary, virus B is exclusively human, and virus C affects children, without being an epidemic. It was therefore the first zoonosis to reach the New World and the one that left the island of Santo Domingo with a third of its population. The contagion map is significant: in 1518 it spread through Puerto Rico, Cuba and Jamaica.
The miscegenation is fused with the desire to maintain the world that was lost after the conquest. And each time it is asked, the question that worries so much comes back: what did the epidemics between the end of the 15th century and the beginning of the 16th century mean in the configuration of Latin America? They signified what his response managed to do: climb out of the abyss to build a historical identity that is still visible today.

In August 1628, an outbreak of bubonic plague was detected in the city of Lyon. Alerts go off. The health authorities choose to hospitalize the infected in Saint-Laurent-des-Vignes, a building located outside the city walls; you want to prevent the spread of the epidemic. According to Monique Lucenet, six thousand patients were counted in October, and four hundred deaths a day since November. How can we not see here a situation experienced on other occasions and with other protagonists? But, yes, everything has some déjà vu for doctors who read in old treatises what to do when faced with a plague. The nonsense are the inheritances received that have to be changed with a scientific practice.
The priority focuses on three essential aspects: first, the disinfection of the places, the prompt burial of the deceased and the isolation of the sick in the infectious wards created for this purpose in the hospitals located outside the city; second, the diffusion of perfumes and essences for the cleaning of germs, an activity in which Henri de Rochas, personal doctor of the Princess of Conti, stood out, and third, the creation of a health commission to organize the fight against the effects of the epidemic and alleviate the damage it had caused in the population.
The most active focus in 1630 took place in the Lombardy region, especially in the capital, which is why it is known as «the plague of Milan.» Its best scholar, Dr. Robert Fletcher, gives an alarming figure: one million deaths (63 percent of the total census).
Davy blazed a trail that would be traversed in its entirety after 1945 with the discovery of penicillin by Alexander Fleming.
Between vaccines and antibiotics, the human being shielded himself from the attacks of nature.

A hundred years separate us from the end of influenza A (H1N1 subtype). We have had a century to reflect on the scope of a pandemic that brought the world to the brink. While science has struggled throughout that time to make the world more habitable, public authorities clung to upholding the strategic principle that history is written by conflicts between countries or blocs. In these one hundred years of magnificent reaction against a highly lethal viral pathogen, there have been two World Wars, numerous civil wars, abundant wars of national liberation, massacres of entire villages, bombardments with napalm or mustard gas and ethnic cleansing. Having overcome the challenge of the influenza A epidemic in such circumstances says a lot about that part of the human being that cares about his fellow men. And I can’t stop marveling at discovering so much generosity, so much simplicity and proximity, so much greatness of mind, feeling those efforts for the good of the community so fraternal, yes, this is the word.
And then 2020 came. A new great epidemic. That of the Covid-19. And the story began again.

Seven proposals to face the XXI century:

– First proposal. The situation created by the coronavirus will be overcome by carrying out a morphological change in society. We are facing an interesting crossroads: social utopias are moving away, the principle of responsibility is approaching. To know how to make this change, one must look critically towards the fatal march of recent history: its false movements, its lies, its greed, its permanent longing for paradises lost in the twists of the past, its inclination to see life as a free party. The consequences: a society trapped in a world of expendable things. Seriously, consumption is not the way to reach the answer.
– Second proposal. The situation created by the coronavirus will be overcome with complicity with sentient intelligence, the sensitive raison that Edgar Morin has just told us about. Support, for example, should be given to trained leaders capable of prioritizing and making fair judgments.
– Third proposal. The situation created by the coronavirus will be overcome by having a correct vision of the future based on the sense that history gives it. It is known, since Edward Gibbon walked through Rome in search of a sunrise, that the most powerful weapon of the forces of progress is the critical spirit that frees society from the gag that often leaves it speechless before the accumulation of news of no value. What can be done if certain events occur that produce the opposite of what they advertise? Challenge them to explain themselves. If the 21st century must do without just one of all the proposals, it will be imperfect. Even idiots have a place, as long as they are known to be idiots.
Solution: stimulate the critical spirit, which is the only inventive and creative. We must avoid the temptation to remain inactive under the weight of machinery that alienates people.
– Fourth proposal. The situation created by the coronavirus will be overcome by recovering, from the moral imagination, two key principles: sincerity and authenticity.

– Fifth proposal. The situation created by the coronavirus will be overcome by redefining the communication space. Ever since Thomas Babington Macaulay, when referring to the parliamentary gallery, coined the expression «the fourth estate», the mass media have constantly and faithfully accompanied the open society. Individual freedom is based on this power. The longing to speak the truth that draws us to the best in people, as seen in movies where talkative journalists and advocates for good causes are faced with sinister intrigues? Or the irony of a community that represents what it is not, but aspires to be? Both, no doubt, as a counterweight to the strident propaganda. Freedom of expression is difficult.
– Sixth proposal. The situation created by the coronavirus will be overcome by redefining the value of culture in the global age that Martin Albrow talks about. Not everything that is sold in the mass consumer market is culture. The test bed for governance that aims to respond to the challenge created by the coronavirus in a responsible and not superficial way is to place the excitement experienced from the mid-1960s to today in its exact place in history. Speaking without saying anything has become a trend when creating the fiction of so-called «cultural values»: a marble does not matter than a painting by Leonardo. That way you are not going anywhere in the 21st century.
– Seventh proposal. The situation created by the coronavirus will be overcome by understanding the power of nature. Here the Novalis quote is obligatory: «Nature is still the terrifying mill of death.» And here is the debate on the limits of knowledge that has had a long development in the field of epistemology and bioethics. It is the occasion to recall Hegel’s words that are especially valuable in these times to understand what is behind Covid-19: “What is known in general, precisely because it is known to us, is not known. It is the most common way to deceive yourself and others to assume that something is known and to settle for it.
The day after you need to activate microbial research. Do not continue in the complacent clouds of the consumption of drugs by the welfare state, without questioning about its effects; one must ask what is being done with that part of nature not visible to the naked eye, the world of bacteria and viruses, capable with their mutations (natural or artificial) of putting an end to the presence of human beings in the earth.

What does the coronavirus really express? Two options.
First option: represents the challenge of nature in its most extreme aspect, the most threatening, the most dangerous. It is part of a long list of great epidemics, of which I have highlighted here the five that changed the course of history. The sixth would be precisely the coronavirus, because I am convinced that it will do so as well.
Second option: it represents a blow to a political class prepared for daily management and parliamentary debate, which ignores history and the challenges that come from nature. Much talk about climate change and wars and the real danger was in the mutation of a virus that emerged in a city in China.
Curious dilemma: does the coronavirus symbolize the challenge that was waiting to put an end to the myths of the 20th century, or, on the contrary, is it a minor test that society will know how to shore up to continue to thrive on fully obsolete values?
What, then, does the current crossroads that begins in the summer-fall of 2020 represent in history? Think and move on. Let us make an effort to overcome uncertainty and the ghosts that sustain it through ignorance, negligence or malice.

We must learn to listen to their words. Because in them we will find the reasons to change the destiny of the world’s soul, to make the arrow of time advance, to raise the curtain on tragedy and to live again in freedom and with dignity.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/12/23/informe-sobre-cataluna-historia-de-una-rebeldia-777-2017-jose-enrique-ruiz-domenec-it-reports-on-catalonia-story-of-a-rebellion-777-2017-by-jose-enrique-ruiz-domenec-spanish-book-e/

https://weedjee.wordpress.com/2021/05/24/el-dia-despues-de-las-grandes-epidemias-de-la-peste-bubonica-al-coronavirus-jose-enrique-ruiz-domenec-the-day-after-major-epidemics-from-bubonic-plague-to-coronavirus-by-jose-enrique-rui/

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