Pirenaica – Catorce Crónicas De La Cordillera — Ander Izagirre / Pirenaica – Fourteen Chronicles Of The Cordillera by Ander Izagirre (spanish book edition)

Maravillosa crónica (como todo lo que escribe Ander Izagirre) de una ruta en bicicleta por los Pirineos de costa a costa. Como bien señala el autor, la historia transforma el paisaje. Conocer la historia detrás de cada carretera, pueblo o paisaje hace que lo veamos con otros ojos. En este trayecto, Ander nos cuenta historias, leyendas, anécdotas del paisaje que recorre, junto con la propia experiencia del recorrido en bicicleta, desvelándonos un increible trayecto que apetece recorrer.
No es solo la crónica de un viaje en bicicleta a lo largo de los Pirineos, es mucho más y por eso me ha gustado tanto. Memoria histórica de nuestro pais, anécdotas del Tour de Francia, historias locales de los lugares por los que va pasando, etc. Un placer su lectura, por su contenido y por lo bien escrito.

San Sebástian – Eugi

Son las mejores carreteras para andar en bici: solitarias, serpenteantes, asomadas al mar, sumergidas en bosques, montaña arriba, montaña abajo, construidas por esclavos.
De hecho, son las mejores carreteras de mi tierra para andar en bici precisamente porque las construyeron esclavos.
Jaizkibel, Erlaitz, Arkale, Aritxulegi, Agina, Artesiaga.
Las construyeron entre 1939 y 1945. Las construyeron en Guipúzcoa y Navarra, cerca de la frontera con Francia, porque las autoridades franquistas temían invasiones. Las construyeron para que sus tropas pasaran de un valle a otro, para subir a las fortificaciones de las montañas, para comunicar puestos remotos. Son carreteras con lógica militar —con una lógica militar antigua—, sin ninguna lógica civil. Y por eso son tan buenas para andar en bici, porque dan rodeos, porque suben y bajan, porque son tan enrevesadas que a casi nadie se le ocurre ir en coche por ellas.
Me paro en la primera rampa de Jaizkibel para ver entre la maleza los restos de los barracones de los presos, los almacenes, la capilla, la cocina. Los itinerarios cotidianos también se transforman cuando viajamos por su historia: en esta primera rampa, ya nunca dejaré de ver lo que me contó Luis.
—Los cocineros preparaban la comida en unos peroles enormes. Un día estaban haciendo el caldo con una pata de vaca. Al acabar, cogieron el hueso y lo tiraron al monte.
De Lesaka a Irurita, por el Bidasoa: primero entre las montañas que estrechan el valle, luego por el paisaje más amplio de Malerreka y de Baztán, el oleaje de colinas verdes, los bosques, los arroyos, los maizales, los palacios de piedra rosada, los caseríos blancos desperdigados en las praderas como dados lanzados en un tapete. Los juegos de luces y nieblas que bastaron para crear la escuela de los pintores paisajistas del Bidasoa. A mí me gusta el puente viejo de Sunbilla, porque es un arco de piedra rotundo y a la vez airoso, junto a una hilera de caseríos que tiemblan en los reflejos del río, y porque a estas alturas de la etapa, kilómetro 90, cuatro puertos.

Donibane Garazi – Isaba

¿Basajaun será el equivalente pirenaico del Hombre del Mazo, el monstruo que se le aparece al ciclista cuando sufre una pájara? Pues a mí tampoco me va a pillar en ayunas. Hoy es una de esas etapas —lluvia fina, piernas de madera, pereza pegajosa— en las que te paras en el kilómetro cuatro para tomarte otro café y otro pain au chocolat.
San Juan de Pie de Puerto fue una de las villas nuevas fundadas por los reyes navarros en la Edad Media. Pero aquí, en este San Juan Viejo, en este San Juan ahora eclipsado, quedan restos de un poblado del siglo primero, unas termas, un montón de cerámicas, monedas, ánforas. Esto era el Imus Pyrenaeus, una estación para viajeros al pie de la cordillera, junto a la calzada Burdeos-Astorga.
Irati es uno de los mayores bosques de Europa y uno de los más inaccesibles. Diecisiete mil hectáreas de hayas y abetos cubren el fondo de una inmensa cubeta, un circo que tiene la base a 800 metros de altitud y está rodeado por montañas de entre 1600 y 2000. Esa cubeta solo tiene una salida por el fondo: la garganta estrecha y encajonada del río Irati, que fluye hacia el sur, hacia el Ebro.
Siempre fue una reserva extraordinaria de madera para construir casas y herramientas, para calentarse en invierno, para suministrar combustible a las ferrerías, para producir carbón; también era un territorio de caza, pesca y recolección. Pero costaba muchísimo llegar: desde los valles de Navarra en el sur, desde los valles de la Baja Navarra y Zuberoa en el norte, los vecinos caminaban un día entero montaña arriba. Irati era un mundo remoto, a veces temible, en el que regían leyes ajenas a los humanos.
Los abetos altísimos de Irati eran ideales para construir mástiles. Desde 1630, la Marina francesa se tomó unos trabajos tremendos para talarlos, bajarlos en carros de bueyes y transportarlos en gabarras por el río Errobi hasta los astilleros de Bayona. El ingeniero Paul-Marie Leroy publicó en 1776 una obra de referencia sobre la explotación de madera en los Pirineos y contó que en el bosque de Irati vivían unos hombres gigantescos, peludos como osos, en estado salvaje.

Laruns – Argelès-Gazost

Llueve en el Aubisque, llueve en el Soulor, llueve en la bajada a Argelès-Gazost.
En Argelès encuentro un hotel «especializado en ciclistas». Una maravilla: cuando apareces en el vestíbulo chorreando, te reciben encantados, te ponen una adecuada cara de admiración, te acompañan hasta un garaje en el que puedes colgar la bici, en el que te ofrecen hinchadores, trapos, mangueras, jabón, esponjas y lubricantes para la cadena. Luego te enseñan sus ofertas: tratamiento reparador en los baños termales, con descuento especial para ciclistas; ensalada de quinoa, a mitad de precio para ciclistas; botella de champán de 46 euros, a 29 para los ciclistas que hayan subido dos de los cinco grandes cols de la zona: Aubisque, Soulor, Hautacam, Luz-Ardiden, Tourmalet. Al margen de estas tonterías, hay un detallazo que de verdad demuestra la especialización del hotel: te ofrecen una pila de periódicos viejos para hacer bolas, meterlas en las zapatillas y secarlas para el día siguiente.
Los periodistas inventaron el Tour. Los ciclistas seguimos necesitando la prensa de papel.

Esterri D’Àneu – La Seu D’Urgell

Con la misma ilusión y un instinto similar, nuestros amigos los pelirrojos plantaron su tremendo menhir en La Seu d’Urgell: la catedral de Santa María, la única catedral románica de Cataluña, la obra impulsada por el santo Ot —sí, el chico de la Llúcia, el más listo, que mira tú adónde llegó—. Es una catedral de aire italiano, construida por maestros lombardos, que a mí me recuerda un poco a la de Parma y me da nostalgia: la fachada de granito rosáceo, la puerta con arquivoltas, los leones, los tramos de arcos ciegos, el campanario con ventanas geminadas, el ábside recorrido por una galería de arcos abiertos. Me gusta cómo está pegoteada por el paso de los siglos, con esas torres rectangulares a modo de fortaleza, con el cimborrio y la espadaña, con una iglesia románica más antigua que la propia catedral pegada al claustro. Cuando miro el conjunto desde un rincón trasero, desde la esquina del archivo eclesiástico, la catedral se me descompone en volúmenes: cubos, cilindros, pirámides, prismas, semiesferas. Y ya la historia me parece el gran parque de bolas con el que se entretenían los reyes, los obispos y las condesas.

Porté-Puymorens – Vilafranca de Conflent

En Vilafranca de Conflent. Aquí había un pueblo al que nadie le hubiera hecho demasiado caso —un pueblo medieval estirado en el desfiladero del Têt, con sus calles largas, sus casas apretadas y su iglesia románica—, pero los negociadores firmaron la nueva frontera, llegó Vauban y lo rodeó de murallas, le plantó torres, le construyó una tremenda fortaleza en un flanco de la montaña, a la que se llega por una escalera subterránea; así la cerró a los invasores del siglo XVIII y la abrió a los turistas del XXI. Las calles, los restaurantes, las tiendas de Vilafranca están abarrotados. Si venimos en masa a este pueblo, y no a otro del mismo valle, es porque aquí están las murallas, las torres, las fortalezas: los sedimentos que dejan las fronteras.

Céret – Cabo de Creus

A Cadaqués hay que ir. Que nadie va de paso, quiero decir, que hay que ir a propósito. Es un pueblo de casas blancas al otro lado de la sierra, con el mar enfrente, la montaña a sus espaldas y los acantilados en sus flancos. Hasta 1908 no había carretera: los vecinos salían por mar. A partir de 1908 tampoco parece que cambiara mucho la cosa. Un poco sí: justo ese año la familia Dalí empezó a veranear en Cadaqués. Y el chaval Salvador empezó a hacer excursiones por el cabo de Creus: «¡Cada colina, cada perfil rocoso podría haber sido dibujado por el mismo Leonardo! Salvo la estructura, no hay prácticamente nada».
En el cabo de Creus rodaron La luz del fin del mundo, ¿te suena?, una película con Kirk Douglas y Yul Brynner, el pelado aquel. Pues Yul Brynner venía al pueblo, se daba un paseo y la gente no le hacía ni caso. El hombre estaba asombrado, porque nadie le paraba por la calle, ni le pedían autógrafos ni nada. Y sabes qué pasaba, que en Cadaqués había un hombre, Joaquín Augé, que también era calvo como una bombilla, y la gente veía pasar al Brynner y decían: «Mira, Joaquín Augé».
Al otro lado de la colina del cementerio, Portlligat es una cala con dos islotes: casi un lago. Dalí soltaba cisnes en las aguas tranquilas, observaba los reflejos del sol —«los dramas del cielo crepuscular»— y esperaba la noche para ver «cómo las rocas góticas se transforman en pesadillas». También fantaseaba con instalar cuarenta o cincuenta cráneos de elefante en la playa.
Dalí y su mujer Gala compraron una de las barracas blancas en las que los pescadores guardaban sus trastos, y allí instalaron su casa y su estudio. Luego compraron otras barracas y las fueron uniendo con pasillos, patios y salas anexas, de manera que la casa crecía como una materia orgánica, como un laberinto de espacios siempre diminutos —«cuanto más pequeños, más intrauterinos»—. Dalí trabajaba en este refugio surrealista, envuelto en una decoración delirante.
Hacia el cabo de Creus, la carretera serpentea por un territorio de locura rocosa. Parece que han fundido una montaña hasta convertirla en papilla, que la han revuelto con furia y que se ha solidificado con todos sus grumos: olas y depresiones, protuberancias, crestas, hondonadas, aristas. Es una papilla de colorines: se van intercalando las pegmatitas —rocas blancas, rosas, amarillas— y los esquistos —rocas grises oscuras—, todo tapizado con líquenes naranjas y matorrales verdes, esculpido por la erosión del viento, el agua y la sal.
Mucho antes de Dalí, los cerebros de los cadaquenses ya interpretaban formas en estas rocas: el Camello, el Águila, el Viejo, el Fraile. Era justo lo que interesaba al pintor: la confusión, las asociaciones paranoicas, la representación de objetos que son al mismo tiempo representaciones de objetos absolutamente diferentes.
En la Cueva del Infierno. Allí iba Dalí a ver al demonio. Es la misma que aparece en uno de los cuadros de Dalí que más me han gustado en Figueras: el hueco en la tierra con vistas al mar, en su interior un amontonamiento de rocas que parece una mujer posando o una mujer posando que parece un amontonamiento de rocas. Dicen que, cuando sale el sol, los primeros rayos penetran en la cueva, iluminan las vetas magmáticas y tiñen el mar de rojo. Dicen que a esa hora aquí se abre la puerta del infierno.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/03/01/potosi-ander-izagirre-potosi-by-ander-izagirre-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2020/05/26/mi-abuela-y-diez-mas-ander-izaguirre-my-grandmother-and-ten-more-by-ander-izaguirre-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2020/05/27/los-sotanos-del-mundo-ander-izagirre-the-basements-of-the-world-by-ander-izagirre-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/05/20/pirenaica-catorce-cronicas-de-la-cordillera-ander-izagirre-pirenaica-fourteen-chronicles-of-the-cordillera-by-ander-izagirre-spanish-book-edition/

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Wonderful chronicle (like everything Ander Izagirre writes) of a bicycle route through the Pyrenees from coast to coast. As the author points out, history transforms the landscape. Knowing the history behind each road, town or landscape makes us see it with different eyes. On this journey, Ander tells us stories, legends, anecdotes of the landscape he travels, along with his own experience of the bicycle tour, revealing an incredible journey that we want to travel.
It is not just the chronicle of a bicycle trip through the Pyrenees, it is much more and that is why I liked it so much. Historical memory of our country, anecdotes of the Tour de France, local stories of the places through which it passes, etc. A pleasure to read, for its content and for how well written.

Saint Sebástian – Eugi

They are the best roads for cycling: lonely, winding, overlooking the sea, submerged in forests, up the mountain, down the mountain, built by slaves.
In fact, they are the best roads in my land for cycling precisely because they were built by slaves.
Jaizkibel, Erlaitz, Arkale, Aritxulegi, Agina, Artesiaga.
They were built between 1939 and 1945. They were built in Guipúzcoa and Navarra, near the French border, because the Francoist authorities feared invasions. They built them for their troops to pass from one valley to another, to climb the fortifications of the mountains, to communicate remote outposts. They are roads with a military logic — with an old military logic — without any civil logic. And that’s why they are so good for cycling, because they take detours, because they go up and down, because they are so convoluted that almost no one thinks of going by car on them.
I stop at the first ramp of Jaizkibel to see among the undergrowth the remains of the prisoners’ barracks, the warehouses, the chapel, the kitchen. Daily itineraries are also transformed when we travel through its history: on this first ramp, I will never stop seeing what Luis told me.
«The cooks prepared food in huge pots.» One day they were making the broth with a cow’s leg. When finished, they took the bone and threw it into the bush.
From Lesaka to Irurita, by the Bidasoa: first among the mountains that narrow the valley, then through the wider landscape of Malerreka and Baztán, the swell of green hills, the forests, the streams, the cornfields, the pink stone palaces , the white hamlets scattered on the prairies like dice thrown on a rug. The games of lights and mists that were enough to create the school of landscape painters of Bidasoa. I like the old Sunbilla bridge, because it is a resounding and airy stone arch, next to a row of farmhouses that tremble in the reflections of the river, and because at this point in the stage, kilometer 90, four ports .

Donibane Garazi – Isaba

Is Basajaun the Pyrenean equivalent of the Man with the Gavel, the monster that appears to the cyclist when he suffers a pájara? Well, he won’t catch me fasting either. Today is one of those stages – fine rain, wooden legs, sticky laziness – where you stop at kilometer four for another coffee and another pain au chocolat.
San Juan de Pie de Puerto was one of the new towns founded by the Navarrese kings in the Middle Ages. But here, in this Old San Juan, in this now eclipsed San Juan, there are remains of a first century town, some hot springs, a lot of ceramics, coins, amphorae. This was the Imus Pyrenaeus, a station for travelers at the foot of the mountain range, next to the Bordeaux-Astorga road.
Irati is one of the largest forests in Europe and one of the most inaccessible. Seventeen thousand hectares of beech and fir cover the bottom of an immense basin, a cirque that has its base at 800 meters of altitude and is surrounded by mountains between 1600 and 2000. That basin has only one outlet at the bottom: the narrow gorge and boxed in by the Irati river, which flows south towards the Ebro.
It was always an extraordinary reserve of wood to build houses and tools, to warm up in winter, to supply fuel to the ironworks, to produce coal; it was also a hunting, fishing and gathering territory. But it was very difficult to get there: from the valleys of Navarra in the south, from the valleys of Lower Navarra and Zuberoa in the north, the residents walked a whole day up the mountain. Irati was a remote world, sometimes fearsome, in which laws foreign to humans ruled.
The towering firs of Irati were ideal for building masts. From 1630 onwards, the French Navy took a lot of work to cut them down, lower them in ox carts and transport them in barges up the Errobi river to the Bayonne shipyards. The engineer Paul-Marie Leroy published a reference work on logging in the Pyrenees in 1776 and recounted that gigantic men, hairy like bears, lived in the wild in the Irati forest.

Laruns – Argelès-Gazost

It rains on the Aubisque, it rains on the Soulor, it rains on the descent to Argelès-Gazost.
In Argelès I find a hotel «specialized in cyclists.» A marvel: when you appear in the lobby dripping, they welcome you delighted, they put a suitable admiring face on you, they accompany you to a garage where you can hang your bike, where they offer you inflators, rags, hoses, soap, sponges and lubricants for the chain. Then they show you their offers: restorative treatment in the thermal baths, with a special discount for cyclists; quinoa salad, half price for cyclists; bottle of champagne from 46 euros, to 29 for cyclists who have climbed two of the five great cols in the area: Aubisque, Soulor, Hautacam, Luz-Ardiden, Tourmalet. Apart from this nonsense, there is a detail that really shows the specialization of the hotel: they offer you a pile of old newspapers to make balls, put them in your shoes and dry them for the next day.
Journalists invented the Tour. Cyclists still need the paper press.

Esterri D’Àneu – La Seu D’Urgell

With the same enthusiasm and a similar instinct, our red-haired friends planted their tremendous menhir in La Seu d’Urgell: the Cathedral of Santa María, the only Romanesque cathedral in Catalonia, the work promoted by Saint Ot – yes, the boy from La Llúcia, the cleverest, who’s looking at where he got. It is a cathedral with an Italian air, built by Lombard masters, which reminds me a bit of the one in Parma and makes me nostalgic: the pinkish granite façade, the door with archivolts, the lions, the sections of blind arches, the bell tower with mullioned windows, the apse crossed by a gallery of open arches. I like how it is stuck over the centuries, with those rectangular towers as a fortress, with the dome and the belfry, with a Romanesque church older than the cathedral itself attached to the cloister. When I look at the whole from a rear corner, from the corner of the ecclesiastical archive, the cathedral breaks down for me into volumes: cubes, cylinders, pyramids, prisms, hemispheres. And history already seems to me the great ball park with which kings, bishops and countesses entertained themselves.

Porté-Puymorens – Vilafranca de Conflent

In Vilafranca de Conflent. Here was a town that nobody would have paid much attention to – a medieval town stretched out in the Têt gorge, with its long streets, its crowded houses and its Romanesque church – but the negotiators signed the new frontier, Vauban arrived and surrounded it of walls, he planted towers, he built a tremendous fortress on one side of the mountain, which is reached by an underground staircase; thus it closed it to the invaders of the 18th century and opened it to the tourists of the 21st. Vilafranca’s streets, restaurants, shops are crowded. If we come en masse to this town, and not to another in the same valley, it is because here are the walls, the towers, the fortresses: the sediments left by the borders.

Céret – Cap de Creus

You have to go to Cadaqués. That no one is passing through, I mean, you have to go on purpose. It is a town of white houses on the other side of the mountains, with the sea in front of it, the mountain behind it and the cliffs on its flanks. Until 1908 there was no road: the residents left by sea. As of 1908 it does not seem that things have changed much. A little yes: just that year the Dalí family began to spend the summer in Cadaqués. And the boy Salvador began to make excursions to Cap de Creus: «Every hill, every rocky profile could have been drawn by Leonardo himself! Except for the structure, there is practically nothing.
At Cap de Creus they shot The Light at the End of the World, does it sound to you ?, a movie with Kirk Douglas and Yul Brynner, the bald man. Well, Yul Brynner would come to town, take a walk and people would not pay attention to him. The man was amazed, because nobody stopped him on the street, nor did they ask him for autographs or anything. And you know what happened, that in Cadaqués there was a man, Joaquín Augé, who was also bald as a lightbulb, and people saw Brynner go by and said: «Look, Joaquín Augé.»
On the other side of the hill from the cemetery, Portlligat is a cove with two islets: almost a lake. Dalí released swans in the calm waters, watched the reflections of the sun – «the dramas of the twilight sky» – and waited for the night to see «how the Gothic rocks are transformed into nightmares.» He also fantasized about installing forty or fifty elephant skulls on the beach.
Dalí and his wife Gala bought one of the white huts where the fishermen kept their tackle, and there they installed their house and studio. Later they bought other barracks and joined them with corridors, patios and adjoining rooms, so that the house grew like organic matter, like a labyrinth of always tiny spaces – «the smaller, the more intrauterine» -. Dalí worked in this surreal refuge, wrapped in a crazy decoration.
Towards Cap de Creus, the road winds through a land of rocky madness. It seems that they have melted a mountain to mush, that they have stirred it with fury and that it has solidified with all its lumps: waves and depressions, bumps, ridges, hollows, ridges. It is a colorful mush: the pegmatites —white, pink, yellow rocks— and the schists —dark gray rocks— are interspersed, all upholstered with orange lichens and green bushes, sculpted by the erosion of wind, water and salt.
Long before Dalí, the brains of the Cadaquians were already interpreting shapes in these rocks: the Camel, the Eagle, the Old Man, the Friar. It was just what interested the painter: the confusion, the paranoid associations, the representation of objects that are at the same time representations of absolutely different objects.
In the Cave of Hell. Dalí went there to see the devil. It is the same that appears in one of Dalí’s paintings that I liked the most in Figueras: the hole in the ground overlooking the sea, inside a heap of rocks that looks like a woman posing or a woman posing that looks like a heap of rocks. They say that when the sun rises, the first rays penetrate the cave, illuminate the magmatic veins and stain the sea red. They say that at that time the door of hell opens here.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/03/01/potosi-ander-izagirre-potosi-by-ander-izagirre-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2020/05/26/mi-abuela-y-diez-mas-ander-izaguirre-my-grandmother-and-ten-more-by-ander-izaguirre-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2020/05/27/los-sotanos-del-mundo-ander-izagirre-the-basements-of-the-world-by-ander-izagirre-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/05/20/pirenaica-catorce-cronicas-de-la-cordillera-ander-izagirre-pirenaica-fourteen-chronicles-of-the-cordillera-by-ander-izagirre-spanish-book-edition/

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