La Naturaleza Amenazada — Miguel Delibes / Threatened Nature by Miguel Delibes (spanish book edition)

Leer a Delibes es siempre un placer y en este breve libro nos habla de los peligros entre el hombre moderno y la naturaleza. Como siempre su lectura es recomendadísima.

Discurso leído en la Real Academia Española el 25 de mayo de 1975.

Señores académicos:
Quiero empezar advirtiendo que a pesar de este frac o, quizá sería mejor decir, dada mi escasa afición a estos atuendos, de este disfraz, yo me considero humana y literariamente muy poco académico, al menos en el sentido tradicional de este término. Mis literaturas, deficitarias en tantos aspectos, no son precisamente admirables por su rigor gramatical y me consta…
Debo reconocer que la elección de tema para mi discurso de ingreso en esta institución no me ha sido fácil. El carácter literario de la misma, me empujaba, casi fatalmente, en este sentido. Pero ¿cómo meterme en literaturas ante un auditorio tan competente en esta materia?.
Las conquistas y tales frenos, de los cuales apenas se advierten atisbos en los países mejor organizados, imprimirían a la vida del hombre un sentido distinto y alumbrarían una sociedad estable, donde la economía no fuese el eje de nuestros desvelos y se diese preferencia a otros valores específicamente humanos.
Esto, señores académicos, es quizá lo que yo intuía vagamente al escribir mi novela El camino en 1949 cuando Daniel, mi pequeño héroe, se resistía a integrarse en una sociedad despersonalizadora, pretendidamente progresista, pero, en el fondo, de una mezquindad irrisoria. Y esta intuición, señores académicos, cuyos principios, auténticamente revolucionarios, acaban de ser formulados por un plantel respetable de sabios humanista.
El hombre, arrullado en su confortabilidad, apenas se preocupa del entorno. La actitud del hombre contemporáneo se asemeja a la de aquellos tripulantes de un navío que, cansados de la angostura e incomodidad de sus camarotes, decidieron utilizar las cuadernas de la nave para ampliar aquéllos y amueblarlos suntuosamente.
El hombre, obcecado por una pasión dominadora, persigue un beneficio personal, ilimitado e inmediato y se desentiende del futuro. Pero ¿cuál puede ser, presumiblemente, ese futuro? Negar la posibilidad de mejorar y, por lo tanto, el progreso, sería por mi parte una ligereza; condenarlo, una necedad.
Esta tendencia arrolladora del progreso se manifiesta en todos los terrenos.
Con el dinero –y, tal vez, incubada en él– hay, a mi entender, otra nota diferenciadora del progreso moderno: el deseo de sobresalir o, lo que viene a ser lo mismo, la ambición de poder. En este punto, la analogía del hombre con las aves en la llamada por los biólogos «jerarquía del picoteo» es patente. La aspiración de todo hombre es elevar su rango, anteponerse, no tanto acrecentando su cultura y sus facultades como amedrentando a su adversario o debilitándolo. La técnica se convierte así, no ya en una posibilidad de dinero, sino –lo que es más grave– en una posibilidad de dominación.

La avidez de poder, a nivel internacional, desata aún mayores riesgos. La vieja carrera de armamentos ha cambiado de signo. Hoy, como he dicho, no es más fuerte quien más armas tiene sino quien las tiene mejores. El objetivo de los pueblos en competencia es acertar con un arma lo suficientemente eficaz como para resolver un conflicto en pocos minutos, aun poniendo en peligro la vida sobre el planeta. Tal arma está ya a disposición de seis o siete potencias, y el resto de los países se limitan a procurar conseguirla o a observar, aterrados, los tira y afloja del juego político internacional, a conciencia de que un gesto mal interpretado o un simple error puede desencadenar la catástrofe.
El papelprensa, tal vez el símbolo más expresivo de nuestra cultura. No hay papel. El papel se acaba. En estos días, los rotativos más importantes del globo reducen drásticamente el número de páginas. Las fábricas, empero, trabajan a tope, pero la demanda desborda la producción.

Mis personajes hablan poco, es cierto, son más contemplativos que locuaces, pero antes que como recurso para conservar su individualismo, como dice Buckley, es por escepticismo, porque han comprendido que a fuerza de degradar el lenguaje lo hemos inutilizado para entendernos. De ahí que el Ratero se exprese por monosílabos; Menchu, en un monólogo interminable, absolutamente vacío; y Jacinto San José trate de inventar un idioma que lo eleve sobre la mediocridad circundante y evite su aislamiento. Mis personajes no son, pues, asociales, insociables ni insolidarios, sino solitarios a su pesar. Ellos declinan un progreso mecanizado y frío, es cierto, pero, simultáneamente, este progreso los rechaza a ellos, porque un progreso competitivo, donde impera la ley del más fuerte, dejará ineluctablemente en la cuneta a los viejos, los analfabetos, los tarados y los débiles. Y aunque un día llegue a ofrecerles un poco de piedad organizada, una ayuda –no ya en cuanto semejantes sino en cuanto perturbadores de su plácida digestión–, siempre estará ausente de ella el calor.
Si la aventura del progreso, tal como hasta el día la hemos entendido, ha de traducirse inexorablemente en un aumento de la violencia y la incomunicación, de la autocracia y la desconfianza, de la injusticia y la prostitución de la naturaleza, del sentimiento competitivo y del refinamiento de la tortura, de la explotación del hombre por el hombre y la exaltación del dinero, en ese caso, yo, gritaría ahora mismo, con el protagonista de una conocida canción americana:
«¡Que paren la Tierra, quiero apearme!».

La catástrofe de Doñana
Con frecuencia he advertido que los visitantes del coto de Doñana salen defraudados. El visitante, evidentemente, espera otra cosa. En rigor, lo que el visitante de Doñana espera del coto, por regla general, es un parque zoológico bien montado, cuando nada hay más lejos del espíritu que guió a la constitución del coto que un zoo. El zoo viene a ser una vitrina del mundo animal y, por consiguiente, el puro artificio, la absoluta negación de la naturaleza y la libertad, mientras que Doñana no es sino un rincón del mundo donde el hombre, deliberadamente, se ha vedado toda participación. Las cosas pasan allí sin que el hombre las provoque, esto es, sin su intervención. Doñana es una muestra de lo que podría ser el mundo sin el hombre, mejor dicho, sin que el hombre imperase en él.
La naturaleza es un profundo misterio. Y ante este misterio, millares de hombres en el mundo se sienten fascinados.
Doñana es una reserva natural donde el hombre tiene su sitio, que no es ciertamente el de mamífero dominante, sino un eslabón más en la cadena ecológica. El coto de Doñana es un islote al que apenas perturbaban hasta hoy el número creciente de visitantes y el trepidar de los motores –tractores, jeeps– por los caminos.
Ahora a Doñana trata de ponerle cerco el progreso (?). Es una paradoja inadmisible que una urbanización y una autopista aspiren a cortar la salida natural de la reserva al mar y, aún más, que aquélla organice su propaganda sobre la base del medio natural en que va a ser asentada.
Quiero decir que a Doñana ha llegado el veneno de los pesticidas, no se sabe si por el aire o por el Guadalquivir, y ha liquidado en ocho o diez semanas treinta o cuarenta mil patos y aves de marisma y una cifra indeterminada de fauna subacuática, entre otras especies las anguilas, tan codiciadas en esta zona.
Con el correr de los días, la catástrofe ecológica de Doñana brinda perfiles más inquietantes. Al parecer, varios perros que han ingerido aves contaminadas han muerto.
En la estación ecológica de Doñana se hablaba estos días de la muerte de una piara de cerdos el 2 de septiembre, cuatro días después de que una avioneta sobrevolara la marisma fumigando algo. Incluso se cuenta –no he podido confirmarlo– que el porquero sufre quemaduras y otro marismeño está hospitalizado. El veneno vertido en los arrozales que lindan con el coto por un brazo del Guadalquivir es, a lo que se ve, de una terrible virulencia. Basta echar un vistazo a la literatura que acompaña a las latas halladas en la marisma para echarse a temblar. Y no hablo de la composición –triclorofenoxil y ácido de éter de butilflicol–.
El «prohibido jugar con fuego» de nuestros padres ha pasado en pocos años a ser una broma ingenua. El fuego es algo conocido, limitado, visible y hasta controlable. Lo arriesgado en nuestros días es jugar con la química, soltar, aquí o allá, en campos cultivados o yermos, pesticidas clorados, organofosfatos o isótopos radiactivos; hablando en plata, veneno. Porque esto de la contaminación –que los españoles asumimos con humor improcedente y ciertas dosis de reticencia– es no sólo un hecho, sino un hecho muy grave, tal vez el más grave con que hoy se enfrenta la humanidad. En este sentido, veo lo único positivo que deriva del desastre de Doñana: la sensibilización de la masa; el hecho de haber abierto brecha en el escepticismo popular para hacer ver a las gentes que todo eso del equilibrio ecológico y la necesidad de preservarlo no es un problema de especialistas ni un fruto de la «histeria» de algunos periódicos. La contaminación está ahí y, en una u otra forma, nos amenaza a todos.
Resulta incongruente que en una legislación como la nuestra, tan extremadamente dura para los delitos contra la propiedad personal, los delitos contra la naturaleza, propiedad de todos, queden impunes. La química y la técnica moderna imponen la actualización de nuestros códigos y nuestras leyes. Respecto al segundo extremo, la duración de los efectos del veneno vertido en Doñana, poco cabe decir.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/08/18/la-hoja-roja-miguel-delibes-red-sheet-by-miguel-delibes/

https://weedjee.wordpress.com/2020/08/20/el-hereje-miguel-delibes-the-heretic-a-novel-of-the-inquisition-by-miguel-delibes/

https://weedjee.wordpress.com/2020/09/13/las-ratas-miguel-delibes-les-rats-by-miguel-delibes/

https://weedjee.wordpress.com/2020/05/18/delibes-en-bicicleta-jesus-marchamalo-antonio-santos-ilustrador-delibes-riding-a-bicycle-by-jesus-marchamalo-antonio-santos-illustrator-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/05/10/la-naturaleza-amenazada-miguel-delibes-threatened-nature-by-miguel-delibes-spanish-book-edition/

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Reading Delibes work’s always a pleasure and in this short book he tells us about the dangers between modern man and nature. As always, reading it’s highly recommended.

Speech read at the Royal Spanish Academy on May 25, 1975.

Academic gentlemen:
I want to start by noting that despite this tailcoat or, perhaps it would be better to say, given my little fondness for these outfits, this costume, I consider myself humanly and literarily very little academic, at least in the traditional sense of this term. My literatures, lacking in so many aspects, are not exactly admirable for their grammatical rigor and I know …
I must admit that the choice of topic for my admission speech at this institution has not been easy for me. The literary nature of it pushed me, almost fatally, in this sense. But how can I get into literature before an audience so competent in this matter?
The conquests and such obstacles, of which hardly any hints are noticed in the better organized countries, would give human life a different meaning and would enlighten a stable society, where the economy was not the axis of our efforts and preference was given to others. specifically human values.
This, academics, is perhaps what I vaguely intuited when writing my novel El camino in 1949 when Daniel, my little hero, resisted integrating himself into a depersonalizing society, supposedly progressive, but, deep down, ridiculously mean. And this intuition, academic gentlemen, whose principles, authentically revolutionary, have just been formulated by a respectable establishment of humanist scholars.
The man, lulled in his comfort, hardly cares about the surroundings. The attitude of contemporary man is similar to that of those crew members of a ship who, tired of the narrowness and discomfort of their cabins, decided to use the ship’s frames to enlarge them and furnish them sumptuously.
The man, obsessed by a dominating passion, pursues personal, unlimited and immediate benefit and ignores the future. But what could that future be, presumably? To deny the possibility of improvement and, therefore, progress, would be a lightness on my part; condemn it, foolish.
This overwhelming trend of progress is manifested in all areas.
With money – and, perhaps, incubated in it – there is, in my opinion, another differentiating note of modern progress: the desire to excel or, what amounts to the same thing, the ambition for power. At this point, the analogy of man with birds in what biologists call the “pecking hierarchy” is clear. The aspiration of every man is to elevate his rank, to take precedence, not so much by increasing his culture and his faculties as by intimidating his adversary or weakening him. Technique thus becomes, no longer a possibility of money, but – what is more serious – a possibility of domination.

The lust for power, internationally, unleashes even greater risks. The old arms race has changed its sign. Today, as I have said, it is not stronger who has more weapons but who has better weapons. The objective of the competing peoples is to hit a weapon effective enough to resolve a conflict in a few minutes, even putting life on the planet in danger. Such a weapon is already at the disposal of six or seven powers, and the rest of the countries limit themselves to trying to obtain it or to observe, terrified, the tug of war in the international political game, aware that a misinterpreted gesture or a simple mistake can unleash the catastrophe.
The paper press, perhaps the most expressive symbol of our culture. There is no paper. The paper runs out. These days, the most important newspapers in the world drastically reduce the number of pages. The factories, however, work at their best, but the demand exceeds the production.

My characters speak little, it is true, they are more contemplative than loquacious, but rather than as a resource to preserve their individualism, as Buckley says, it is out of skepticism, because they have understood that by dint of degrading language we have made it useless to understand each other. Hence, the Pickpocket is expressed by monosyllables; Menchu, in an endless monologue, absolutely empty; and Jacinto San José tries to invent a language that elevates him above the surrounding mediocrity and avoids his isolation. My characters are therefore not asocial, unsociable or unsupportive, but lonely despite themselves. They decline a cold and mechanized progress, it is true, but, simultaneously, this progress rejects them, because competitive progress, where the law of the strongest rules, will inevitably leave the old, the illiterate, the morons and the the weaks. And even if one day she comes to offer them a bit of organized piety, a help – not as peers but as disturbers of their placid digestion – the heat will always be absent from her.
If the adventure of progress, as we have understood it to date, is to be inexorably translated into an increase in violence and isolation, autocracy and mistrust, injustice and prostitution of nature, competitive sentiment and of the refinement of torture, of the exploitation of man by man and the exaltation of money, in that case, I would shout right now, with the protagonist of a well-known American song:
“Stop the Earth, I want to get off!”

The catastrophe of Doñana (National Park)
I have often noticed that visitors to the Doñana preserve are disappointed. The visitor obviously expects something else. Strictly speaking, what the visitor to Doñana expects from the preserve, as a rule, is a well-assembled zoological park, when there is nothing further from the spirit that guided the constitution of the preserve than a zoo. The zoo becomes a showcase of the animal world and, therefore, the pure artifice, the absolute negation of nature and freedom, while Doñana is but a corner of the world where man has deliberately forbidden any participation . Things happen there without man causing them, that is, without his intervention. Doñana is a sample of what the world could be without man, or rather, without man reigning in it.
Nature is a deep mystery. And before this mystery, thousands of men in the world are fascinated.
Doñana is a natural reserve where man has his place, which is certainly not that of a dominant mammal, but one more link in the ecological chain. The Doñana preserve is an island that was hardly disturbed until today by the increasing number of visitors and the trembling of the engines – tractors, jeeps – on the roads.
Now Doñana is trying to block progress (?). It is an inadmissible paradox that an urbanization and a highway aspire to cut off the natural exit of the reserve to the sea and, even more, that it organizes its propaganda on the basis of the natural environment in which it is to be settled.
I mean that the poison of pesticides has reached Doñana, it is not known if through the air or through the Guadalquivir, and in eight or ten weeks it has killed thirty or forty thousand ducks and marsh birds and an indeterminate number of underwater fauna, among other species eels, so coveted in this area.
As days go by, the ecological catastrophe of Doñana provides more disturbing profiles. Apparently, several dogs that have ingested contaminated birds have died.
At the Doñana ecological station there was talk these days of the death of a herd of pigs on September 2, four days after a small plane flew over the marsh fumigating something. It is even said – I have not been able to confirm it – that the swineherd suffers burns and another Marismeño is hospitalized. The poison spilled in the rice fields that border the preserve by an arm of the Guadalquivir is, from what you see, of a terrible virulence. Just take a look at the literature that accompanies the cans found in the marsh to start shivering. And I’m not talking about the composition – trichlorophenoxyl and butyl glycol ether acid.
Our parents’ “forbidden to play with fire” has in a few years become a naive joke. Fire is something known, limited, visible, and even controllable. The risky thing nowadays is to play with chemistry, to drop, here or there, in cultivated or barren fields, chlorinated pesticides, organophosphates or radioactive isotopes; speaking in silver, poison. Because this pollution – which we Spaniards assume with inappropriate humor and a certain amount of reluctance – is not only a fact, but a very serious fact, perhaps the most serious that humanity faces today. In this sense, I see the only positive thing that derives from the Doñana disaster: the mass awareness; the fact of having opened a gap in popular skepticism to make people see that all this ecological balance and the need to preserve it is not a problem for specialists or a fruit of the “hysteria” of some newspapers. The pollution is there and, in one way or another, threatens us all.
It is incongruous that in legislation like ours, so extremely harsh for crimes against personal property, crimes against nature, owned by everyone, go unpunished. Modern chemistry and technique dictate the updating of our codes and our laws. Regarding the second extreme, the duration of the effects of the poison spilled in Doñana, little can be said.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/08/18/la-hoja-roja-miguel-delibes-red-sheet-by-miguel-delibes/

https://weedjee.wordpress.com/2020/08/20/el-hereje-miguel-delibes-the-heretic-a-novel-of-the-inquisition-by-miguel-delibes/

https://weedjee.wordpress.com/2020/09/13/las-ratas-miguel-delibes-les-rats-by-miguel-delibes/

https://weedjee.wordpress.com/2020/05/18/delibes-en-bicicleta-jesus-marchamalo-antonio-santos-ilustrador-delibes-riding-a-bicycle-by-jesus-marchamalo-antonio-santos-illustrator-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/05/10/la-naturaleza-amenazada-miguel-delibes-threatened-nature-by-miguel-delibes-spanish-book-edition/

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