La Esperanza De Pandora: Un Viaje A Través De La Ciencia E Historia De Los Antibióticos — Raúl Álvarez San Martín, Jimena Ramírez De Aguilar Frías / Pandora’s Hope: A Journey Through The Science And History Of Antibiotics by Raúl Álvarez San Martín, Jimena Ramírez De Aguilar Frías (spanish book edition)

Un interesante libro didáctico, tambien tiene alguna sección que para lectores como yo es técnica y menos interesante pero me parece una buena lectura para acercarnos a este mundo que esta de actualidad con la palabra de moda del 2020 como es la pandemia. Sin duda recomiendo este libro de los autores mexicanos.

Previo al descubrimiento del microscopio, las teorías sobre el origen de las enfermedades eran atribuidas al castigo divino; a la obra de espíritus malignos; a las emanaciones fétidas de aguas o suelos contaminados (teoría miasmática); a las fuentes de contagio común, como objetos inanimados (ropa de enfermos, muertos o cadáveres putrefactos); a los seres vivos, como los animales domésticos y salvajes; o bien a la exposición o contacto con personas enfermas que emigraban por las rutas comerciales.
Diversas enfermedades causadas por bacterias como la peste (peste bubónica), el ántrax, la tifoidea, la sífilis, la difteria, el cólera, el tifus, la tuberculosis, o bien aquellas propias de virus, como la viruela y el dengue e incluso la de parásitos como la malaria o el paludismo, habían azotado a la población mundial a través de las rutas comerciales por el intercambio de animales y asentamientos de enfermos, por la migración de soldados en las guerras y por la exposición de las poblaciones sin defensas inmunes ante nuevos agentes infecciosos (p. ej., la viruela y el descubrimiento de América). Los contagios se difundieron rápido, matando a las poblaciones de diferentes partes del mundo.

Regresando a la concepción de lo que es contagio, no apareció por primera vez sino hasta el año de 1546, con el trabajo titulado De contagione et contagiosis morbis et curatione publicado por un médico veronés llamado Girolamo Francastoro (1484-1553), sobre la sífilis y las «semillas» de la enfermedad.
Sin la capacidad de poder observar microorganismos a través del microscopio en la Edad Media, las ideas de contagio se comenzaban a sustentar en las observaciones hechas durante las pandemias (peste), lo que permitía pensar solo en dos vías de transmisión posibles: por contacto directo (con un enfermo, un cadáver, ropas u objetos propiedad del enfermo supuestamente contaminados), o bien por diseminación a través del aire (vientos corruptos, vapores venenosos o humos pútridos). Estos conceptos fueron apoyados en el trabajo de Francastoro.
Los continuos enfrentamientos con la peste hacia los siglos XVII y XVIII en diversas partes de Europa hicieron que se concibieran dos nuevas teorías sobre su propagación; la primera fue la llamada «teoría del reservorio», que sustentaba la idea de la persistencia de la enfermedad propagándose a través de bolsillos o «reservorios» desde las zonas rurales hacia las zonas urbanas a través del contacto interregional o internacional; y la segunda, conocida como «la teoría del comercio», que sustentaba el retroceso o la salida de la peste de Europa desde el siglo XIV y su reintroducción por contacto comercial continuo con el Oriente cercano después del año 1500 d. C.

La descripción de su vestimenta y la burla a la que eran sometidos estos médicos las podemos encontrar en un poema popular anónimo del siglo XVII.

As may be seen on picture here,
in Rome the doctors do appear,
when to their patients they are called,
in places by the plague appalled,
their hats and cloaks, of fashion new,
are made of oilcloth, dark of hue,
their caps with glasses are designed,
their bills with antidotes all lined,
that foulsome air may do no harm,
nor cause the doctor man alarm,
the staff in hand must serve to show
their noble trade where’er they go.

Como puede en la imagen aquí emerger,
en Roma los doctores se dejan ver,
cuando a sus pacientes son llamados,
en lugares por plaga horrorizados,
sus sombreros y capas, de nueva boga,
están hechos de hule, de oscura toga,
sus gorras con lentes están diseñadas,
sus cuentas con antídotos están alineadas,
ese aire arruinado no puede lastimar,
tampoco alarma en el doctor causar,
el bastón en mano sirve para mostrar,
su noble oficio dondequiera él estar.

Como se expuso, el trabajo de estos médicos no solo era peligroso y arriesgado, sino también molesto, ya que eran mantenidos en cuarentena por el tiempo que durara la epidemia. Aquellos que aplicaban para una plaza de médico de la peste eran, generalmente, considerados como médicos de segunda o que no habían tenido mucho éxito en su práctica médica, o bien se sabía que eran jóvenes inexpertos o extranjeros que deseaban buscar un lugar en el mundo competitivo de la medicina y obtener ciertos beneficios económicos para subsistir y mantener sus estudios.

A mediados del siglo XIX surgieron por toda Europa lugares para el descanso, tratamiento y recuperación de los enfermos de tuberculosis. Esto se basaba en rutinas que incluían dietas especiales, abundantes y nutritivas, actividades específicas de ejercicio, baños de sol, alojamiento en zonas de aire puro como en las montañas, en ambientes de tranquilidad rodeados de bosques, con dos horas diarias de descanso obligatorio (generalmente, entre las 2:00 p. m. y las 4:00 p. m.), así como el aislamiento del paciente de la comunidad, tratamientos supervisados por médicos y concentración de los enfermos en edificios llamados sanatorios.
Aunque existían los llamados «centros de excelencia» para el tratamiento de la tuberculosis en Europa, no seguían la misma rutina de tratamiento implementada en los sanatorios. Dichos centros estaban situados en ciudades como París, Viena, Berlín y Londres, basando su terapéutica en la cauterización, la creación de ampollas y aplicación de lancetas, mientras que la miseria generalizada del paciente era incrementada por el uso libre de purgas, eméticos y dietas cercanas a la inanición, además de fomentar el aislamiento del aire fresco, siendo frecuentemente confinados los enfermos por largas horas en sus habitaciones.

Anton van Leeuwenhoek (1632-1723) fue un naturalista autodidacta holandés que nació en Delft, Holanda, y que comenzó a trabajar con un pañero de Ámsterdam en 1648. Durante su juventud pasó su tiempo como empleado de una tienda de telas para construir su propio negocio a los 21 años. A partir de las lentes que utilizaban los tejedores para observar la calidad de los tejidos, van Leeuwenhoek inició sus observaciones en 1671, contando con 39 años de edad. Al principio, la actividad de pulir lentes la aprendió de los fabricantes de gafas de Delft como un pasatiempo, para llegar a sofisticarse y perfeccionarse cada vez más, hasta que construyó sus sencillos microscopios (de una lente), compuestos por lentes que él mismo pulía. Leeuwenhoek así llegó a elaborar alrededor de 550 lentes en su vida. Estos lentes lo adentraron en la observación de la naturaleza microscópica a partir de 1666.
Hacia la mitad del siglo XVII, los microscopios se volvieron más complejos (compuestos) y fueron utilizados como material de investigación gracias a los conocimientos y contribuciones realizadas en otros trabajos previos a los de van Leeuwenhoek, alrededor del año 1600. Entre estos se encuentran, por ejemplo, el de Galileo Galilei, con su microscopio de dos lentes (una convexa y otra cóncava) llamado occhiolino, en 1610; el de los holandeses Zacarías Janssen (1589-1638) y su padre, que diseñaron el microscopio compuesto (dos lentes o más) en 1590; el de Cornelius Jacobszoon Drebbel (1572-1633), por la invención del microscopio de lentes convexas en 1621, y el del inglés Robert Hooke (1635-1703), por sus hallazgos en microscopía.
Existen varios hechos relacionados con el desarrollo de la bacteriología como la conocemos hoy en día y que contribuyeron de manera importante para sus posteriores descubrimientos a partir del siglo XIX. Probablemente, los primeros intentos exitosos de cultivo de microorganismos en el laboratorio fueron realizados en 1872 por Ferdinand Julius Cohn (1828-1898), con la clasificación de las bacterias por su forma, y en 1875 de manera separada por Joseph Schröter (1837-1894) y Julius Oscar Brefeld (1839-1925), impulsando, principalmente, el desarrollo de la micología y la botánica. En 1873 Joseph Lister (1827-1912) logró aislar por primera vez un microorganismo puro de un medio de cultivo líquido, y lo llamó Lactococcus lactis, que después sería conocido como Streptococcus lactis. Pero no fue sino hasta que Robert Koch publicó sus técnicas de cultivo en 1881 que se difundieron las prácticas de laboratorio muy parecidas a como las conocemos hoy día. Gracias a la habilidad de Louis Pasteur y Robert Koch para obtener cepas puras de microorganismos en sus laboratorios, se realizaron grandes contribuciones a la teoría de la enfermedad causada por gérmenes.

(Sífilis) Antes de los antibióticos, la enfermedad contaba con tres etapas bien delimitadas por el tiempo de su evolución, donde la primera se compone de manifestaciones en el área genital; la segunda etapa ocurre después de semanas de evolucionado el cuadro, causando exantema y pápulas en la boca, nariz y garganta, acompañada de la pérdida progresiva de cabello; y finalmente, la tercera etapa, después de tres a cinco años con la enfermedad, ocurre una afectación sistémica caracterizada por la aparición de granulomas hepáticos y renales, y ya en fases avanzadas, se presentan lesiones neurológicas, causando parálisis y estados mentales alterados con un desenlace fatal.
Se sabe que esta enfermedad afectó a diversos compositores como Nicolai Paganini (1782-1840), Gaetano D. M. Donizetti (1797-1848), Franz Schubert (1797-1828), Mikhail J. Glinka (1804-1857), Robert. A. Schumann (1810-1856) y Bedrich Smetana (1824-1884), por mencionar algunos con diferentes grados o estadios de la enfermedad.
Después de las guerras de Napoleón, el orden económico de Europa cambió de manera radical, afectando a los músicos. Estos, en lugar de estar al servicio de las Cortes, se encontraban ganándose la vida de acuerdo a sus interpretaciones en público, sus enseñanzas privadas, la composición por encargo o la creación de la música para su publicación. Esto dio origen a un nuevo panorama para la especialización de los músicos, como es el caso de Paganini.
La popular reputación musical de Paganini residió en su técnica fenomenal como violinista, acompañado, según sus conocedores y su legado, por sus habilidades para dominar las grandes audiencias, dejándolas estupefactas por sus asombrosas ejecuciones sonoras llenas de virtuosismo y técnica.

Los antibióticos con base en su mecanismo de acción se pueden dividir en varias familias, que incluyen a su vez diversos grupos químicos:

•Inhibidores de la síntesis de pared celular:
Penicilinas, cefalosporinas, vancomicina, carbapenemes, monobactames y bacitracina
•Inhibidores de la síntesis de proteínas:
Aminoglucósidos
•Bacteriostáticos inhibidores de la síntesis de proteínas:
Cloramfenicol, macrólidos, clindamicina, estreptomicina (aminoglucósido), tetraciclinas, estreptograminas y oxazolidinonas
•Antimetabolitos:
Sulfonamidas y trimetoprim
•Modificadores de la permeabilidad celular:
Polimixina B, colistina y lipopéptidos
•Antisépticos:
Nitrofurantoína y metenamina
•Inhibidores de la síntesis del ADN:
Fluoroquinolonas
•Inhibidores de las betalactamasas:
Ácido clavulánico
•Fármacos que actúan contra las micobacterias:
Isoniacida, rifampicina, etambutol, estreptomicina, pirazinamida.

1) la molécula provoca una respuesta celular que se extiende más allá de los cambios fisiológicos requeridos para metabolizar o desintoxicar la molécula,
2) la molécula es acumulada a nivel extracelular y reconocida por un receptor específico,
3) su producción ocurre durante etapas específicas del crecimiento 4) bajo condiciones fisiológicas específicas, su acumulación genera una respuesta concertada, una vez que un umbral crítico de concentración ha sido alcanzado.
Aunque los antibióticos no cumplen de manera convencional estos criterios, sí pueden funcionar como moléculas de señalización, a través del fenómeno de hormesis, y además, interactúan con otras moléculas pequeñas llamadas microcinas o bacteriocinas, con papeles inhibitorios de actividades celulares, que aunque no se consideran antibióticos, sí pueden funcionar como tales inhibiendo a través de la antibiosis de manera potente el crecimiento de otras, sin llegar a la destrucción o daño ambiental (ecocidio) microbiológico (p. ej., regulando la flora intestinal). Las microcinas aún están en investigación y no se utilizan como antibióticos, ya que exhiben una alta influencia por el fenómeno de hormesis.

El progreso de la ciencia y la tecnología a través de los años ha permitido florecer la ciencia médica alópata en diversos países, caso en el que México no ha sido la excepción. Sin embargo, esta evolución ha tenido que rivalizar con la medicina tradicional, muy arraigada en nuestra cultura, principalmente, la indígena, en el ambiente rural. Y menciono rivalidad y no convivencia debido a que no ha estado exenta de descalificaciones y presa fácil de charlatanes que se lucran, basados en el dogma, pobreza e ignorancia de las personas.
Durante el siglo XIX y principios del XX, hasta el advenimiento de los antibióticos en la década de los sesenta, en México se realizaron diversos estudios por especialistas nacionales e internacionales sobre la abundante flora mexicana, dejando a un lado, en ocasiones, sus diversos usos terapéuticos dentro de las culturas indígenas, debido tal vez a que los fármacos de origen sintético y semisintético comprobaron ser una solución eficaz, sencilla y oportuna para una gran cantidad de padecimientos, sobre todo infecciosos.
Se obligó a las poblaciones indígenas a organizarse y mantener sus tradiciones en herbolaria desde la época prehispánica de manera empírica, transmitiéndose de generación en generación de manera verbal, incluso en sus propios idiomas, excluyendo el español.
Actualmente, el mercado de medicamentos (incluidos antibióticos) está cubierto por cerca de 200 empresas a nivel nacional, con un costo de 14 000 millones de dólares por año, divididos en un 71%, aproximadamente (10 000 millones de USD), para las compras realizadas por el paciente al sector privado, y el mercado público con un 29% (4 000 millones USD), correspondiente a las compras realizadas por la Seguridad Social y el programa del seguro popular para las poblaciones de derechohabientes y socialmente vulnerables.

Las enfermedades infecciosas han jugado un papel crítico dentro de la historia de la humanidad, debido a sus características impredecibles y sus efectos potencialmente agresivos radicados en su transmisibilidad, su etiología única, su latencia en especies animales que conviven con nosotros, su evolución en nuestro nicho biológico y su relación con el comportamiento humano. Los testimonios más devastadores han sido como lo mencionamos, algunas epidemias y pandemias causadas por bacterias, como las plagas de peste, la tuberculosis, el cólera, la sífilis, entre otras. Para nuestros contemporáneos, nada más basta hacer un recuento de las enfermedades emergentes (nuevas), a las que como estudiantes de Medicina teníamos que hacer frente, o bien como población escuchar en los medios masivos de comunicación, sin descartar también las de origen viral mutante o de agentes infecciosos nuevos a finales del siglo XX y principios del XXI.
Entre estos podemos nombrar la pandemia del virus de la poliomielitis (ya eliminada del mundo occidental); la viruela (hoy eliminada); la fiebre amarilla o malaria (Plasmodium falciparum); el Virus de la Inmunodeficiencia Humana/Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH/SIDA)…
El comportamiento de las ventas de antibióticos en el mercado de medicamentos no siempre es al alza, debido a que con el advenimiento de los medicamentos genéricos los precios han disminuido. Los antibióticos aportan alrededor de dos tercios de las ventas mundiales de medicamentos antimicrobianos, incluyendo los antivirales, antimicóticos y antiparasitarios.
A finales del siglo XX y principios del presente, se mantuvo su venta con un crecimiento constante del 10% anual, representando cerca de 25 mil y 45 mil millones de dólares al año. Este comportamiento no fue uniforme para todos los antibacterianos, manteniéndose en crecimiento para el consumo de las fluoroquinolonas, carbapenemes y los nuevos agentes, mientras que para las penicilinas y las cefalosporinas se proyectó su constante o incluso su disminución en los próximos años, reflejando también la resistencia creciente de las bacterias a estos últimos compuestos.
Los costos de las investigaciones de los antibióticos son altos; en Europa se concentran, en general, en la fase II y fase III de los ensayos clínicos, estimándose en alrededor de 500 a 800 millones de euros, para ser completados en cuatro a seis años, después de la primera administración en humanos. Además, los organismos científicos y médicos reguladores del uso de los antibióticos en el campo clínico, en cada país o comunidad (p. ej., europea), exigen que se expandan los estudios en fase III, con el fin de documentar mejor y de manera más segura los tratamientos y posibles efectos secundarios.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre los factores que aceleran el proceso de resistencia a los antibióticos destacan no solo el mal uso y el uso abusivo de estos fármacos, sino también las deficiencias en materia de prevención y control de infecciones, por lo que se pueden adoptar medidas en todos los niveles de la sociedad para reducir el impacto de este fenómeno y limitar su propagación. En caso contrario, si no se toman medidas urgentes, el mundo está abocado a una era postantibióticos en la que muchas infecciones comunes y lesiones menores volverán a ser potencialmente mortales.
Como se puede apreciar, sin duda, en la batalla contra las bacterias resistentes aún no se tiene la última palabra o tecnología, que en los próximos años podremos ver en el mercado farmacéutico; sin embargo, el acceso a estos tendrá el límite de la aprobación en parámetros de su seguridad terapéutica, su efectividad clínica y, por supuesto, su costo, principales barreras para lograr lo que la ONU mencionó como concepto de salud global o «una sola salud».

Las armas biológicas, además de ser una aberración, siempre han formado parte de los demonios de una caja de Pandora que, combinada con la arrogancia y locura humanas por tratar de controlar a las bestias microscópicas, son una combinación fatal. Ya sea para defender una idea religiosa, extremista, racista, populista, genocida, pseudocientífica, bélica o política, nos topamos con el punto de origen en común de la destrucción, además de que los microorganismos como arma no tienen honor o palabra; son incontrolables, impredecibles, casi perpetuos, devastadores, implacables. La guerra y el terrorismo biológico son un aspecto humano aberrante, donde jamás encontraremos consuelo, paz, beneficio, ganadores o satisfacción, solo autodestrucción, sin final feliz de película hollywoodense.

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An interesting didactic book, it also has a section that for readers like me is technical and less interesting but I think it is a good read to get closer to this world that is current with the 2020 buzzword such as the pandemic. I definitely recommend this book by Mexican authors.

Prior to the discovery of the microscope, theories about the origin of diseases were attributed to divine punishment; to the work of evil spirits; to fetid emanations from contaminated water or soil (miasmatic theory); to the sources of common contagion, such as inanimate objects (clothing of the sick, the dead, or rotten corpses); to living beings, such as domestic and wild animals; or to exposure or contact with sick people who migrated through trade routes.
Various diseases caused by bacteria such as plague (bubonic plague), anthrax, typhoid, syphilis, diphtheria, cholera, typhus, tuberculosis, or those of viruses, such as smallpox and dengue and even of parasites such as malaria or malaria, had hit the world population through trade routes by the exchange of animals and settlements of the sick, by the migration of soldiers in wars and by the exposure of populations without immune defenses to new infectious agents (eg, smallpox and the discovery of America). The contagions spread rapidly, killing populations in different parts of the world.

Returning to the conception of what is contagion, it did not appear for the first time until the year 1546, with the work entitled De contagione et contagiosis morbis et curatione published by a Veronese doctor named Girolamo Francastoro (1484-1553), on syphilis and the «seeds» of disease.
Without the ability to observe microorganisms through the microscope in the Middle Ages, the ideas of contagion began to be supported by observations made during pandemics (plague), which allowed us to think of only two possible routes of transmission: by direct contact (with a sick person, a corpse, clothes or objects owned by the sick person supposedly contaminated), or by dissemination through the air (corrupt winds, poisonous vapors or putrid fumes). These concepts were supported in the work of Francastoro.
The continuous confrontations with the plague towards the seventeenth and eighteenth centuries in various parts of Europe led to two new theories about its spread; The first was the so-called «reservoir theory», which supported the idea of the persistence of the disease spreading through pockets or «reservoirs» from rural areas to urban areas through interregional or international contact; and the second, known as «the theory of trade», which supported the regression or departure of the plague from Europe from the 14th century and its reintroduction by continuous commercial contact with the Near East after 1500 AD. C.

The description of their clothing and the mockery to which these doctors were subjected can be found in an anonymous popular poem from the 17th century.

As may be seen on picture here,
in Rome the doctors do appear,
when to their patients they are called,
in places by the plague appalled,
their hats and cloaks, of fashion new,
are made of oilcloth, dark of hue,
their caps with glasses are designed,
their bills with antidotes all lined,
that foulsome air may do no harm,
nor cause the doctor man alarm,
the staff in hand must serve to show
their noble trade where’er they go.

As stated, the work of these doctors was not only dangerous and risky, but also annoying, since they were kept in quarantine for the duration of the epidemic. Those who applied for a plague doctor position were generally regarded as second-rate doctors or who had not been very successful in their medical practice, or were known to be inexperienced young people or foreigners who wanted to seek a place in the world competitive medicine and obtain certain economic benefits to survive and maintain their studies.

In the mid-19th century, places for the rest, treatment and recovery of tuberculosis patients emerged throughout Europe. This was based on routines that included special, abundant and nutritious diets, specific exercise activities, sun baths, accommodation in areas of pure air such as in the mountains, in quiet environments surrounded by forests, with two hours of mandatory rest per day ( generally, between 2:00 pm and 4:00 pm), as well as the isolation of the patient from the community, treatments supervised by doctors and concentration of the sick in buildings called sanatoriums.
Although there were so-called «centers of excellence» for tuberculosis treatment in Europe, they did not follow the same treatment routine implemented in sanatoriums. These centers were located in cities such as Paris, Vienna, Berlin and London, basing their therapy on cauterization, the creation of ampoules and the application of lancets, while the generalized misery of the patient was increased by the free use of purges, emetics and diets. close to starvation, in addition to promoting isolation from fresh air, the sick being frequently confined for long hours in their rooms.

Anton van Leeuwenhoek (1632-1723) was a Dutch self-taught naturalist who was born in Delft, Holland, and who began working with a draper from Amsterdam in 1648. During his youth he spent his time as a clerk in a cloth store to build his own business at 21. From the lenses that weavers used to observe the quality of the fabrics, van Leeuwenhoek began his observations in 1671, when he was 39 years old. At first, the activity of polishing lenses was learned from the Delft glasses manufacturers as a hobby, to become more and more sophisticated and refined, until he built his simple (one-lens) microscopes, made up of lenses that he himself polished. . Leeuwenhoek thus came to make around 550 lenses in his life. These lenses led him into the observation of microscopic nature from 1666.
Around the middle of the 17th century, microscopes became more complex (compound) and were used as research material thanks to the knowledge and contributions made in other works prior to those of van Leeuwenhoek, around the year 1600. Among these are, for example, that of Galileo Galilei, with his microscope with two lenses (one convex and the other concave) called occhiolino, in 1610; that of the Dutch Zacharias Janssen (1589-1638) and his father, who designed the compound microscope (two lenses or more) in 1590; that of Cornelius Jacobszoon Drebbel (1572-1633), for the invention of the convex lens microscope in 1621, and that of the Englishman Robert Hooke (1635-1703), for his findings in microscopy.
There are several facts related to the development of bacteriology as we know it today and that contributed significantly to its later discoveries from the 19th century on. Probably, the first successful attempts to culture microorganisms in the laboratory were made in 1872 by Ferdinand Julius Cohn (1828-1898), with the classification of bacteria by their shape, and in 1875 separately by Joseph Schröter (1837-1894 ) and Julius Oscar Brefeld (1839-1925), mainly promoting the development of mycology and botany. In 1873 Joseph Lister (1827-1912) succeeded in isolating for the first time a pure microorganism from a liquid culture medium, and named it Lactococcus lactis, which would later be known as Streptococcus lactis. But it wasn’t until Robert Koch published his culture techniques in 1881 that laboratory practices much like we know them today spread. Thanks to the ability of Louis Pasteur and Robert Koch to obtain pure strains of microorganisms in their laboratories, great contributions were made to the theory of disease caused by germs.

(Syphilis) Before antibiotics, the disease had three stages well defined by the time of its evolution, where the first is made up of manifestations in the genital area; the second stage occurs weeks after the condition has evolved, causing rash and papules in the mouth, nose and throat, accompanied by progressive hair loss; and finally, the third stage, after three to five years with the disease, a systemic affectation occurs characterized by the appearance of hepatic and renal granulomas, and already in advanced stages, neurological lesions appear, causing paralysis and altered mental states with a fatal outcome.
It is known that this disease affected various composers such as Nicolai Paganini (1782-1840), Gaetano D. M. Donizetti (1797-1848), Franz Schubert (1797-1828), Mikhail J. Glinka (1804-1857), Robert. A. Schumann (1810-1856) and Bedrich Smetana (1824-1884), to name a few with different degrees or stages of the disease.
After Napoleon’s wars, the economic order of Europe changed radically, affecting musicians. These, instead of being at the service of the Courts, found themselves making a living according to their public performances, their private teachings, commissioned composition or the creation of music for publication. This gave rise to a new panorama for the specialization of musicians, as is the case of Paganini.
Paganini’s popular musical reputation lay in his phenomenal technique as a violinist, accompanied, according to his connoisseurs and his legacy, by his abilities to dominate large audiences, astonishing them by his astonishing sonic performances full of virtuosity and technique.

Antibiotics based on their mechanism of action can be divided into several families, which in turn include various chemical groups:

• Inhibitors of cell wall synthesis:
Penicillins, cephalosporins, vancomycin, carbapenems, monobactams, and bacitracin
• Inhibitors of protein synthesis:
Aminoglycosides
• Bacteriostatic inhibitors of protein synthesis:
Chloramphenicol, macrolides, clindamycin, streptomycin (aminoglycoside), tetracyclines, streptogramins, and oxazolidinones
• Antimetabolites:
Sulfonamides and trimethoprim
• Modifiers of cell permeability:
Polymyxin B, colistin, and lipopeptides
• Antiseptics:
Nitrofurantoin and methenamine
• Inhibitors of DNA synthesis:
Fluoroquinolones
• Beta-lactamase inhibitors:
Clavulanic acid
• Drugs that act against mycobacteria:
Isoniazid, rifampin, ethambutol, streptomycin, pyrazinamide.

1) the molecule elicits a cellular response that extends beyond the physiological changes required to metabolize or detoxify the molecule,
2) the molecule is accumulated at the extracellular level and recognized by a specific receptor,
3) its production occurs during specific stages of growth 4) under specific physiological conditions, its accumulation generates a concerted response, once a critical concentration threshold has been reached.
Although antibiotics do not meet these criteria in a conventional way, they can function as signaling molecules, through the phenomenon of hormesis, and also interact with other small molecules called microcines or bacteriocins, with inhibitory roles of cellular activities, which although not considered antibiotics, they can function as such, potently inhibiting the growth of others through antibiosis, without causing destruction or microbiological environmental damage (ecocide) (eg, regulating intestinal flora). Microcines are still under investigation and are not used as antibiotics, since they are highly influenced by the hormesis phenomenon.

The progress of science and technology over the years has allowed allopathic medical science to flourish in various countries, in which case Mexico has not been the exception. However, this evolution has had to rival traditional medicine, deeply rooted in our culture, mainly the indigenous one, in the rural environment. And I mention rivalry and not coexistence because it has not been exempt from disqualifications and easy prey for charlatans who profit, based on dogma, poverty and ignorance of people.
During the nineteenth and early twentieth centuries, until the advent of antibiotics in the sixties, in Mexico various studies were carried out by national and international specialists on the abundant Mexican flora, leaving aside, on occasions, its various uses Therapeutics within indigenous cultures, perhaps due to the fact that drugs of synthetic and semi-synthetic origin have proven to be an effective, simple and timely solution for a large number of conditions, especially infectious.
Indigenous populations were forced to organize and maintain their herbal traditions since pre-Hispanic times in an empirical way, being transmitted from generation to generation verbally, even in their own languages, excluding Spanish.
Currently, the drug market (including antibiotics) is covered by about 200 companies nationwide, at a cost of $ 14 billion per year, divided into approximately 71% ($ 10 billion), for purchases made by the patient to the private sector, and the public market with 29% (4 billion USD), corresponding to purchases made by Social Security and the popular insurance program for the population of beneficiaries and socially vulnerable.

Infectious diseases have played a critical role in the history of humanity, due to their unpredictable characteristics and their potentially aggressive effects based on their transmissibility, their unique etiology, their latency in animal species that live with us, their evolution in our niche. biological and its relationship with human behavior. The most devastating testimonies have been as we mentioned, some epidemics and pandemics caused by bacteria, such as plague plagues, tuberculosis, cholera, syphilis, among others. For our contemporaries, nothing else is enough to make a count of the emerging (new) diseases, which as medical students we had to face, or as a population listen to in the mass media, without also ruling out those of mutant viral origin or of new infectious agents at the end of the 20th century and the beginning of the 21st.
Among these we can name the polio virus pandemic (already eliminated from the western world); smallpox (now eliminated); yellow fever or malaria (Plasmodium falciparum); Human Immunodeficiency Virus / Acquired Immune Deficiency Syndrome (HIV / AIDS) …
The behavior of antibiotic sales in the drug market is not always on the rise, because with the advent of generic drugs, prices have decreased. Antibiotics account for about two-thirds of global antimicrobial drug sales, including antivirals, antifungals, and antiparasitics.
At the end of the 20th century and the beginning of the present, its sales continued with a constant growth of 10% per year, representing about 25 thousand and 45 billion dollars a year. This behavior was not uniform for all antibacterials, maintaining growth for the consumption of fluoroquinolones, carbapenems and new agents, while for penicillins and cephalosporins its constant or even its decrease in the coming years was projected, also reflecting the increasing resistance of bacteria to the latter compounds.
The costs of antibiotic research are high; in Europe they are generally concentrated in phase II and phase III of clinical trials, estimated at around 500 to 800 million euros, to be completed in four to six years, after the first administration in humans. In addition, the scientific and medical regulatory bodies of the use of antibiotics in the clinical field, in each country or community (eg, European), require that phase III studies be expanded, in order to better document and safer treatments and possible side effects.

According to the World Health Organization (WHO), among the factors that accelerate the process of resistance to antibiotics are not only the misuse and abuse of these drugs, but also deficiencies in the prevention and control of infections, Therefore, measures can be taken at all levels of society to reduce the impact of this phenomenon and limit its spread. If not, if urgent action is not taken, the world is heading into a post-antibiotic era in which many common infections and minor injuries will once again become life-threatening.
As can be seen, without a doubt, in the battle against resistant bacteria, the last word or technology is not yet available, which in the coming years we will see in the pharmaceutical market; However, access to these will have the limit of approval in parameters of their therapeutic safety, their clinical effectiveness and, of course, their cost, which are the main barriers to achieving what the UN mentioned as the concept of global health or «a single health ».

Biological weapons, in addition to being an aberration, have always been part of the demons of a Pandora’s box that, combined with human arrogance and madness to try to control microscopic beasts, are a fatal combination. Whether to defend a religious, extremist, racist, populist, genocidal, pseudoscientific, warlike or political idea, we come across the common point of origin of the destruction, in addition to the fact that microorganisms as weapons have no honor or word; they are uncontrollable, unpredictable, almost perpetual, devastating, relentless. War and biological terrorism are an aberrant human aspect, where we will never find comfort, peace, benefit, winners or satisfaction, only self-destruction, without a happy ending to a Hollywood film.

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