Historia Oculta De La Música: Magia, Geometría Sagrada, Masonería Y Otros Misterios — Luis Antonio Muñoz / Hidden History of Music: Magic, Sacred Geometry, Masonry, and Other Mysteries by Luis Antonio Muñoz (spanish book edition)

Una investigación prolija, va desde la antigüedad hasta nuestros días de una manera didáctica y amena, te deja pensando mucho al leer temas que uno entendía y ahora halla una razón.
Profundiza, argumenta y evita el sensacionalismo tan habitual en estos temas. Lo situaría más como una introducción a la música especulativa que como mero anecdotario de los «esoterismos» y singulares filiaciones que se ciernen sobre músicos y paradigmas.
En resumidas cuentas una muy grata lectura que debo recomendar.

Resulta difícil concebir la vida sin música. Y es igualmente complicado encontrar un solo vestigio de civilización en el que la música, magia y misterio no estén unidas. En la historia del ser humano, rito y música siempre han colaborado para establecer un puente con el mundo sobrenatural en una labor realizada por magos, brujos, sacerdotes y adivinos.
La capacidad sobrenatural de la música es un enigma que se ha tratado de desvelar a lo largo de la historia utilizando campos científicos de estudio que comprenden desde la antropología, la neurología hasta la musicología.

Gran parte de lo que sabemos sobre la civilización egipcia se lo debemos a las traducciones de los jeroglíficos realizadas después de que Jean-Françoise Champollion (1790-1832) descifrara la piedra de Rosetta. Según la mitología egipcia, la música (descubierta por Manero) se definía con un término próximo a la alegría (hy), que estaba ligado al principio del mundo. La melodía de la creación se manifestaba gracias al soplo del dios Atum-Ra, considerado la luz primigenia y generador del primer sonido del universo.
En la sociedad egipcia la práctica de la música poseía un alto componente espiritual, místico y misterioso.
Los músicos en Egipto eran sumamente importantes, como demuestra el hecho de que eran sepultados vivos en las necrópolis junto a los reyes y recibían un trato de privilegio por su capacidad de comunicarse con el mundo oculto y ritual. Utilizaban los colores verde y negro como representación de los dioses funerarios y entre algunas de sus funciones estaban las de incitar a Apis (toro solar de la fertilidad) en la tarea de fecundar el suelo, adornar las procesiones, ilustrar los oráculos o recomendar una campaña militar.
Junto a Egipto, otra de las grandes civilizaciones de la Antigüedad fue la cultura mesopotámica, desarrollada alrededor de los ríos Tigris y Éufrates y cuya música destacaba desde los primeros ritos funerarios del periodo sumerio. Los himnos sumerios, basados en antiguas leyendas y dedicados a los dioses, contenían alusiones a la importancia de la música para la conmemoración de la existencia del más allá. Al igual que en Egipto, los rituales de adoración de la naturaleza utilizaban como base el canto, indispensable para las labores colectivas de recolección y siembra.
Los músicos eran eximidos de ciertos trabajos de producción y en las campañas militares se libraban de las matanzas al convertirse en moneda de cambio en el pago del rescate de una ciudad o reino.
La herencia musical romana fue transmitida gracias a los conocimientos de los esclavos griegos, que siguieron practicando su misma música modal, monofónica y poética sin verse influenciados por el imperio. Esta música, en estrecha relación con la prosodia, era interpretada por cantantes solistas o en coros al unísono.

Casi todo en el ritual cristiano es magia. El cristianismo se basa en una doble asociación entre los ciclos cosmológicos y la vida de Cristo, por lo que para entender la organización del tiempo de la liturgia es esencial la cosmología. El acto mágico más importante experimentado por los cristianos es la misa, que proporciona a los fieles el simbolismo necesario que permite explicar la trascendencia humana. La misa contiene el ritual de la muerte y de la resurrección de Cristo representado por el misterio de la Eucaristía (acción de gracias). En la misa, los cristianos consideran que el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre reales de Cristo, trascendiendo el mero hecho simbólico (transubstanciación). Y una gran parte de la labor mágica de la misa recae sobre la música, primordial en el ritual.
También en la Edad Media se desarrollaron una serie de rituales en los que la música tuvo una importancia vital en su relación con el culto a la oscuridad. Como la danza de la muerte, un género surgido de la necesidad de asimilación del ínfimo valor que tenía la vida humana en un entorno hostil marcado por guerras y enfermedades. Durante el siglo XIV apareció en Europa la peste negra, cuyos efectos sobre la población dieron a la muerte forma corpórea y femenina. Una muerte que ya sea como dama blanca o como sombra negra encapuchada nos invita a bailar a todos, sin distinción, para recordarnos nuestra existencia efímera.

Aprender más sobre la música que practicaban los templarios debemos acercarnos a los documentos de regulación de la orden. Algunos círculos esotéricos defienden la existencia de una regla secreta (de nuevo, no documentada) cuya función principal sería la de regular un consejo interior, accesible solo a unos privilegiados. Pero según la historiografía, la redacción de la primitiva regla templaria fue concebida por San Bernardo de Claraval, un monje que participó en su primera versión realizada durante el concilio de Troyes (1118).
Uno de los misterios musicales relacionados con el temple se encuentra en la iglesia del Convento de Cristo. Un castillo en la localidad de Tomar, en Portugal, construido en su mayor parte en estilo manuelino, que fue la casa madre de los caballeros de Cristo, sucesores de los templarios después de la prohibición de la orden. Allí, junto a la espectacular charola octogonal, aparece un tubo de órgano de dimensiones colosales de cuya construcción se conocen muy pocos datos. Edificado probablemente en las primeras décadas del siglo XVI, tiene una altura total de 11,42 m y desde el bisel, de 10,52 m, lo que equivale a un registro de 32 pies, uno de los tubos de órgano más graves. Pero hay algunas cosas que llaman la atención de este tubo: su diámetro anormal de 75 cm, con una espesura de paredes de 2 cm, aparece solo dentro de la iglesia sin estar acompañado de ningún registro similar, ni han aparecido restos de tubos similares. Con respecto al tubo en cuestión existe una curiosidad mayor si analizamos sus dimensiones, ya que según la acústica un tubo de estas características vibraría con una frecuencia de 16,35 Hz (un Do2), un sonido tan grave que resultaría inaudible para el oído humano. De ser esto así, ¿cuál sería la función de este tubo?
Algunos estudiosos plantean la idea de que para que el tubo pudiera sonar debería duplicar su frecuencia una octava a unos 32 Hz aproximadamente, lo que implicaría que la presión del aire insuflado en el tubo debería ser mayor de la normal. Un efecto que se conseguía mediante un mecanismo subterráneo que vendría desde una consola de órgano situada en la estancia adyacente a la charola y de la que no queda ningún vestigio. Así, la función principal del tubo podría ser la de generar una nota pedal de sonoridad rotunda y constante que sería utilizada en algún tipo de práctica musical dentro de la charola.

Durante la Edad Media y el Renacimiento, la filosofía cristiana aceptó el desarrollo de una nueva ciencia denominada alquimia, precursora de la ciencia actual. La alquimia operativa era un conjunto de doctrinas tradicionales que planteaban la posibilidad de convertir cualquier tipo de metal en oro, mediante el conocimiento de técnicas desarrolladas en un laboratorio.52 Pero esta idea física de la transmutación, la denominada piedra filosofal, acabaría por convertirse en un postulado filosófico orientado a otro tipo de finalidad, la transformación metafórica del ser humano en un individuo más evolucionado y perfecto: es la denominada alquimia espiritual.
El saber alquímico tiene su origen tradicional en Grecia o Egipto y llega hasta nosotros gracias a muchas de las traducciones realizadas por los filósofos árabes, pero también toma prestados conocimientos de fuentes como la mitología, la cábala judía o el cristianismo.
Atalanta fugiens es una obra alquímica concebida como un todo, «para ser vista oída y entendida» por los iniciados que deseen alcanzar la piedra filosofal. Una piedra que algunos alquimistas definieron como «piedra musical» y que consideraban una alegoría del conocimiento. Las cincuenta fugas musicales del libro basan su sentido en la simbología derivada del número tres, asociado desde tiempos remotos al concepto de divinidad, de trinidad o de perfección espiritual. Todas las fugas del libro están escritas a tres voces, dos de las cuales se persiguen según un canon o norma preestablecida, sobre una tercera voz, un cantus firmus que se repite con ligeras variaciones de proporción rítmica.64 Cada una de las voces de las fugas corresponde a un personaje del mito en una estructura que se repite tres veces con cada uno de los tres textos. La voz principal lleva el nombre de Pomum morans, en alusión a las manzanas que retrasan a Atalanta, y es la base sobre la que se construye el tejido polifónico.

Quizás uno de los grandes misterios con respecto a Leonardo es que habiendo sido tan aficionado a la música no conservemos en la actualidad ninguna partitura compuesta por él.
En el Códice Windsor, existe un folio en el que aparecen una serie de jeroglíficos enigmáticos compuestos por Leonardo como entretenimiento. En sus jeroglíficos utilizaba alusiones musicales para presentar al lector juegos de palabras que debían ser resueltos con distintos grados de dificultad, como por ejemplo cuando usa los nombres de algunas notas para formar una frase.

Muchas personas catalogan la masonería como una secta secreta. Pero ante las acusaciones de sectarismo, la propia institución se defiende presentándose como una entidad humanista, social y filosófica cuyos rituales discretos (no secretos) se encuentran reservados para los iniciados que los realizan bajo su propia voluntad. Y curiosamente, como veremos, son muchos los músicos que han pertenecido alguna vez a este grupo.
Gracias a los manuales masónicos sabemos que cada masón realiza su labor individualmente, pero también que desarrolla su trabajo en las reuniones de masones o tenidas, donde se interpreta libre y respetuosamente la figura del Gran Arquitecto del Universo. Desde sus primeras redacciones, el código masónico rechazaba las afirmaciones dogmáticas, tomando como referencia, entre otros, los ideales propios de la revolución francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad. El Diccionario universal de la masonería recoge hasta ciento cincuenta y cuatro Ritos masónicos, que diferencia de los ritos (con minúscula) que son psicodramas cuya carga simbólica refuerza la estructura de cada logia. Entre los segundos se encuentran las ceremonias de iniciación, las celebraciones funerarias o los pasos de grado.
El origen de la masonería es incierto.
La tradición relata que el primer código específicamente masónico fue un texto que el rey Athelstan de Inglaterra redactó en el año 926 para las corporaciones de constructores y que es denominado Constituciones de York. Un manuscrito que se perdió en el siglo XV y fue reescrito «de memoria» por los que lo conocían. Quizás por esto el documento masónico original más antiguo que se conoce es la Carta o Estatutos de Bolonia, redactados en 1248. En 1275 se crea en Estrasburgo una asamblea masónica, y en 1356 se da forma a la Company of Masons de Londres, en lo que se consideran los primeros eventos documentados de reuniones masónicas importantes.
Para los masones, la música es una forma más de masonería que posee una gran importancia, ya que alude a la armonía del mundo y expresa la relación armónica entre los miembros de una logia. El compositor o intérprete realiza su trabajo «tallando» el alma del ser humano, que, mediante el estudio de los símbolos y el progresivo crecimiento moral, abandona su estado «en bruto» para convertirse en parte de la «Gran Obra».
Los primeros masones desarrollaron un tipo de música para difundir sus ideales y para recaudar fondos en las conocidas sociedades filarmónicas o auditorios públicos: son los denominados conciertos en pasos perdidos. Pero, además, las logias necesitaron de una serie de composiciones para adornar y completar el contenido de los rituales secretos, por lo que crearon las columnas de armonía, grupos de músicos masones que estaban exentos de pagar los tributos anuales (capitaciones) a cambio de interpretar en directo la música de los rituales.
No son muchos los compositores masónicos conocidos del siglo XVII. Se sabe que hacia 1650, en el castillo de Saint Germain-en-Laye, asistieron a las tenidas de la corte de Enriqueta de Inglaterra, Nicolas Derosier (c. 1690) o Françoise Couperin (1668-1733), masones al igual que el francés Jean Phillipe Rameau (1683-1764).
La lista de compositores o intérpretes masones nacidos en el siglo XVIII es muy extensa. De ella podemos extraer los nombres de Franz Anton Hoffmeister (1754-1812), que perteneció a la logia Balduin zur Linde (Balduino al Tilo) desde 1799; Ignaz Pleyel (1757-1831) que ingresó en la logia Zum Goldenen Rad (La Rueda Dorada) en 1785; Franz Burgmüller (1766-1824) que ingresó en la masonería en 1817 en la logia Zu der drei Verbündeten (Las Tres Alianzas); Johann Nepomuk Hummel (1778-1837) iniciado en la logia Amalia en 1820; el hijo menor de W. A. Mozart, Franz Xaver Mozart (1791-1844), miembro de la logia Zur halle der Beständigkeit (El Salón de la Constancia) o el director de orquesta Louis Spohr (1793-1859) que había ingresado en 1807 en la logia Ernst zum Compass (Ernst al Compás) alcanzando el grado de maestro masón en Berlín.

Los rosacruces son un grupo de pensadores que influyeron notablemente en la conciencia de músicos y teóricos desde el siglo XVII hasta nuestros días, y a los que se les atribuye el estudio de la cábala, la ciencia hermética y de la alquimia, así como otros recursos ocultistas, incluida la clarividencia. La palabra simbólica rosacruz, es una derivación del apellido de su gurú, Christian Rosenkreutz, un filósofo legendario nacido en 1378, que, según los textos de la secta, habría vivido ciento seis años. Su conocimiento mágico provenía de los contactos con líderes espirituales y ocultistas en los numerosos viajes que realizó por diversas tierras del oriente.
La verdadera presentación de Satie como compositor de la orden llegaría en marzo de 1892 con la obra Trois sonneries de la Rose-Croix (Tres fanfarrias de la Rosa-Cruz) para trompeta y arpa, cuya primera interpretación se produjo en la galería Durand-Ruel con motivo de la organización del Primer Salón artístico de la Rosa-Cruz. Doce días más tarde, y en una soirée musical de etiqueta añadida al salón, se sumarían a estas obras tres preludios para la obra Les fils des etoiles (Los hijos de las estrellas) un drama pastoril, también compuesto por Péladan, y ambientado en la época de los caldeos. Pero en este año de 1892 Satie no compone solo para la orden, sino que aborda otra serie de obras de temas adyacentes como los dos preludios para Le nazaréen (El nazareno) o Fête donnée par les chevaliers normands en l’honneur d’une jeune demoiselle (Fiesta para los caballeros normandos en honor de una joven doncella).

Entre los primeros compositores teosóficos se encuentra el esotérico Cyril Scott (1879-1970). Nacido en 1879 y fallecido en 1970 en Cheshire, había realizado sus estudios musicales en Frankfurt con Ivan Knorr y compartido aulas con Percy Grainger. Scott, uno de los pioneros del repertorio pianístico británico, era admirado por compositores como Debussy, Stravinsky o Strauss, y su música fue interpretada por algunos de los mejores intérpretes, recibiendo el reconocimiento de instituciones como el Conservatorio de Música de Chicago, o la Royal Academy of Music de Londres. Scott trasladó su interés por el esoterismo místico a la música que componía, como demuestran los títulos de sus cuatro oratorios, Nativity Hymn (Himno de la Natividad, 1913), Mystic Ode (Oda mística, 1932), Ode to great Men (Oda para los grandes hombres, 1936) y Hymn of Unity (Himno de la unidad, 1947) y su ópera titulada El alquimista, estrenada en 1925 en Essen, Alemania.
Pero el compositor teosófico más conocido es el moscovita Alexander Scriabin (1872-1915), cuyas pequeñas manos no le impidieron convertirse en pianista profesional, dedicando parte de su tiempo a la composición. Su estilo, muy cercano al impresionismo y al posromanticismo, está marcado por un leve coqueteo con la atonalidad, gracias a su «acorde místico», que concibió como una superposición de intervalos de cuarta.
Definido por Boris de Schloezer como un «erudito no convencional», Scriabin se había forjado en una academia militar y era un ferviente conversador al que le encantaba discutir sobre temas de filosofía y misticismo.
Unida a la historia del Priorato de Sion se encuentra otra historia en la que aparece Debussy, la de Rennes-le-Château y el cura Berenguer Saunière, un religioso que acumuló una fortuna impropia de un ministro de la Iglesia y a quien se le atribuye el descubrimiento de un tesoro que le hizo pasar de la miseria a la opulencia. La versión más común interpreta que el verdadero descubrimiento fue en realidad el hallazgo de una serie de documentos comprometedores para las altas esferas del cristianismo, que ante el peligro de su difusión habrían supuesto para Saunière una buena suma por su retirada del mercado.
Debussy mantenía una relación directa de amistad con Saunière, ya que el compositor pasó por la casa del cura, igual que otras muchas personalidades de la política y el arte, como Rabelais, Juan de Habsburgo, Fulcanelli, Julio Verne, Toulouse-Lautrec o Jean Cocteau.

Son muchos los aficionados a la obra wagneriana que han tratado de explicar muchas de sus óperas bajo una óptica enigmática. De igual manera, muchas tradiciones esotéricas han creído reconocer sus arcanos en la obra de este compositor, uno de cuyos misterios está relacionado con su pasado, en el que pudieron existir ascendentes judíos.
Es cierto que los libretos de las obras más importantes de Wagner nos remiten a un mundo de maldiciones y tradiciones fundamentadas en los mitos y en las leyendas del norte de Europa, así como al castigo errático o al destierro. Lo que no está tan claro es la relación de estos conocimientos con el esoterismo. En la mayor parte de sus historias, los personajes malditos suelen errar en el tiempo o en el espacio. Como en Las hadas (1833), donde Arindal maldice a Ada; o en Rienzi (1842), en la que la amenaza de la maldición se manifiesta en una excomunión, así como en El holandés errante (1843), donde la maldición se rompe mediante el sacrificio de una muerte. También Tristán (1865) maldice el elixir del amor, igual que Alberich en El oro del Rin (1869), o Kundry en Parsifal (1882) es condenada a errar durante años. Finalmente, la narración sobre el destino de Roma del Tannhäuser (1845) (en la que hay tres maldiciones y dos peregrinaciones) es casi una seudocondenación papal por los exagerados pecados del protagonista wagneriano.

Las culturas chamánicas utilizan instrumentos como el arco de boca, asociado al fenómeno del arco iris, o diversas variantes de instrumentos «rascados», como los elaborados con caparazones de tortuga o vegetales secos. Este tipo de instrumentos ya eran conocidos por los antiguos mayas (ayotl) y aztecas, que creían que la música era un potente elemento mágico. Entre los instrumentos utilizados por las culturas amerindias se encuentran los tambores huehuetl y teponaztli; el chicahuaztli (o palo de lluvia) y el cacalachtli (vasija de barro utilizada a modo de sonaja). El tambor chamánico, y su confección, es esencialmente un hecho sobrenatural. Cualquier tambor se compone de dos partes: el mazo o baqueta y el bastidor de madera con parche de piel tensada, y su fabricación debe realizarse con la elección de los mejores materiales para permitir una mayor efectividad de su sonido. Su ornamentación, basada en signos cosmológicos, refleja la posición del mago y de su comunidad en el cosmos.
Los instrumentos musicales ayudan a reforzar la figura del chamán como puente o conductor hacia el mundo espiritual. Su música es la forma idónea de establecer el entorno necesario para un ritual colectivo. Una forma compleja de comunicación, en la que el rito permite la inmersión sin intermediarios del individuo en el mundo trascendente.
Los seguidores de Allan Kardec creen en la vida después de la muerte y en la encarnación espiritual en el cuerpo físico. Para ellos, el espíritu (o alma) es eterno y asexuado, desarrollándose en el plano físico para aprender mediante su reencarnación. Todo lo que un espíritu realiza encarnado en vida tiene una consecuencia en las vidas posteriores. El vehículo para la comunicación entre los espíritus y los humanos son los denominados «médium», cuyas facultades especiales les capacitan para comunicarse con esas entidades y establecer así un puente entre los dos planos: el físico y el espiritual. Ya desde el siglo XIX, las primeras herramientas tecnológicas para comunicarse con los muertos fueron esencialmente la fotografía y el cine, especialmente en las veladas espiritistas, donde los médiums hacían materializarse en el escenario seres extraños y espíritus de vidas pasadas.

La atribución de cualidades sobrenaturales del violín proviene del secretismo sobre los materiales que los lutieres utilizaban en su construcción, haciéndolos instrumentos irrepetibles. Probablemente el caso más misterioso es el de Antonio Stradivari (1644-1737), cuyos instrumentos se han tratado de reproducir bajo condiciones de laboratorio sin ningún éxito. Joseph Nagyvary relaciona la calidad de los violines Stradivarius con el uso de un tratamiento especial desarrollado en laboratorios alquímicos, compuesto de polvo de vidrio y de sangre de dragón, una planta de Malasia traída a Europa por Marco Polo. Esta fórmula, desarrollada como insecticida, en combinación con el barniz dotaría al instrumento de su sonido peculiar y diferente. A día de hoy, la fórmula del barniz utilizado por Stradivari no se conoce en su totalidad y al menos uno de los componentes orgánicos utilizados en el barniz que decora los violines no ha sido detectado por los laboratorios químicos. Los expertos llegan a pensar que podría tratarse de algún elemento localizado solamente en Cremona, que era aplicado como fruto del azar. Otra de las hipótesis que se barajan es que Stradivari hubiera utilizado una serie de maderas, cuyos árboles habrían sufrido unas condiciones especiales de temperatura y humedad desconocidas, lo que permitiría explicar sus excepcionales características acústicas. La leyenda más curiosa relacionada con el secreto alquímico, nos cuenta que Stradivari escribió la fórmula secreta de su barniz en la tapa interior de una Biblia, que más tarde fue quemada por uno de sus descendientes. Nunca sabremos si el color rojo anaranjado de su madera se debe o no al uso de la sangre humana.

La asociación entre demonio y rock surge del desarrollo durante los años treinta del blues o rhythm and blues, una evolución de los espirituales negros cantados en las plantaciones esclavistas del sur de Estados Unidos. Los trabajadores de los campos y los obreros de las fábricas acudían a pequeños locales donde podían ahogar sus penas consumiendo alcohol o sterno, un producto que se usaba como combustible de las estufas. En aquellos tugurios, considerados por las iglesias como «casas del diablo», surgiría esta música, envuelta en leyendas en las que el diablo (normalmente un hombre negro) se aparecía en una encrucijada de caminos para mostrar sus cualidades musicales.
El primer caso de presunta posesión diabólica en el blues fue el de Tommy Johnson, un bluesman nacido en 1896 y que a partir de 1910 vivía tocando la guitarra en Cristal Springs, donde afirmaba que había adquirido su habilidad acrobática-musical gracias a un pacto con el diablo. Otro caso similar es el del músico de blues, Peetie Wheatstraw (1902-1941), que se hacía llamar El yerno del diablo.
Pero quizás el caso más conocido de bluesman poseído es el de Robert Johnson (1911-1938) que, según la leyenda, vendió su alma al diablo en un cruce de caminos, acompañado de su guitarra y del hueso de un gato negro hervido. Su éxito póstumo se debe a que algunas de sus canciones han sido inmortalizadas por grupos como Rolling Stones, Led Zepellin, Lynyrd Skynyrd o Eric Clapton y también a la narración de su vida en la película Crossroads.

El caso más llamativo es el de la Iglesia de la Cienciología o Dianética, que mezcla cristianismo con autoayuda, simbología esotérica, civilizaciones extraterrestres o culturas extinguidas, y que es catalogada como satánica o sectaria-destructiva en algunos países. Según alguna documentación, entre la nómina de músicos que pertenecen a dicha iglesia, se encuentran Beck, Sonny Bono, Leonard Cohen, Chaka Khan, Lisa Marie Presley, Billy Sheehan, Courtney Love o Van Morrison. En el terreno de la música clásica destacan Mark Isham o la cantante de ópera Julia Migenes, mientras que en el soul y el jazz aparecen músicos como Edgar Winter, Gloria Gaynor, Al Jarreau, Isaac Hayes y Chick Corea, quizá uno de sus mayores seguidores, cuyos discos están dedicados tanto a la Iglesia de la Cienciología, como a la figura de su creador, Lafayette Ron Hubbard (1911-1986).

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A neat investigation, going from ancient times to the present day in a didactic and entertaining way, leaves you thinking a lot when reading topics that one understood and now finds a reason.
Dig deep, argue and avoid the sensationalism so common on these issues. I would place it more as an introduction to speculative music than as a mere anecdote of the «esotericisms» and singular affiliations that hang over musicians and paradigms.
In short, a very pleasant read that I must recommend.

It’s difficult to conceive of life without music. And it is equally difficult to find a single vestige of civilization in which music, magic and mystery are not united. In the history of the human being, ritual and music have always collaborated to establish a bridge with the supernatural world in a work carried out by magicians, witches, priests and fortune-tellers.
The supernatural capacity of music is an enigma that has been tried to unravel throughout history using scientific fields of study that range from anthropology, neurology to musicology.

Much of what we know about Egyptian civilization is due to the translations of the hieroglyphs made after Jean-Françoise Champollion (1790-1832) deciphered the Rosetta Stone. According to Egyptian mythology, music (discovered by Manero) was defined with a term close to joy (hy), which was linked to the beginning of the world. The melody of creation was manifested thanks to the breath of the god Atum-Ra, considered the primal light and generator of the first sound of the universe.
In Egyptian society the practice of music had a high spiritual, mystical and mysterious component.
Musicians in Egypt were extremely important, as evidenced by the fact that they were buried alive in necropolises alongside kings and received privileged treatment for their ability to communicate with the hidden and ritual world. They used the colors green and black as a representation of the funerary gods and among some of their functions were to incite Apis (solar fertility bull) in the task of fertilizing the soil, decorating the processions, illustrating the oracles or recommending a campaign military.
Along with Egypt, another of the great civilizations of Antiquity was the Mesopotamian culture, developed around the Tigris and Euphrates rivers and whose music stood out from the first funerary rites of the Sumerian period. The Sumerian hymns, based on ancient legends and dedicated to the gods, contained allusions to the importance of music in commemorating the existence of the afterlife. As in Egypt, the rituals of adoration of nature used as a base song, essential for the collective work of harvesting and planting.
Musicians were exempted from certain production jobs and in military campaigns they got rid of massacres by becoming a bargaining chip in the payment of the ransom of a city or kingdom.
The Roman musical heritage was transmitted thanks to the knowledge of the Greek slaves, who continued to practice their same modal, monophonic and poetic music without being influenced by the empire. This music, closely related to prosody, was performed by solo singers or choirs in unison.

Almost everything in Christian ritual is magic. Christianity is based on a double association between the cosmological cycles and the life of Christ, so to understand the organization of the time of the liturgy, cosmology is essential. The most important magical act experienced by Christians is the Mass, which provides the faithful with the necessary symbolism to explain human transcendence. The mass contains the ritual of the death and resurrection of Christ represented by the mystery of the Eucharist (thanksgiving). At Mass, Christians consider that bread and wine become the real body and blood of Christ, transcending the mere symbolic fact (transubstantiation). And a large part of the magical work of the mass falls on the music, which is essential in the ritual.
Also in the Middle Ages a series of rituals were developed in which music had a vital importance in its relationship with the cult of darkness. Like the dance of death, a genre that emerged from the need to assimilate the negligible value that human life had in a hostile environment marked by wars and diseases. During the 14th century the Black Death appeared in Europe, whose effects on the population gave death a corporeal and feminine form. A death that either as a white lady or as a black hooded shadow invites us all to dance, without distinction, to remind us of our ephemeral existence.

Learning more about the music practiced by the Templars we must approach the regulation documents of the order. Some esoteric circles defend the existence of a secret rule (again, not documented) whose main function would be to regulate an inner council, accessible only to a privileged few. But according to historiography, the drafting of the primitive Templar rule was conceived by Saint Bernard of Clairvaux, a monk who participated in its first version made during the Council of Troyes (1118).
One of the musical mysteries related to the temple is found in the church of the Convent of Christ. A castle in the town of Tomar, in Portugal, built for the most part in the Manueline style, which was the mother house of the Knights of Christ, successors to the Templars after the order’s prohibition. There, next to the spectacular octagonal tray, appears an organ pipe of colossal dimensions of whose construction very little information is known. Probably built in the first decades of the 16th century, it has a total height of 11.42 m and from the bezel, 10.52 m, which is equivalent to a record of 32 feet, one of the most serious organ pipes. But there are some things that stand out about this tube: its abnormal diameter of 75 cm, with a thickness of 2 cm walls, appears only inside the church without being accompanied by any similar record, nor have remains of similar tubes appeared. With respect to the tube in question, there is a greater curiosity if we analyze its dimensions, since according to the acoustics a tube of these characteristics would vibrate with a frequency of 16.35 Hz (one Do2), a sound so serious that it would be inaudible to the human ear. . If this is so, what would be the function of this tube?
Some scholars put forward the idea that for the tube to be able to sound it would have to double its frequency an octave to about 32 Hz, which would imply that the pressure of the air blown into the tube should be higher than normal. An effect that was achieved by an underground mechanism that would come from an organ console located in the room adjacent to the tray and of which there is no trace. Thus, the main function of the tube could be to generate a pedal note with a resounding and constant loudness that would be used in some type of musical practice within the tray.

During the Middle Ages and the Renaissance, Christian philosophy accepted the development of a new science called alchemy, a precursor to current science. Operative alchemy was a set of traditional doctrines that raised the possibility of converting any type of metal into gold, through knowledge of techniques developed in a laboratory.52 But this physical idea of transmutation, the so-called philosopher’s stone, would eventually become a philosophical postulate oriented to another type of purpose, the metaphorical transformation of the human being into a more evolved and perfect individual: it is the so-called spiritual alchemy.
Alchemical knowledge has its traditional origin in Greece or Egypt and comes down to us thanks to many of the translations made by Arab philosophers, but it also borrows knowledge from sources such as mythology, the Jewish Kabbalah or Christianity.
Atalanta fugiens is an alchemical work conceived as a whole, «to be seen, heard and understood» by initiates who wish to reach the philosopher’s stone. A stone that some alchemists defined as «musical stone» and that they considered an allegory of knowledge. The fifty musical fugues in the book base their meaning on the symbology derived from the number three, associated since ancient times with the concept of divinity, trinity or spiritual perfection. All the fugues in the book are written in three voices, two of which are pursued according to a pre-established canon or norm, over a third voice, a cantus firmus that is repeated with slight variations in rhythmic proportion. 64 Each of the voices of the fugas corresponds to a character from the myth in a structure that is repeated three times with each of the three texts. The main voice is named after Pomum morans, alluding to the apples that hold Atalanta back, and is the base on which the polyphonic fabric is built.

Perhaps one of the great mysteries regarding Leonardo is that, having been so fond of music, we do not currently have any scores composed by him.
In the Windsor Codex, there is a folio on which appears a series of enigmatic hieroglyphs composed by Leonardo as entertainment. In his hieroglyphs he used musical allusions to present the reader with word games that had to be solved with different degrees of difficulty, such as when he used the names of some notes to form a phrase.

Many people classify Freemasonry as a secret sect. But in the face of accusations of sectarianism, the institution itself defends itself by presenting itself as a humanistic, social and philosophical entity whose discreet (not secret) rituals are reserved for initiates who perform them under their own will. And curiously, as we will see, there are many musicians who have once belonged to this group.
Thanks to the Masonic manuals we know that each Mason carries out his work individually, but also that he develops his work in meetings of Masons or held, where the figure of the Great Architect of the Universe is interpreted freely and respectfully. From its first drafts, the Masonic code rejected dogmatic assertions, taking as a reference, among others, the ideals of the French Revolution: Liberty, Equality and Fraternity. The Universal Dictionary of Freemasonry includes up to one hundred and fifty-four Masonic Rites, which differs from the rites (with a small letter) which are psychodramas whose symbolic load reinforces the structure of each lodge. Among the latter are initiation ceremonies, funeral celebrations or steps of grade.
The origin of Freemasonry is uncertain.
Tradition relates that the first specifically Masonic code was a text that King Athelstan of England drew up in 926 for the builders’ corporations and that it is called the York Constitutions. A manuscript that was lost in the 15th century and was rewritten «from memory» by those who knew it. Perhaps this is why the oldest original Masonic document known is the Bologna Charter or Statutes, drawn up in 1248. In 1275 a Masonic assembly was created in Strasbourg, and in 1356 the Company of London Masons was formed, in what which are considered the first documented events of major Masonic meetings.
For Freemasons, music is one more form of Freemasonry that has great importance, since it alludes to the harmony of the world and expresses the harmonic relationship between the members of a lodge. The composer or performer carries out his work «carving» the soul of the human being, which, through the study of symbols and progressive moral growth, leaves its «raw» state to become part of the «Great Work.»
The first freemasons developed a type of music to spread their ideals and to raise funds in the well-known philharmonic societies or public auditoriums: they are the so-called concerts in lost steps. But, in addition, the lodges needed a series of compositions to adorn and complete the content of the secret rituals, so they created the harmony columns, groups of Masonic musicians who were exempt from paying the annual tributes (capitations) in exchange for perform live the music of the rituals.
There are not many known Masonic composers of the seventeenth century. It is known that around 1650, in the castle of Saint Germain-en-Laye, they attended the court meetings of Henriette of England, Nicolas Derosier (c. 1690) or Françoise Couperin (1668-1733), Masons like the French Jean Phillipe Rameau (1683-1764).
The list of Masonic composers or interpreters born in the 18th century is very extensive. From it we can extract the names of Franz Anton Hoffmeister (1754-1812), who belonged to the Balduin zur Linde (Balduino al Tilo) lodge since 1799; Ignaz Pleyel (1757-1831) who entered the Zum Goldenen Rad (The Golden Wheel) Lodge in 1785; Franz Burgmüller (1766-1824) who entered Freemasonry in 1817 at the Zu der drei Verbündeten Lodge (The Three Covenants); Johann Nepomuk Hummel (1778-1837) initiated into the Amalia Lodge in 1820; the youngest son of WA Mozart, Franz Xaver Mozart (1791-1844), member of the Zur halle der Beständigkeit lodge (The Hall of Constancy) or the conductor Louis Spohr (1793-1859) who had joined the Ernst zum Compass Lodge (Ernst al Compás) reaching the rank of Master Mason in Berlin.

The Rosicrucians are a group of thinkers who notably influenced the consciousness of musicians and theorists from the seventeenth century to the present day, and are credited with the study of the Kabbalah, Hermetic science and alchemy, as well as other occult resources. , including clairvoyance. The symbolic word Rosicrucian is a derivation of the surname of its guru, Christian Rosenkreutz, a legendary philosopher born in 1378, who, according to the texts of the sect, would have lived one hundred and six years. His magical knowledge came from contacts with spiritual leaders and occultists in the many trips he made through various lands of the East.
Satie’s true presentation as composer of the order would arrive in March 1892 with the work Trois sonneries de la Rose-Croix (Three Fanfare of the Rose-Cross) for trumpet and harp, the first performance of which was produced at the Durand-Ruel gallery. on the occasion of the organization of the First Artistic Salon of the Rosa-Cruz. Twelve days later, and in a formal musical soirée added to the living room, three preludes would be added to these works for the play Les fils des etoiles (The children of the stars), a pastoral drama, also composed by Péladan, and set in the Chaldean era. But in this year 1892 Satie did not compose only for the order, but also tackled another series of works on adjacent themes such as the two preludes for Le nazaréen (The Nazarene) or Fête donnée par les chevaliers normands en l’honneur d’une jeune demoiselle (Feast for the Norman knights in honor of a young maiden).

Among the first theosophical composers is the esoteric Cyril Scott (1879-1970). Born in 1879 and died in 1970 in Cheshire, he had studied music in Frankfurt with Ivan Knorr and shared classrooms with Percy Grainger. Scott, one of the pioneers of the British pianistic repertoire, was admired by composers such as Debussy, Stravinsky or Strauss, and his music was performed by some of the best interpreters, receiving recognition from institutions such as the Chicago Conservatory of Music, or the Royal Academy of Music, London. Scott transferred his interest in mystical esotericism to the music he composed, as evidenced by the titles of his four oratorios, Nativity Hymn (Hymn of the Nativity, 1913), Mystic Ode (Mystical Ode, 1932), Ode to great Men (Ode to the great men, 1936) and Hymn of Unity (Hymn of unity, 1947) and his opera entitled The Alchemist, premiered in 1925 in Essen, Germany.
But the best known theosophical composer is the Muscovite Alexander Scriabin (1872-1915), whose small hands did not prevent him from becoming a professional pianist, devoting part of his time to composition. His style, very close to impressionism and post-romanticism, is marked by a slight flirtation with atonality, thanks to his «mystical chord», which he conceived as a superposition of quarter intervals.
Defined by Boris de Schloezer as an «unconventional scholar,» Scriabin had been forged in a military academy and was a fervent conversationalist who loved to discuss topics of philosophy and mysticism.
Linked to the history of the Priory of Sion is another story in which Debussy appears, that of Rennes-le-Château and the priest Berenguer Saunière, a religious who accumulated a fortune inappropriate for a minister of the Church and who is attributed the discovery of a treasure that made him go from misery to opulence. The most common version interprets that the true discovery was in fact the discovery of a series of compromising documents for the higher echelons of Christianity, which in the face of the danger of their diffusion would have supposed Saunière a good sum for their withdrawal from the market.
Debussy maintained a direct relationship of friendship with Saunière, since the composer passed through the priest’s house, like many other personalities from politics and art, such as Rabelais, Juan de Habsburgo, Fulcanelli, Jules Verne, Toulouse-Lautrec or Jean Cocteau.

Many fans of Wagner’s work have tried to explain many of his operas from an enigmatic perspective. In the same way, many esoteric traditions have believed to recognize their arcana in the work of this composer, one of whose mysteries is related to his past, in which Jewish ascendants could exist.
It is true that the librettos of Wagner’s most important works refer us to a world of curses and traditions based on the myths and legends of northern Europe, as well as erratic punishment or exile. What is not so clear is the relationship of this knowledge with esotericism. In most of their stories, the cursed characters tend to wander in time or space. As in Las hadas (1833), where Arindal curses Ada; or in Rienzi (1842), in which the threat of the curse is manifested in an excommunication, as well as in The Flying Dutchman (1843), where the curse is broken through the sacrifice of a death. Also Tristan (1865) curses the elixir of love, just as Alberich in The Gold of the Rhine (1869), or Kundry in Parsifal (1882) is condemned to err for years. Finally, the Tannhäuser’s account of the fate of Rome (1845) (in which there are three curses and two pilgrimages) is almost a papal pseudo-condemnation for the exaggerated sins of the Wagnerian protagonist.

Shamanic cultures use instruments such as the bow of the mouth, associated with the rainbow phenomenon, or various variants of «scratching» instruments, such as those made with tortoise shells or dried vegetables. This type of instrument was already known to the ancient Mayans (ayotl) and Aztecs, who believed that music was a powerful magical element. Among the instruments used by Amerindian cultures are the huehuetl and teponaztli drums; the chicahuaztli (or rain stick) and the cacalachtli (clay pot used as a rattle). The shamanic drum, and its making, is essentially a supernatural event. Any drum is made up of two parts: the mallet or drumstick and the wooden frame with a taut skin patch, and its manufacture must be done with the choice of the best materials to allow a greater effectiveness of its sound. Its ornamentation, based on cosmological signs, reflects the position of the magician and his community in the cosmos.
Musical instruments help to reinforce the figure of the shaman as a bridge or conductor to the spiritual world. His music is the ideal way to establish the necessary environment for a collective ritual. A complex form of communication, in which the rite allows the immersion without intermediaries of the individual in the transcendent world.
The followers of Allan Kardec believe in life after death and in spiritual incarnation in the physical body. For them, the spirit (or soul) is eternal and asexual, developing on the physical plane to learn through reincarnation. Everything that a spirit does incarnate in life has a consequence in later lives. The vehicle for communication between spirits and humans are the so-called «mediums», whose special faculties enable them to communicate with these entities and thus establish a bridge between the two planes: the physical and the spiritual. As early as the 19th century, the first technological tools to communicate with the dead were essentially photography and cinema, especially in spiritist evenings, where mediums made strange beings and spirits from past lives materialize on stage.

The attribution of supernatural qualities to the violin comes from the secrecy about the materials that the luthiers used in its construction, making them unrepeatable instruments. Probably the most mysterious case is that of Antonio Stradivari (1644-1737), whose instruments have been tried to reproduce under laboratory conditions without any success. Joseph Nagyvary relates the quality of Stradivarius violins to the use of a special treatment developed in alchemical laboratories, composed of glass powder and dragon’s blood, a Malaysian plant brought to Europe by Marco Polo. This formula, developed as an insecticide, in combination with varnish would give the instrument its peculiar and different sound. To this day, the formula of the varnish used by Stradivari is not fully known and at least one of the organic components used in the varnish that decorates violins has not been detected by chemical laboratories. Experts come to think that it could be an element located only in Cremona, which was applied as a result of chance. Another hypothesis being considered is that Stradivari would have used a series of woods, whose trees would have suffered special conditions of unknown temperature and humidity, which would explain their exceptional acoustic characteristics. The most curious legend related to the alchemical secret, tells us that Stradivari wrote the secret formula of his varnish on the inside cover of a Bible, which was later burned by one of his descendants. We will never know if the orange-red color of its wood is due to the use of human blood or not.

The association between devil and rock arises from the development during the 1930s of the blues or rhythm and blues, an evolution of the black spirituals sung on the slave plantations of the southern United States. Workers in the fields and factory workers went to small places where they could drown their sorrows by consuming alcohol or sterno, a product that was used as fuel for stoves. In those slums, considered by the churches as «houses of the devil», this music would emerge, wrapped in legends in which the devil (usually a black man) appeared at a crossroads to show his musical qualities.
The first case of alleged devilish possession in the blues was that of Tommy Johnson, a bluesman born in 1896 who, from 1910 on, lived playing the guitar in Cristal Springs, where he claimed that he had acquired his acrobatic-musical ability thanks to a pact with the devil. Another similar case is that of the blues musician, Peetie Wheatstraw (1902-1941), who called himself The Devil’s Son-in-law.
But perhaps the best known case of a possessed bluesman is that of Robert Johnson (1911-1938) who, according to legend, sold his soul to the devil at a crossroads, accompanied by his guitar and the bone of a boiled black cat. His posthumous success is due to the fact that some of his songs have been immortalized by groups such as the Rolling Stones, Led Zepellin, Lynyrd Skynyrd or Eric Clapton and also to the narration of his life in the film Crossroads.

The most striking case is that of the Church of Scientology or Dianetics, which mixes Christianity with self-help, esoteric symbolism, extraterrestrial civilizations or extinct cultures, and which is classified as satanic or sectarian-destructive in some countries. According to some documentation, among the list of musicians who belong to said church, are Beck, Sonny Bono, Leonard Cohen, Chaka Khan, Lisa Marie Presley, Billy Sheehan, Courtney Love or Van Morrison. In the field of classical music, Mark Isham or the opera singer Julia Migenes stand out, while in soul and jazz there are musicians such as Edgar Winter, Gloria Gaynor, Al Jarreau, Isaac Hayes and Chick Corea, perhaps one of his biggest followers. , whose discs are dedicated both to the Church of Scientology and to the figure of its creator, Lafayette Ron Hubbard (1911-1986).

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