Streaming Wars: La Nueva Televisión — Elena Neira / Streaming Wars: A New Television by Elena Neira (spanish book edition)

Yo no veo televisión, quizás este en otro mundo pero ha sido una lectura agradable, buen trabajo de Elena Neira analizando la situación actual de los servicios de streaming. La lectura se hace muy amena con todas las curiosidades interesantes que se extraen de las estrategias de cada servicio. Recomendado para aquellos interesados en estas cadenas.

Las pantallas táctiles han aumentado la velocidad a la que la información fluye en nuestras pantallas. Antes gestionábamos una selección de contenidos finita, basada en la agenda cultural, la parrilla diaria o la agenda de estrenos semanales. Ahora tenemos una oferta virtualmente infinita que, minuto a minuto, inunda nuestros feeds de redes sociales, nuestro correo electrónico o nuestros resultados de búsqueda en Google. En esta nueva realidad de interacción acelerada —en la que los contenidos aparecen y desaparecen por las pantallas a golpe de scroll y swipe—, cada vez es más difícil que un contenido destaque y nos llame la atención. Esta multiplicación de estímulos y la consiguiente «atención de pez» han provocado que, para los servicios digitales, seamos muy difíciles de retener.
La nueva televisión ahora es tu televisión, tu experiencia. Es una televisión rápida, porque nos hemos vuelto muy reacios a las esperas, y si algo no está disponible o no funciona, lo buscamos en otro lugar. Esta televisión nos observa, pero asumimos su vigilancia como un mal necesario.
La Streaming Wars es la ofensiva de varias compañías del entretenimiento armadas hasta los dientes con nuevas y abundantes ofertas, precios de derribo y todas las estratagemas necesarias para convencernos de que necesitamos incorporar ese nuevo servicio a nuestro día a día. Es la antesala de la televisión del futuro, de una audiencia cada vez más fragmentada como consecuencia de la multiplicación de contenidos y controlada por grandes conglomerados mediáticos que no quieren compartir el catálogo con nadie, con el consiguiente riesgo no solo para la diversidad, sino también para nuestros bolsillos. En definitiva, una televisión de consumo acelerado que dará lugar a fenómenos cada vez más fugaces, que generará menos poso cultural y en el que los contenidos perdurarán menos, porque se digerirán tan rápido como se consumen.

La expresión «nuevas plataformas de streaming» está por todas partes. Se popularizó, sobre todo, a partir de 2015, con la llegada a España de las principales empresas que se dedican a este negocio a nivel mundial. También es frecuente leer y escuchar «OTT». Son las siglas en inglés de Over The Top, que significa «de transmisión libre» y describe a la perfección una de las principales características de esos servicios: que el contenido circula libremente por internet, sin que haya un control por parte de un operador (algo que sí que ocurre, por ejemplo, con la famosa TDT, ya que los canales necesitan una licencia para retransmitir). Hoy en día, ambas fórmulas («nuevas plataformas de streaming» y «OTT») se emplean de forma indiscriminada para referirse a todos los servicios que ofrecen contenido bajo demanda a través de internet. Y esto es un tanto confuso.
De entrada, muchas de esas «nuevas plataformas de streaming» no tienen nada de nuevas. Llevan años (algunas incluso décadas) desempeñando esta actividad. Otras, de lanzamiento más reciente, han dado pie a un nuevo tema de conversación: la guerra de plataformas (la famosa Streaming Wars) decididas a combatir con todo el arsenal a su alcance para hacerse con la mayor cuota de mercado, según algunos, haciendo mucho daño a la competencia por el camino.
La realidad es que, cuando utilizamos «plataformas de streaming» (nuevas o no) para referirnos a toda la oferta disponible, estamos comparando churras con merinas. YouTube, Netflix, Amazon, HBO, Sky, Movistar+, Filmin, Starz, Disney+, Rakuten, Apple TV+, Facebook Watch, DAZN, Atresplayer…

Se habla de nueva televisión porque representa una nueva forma de entretenimiento, con unos atributos que rompen con el mundo que conocíamos. La nueva televisión se adapta al individuo (y no a la inversa), es mayoritariamente de pago (pero asequible, teniendo en cuenta las ventajas que ofrece), flexible (la podemos ver cuando, como y donde queramos), abundante (el contenido a nuestro alcance se ha multiplicado exponencialmente) y personalizada (la oferta se adapta a nuestras preferencias). Y también desestructurada.
El advenimiento de la nueva televisión es la consecuencia de un proceso en el que han intervenido varios factores. Primero, la digitalización. Antes el contenido tenía que ser empaquetado (un libro impreso en papel, una serie grabada en varios DVD, una película en celuloide…). En el momento en que el contenido se pudo convertir en un archivo digital, dejó de ser necesario darle un determinado formato físico. Con ello aumentaron las posibilidades de verlo en diferentes soportes.
Esta transformación, sin duda, ha abierto un abanico de posibilidades a la industria, pero también ha provocado la crisis de estrategias que, durante años, se han utilizado para hacer dinero con el cine y la televisión.
Los primeros sistemas digitales que se dedicaron a comercializar contenidos digitales copiaron el modelo de las tiendas físicas: el escaparate. Era habitual que todas mostrasen el listado de referencias disponibles, organizadas en torno a categorías cerradas. También se destacaba mucho el contenido reciente, con la esperanza de que la expectativa que había generado el contenido a su paso por otras ventanas generase más consumo (en la práctica, así era). Lo que ocurre es que este sistema en catálogos con muchas referencias, plantea un inconveniente: los usuarios se sienten abrumados ante tanta oferta, en especial cuando tienen escaso conocimiento o referencias sobre ella. Hoy en día, las plataformas han cambiado de filosofía. Son conscientes de que no hay nada que facilite más la reproducción que una buena selección de contenidos, más o menos individualizada.

En la práctica, conectar al usuario con un contenido que le guste no es tarea fácil. El primer obstáculo es superar la sensación de sentirse abrumado por la oferta. Gracias al Big Data, Netflix sabe que existe una ventana crítica de 90 segundos. Es lo que el usuario medio dedica a buscar algo que ver. Transcurrido ese tiempo, las posibilidades de que la persona acabe encontrando algo se reducen considerablemente. Su cerebro entra en una especie de bucle de indecisión, saturado ante tantísimas opciones.
La disrupción que ha provocado Netflix ha sido sustancial. No solo ha instaurado una nueva manera de producir (sustentado en los datos, no en financiar pilotos), sino que también ha impuesto una nueva manera de distribuir el contenido de estreno (directamente al consumidor, sin intermediarios) y de promocionarlo (adaptándolo a las preferencias individuales). El desarrollo de contenido original tiene menos restricciones (ya que no se tiene que adaptar a franjas horarias, ni prever pausas publicitarias), lo que ha abierto nuevas posibilidades a los creadores, que pueden escribir para audiencias más específicas, que Netflix es capaz de aglutinar globalmente.

Una de las principales damnificadas de esta rápida popularización del streaming ha sido la televisión de toda la vida. Las plataformas, con su promesa de entretenimiento sin límite, bajo demanda y sin publicidad, han atacado la base de su negocio: la capacidad de concentrar muchos espectadores con sus programas. Las dos grandes preocupaciones de la televisión se llaman rating (la cantidad de público que ve un espacio) y share (la posición que ocupa respecto a las cadenas de la competencia, es decir, la cuota de mercado). Su lógica económica es simple: cuanto más te vean, más valor tienen tus espacios. Si además estás en cabeza respecto a la oferta que tienen otros a la misma hora, cotizarás tu posición de líder. Para las cadenas públicas, unas buenas cifras de audiencia reflejan que el programa interesa y, por tanto, que el dinero de nuestros impuestos está siendo bien empleado. Si eres una cadena privada, cuantos más espectadores tenga un programa, más podrás cobrar a los anunciantes por insertar publicidad en las pausas que tienen lugar durante la emisión.
En realidad, la televisión ha estado años viviendo de nuestra inercia. La tele nos hacía compañía cuando llegábamos a casa, y para muchos se convertía en la opción «por defecto». Pero ahora le ha salido una nueva competencia que permite elegir entre una oferta muy amplia.
La televisión ya no es sinónimo de soporte ni de contenido. La televisión de hoy, «la nueva televisión», es experiencia. Las plataformas de streaming han tenido mucho que ver en esta transformación del acto de ver la tele (hasta ahora rígido y lineal). También ha reconfigurado nuestras exigencias. La famosa «caja tonta», la que embrutecía a la audiencia con mucho entretenimiento y escasa vocación de hacer pensar, era el resultado de una cuidada receta de programación, con determinados ingredientes editoriales. En aquella etapa de comunicación de masas, la finalidad era concentrar el mayor número posible de personas frente al aparato y monopolizar la conversación al día siguiente. Así surgió el concepto de espectador pasivo (couch potato, en su versión anglosajona), que muchos imaginábamos tumbado pesadamente en el sofá de casa…

La expresión Streaming Wars (literalmente, «guerra del streaming») comenzó a acuñarse poco después de que Disney anunciase, en 2017, sus planes de lanzar un servicio propio de SVOD. El juego de palabras aludía a uno de los contenidos que iba a quedar «encerrado» dentro de esa nueva plataforma: la saga Star Wars, joya de la corona de Lucasfilm, que hasta ese momento había formado parte del catálogo de terceros (Netflix, entre ellos). Tras el anuncio de Disney no tardaron en llegar más. En 2018 AT&T, la compañía de telecomunicaciones que acababa de comprar Warner Media (propietaria de HBO), declaraba que también tenía la intención de poner en marcha su propia OTT, de la que sabríamos algo más un año después. Ello supondría una reorganización de sus nuevas propiedades bajo un gran paraguas para lanzar una plataforma ultramejorada, con más contenido, capaz de plantarle cara a los grandes de la industria: HBO Max. A principios de 2019 NBCUniversal presentó en sociedad Peacock, un nuevo servicio de streaming (este con publicidad) con la misión de rentabilizar los contenidos de las distintas propiedades de su compañía…
Muchos auguran una purga de plataformas fallidas. Para otros, por el contrario, el futuro traerá alguna que otra megaalianza o la fusión de algunos agentes. Lo único que parece seguro es que cada servicio triunfará a su manera, y siempre según los objetivos que se fijó cuando decidió embarcarse en esta locura. Se le puede dar todas las vueltas que se quiera pero, al final, la batalla se resume en una buena selección de contenidos, una buena interfaz de usuario y un buen precio.

Las plataformas que la Streaming Wars ha traído bajo el brazo han nacido con una firme vocación global. Todas han incluido planes de escalar el negocio mundialmente en algún momento. Ser grandes y estar en todas partes, a estas alturas del juego, parece la única opción viable: el escaso margen por suscriptor se compensa con enormes masas de suscriptores.
En España se han encontrado con un mercando bastante más saturado de lo que podría parecer. Según el último informe de Findanygame, estaban operando más de 400 plataformas digitales, nacionales y extranjeras, contando tanto las gratuitas como las de pago. Evidentemente no todas ellas cuentan con una base de clientes o usuarios significativas.
El audiovisual español se enfrenta a un futuro incierto. Resulta difícil aventurar el impacto que la Streaming Wars tendrá en estos agentes. Ya han resistido envites difíciles, como la sangría de la piratería o el desembarco de Netflix, Amazon y HBO en nuestro país y saben lo que es navegar con el viento en contra.
Lo que a estas alturas parece evidente es que, hoy en día, la supervivencia pasará por no olvidar lo que cada empresa es y cuáles son sus principales armas. Y asumir que los otros son gigantes y ellos molinos de viento.

1. Pregúntate si necesitas algún servicio más aparte del streaming.
2. Revisa tu equipo tecnológico. Haz un inventario de todos los dispositivos que tienes pensado emplear para acceder a la plataforma. A continuación, revisa su antigüedad, su capacidad (para los servicios que tienen modo offline es necesario tener cierta capacidad de almacenamiento) y si soportan los requisitos de las apps de estos servicios.
3. Revisa la cobertura de red wifi que hay en tu casa. En viviendas grandes, es posible que la cobertura no llegue a todos los rincones.
4. Compara precios y lo que te ofrecen. En la red hay infinidad de artículos de medios especializados con tablas comparativas. También es importante fijarse en el modelo de la plataforma (de suscripción, si se paga por cada contenido o combina ambos modelos).
5. Analiza tus necesidades personales reales.
6. Hazte una pregunta: ¿de cuánto tiempo dispones para ver series y películas? Si haces un seguimiento del tiempo que dedicas o podrías dedicarle y de cómo de intensas acostumbran a ser tus sesiones (en número de horas) sabrás cuál es tu demanda real de contenido.

La obsesión por el contenido original, convertido en piedra angular de las campañas promocionales, ya está impulsando la piratería puntual para ese contenido exclusivo (que se quiere ver pero no con tanto ahínco como para pagar mensualmente por toda la plataforma). Retener al suscriptor doce meses al año será el gran talón de Aquiles de las empresas. El «contrata ahora y cancela en cualquier momento» facilitará las suscripciones intermitentes, en función de lo que el servicio tenga que ofrecer.
También es de esperar nuevas consecuencias derivadas de la aceleración de la producción, que las demandas de la Streaming Wars está imponiendo, como una nueva mutación de la ficción seriada. La urgencia por disponer de contenido nuevo probablemente acentuará todavía más el acortamiento de cada temporada y también de los tiempos de espera entre ellas.
¿Habrá algo en la televisión del futuro de la televisión de hoy? Sin duda. La televisión tradicional está virando su rumbo y dirigiéndose a aquellos lugares en los que, de momento, no hay tanta competencia. El pulso de la televisión lo marcará el latido de los directos, de la experiencia, de esa enorme tradición cultural que la ha hecho formar parte de nuestras vidas durante décadas.

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I don’t watch telly, maybe it’s in another world but it has been a pleasant read, a good job by Elena Neira analyzing the current situation of streaming services. Reading becomes very enjoyable with all the interesting curiosities that are extracted from the strategies of each service. Recommended for those interested in these chains.

Touch screens have increased the speed at which information flows on our screens. Before, we managed a finite selection of content, based on the cultural agenda, the daily schedule or the weekly premiere schedule. We now have a virtually endless supply that, minute by minute, floods our social media feeds, our email, or our Google search results. In this new reality of accelerated interaction – in which content appears and disappears across the screens at the stroke of a scroll and swipe – it is increasingly difficult for content to stand out and catch our attention. This multiplication of stimuli and the consequent «fish attention» have made, for digital services, we are very difficult to retain.
The new television is now your television, your experience. It’s fast TV, because we’ve become very reluctant to wait, and if something isn’t available or doesn’t work, we look for it elsewhere. This television is watching us, but we assume its vigilance as a necessary evil.
The Streaming Wars is the offensive of several entertainment companies armed to the teeth with new and abundant offers, demolition prices and all the necessary stratagems to convince ourselves that we need to incorporate this new service into our daily lives. It is the prelude to the television of the future, of an audience that is increasingly fragmented as a result of the multiplication of content and controlled by large media conglomerates that do not want to share the catalog with anyone, with the consequent risk not only for diversity, but also for our pockets. In short, a television of accelerated consumption that will give rise to increasingly fleeting phenomena, which will generate less cultural residue and in which the contents will last less, because they will be digested as quickly as they are consumed.

The expression «new streaming platforms» is everywhere. It became popular, especially as of 2015, with the arrival in Spain of the main companies that are dedicated to this business worldwide. It is also common to read and listen to «OTT». They are the acronym for Over The Top, which means «free transmission» and perfectly describes one of the main characteristics of these services: that the content circulates freely on the internet, without there being control by an operator ( something that does happen, for example, with the famous DTT, since the channels need a license to retransmit). Today, both formulas («new streaming platforms» and «OTT») are used indiscriminately to refer to all services that offer content on demand over the internet. And this is a bit confusing.
From the outset, many of these «new streaming platforms» are nothing new. They have been doing this for years (some even decades). Others, of more recent launch, have given rise to a new topic of conversation: the war of platforms (the famous Streaming Wars) determined to fight with all the arsenal at their disposal to gain the largest market share, according to some, doing a lot of damage to the competition along the way.
The reality is that, when we use «streaming platforms» (new or not) to refer to all the available offer, we are comparing churras with merino. YouTube, Netflix, Amazon, HBO, Sky, Movistar +, Filmin, Starz, Disney +, Rakuten, Apple TV +, Facebook Watch, DAZN, Atresplayer …

There is talk of new television because it represents a new form of entertainment, with attributes that break with the world we knew. The new television adapts to the individual (and not the other way around), it is mostly paid (but affordable, taking into account the advantages it offers), flexible (we can see it when, how and where we want), abundant (the content available). our reach has multiplied exponentially) and personalized (the offer is adapted to our preferences). And also unstructured.
The advent of the new television is the consequence of a process in which several factors have intervened. First, digitization. Before the content had to be packaged (a book printed on paper, a series recorded on several DVDs, a film on celluloid …). As soon as the content could be converted into a digital file, it was no longer necessary to give it a specific physical format. This increased the chances of seeing it on different media.
This transformation has undoubtedly opened a range of possibilities to the industry, but it has also caused the crisis of strategies that, for years, have been used to make money with film and television.
The first digital systems that were dedicated to marketing digital content copied the model of physical stores: the showcase. It was common for all of them to show the list of available references, organized around closed categories. Recent content was also very prominent, in the hope that the expectation that the content had generated as it passed through other windows would generate more consumption (in practice, it was). What happens is that this system in catalogs with many references, poses a disadvantage: users feel overwhelmed by so much offer, especially when they have little knowledge or references about it. Today, platforms have changed their philosophy. They are aware that there is nothing that facilitates reproduction more than a good selection of content, more or less individualized.

In practice, connecting the user with content that they like is not an easy task. The first hurdle is overcoming the feeling of being overwhelmed by the offer. Thanks to Big Data, Netflix knows that there is a critical window of 90 seconds. It is what the average user spends looking for something to see. After that time, the chances that the person ends up finding something are considerably reduced. Your brain goes into a kind of indecision loop, saturated with so many options.
The disruption that Netflix has caused has been substantial. Not only has it established a new way of producing (based on data, not on financing pilots), but it has also imposed a new way of distributing premiere content (directly to the consumer, without intermediaries) and promoting it (adapting it to the individual preferences). The development of original content has fewer restrictions (since it does not have to adapt to time slots, or foresee advertising breaks), which has opened up new possibilities for creators, who can write for more specific audiences, which Netflix is able to agglutinate globally.

One of the main victims of this rapid popularization of streaming has been life-long television. The platforms, with their promise of unlimited, on-demand, ad-free entertainment, have attacked the foundation of their business: the ability to focus large viewers on their shows. The two main concerns of television are called rating (the amount of public that watches a space) and share (the position it occupies with respect to competing networks, that is, market share). Its economic logic is simple: the more they see you, the more value your spaces have. If you are also ahead of the offer that others have at the same time, you will quote your leadership position. For public broadcasters, good audience figures reflect that the program is interesting and, therefore, that our tax money is being well spent. If you are a private network, the more viewers a program has, the more you can charge advertisers for inserting advertising in the breaks that take place during the broadcast.
In reality, television has been living on our inertia for years. TV kept us company when we got home, and for many it became the «default» option. But now a new competition has emerged that allows you to choose from a very wide offer.
Television is no longer synonymous with support or content. Today’s television, «the new television,» is experience. Streaming platforms have had a lot to do with this transformation of the act of watching TV (until now rigid and linear). It has also reconfigured our demands. The famous «silly box», the one that brutalized the audience with much entertainment and little vocation to make people think, was the result of a careful programming recipe, with certain editorial ingredients. In that stage of mass communication, the aim was to concentrate as many people as possible in front of the apparatus and monopolize the conversation the next day. Thus arose the concept of passive spectator (couch potato, in its Anglo-Saxon version), which many of us imagined lying heavily on the sofa at home …

The term Streaming Wars (literally, «streaming war») began to be coined shortly after Disney announced, in 2017, its plans to launch its own SVOD service. The play on words alluded to one of the contents that was going to be «locked in» within this new platform: the Star Wars saga, a jewel in Lucasfilm’s crown, which until then had been part of the third-party catalog (Netflix, among they). After Disney’s announcement, it didn’t take long for more to arrive. In 2018 AT&T, the telecommunications company that had just bought Warner Media (owner of HBO), declared that it also intended to launch its own OTT, which we would know a little more a year later. This would mean a reorganization of its new properties under a large umbrella to launch an ultra-improved platform, with more content, capable of standing up to the greats of the industry: HBO Max. At the beginning of 2019, NBCUniversal presented Peacock, a new streaming service (this one with advertising) with the mission of making the contents of the different properties of its company profitable …
Many predict a purge of failed platforms. For others, on the contrary, the future will bring the odd mega-alliance or the merger of some agents. The only thing that seems certain is that each service will succeed in its own way, and always according to the objectives that you set when you decided to embark on this madness. You can give it all the laps you want but, in the end, the battle is summed up in a good selection of content, a good user interface and a good price.

The platforms that the Streaming Wars has brought under its arm have been born with a firm global vocation. All have included plans to scale the business globally at some point. Being big and everywhere, at this point in the game, seems like the only viable option: the low margin per subscriber is offset by huge masses of subscribers.
In Spain they have found a market much more saturated than it might seem. According to the latest Findanygame report, more than 400 digital platforms, national and foreign, were operating, counting both free and paid ones. Obviously not all of them have a significant customer or user base.
The Spanish audiovisual industry faces an uncertain future. It is difficult to guess the impact that the Streaming Wars will have on these agents. They have already resisted difficult bets, such as the bleeding of piracy or the landing of Netflix, Amazon and HBO in our country and they know what it is to sail with the wind against them.
What at this point seems evident is that, today, survival will go through not forgetting what each company is and what its main weapons are. And assume that the others are giants and they are windmills.

1. Ask yourself if you need any services other than streaming.
2. Check your tech gear. Take an inventory of all the devices you plan to use to access the platform. Next, check their age, their capacity (for services that have offline mode it is necessary to have a certain storage capacity) and if they support the requirements of the apps of these services.
3. Check the Wi-Fi network coverage in your home. In large homes, coverage may not reach every corner.
4. Compare prices and what they offer you. On the web there are countless articles from specialized media with comparative tables. It is also important to look at the platform model (subscription, if you pay for each content or combine both models).
5. Analyze your real personal needs.
6. Ask yourself a question: how much time do you have to watch series and movies? If you keep track of the time you spend or could dedicate to it and how intense your sessions tend to be (in number of hours), you will know what your real demand for content is.

The obsession with original content, which has become a cornerstone of promotional campaigns, is already driving one-off piracy for that exclusive content (which you want to see but not so hard as to pay monthly for the entire platform). Retaining the subscriber twelve months a year will be the great Achilles heel of companies. The «contract now and cancel at any time» will facilitate intermittent subscriptions, depending on what the service has to offer.
It is also to be expected new consequences derived from the acceleration of production, which the demands of the Streaming Wars are imposing, as a new mutation of serial fiction. The urgency for new content is likely to further accentuate the shortening of each season and also the waiting times between them.
Will there be something in television of the future of television today? Definitely. Traditional television is turning its tune and heading to places where, at the moment, there is not so much competition. The pulse of television will be marked by the beat of live shows, of experience, of that enormous cultural tradition that has made it part of our lives for decades.

7 pensamientos en “Streaming Wars: La Nueva Televisión — Elena Neira / Streaming Wars: A New Television by Elena Neira (spanish book edition)

  1. Thank you for that beautiful breakdown, David. There were just so many things I had no clue about. For instance the acronym OTT. I have been living under a rock and am so averse to technology. You simplified a lot of things. Have a lovely weekend in Spain.
    Warm regards from your Indian friend.

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