El Chisme — Risto Mejide / The Gadget by Risto Mejide (spanish book edition)

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No sé por qué las víctimas de accidentes aseguran no recordar nada del momento justo del impacto. Nadie se atreve a cuestionarlas —por algo son víctimas, ya tienen bastante con lo que tienen—, pero, para mí, una de dos: o mienten o —pese a su desgracia— han tenido mucha suerte.

El libro es en parte decepcionante si tenemos en cuenta quién es su autor y cuánto promete, cuánto teoriza, con qué fina inteligencia y suspicacia enjuicia el talento de los otros. El libro expone la artificiosidad, el aparato, la pompa, la espectacularidad -los engranajes invisibles de la publicidad-.
A ratos entretiene, el problema de este cuento medio fúnebre sobre los seres perdidos en este mundo inhóspito de los datos, de los réditos, de las cifras ansiosamente exigentes con las que ya no sólo se mide nuestro éxito, sino nuestra valía. Es un cuento sobre lo solos que estamos -sobre lo terriblemente solos que andamos-, incomunicados, en el fondo, los unos de los otros. Siempre en un abismo frente al ridículo que nos impide hablar de verdad, expresar nuestra ternura.
Nuestro protagonista es Diego, divorciado, padre de una cría de cinco años, tipo grisáceo que está buscando su verdadera inteligencia -aunque, irónicamente, trabaja en una empresa de inteligencia artificial-. Es un patético ser. Frente a el Valentina Beef, estrella de los informativos de España, bella…-y con secretos, como todas las personas estimulantes-. Ella representa el trabajo bien hecho, la dignidad intelectual, la honestidad. Demasiados clichés este autor no es para mi.

En algún momento de toda existencia, la vida te da dos opciones: saber casi nada sobre muchas cosas o saberlo casi todo sobre prácticamente nada. Lo primero suele llamarse generalista. Los generalistas son gente feliz cambiando de asunto, porque en el cambio está lo que los estadísticos llaman la varianza, que es su manera de llamar a la felicidad. La distancia entre lo que hacen y lo que hacían es lo que dibuja su electrocardiograma para sentirse vivos. Eso sí, hacer cosas distintas, saber un poquito de tantas cosas, acumular experiencias a cada cual más diversa, eso está reñido con ser especialista en nada y, por lo tanto, con profundizar.
La de los que aman las cosas que cambian. La otra opción son los que cambian las cosas.
Es la de los especialistas. Esta sería la mía. Los especializados nos detenemos para que los demás podáis avanzar. Investigamos, descubrimos, analizamos, estudiamos y damos respuestas que nadie antes pudo dar.

En la vida solo hay tres condiciones para el ser humano: la de hijo, la de padre y la de hijo de grandísima puta.
La primera no se elige.
La segunda nunca caduca.
Y la tercera…, bueno, la tercera no se extinguirá jamás.

La noche es como una partitura en blanco para la triste y compleja sinfonía de la depresión. Algo pasa con la ausencia de luz para que todo parezca destinado a volver a doler. Porque sí, porque hay un pasado doloroso y oculto en cada ausencia de brillo, en cada falta de luz.

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I don’t know why accident victims claim they don’t remember anything about the exact moment of impact. Nobody dares to question them – for something they are victims, they already have enough with what they have – but, for me, one of two: either they lie or – despite their misfortune – they have been very lucky.

The book is partly disappointing if we consider who its author is and how much he promises, how much he theorizes, with what fine intelligence and suspicion he judges the talents of others. The book exposes the artificiality, the apparatus, the pomp, the spectacularity – the invisible gears of advertising.
At times it entertains, the problem of this half-funeral tale about lost beings in this inhospitable world of data, of revenues, of the anxiously demanding figures by which not only our success is measured, but our worth. It is a story about how alone we are – about how terribly alone we are – cut off, deep down, from each other. Always in an abyss in the face of the ridiculous that prevents us from speaking truly, expressing our tenderness.
Our protagonist is Diego, divorced, father of a five-year-old, grayish type who is looking for his true intelligence – although, ironically, he works in an artificial intelligence company. He is a pathetic being. In front of Valentina Beef, star of the Spanish news, beautiful …- and with secrets, like all stimulating people-. She represents a job well done, intellectual dignity, honesty. Too many clichés this author is not for me.

At some point in all existence, life gives you two options: know almost nothing about many things or know almost everything about practically nothing. The former is usually called a generalist. Generalists are happy people changing the subject, because in the change is what statisticians call the variance, which is their way of calling happiness. The distance between what they do and what they did is what their EKG draws to make them feel alive. Of course, doing different things, knowing a little about so many things, accumulating experiences each more diverse, that is at odds with being a specialist in nothing and, therefore, with deepening.
That of those who love things that change. The other option is those who change things.
It is that of the specialists. This would be mine. We specialists stop so that the rest of you can move forward. We investigate, discover, analyze, study and give answers that no one could give before.

In life there are only three conditions for a human being: that of a son, that of a father and that of the son of a great whore.
The first is not chosen.
The second never expires.
And the third … well, the third will never be extinguished.

The night is like a blank sheet music for the sad and complex symphony of depression. Something happens with the absence of light so that everything seems destined to hurt again. Because yes, because there is a painful and hidden past in every lack of brightness, in every lack of light.

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