El País De Los Otros — Leïla Slimani / Le Pays Des Autres by Leïla Slimani

Un mundo desaparecía ante sus ojos. Frente a ellos, ardían las casas de los colonos. El fuego devoraba los vestidos de las niñas buenas, los abrigos elegantes de las mamas, los muebles en cuyo fondo se guardan, enrollados en paños, los vestidos de fiesta que solo se ponen una vez. Los libros habían sido reducidos a cenizas como las herencias llegadas de Francia y exhibidas con orgullo ante los indígenas.

Leïla Slimani se centra, sí, en Mathilde. Esta francesa de Alsacia se enamora perdidamente del soldado marroquí Amine en 1944 y se casa con él. Unos años más tarde se muda con él a un pueblo en el campo marroquí.
Allí había imaginado la vida de otra manera. Amine, que se ha convertido en un hombre gruñón en su tierra natal, establece las reglas. “Así es como funciona aquí.” La casa es una cabaña que se siente como una prisión, porque una mujer emancipada también debería trabajar adentro. Como francesa, Mathilde también debería mantener un perfil bajo: después de todo, ella viene de la tierra del “ocupante”.
El calor es feroz, el trabajo es duro, las preocupaciones pesan, pero en sus cartas a casa refleja a su familia que es feliz. Ella no podrá mantener la mentira para siempre. El mundo está en movimiento. Al principio, no hay mucha lucha por la independencia en el campo, pero a través de varios personajes se comprende lo que estaba pasando en los años cincuenta.
La madre de Amine ve al hermano de Amine, Omar, convertirse en un luchador de la resistencia comprometido. La hermana de Amine anhela ser una mujer moderna e independiente. Aïcha, la hija de Mathilde y Amine, es intimidada en su escuela católica por ser francesa, pero sin embargo se vuelve cada vez más contra los franceses.
Debido al título, que no es la traducción del título original, me sorprendió un poco no solo leer los hechos a través de los ojos de Mathilde. Esa expectativa incumplida afectó mi experiencia de lectura. No entendí por qué tuve que dejar a Mathilde sin avisar para leer la historia a través de los ojos de Aïscha, y luego volver con Mathilde u otra persona.
Leïla Slimani no toma partido, nadie es bueno ni malo. Entiendes los motivos de Mathilde y las personas que la rodean, y lo difícil que es perseguir tus sueños con respeto por los demás.
La historia tiene lugar en los albores de la independencia de Marruecos y sigue a una pareja franco-marroquí que decide mudarse a Meknes. La situación se describe desde el punto de vista de cada personaje, con una mirada a sus antecedentes y su evolución.
El país de los otros destaca cómo las mujeres sobreviven en un país de hombres, hecho por hombres y para hombres. También observamos cómo viven en este mundo machista sujeto a muchos tabúes y silencios, ya sea la mujer francesa o marroquí.
Mathilde es un personaje sensible, pero a lo largo de la historia nos damos cuenta de que es principalmente una amalgama de estereotipos y es difícil apegarse a ella o sentir compasión por ella. El marco se desarrolla lentamente y seguimos hambrientos porque no entendemos de dónde viene Leila Slimani. La trilogía histórica lucha por captar la atención del lector y uno se pierde tratando de entender a cada personaje y tratando de adivinar quién es el protagonista principal alrededor del cual gira la historia. Sin embargo, es innegable que la descripción de los lugares y el ambiente del país está bien elaborada y muestra cierta investigación y pasión por la sociedad de la época. El estilo de escritura es fluido y agradable a lo largo de la lectura porque los cambios de escenas o capítulos no son bruscos.
La historia carece de originalidad y da paso a situaciones esperadas, lo que hace que la lectura sea extremadamente aburrida. La historia carece de vida y aliento, qué lástima para un tema tan interesante escrito en un período aún desconocido para el gran público. Es una falla escribir un libro que no transmite la idea del autor o el tema a debatir que creo que aquí es el mestizaje y los hijos de matrimonios mixtos.
Cuando partió hacia Marruecos, huyendo de su pueblo, de los vecinos y del futuro que le estaba destinado, Mathilde experimentó un sentimiento de victoria. Las cartas que enviaba a su hermana eran entusiastas describiendo su vida en la casa de la medina. Insistía en el misterio de las callejuelas del barrio de Berrima, exageraba su suciedad, el ruido, el olor de los burros que transportaban a hombres y mercancías.
Al final de cada carta que escribía a Irene, Mathilde pedía que le enviara libros. Novelas de aventuras, relatos con ambientes que transcurrían en países fríos y lejanos. No le confesó que ya no iba a la librería del centro de la ciudad europea. No soportaba ese barrio de comadres cotillas, esposas de militares y de colonos. Esas calles, de las que guardaba tan malos recuerdos, le provocaban ganas de matar.

Aicha odiaba aquella casa. Había heredado la sensibilidad de su madre, y Amín concluyó que todas las mujeres eran iguales, pusilánimes y fácilmente impresionables. La niña tenía miedo de cualquier cosa. De la lechuza que había en el aguacatero, cuya presencia, según los obreros, anunciaba una muerte cercana.

Cuando era adolescente, Mathilde nunca pensó en la posibilidad de ser libre por sí sola. Le parecía impensable, por ser mujer, por no tener estudios, que su destino no estuviera íntimamente ligado al de otra persona. Se dio cuenta de su error demasiado tarde y ahora que tenía discernimiento y algo de valor ya le era imposible dar marcha atrás. Los niños eran sus raíces y estaba atada a esta tierra, a su pesar. Sin dinero, no tenía adonde ir y esa dependencia, esa sumisión, la amargaban. Aunque pasaban los años, no se consolaba e invariablemente le entraban náuseas, una especie de repliegue sobre sí misma, un aplastamiento que le provocaba asco de su persona.
Mathilde pensaba que sus hijos eran demasiado pequeños para entender lo que ocurría, y si no les explicaba nada no era por indiferencia ni por exceso de autoridad. Estaba convencida de que, pasara lo que pasara, los niños vivían en una burbuja de inocencia que los adultos eran incapaces de reventar. Creía comprender mejor que nadie a su hija, leer en su alma, como cuando contemplas un bello paisaje a través de una ventana. La trataba como a una amiga, una cómplice, contándole cosas que no eran propias de su edad.

Libros de la autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/12/08/cancion-dulce-leila-slimani-chanson-douce-the-perfect-nanny-a-novel-by-leila-slimani/

https://weedjee.wordpress.com/2019/12/04/en-el-jardin-del-ogro-leila-slimani-adele-a-novel-by-leila-slimani/

https://weedjee.wordpress.com/2021/04/10/el-pais-de-los-otros-leila-slimani-le-pays-des-autres-by-leila-slimani/

——————

A world disappeared before his eyes. In front of them, the settlers’ houses burned. The fire devoured the dresses of the good girls, the elegant coats of the mothers, the furniture in the bottom of which they are kept, rolled up in cloths, the party dresses that they only wear once. The books had been reduced to ashes like inheritances from France and proudly displayed before the natives.

Leïla Slimani focuses, yes, on Mathilde. This French woman from Alsace falls madly in love with the Moroccan soldier Amine in 1944 and marries him. A few years later she moves with him to a town in the Moroccan countryside.
She there she had imagined life differently. Amine, who has become a grumpy man in his homeland, sets the rules. “This is how it works here.” The house is a cabin that feels like a prison, because an emancipated woman should also work inside. As a Frenchwoman, Mathilde should also keep a low profile: after all, she comes from the land of the “occupier”.
The heat is fierce, the work is hard, the worries weigh, but in her letters to her house she reflects to her family that she is happy. She will not be able to keep the lie forever. The world is in motion. At first, there is not much struggle for independence in the field, but through various characters it is understood what was happening in the fifties.
Amine’s mother sees Amine’s brother, Omar, become a committed resistance fighter. Amine’s sister longs to be a modern, independent woman. Aïcha, the daughter of Mathilde and Amine, is bullied at her Catholic school for being French, but nevertheless she increasingly turns against the French.
Due to the title, which is not the translation of the original title, I was a bit surprised not only to read the facts through Mathilde’s eyes. That unfulfilled expectation affected my reading experience. I didn’t understand why I had to leave Mathilde unannounced to read the story through Aïscha’s eyes, and then go back to Mathilde or someone else.
Leïla Slimani does not take sides, nobody is good or bad. You understand the motives of Mathilde and the people around her, and how difficult it is to pursue your dreams with respect for others.
The story takes place at the dawn of Moroccan independence and follows a Franco-Moroccan couple who decide to move to Meknes. The situation is described from the point of view of each character, with a look at their background and evolution.
The Country of Others highlights how women survive in a man’s country, made by men and for men. We also observe how they live in this macho world subject to many taboos and silences, be it French or Moroccan women.
Mathilde is a sensitive character, but throughout the story we realize that she is primarily an amalgam of stereotypes and it is difficult to become attached to or feel compassion for her. The framework develops slowly and we remain hungry because we do not understand where Leila Slimani is coming from. The historical trilogy struggles to capture the reader’s attention and one is lost trying to understand each character and trying to guess who is the main protagonist around whom the story revolves. However, it is undeniable that the description of the places and the environment of the country is well elaborated and shows some research and passion for the society of the time. The writing style is fluid and pleasant throughout the reading because the changes of scenes or chapters are not abrupt.
The story lacks originality and gives way to expected situations, which makes reading extremely boring. The story lacks life and breath, what a shame for such an interesting subject written in a period still unknown to the general public. It is a failure to write a book that does not convey the idea of the author or the topic to be debated that I think here is miscegenation and children of mixed marriages.
When she left for Morocco, fleeing her village, her neighbors and the future that was destined for her, Mathilde experienced a feeling of victory. The letters she sent to her sister were enthusiastic describing her life in the house in the medina. She insisted on the mystery of the streets of the Berrima neighborhood, she exaggerated her dirt, the noise, the smell of the donkeys carrying men and goods.
At the end of every letter she wrote to Irene, she asked Mathilde to send her books. Adventure novels, stories with environments that took place in cold and distant countries. She did not confess to him that she no longer went to the bookstore in the center of the European city. She could not bear that neighborhood of gossiping comadres, military wives and settlers. Those streets, of which she had such bad memories, made her want to kill.

Aicha hated that house. She had inherited her mother’s sensitivity, and Amin concluded that all women were equal, faint-hearted, and easily impressionable. The girl was afraid of anything. Of the owl that was in the avocado tree, whose presence, according to the workers, announced a near death.

When she was a teenager, she Mathilde never thought about the possibility of being free on her own. She seemed unthinkable to him, because she was a woman, because she had no education, that her destiny was not intimately linked to that of another person. She realized her mistake too late and now that she had discernment and some courage it was impossible for her to turn back. Children were her roots and she was tied to this earth, despite it. Without money, she had nowhere to go and that dependence, that submission, made her bitter. Although the years passed, she was not consoled and invariably nauseated, a kind of withdrawal in herself, a crush that disgusted her person.
Ella Mathilde thought that her children were too young to understand what was happening, and if she did not explain anything to them, it was not out of indifference or excess of authority. She was convinced that, whatever happened, children lived in a bubble of innocence that adults were incapable of bursting. She believed she understood her daughter better than anyone, read her soul, like when you contemplate a beautiful landscape through a window. She treated her like a friend, an accomplice, telling her things that were not typical of her age.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/12/08/cancion-dulce-leila-slimani-chanson-douce-the-perfect-nanny-a-novel-by-leila-slimani/

https://weedjee.wordpress.com/2019/12/04/en-el-jardin-del-ogro-leila-slimani-adele-a-novel-by-leila-slimani/

https://weedjee.wordpress.com/2021/04/10/el-pais-de-los-otros-leila-slimani-le-pays-des-autres-by-leila-slimani/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .