Este Virus Que Nos Vuelve Locos — Bernard Henri Levy / The Virus in the Age of Madness by Bernard-Henri Lévy

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No sé qué pensar, es un ensayo escrito por su autor, el desconfinamiento tampoco había comenzado cuando él estaba escribiendo sus líneas …
Entonces, inevitablemente, no podemos estar de acuerdo en todo (ya es básico, y esto es bastante normal), pero tampoco experimentamos este momento de la misma manera que él y yo (como una certeza incluso…).
No soy un filósofo y fue interesante mirarlo a los ojos porque aquí el autor descifra el fenómeno social por lo que es.
La gran pregunta es: ¿qué dice sobre nosotros esta epidemia que ha entrado en nuestras vidas de la noche a la mañana? ¿Qué dice sobre nuestra humanidad pero también sobre su opuesto? ¿Qué se filtra a través de este prisma?
Los canales de noticias nos han empapado tanto en números, interminablemente «covid» noticias, repitiendo: ¿dónde estaba la otra parte del mundo durante ese tiempo? ¡Una verdadera pregunta!
Y, más a la ligera, ¿nuestras relaciones humanas, nuestras sensaciones se alterarán irremediablemente? ¿Volverá pronto nuestro beso de saludo «francés»? ¿Sin desgana, sin virus, con la sonrisa que lo acompaña?
Merece ser «analizado» más, con la necesaria retrospectiva …
Tenga en cuenta que los derechos de autor serán donados a ADELC (Asociación para el Desarrollo de la Biblioteca de Creación).
«ADELC fue creada por editoriales de literatura general deseosas de promover la difusión de la creación editorial proporcionando a los libreros los medios para desarrollar y mantener su independencia». (sic) y solo por eso, ¡definitivamente vale la pena leerlo!.
Concepto: Este libro contiene algunas ideas geniales sobre el estado del mundo y cómo lo ha afectado la pandemia Covid-19. Según Levy, la manifestación de miedo agudo fue el resultado de las redes sociales y la naturaleza interconectada de nuestro mundo moderno.
Escritura: Como académico, ciertamente creo que esta lectura se investiga muy a fondo. Sin embargo, se leía un poco ruidoso y no sería tan accesible para una audiencia más general. Los puntos que hace están un poco sobreescritos en algunos lugares y el punto exacto que está haciendo desaparece en el abismo, y fue solo al volver atrás y volver a escanear que lo encontré nuevamente.

En general. Definitivamente diría que este libro es informativo y está bien pensado. La investigación es de alta calidad y el autor presenta algunos argumentos complejos sobre la naturaleza humana y el concepto de miedo y propaganda. Sin embargo, la inaccesibilidad de este libro y el estilo de escritura torpe y sobreescrito lo derriba.

Lo más sobrecogedor ha sido la extraña manera que hemos tenido de reaccionar esta vez.
La epidemia no solo es la del coronavirus, sino la del miedo que se ha cernido sobre el mundo.
Hemos visto temperamentos de acero que, de un día para otro, se han quedado paralizados.
Hemos oído a los intelectuales, que habían vivido otras guerras, recuperar la retórica del enemigo invisible, de los combatientes de primera y segunda línea, de la guerra sanitaria total.
Los médicos, en primer lugar, no siempre tienen más información que nosotros y en la confianza ciega que hemos depositado en ellos hay algo un poco absurdo. Como Bachelard, ellos también saben que la «verdad científica» que les suplicamos que nos den siempre es un «error rectificado». Son conscientes de que no son más inmunes que los políticos a los pronósticos azarosos (Yazdan Yazdanpanah: «En Francia no habrá epidemia porque estamos preparados»), los errores de cálculo (Jean-François Delfraissy: sin duda no había «calibrado la gravedad del acontecimiento») o incluso a los delirios conspiranoicos (Luc Montagnier anunciando que se habían introducido de manera deliberada secuencias del virus del VIH en el del SARS-CoV-2). Conocen los caminos que no llevan a ninguna parte y los rodeos errantes. Recuerdan perfectamente todos los virus cuyo código han intentado descifrar y que han desaparecido sin que se haya revelado su secreto.
Los médicos pueden ser héroes, pero no son ni Dios padre, ni los arcontes de la ciudad ante una nueva peste. Le ha comunicado a los aprendices de mago que el silencio de los órganos no debe ser un silencio de toque de queda o de torre de vigilancia que planea sobre los cuerpos administrados. Pero ha sido in extremis. Tras semanas de agitación febril, asmática y extenuada en que la Opinión quería ver a la medicina al timón del barco. Y al final de este camino en el que había que sellar la incestuosa unión del poder político y el poder médico.

Frente a tanto oportunismo, frente a esa fiebre interpretativa en la que cada cual ha pretendido ser el augur del mundo —aunque, en verdad, estaba solo consigo mismo—.
Los virus no piensan; los virus son ciegos; los virus no aparecen para contarles historias a los humanos o transmitir mensajes de sus malos pastores. Y, en consecuencia, no hay ningún «buen uso», ninguna «lección social» ni ningún «juicio final» que quepa esperar de una pandemia, salvo, naturalmente, diagnósticos simples, sin pathos, del estado del sistema sanitario y del hecho de que nunca invertimos lo suficiente en investigación y en hospitales, por poner solo un ejemplo.
Los paladines del confinamiento, esas mujeres y hombres que, en sus blogs, confesaban que nunca habían sido tan felices ni tan libres desde que se habían encerrado en casa y estaban mano sobre mano, casi inmóviles, en su habitación y siguiendo el fluir del tiempo.

Lo que tengo claro es que el mundo de después llama a la puerta y que puede que también tenga ese rostro.
Y también sé que, si al final nos vemos en esas, para volver a encontrar el camino, habrá que ir de casa en casa y volar de tejado en tejado, habrá que armarse de valor y salir a la calle, jugar a vivir, reír, llorar quizá morir de vivir.

El más poderoso de esos enemigos de la libertad, el señor Xi, lleva el timón y, mientras nosotros libramos la guerra contra el virus, él se encargaba de otra, una contienda verdadera, en la que se jugaba conseguir el puesto de primera potencia mundial. ¿Tenía mucho que reprocharse el comunismo chino? Al ocultar el problema durante muchas semanas, al manipular las cifras, al intimidar a los médicos que dieron la voz de alarma y al encerrar a los periodistas que publicaban en GitHub artículos donde se denunciaba el desastroso estado de los hospitales de Wuhan, ¿habían contribuido a convertir una infección en un mercado de pangolines en toda una pandemia? Qué más da. Se encabezaba las tres únicas luchas que valen para un maoísta. La lucha por el control de los nombres (ni hablar de «SARS-CoV-2», el primer nombre que surgió y que se parecía demasiado a «SRAS 2003», es decir, chino). La lucha por el control del relato (hacer lo que haga falta, según cuenta Le Monde el 29 de abril de 2020, para que la OMS, sometida al régimen, confirmara que había sido un correo de Pekín y no de Taiwán el que finalmente había dado la voz de alarma). Y, en tercer lugar, la lucha de los «lobos guerreros» y su diplomacia armada para, por tierra, mar y aire, enviar señales a quienes todavía no lo hubiesen entendido, de que la globalización del siglo XXI será china o no será (violación del espacio aéreo del estrecho de Formosa, multiplicación de los incidentes en el mar de la China Oriental, apropiación de islotes estratégicos o de zonas marítimas en disputa con Japón, Vietnam, Filipinas o el sultanato de Brunéi…). Y, por si fuera poco, la astucia del táctico que ha inventado el modelo de respuesta (confinamiento), pero que escoge el momento en que el adversario lo adopta mientras que él (ya en fase de desconfinamiento), se libera de ese estado para coger ventaja.

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I do not know what to think, it is an essay written by its author, the confusion had not started when he was writing his lines …
So inevitably, we can’t agree on everything (it’s already basic, and this is quite normal), but we also don’t experience this moment in the same way as him and I (as a certainty even…).
I am not a philosopher and it was interesting to look him in the eye because here the author deciphers the social phenomenon for what it is.
The big question is: what does this epidemic that has entered our lives overnight say about us? What does it say about our humanity but also about its opposite? What is filtered through this prism?
The news channels have drenched us so much in numbers, endlessly «covid» news, repeating: where was the other part of the world during that time? A real question!
And, more lightly, will our human relationships, our sensations be irretrievably altered? Will our «French» greeting kiss be back soon? Without reluctance, without viruses, with the accompanying smile?
It deserves to be «analyzed» more, with the necessary hindsight …
Please note that copyright will be donated to ADELC (Association for the Development of Creation Library).
«ADELC was created by general literature publishers eager to promote the dissemination of editorial creation by providing booksellers with the means to develop and maintain their independence.» (sic) and for that alone, it’s definitely worth reading!.
Concept: This book contains some great ideas about the state of the world, and how the Covid-19 pandemic has affected it. According to Levy, the manifestation of acute fear was the result of social media and the interconnected nature of our modern world.
Writing: As an academic. I certainly think this reads is researched very thoroughly. However, it read a little bit clunking and wouldn’t be that accessible for a more general audience. The points he makes are a tad over-written in places and the exact point he is making disappears into the abyss, and it was only through going back and re-scanning did I find it again.

Overall. I would definitely say that this book is informative and well thought out. The research is of a high quality and the author presents some complex arguments about human nature and the concept of fear and propaganda. However, the inaccessibility of this book and the over-written, clunky writing style pulls it down.

The most overwhelming thing has been the strange way we have had to react this time.
The epidemic is not only that of the coronavirus, but that of fear that has loomed over the world.
We have seen tempers of steel that, from one day to the next, have been paralyzed.
We have heard the intellectuals, who had lived through other wars, recover the rhetoric of the invisible enemy, of the first and second line combatants, of the total health war.
Doctors, in the first place, do not always have more information than we do, and there is something a bit absurd in the blind trust we have placed in them. Like Bachelard, they too know that the «scientific truth» we beg them to give us is always a «rectified error.» They are aware that they are no more immune than politicians to random forecasts (Yazdan Yazdanpanah: «In France there will be no epidemic because we are prepared»), miscalculations (Jean-François Delfraissy: he had certainly not «calibrated the severity of the event ‘) or even conspiracy delusions (Luc Montagnier announcing that sequences of the HIV virus had been deliberately introduced into that of SARS-CoV-2). They know the roads that lead nowhere and the wandering detours. They perfectly remember all the viruses whose code they have tried to decipher and which have disappeared without their secret being revealed.
Doctors may be heroes, but they are neither God the Father, nor the city’s archons in the face of a new plague. He has communicated to the apprentice magicians that the silence of the organs should not be a curfew or watchtower silence hovering over administered bodies. But it has been in extremis. After weeks of feverish, asthmatic and exhausted agitation in which Opinion wanted to see medicine at the helm of the ship. And at the end of this path in which the incestuous union of political power and medical power had to be sealed.

In the face of so much opportunism, in the face of that interpretive fever in which each one has pretended to be the augur of the world – although, in truth, he was alone with himself.
Viruses don’t think; viruses are blind; Viruses don’t appear to tell humans stories or convey messages from their bad shepherds. And consequently, there is no «good use,» no «social lesson,» or «final judgment» to expect from a pandemic, except, of course, simple, pathos-free diagnoses of the state of the health system and the fact that that we never invest enough in research and hospitals, to take just one example.
The champions of confinement, those women and men who, in their blogs, confessed that they had never been so happy or so free since they had locked themselves at home and were hand over hand, almost immobile, in their room and following the flow of time .

What I have clear is that the world afterwards knocks on the door and that it may also have that face.
And I also know that, if in the end we meet in those, to find the way again, we will have to go from house to house and fly from roof to roof, we will have to steel ourselves and go out into the streets, play at life, laugh , cry maybe die of living.

The most powerful of those enemies of freedom, Mr. Xi, is at the helm and, while we waged the war against the virus, he was in charge of another, a true contest, in which they were risking the position of the world’s leading power. . Did Chinese Communism have much to blame for itself? By hiding the problem for many weeks, by manipulating the numbers, by intimidating the doctors who raised the alarm, and by shutting down journalists who posted articles on GitHub denouncing the disastrous state of Wuhan hospitals, had they contributed? turn an infection in a pangolin market into a pandemic? What difference does it make. He led the only three struggles that are worth for a Maoist. The fight for control of names (not to mention «SARS-CoV-2», the first name that emerged and which was too similar to «SARS 2003″, that is to say, Chinese). The fight for control of the story (do whatever it takes, according to Le Monde on April 29, 2020, for the WHO, subjected to the regime, to confirm that it had been a post from Beijing and not from Taiwan that finally had given the alarm). And, thirdly, the struggle of the «warrior wolves» and their armed diplomacy to, by land, sea and air, send signals to those who have not yet understood, that the globalization of the 21st century will be Chinese or it will not be ( violation of the airspace of the Strait of Formosa, multiplication of incidents in the East China Sea, appropriation of strategic islets or maritime areas in dispute with Japan, Vietnam, the Philippines or the Sultanate of Brunei …). And, as if that weren’t enough, the cunning of the tactician who has invented the response model (confinement), but who chooses the moment when the adversary adopts it while he (already in a phase of disarray) frees himself from that state to take advantage.

7 pensamientos en “Este Virus Que Nos Vuelve Locos — Bernard Henri Levy / The Virus in the Age of Madness by Bernard-Henri Lévy

  1. I have doubts in whether or not this part of the world is ready to work. I mean, China has taken all the labour away, people have had not a lot of work in Europe and we need it back. But we have been out of work for almost a decade. Just working zero hour contracts. If this works, which I am hoping it does, it means, no more travel unless it a priority. It means, labour not tourism. We could conserve our waters and see what happens.

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