La Policía De La Memoria — Yoko Ogawa / The Memory Police (Hisoyaka Na Kesshō) by Yoko Ogawa

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Pero dime, mamá, ¿sentiré miedo cuando eso suceda? —preguntaba yo, llena de aprensión.
—Ni lo más mínimo —replicaba ella—. Sucede sin que apenas te enteres. No sentirás dolor ni fatiga. Una mañana de un día cualquiera, al despertar, algo se habrá esfumado de tu vida, dejando intacto lo demás, y, entonces, tan solo percibirás un tibio desajuste con respecto al día anterior. Te recomiendo cerrar los ojos y aguzar el oído, captar la sutil diferencia que vibra en el aire como una especie de señal. Y si prestas suficiente atención, es posible que se te desvele la identidad de aquello que habrá dejado de existir en la isla y, por tanto, habrá salido también de tu vida para siempre.

La memoria asusta porque es invisible, inaprensible —prosiguió—. Precisamente, quien sufre la pérdida de memoria no se da cuenta de la importancia que tiene o tenía aquello que es incapaz de recordar, caído ya al pozo del olvido.

Publicada originalmente en 1994, y publicada la traducción solo este año, y con un presupuesto de marketing decente como lo demuestra la impresionante portada y muchas entrevistas y reseñas, es convincente. Como todas las obras de Ogawa, también es atemporal. Puede parecernos una novela del momento porque la vigilancia estatal es su telón de fondo. Pero las historias de Ogawa tratan de cómo las personas responden a sus circunstancias, a las limitaciones. Lo que las motiva. Qué los confunde. Qué los impulsa a tomar tal o cual elección. Su lenguaje es tranquilo, poco emocionado. Ella describe eventos desconcertantes con sencillez. Sus palabras perduran pero no gritan. Ogawa ha escrito más de 20 libros y ganado varios premios.
La Policía de la Memoria es japonesa, no estadounidense, por lo que nuestra protagonista no es del tipo heroico decidido a desafiar al sistema. Es una escritora que vive en una isla de la que nadie puede salir. Los objetos y conceptos desaparecen ocasionalmente, a veces físicamente, a veces la comprensión colectiva de la comunidad sobre ellos se evapora de tal manera que siguen existiendo pero sin sentido para todos. Ogawa no ofrece ninguna explicación ni del mecanismo ni de las reglas de la desaparición. Desaparecer es útil principalmente para explorar el papel de la memoria en cómo nos convertimos en nosotros, como individuos y como comunidades, y si, si esos recuerdos se desmantelan, cambiamos y en qué medida. Nuestro protagonista está tranquilo. Ella va para llevarse bien. Cuando era niña, perdió a su madre por culpa de la policía de la memoria. Ahora tiene poco más de 20 años y es novelista. Pero ahora están desapareciendo otros objetos: música, rosas, historias. Ocasionalmente, la Policía de la Memoria se lleva a las personas y nunca más se las vuelve a ver.
Debido a que teme por una buena razón que su editor, R, corra el riesgo de ser desaparecido (al estilo sudamericano familiar para todos en la década de 1970), encuentra una manera de esconderlo, con la ayuda de un amigo, en una habitación escondida entre los pisos de su casa. La sugerencia de Ana Frank, una inspiración que Ogawa ha señalado en múltiples entrevistas, actúa como una distracción para el lector. R es la defensora de la memoria comunitaria e individual, de la importancia de la escritura y la lectura como medio para preservar el pasado y comprender quién es. Ogawa es siempre la dueña de la mala dirección. A medida que pasaban las páginas, me preocupaba incesantemente por R y el perro. Mientras tanto, en el momento en que extrañé el bosque.
En un momento, nuestra escritora-protagonista está trabajando en una historia sobre una mecanógrafa cuyo instructor interactúa con ella de maneras que al principio son desalentadoras, luego desconcertantes y finalmente crueles. Su historia se presenta en segmentos, sin ningún marco. Uno de los misterios irresistibles y desconcertantes de la policía de la memoria es el significado de la historia dentro de una historia. Te prometo que pasarás mucho tiempo contemplando cómo se relacionan las dos historias y quizás llegarás a un puñado de posibilidades. Si aportas una pizca de humildad a el libro, te sentirás un poco incómodo y un poco inseguro acerca de la interpretación que elijas. Me encanta que Ogawa nos deje con más preguntas que respuestas.

La trama, tal como es, se refiere a los esfuerzos de una mujer por esconder a una de estas personas en un anexo construido especialmente debajo de las tablas del piso, de una manera que recuerda a El diario de Ana Frank. Aunque nunca se menciona como tal, la habitación es una mazmorra: una cámara secreta a la que solo se puede acceder a través de una trampilla en el techo (el nombre proviene del francés oublier, ‘olvidar’). Mientras tanto, los ‘olvidos’ se aceleran, volviéndose cada vez más extremos.
Este es un tipo de apocalipsis personal, sereno y silencioso, donde los intentos de resistencia son pequeños y que culmina en la destrucción misma del yo.

El mundo exterior se encuentra desolado, completamente cubierto de nieve. Pero tienes un espíritu fuerte y estoy convencida de tu capacidad para superar los rigores de allá fuera. No solo tú, espero lo mismo de todos los fugitivos que han permanecido todo este tiempo encerrados en refugios.

Libros de la autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/07/03/la-formula-preferida-del-profesor-yoko-ogawa/

https://weedjee.wordpress.com/2017/08/19/el-anular-yoko-ogawa/

https://weedjee.wordpress.com/2017/08/23/el-embarazo-de-mi-hermana-yoko-ogawa/

https://weedjee.wordpress.com/2021/04/03/la-policia-de-la-memoria-yoko-ogawa-the-memory-police-hisoyaka-na-kessho-by-yoko-ogawa/

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But tell me, mom, will I be afraid when that happens? I asked, full of apprehension.
«Not the least bit,» she replied. It happens without you barely knowing. You will not feel pain or fatigue. One morning of any given day, when you wake up, something will have disappeared from your life, leaving the rest intact, and, then, you will only perceive a tepid mismatch with respect to the previous day. I recommend you close your eyes and prune your ears, catch the subtle difference that vibrates in the air as a kind of signal. And if you pay enough attention, it is possible that the identity of what will have ceased to exist on the island and, therefore, will also have left your life forever.

Memory is frightening because it is invisible, elusive, ”he continued. Precisely, those who suffer from memory loss do not realize the importance that what they are unable to remember has or had, already fallen into the pit of oblivion.

Originally published in 1994, and released in translation only this year, and with a decent marketing budget as evidenced by the stunning cover and many interviews and reviews, it is compelling. Like all of Ogawa’s works, it is also timeless. It may strike us as a novel of the moment because state surveillance is its backdrop. But Ogawa’s stories are about how people respond to their circumstances, to limitations What motivates them. What confuses them. What compels them to make this or that choice. Her language is calm, unexcited. She describes unnerving events with simplicity. Her words linger but don’t shout. Ogawa has written 20+ books and won multiple awards.
The Memory Police is Japanese – not American – so our protagonist isn’t the heroic sort determined to defy the system. She is a writer living on an island that none are able to depart. Objects and concepts occasionally disappear – sometimes physically, sometimes the community’s collective understanding of them evaporates such that they remain in existence but meaningless to all. Ogawa offers no explanation for either the mechanism or the rules of disappearing. Disappearing is useful primarily for exploring the role of memory in how we become us, as individuals and as communities, and whether – if those memories are dismantled – we change, and to what extent. Our protagonist is calm. She goes along to get along. As a child, she lost her mother to the memory police. She’s in her early 20s now and a novelist. But now other objects are disappearing – music, roses, stories. Occasionally, people are taken away by the Memory Police and never seen again.
Because she fears for good reason that her editor, R, is at risk of being disappeared (in the South American manner familiar to all in the 1970s), she finds a way to hide him – with the assistance of a friend – in a room hidden between the floors of her home. The suggestion of Anne Frank, an inspiration Ogawa has flagged in multiple interviews, acts as a bit of distraction for the reader. R is the defender of community and individual memory, of the importance of writing and reading as a means of preserving the past and understanding who one is. Ogawa is ever the mistress of misdirection. As the pages turned, I worried unceasingly about R and the dog. Meanwhile, in the moment I missed the forest.
At one point, our writer-protagonist is working on a story about a typist whose instructor interacts with her in ways that are at first dismaying, then baffling, and finally cruel. Her story is presented in segments, without any framing. One of the irresistible and confounding mysteries of The Memory Police is the significance of the story-within-a-story. I promise you, you’ll spend a lot of time contemplating how the two stories relate and perhaps arriving at a handful of possibilities. If you bring an ounce of humility to The Memory Police, you’ll remain a little uncomfortable and a tad uncertain about the interpretation you choose. I love that Ogawa leaves us with more questions than answers.

The plot, such as it is, concerns a woman’s efforts to hide one of these individuals in a purpose-built annex under her floorboards, in a manner reminiscent of The Diary of Anne Frank. Although it’s never referred to as such, the room is an oubliette: a secret chamber that can only be accessed via a trapdoor in its ceiling (the name comes from the French oublier, ‘to forget’). Meanwhile the ‘forgettings’ accelerate, becoming more and more extreme.
This is a quiet, serene, personal sort of apocalypse, where attempts at resistance are small, and which culminates in the very destruction of the self.

The outside world is desolate, completely covered in snow. But you have a strong spirit and I am convinced of your ability to overcome the rigors out there. Not only you, I expect the same from all the fugitives who have been locked up in shelters all this time.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/07/03/la-formula-preferida-del-profesor-yoko-ogawa/

https://weedjee.wordpress.com/2017/08/19/el-anular-yoko-ogawa/

https://weedjee.wordpress.com/2017/08/23/el-embarazo-de-mi-hermana-yoko-ogawa/

https://weedjee.wordpress.com/2021/04/03/la-policia-de-la-memoria-yoko-ogawa-the-memory-police-hisoyaka-na-kessho-by-yoko-ogawa/

4 pensamientos en “La Policía De La Memoria — Yoko Ogawa / The Memory Police (Hisoyaka Na Kesshō) by Yoko Ogawa

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