Historia Prohibida De América — Darío Fo / Storia Proibita dell’America by Dario Fo

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Dario Fo describe las invasiones, persecuciones y masacres de nativos americanos (pieles rojas) que todos conocemos, o menos adivinamos.
Incluye revestimientos sólidos para Hollywood, y lo hace llevando solo tres películas más allá. En resumen, como nos han dicho, estas personas no fueron brutales y, así mismo, no fueron estúpidas como se nos hizo pensar. Contó cómo soportaron estas masacres durante años y cómo se defendieron con movimientos inteligentes. Hay dibujos pertenecientes a Fo nuevamente y dibujos muy exitosos.
Es un libro que se lee con placer e interés. No sé cuántas fuentes científicas existen para probar los hechos individuales, pero es cierto que hay una verdad subyacente en la lectura de los eventos. Lectura que no se transmite históricamente, pero que la historia la escriben los ganadores y no los perdedores
Es un libro que recomiendo a todos y en particular a quienes comparten la lectura de la realidad con Dario Fo.

Los blancos no se comportaron de manera correcta conmigo. Acudí a verlos, tras haber sido invitado a un encuentro de paz. Ninguno de los hermanos que me acompañaban llevaba armas escondidas a la espalda. Íbamos desarmados tanto en las manos como en los pensamientos. Cuando nos sentamos alrededor de una mesa para hablar, me encontré atado con cuerdas en las muñecas y alrededor de los tobillos. Ahí fue cuando entendí que la traición es parte fundamental de su forma de vivir. Yo amo la tierra en la que vivo, mi cuerpo está hecho de su arena; el Gran Espíritu me dio piernas para recorrer esta tierra; me dio manos para sobrevivir aquí; me dio ojos para ver sus estanques, los ríos, los bosques y los animales que he de cazar; y, por último, una cabeza con la que pensar. El sol, que es cálido y luminoso como mis sentimientos, reluce para calentarnos y dar fuerza a nuestras cosechas; la luna nos trae los espíritus de los guerreros que nos han dejado, de nuestros padres, de nuestras mujeres e hijos.
»El blanco que viene aquí crece pálido y enfermo. ¿Por qué no podemos vivir en paz? Yo soy el enemigo del hombre blanco. Podría haber vivido en paz con él, pero primero nos robó caballos y ganado, y después nos engañó y se apoderó de nuestras tierras.

El español Juan Ponce de León fue el primer europeo en llegar a Florida, en mayo de 1513, a la cabeza de un grupo de conquistadores, después de algunas experiencias victoriosas de los españoles, que, en otras zonas, con unas pocas docenas de hombres armados con fusiles, habían aterrorizado y dispersado a ejércitos indígenas formados por miles de guerreros con arcos y lanzas.
No hubo muchos caídos, pero la reacción de los calusas indujo a Ponce de León a retirarse de regreso al Caribe.
Es indudable que los españoles quedaron muy sorprendidos al entrar en contacto con indígenas que sabían español, pero lo que les causó mayor sorpresa fue constatar que, por primera vez, unos nativos no mostraban terror ante los disparos producidos por las armas de fuego y ante la vista de los caballos.
La primera fase de la conquista de América, en el siglo XVI, resultó bastante caótica. Probablemente hubo bastantes náufragos que, arrastrados por las tormentas, arribaron aquí y allá a lo largo de la inmensa costa atlántica, entrando en contacto con las poblaciones nativas antes de la llegada de las expediciones oficiales de los conquistadores. Y hay quienes sostienen que por los territorios indios vagaban algunos soldados desperdigados, hombres que habían escapado de la destrucción y de las batallas, renegados que habían desertado del Ejército español, y esclavos que habían huido de los primeros asentamientos europeos fortificados.
Los españoles, culturalmente vinculados al concepto de monarquía, se imaginaban que todos los indios contaban también, de la misma forma, con sus reyes y sus familias reales, es decir, con una línea hereditaria.
De Soto, al final, renunció a la conquista, dirigiendo a otra parte sus intentos de someter a los indios. En la primavera de 1540 abandonó, con sus hombres, aquellos territorios hostiles y se dirigió hacia el norte, a lo que hoy en día es Georgia, donde el general de los españoles murió, según parece, debido al agravamiento de una herida.

Los españoles no tardaron en verse obligados a constatar que habían comprado a los ingleses unos territorios en los que la población no estaba sometida en absoluto: sus renovados esfuerzos por apoderarse de esas tierras se enfrentaron con una feroz resistencia.
Al poco tiempo, estallaron también enfrentamientos entre los españoles y los ingleses. Inmediatamente después, al alboroto se sumaron los franceses y los independentistas norteamericanos.
Es sorprendente cómo supieron explotar los seminolas en su propio beneficio estos conflictos y la confusión que de ellos se derivaba, hasta el extremo de encauzar su destino en una dirección que parecía muy increíble y sacando su propia historia fuera de los carriles obligados…

Las guerras indias se sucedieron hasta fines del siglo XIX, con una actitud cada vez más agresiva por parte de los Ejércitos estadounidenses, que para entonces habían aniquilado a más de tres cuartas partes de las tribus originarias. Las pocas comunidades supervivientes fueron relegadas a las reservas, donde la mayor parte fue perdiendo de manera gradual su identidad y se adaptó al estilo de vida de los servidores de los blancos. En el curso de tres siglos los invasores europeos habían logrado deshacerse casi por completo de la población nativa de aquellas tierras, perpetrando un auténtico exterminio de masas.
Algunas estimaciones recientes afirman que hubo más de cincuenta millones de indios exterminados, en nombre de una conquista absurda e indiscriminada, una de las mayores masacres de la historia de la humanidad, inferior solo al genocidio de la trata de esclavos, que se calcula que provocó ciento cincuenta millones de muertes.
No obstante, lo extraordinario es constatar que ni los textos históricos oficiales ni las películas producidas por los grandes directores estadounidenses hacen nunca la menor alusión al único pueblo de nativos que resistió las infinitas agresiones llevadas a cabo por distintos ejércitos (el español, en primer lugar, luego el
francés y el inglés, y, para acabar, el de los Estados Unidos). Hay quien se ha preocupado por borrar de la historia la resistencia y el valor que en todo momento supieron demostrar —una censura feroz y, al mismo tiempo, mezquina—.
Estamos hablando de los seminolas y de su historia secular.
En sus orígenes, esta población no tenía nada que se pareciera a la columna vertebral de las tribus guerreras más famosas de Norteamérica. La particularidad de los seminolas, en comparación con otras comunidades, no es algo que pueda explicarse con una sola frase efectista. Para descubrir la magia de esa diversidad debemos partir de sus raíces más antiguas.
La preocupación por eliminar de la historia al único pueblo que había logrado mantener a raya e incluso derrotar a los invasores, procedentes primero de España y luego de la mayor parte de Europa, indujo a algunos historiadores a afirmar que esos pieles rojas tan tercos tuvieron que ceder al final y, capturados, se vieron obligados a mudarse de Florida a las montañas y a vivir segregados en una reserva de la que solo salían con los pies por delante. La mentira es mezquina y estúpida, puesto que ese pueblo todavía existe y vive en Florida como hace siglos, y es el único Estado autónomo que logró imponerse a Washington y gestionar en paz su propio derecho a la libertad.

Su forma de vestir iba más allá de toda convención. Los retratos de los guerreros realizados por los pintores de la época y, más tarde, con las primeras máquinas fotográficas nos muestran a hombres armados con vestidos de mujer y sombreros en forma de caja, enormes, revestidos de terciopelo, seda y algodón y decorados con guarniciones de plata. Resulta difícil explicar cómo nació la moda de aquellos sombreros cuadrados. Aunque, en realidad, los sombreros de copa tan usados por las personas elegantes de la Europa de la época, como signo de distinción social, tampoco es que sean un complemento de la indumentaria menos irracional.

Hubo nada menos que tres guerras seminolas, llenas de matanzas, traiciones y deportaciones masivas, un Vietnam, que dura en distintas formas desde 1816 hasta 1858, cuando todavía unos pocos centenares de indios y marrones resisten atrincherados en las inmensas ciénagas de Florida. Una empresa militar que le cuesta a los Estados Unidos más de cuarenta millones de dólares, una cifra enorme para aquellos tiempos, y miles de muertos. Es, en términos absolutos, la guerra india más cara en términos de dinero y caídos. Y la resistencia sigue en activo. Un grupo de setecientos seminolas huye de la reserva de Oklahoma y encuentra refugio en México, donde el Gobierno ofrece territorios deshabitados a los nuevos colonos. Pero los seminolas negros que han huido a México con los nativos americanos se hallan en peligro a causa de las incursiones de los cazadores de esclavos provenientes de Texas. El hecho realmente inesperado es encontrar que entre esos criminales cazadores de esclavos fugitivos hay también guerreros de diferentes tribus apaches, cheyenes, siux, es decir, aquellos indios que normalmente, por su historia de batallas contra los invasores europeos, han adquirido un valor mítico en las historias de las guerras norteamericanas.

Gracias a una ley propuesta por el presidente en 1988, doscientas cincuenta tribus indias de un total de trescientas cincuenta administran casinos en veintiocho estados estadounidenses, con unos ingresos anuales de diecinueve mil millones de dólares.
Por lo tanto, las poblaciones que durante un siglo o más se han visto obligadas a sobrevivir en reservas ubicadas en territorios de los cuales era imposible obtener sustento y luego constreñidas a la degradación para convertirse en una amalgama de alcohólicos dignos de lástima se percatan de que esa maldita tierra, que solo les servía para ser enterrados en ella, se transforma al instante en un tesoro que no tiene precio por medio de casinos bajo su gestión directa.
Llegados a este punto, lo siento, pero debemos admitir que, de la epopeya seminola, de esos guerreros generosos y limpios como diamantes, los únicos que nunca cedieron un solo metro de sus tierras a los invasores, hoy no queda ni rastro, ni siquiera en la memoria de la gente de Florida. Desechad pues las extraordinarias leyendas que habéis leído. Si intenta el lector preguntar a los nativos de esas tierras sobre su pasado, no sabrán contarle ni una sola anécdota. Todo se ha desvanecido; los seminolas nunca han existido.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/05/06/hay-un-rey-loco-en-dinamarca-dario-fo/

https://weedjee.wordpress.com/2016/10/16/muerte-accidental-de-un-anarquista-dario-fo/

https://weedjee.wordpress.com/2016/10/16/misterio-bufo-y-otras-comedias-dario-fo/

https://weedjee.wordpress.com/2021/03/27/historia-prohibida-de-america-dario-fo-storia-proibita-dellamerica-by-dario-fo/

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Dario Fo describes the invasions, persecutions and massacres of Native Americans (Redskins) that we all know, or less guessed about.
It includes solid liners for Hollywood, and it does so by taking just three films further. In short, as we have been told, these people were not brutal and, likewise, they were not stupid as we were led to think. He told how they endured these massacres for years and how they defended themselves with intelligent movements. There are drawings belonging to Fo again and very successful drawings.
It is a book that is read with pleasure and interest. I don’t know how many scientific sources exist to prove individual facts, but it is true that there is an underlying truth in reading the events. Reading that is not transmitted historically, but that history is written by the winners and not the losers
It is a book that I recommend to everyone and in particular to those who share the reading of reality with Dario Fo.

The whites did not behave in a correct way with me. I went to see them, after being invited to a peace meeting. None of the brothers who accompanied me had hidden weapons on their backs. We were unarmed both in hands and in thoughts. When we sat around a table to talk, I found myself bound with ropes at my wrists and around my ankles. That’s when I understood that betrayal is a fundamental part of their way of life. I love the land in which I live, my body is made of its sand; the Great Spirit gave me legs to travel this earth; gave me hands to survive here; He gave me eyes to see its ponds, rivers, forests and the animals that I have to hunt; and finally a head to think with. The sun, which is warm and luminous like my feelings, shines to warm us and give strength to our crops; the moon brings us the spirits of the warriors who have left us, of our parents, of our women and children.
»The white that comes here grows pale and sick. Why can’t we live in peace? I am the enemy of the white man. I could have lived in peace with him, but first he stole horses and cattle from us, and then he deceived us and took over our land.

The Spanish Juan Ponce de León was the first European to arrive in Florida, in May 1513, at the head of a group of conquerors, after some victorious experiences of the Spaniards, who, in other areas, with a few dozen men armed with rifles, they had terrorized and dispersed indigenous armies of thousands of warriors with bows and spears.
There were not many casualties, but the Calusa reaction induced Ponce de León to retreat back to the Caribbean.
Undoubtedly, the Spaniards were very surprised when they came into contact with indigenous people who knew Spanish, but what caused them the greatest surprise was to note that, for the first time, some natives did not show terror at the shots produced by firearms and at the view of the horses.
The first phase of the conquest of America, in the 16th century, was quite chaotic. There were probably quite a few castaways who, washed away by the storms, arrived here and there along the immense Atlantic coast, coming into contact with the native populations before the arrival of the official expeditions of the conquerors. And there are those who maintain that scattered soldiers roamed the Indian territories, men who had escaped destruction and battles, renegades who had deserted the Spanish Army, and slaves who had fled the first fortified European settlements.
The Spanish, culturally linked to the concept of monarchy, imagined that all Indians also had, in the same way, their kings and their royal families, that is, with a hereditary line.
De Soto, in the end, renounced the conquest, directing elsewhere his attempts to subdue the Indians. In the spring of 1540 he left those hostile territories with his men and headed north to what is now Georgia, where the Spanish general died, it seems, due to a worsening wound.

The Spaniards were soon forced to realize that they had bought from the English territories in which the population was not at all subjected: their renewed efforts to seize those lands met with fierce resistance.
Before long, clashes also broke out between the Spanish and the English. Immediately after, the uproar was joined by the French and the American independentists.
It is surprising how the Seminoles knew how to exploit these conflicts and the confusion that resulted from them for their own benefit, to the point of directing their destiny in a direction that seemed very incredible and taking their own history out of the forced lanes …

The Indian wars continued until the end of the 19th century, with an increasingly aggressive attitude on the part of the American armies, which by then had annihilated more than three-quarters of the original tribes. The few surviving communities were relegated to reservations, where most gradually lost their identity and adapted to the lifestyle of white servants. In the course of three centuries, the European invaders had managed to get rid of the native population of those lands almost completely, perpetrating a veritable mass extermination.
Some recent estimates claim that there were more than fifty million Indians exterminated, in the name of an absurd and indiscriminate conquest, one of the greatest massacres in the history of mankind, inferior only to the genocide of the slave trade, which is estimated to have caused one hundred and fifty million deaths.
However, what is extraordinary is to note that neither the official historical texts nor the films produced by the great American directors ever make the slightest allusion to the only native people that resisted the infinite aggressions carried out by different armies (the Spanish, in the first place , then he
French and English, and finally that of the United States). There are those who have been concerned to erase from history the resistance and courage that they were able to demonstrate at all times – a fierce and, at the same time, petty censorship.
We are talking about the Seminoles and their secular history.
Originally, this population had nothing that resembled the backbone of the most famous warrior tribes in North America. The particularity of the Seminoles, compared to other communities, is not something that can be explained with a single gimmicky phrase. To discover the magic of this diversity, we must start from its oldest roots.
The concern to eliminate from history the only people who had managed to hold off and even defeat the invaders, coming first from Spain and then from most of Europe, led some historians to affirm that these stubborn Redskins had to eventually give in and, captured, they were forced to move from Florida to the mountains and live segregated in a reservation from which they only emerged feet first. The lie is petty and stupid, since these people still exist and live in Florida as they did centuries ago, and it is the only autonomous state that managed to impose itself on Washington and manage its own right to freedom in peace.

His way of dressing was beyond convention. The portraits of the warriors made by the painters of the time and, later, with the first photographic machines show us armed men in women’s dresses and box-shaped hats, huge, covered in velvet, silk and cotton and decorated with silver linings. It is difficult to explain how the fashion for those square hats was born. Although, in reality, the top hats so used by the elegant people of Europe of the time, as a sign of social distinction, are not a complement to the less irrational clothing.

There were no less than three Seminole wars, full of massacres, betrayals, and massive deportations, a Vietnam, which lasted in different forms from 1816 to 1858, when still a few hundred Indians and browns held out entrenched in the immense swamps of Florida. A military enterprise that costs the United States more than forty million dollars, a huge figure for those times, and thousands of deaths. It is, in absolute terms, the most expensive Indian war in terms of money and losses. And the resistance is still active. A group of seven hundred Seminoles flee from the Oklahoma reservation and find refuge in Mexico, where the government offers uninhabited territories to new settlers. But black Seminoles who have fled to Mexico with Native Americans are in danger from raids by slave hunters from Texas. The really unexpected fact is to find that among those criminal fugitive slave hunters there are also warriors from different Apache, Cheyenne, Sioux tribes, that is, those Indians who, due to their history of battles against European invaders, have normally acquired a mythical value in the stories of the American wars.

Thanks to a law proposed by the president in 1988, 250 of a total of 350 Indian tribes run casinos in 28 US states, with annual revenues of $ 19 billion.
Therefore, populations that for a century or more have been forced to survive on reserves located in territories from which it was impossible to obtain sustenance and then constrained to degradation to become an amalgam of pitying alcoholics find that that accursed land, which only served them to be buried in it, is instantly transformed into a priceless treasure through casinos under their direct management.
At this point, I’m sorry, but we must admit that, of the Seminole epic, of those generous and clean as diamonds warriors, the only ones who never gave a single meter of their lands to the invaders, today there is not a trace, not even in memory of the people of Florida. Discard then the extraordinary legends that you have read. If the reader tries to ask the natives of those lands about their past, they will not be able to tell a single anecdote. Everything has vanished; the Seminoles have never existed.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/05/06/hay-un-rey-loco-en-dinamarca-dario-fo/

https://weedjee.wordpress.com/2016/10/16/muerte-accidental-de-un-anarquista-dario-fo/

https://weedjee.wordpress.com/2016/10/16/misterio-bufo-y-otras-comedias-dario-fo/

https://weedjee.wordpress.com/2021/03/27/historia-prohibida-de-america-dario-fo-storia-proibita-dellamerica-by-dario-fo/

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