Cien Noches — Luisgé Martín / One Hundred Nights by Luisgé Martín (spanish book edition)

F63A0207-0D50-438D-BD73-D2EFD0BFBFA1
Esta novela ha sido galardonada con el XXXVIII premio Herralde de novela, me llamó la atención la necesidad biológica del hombre de tener de vez en cuando un encuentro sexual fuera de su pareja, como si hubiera en ello una determinación genética. Curioso también.
Me ha gustado el libro si bien no creo que haya en el mismo elementos como para definirlo como thriller aunque el autor haya hecho un pequeño esfuerzo para ello. Se deja leer, entretiene y da que pensar.
Lo inquietante es que el gran tema del libro, la infidelidad, sumado a las cavilaciones científicas del autor, son mucho más interesantes que el argumento central. La historia está narrada desde el punto de vista de una mujer, Irene, un personaje en búsqueda de la autoexploración erótica y la experimentación sensorial, quien se enamora de un muchacho argentino adicto al póker, un romance que ella alterna con la prostitución y amoríos de lo más variopintos. Hasta allí, nada del otro mundo. El argumento se torna genérico, sin mayores giros, y hasta empieza a hacer agua cuando Irene toma decisiones erráticas, al punto de parecer inverosímiles, lo cual es, quizá, un problema de construcción dramática. En las últimas partes de la novela ocurre un crimen que, a mi parecer, debió figurar en la mitad de la historia, en el eje central, y es allí donde recién podemos hallar un súbito interés, cuando el libro ya está por acabarse.
Los primeros pasos en la sexualidad de Irene la acaban llevando mucho más lejos de lo que habría imaginado, ya que pasa largo tiempo experimentando con multitud de hombres diferentes hasta el punto de realizar un análisis casi científico de la materia. Uno de sus amantes predilectos, Adam Galliger, está financiando una investigación con miles de sujetos participantes en la que quiere desentrañar el grado de fidelidad de aquellos hombres y mujeres que se confirman como leales a sus parejas. Además de sus múltiples devaneos, a Irene le obsesionan dos cosas: comprender la mente criminal de los peores asesinos de la historia y aceptar, para su sorpresa, que se halla enamorada de su novio Claudio.
La novela busca llamar la atención con un trato sin complejos del sexo, reuniendo algunos datos científicos y anécdotas reales entre un maremágnum de teorías que la protagonista cree ir elaborando sobre la marcha de las parejas con las que se topa. Me temo que en eso no es nada original, puesto que, en primer lugar, todo aquello que se cita es de sobra conocido en ciencia. En segundo lugar, no deja de sorprender que se busque la originalidad con este tema en la época en la que estamos, quizás lo original sea más bien buscar lo contrario. Peor aún es que lo llamativo tenga que sobresalir a base de contrastes bruscos.
Es precisamente debido a estos puntos que el libro cae en excesivas repeticiones que no ayudan a sustentar una trama interesante y que diluye la fuerza de tanto las dudas existenciales del amor de Irene como del muy predecible caso policíaco que intenta asomar entre el naufragio.

¿Qué sentido tenía amar a alguien sin honestidad? ¿Qué podía quedar de nuestra vida compartida después de una indignidad así?.
Los hombres, igual que los cerdos, tienen el corazón demasiado inflamable.

Todos creen que soy feliz. A lo largo de mi vida, todos han creído que lo era. Guapa, de familia acaudalada, con éxito profesional, madre satisfecha y con todos los dones que suelen ser deseados por cualquier ser humano. Pero ningún don basta para garantizar la felicidad. El cerebro es un órgano exterminador. No se atiene nunca a la realidad del mundo, sino a su propia realidad. Y, a través de un laberinto sin salida de ideas y recuerdos discontinuos, inconexos, nos destruye.
Las condiciones objetivas de la felicidad nunca se cumplen en nosotros mismos. Y cuando se cumplen, lo hacen fugazmente. En los otros, en cambio, siempre vemos las muestras y las razones de su dicha. Ese es el laberinto, la catacumba. Los demás ven de nosotros lo que puede ser codificado, entendido en patrones y preceptos. No pueden ver los cortocircuitos, las sinuosidades, las estampidas. Y la vida casi siempre tiene su curso en esos agujeros incomprensibles.

Lo que se busca en el sexo sentimentalizado es distinto a lo que se busca en el sexo anónimo; lo que se obtiene de un coito marital tiene una naturaleza diferente —cualitativa y esencialmente diferente— a lo que se obtiene en un coito o en un encuentro sexual con un desconocido. Es cierto que no todas las personas necesitan experimentar el registro completo de estímulos sensoriales posibles, pero quienes quieren hacerlo no pueden limitar su sexualidad a una única persona hacia la que además sienten afecto. El afecto destruye algunas dimensiones eróticas. Rompe el filo hiriente de la morbosidad y de los actos prohibidos.
«La traición a una persona a la que uno ama no siempre se comete después de conocerla.

A veces tengo miedo de no saber bien lo que es el amor. El duelo nunca dura tanto como creemos al principio. Se convierte poco a poco en éter y apacigua el dolor. Es otro principio darwinista de supervivencia. Otra prueba de que la voluntad del cuerpo es superior a la voluntad del corazón.

—————-

This novel has been awarded the XXXVIII Herralde novel prize, I was struck by the biological need of man to have from time to time a sexual encounter outside his partner, as if there were a genetic determination in it. Curious too.
I liked the book even though I don’t think there are elements in it to define it as a thriller even though the author has made a little effort to do so. It can be read, entertains and gives food for thought.
What is disturbing is that the great theme of the book, infidelity, added to the author’s scientific musings, are much more interesting than the central argument. The story is told from the point of view of a woman, Irene, a character in search of erotic self-exploration and sensory experimentation, who falls in love with an Argentine boy addicted to poker, a romance that she alternates with prostitution and love affairs of the most diverse. Until there, nothing to write home about. The argument becomes generic, without major twists, and even begins to leak when Irene makes erratic decisions, to the point of seeming implausible, which is, perhaps, a problem of dramatic construction. In the last parts of the novel, a crime occurs that, in my opinion, should have appeared in the middle of the story, in the central axis, and it is there that we can only find a sudden interest, when the book is about to end.
The first steps in Irene’s sexuality end up taking her much further than she would have imagined, since she spends a long time experimenting with a multitude of different men to the point of performing an almost scientific analysis of the matter. One of her favorite lovers, Adam Galliger, is financing an investigation with thousands of participating subjects in which he wants to unravel the degree of fidelity of those men and women who confirm themselves as loyal to their partners. In addition to her multiple ramblings, Irene is obsessed with two things: understanding the criminal mind of the worst murderers in history and accepting, to her surprise, that she is in love with her boyfriend Claudio.
The novel seeks to attract attention with an unapologetic treatment of sex, gathering some scientific data and real anecdotes among a sea of theories that the protagonist believes to be developing on the fly of the couples she encounters. I am afraid that in that it is not original, since, in the first place, everything that is mentioned is well known in science. Secondly, it never ceases to surprise that originality is sought with this theme in the era in which we are, perhaps the original is rather to seek the opposite. Worse still is that what is striking has to stand out based on sharp contrasts.
It is precisely because of these points that the book falls into excessive repetitions that do not help to sustain an interesting plot and that dilute the force of both the existential doubts of Irene’s love and the very predictable police case that she tries to peek out from the shipwreck.

What was the point of loving someone without honesty? What could be left of our shared life after such an indignity?
Men, like pigs, have too flammable hearts.

Everyone thinks I’m happy. Throughout my life, everyone has believed that it was. Pretty, from a wealthy family, with professional success, a satisfied mother and with all the gifts that are usually desired by any human being. But no gift is enough to guarantee happiness. The brain is an exterminating organ. He never sticks to the reality of the world, but to his own reality. And, through a dead-end labyrinth of discontinuous, unconnected ideas and memories, it destroys us.
The objective conditions of happiness are never fulfilled in ourselves. And when they are fulfilled, they do it fleetingly. In the others, however, we always see the samples and the reasons for their happiness. That is the labyrinth, the catacomb. Others see from us what can be codified, understood in patterns and precepts. They cannot see the short circuits, the windings, the stampedes. And life almost always has its course in those incomprehensible holes.

What is sought in sentimentalized sex is different from what is sought in anonymous sex; what is obtained from marital intercourse has a different nature – qualitative and essentially different – from what is obtained from intercourse or from a sexual encounter with a stranger. It is true that not all people need to experience the full range of possible sensory stimuli, but those who want to do so cannot limit their sexuality to a single person for whom they also feel affection. Affection destroys some erotic dimensions. Break the cutting edge of morbidity and forbidden acts.
“Betrayal of a person you love is not always committed after meeting them.

Sometimes I am afraid of not knowing what love is. Grief never lasts as long as we think at first. Little by little it turns into ether and calms the pain. It is another Darwinian principle of survival. Another proof that the will of the body is superior to the will of the heart.

2 pensamientos en “Cien Noches — Luisgé Martín / One Hundred Nights by Luisgé Martín (spanish book edition)

  1. «Los hombres, igual que los cerdos, tienen el corazón demasiado inflamable.», no somos tan especiales como nos creemos, de eso no me cabe duda… Muy buena reseña, por tus reflexiones certeras

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.