Fresas — Joseph Roth / Erdbeeren by Joseph Roth

No me gusta la idea de un libro a medio terminar. Pero no sabía que era uno de ellos, porque un amigo me lo dijo: esto es genial, deberías leerlo.
Es asombroso. Me encanta su escritura y la traducción también fue genial. No me molestó que estuviera inacabado, de todos modos me gustó.
Me gustó especialmente cómo describió el pueblo, uno único y extraño con residentes extraños, personajes tan extraños. Me encantó todo sobre él. ¡Altamente recomendado!.
Todo iba muy bien hasta las dos ultimas paginas, no se parece como si hubiera tenido que terminar rápido. Una historia muy buena, una descripciones brutales de las estaciones y el final…mucho que desear.

La ciudad en la que nací se encontraba en el este de Europa, sobre una extensa llanura escasamente poblada. Hacia oriente era infinita. Por el oeste, una cadena de cerros azules, tan sólo visible en los despejados días de verano, marcaba el límite.
En mi ciudad de origen vivían unas diez mil personas. De ellas, tres mil estaban locas, aunque no suponían ningún peligro público. Una suave demencia las envolvía como una nube dorada. Se dedicaban a sus negocios y ganaban dinero. Se casaban y procreaban. Leían libros y periódicos. Se preocupaban por los asuntos del mundo. Conversaban en todos los idiomas en los que se entendía la población, muy variopinta, de nuestra comarca.
Mis compatriotas tienen talento. Muchos viven en las grandes ciudades del viejo y del nuevo mundo.
Soy una especie de impostor. Así se llama en Europa a las personas que se hacen pasar por algo distinto de lo que son. Todos los europeos occidentales hacen lo mismo. Pero ellos no son impostores, porque tienen papeles, pasaportes, documentos de identidad y partidas de bautismo. Y algunos incluso árboles genealógicos. Yo, en cambio, tengo un pasaporte falso, pero ninguna partida de bautismo y ningún árbol genealógico. Así que se puede decir que Naphtali Kroj es un impostor.

Todas las ciudades importantes del mundo tienen monumentos. En la nuestra no había ni uno.
Teníamos un nuevo hotel. Al señor Britz le pareció confortable. Lo hemos hecho construir para usted, mintió el alcalde durante la solemne cena que organizó la ciudad. Tal vez el señor Britz lo creyera.
Tomó cinco habitaciones en la primera planta. Recibió a los pobres. Repartió dinero. Cada día montó en un trineo distinto. Suavizó el rigor del invierno. Regaló leña. Y carbón, pan y arenques, té y manteca. A los enfermos les compró vinos del sur. Y calentó el invierno como lo harían cien veranos.
Cuando se marchó, dejó tras de sí a mucha gente dichosa, pero él no parecía tan fresco como a su llegada. Estaba cansado y afligido. Su piel se veía pálida. Sus bondadosos ojos ya no brillaban. Así de dura es la beneficencia.
Aquel año el señor Britz nos dejó tanto dinero al marcharse que por fin pudimos financiar una expedición a los corredores subterráneos, que desde hacía años ocupaban nuestra imaginación y de los que esperábamos la salvación frente a nuestra eterna penuria.

…el señor Brandes no estaba tan loco como creímos entonces. No había construido una vivienda, sino un almacén, unos grandes almacenes. Tal vez hubiera visto unos así en Londres.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/10/23/el-anticristo-joseph-roth/

https://weedjee.wordpress.com/2016/11/18/la-rebelion-joseph-roth/

https://weedjee.wordpress.com/2016/11/18/confesion-de-un-asesino-joseph-roth/

https://weedjee.wordpress.com/2017/08/06/el-peso-falso-joseph-roth/

https://weedjee.wordpress.com/2021/01/29/fresas-joseph-roth-erdbeeren-by-joseph-roth/

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I don’t like the idea of a half finished book. But I didn’t know that was one of them, because one of my friends gave it to my saying: this is awesome, you should read it.
It is awesome. I love his writing and the translation was also great. It didn’t bother me that was unfinished, I liked it anyways.
I especially liked how he described the village, a unique, weird one with bizarre residents, such weird characters. I loved everything about it. Highly recommend!.
Everything was going great until the last two pages, it doesn’t seem like it had to finish quickly. A very good story, a brutal descriptions of the seasons and the ending … much to be desired.

The city where I was born was located in eastern Europe, on a vast, sparsely populated plain. To the east it was infinite. To the west, a chain of blue hills, visible only on clear summer days, marked the boundary.
About ten thousand people lived in my hometown. Three thousand of them were insane, although they posed no public danger. A soft madness enveloped them like a golden cloud. They went about their business and made money. They married and procreated. They read books and newspapers. They cared about the affairs of the world. They talked in all the languages in which the very diverse population of our region understood each other.
My compatriots are talented. Many live in the great cities of the old and the new world.
I am some kind of imposter. This is the name in Europe of people who pose as something other than what they are. All Western Europeans do the same. But they are not imposters, because they have papers, passports, identity cards and baptismal certificates. And some even family trees. On the other hand, I have a false passport, but no baptismal certificate and no family tree. So Naphtali Kroj can be said to be an imposter.

All major cities in the world have monuments. There was not one in ours.
We had a new hotel. Mr. Britz found it comfortable. We have had it built for you, the mayor lied during the solemn dinner the city organized. Perhaps Mr. Britz believed it.
He took five rooms on the first floor. He received the poor. He distributed money. Each day he rode a different sled. It softened the harshness of winter. He gave firewood. And coal, bread and herring, tea and butter. He bought the sick wines from the south. And it warmed the winter as a hundred summers would.
When he left, he left many happy people behind, but he did not seem as fresh as when he arrived. He was tired and heartbroken. His skin looked pale. His kind eyes were no longer shining. That’s how tough charity is.
That year Mr. Britz left us so much money when he left that we were finally able to finance an expedition to the underground corridors, which for years had occupied our imaginations and of those of us who waited for salvation from our eternal hardship.

… Mr. Brandes was not as crazy as we thought then. He had not built a house, but a warehouse, a department store. Perhaps he had seen such in London.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/10/23/el-anticristo-joseph-roth/

https://weedjee.wordpress.com/2016/11/18/la-rebelion-joseph-roth/

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