Manifiesto Por La Lectura — Irene Vallejo / Manifesto For Reading by Irene Vallejo (spanish book edition)

Un relato imprescindible para todos a los que nos gusta, nos encanta, la lectura.
Nada de lo que pone en el Manifiesto no lo había dicho ya la autora, más extensamente, en el maravilloso ensayo El infinito en un junco, así que, si hemos de optar por ser prácticos y a sabiendas de que tenemos todos tiempo y recursos limitados, les recomendaría la lectura de ese último. Ahora, quienes puedan y deseen una especie de recordatorio, una píldora (la roja o la azul, cada une sabrá) condensada sobre el amor y la importancia de los libros, tanto en la vida privada como en la vida pública, este manifiesto dará satisfacción a su gusto y gozo a su curiosidad. Es un texto brevísimo, bien armado, con el equilibrio necesario entre el comentario erudito que abre caminos y relaciones y el murmullo enamorado de quien reconoce que lo esencial es el gesto sencillo de contar historias. En un puñado de páginas Vallejo recuerda la lectura como forma de memoria y cimiento de la democracia. En un puñado de páginas Vallejo nos invita a defender la posibilidad de que cada vez más personas hagan de leer una actividad cotidiana.
Quiero detenerme en dos puntos que Vallejo insinúa, aunque no desarrolle, quizás porque hacerlo circunscribiría su prosa a un contexto específico y lo aquí contenido es universal. El primero es el papel de los arquitectos de decisiones en la promoción de un ecosistema del libro saludable donde todos los actores involucrados (autores, editoriales, distribuidoras, librerías, bibliotecas, lectores) tengan acceso a las condiciones óptimas para su crecimiento y conservación. El segundo es el papel activo de los ciudadanos en la promoción de la lectura, partiendo del presupuesto, que podríamos discutir, pero al que ahora me adscribo, de la lectura como práctica esencial para el ejercicio de la democracia (y ni que decirlo con otras formas de organización).
Este Manifiesto surge como respuesta a una necesidad puntual: las pequeñas librerías, las pequeñas editoriales, se enfrentan con un panorama difícil ante la dictadura de las grandes plataformas…

En la ceremonia del Premio Cervantes, Ana María Matute afirmó: «La literatura ha sido, y es, el faro salvador de muchas de mis tormentas». En esta confidencia vibran los ecos de una larga andadura de nuestras letras.

Somos una especie frágil, particularmente frágil: ni muy fuerte, ni demasiado rápida ni especialmente resistente al hambre, la sed, el calor o el frío. No estamos adaptados al vuelo o la vida bajo el agua. Nacemos completamente indefensos y nuestra infancia es más prolongada que la de ningún otro animal. Hasta un virus minúsculo nos pone en peligro. Sin embargo, la brisa de una cualidad asombrosa nos ha impulsado hacia un desarrollo inesperado, hacia un imprevisible progreso. Esa facultad es nuestra imaginación, que, aliada con el lenguaje, nos permite soñar lo inconcebible, colaborar y fortalecernos unas a otros. Somos la única especie que explica el mundo con historias, que las desea, las añora y las usa para sanar.
Si no hubiéramos fabulado con tierras soñadas como El Dorado o con seres mitológicos como las sirenas, no habríamos podido explorar territorios desconocidos ni llegar a la luna, alumbrar la teoría de la relatividad, el automóvil o el ordenador. Lo imposible debe ser soñado primero, para algún día hacerlo realidad.

Narramos, escribimos y leemos porque hemos fabricado la fabulosa herramienta del lenguaje humano. Por medio de las palabras, podemos compartir mundos interiores e ideas quiméricas.
El hábito de leer no nos hace necesariamente mejores personas, pero nos enseña a observar con el ojo de la mente la amplitud del mundo y la enorme variedad de situaciones y seres que lo pueblan. Nuestras ideas se vuelven más ágiles y nuestra imaginación, más iluminadora. Pero leer no solo nos enseña a superar desniveles y reparar ruinas, es también gimnasia que vela por nuestra salud. Los neurólogos están descubriendo que se cuenta entre los mejores ejercicios posibles para mantener ágil el cerebro. Cuando leemos, trenzamos los mimbres de la percepción, de la memoria y del razonamiento, y ese entretejer mental frena la degeneración cognitiva.

Los libros dejan constancia de lo que fuimos y de lo que hemos superado, de lo que nos dolió y de lo que nos hizo mejores. A través de los siglos, han pasado de mano en mano —testigos de nuestras vidas y testigos en una carrera de relevos— y han logrado mantener más unidas las generaciones. Por eso, a las puertas de una humilde biblioteca rural, Lorca describió esta cadena de desconocidos salvadores, consciente de que custodiar las palabras significa también cuidarnos y velar por el mañana, frente a las incesantes amenazas del tiempo, la muerte y el silencio.

Hoy, entre nosotros, existe el peligro —casi imperceptible— de la desidia, el olvido, la omisión, el descuido, la indiferencia de una sociedad que no sepa amparar los libros y los eslabones de esa cadena invisible que los salva. Urge mantener siempre la imaginación en ascuas; urge apoyar a las personas que crean, forjan y expanden nuestros sueños: escribiendo, traduciendo, corrigiendo, ilustrando, diseñando, editando. A quienes dan vida a las palabras desde las editoriales, las agencias, los talleres, las imprentas, las distribuidoras. A las librerías…

Los libros nos recuerdan, serenos y siempre dispuestos a desplegarse ante nuestros ojos, que la salud de las palabras enraíza en las editoriales, en las librerías, en los círculos de lecturas compartidas, en las bibliotecas, en las escuelas. Es allí donde imaginamos el futuro que nos une.

Libros de la autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/02/26/el-infinito-en-un-junco-irene-vallejo-the-infinity-of-the-reed-by-irene-vallejo-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/01/25/manifiesto-por-la-lectura-irene-vallejo-manifesto-for-reading-by-irene-vallejo-spanish-book-edition/

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An essential story for all of us who like, love, reading.
Nothing of what it says in the Manifesto had not already been said by the author, more extensively, in the wonderful essay Infinity in a reed, so if we have to choose to be practical, knowing that we all have limited time and resources, I would recommend reading the latter. Now, those who can and want a kind of reminder, a pill (red or blue, each one will know) condensed on the love and importance of books, both in private life and in public life, this manifesto will give satisfaction to your liking and delight to your curiosity. It is a very short text, well armed, with the necessary balance between the scholarly commentary that opens paths and relationships and the murmur of love from those who recognize that the essential thing is the simple gesture of telling stories. In a handful of pages Vallejo recalls reading as a form of memory and the foundation of democracy. In a handful of pages Vallejo invites us to defend the possibility that more and more people make reading an everyday activity.
I want to dwell on two points that Vallejo hints at, although he does not develop, perhaps because doing so would circumscribe his prose to a specific context and what is contained here is universal. The first is the role of decision architects in promoting a healthy book ecosystem where all the actors involved (authors, publishers, distributors, bookstores, libraries, readers) have access to the optimal conditions for their growth and conservation. The second is the active role of citizens in promoting reading, starting from the budget, which we could discuss, but to which I now subscribe, of reading as an essential practice for the exercise of democracy (and needless to say with other forms of organization).
This Manifesto arises as a response to a specific need: small bookstores, small publishing houses, face a difficult panorama in the face of the dictatorship of the big platforms of e-commerce …

At the Cervantes Prize ceremony, Ana María Matute said: “Literature has been, and is, the saving light of many of my storms.” In this confidence the echoes of a long journey of our letters vibrate.

We are a fragile species, particularly fragile: not too strong, not too fast, and not particularly resistant to hunger, thirst, heat or cold. We are not adapted to flight or life under water. We are born completely defenseless and our childhood is longer than that of any other animal. Even a tiny virus puts us in danger. Yet the breeze of astonishing quality has propelled us toward unexpected development, toward unpredictable progress. That faculty is our imagination, which, allied with language, allows us to dream the inconceivable, collaborate and strengthen each other. We are the only species that explains the world with stories, wants them, longs for them and uses them to heal.
If we had not fabled with dreamed lands like El Dorado or mythological beings like mermaids, we would not have been able to explore unknown territories or reach the moon, illuminate the theory of relativity, the car or the computer. The impossible must be dreamed first, to one day make it come true.

We narrate, write and read because we have made the fabulous tool of human language. Through words, we can share inner worlds and chimerical ideas.
The habit of reading does not necessarily make us better people, but it teaches us to observe with the mind’s eye the vastness of the world and the enormous variety of situations and beings that populate it. Our ideas become more agile and our imaginations more illuminating. But reading not only teaches us to overcome slopes and repair ruins, it is also gymnastics that watches over our health. Neurologists are discovering that it is among the best possible exercises for keeping the brain agile. When we read, we braid the wires of perception, memory and reasoning, and this mental interweaving slows down cognitive degeneration.

The books record what we were and what we have overcome, what hurt us and what made us better. Over the centuries, they have passed from hand to hand – witnesses to our lives and witnesses in a relay race – and have managed to keep generations closer together. For this reason, at the doors of a humble rural library, Lorca described this chain of unknown saviors, aware that guarding words also means taking care of ourselves and watching over tomorrow, in the face of the incessant threats of time, death and silence.

Today, among us, there is the danger – almost imperceptible – of laziness, forgetfulness, omission, carelessness, the indifference of a society that does not know how to protect books and the links of that invisible chain that saves them. It is urgent to always keep the imagination on tenterhooks; It is urgent to support people who create, forge and expand our dreams: writing, translating, correcting, illustrating, designing, editing. To those who give life to words from publishers, agencies, workshops, printers, distributors. To bookstores …

Books remind us, serene and always ready to unfold before our eyes, that the health of words takes root in publishing houses, in bookstores, in shared reading circles, in libraries, in schools. It is there where we imagine the future that unites us.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/02/26/el-infinito-en-un-junco-irene-vallejo-the-infinity-of-the-reed-by-irene-vallejo-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/01/25/manifiesto-por-la-lectura-irene-vallejo-manifesto-for-reading-by-irene-vallejo-spanish-book-edition/

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