Barretinas Y Estrellas. Un Paseo Por El Esperpéntico Circo Del Independentismo — Albert Soler Bufí / Barretinas And Stars. A Walk Through The Sperpentic Circus Of Independence by Albert Soler Bufí (spanish book edition)

Debo decir que este libro ya me llamó la atención por su portada, la lectura es muy recomentada por su tono sacástico. Describe a la perfección la decadencia de Cataluña en pocas, pero suficientes páginas. La descripción de Puigdemunt como el “vivales” roza lo sublime.

Joan BonaNit, Albert Donaire, Toni Albà, Pilar Rahola, Joan Canadell, Lucía Caram, Ramón Cotarelo, Bea Talegón, Mark Serra, respectivamente. Ya sé que algunos de ellos van a aparecer en estas mismas páginas, pero apetece nombrarlos a todos juntos, leerlos incluso en voz alta como si fuera una oración, no para alcanzar el cielo, aunque sí para entender en lo que ha quedado Cataluña. Con tales mimbres era imposible conseguir no ya la independencia, sino una comunidad autónoma medio decente, qué digo, ni tan siquiera una comunidad de vecinos apañadita. Eso sí, eran los mimbres ideales para lograr ser el hazmerreír universal, que de eso debía tratarse cuando nos aseguraban que el mundo nos miraba. Cómo no iba a mirarnos.
Supongo que todo país tiene la intelectualidad que merece. Esa es la catalana. Nuestra fuerza de choque, nuestra Guardia de Corps. No tengo constancia de que se les haya podido reunir en una fotografía, dejo aquí la idea por si algún fotógrafo con pocos escrúpulos se anima.
Mariàngela Vilallonga al poco tiempo fue elevada a consellera de Cultura de la Generalitat. Gracias a este nombramiento ha podido llevar a cabo su máxima aspiración en esta vida, que no es otra que poder colgar en las redes sociales cuantas más fotos suyas mejor, con sus zapatitos acabados de comprar. Moníííísimos, por cierto. No se le conoce ninguna otra acción de gobierno, aunque hay que decir en su favor que en su caso es de agradecer que se quede quieta sin tocar nada, limitándose a estar moníííísima.
El mundo se preguntará algún día cómo toda esta gente llegó a pintar algo en Cataluña.

A principios de marzo, cuando ya la epidemia del coronavirus planeaba sobre nuestras cabezas, pero todavía nos movíamos sin restricciones, la Generalitat inició una campaña de información a la ciudadanía: el teléfono para resolver cualquier duda era el 061. De pago. El resto de comunidades autónomas habilitaron líneas gratuitas de información. En Cataluña, si alguien tenía necesidad de informarse, debía pasar por caja.

El 29 de febrero de 2020 hubo aparición mariana. O casi. Aprovechando la retirada de la euroorden que planeaba sobre su cabeza, Puigdemont, el Vivales, anunció que se aparecería a sus fieles en Perpiñán, ciudad francesa a la que él se hartó de declarar «catalana» en toda cuanta ocasión previa tuvo, y a fe que merced a TV3 ocasiones nunca le faltaban.
Solo se puede seguir a los líderes de sectas por la fe; si entrara en juego la razón, se quedarían solos. Esta gente imagina, mejor dicho, está convencida de que España se esfumará de sus vidas si se manifiestan unas cuantas mamás con cochecitos, cuatro abuelos con andador y un puñado de colgados con lazo amarillo.
Nadie crea que mostrarse incapaz de devolver la movilidad a los minusválidos o la vista a los ciegos, le restó al Vivales popularidad, ni al acto grandiosidad. Los seguidores de cualquier secta —y en eso se ha convertido el lacismo— son inasequibles al desaliento. Que no cure a los enfermos ni convierta Cataluña en una república independiente.

A ustedes no los ha metido nadie en la cárcel, se han metido solos. Si hubieran hecho caso a los requerimientos judiciales, si no se hubieran saltado la Constitución y el Estatut de Cataluña, si no hubieran destinado al procés dinero público y si no hubieran vulnerado los derechos de más de la mitad de los catalanes, ustedes (unos de ellos) no estarían en la cárcel, ni ustedes (los demás) andarían por el mundo huyendo de la justicia como un Roldán cualquiera.
Se metieron en la cárcel ellos solitos y después pretendieron salir en libertad a base de lacitos amarillos colgados en cuanta farola o balcón alcanzaran sus seguidores.

Diríase que, para los jóvenes republicanos catalanes, la crisis del coronavirus es lo mejor que nos podía haber pasado. Gracias a la COVID-19, y de la mano de estos chavales y de sus mayores, nos encontramos a las puertas de una nueva Arcadia.
Sobra decir que la sexualidad de Albert Donaire a nadie importa salvo a él mismo, que la usa para explotar el victimismo que tan bien casa con su catalanismo. A mí me da igual si viste tutú en la intimidad, mientras que cuando patrulla vista el uniforme; y no es que uno tenga nada contra los policías un poco transgresores en el vestir, pero ya que se lo pagamos entre todos, que luzca el vestuario oficial.

No querer que el ejército ayude en situaciones de emergencia obedece únicamente a una razón tan humana como comprensible: ello dejaría en ridículo a los actuales gestores políticos catalanes.
Supongo que todo país necesita unos científicos con los que darse pisto. A falta de un Fleming que echarse a la boca, el lacismo se ha conformado con Oriol Mitjà. La epidemia de coronavirus ha convertido a Mitjà —apellido que en castellano se traduciría por Mediano, lo cual, la verdad sea dicha, no insta a depositar demasiada confianza en su labor— en el héroe catalán. Muy a su pesar, me temo.
Mitjà, que por supuesto no es tan necio como los miembros del governet , acabó calificando a estos de incompetentes e incluso acusándoles abiertamente de haber causado miles de muertes con su ineptitud. El chico debió darse cuenta de que era utilizado con fines políticos, que a nadie de quienes en tiempos le ensalzaban le importaba un carajo su investigación, que por lo que respecta a la ciencia, Cataluña es y seguirá siendo un páramo.

Una de las pocas cosas que han quedado del procés ha sido el lacismo. En el resto de España, esa función de lacismo como agencia de colocación no acaba de entenderse, existen españoles de buena fe, progresistas por lo general, que se suman a la causa lacista con la idea de estar apoyando una revolución, una reivindicación justa.
No debe ser casual esta querencia del presidente fugado, el Vivales, por vestir de negro, el color favorito de las cucarachas, que lo visten en todas las ocasiones, ni esos movimientos casi robóticos de manos y brazos en sus intervenciones, que más de uno atribuía a tristes deficiencias de movilidad, probablemente de origen neuronal, y que ahora se revelan como reminiscencias de su origen entomológico. No por azar, Presidentorra, su sucesor, muestra a la menor ocasión un pasional y platónico amor por lo dulce… El procés , como la cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar.
Al minuto siguiente de que el Gobierno español decretara el estado de alarma y la prohibición de salir de la propia ciudad, miles de barceloneses se lanzaron a la carretera, en dirección a sus segundas residencias. Se trataba del grueso de los catalanes oprimidos, que mostraron así su desacuerdo con que las órdenes fueran dictadas en la imperialista lengua castellana. No lo hacían porque les importara un bledo la salud de los demás catalanes, no lo hacían porque ellos van a lo suyo y lo suyo es la casita en la costa, no lo hicieron por demostrar que en Cataluña manda quien tiene dinero.

Si alguien quisiera dejar en ridículo las aspiraciones catalanas de ser alguien en el concierto mundial, si una mente malévola a la par que inteligente se propusiera que nunca más nadie se tomara en serio nada de lo que saliera de Cataluña, crearía una entidad que se dedicara exclusivamente a reivindicar la catalanidad de todo, y cuando digo de todo, me refiero a todo lo que en el universo es, con especial énfasis cuanto más absurda y grotesca fuera la propuesta. Pues bien, esa entidad ya existe, y se llama Institut Nova Història.
Nunca han quedado del todo claras las subvenciones indirectas que recibe de la Generalitat el INH, pero aunque las económicas sean difíciles de cuantificar —como todas las subvenciones en Cataluña-

El día de Sant Jordi de 2020 pasará a la historia como el mejor en décadas, más por lo que nos hurtó que por lo que nos dio. El coronavirus, este bicho al que jamás podremos agradecerle lo que hizo por nosotros en tal fecha, impidió la celebración en la calle del día de los libros y las rosas. Y lo que es mejor, impidió que vieran la luz los libros que tenían preparados y a punto de salir a la venta Lluís Llach y Pilar Rahola.
Pilar Rahola es un ejemplo para Cataluña. Fue el más claro ejemplo de falta de ética y, sobre todo, de falta de vergüenza que se ha visto en Cataluña en los últimos años. Los participantes en tal charlotada, desde Trapero a Helena García Melero, quedaron señalados para los restos, ¿quién va a poder fiarse de un jefe policial y de una periodista que comparten cubiertos con aquel a quien habrán de investigar o a quien habrán de cuestionar? A Rahola no le importó porque servía para sus fines, que no son otros que alimentar su propio ego.

¿Existió alguna vez CDC? Empieza a haber dudas al respecto. Es más posible que hubiera alguna vez.
No sabemos de qué nos habla. Aquí solo nos interesa la independencia.
¿Existió alguna vez CDC? Empieza a haber dudas al respecto. Es más posible que hubiera alguna vez las 11.000 vírgenes que buscaba Jardiel Poncela, que el partido que —dicen— fundó un día Jordi Pujol, aunque de virginal tuviera poco (en el caso de que existiera, por supuesto). De la misma forma que no hay asesinato si no hay cadáver, tampoco hay corrupción si no hay partido político corrupto. Pelillos a la mar gracias al procés , que nos insta a mirar al futuro y no al pasado.
Lo que deseamos en realidad los catalanes es que no nos ayude nadie, y así dentro de unos cuantos siglos, además de 1714 podremos recordar el 2020, año en que los malvados españoles nos masacraron con un virus y nos dejaron morir. El victimismo forma más parte de nuestra idiosincrasia que el pan con tomate. Siempre tememos a la muerte, a la policía, a un embarazo indeseado, a suspender los exámenes; nuestra vida es una tragedia.
Si la inteligencia de los líderes catalanes tuviera precio de mercado, se cotizaría alta, como todos los productos escasos.

El Celler de Can Roca siguió pagando el sueldo íntegro a sus empleados durante los tres meses que tuvo que cerrar al público por el estado de alarma; ni ERTO ni nada: todos cobraron). Todo eso molesta porque la gente que no debe nada al poder suele hacer lo que le da la gana, y tal cosa en Cataluña cuesta de digerir. Aquí nos hemos acostumbrado al prestigio impostado, es decir, al prestigio conseguido a base de besar los pies al poder, lo cual convierte en sospechoso a todo aquel que lo consigue por sus propios medios. No pueden ser de fiar los Roca, cuando son laureados en todo el mundo solamente por su trabajo. Por más que el mito nos haya legado una estrecha relación de los catalanes con el trabajo, lo cierto es que en Cataluña, por lo menos en la actual, lo que se valora es conseguir éxito sin pegar golpe, hacerlo gracias a las buenas relaciones con el poder, eso sí es digno de encomio. Conseguirlo no ya sin dejarse utilizar por el poder, sino sin siquiera enarbolar una sola bandera, es de mala gente. Sobre todo porque deja en mal lugar a todos los que sin tener talento alguno, viven de una fama inmerecida, que son legión en todos los ámbitos.
Al final, la diferencia entre el talento y el arrimarse al poder es la misma que existe entre comer en El Celler de Can Roca o una paella en Cadaqués cocinada por la Rahola.
España es paro y muerte, y Cataluña es vida y futuro, dice un tal Joan Canadell, que pasa por ser el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona. Físicamente se encuentra entre míster Bean y Goebbels, aunque con la inteligencia del primero y la simpatía del segundo, a la inversa de lo que sería deseable.

La decadencia catalana era un hecho. Desde hace unos años sus líderes políticos y culturales son del nivel más bajo que ha dado esta tierra en los últimos tres mil años, que según cálculos oficiales, debió ser cuando empezó Cataluña a existir. El hecho de que esta decadencia y estos personajes ridículos hayan coincidido en el tiempo con una crisis sanitaria y económica sin precedentes, ha provocado una catástrofe de la que no se tenían noticias desde que un meteorito acabó con la vida de los dinosaurios, hecho este en el que probablemente el Estado español tuvo algo que ver. La decadencia ya existía, Cataluña se había ido convirtiendo durante la última década en un solar, no tanto económico —que también—, sino social, cultural, moral político… Aquella tierra moderna, europea, que tiraba de la locomotora española en todos los sentidos, por la cual penetraban todas las vanguardias, había ido encogiéndose sobre sí misma, envuelta en una estelada . Convertida en una región provinciana, pobre de espíritu, antipática, pequeñita y triste.

Una década de delirios de grandeza, de creer que somos el ombligo del mundo, de pensar que merecemos de himno un Barras y estrellas , cuando en realidad no vamos más allá de un provinciano Barretinas y estrellas.

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I must say that this book already caught my attention because of its cover, reading is highly recommended for its sacchastic tone. It perfectly describes the decline of Catalonia in a few, but enough pages. The description of Puigdemunt as the “vivales” (a vividor as civil servant) borders on the sublime.

Joan BonaNit, Albert Donaire, Toni Albà, Pilar Rahola, Joan Canadell, Lucía Caram, Ramón Cotarelo, Bea Talegón, Mark Serra, respectively. I already know that some of them are going to appear in these same pages, but I want to name them all together, even read them aloud as if it were a prayer, not to reach heaven, but to understand what Catalonia has been left with. With such wickers it was impossible to achieve, not just independence, but a half-decent autonomous community, what do I say, not even a community of neighbors? Of course, they were the ideal wickers to be the universal laughingstock, which was what it should be about when they assured us that the world was looking at us. How could he not look at us.
I suppose that every country has the intellectuality it deserves. That is the Catalan. Our strike force, our Corps Guard. I have no evidence that they have been reunited in a photograph, I leave the idea here in case some unscrupulous photographer dares.
Mariàngela Vilallonga was soon elevated to Minister of Culture of the Generalitat. Thanks to this appointment, she has been able to carry out her highest aspiration in this life, which is none other than to be able to post on social networks the more photos of her the better, with her shoes just bought. Very cute, by the way. No other government action is known to her, although it must be said in her favor that in her case it is appreciated that she stays still without touching anything, limiting herself to being extremely cute.
The world will one day wonder how all these people came to paint something in Catalonia.

At the beginning of March, when the coronavirus epidemic was already hovering over our heads, but we were still moving without restrictions, the Generalitat began an information campaign for citizens: the telephone number to answer any questions was 061. Paid. The rest of the autonomous communities set up free information lines. In Catalonia, if someone had a need for information, they had to go to the cashier.

On February 29, 2020, there was a Marian apparition. Or almost. Taking advantage of the withdrawal of the Euroorder that was hovering over his head, Puigdemont, the Vivales (a Vividor as civil servant), announced that he would appear to his faithful in Perpignan, a French city to which he was fed up with declaring “Catalan” on every previous occasion he had, in faith thanks to TV3 occasions were never lacking.
Cult leaders can only be followed by faith; if reason came into play, they would be left alone. These people imagine, rather, they are convinced that Spain will disappear from their lives if a few mothers with strollers, four grandparents with a walker and a handful of hangers with yellow ribbons demonstrate.
Nobody believes that being incapable of restoring mobility to the handicapped or sight to the blind, detracted from Vivales, or the act’s grandeur. Followers of any sect — and that is what lacism has become — are unavailable to discouragement. May it not cure the sick or turn Catalonia into an independent republic.

Nobody has put you in jail, you have gone alone. If they had complied with the judicial requirements, if they had not skipped the Constitution and the Statute of Catalonia, if they had not allocated public money to the process and if they had not violated the rights of more than half of the Catalans, you (some of they) would not be in jail, nor would you (the others) go around the world fleeing from justice like any ordinary Roldán.
They went to jail on their own and then tried to get out based on little yellow ribbons hung on whatever street lamp or balcony their followers reached.

It seems that, for the young Catalan Republicans, the coronavirus crisis is the best thing that could have happened to us. Thanks to COVID-19, and hand in hand with these kids and their elders, we find ourselves at the gates of a new Arcadia.
It goes without saying that Albert Donaire’s sexuality doesn’t matter to anyone except himself, who uses it to exploit the victimhood that fits so well with his Catalanism. I don’t care if he wears a tutu in privacy, while when he patrols he wears the uniform; And it is not that one has anything against the police who are a bit transgressive in dress, but since we all pay it, that the official wardrobe looks.

Not wanting the army to help in emergency situations is only due to a reason that is as human as it is understandable: this would make the current Catalan political managers look ridiculous.
I suppose that every country needs some scientists with whom to give up. In the absence of a Fleming to put to the mouth, lacismo has settled for Oriol Mitjà. The coronavirus epidemic has turned Mitjà – a surname that in Spanish would translate as Medium, which, truth be told, does not encourage placing too much trust in his work – into the Catalan hero. Much to his regret, I’m afraid.
Mitjà, who of course is not as stupid as the members of the governet, ended up calling them incompetent and even openly accusing them of having caused thousands of deaths with his ineptitude. The boy must have realized that he was being used for political purposes, that none of those who once praised him gave a damn about his research, that when it comes to science, Catalonia is and will continue to be a wasteland.

One of the few things that have remained of the process has been lacismo. In the rest of Spain, this function of lacismo as a placement agency is not fully understood, there are Spaniards in good faith, generally progressives, who join the lacista cause with the idea of supporting a revolution, a just claim.
This fondness of the escaped president, Vivales, for wearing black, the favorite color of cockroaches, who dress him on all occasions, should not be accidental, nor those almost robotic movements of hands and arms in his interventions, that more than one attributed to sad mobility deficiencies, probably of neuronal origin, and which are now revealed as reminiscent of its entomological origin. Not by chance, Presidentorra, his successor, shows at the slightest occasion a passionate and platonic love for sweets … He procés, like the cockroach, the cockroach, can no longer walk.
The minute after the Spanish government decreed a state of alarm and a ban on leaving the city itself, thousands of Barcelonans took to the road, heading for their second homes. It was the bulk of the oppressed Catalans, who thus showed their disagreement with the orders being issued in the imperialist Spanish language. They did not do it because they did not give a damn about the health of the other Catalans, they did not do it because they do their thing and their thing is the little house on the coast, they did not do it to show that in Catalonia who has money rules.

If someone wanted to make a fool of the Catalan aspirations to be someone in the world concert, if a malevolent as well as intelligent mind proposed that no one ever again take anything seriously that came out of Catalonia, they would create an entity that would dedicate itself exclusively to vindicate the Catalan of everything, and when I say everything, I mean everything that is in the universe, with special emphasis the more absurd and grotesque the proposal was. Well, that entity already exists, and it is called the Institut Nova Història.
The indirect subsidies that the INH receives from the Generalitat have never been entirely clear, but although the economic ones are difficult to quantify – like all subsidies in Catalonia-

Sant Jordi Day 2020 will go down in history as the best in decades, more for what it stole from us than for what it gave us. The coronavirus, this bug that we can never thank for what it did for us on that date, prevented the celebration on the street of the day of books and roses. And what is better, it prevented the books that Lluís Llach and Pilar Rahola had prepared and about to go on sale from seeing the light.
Pilar Rahola is an example for Catalonia. She was the clearest example of lack of ethics and, above all, lack of shame that has been seen in Catalonia in recent years. The participants in such a chatter, from Trapero to Helena García Melero, were singled out for the remains, who is going to be able to trust a police chief and a journalist who share cutlery with the one who will be investigated or questioned? Rahola didn’t care because she served her ends, which are none other than feeding her own ego.

Did the CDC (a catalonian political party) ever exist? There are beginning to be doubts about it. It’s more possible that there ever was.
We don’t know what he’s talking about. Here we are only interested in independence.
Did the CDC ever exist? There are beginning to be doubts about it. It is more possible that there were once the 11,000 virgins that Jardiel Poncela was looking for, than the party that – they say – Jordi Pujol founded one day, although as a virginal he had little (if he existed, of course). In the same way that there is no murder if there is no corpse, there is no corruption if there is no corrupt political party. Bury the hachet thanks to the process, which urges us to look to the future and not to the past.
What we Catalans really want is for no one to help us, and so in a few centuries, in addition to 1714, we will be able to remember 2020, the year in which the evil Spaniards massacred us with a virus and left us to die. Victimism is more part of our idiosyncrasy than tomato bread. We are always afraid of death, of the police, of an unwanted pregnancy, of failing exams; our life is a tragedy.
If the intelligence of the Catalan leaders had a market price, it would be priced high, like all scarce products.

El Celler de Can Roca continued to pay full salaries to its employees during the three months that it had to close to the public due to the state of alarm; neither ERTO nor anything: they all charged). All of this bothers because people who owe nothing to power usually do what they want, and such a thing in Catalonia is hard to digest. Here we have become accustomed to the prestige imposed, that is, to the prestige achieved by kissing the feet of power, which makes anyone who achieves it by their own means a suspect. The Roca cannot be trusted, when they are honored all over the world for their work alone. As much as the myth has bequeathed us a close relationship between Catalans and work, the truth is that in Catalonia, at least in the current one, what is valued is to achieve success without hitting a blow, to do so thanks to good relations power, that is commendable. Achieving it, not without allowing oneself to be used by power, but without even raising a single flag, is bad people. Especially because it leaves in a bad place all those who, without having any talent, live off an undeserved fame, who are legion in all areas.
In the end, the difference between talent and coming to power is the same as that between eating at El Celler de Can Roca or a paella in Cadaqués cooked by La Rahola.
Spain is unemployment and death, and Catalonia is life and future, says a certain Joan Canadell, who happens to be the president of the Barcelona Chamber of Commerce. He physically he is between Mr. Bean and Goebbels, although with the intelligence of the first and the sympathy of the second, the opposite of what would be desirable.

The Catalan decadence was a fact. For some years now, its political and cultural leaders are at the lowest level that this land has given in the last three thousand years, which according to official calculations, must have been when Catalonia began to exist. The fact that this decadence and these ridiculous characters have coincided in time with an unprecedented health and economic crisis, has caused a catastrophe of which there was no news since a meteorite killed the dinosaurs, this fact which probably the Spanish State had something to do with it. The decadence already existed, Catalonia had been turning over the last decade into a site, not so much economic —that also—, but social, cultural, political moral … That modern, European land that pulled the Spanish locomotive in all the senses, through which all the vanguards penetrated, had been shrinking in on itself, enveloped in a wake. Converted into a provincial region, poor in spirit, unfriendly, tiny and sad.

A decade of delusions of grandeur, of believing that we are the navel of the world, of thinking that we deserve a Stars and Stripes as a hymn, when in reality we do not go beyond a provincial Barretinas(traditional catalonia hat) and stars.

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