San, El Libro De Los Milagros— Manuel Astur / San, The Book of Miracles by Manuel Astur (spanish book edition)

“Tenemos la voz y tenemos el tiempo. Tenemos todo el tiempo.” Es un libro para ser leído con calma, para disfrutar del lenguaje y sus implicaciones. No es un libro para todo el mundo, afortunadamente.
Más que una novela es una urdimbre de historias, relatos populares y mitología en la que el hilo central puede que sea Marcelino, o quizás seamos nosotros. “Todos los hombres vuelven a ser monos asomados a sus cuevas sin nada más que hacer que temer y soñar. Y la actualidad se detiene”.
«De todos los fenómenos meteorológicos la lluvia es el que más sensación de continuidad produce. Es algo parecido a cuando descubrimos las primeras margaritas y, sin saber cómo, el cielo vuelve a estar lleno de vencejos. Cuando llueve parece que nunca haya dejado de hacerlo. Se olvidan los días intermedios, se olvida el sol, se olvida el calor: la lluvia es un monólogo que repite lo mismo desde hace miles de años. Por eso cuatro días de lluvia parecen eternos y cuando sale el sol los habitantes del norte tienen ese aspecto de secuestrados que acaban de ser liberados. Ésta es la razón de que los turistas se lo tomen tan mal cuando llueve, porque bajo la lluvia no pueden desprenderse de su pasado: la lluvia es el pasado; la lluvia es la familia que te obliga a volver a casa; la lluvia es nuestra infancia triste.»

¿Tenemos una trama que seguir? Ciertamente sí, la hay, sin embargo, en ningún caso diría que es una trama al uso. Definiría la obra como una construcción de la misma a base de fragmentos a encajar cual si de un puzle se tratara. Pero, ¿realmente terminan encajando? No estoy tan seguro de eso, pero viendo el resultado, no creo que eso importe demasiado.

Poblado desde tiempos prerromanos, como demuestran la gran cantidad de pequeños castros desenterrados por arqueólogos ociosos, por lo demás no ha salido de allí ningún personaje digno de mención en toda la historia de la humanidad. De hecho, para no ser menos que los demás y tener también un busto frente al ayuntamiento, colocaron uno de un maestro rural de principios del siglo XX cuyo único mérito fue enseñar el abecedario a algunos niños sin pegarles.
A pesar de que san Antolín fue un mártir francés del siglo V, patrón de los cazadores de sobra conocido, la iglesia de la parroquia está dedicada a san Antonio, que es el patrón de los animales, sin que a nadie le haya importado nunca esta contradicción.
A San Antolín se puede llegar por el sur, bajando desde el puerto de montaña leonés de la Grada durante unos cuarenta kilómetros de curvas y precipicios. O se puede llegar por el norte, tras abandonar a la altura de Villar la cómoda y rápida autovía que cruza toda Asturias asomada al mar Cantábrico, y continuar durante doce kilómetros por una carretera regional que discurre junto al río Neva. Este camino es el que normalmente escogen los habitantes más jóvenes para huir y los turistas rurales para llegar. Estos últimos suelen vestir ropa de montaña, como si fueran a escalar el Himalaya y no a comerse una Flecha de San Antonio—popular dulce de la zona hecho de huevos y azúcar—, tomar unas sidras y comprar alguna artesanía.
En San Antolín hay una ferretería y tienda de material agrícola, un supermercado, tres sidrerías, una pastelería, seis tiendas de recuerdos y dos hoteles rurales. Cuenta con un ayuntamiento, un cuartel de la Guardia Civil, un centro social con unas cuantas mesas, barajas de cartas y unos libros, y un centro médico donde se pasa consulta los jueves por la mañana.
Hace ocho años que llegó el ADSL y diez desde que hay cobertura de telefonía móvil, aunque únicamente de una compañía. Las cadenas de televisión privadas no se sintonizaron hasta el año 2002.

Un monte de madera. Cada cierto número de años talan los castaños más crecidos de una zona del bosque que lo cubre y dejan los más jóvenes, para que sigan creciendo y se repueble. El proceso entero lleva varias décadas y, cuando las sierras llegan a la última zona, la más alta, nadie diría que alguna vez dejaron pelada la más baja, donde ya crecen árboles de aspecto centenario y los animales han olvidado al hombre.
Ordeñar, segar, alimentar, pelar, cortar, talar, trocear, reparar, repartir, injertar, recolectar, sembrar, luchar, germinar, podar, machacar, exprimir, embotellar, encorchar, conservar, arar, revocar, airear, secar, amontonar, capar, preñar, desplumar, destripar, desangrar, chorizar, secar, deshidratar, curar, desmenuzar, almacenar, enterrar, empacar, salar, adobar, prensar, quemar, escavar, matar, parir, tirar, subir, derrumbar, agujerear, retejar, serrar, trabajar, trabajar, trabajar.

Los vaqueiros son un pueblo que vive en las montañas del occidente de Asturias, famoso por tener un folclore y unas costumbres muy particulares. Dedicadas desde época antigua a la ganadería de vacas, con los primeros calores las familias se iban a vivir a los puertos de montaña más altos con su ganado, donde permanecían hasta que el frío y la nieve los obligaban a ir a montañas más cercanas a la costa y, por lo tanto, más bajas. Además, como grupo étnico prácticamente no se han mezclado más que entre ellos. Ésta es la razón de que abunden los pelirrojos, de piel clara y pecosa. Son repudiados por la gran mayoría de la población y por los campesinos, que llegaron a decir que eran una raza de locos.

Todavía quedaban en San Antolín ancianos que adivinaban la hora mirando el sol. Por los pueblos la historia no pasa, o lo hace como un visitante que tiene que irse temprano al amanecer. No puede haber historia cuando todos los capítulos pertenecen a un libro sagrado y muy antiguo, lleno de argumentos y personajes que se repiten. La historia, vuestra historia, es parte de las ciudades, como las cloacas.

Somos las primeras palabras. Somos los que fuimos y los recién llegados. Somos la fiesta y la jornada de trabajo y somos el aburrimiento. Somos el que os quema y somos el que os apaga. Somos el que os despierta por la mañana y el que os derrumba en la cama al llegar la noche. Por supuesto, también somos el que os quita el sueño. Somos el Enemigo y el único consuelo. Casi nada. Un puñado de palabras, las últimas palabras.

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“We have the voice and we have the time. We have all the time.” It is a book to be read calmly, to enjoy the language and its implications. It is not a book for everyone, fortunately.
More than a novel, it is a warp of stories, popular tales and mythology in which the central thread may be Marcelino, or perhaps it is us. “All men are once again monkeys looking out of their caves with nothing more to do than fear and dream. And the present stops.”
«Of all the meteorological phenomena, rain is the one that produces the greatest sense of continuity. It is something similar to when we discover the first daisies and, without knowing how, the sky is full of swifts again. When it rains it seems like it never stopped. The days in between are forgotten, the sun is forgotten, the heat is forgotten: the rain is a monologue that has repeated the same thing for thousands of years. That is why four days of rain seem eternal and when the sun rises the inhabitants of the north have that aspect of kidnapped people who have just been freed. This is why tourists take it so badly when it rains, because in the rain they cannot let go of their past: the rain is the past; the rain is the family that forces you to return home; the rain is our sad childhood. ”

Do we have a plot to follow? Certainly yes, there is, however, in no case would I say that it is a common plot. I would define the work as a construction of it based on fragments to fit together as if it were a puzzle. But do they really end up fitting in? I’m not so sure about that, but looking at the result, I don’t think that matters too much.

Populated since pre-Roman times, as evidenced by the large number of small forts unearthed by idle archaeologists, otherwise no noteworthy character has emerged from there in the entire history of mankind. In fact, in order not to be less than the others and also have a bust in front of the town hall, they placed one of a rural teacher from the early 20th century whose only merit was teaching the alphabet to some children without hitting them.
Despite the fact that Saint Antolin was a French martyr of the 5th century, a well-known patron of hunters, the parish church is dedicated to Saint Anthony, who is the patron saint of animals, and no one has ever cared about this contradiction.
San Antolín can be reached from the south, descending from the León mountain pass of La Grada along some forty kilometers of curves and precipices. Or you can get there from the north, after leaving the comfortable and fast highway that crosses all of Asturias overlooking the Cantabrian Sea at Villar, and continuing for twelve kilometers along a regional road that runs along the Neva River. This path is the one normally chosen by the youngest inhabitants to flee and by rural tourists to arrive. The latter usually wear mountain clothes, as if they were going to climb the Himalayas and not eat a San Antonio Arrow — a popular local sweet made of eggs and sugar—, drink some ciders and buy some handicrafts.
In San Antolín there is a hardware store and agricultural equipment store, a supermarket, three cider houses, a pastry shop, six souvenir shops and two rural hotels. It has a town hall, a Civil Guard barracks, a social center with a few tables, decks of cards and some books, and a medical center where consultations are held on Thursday mornings.
It has been eight years since ADSL arrived and ten since there is mobile phone coverage, although only from one company. Private television networks were not tuned in until 2002.

A wood mount. Every few years they cut down the oldest chestnut trees in an area of the forest that covers it and leave the younger ones, so that they continue to grow and repopulate. The entire process takes several decades and, when the mountains reach the last area, the highest, no one would say that they ever left the lowest bare, where centuries-old-looking trees already grow and animals have forgotten man.
Milking, reaping, feeding, peeling, cutting, felling, slicing, repairing, distributing, grafting, collecting, sowing, fighting, germinating, pruning, crushing, squeezing, bottling, corking, preserving, plowing, plastering, aerating, drying, piling up, cape, impregnate, pluck, gut, bleed, chorise, dry, dehydrate, cure, crumble, store, bury, pack, salt, marinate, press, burn, dig, kill, give birth, pull, climb, collapse, pierce, reweave, saw, work, work, work.

The vaqueiros are a people who live in the mountains of western Asturias, famous for having very particular folklore and customs. Dedicated since ancient times to cattle ranching, with the first heats the families went to live in the highest mountain passes with their cattle, where they stayed until the cold and snow forced them to go to mountains closer to the coast and, therefore, lower. Furthermore, as an ethnic group they have practically only mixed with each other. This is why redheads, fair-skinned and freckled are abundant. They are repudiated by the vast majority of the population and by the peasants, who came to say that they were a race of madmen.

There were still old men in San Antolín who guessed the time by looking at the sun. History does not pass through the villages, or it does so as a visitor who has to leave early at dawn. There can be no history when all the chapters belong to a very ancient and sacred book, full of recurring plots and characters. History, your history, is part of cities, like sewers.

We are the first words. We are the ones who were and the newcomers. We are the party and the work day and we are boredom. We are the one that burns you and we are the one that turns you off. We are the one who wakes you up in the morning and the one who collapses you into bed at night. Of course, we are also the one who keeps you awake. We are the Enemy and the only consolation. Almost nothing. A handful of words, the last words.

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