El Pintor De Salzburgo — Charles Nodier / Le Peintre de Salzbourg: Journal Des Émotions D’Un Cœur Souffrant by Charles Nodier

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Una lectura obligada para inspirarse y comprender su mundo.
Sólo el genio es capaz de inventar tipos, y la imitación más hábil no conseguirá apropiárselos. La contraprueba de un tipo se hace ella misma traición por los esfuerzos que hace para sustraerse a la comparación, y sus esfuerzos son tanto más torpes, por cuanto no pueden producir nada verosímil alterando una naturaleza verdadera. Vale más encerrarse entonces en las atribuciones modestas del traductor y del copista, destino literario que no tiene en sí nada absolutamente de humillante, porque hay cien mil copistas por cada inventor. Una traducción espiritual, una imitación bien hecha, un arreglo hábil, aunque no sean obras de genio, no dejan de ser obras de buen gusto y de talento; y después, si no satisface este lote, que es el patrimonio de todos los hombres distinguidos, si se encuentran estrechas las filas sobre las cuales se elevan unos pocos genios dotados del más raro de los privilegios, si se está provisto de una de esas presunciones robustas que consideran usurpadas todas las glorias cuyas alturas no logran alcanzar.

¿Por qué mi propio genio no es más que una ruina? ¿Por qué la naturaleza, que yo encontraba tan hermosa, se ha marchitado con el tiempo? ¿Por qué no poseo ya ese poder creador, esa delicadeza exquisita, esa flor de sentimiento que inspiraban mis primeras obras? Ahora mis lápices son fríos, mis telas inanimadas, y mi alma se ha extinguido en los dolores. Si algunas veces se me presenta una idea fuerte y magnífica, es inútil que trate de retenerla. Bien pronto mi sangre fermenta, y no la encuentro más que a través de dolores extravagantes; o bien me canso de semejante tensión y entonces se esfuma y palidece bajo mis pinceles; es, quizá, que la imagen de Eulalia tiene demasiada fuerza en mi cerebro y esto me distrae.
A algunos pasos de Salzburgo, hay una pequeña aldea cortada de una manera agreste sobre la montaña. Muchos arroyuelos que bajan de las rocas se reúnen debajo del cercado del presbiterio y forman un canal que va a través de la llanura, como una ancha cinta de plata, hasta perderse en el río. El murmullo de los pequeños torrentes, el rugido lejano de las ondas y el estremecimiento de los álamos, movidos por el viento, se armonizan con una dulzura indefinible y llevan al alma una languidez y una turbación deliciosa que se quisiera prolongar. Pero nunca este cuadro tiene un encanto más inexpresable que a la hora en que el cielo, adornado de los colores del alba, sonríe a la proximidad del día, cuando una niebla húmeda y blanquecina flota sobre el valle y cuando los primeros rayos del sol comienzan a dorar los plomos del campanario.

Otra prueba de la debilidad de nuestro espíritu y de la inutilidad de los esfuerzos que empleamos en combatir nuestras inclinaciones. Estoy convencido de que nuestra vida ha sido prevista y ordenada con las demás manifestaciones de la existencia; que todas las costumbres, que todas las relaciones que contraemos en el comercio del mundo son consecuencias necesarias de nuestra organización, y que no depende de nosotros explicar ni vencer las simpatías con que algunas veces nos encontramos atados.

¡Cuántas gentes que se quejan de la monotonía de la naturaleza, que no ven más que cuadros estériles y fastidiosos, que piensan que con una ojeada pueden verlo todo y abarcarlo todo y que no deberían quejarse más que de la imperfección de sus facultades, de la pobreza de su imaginación y de sus sentidos! En cambio, el artista gime ante la impotencia de sus recuerdos y maldice sus telas y sus paletas cuando observa tanto matiz inimitable, tantos aspectos variados, tantas expresiones infinitas en el gran cuadro de la soberbia creación. ¡Y qué motivo de incertidumbre para él cuando ve un solo punto modificado por todas las influencias de las estaciones, por todos los accidentes de la luz y por todas las emociones de su propio corazón!.

La existencia del hombre desengañado es un largo suplicio; sus días están sembrados de desengaños y sus recuerdos llenos de remordimientos.
Se nutre de absenta y de hiel; el comercio de los hombres se le ha hecho odioso; la sucesión de las horas le fatiga; los cuidados minuciosos que constituyen su obsesión le importunan y le sublevan; sus propias facultades son una carga para él, y maldice, como Job, el instante en que fue concebido.

La ciudad me inspira tal disgusto, que la he abandonado tan pronto como me ha sido posible volver a mi vida solitaria. Otros sentimientos han contribuido a apresurar mi regreso. Sentía impaciencia por volver a ver a Adela y por buscar los medios de no separarme ya de ella. Los días del hombre transcurren tan rápidamente, que no hay más que una preocupación bien inexplicable que pueda distraernos del cuidado de embellecerlos.

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A must read for inspiration and understanding of their world.
Only the genius is capable of inventing types, and the most skillful imitation will not be able to appropriate them. The counter-test of a type makes itself treason by the efforts it makes to avoid the comparison, and its efforts are all the more awkward, since they cannot produce anything plausible by altering a true nature. It is better to shut yourself up then in the modest attributions of the translator and the copyist, a literary destiny that has nothing absolutely humiliating in itself, because there are one hundred thousand copyists for each inventor. A spiritual translation, a well done imitation, a skillful arrangement, although they are not works of genius, are still works of good taste and talent; and later, if this lot, which is the patrimony of all distinguished men, is not satisfied, if the ranks are narrowed over which rise a few geniuses endowed with the rarest of privileges, if one is provided with one of those presumptions robust that consider usurped all the glories whose heights they fail to reach.

Why is my own genius just a ruin? Why has nature, which I found so beautiful, faded over time? Why don’t I already have that creative power, that exquisite delicacy, that flower of feeling that inspired my first works? Now my pencils are cold, my fabrics inanimate, and my soul is extinguished in pain. If I am sometimes presented with a strong and magnificent idea, it is useless for me to try to retain it. Very soon my blood ferments, and I find it only through extravagant pains; or else I get tired of such tension and then it vanishes and pales under my brushes; it is, perhaps, that the image of Eulalia has too much force in my brain and this distracts me.
A few steps from Salzburg, there is a small village cut in a wild way on the mountain. Many rivulets that come down from the rocks gather under the presbytery fence and form a channel that goes through the plain, like a wide silver ribbon, until it gets lost in the river. The murmur of the small torrents, the distant roar of the waves and the trembling of the poplars, moved by the wind, harmonize with an indefinable sweetness and bring to the soul a languor and a delicious embarrassment that one would like to prolong. But this painting never has a more inexpressible charm than at the time when the sky, adorned with the colors of dawn, smiles at the approach of the day, when a humid and whitish mist floats over the valley and when the first rays of the sun begin to gild the bell tower leads.

Another proof of the weakness of our spirit and of the uselessness of the efforts we employ to combat our inclinations. I am convinced that our life has been planned and ordered with the other manifestations of existence; that all customs, that all the relationships we enter into in world trade are necessary consequences of our organization, and that it is not up to us to explain or overcome the sympathies with which we sometimes find ourselves bound.

How many people who complain about the monotony of nature, who only see sterile and annoying pictures, who think that with a glance they can see everything and encompass everything and that they should only complain about the imperfection of their faculties, of the poverty of your imagination and your senses! Instead, the artist groans at the helplessness of his memories and curses his fabrics and palettes when he observes so much inimitable nuance, so many varied aspects, so many infinite expressions in the great picture of the superb creation. And what a source of uncertainty for him when he sees a single point modified by all the influences of the seasons, by all the accidents of light and by all the emotions of his own heart!

The existence of the disappointed man is a long ordeal; his days are strewn with disappointment and his memories full of regrets.
It feeds on absinthe and gall; the commerce of men has become hateful to him; the succession of hours tires him; the meticulous care that constitutes his obsession bothers and revolts him; his own faculties are a burden to him, and he curses, like Job, the moment he was conceived.

The city inspires such disgust in me that I have abandoned it as soon as I have been able to return to my lonely life. Other feelings have contributed to hastening my return. I was impatient to see Adela again and to find the means of not separating from him anymore. The days of man pass so quickly that there is only one inexplicable concern that can distract us from the care of beautifying them.

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