La Guerra De Los Pobres — Éric Vuillard / La Guerre Des Pauvres by Éric Vuillard

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El relato en sí es entretenido, la narración es curiosa -es un híbrido entre biografía novelada y ensayo, en la que Vuillard está muy presente haciendo comentarios sobre los acontecimientos que narra o directamente interpelándonos a los lectores sobre lo que va contando. Es muy ágil, tiene momentos divertidos y otros no. La apasionante historia de un revolucionario, un fanático, en busca de la igualdad social en medio de los levantamientos de campesinos, que hartos de esperar la prometida justicia divina, se proponen establecer la igualdad en la tierra tomando las armas. Aunque los episodios en los que participó Müntzer son importantes, no fueron ni la primera ni la última vez que los desheredados recorrerían Europa, arma en mano, luchando por un mundo más justo ante la opulencia insultante de príncipes e Iglesia. Revoluciones surgidas a raíz de la traducción de la Biblia a las lenguas vulgares, textos que esgrimieron contra los privilegiados y que Müntzer, como también hicieron en su momento Jan Hus, John Wyclif o John Ball, difundió y hasta sermoneó ante príncipes en el castillo de Allstedt. Su interpretación revolucionaria de los textos bíblicos no pasó desapercibida nunca y, uniéndose a los insurgentes, selló su destino. Una historia que, contada con la maestría de Vuillard, merece la pena ser leída.
La increíblemente brutal y sangrientamente aplastada Guerra de los Campesinos Alemanes de mediados del siglo XVI es el trasfondo histórico de esta obra corta, del escritor y director de cine francés Éric Vuillard. Esboza la vida del predicador y teólogo protestante, Thomas Müntzer, quien se opuso tanto a Martín Lutero como a la Iglesia Católica Romana. La rebelión fue terminada sin piedad por la aristocracia, que mató a unos 100.000 campesinos y agricultores.
La aristocracia actual ha desarrollado métodos muy sofisticados y mucho más sutiles para reprimir a los pobres.

Müntzer fue expulsado de Zwickau, donde había pasado menos de un año. Se trasladó entonces a Bohemia. Reinaba allí una gran efervescencia. Se acababa de superar el Gran Cisma. Como en casi todas partes, se desataba una herejía tras otra. Una sed de pureza atravesaba el país, enardeciendo a las masas, interrumpiendo brutalmente el viejo discurso. De pronto, la conciencia se introdujo en los hogares.
Llueven las bulas. El papa se enfada, y cuando el papa se enfada, llueven las bulas. Traducir la Vulgata al inglés, ¡qué horror! Hoy en día, hasta las más pequeñas instrucciones de uso están en inglés, se habla inglés en todas partes, en las estaciones de tren, en las grandes empresas y en los aeropuertos, el inglés es la lengua de la mercancía, y la mercancía, hoy en día, es Dios.
Los lolardos propagan sus descabelladas ideas sobre la santa pobreza, rancho igualitarista que los palurdillos de Devon engullen peligrosamente. En sus granjas cochambrosas, en las que revientan de hambre los niños, a ellos les seduce esa relación directa con Dios de la que les hablan, sin mediación de los curas, sin pagar diezmos, sin ese tren de vida de los cardenales; ¡esa pobreza evangélica es su vida!.

En 1380, el Parlamento vota una nueva poll tax, y he aquí que bruscamente los campesinos se sublevan. La revuelta comienza en Brentwood; se cortan los caminos y se incendian los castillos. A continuación se propaga a Kent, Norfolk y Sussex. Y John Ball fulmina, predica la igualdad humana. Las posadas se llenan de peregrinos y locos. En Colchester, entre los fardos de lana y las ristras de cebollas, se habla; en el Anglia Oriental, se habla; por doquier cunden las protestas por la poll tax, y se ponen en tela de juicio las jerarquías. Los nobles huyen. Los soldados desertan. Las calles de los pueblos están atestadas de despojos, de carretas volcadas, de sacos de tierra. El poder está inquieto. El duque de Lancaster da órdenes: hay que arrestar a John Ball. En el mes de mayo se logra prender al prior y se le encarcela en Maidstone.

Y no es éste el final de la historia. La cosa no acabó nunca. El corazón volvió a latir en Bohemia; al poco de apagarse el de Wyclif en Inglaterra, un tal Jan Hus tomó el relevo y tradujo su Trialogus al checo. Y he aquí que él también se enardece, y en la capilla de Belén, en Praga, predica la reforma de la Iglesia. Todo vuelve a ponerse en marcha; y el papa torna a redactar bulas que vuelan en dirección a Bohemia pero revientan unas tras otras sobre los pequeños campanarios de Praga.
Y ahora he aquí que el papa llama a la cruzada contra el rey de Nápoles, y he aquí que Jan Hus sube al púlpito, en la pequeña capilla de Belén, y predica la desobediencia; predica el amor, la oración, incluso para los enemigos de Cristo, y clama que al arrepentimiento no se llega ni mediante el dinero de las indulgencias, ni mediante la violencia de las cruzadas, ni mediante el poder de los príncipes. Ya está, lo ha hecho. Las palabras quedan dichas de nuevo: ni mediante el dinero ni mediante el poder de los príncipes, esas mismas palabritas que cambian de forma, de tono, pero no de objetivo, y que, cuando retornan al mundo, siempre pugnan contra el dinero, la fuerza y el poder. Esas palabras van a ser poco a poco las nuestras. Van a tardar tiempo, mucho tiempo en labrarse un camino hasta nosotros. Se las sigue oyendo mal en los sermones de Jan Hus, pero tal vez no se las haya oído nunca tan bien.
Y estalla la revuelta. El pueblo se subleva. Praga arde. Los insurgentes son perseguidos. Los estudiantes queman las bulas papales, se descuartiza a los estudiantes a hachazos. Y luego todo se envenena.

Unos meses después, abandona Praga, y durante un año lleva una vida errabunda. Se conservan varias cartas de aquel periodo, una a Melanchthon, otra a Lutero. Ésta permanecerá sin respuesta. En ella Müntzer habla con vigor, invoca una palabra viva, que no provenga de los libros, sino del corazón. Dios habla, se dirige a nosotros a través del follaje y las siluetas del sueño. Pero la vehemencia de Müntzer aterra a los demás teólogos. Carlstadt le objeta que es sumamente difícil reconocer la voluntad del Señor, que Su Reino no es de este mundo. En lo sucesivo Müntzer guardará las distancias. Hacia 1522, está ya solo.
Müntzer dice la misa en alemán. Y cuando el conde Von Mansfeld prohíbe a sus súbditos que vayan a escucharle, cambia de tono; surge otro Müntzer, airado, furibundo, como se dice en las biblias. Asciende un grado más; y si no sopesamos bien el escalón que salva entonces, no podemos comprender el fanatismo, no podemos sino horrorizarnos. Pero si valoramos bien el paso que da y por qué, si apreciamos bien lo que tal intimación puede acarrear en un hombre orgulloso, es decir, en un hombre que se considera igual a los demás, lograremos hacernos una idea de ese endurecimiento, de esa locura vibrante que asalta al corazón y hace firmar de este modo a Müntzer la carta que dirige al conde: Destructor de los impíos.
Müntzer es violento; sí, Müntzer delira. Apela al Reino de Dios aquí y ahora, es mucha impaciencia. Los exasperados son así, brotan un buen día de la cabeza de los pueblos como los fantasmas salen de las paredes.
Pero ¿sobre qué tesoro de distancia y de delegación, sobre qué contorsión del alma se fundamentan los grandes sofismas del poder? Darían para construir una historia graduada, sutil, infinitamente rocambolesca pero vergonzosa, con sus mil dosis de venenos, de mentiras proferidas, fabricadas, admitidas, crudas, repetidas, de prejuicios sinceros, de malas conciencias medio confesadas, secretas, y todas las contorsiones de las que el alma es capaz.

La guerra de los campesinos había comenzado en Suabia, junto al lago Constanza. Luego se propagó hacia el Tirol y hacia el norte. Fue una sucesión de revueltas, pero no solo campesinas, urbanas también, obreras. Müntzer se había dirigido al hombre humilde, intentó por un instante agrupar a la multitud de descontentos. Ordenó al conde Von Mansfeld «humillarse ante los míseros». ¡Algo que el conde no había oído nunca! Müntzer declara que las aves devorarán la carne de los príncipes. Es una cita del Nuevo Testamento.
En Mühlhausen, Müntzer se afanaba con reformas; pero la revuelta se reducía a una mediocre democracia de artesanos. Sus compañeros de Allstedt se sumaron a él; y comenzó de inmediato a predicar a los tejedores de Mühlhausen, a los mineros de Mansfeld: «Quien quiera combatir contra los turcos no necesita ir muy lejos, ¡están ahí! A los príncipes se les encoge el corazón, porque Dios quiere arrancarlos de raíz». Pero incluso ese tono se queda corto, no inflama a bastante gente, las cosas van lentas. Por eso, cuando Müntzer se entera de que hay una multitud de rebeldes en Frankenhausen, y a la que no cesan de sumarse los campesinos de los alrededores, llama a la ciudad de Sondershausen a sublevarse. «¡Atacad el nido del águila!»
La amenaza se concretó; los príncipes reaccionaron. El landgrave de Hesse cortó todo enlace entre Frankenhausen y otros grupos de campesinos que se hallaban en Franconia. El 12 de marzo de 1525, Müntzer emprendió la marcha. Llevaba con él trescientos hombres, no más, como Gedeón. Creía emular la leyenda. Iba a la guerra como en la Biblia, rezando, exultando, apelando al milagro, en una atmósfera de fin del mundo.
Sobre el final de Thomas Müntzer existe una leyenda que habla de cobardía y sus numerosas variantes. Según eso, Müntzer huyó y se ocultó y dieron con él y lo entregaron al conde de Mansfeld y fue encerrado en un calabozo y torturado y renegó e imploró el perdón de los príncipes y dictó una carta de contrición a los habitantes de Mühlhausen. No me creo nada.
Se cuenta también que Müntzer tenía hijos. Con el fin de evitar las persecuciones, tuvieron que cambiarse el apellido y adoptar el de Münzel, que significa «moneda pequeña», «limosna».

El martirio es una trampa para los oprimidos, sólo es deseable la victoria.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/01/05/el-orden-del-dia-eric-vuillard-the-order-of-the-day-by-eric-vuillard/

https://weedjee.wordpress.com/2019/03/02/14-julio-eric-vuillard-14-juillet-14-july-by-eric-vuillard/

https://weedjee.wordpress.com/2020/02/12/la-batalla-de-occidente-eric-vuillard-la-bataille-doccident-the-battle-of-the-west-by-eric-vuillard/

https://weedjee.wordpress.com/2020/12/30/la-guerra-de-los-pobres-eric-vuillard-la-guerre-des-pauvres-by-eric-vuillard/

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The story itself is entertaining, the narration is curious – it is a hybrid between a fictionalized biography and an essay, in which Vuillard is very present, commenting on the events that he narrates or directly questioning readers about what he is telling. He is very agile, he has funny moments and not others. The gripping story of a revolutionary, a fanatic, in search of social equality in the midst of peasant uprisings, who, tired of waiting for the promised divine justice, set out to establish equality on earth by taking up arms. Although the episodes in which Müntzer participated are important, they were neither the first nor the last time that the disinherited would tour Europe, gun in hand, fighting for a more just world in the face of the insulting opulence of princes and the Church. Revolutions that arose as a result of the translation of the Bible into vulgar languages, texts that they wielded against the privileged and that Müntzer, as Jan Hus, John Wyclif or John Ball also did at the time, spread and even lectured before princes in the castle of Allstedt. His revolutionary interpretation of the biblical texts never went unnoticed and, by joining the insurgents, he sealed his fate. A story that, told with the mastery of Vuillard, is worth reading.
The incredibly brutal and bloodily crushed German Peasants’ War of the mid 16th century is the historical background of this short work, by French writer and film director Éric Vuillard. It sketches the life of the preacher and protestant theologian, Thomas Müntzer, who opposed both Martin Luther and the Roman Catholic Church. The rebellion was mercilessly ended by the aristocracy, who slaughtered as many as 100,000 peasants and farmers.
Today’s aristocracy have developed highly sophisticated and much more subtle methods of suppressing the poor.

Müntzer was expelled from Zwickau, where he had spent less than a year. He then moved to Bohemia. There was a great effervescence there. The Great Schism had just been overcome. As almost everywhere, one heresy after another was unleashed. A thirst for purity ran through the country, inflaming the masses, brutally interrupting the old discourse. Suddenly, consciousness entered the homes.
Bulls are raining. The Pope gets angry, and when the Pope gets angry, bulls rain. Translate the Vulgate into English, what a horror! Nowadays, even the smallest instructions for use are in English, English is spoken everywhere, in train stations, in large companies and in airports, English is the language of merchandise, and merchandise, today, it is God.
The Lollards propagate their wild ideas of holy poverty, an egalitarian ranch that Devon’s little bucks dangerously gobble up. In their filthy farms, where children are starving, they are seduced by that direct relationship with God of which they speak, without the mediation of priests, without paying tithes, without that lifestyle of cardinals; That evangelical poverty is his life!

In 1380, Parliament voted for a new poll tax, and lo and behold, the peasants suddenly revolted. The revolt begins in Brentwood; roads are blocked and castles are burned. It then spreads to Kent, Norfolk and Sussex. And John Ball thunders, preaches human equality. The inns are filled with pilgrims and madmen. In Colchester, among the bundles of wool and the strings of onions, they talk; in East Anglia, it is spoken; protests over the poll tax spread everywhere, and hierarchies are questioned. The nobles flee. The soldiers desert. The streets of the towns are crowded with rubbish, overturned carts, bags of earth. Power is restless. The Duke of Lancaster gives orders: John Ball must be arrested. In the month of May, the prior was arrested and imprisoned in Maidstone.

And this is not the end of the story. The thing never ended. The heart beat again in Bohemia; shortly after Wyclif’s died in England, a certain Jan Hus took over and translated his Trialogus into Czech. And lo and behold, he, too, is fired up, and in the Bethlehem chapel in Prague, he preaches the reform of the Church. Everything starts up again; and the pope rewrites bulls that fly in the direction of Bohemia but burst one after another over the little bell towers of Prague.
And now, behold, the pope calls for the crusade against the king of Naples, and behold, Jan Hus rises to the pulpit, in the little chapel of Bethlehem, and preaches disobedience; He preaches love, prayer, even for the enemies of Christ, and claims that repentance is not reached through the money of indulgences, or through the violence of the crusades, or through the power of princes. There, it has. The words are said again: neither by money nor by the power of princes, those same little words that change shape, tone, but not purpose, and that, when they return to the world, they always fight against money, strength and power. Those words are going to be ours little by little. It’s going to take a long, long time to carve a path to us. They are still heard badly in Jan Hus’s sermons, but perhaps they have never been heard so well.
And the revolt breaks out. The people revolt. Prague burns. The insurgents are persecuted. Students burn papal bulls, students are hacked to pieces. And then everything is poisoned.

A few months later, he leaves Prague, and for a year leads a wandering life. Several letters from that period are preserved, one to Melanchthon, another to Luther. This will remain unanswered. In it Müntzer speaks with vigor, invokes a living word, which does not come from books, but from the heart. God speaks, He addresses us through the foliage and silhouettes of the dream. But Müntzer’s vehemence terrifies other theologians. Carlstadt objects to him that it is extremely difficult to recognize the will of the Lord, that His Kingdom is not of this world. From now on Müntzer will keep his distance. By 1522, he was alone.
Müntzer says mass in German. And when Count von Mansfeld forbids his subjects to listen to him, he changes his tone; another Müntzer emerges, angry, furious, as they say in the Bibles. Go up one more degree; and if we do not weigh well the step that then saves, we cannot understand fanaticism, we cannot but be horrified. But if we appreciate well the step he is taking and why, if we appreciate well what such intimidation can entail in a proud man, that is, in a man who considers himself equal to others, we will be able to get an idea of that hardening, of that vibrant madness that assails the heart and thus makes Müntzer sign the letter he addresses to the count: Destroyer of the wicked.
Müntzer is violent; yes, Müntzer delirious. Appeal to the Kingdom of God here and now, it is a lot of impatience. The exasperated are like that, one day they sprout from the heads of peoples like ghosts come out of the walls.
But on what treasure of distance and delegation, on what contortion of the soul are the great sophisms of power based? They would give to build a graded, subtle, infinitely bizarre but shameful story, with its thousand doses of poisons, of lies uttered, fabricated, admitted, crude, repeated, of sincere prejudices, of half-confessed, secret bad consciences, and all the contortions of which the soul is capable of.

The peasant war had started in Swabia, near Lake Constance. Then it spread to Tyrol and north. It was a succession of revolts, but not only peasant women, urban workers as well. Müntzer had addressed the humble man, tried for a moment to gather the crowd of discontents. He ordered Count von Mansfeld to «humble himself before the miser.» Something the earl had never heard! Müntzer declares that birds will devour the flesh of princes. It is a quote from the New Testament.
At Mühlhausen, Müntzer was busy with reforms; but the revolt was reduced to a mediocre democracy of craftsmen. His Allstedt colleagues joined him; and immediately began to preach to the weavers of Mühlhausen, to the miners of Mansfeld: “Whoever wants to fight the Turks doesn’t need to go far, they are there! The hearts of princes shrink, because God wants to uproot them. But even that tone falls short, it doesn’t inflame enough people, things go slow. So when Müntzer learns that there are a multitude of rebels in Frankenhausen, and that the surrounding peasants are constantly joining in, he calls the town of Sondershausen to revolt. «Attack the eagle’s nest!»
The threat materialized; the princes reacted. The landgrave of Hesse severed all links between Frankenhausen and other groups of peasants in Franconia. On March 12, 1525, Müntzer set out. He had with him three hundred men, no more, like Gideon. He believed he was emulating the legend. He went to war like in the Bible, praying, exulting, appealing to the miracle, in an atmosphere of the end of the world.
About the end of Thomas Müntzer there is a legend that speaks of cowardice and its many variants. According to that, Müntzer fled and hid and they found him and handed him over to the Count of Mansfeld and he was locked in a dungeon and tortured and denied and implored the forgiveness of the princes and issued a letter of contrition to the inhabitants of Mühlhausen. I do not belive anything.
It is also said that Müntzer had children. In order to avoid persecution, they had to change their surname and adopt that of Münzel, which means «small coin», «alms».

Martyrdom is a trap for the oppressed, only victory is desirable.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/01/05/el-orden-del-dia-eric-vuillard-the-order-of-the-day-by-eric-vuillard/

https://weedjee.wordpress.com/2019/03/02/14-julio-eric-vuillard-14-juillet-14-july-by-eric-vuillard/

https://weedjee.wordpress.com/2020/02/12/la-batalla-de-occidente-eric-vuillard-la-bataille-doccident-the-battle-of-the-west-by-eric-vuillard/

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5 pensamientos en “La Guerra De Los Pobres — Éric Vuillard / La Guerre Des Pauvres by Éric Vuillard

  1. Me parece interesante la reseña del libro porque le encuentro cierto paralelismo con el movimiento campesino en Perú que dió paso a la formación del temido grupo de Sendero Luminoso que después tomó el camino de ETA. Estos movimientos populista, comienzan con impetu, pero una vez que se dan contra la cruda realidad, se van desapareciendo. De todas maneras me entró el gusanito de la curiosidad y lo buscaré para leerlo. Feliz Año.

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