Alias Grace — Margaret Atwood / Alias Grace by Margaret Atwood

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Yo he leído varias veces este libro y debo decir que es de los mejores de la autora.
«Cuando estás en medio de una historia, no es una historia en absoluto, sino solo una confusión; un rugido oscuro, una ceguera, una ruina de vidrios rotos y madera astillada; como una casa en un torbellino, o si no un bote aplastado por los icebergs o barrido por los rápidos, y todos a bordo impotentes para detenerlo. Es solo después que se convierte en algo parecido a una historia. Cuando lo estás contando, para ti o para otra persona «.
Este poderoso pasaje es de la novela de Margaret Atwood de 1996, Alias Grace. Ella desarrolló la novela de su guión de televisión «The Servant Girl» de 1974, y fue preseleccionada para el premio Booker. La historia trata sobre los notorios asesinatos en 1843 de Thomas Kinnear y su ama de llaves Nancy Montgomery en Canadá. Grace Marks y James McDermott, ambos sirvientes de la casa, fueron condenados por el crimen. McDermott fue ahorcado y Marks fue sentenciado a cadena perpetua.
Alias Grace se basa en hechos reales. Sin embargo, la autora explica que ha utilizado hechos verificables siempre que ha sido posible, pero que donde no había ninguno se sentía en libertad de bordar o inventar. Una de sus creaciones es el personaje de un médico, Simon Jordan, que investiga el caso. Aunque está realizando una investigación sobre el comportamiento delictivo, lentamente se involucra cada vez más personalmente en la historia que gradualmente le revela Grace Marks. Le resulta cada vez más difícil conciliar a la mujer gentil y autocontrolada que ve todos los días con la asesina que ha sido condenada.
La novela sigue la historia de la vida de Grace, mientras la relata con el doctor Jordan. Estas partes con Grace como el personaje del punto de vista están escritas inteligentemente sin puntuación. Por lo tanto, debido a que están escritos desde el punto de vista de Grace, el lector nunca está seguro de si Grace está hablando o pensando. El uso del lenguaje de Atwood es conmovedor y evocador en estas descripciones de eventos. Colores, olores, sentimientos: todo se describe en minuciosos detalles, lo que sería una hazaña de expresión extraordinaria si la misma Grace lo dijera en voz alta. Un ejemplo de esto es la cita anterior. Se le atribuye a Grace, pero ¿se habló en voz alta? ¿Eran estos sus propios pensamientos más íntimos? ¿O se dirige al lector?
Otras partes están escritas desde el punto de vista del doctor Jordan, aunque Atwood usa a la tercera persona en estos pasajes, mientras que para Grace, siempre es «yo». Este cambio entre puntos de vista hace que el lector sea incierto, y la narrativa bastante nerviosa. Además, artículos auténticos de periódicos y cartas de doctores y los encargados de Grace durante su tiempo en prisiones y asilos se intercalan al final de algunos de los capítulos. No son cronológicos, lo que nuevamente se suma a la sensación desarticulada del texto. La mayoría de los detalles son de eventos previos a los asesinatos, y algunos datan de mucho tiempo antes, pero descubrimos qué les sucede a Grace y al Doctor Jordan después de las largas consultas.

Aunque en el epílogo Atwood afirma que los hechos no son concluyentes, todo el lector está tratando de determinar qué sucedió realmente. Sentimos que hay un misterio. A esta distancia nunca lo sabremos, y en cualquier caso esta es una novela. Pero está muy bien construido y las partes están bellamente escritas.

Llevo casi un año casada con el señor Walsh y, aunque la situación no es la que imaginan casi todas las chicas cuando son jóvenes, puede que así sea mejor, pues por lo menos nosotros sabemos qué trato hemos hecho. Cuando la gente se casa joven suele cambiar con el tiempo, mientras que nosotros ya somos mayores y no tendremos decepciones. Un hombre mayor ya tiene el carácter formado y no es fácil que se dé a la bebida y otros vicios porque, si hubiera tenido intención de hacerlo, tiempo habría tenido para ello; o eso por lo menos es lo que creo y espero que el tiempo me dé la razón. He conseguido convencer al señor Walsh para que se recorte la barba y sólo fume en pipa fuera de la casa. Es posible que, con el tiempo, ambas cosas, la barba y la pipa, desaparezcan por completo, pero nunca es bueno regañar y acosar a un hombre, ya que eso lo vuelve más obstinado. El señor Walsh no mastica y escupe tabaco tal como hacen algunos, y yo siempre agradezco los pequeños favores.
Nuestra casa es una granja normal de color blanco con las persianas pintadas de verde y cuenta con unas comodidades más que suficientes para nosotros.
Tenemos un hombre que nos ayuda en las tareas de la granja, aunque no vive en la propiedad. El señor Walsh quería contratar también a una chica, pero le dije que prefería hacer las tareas domésticas yo misma. No quiero tener una criada en la casa, fisgonean demasiado y escuchan detrás de las puertas; para mí es más fácil hacer bien un trabajo a la primera que tener a alguien que lo haga mal y tenga que repetirlo.
En cuanto al señor Walsh, cuando ya le he contado unas cuantas historias de tormentos y desgracias, me estrecha en sus brazos, me acaricia el cabello y empieza a desabrocharme el camisón, pues tales escenas suelen ocurrir de noche; y entonces me dice: ¿querrás perdonarme alguna vez?
Al principio todo eso me molestaba bastante, aunque me guardaba mucho de decirlo. El caso es que muy pocas personas comprenden la verdad acerca del perdón. No son los culpables los que necesitan ser perdonados sino más bien las víctimas, pues son las que causan todo el problema. Si fueran menos débiles y descuidadas y más previsoras y si no se empeñaran en meterse en dificultades, piense en todos los dolores que podrían evitarse en este mundo.
Durante muchos años estuve furiosa en lo más hondo de mi ser con Mary Whitney y especialmente con Nancy Montgomery por haberse dejado matar en la forma en que lo hicieron.

Acababa de cumplir cuarenta y cinco años cuando salí del penal y ahora me falta menos de un mes para cumplir los cuarenta y seis. No pensaba en la posibilidad de tener hijos pero, a no ser que esté equivocada, he tenido tres faltas; o es eso o es el cambio de vida. Cuesta creerlo pero, puesto que ya ha habido un milagro en mi vida.
A mi quilt del Árbol del Paraíso pienso ponerle un ribete de serpientes entrelazadas; a los demás les parecerán zarcillos o maromas pues los ojos serán muy pequeños, pero para mí serán serpientes, porque si no hubiera una o dos serpientes, a la parte principal del relato le faltaría algo.
Pero tres de los triángulos de mi Árbol serán distintos. Uno será blanco como la enagua de Mary Whitney que todavía conservo; otro será de un amarillo desteñido como el camisón de la cárcel que pedí como recuerdo al salir de allí; y el tercero será de algodón claro, un estampado de flores en tonos blanco y rosa recortado del vestido que llevaba Nancy el día en que llegué a la casa del señor Kinnear, el mismo que yo lucía en el transbordador de Lewiston durante mi huida.

* Grace Marks, su principal protagonista, fue una de las mujeres canadienses más famosas en la década de los cuarenta del siglo XIX, y fue declarada culpable de asesinato a la edad de dieciséis años.
Los asesinatos Kinnear-Montgomery tuvieron lugar el 13 de julio de 1843 y de ellos informó ampliamente no sólo la prensa canadiense sino también la estadounidense y la británica. Los detalles eran sensacionales: Grace Marks era insólitamente agraciada y también extremadamente joven; Nancy Montgomery, el ama de llaves de Kinnear, había dado a luz a un hijo ilegítimo antes de entrar a servir en la casa de Thomas Kinnear, de quien se convirtió en amante, y en la autopsia se descubrió que estaba embarazada. Grace y su compañero, el criado James McDermott, huyeron juntos a los Estados Unidos y la prensa dio por sentado que eran amantes. La combinación de sexo y violencia con la deplorable insubordinación de las clases más bajas resultaba extremadamente atractiva para los periodistas de la época.
En 1872 Grace Marks fue finalmente indultada; los archivos indican que se trasladó al estado de Nueva York y que el oficial de prisiones y su hija la acompañaron a un «hogar que se le había preparado». Escritores posteriores señalan que allí se casó, aunque no hay constancia de que así fuera; a partir de esta fecha, se le pierde la pista. No está claro que fuera cómplice del asesinato de Nancy Montgomery y amante de James McDermott.
El «desdoblamiento de la personalidad», o dédoublement, se había descrito a principios del siglo XIX y fue objeto de amplias discusiones en la década de los cuarenta, pero alcanzó su apogeo durante las tres últimas décadas del siglo.

Libros de la autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/12/la-novia-ladrona-margaret-atwood-the-robber-bride-by-margaret-atwood/

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/14/el-cuento-de-la-criada-margaret-atwood-the-handmaids-tale-by-margaret-atwood/

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/22/la-semilla-de-la-bruja-margaret-atwood-hag-seed-a-novel-hogarth-shakespeare-by-margaret-atwood/

https://weedjee.wordpress.com/2019/10/12/los-testamentos-el-cuento-de-la-criada-2-margaret-atwood-the-testaments-the-handmaids-tale2-by-margaret-atwood/

https://weedjee.wordpress.com/2020/12/27/alias-grace-margaret-atwood-alias-grace-by-margaret-atwood/

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I’ve read a few times this book and best books by Margaret Atwood.
«When you are in the middle of a story it isn’t a story at all, but only a confusion; a dark roaring, a blindness, a wreckage of shattered glass and splintered wood; like a house in a whirlwind, or else a boat crushed by the icebergs or swept over the rapids, and all aboard powerless to stop it. It’s only afterwards that it becomes anything like a story at all. When you are telling it, to yourself or to someone else.»
This powerful passage is from Margaret Atwood’s 1996 novel Alias Grace. She developed the novel from her television script «The Servant Girl» of 1974, and it was shortlisted for the Booker prize. The story is about the notorious 1843 murders of Thomas Kinnear and his housekeeper Nancy Montgomery in Canada. Grace Marks and James McDermott, both servants in the household, were convicted of the crime. McDermott was hanged and Marks was sentenced to life imprisonment.
Alias Grace is based on factual events. However the author explains that she has used verifiable facts wherever possible, but that where there were none she felt at liberty to embroider or invent. One of her creations is the character of a doctor, Simon Jordan, who researches the case. Although he is conducting research into criminal behaviour, he slowly becomes more and more personally involved in the story which is gradually unveiled to him by Grace Marks. He finds it increasingly difficult to reconcile the gentle, self-controlled woman he sees every day with the murderess who has been convicted.
The novel follows the story of Grace’s life, as she relates it to Doctor Jordan. These parts with Grace as the viewpoint character are cleverly written with no punctuation. Therefore, because they are written from Grace’s point of view, the reader is never sure whether Grace is speaking or thinking. Atwood’s use of language is poignant and evocative in these descriptions of events. Colours, smells, feelings – all are described in minute detail, which would be extraordinary feats of expression if spoken aloud by Grace herself. An example of this is the quotation above. It is attributed to Grace, but was this spoken aloud? Were these her own innermost thoughts? Or is it being addressed to the reader?
Other parts are written from Doctor Jordan’s point of view, although Atwood uses the third person in these passages, whereas for Grace, it is always «I». This switching between points of view makes the reader uncertain, and the narrative quite edgy. In addition, authentic newspaper articles and letters from doctors and those in charge of Grace during her time in prisons and asylums are interspersed at the end of some of the chapters. They are not chronological, which again adds to the disjointed feel of the text. Most of the detail is of events prior to the murders, and some date from a long time earlier, but we do find out what happens to both Grace and Doctor Jordan after the long consultations.

Although in the afterword Atwood states that the facts are inconclusive, throughout the reader is trying to ascertain what really happened. We feel there is a mystery. At this distance we will never know, and in any event this is a novel. But it is very well-constructed and parts are beautifully written.

I have been married to Mr. Walsh for almost a year and, although the situation is not what almost all girls imagine when they are young, it may be better that way, because at least we know what treatment we have made. When people get married young they tend to change over time, while we are older and we will not have disappointments. An older man already has a well-formed character and it is not easy for him to give himself to drinking and other vices because, if he had intended to do so, he would have had time for it; or at least that’s what I think and I hope that time will prove me right. I’ve managed to convince Mr. Walsh to trim his beard and just smoke a pipe outside the house. It is possible that, over time, both things, the beard and the pipe, will disappear completely, but it is never good to scold and harass a man, since that makes him more obstinate. Mr. Walsh does not chew and spit tobacco as some do, and I always appreciate small favors.
Our house is a normal white farmhouse with green painted shutters and has more than enough amenities for us.
We have a man who helps us with farm chores, although he does not live on the property. Mr. Walsh wanted to hire a girl, too, but I said I preferred to do the housework myself. I don’t want to have a maid in the house, they snoop too much and listen behind the doors; It is easier for me to do a job right the first time than to have someone do it wrong and have to repeat it.
As for Mr. Walsh, when I have already told him a few stories of torments and misfortunes, he clasps me in his arms, caresses my hair, and begins to unbutton my nightgown, for such scenes usually occur at night; and then he says to me: will you ever forgive me?
At first all that bothered me a lot, although it kept me from saying it. The thing is, very few people understand the truth about forgiveness. It is not the culprits who need to be forgiven but rather the victims, since they are the ones who cause the whole problem. If you were less weak and careless and more farsighted and if you did not insist on getting into trouble, think of all the pains that could be avoided in this world.
For many years I was furious at the bottom of my being with Mary Whitney and especially Nancy Montgomery for letting herself be killed the way they did.

I had just turned forty-five when I got out of prison and now I have less than a month to turn forty-six. I did not think about the possibility of having children but, unless I am wrong, I have had three faults; either it is that or it is the change of life. It’s hard to believe but, since there has already been a miracle in my life.
I plan to put an edging of intertwined snakes on my quilt of the Tree of Paradise; To others they will look like tendrils or ropes because the eyes will be very small, but for me they will be snakes, because if there were not one or two snakes, the main part of the story would be missing something.
But three of the triangles in my Tree will be different. One will be white like Mary Whitney’s petticoat that I still have; another will be a faded yellow like the prison nightgown I asked for as a souvenir when I left there; and the third will be light cotton, a white and pink floral print trimmed from the dress Nancy was wearing the day I arrived at Mr. Kinnear’s house, the same one I wore on the Lewiston ferry during my flight.

* Grace Marks, its main protagonist, was one of the most famous Canadian women in the 1940s, and was convicted of murder at the age of sixteen.
The Kinnear-Montgomery murders took place on July 13, 1843, and were widely reported by not only the Canadian but also the American and British press. The details were sensational: Grace Marks was unusually graceful and also extremely young; Nancy Montgomery, Kinnear’s housekeeper, had given birth to an illegitimate son before entering the household of Thomas Kinnear, whom she became a lover, and it was discovered at autopsy that she was pregnant. Grace and her partner, the servant James McDermott, fled together to the United States and the press assumed they were lovers. The combination of sex and violence with the deplorable insubordination of the lower classes was extremely attractive to journalists of the time.
In 1872 Grace Marks was finally pardoned; The files indicate that she moved to New York State and that the prison officer and her daughter accompanied her to a «home that had been prepared for her.» Later writers point out that he married there, although there is no evidence that he did; as of this date, the track is lost to her. It is not clear that he was complicit in the murder of Nancy Montgomery and lover of James McDermott.
The ‘splitting of the personality’, or doubling, had been described in the early nineteenth century and was the subject of extensive discussion in the 1940s, but reached its peak during the last three decades of the century.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/12/la-novia-ladrona-margaret-atwood-the-robber-bride-by-margaret-atwood/

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/14/el-cuento-de-la-criada-margaret-atwood-the-handmaids-tale-by-margaret-atwood/

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/22/la-semilla-de-la-bruja-margaret-atwood-hag-seed-a-novel-hogarth-shakespeare-by-margaret-atwood/

https://weedjee.wordpress.com/2019/10/12/los-testamentos-el-cuento-de-la-criada-2-margaret-atwood-the-testaments-the-handmaids-tale2-by-margaret-atwood/

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