Aún No Estoy Muerto. Autobiografía — Phil Collins / Not Dead Yet: The Memoir by Phil Collins

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Comienza con sus primeros días en los suburbios de Londres y rastrea su vida familiar y su obsesión de la infancia / edad adulta con la música. A partir de ahí, entra en juego la carrera de Collins: unirse a Genesis, recorrer lugares cada vez más grandes, asumir el estatus de líder de Peter Gabriel, más álbumes de Genesis, su explosiva carrera en solitario, más álbumes de Genesis, bandas sonoras de Disney, canciones de películas exitosas y incesantemente. Hay una razón por la que Phil Collins parecía omnipresente en los años 80 y 90: lo era. También era un adicto al trabajo que no podía decir que no a ninguna oportunidad: cantar, componer, producir, colaborar. Viajaba por el mundo mientras realizaba giras mundiales, y luego regresaba a su base de operaciones donde saltaría inmediatamente al próximo proyecto sin detenerse.
Este estilo de vida hizo mella en su vida personal, que Collins no pasa por alto. Tres matrimonios, tres divorcios, relaciones de larga distancia con sus cinco hijos, todo esto pesa sobre Collins, y él los persevera a lo largo del libro. Él tiene la culpa del fracaso de sus matrimonios, aunque se las arregla para verse bien al mismo tiempo. Collins fue criticado por los medios de comunicación cuando sucedió todo esto, particularmente cuando entregó su solicitud de divorcio de la esposa # 2 por fax, y su aventura con una mujer de la mitad de su edad mientras estaba de gira. Collins recibe los golpes aquí, seguro, pero está claro que se siente aliviado de finalmente contar su historia.
También arroja luz sobre algunas otras cosas personales, como su obsesión con el Álamo y las dolencias físicas que plagaron su carrera posterior, como un derrame cerebral que le hizo perder la audición en un oído y los problemas de la mano y la espalda que le causaron problemas. Fin de su prolífica batería. La sección más difícil llega al final, cuando Collins describe con minucioso detalle su caída en el alcoholismo a principios de la década de 2010 y el terrible precio que le costó a su cuerpo y a su familia.

Disfruté mucho Aún no estoy muerto, especialmente la mirada detrás de escena de la música, las bandas y las giras. En muchas ocasiones, llamé una canción en Spotify o un video en YouTube, lo que definitivamente mejoró mi disfrute del libro. Soy adicto a la nostalgia de los 80 y el libro no me decepcionó. Si fueras un fanático casual de Genesis o Phil, creo que disfrutarás de este libro.
Collins se disculpa por su ubicuidad, casi demasiado. Sugiere que sus actuaciones duales transatlánticas en Live Aid en 1985 fueron casi accidentales, y se distancia de la coincidencia de haber golpeado canciones con dos bandas en las listas al mismo tiempo. Básicamente dice: «Lo entiendo, también estaba harto de mí». (A veces esto es demasiado).
Collins es claramente un tipo emocional y complicado, y Aún no estoy muerto lo muestra con la luz más halagadora posible. Estoy seguro de que hay muchos lados de muchas de sus historias (y de hecho escuché algunas de ellas en la cena de Acción de Gracias de alguien que lo conoce), pero me gustó escuchar (y creer) la versión de Phil durante 10 horas. Quiero decir, ese es el punto de una memoria de rock, ¿verdad? ¿Para limpiar la reputación?

La obstrucción del oído derecho no cede. Intento hurgar un poco con un bastoncillo de algodón. Sé que se aconseja no hacerlo: el tímpano es sensible, en especial si ha estado sometido a toda una vida tras la batería.
Pero estoy desesperado. Mi oído derecho está kaput. Y ese es mi oído bueno, pues el izquierdo lleva una década fastidiado. ¿Eso es todo? ¿La música, finalmente, ha acabado conmigo? ¿Me he quedado definitivamente sordo?…

Mi madre: su estoicismo, fuerza y sentido del humor ante los deslices de mi padre (por usar esa expresión tan burguesa) dice mucho acerca de la generación que vivió la guerra y que las pasó canutas para salvar sus matrimonios. Todos podríamos aprender de eso, yo el primero.
Dicho esto, cuando pienso en mi infancia ahora, con la perspectiva de los años, tal vez ese malestar y confusión emocionales me impregnaran de joven, sin que yo ni siquiera me diera cuenta.
Nacer a principios de los cincuenta significa crecer en un Londres que aún se está recuperando de los destrozos de Hitler. Sin embargo, no guardo recuerdos de lugares bombardeados ni de ningún tipo de devastación en nuestro barrio.
La única vez que recuerdo ver algo similar a los efectos de un bombardeo fue cuando la familia se aventuró por Londres con motivo de las representaciones del trabajo de mi padre.
El Támesis tiene un papel fundamental en mis primeros años. Casi todos los fines de semana, incluso desde una edad muy temprana, me subo en un bote de remos y me paso el día de un puente a otro. Por aquella época el Converted Cruiser Club carece de sede, así que para las reuniones y encuentros sociales usamos el astillero Dick Waite’s Boathouse, en la orilla de St Margarets, donde mi padre amarra su pequeña lancha, Teuke. Con el tiempo Pete Townshend compra el lugar y lo convierte en el estudio de grabación Meher Baba Oceanic. Tengo una vieja fotografía en la que salgo en los brazos de mi madre en ese mismo lugar, así que le hice una copia a Pete. Él, siempre tan caballeroso, me escribió una carta encantadora y emocionada para darme las gracias. La foto estuvo colgada en su estudio muchos años.

Practico en todas partes y a todas horas, pero sobre todo en el salón cuando todo el mundo está viendo la tele. Me acomodo en un rincón y toco para acompañar ese programa de variedades obligatorio a finales de los años cincuenta, Sunday Night at the London Palladium…

A principios de 1978, como indica el título de nuestro nuevo álbum, … And Then There Were Three…, solo quedamos tres.
Tony Banks, Mike Rutherford y yo acabamos de terminar de grabar y Tony Smith nos pide que nos reunamos. Por lo general, estas reuniones sirven para hablar de nuestro futuro y solemos vernos en las oficinas de Londres, donde refunfuñamos un poco y bebemos té.
Las reuniones de Genesis son siempre un buen lugar para discutir.
Por lo tanto, si queremos expandirnos hacia el sur y el centro de Estados Unidos, Genesis va a tener que probar otros medios. Vamos a tener que ponernos las zapatillas de lona y pisar con fuerza, salir a la carretera y viajar a los rincones de Estados Unidos, hasta llegar a los llamados mercados secundarios y terciarios.
En resumen: con el fin de romper las barreras de Estados Unidos, tenemos que tocar a lo largo y ancho del país.
Por supuesto, a nadie se le ocurre pensar que Estados Unidos podría rompernos a nosotros. O, más en concreto, a uno de nosotros y a su matrimonio.
Smith y nuestro agente Mike Farrell organizan como es debido una intensa gira estadounidense. Y luego otra. Y otra. Y al final quedaron tres giras estadounidenses, una detrás de la otra. Y dos giras europeas. Y, para rematar, una breve gira japonesa.

La letra y el mensaje de In The Air Tonight, comprendo más tarde, son considerablemente mayores que la suma de sus partes. «Llevo esperando este momento toda mi vida, oh, Señor…». Es todo subliminal, inconsciente. Esas palabras combinan bien con la música. Los versos contienen una pequeña historia, pero no existe un vínculo evidente entre esos versos y la ira. Y esas palabras las han diseccionado muchas, muchísimas personas, una y otra vez. Un tipo me regaló una tesis que había hecho en la universidad; había analizado cuántas veces empleo la palabra «the». Otras personas sugieren teorías conspiratorias acerca de un ahogamiento real del que al parecer fui testigo.
¿Qué significa In The Air Tonight? Significa que sigo adelante con mi vida, o eso intento.

AIR Studios en Montserrat es, como cabría imaginar, idílico. Inaugurado por George Martin en 1979, es un lugar precioso, situado en la cima de una colina con vistas al mar y a un volcán inactivo (que entra en actividad en 1997, cuando destruye gran parte de la isla, incluido el estudio). Es una sensación magnífica estar aquí, en este paraíso, como productor de mi amigo y su equipo de leyendas.
Mi álbum de 1989, … But Seriously, tiene ese título por un par de razones. Para empezar, el 18 de marzo de ese año Jill da a luz a nuestra hija Lily. De repente me dominan de nuevo las emociones relacionadas con la responsabilidad de ser padre y el amor paterno. Estoy contemplando a mi familia, pero también contemplo el mundo donde va a crecer Lily.
Estas ideas se reflejan en las canciones que he estado componiendo. Another Day In Paradise, That’s Just The Way It Is (en ambas va a participar el maravilloso David Crosby, que canta conmigo), Colours y Heat On The Street: cuatro canciones de compromiso político y social sobre, respectivamente, los sin techo, el apartheid, el conflicto en Irlanda del Norte y los disturbios urbanos. Es fácil adivinar mi estado de ánimo por mi expresión en la portada, que, como siempre, solo muestra mi rostro. Llevo mis emociones, y mi seriedad, a flor de carátula.
Another Day In Paradise tocó una fibra sensible global. Fue un éxito en todas partes.
El origen de esa canción se encuentra en Washington D. C., cuando Genesis tocó en el Robert F. Kennedy Memorial Stadium durante la gira de Invisible Touch. Aterrizamos procedentes de Pittsburgh en medio de la nieve y en el trayecto desde el aeropuerto le pregunto a Myron (predicador, además de nuestro chófer, un buen hombre que se convierte en un buen amigo) acerca de esas cajas de cartón alineadas en las aceras a la sombra del edificio del Capitolio.
—Sin techo —responde.
Me quedo de piedra. ¿Tantísimas personas sin hogar, tan cerca de toda esa riqueza y poder? Es una imagen que echa raíces en mi mente. Comienzo a fijarme en las cajas (las casas de quienes no tienen casa) allí donde tocamos. Por todo el mundo las organizaciones benéficas en favor de los sin techo me piden usar Another Day In Paradise en sus campañas.

Both Sides Of The Story es un éxito… por los pelos. Es el único single del álbum que tiene éxito. Aun así, Both Sides alcanza el número uno en el Reino Unido, pero, en líneas generales, los pensamientos y sentimientos más íntimos de este hombre atormentado y culpable no atraen al público que compra discos, menos aún si se compara con las ventas surrealistas de los álbumes precedentes. No me importa. He hecho lo que me he propuesto hacer.
En cualquier caso, tengo preocupaciones más acuciantes. Para ser dolorosamente sincero, he comprendido que mi matrimonio con Jill se ha acabado. Lo he echado todo a perder y no veo un camino de regreso.
El 28 de marzo de 1996 se realiza el anuncio oficial mediante un comunicado de prensa emitido por nuestro representante: «Genesis da por acabado el experimento que comenzó hace veinte años, cuando decidieron sustituir a Peter Gabriel como vocalista… Durante los últimos veinte años, el batería Phil Collins ha ejercido de cantante temporal, con gran éxito…».
Gracioso, sucinto, afectuoso. Es el adiós perfecto. Gracias. Y ahora que la noticia al fin se ha dado a conocer, disfruto de una sensación que no he sentido en años.
Libertad.
Cuando termina la gira The First Final Farewell el 24 de noviembre de 2005 en el Sazka Arena de Praga, Orianne y yo todavía estamos juntos, pues todavía estamos casados, al menos sobre el papel. Y aún estamos viviendo en la misma casa, pero no va a ser por mucho tiempo.
¿Cómo llamas a un batería que rompe con su novia? Un sin techo.
¿Cómo llamas a un batería que rompe con su tercera esposa? Un desastre.

Corre el verano de 2012 y los niños aún están en Suiza, aunque por poco tiempo. Sufro de fuertes dolores de estómago y me llevan a la Clinique de Genolier. La conclusión de la doctora Loizeau es rápida y firme: debido a la bebida, tengo pancreatitis aguda y necesito ir al Hospital Universitario de Lausana enseguida. Tengo que dejar la bebida, desintoxicarme y ese centro está mejor equipado para tratar a alguien en mi situación.
Es evidente que esa «situación» es motivo de preocupación para los médicos: me quieren en la unidad de cuidados intensivos de Lausana tan pronto como sea posible, así que me trasladan en helicóptero sanitario. Me quedo ahí durante lo que parece una eternidad. Probablemente sean dos o tres semanas. El tiempo pasa despacio cuando no hay una bebida a mano.
Técnicamente hablando, no se trata de una rehabilitación (y cuando eres un bebedor veterano, te conviertes en experto en tales matices: «Solo he tomado una copa…»). Pero, a instancias de Lindsey, Dana y Tony, busco centros de rehabilitación, aunque sin mucho entusiasmo. No necesito ir a rehabilitación. Puedo parar cuando quiera. Y paro: unas cuantas veces. De hecho, parar se me acaba dando muy bien. Pero lo que se me da aún mejor es empezar de nuevo.
En la unidad de cuidados intensivos del Hospital Universitario estoy conectado a un conjunto de máquinas que emiten pitidos intermitentes. Pero tal vez ni siquiera la mejor tecnología disponible sea suficiente: mi páncreas está a punto de dejar de funcionar y, al parecer, estoy cerca de morir.
Estar en cuidados intensivos es verdaderamente espantoso. Sufro pesadillas horrendas a causa de los potentes medicamentos. No me puedo mover porque tengo tubos y cables por la nariz, el cuello y el pene: me han puesto un catéter.
No me convertí en alcohólico hasta los cincuenta y cinco años. Viví los alocados años sesenta, los colocados setenta, los imperiales ochenta, los emotivos noventa. Me retiré, satisfecho, y fue entonces cuando caí. Porque, de repente, me encontré con demasiado tiempo entre las manos. Ese agujero enorme, ese vacío, que dejaron mis hijos cuando me los arrebataron, una vez más, tuve que llenarlo de alguna manera. Y lo llené con alcohol. Y casi me mató.
Soy uno de los afortunados.

El clan Collins es una pandilla curiosa. Ya sé lo que parecemos: una familia dispersa y fracturada, presidida (en el sentido más amplio del término) por Phil el de las tres esposas. Pero a pesar de todo, o precisamente por eso, nos reímos de ello. El amor siempre encuentra un camino.
Me siento culpable por cada uno de mis hijos. Me siento culpable por todo, sinceramente. Por todas las veces que estuve lejos, todos los momentos que me perdí, todos esos periodos en los que una gira o un álbum se interpusieron en la felicidad familiar o en las rectificaciones necesarias. La música me hizo, pero también me deshizo.
Pero la felicidad también engendra culpa: cuanto más feliz soy con Nic y Matt, más culpable me siento por no haber estado ahí con los mayores. No estuve ahí para mantener esas mismas conversaciones, para disfrutar de esas mismas alegrías hogareñas, al lado de Joely, Simon y Lily.
No creo que quiera una gira muy larga. Pero me gustaría tocar en estadios en Australia y el Lejano Oriente, y esa es la única manera de hacerlo. Pero hay una parte de mí que solo quiere tocar en teatros, así que ya veremos».
¿De verdad dije todo eso? Es probable que la medicación me estuviera afectando, aunque es una sugerencia interesante. El hombre que realiza esas declaraciones es un tipo con cojera que apenas puede caminar, mucho menos subirse a un escenario. Los rumores acerca de mi regreso han sido muy exagerados, entre otros por mí.
De vuelta en el Reino Unido, incluso Today, el muy respetable noticiario de BBC Radio 4, considera que el fin de mi retiro es digno de interés a la hora del desayuno.

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It opens with his early days in suburban London and tracks his family life and his childhood/early adulthood obsession with music. From there, the juggernaut of Collins’ career kicks in: joining Genesis, touring larger and larger venues, taking over frontman status from Peter Gabriel, more Genesis albums, his explosive solo career, more Genesis albums, Disney soundtracks, hit movie songs, and on and on. There is a reason Phil Collins seemed ubiquitous in the 80s and 90s – he was. He was also a workaholic who couldn’t say no to any opportunity – to sing, to compose, to produce, to collaborate. He would travel the globe while on world tours, and then return to his home base where he would jump immediately into the next project without stopping.
This lifestyle took a toll on his personal life, which Collins does not gloss over. Three marriages, three divorces, long distance relationships with his five kids – these all weigh on Collins, and he perseverates on them throughout the book. He takes the blame for the failure of his marriages, though he manages to make himself look OK at the same time. Collins was criticized by the media when all of this was going on, particularly his delivering his request for a divorce from wife #2 via fax, and his affair with a woman half his age while on tour. Collins takes the blows here, for sure, but it’s clear that he is relieved to finally be telling his story.
He also shines a light on some other personal stuff, like his obsession with the Alamo and the physical ailments that plagued his later career, like an ear stroke that caused him to lose his hearing in one ear and the hand and back issues that put an end to his prolific drumming. The toughest section comes at the end, when Collins describes in painstaking detail his slide into alcoholism in the early 2010s and the terrible toll it took on his body and his family.

I thoroughly enjoyed Not Dead Yet, especially the behind-the-scenes look at the music, the bands and the touring. On many occasions, I called up a song on Spotify or a video on YouTube, which definitely enhanced my enjoyment of the book. I am addicted to 80s nostalgia, and Not Dead Yet did not disappoint. If you were even a casual Genesis or Phil fan, I think you’ll enjoy this book.
Collins is apologetic about his ubiquity – almost overly so. He suggests that his transatlantic dual performances on Live Aid in 1985 were almost accidental, and he distances himself from the coincidence of having hit songs with two bands on the charts at the same time. He basically says, “I get it – I was sick of me too.” (Sometimes this is a little too much.)
Collins is clearly an emotional, complicated guy, and Not Dead Yet shows him in the most flattering light possible. I’m sure there are other sides to a lot of his stories (and in fact I heard a few of them at Thanksgiving dinner from someone who knows him), but I liked hearing (and believing) Phil’s version for 10 hours. I mean, that’s the point of a rock memoir, right? To clean up the reputation?.

The obstruction of the right ear does not subside. I try to rummage around a bit with a cotton bud. I know it is advisable not to: the eardrum is sensitive, especially if it has been subjected to a lifetime after the battery.
But I am desperate. My right ear is kaput. And that is my good ear, because the left one has been bothered for a decade. That’s it? Has the music finally finished me? Have I definitely become deaf? …

My mother: her stoicism, strength and sense of humor in the face of my father’s slips (to use that bourgeois expression) says a lot about the generation that lived through the war and who spent their time to save their marriages. We could all learn from that, me first.
That said, when I think of my childhood now, with the perspective of the years, perhaps that emotional discomfort and confusion permeated me as a young man, without me even realizing it.
Being born in the early fifties means growing up in a London that is still recovering from Hitler’s destruction. However, I have no memories of bombed places or any kind of devastation in our neighborhood.
The only time I can remember seeing anything similar to the effects of a bombing was when the family ventured into London for performances of my father’s work.
The Thames plays a key role in my early years. Almost every weekend, even from a very young age, I get on a rowboat and spend the day from one bridge to another. At that time the Converted Cruiser Club had no headquarters, so for social gatherings we used the Dick Waite’s Boathouse, on the shore of St Margarets, where my father moored his small boat, Teuke. Eventually Pete Townshend buys the place and turns it into the Meher Baba Oceanic recording studio. I have an old photograph of myself hanging out in my mother’s arms right there, so I made a copy for Pete. He, always so gentlemanly, wrote me a charming and excited letter to thank me. The photo was hung in his studio for many years.

I practice everywhere and at all hours, but especially in the living room when everyone is watching TV. I settle into a corner and play to accompany that mandatory variety show in the late 1950s, Sunday Night at the London Palladium …

At the beginning of 1978, as the title of our new album indicates,… And Then There Were Three …, we only had three left.
Tony Banks, Mike Rutherford and I have just finished filming and Tony Smith asks us to meet. Usually these meetings serve to talk about our future and we often meet in London offices where we grumble a little and drink tea.
Genesis meetings are always a good place to discuss.
So if we want to expand into the southern and central United States, Genesis is going to have to try other means. We are going to have to put on our canvas shoes and stomp, hit the road and travel to the corners of the United States, until we reach the so-called secondary and tertiary markets.
In short: In order to break America’s barriers, we have to touch the length and breadth of the country.
Of course, it does not occur to anyone to think that the United States could break us. Or, more specifically, one of us and his marriage.
Smith and our agent Mike Farrell organize an intense American tour properly. And then another. And another. And in the end there were three American tours, one after the other. And two European tours. And, to top it off, a brief Japanese tour.

The lyrics and message of In The Air Tonight, I understand later, are considerably greater than the sum of its parts. «I have been waiting for this moment all my life, oh Lord …». It is all subliminal, unconscious. Those words go well with the music. The verses contain a little story, but there is no obvious link between those verses and anger. And those words have been dissected by many, many people, over and over again. A guy gave me a thesis he had done at the university; I had analyzed how many times I use the word «the». Other people suggest conspiracy theories about actual drowning that I apparently witnessed.
What does In The Air Tonight mean? It means that I move on with my life, or so I try.

AIR Studios in Montserrat is, as you might imagine, idyllic. Opened by George Martin in 1979, it is a beautiful place, located on top of a hill with views of the sea and an inactive volcano (which became active in 1997, when it destroyed a large part of the island, including the studio). It is a wonderful feeling to be here, in this paradise, as producer of my friend and his team of legends.
My 1989 album,… But Seriously, has that title for a couple of reasons. For starters, on March 18 of that year Jill gives birth to our daughter Lily. Suddenly, emotions related to the responsibility of being a father and parental love dominate me again. I’m looking at my family, but I’m also looking at the world where Lily is going to grow up.
These ideas are reflected in the songs that I have been composing. Another Day In Paradise, That’s Just The Way It Is (both will feature the wonderful David Crosby, who sings with me), Colors and Heat On The Street: four songs of political and social commitment on, respectively, the homeless, the Apartheid, the conflict in Northern Ireland and urban unrest. It’s easy to guess my mood from my expression on the cover, which, as always, only shows my face. I take my emotions, and my seriousness, to the surface.
Another Day In Paradise struck a global chord. It was a success everywhere.
The origin of that song is in Washington D.C., when Genesis played at the Robert F. Kennedy Memorial Stadium during the Invisible Touch tour. We landed from Pittsburgh in the middle of the snow and on the way from the airport I ask Myron (preacher, in addition to our driver, a good man who becomes a good friend) about those cardboard boxes lined up on the sidewalks to the shadow of the Capitol building.
«Homeless,» he replies.
I am stunned. So many homeless people, so close to all that wealth and power? It is an image that takes root in my mind. I start to look at the boxes (the houses of those who have no home) wherever we play. Around the world, charities for the homeless ask me to use Another Day In Paradise in their campaigns.

Both Sides Of The Story is a hit … close by. It is the only single from the album to be successful. Still, Both Sides reaches number one in the UK, but overall, the most intimate thoughts and feelings of this tormented and guilty man don’t appeal to the record-buying public, let alone when compared to surreal sales by previous albums. I do not care. I have done what I have set out to do.
In any case, I have more pressing concerns. To be painfully honest, I have understood that my marriage to Jill is over. I have spoiled everything and I don’t see a way back.
On March 28, 1996, the official announcement was made through a press release issued by our representative: “Genesis ends the experiment that started twenty years ago, when they decided to replace Peter Gabriel as vocalist… During the last twenty years, the Drummer Phil Collins has been a temporary singer, with great success… ».
Funny, succinct, affectionate. It is the perfect goodbye. Thank you. And now that the news has finally been released, I enjoy a feeling I haven’t felt in years.
Freedom.
When The First Final Farewell tour ends on November 24, 2005 at the Sazka Arena in Prague, Orianne and I are still together, as we are still married, at least on paper. And we’re still living in the same house, but it won’t be for long.
What do you call a drummer who breaks up with his girlfriend? A homeless.
What do you call a drummer who breaks up with his third wife? A disaster.

It’s the summer of 2012 and the children are still in Switzerland, although for a short time. I suffer from severe stomach pains and they take me to the Clinique de Genolier. Dr. Loizeau’s conclusion is quick and firm: Due to drinking, I have acute pancreatitis and need to go to the University Hospital of Lausanne right away. I have to stop drinking, detoxify, and that center is better equipped to treat someone in my situation.
This ‘situation’ is clearly a cause for concern for doctors: they want me in the intensive care unit in Lausanne as soon as possible, so they transfer me by medical helicopter. I stay there for what seems like an eternity. It will probably be two or three weeks. Time passes slowly when there is no drink on hand.
Technically speaking, it is not a rehabilitation (and when you are a veteran drinker, you become an expert in such nuances: «I’ve only had one drink …»). But, at the behest of Lindsey, Dana and Tony, I search for rehab centers, albeit without much enthusiasm. I don’t need to go to rehab. I can stop whenever I want. And I stop: a few times. In fact, stopping ends up being very good for me. But what I’m even better at is starting again.
In the intensive care unit of the University Hospital I am connected to a set of machines that emit intermittent beeps. But perhaps not even the best available technology is enough: my pancreas is about to stop working, and I’m apparently close to dying.
Being in intensive care is truly awful. I suffer horrendous nightmares from the powerful medications. I cannot move because I have tubes and cables through my nose, neck and penis: they have put a catheter in me.
I didn’t become an alcoholic until I was fifty-five. I lived through the crazy sixties, the settled seventies, the imperial eighties, the emotional nineties. I left, satisfied, and that’s when I fell. Because suddenly, I found myself with too much time on my hands. That huge hole, that void, that my children left when they were taken from me, once again, I had to fill it somehow. And I filled it with alcohol. And it almost killed me.
I am one of the lucky ones.

The Collins clan is a curious gang. I know what we look like: a dispersed and fractured family, presided over (in the broadest sense of the term) by Phil the one of the three wives. But despite everything, or precisely because of it, we laugh at it. Love always finds a way.
I feel guilty for each of my children. I feel guilty about everything, honestly. For all the times I was away, all the moments I missed, all those periods when a tour or an album got in the way of family happiness or the necessary rectifications. Music made me, but it also undid me.
But happiness also breeds guilt: the happier I am with Nic and Matt, the more guilty I feel for not being there with the older ones. I wasn’t there to have those same conversations, to enjoy those same homely joys, next to Joely, Simon and Lily.
I don’t think he wants a very long tour. But I would like to play in stadiums in Australia and the Far East, and that is the only way to do it. But there’s a part of me that just wants to play in theaters, so we’ll see. »
Did I really say all that? It is likely that the medication was affecting me, although it is an interesting suggestion. The man making those remarks is a limp guy who can barely walk, much less climb onto a stage. The rumors about my return have been greatly exaggerated, among others by me.
Back in the UK, even Today, the highly reputable BBC Radio 4 newscast, regards the end of my retreat as worthy of interest at breakfast time.

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