Porque Soy Libertario — Javier Sádaba / Because I’m A Libertarian by Javier Sádaba (spanish book edition)

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Sin duda otro libro muy interesante. Una imagen que nos desconcierta consiste en entender la humanidad como un puzle en el que hay que completar las piezas. Y, así, a cada cuadro o Nación le correspondería un Estado con su concreto color. Es una falsa manera de mirar el mundo. Es una falsa manera de absolutizar la vida en común de los humanos hasta ahora conocidos. La Nación, palabra que proviene del latín nacer y que en este sentido etimológico poco nos ayuda, es una ficción, un jeroglífico, un laberinto en el que se entra y no se sale. Los griegos tuvieron ciudades-estado como las tuvo Italia en el esplendor del Renacimiento. Y no naciones. El problema se ha aguzado en el último siglo en Europa, en donde la Nación y el Estado han jugado al escondite o a librar batallas campales.
Una doncella que recibe el nombre de Estado de derecho y un referéndum que es el mismo diablo nos bautizan como grandes demócratas. Más falsedad imposible. Esta es, en suma, la autodeterminación libertaria, que no libertariana. El Estado ha acabado siendo un conglomerado de finanzas, empresas y medios de comunicación, además de los que se ofrecen, como misioneros, a representarnos. A eso se le llama democracia representativa y Dios te libre de ponerle una coma.

La historia de la filosofía es un auténtico laberinto. Las diferentes doctrinas son de lo más dispares y de lo más disparatadas. Da la impresión de que cada filósofo tiene un ego tan grande que lo convierte en un sistema, en un semisistema o en un cuasisistema. En cualquier caso, y arriesgándonos a una tipificación que puede sonar simplista, habría que distinguir tres tipos de filosofías. La primera mira a lo alto, vive enganchada a algo supremo y grandioso.
La filosofía libertaria se inscribe en la tendencia a aclarar y mostrar al desnudo lo que hay, tal y como venimos diciendo. Y una cuestión decisiva: se centrará en la ética. Conviene añadir dos palabras a este respecto. Antes anotemos que, como hemos visto, en la historia los cuentos filosóficos han abundado. Conviene conocerlos puesto que muchos han dejado el sello de un gran talento abstracto. Además, la actividad filosófica puede ser una ayuda para, por ejemplo, desenmascarar las seudociencias teológicas. Obsérvese que nos referimos a supuestas creencias en seres que traspasan el espacio y el tiempo y no a una actitud religiosa general y hasta un tanto mágica. Y en el terreno de las ciencias empíricas —y son ejemplos, también— asuntos como que la libertad que se inserta en nuestro cerebro es o no, por eso, una falsa libertad, ya que estaríamos determinados por las neuronas como la piedra al caer por la gravedad.

Si hay una conducta que es incompatible con la actitud libertaria es la ceremonial. No me refiero, obviamente, a la ceremonia propia de los intercambios sociales y que lo está en su punto. Tanto es así que se ha llegado a definir al humano como un ser ceremonial. Y es lógico, porque los gestos importan. De ahí que la ceremonia del saludo, la que llamamos «de la buena educación», la aprobación alegre del bien de otros o del propio sean constitutivos de alguien que quiere y se entiende con los demás. Lo que el libertario rechaza es la ceremonia que implica sumisión. Es por esto que se opone a la reverencia al monarca, al arrodillarse ante quien sea, de este mundo o de un imaginado trasmundo, a la inclinación de cabeza que se parece más a una rendición de animal no humano que a una aprobación sincera a lo que nos da placer. Este tipo de ceremonias rompe la igualdad entre todos los que formamos parte de una humanidad que ha alcanzado el nivel cultural que nos caracteriza.
Cabe recordar que una vida cotidiana triste es impropia de un libertario. Por mucha que sea su melancolía o muchos que sean los problemas que le acucien, todo tiene que envolverlo en el humor. El humor es unitivo con los propios y corrosivo para el Poder. No olvidemos nunca este excelente aliado.
El libertario y al mal de males. Recordemos que se trata del mal por el mal, el que huye de cualquier explicación, el que oscurece lo oscuro, el que estando presente se hace invisible, el que todo lo contagia y no hay medicina que nos libere de su viral propagación. Es, en suma, la sed de mal, por utilizar de nuevo la sabiduría que nos llega del cine, esta vez de la mano de O. Welles. Ese mal, en último término, es el Poder, el Poder por el Poder y del que emanarán toda otra clase de males. Y el libertario ha de luchar, antes de nada, contra el Poder. Lo que sucede es que al reivindicar la suprema libertad puede estar tentado de imitar aquello contra lo que tiene que luchar. Y aquí se abren tres posibilidades. Una es quedarse en la libertad del individuo, sin más, indiferente a lo que esté fuera de su poder. Tal vez fue ese el error del, por otro lado, cofundador del anarquismo. Otra, usar el poder de la libertad para, así, imponerse a otros. Es la concepción del poder sobre los demás que tal vez arruinó buena parte del legado de Nietzsche. Y otra, que creo que es la correcta, consiste en el poder de la libertad, no sobre nadie, sino con las otras personas libres. Ahí podemos mirar de cara al mal. No lo destruiremos, pero tampoco destruirá, por mucho que sea su poder esa libertad que nos es constitutiva.

La actitud del libertario ante la inteligencia artificial en el amplio sentido en que la hemos visto. Y, sobre todo, digamos nuestra palabra ética al respecto. Un libertario es de espíritu abierto, especialmente con todo lo que pueda mejorar nuestra condición. De ahí que no haya por qué temer a la evolución, llegue esta a donde llegue. En todo caso habrá, si es necesario, que poner coto a nuestras manos. En este sentido distinguirá lo que es algo que elimine o aminore un mal de la biomejora pura y simple. Aquí se impone la prudencia, virtud intelectual que nada tiene que ver con el miedo irracional. La biomejora plantea problemas puesto que podría dar resultados discriminatorios, ya que unos serían superiores a otros. Y la desigualdad es contraria a la libertad que pedimos para todos. Lo que sucede es que si la biomejora fuera universal, no se ve por qué habría que oponerse. Otro tanto ocurre con la pérdida de intimidad o la manipulación de nuestras emociones. Si se trata de que unos dominen a otros, la oposición será total; pero si hay reciprocidad, tampoco tenemos nada que objetar llevados por el miedo. Y lo que es decisivo y ya se ha ido apuntando antes. La cuestión es económico-política. Unos pocos, unas poderosísimas multinacionales, se habrían convertido en una dictadura feroz. Tendrían, dicho en términos marxistas, todos los medios de producción y toda la fuerza de trabajo. Nosotros seríamos unos seres manipulados, marionetas del dios dinero. A esto solo se le puede oponer tenazmente la obligación de que las empresas sean transparentes y que existan tribunales de la competencia que lucharan contra la discriminación en cuestión.

El amor da tanta luz que ciega. Ciega los sentidos y ciega la inteligencia. Y dentro del humor, el chiste, el azote, el que te desequilibra y libera. Y eso es necesario. Conociendo bien el contexto, sin duda, y, por tanto, sin herir. El neopuritanismo que cercena el chiste no sabe el mal que hace. La mejor respuesta es contarle otro chiste. Y unido al chiste, bien lo vio Freud en su breve escrito sobre el tema, el juego de palabras. La ambivalencia, el despiste, el descolocar, el hacer que surja de ti mismo una voz que estaba reprimida, nos lo ofrece el lenguaje y su hermano el chiste. Un robot que contara chistes sería humano. Se ha dicho que en todo chiste hay alguna enseñanza o toca algo sustancial. Se han dado múltiples de definiciones de humor y de chiste, que es una de sus formas. Un conocido escritor dice que el chiste es un relato literario con final desconocido. Y Schopenhauer, cuya cita no puede faltar, que el humor es lo serio revestido de broma. Riamos libremente, hagamos chiste de lo serio y al chiste nuestro aliado en la crítica, que tantas veces hay que ejercitar contra el Poder.

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Without a doubt another very interesting book. An image that baffles us consists in understanding humanity as a puzzle in which the pieces must be completed. And, thus, each painting or Nation would have a State with its specific color. It is a false way of looking at the world. It is a false way of absolutizing the common life of the hitherto known humans. The Nation, a word that comes from the Latin to be born and that in this etymological sense does little to help us, is a fiction, a hieroglyph, a labyrinth in which one enters and does not leave. The Greeks had city-states like Italy did in the splendor of the Renaissance. And not nations. The problem has sharpened in the last century in Europe, where the Nation and the State have played hide and seek or fought pitched battles.
A maiden who receives the name of the Rule of Law and a referendum that is the devil himself baptize us as great Democrats. More impossible falsehood. This is, in short, libertarian self-determination, not libertarian. The State has ended up being a conglomerate of finance, companies and the media, in addition to those who offer themselves, as missionaries, to represent us. That is called representative democracy and God save you from putting a comma on it.

The history of philosophy is a veritable maze. The different doctrines are the most disparate and the most disparate. It seems that every philosopher has an ego so big that it becomes a system, a semi-system or a quasisystem. In any case, and risking a typification that may sound simplistic, three types of philosophies would have to be distinguished. The first one looks up, lives attached to something supreme and great.
Libertarian philosophy is part of the tendency to clarify and show what is there naked, as we have been saying. And a decisive question: it will focus on ethics. Two words should be added in this regard. Before we note that, as we have seen, in history philosophical tales have abounded. It is worth knowing them since many have left the stamp of a great abstract talent. Furthermore, philosophical activity can be an aid in, for example, unmasking theological pseudosciences. Note that we are referring to supposed beliefs in beings that transcend space and time and not to a general religious and even somewhat magical attitude. And in the field of empirical sciences – and they are examples, too – issues such as the freedom that is inserted into our brain is or is not, therefore, a false freedom, since we would be determined by neurons like stone when falling by the gravity.

If there is a behavior that is incompatible with the libertarian attitude it is ceremonial. I am not referring, obviously, to the ceremony proper to social exchanges and that it is at its point. So much so that the human has been defined as a ceremonial being. And it is logical, because gestures matter. Hence, the greeting ceremony, the one we call «of good education,» the joyous approval of the good of others or of one’s own are constitutive of someone who loves and understands others. What the libertarian rejects is the ceremony that implies submission. This is why he opposes reverence for the monarch, kneeling before whoever, of this world or of an imagined afterworld, to the nod that is more like a surrender of a non-human animal than sincere approval of what that gives us pleasure. This type of ceremony breaks the equality between all of us who are part of a humanity that has reached the cultural level that characterizes us.
It should be remembered that a sad daily life is inappropriate for a libertarian. As much as your melancholy is or as many problems that plague you, everything has to involve you in humor. Humor is unitive to its own and corrosive to Power. Let us never forget this excellent ally.
The libertarian and the evil of evils. Let us remember that it is evil for evil’s sake, the one that runs away from any explanation, the one that obscures the dark, the one who, being present, becomes invisible, the one who infects everything and there is no medicine to free us from its viral spread. In short, it is the thirst for evil, to use again the wisdom that comes from the cinema, this time from the hand of O. Welles. That evil, ultimately, is Power, Power for Power and from which all other kinds of evil will emanate. And the libertarian must fight, first of all, against the Power. What happens is that by claiming supreme freedom you may be tempted to imitate what you have to fight against. And here are three possibilities. One is to remain in the freedom of the individual, without further ado, indifferent to what is beyond his power. Perhaps that was the mistake of, on the other hand, co-founder of anarchism. Another is to use the power of freedom to impose oneself on others. It is the conception of power over others that perhaps ruined much of Nietzsche’s legacy. And another, which I think is the correct one, consists in the power of freedom, not over anyone, but with other free people. There we can face evil. We will not destroy it, but it will not destroy, however much its power, that freedom that is constitutive to us.

The libertarian’s attitude towards artificial intelligence in the broad sense in which we have seen it. And, above all, let’s say our ethical word about it. A libertarian is open-minded, especially with everything that can improve our condition. Hence, there is no reason to fear evolution, wherever it comes. In any case, there will be, if necessary, putting a stop to our hands. In this sense, it will distinguish what is something that eliminates or ameliorates an evil from pure and simple biotechnology. Here prudence prevails, an intellectual virtue that has nothing to do with irrational fear. The bi-improvement poses problems since it could give discriminatory results, since some would be superior to others. And inequality is contrary to the freedom that we ask for everyone. What happens is that if the bi-improvement were universal, it is not seen why it should be opposed. The same occurs with the loss of intimacy or the manipulation of our emotions. If it is a matter of one dominating the others, the opposition will be total; but if there is reciprocity, we also have nothing to object out of fear. And what is decisive and has already been pointed out before. The question is economic-political. A few, some very powerful multinationals, would have become a fierce dictatorship. They would have, in Marxist terms, all the means of production and all the labor force. We would be manipulated beings, puppets of the money god. This can only be doggedly opposed by the obligation for companies to be transparent and for competition courts to fight the discrimination in question.

Love gives so much light that it blinds. Blind the senses and blind intelligence. And within the humor, the joke, the spanking, the one that unbalances and frees you. And that is necessary. Knowing the context well, without a doubt, and therefore without hurting. The neopuritanism that cuts the joke does not know the evil it does. The best answer is to tell him another joke. And together with the joke, Freud saw it well in his brief writing on the subject, the play on words. Ambivalence, absent-mindedness, misplacing, causing a voice that was repressed to emerge from yourself, is offered to us by language and its brother the joke. A robot that told jokes would be human. It has been said that in every joke there is some teaching or something substantial. There have been multiple definitions of humor and joke, which is one of its forms. A well-known writer says that the joke is a literary story with an unknown ending. And Schopenhauer, whose appointment can not miss, that humor is the seriously clothed in joke. We laugh freely, let’s make a joke of the serious and joke our ally in criticism, which so many times must be exercised against the Power.

3 pensamientos en “Porque Soy Libertario — Javier Sádaba / Because I’m A Libertarian by Javier Sádaba (spanish book edition)

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