La Revolución Del Lenguaje — David Crystal / The Language Revolution by David Crystal

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«La revolución del lenguaje» de David Crystal se divide en tres partes cristalinas. Crystal analiza que el inglés se está convirtiendo en un idioma global, la muerte de los idiomas y las implicaciones de la era digital en la revolución lingüística. ¡Todo en menos de 200 páginas! Crystal es capaz de hacer un argumento claro y efectivo. Él declara su punto, da un ejemplo y lo conecta con el siguiente punto. Su fluidez lo convierte en una lectura obligada para todos, no solo para los estudiantes. Utiliza un lenguaje simple (términos simples) e involucra al lector al mostrar cómo la vida de cada individuo podría verse afectada por los cambios asociados con la revolución digital.
Crystal presenta un argumento interesante para el inglés como idioma global. Él cree que el inglés ya es un idioma global, pero no es necesariamente una amenaza para los idiomas minoritarios. Explica que el inglés permite a las personas llamar la atención sobre los idiomas moribundos y otras causas. Lo más importante es que el inglés se ha convertido en un idioma global porque es «una aspiradora de [otros] idiomas». Este concepto de aspiradora le permite hacer una comparación interesante con el latín que afirma las diferencias entre los idiomas. El inglés se está extendiendo y permite que otros idiomas evolucionen y lo usen para sus propias necesidades de idioma sin despojar su identidad nacional (spanglish, inglés japonés, etc). Esto lleva al argumento de Crystal de que los idiomas moribundos deben permitir que sus adolescentes jueguen con el inglés porque no se sentirán aislados, por lo que es más probable que permitan que el idioma moribundo evolucione y continúe siendo significativo.
Crystal proporciona estadísticas e investigaciones claras para fortalecer sus teorías. La estadística más impactante fue que solo el 4% de la población mundial habla el 96 por ciento de los idiomas del mundo. Crystal comparte estas estadísticas aterradoras e incluso proporciona soluciones al problema. A lo largo del libro, usa el sarcasmo y mantiene un tono optimista para que no sea impactante cuando todas sus soluciones se reducen a dinero. Él hace un punto interesante de que el dinero necesario para revivir estos idiomas moribundos es equivalente a un día de ingresos petroleros. El problema es que las personas no son conscientes del problema. Crystal sugiere crear conciencia a través de escuelas, arte y campañas políticas. Él reflexiona sobre cómo esto ya se hizo, qué fue efectivo y qué hay que hacer.
Pasa todo el tercer capítulo discutiendo «netspeak». Su análisis de los diferentes aspectos de la comunicación en Internet hace que sea exponencialmente más fácil aceptar algo tan descabellado como Internet. Argumenta que Internet, aunque tiene algunos déficits, en general permite la expansión en la variedad de idiomas. También argumenta que permite que los idiomas moribundos, donde se proporcionan recursos, se registren y estudien. Internet es un medio de comunicación completamente nuevo que es a la vez emocionante, pero requiere que nuestras mentes evolucionen para trabajar dentro de sus límites y al mismo tiempo se le ofrece el mundo en la palma de su mano.

A lo largo del libro, el tema de compartir idiomas fue prominente. Aceptar nuevas tecnologías y utilizarlas para guardar idiomas antiguos en lugar de aislarlos aún más. La actitud positiva y el sentido del humor de Crystal son atractivos. Fuera de mi cabeza, él cuenta una broma sobre cómo si Jesús regresara hoy, nadie lo entendería en su lengua nativa del arameo. Explica claramente los conceptos y ofrece soluciones a los problemas. Ata todos sus cabos sueltos muy bien en el último capítulo, citando los puntos más importantes. Una lectura obligada para cualquier persona relacionada con el idioma, la aparición del multilingüismo o los efectos de Internet en el idioma. Espero leer más trabajos de David Crystal.
Los capítulos 1 y 2 son sobresalientes, y la razón por la que leí este libro en primer lugar. El Capítulo 3 era aburrido y anticuado. Además, algunos de los datos se presentan como «Supongo», «Mis sentimientos son …». Esto es lamentable porque un rápido google de parte de la información demuestra que está equivocado. De todos modos, al pasar a los capítulos 4 y 5, esperaba más, y tienen un estilo algo conversacional.

Estamos viviendo unos momentos de eclosión de las preocupaciones por las lenguas humanas, por cada una de ellas y también por el lenguaje en general, aunque sea este último un tema al que nuestro autor no se dedica en esta obra. Podemos añadir, sin embargo, que desde hace no muchos años también en la lingüística teórica y descriptiva se está produciendo una auténtica revolución, que nos ha llevado muy lejos de esos «encuentros en la tercera fase» que, en opinión de Crystal, asustaban al profesional de los medios de comunicación y le empujaban a alejarse lo más posible de la lingüística. En las revoluciones suelen aparecer simultáneamente movimientos semejantes en lugares separados, sin relación entre ellos.
Crystal escribe, sin embargo, que «ningún idioma ha sido nunca lengua mayoritaria en más de una docena de países aproximadamente». Si añadimos a esa extensa lista de países de lengua española el importante número de sus hablantes en los Estados Unidos y, actualmente, el Brasil, pero también en otros territorios americanos más pequeños, como las Antillas Neerlandesas o Belize, que tienen otras lenguas oficiales, veremos que el español se encuentra en una situación tan excepcional como el inglés, aunque de una forma distinta: hoy día, la mayor parte de quienes usan el inglés no son hablantes nativos, pero en español sucede lo contrario.

El tratamiento de los préstamos extranjeros es un buen ejemplo de cómo debemos ver las cosas, en vez del simple escándalo irreflexivo y prejuicioso. En inglés, los préstamos (que algunos hiperpuristas quieren rechazar, sin embargo) se consideran como un enriquecimiento del idioma: traen consigo precisiones que antes no existían, introducen nuevos matices, proporcionan una mayor riqueza de expresión. Entre nosotros, pot desgracia, el hiperpurismo suele llevar las de ganar. Claro que el rechazo violento de las palabras extranjeras, que encontramos tan habitualmente en los más variados círculos, no es obstáculo para enorgullecernos porque el español ha enriquecido a otras lenguas con sus palabras. Es decir: la abundancia de préstamos hispánicos en el tagalo y otras lenguas de Filipinas es prueba de la riqueza y vitalidad del español: pero la adopción de palabras inglesas -antes eran francesas- en el castellano se ve como una amenaza. «Ley del embudo», suele llamarse a esta forma de ver las cosas; los préstamos y la mezcla de lenguas se pueden utilizar como armas arrojadizas contra quienes queramos, y en general el idioma que da parece que es fuerte y vital.
Muchos otros idiomas han tenido sus propios periodos de cambio revolucionario, en diferentes épocas y por diferentes causas. Las guerras, las alianzas políticas y las revoluciones que provocan inmensos cambios sociales (y por tanto lingüísticos) no siguen ningún calendario compartido o predecible. La Revolución Francesa tuvo consecuencias fundamentales tanto para el francés como para las lenguas minoritarias de Francia. pero escaso impacto lingüístico en otros lugares. Del mismo modo, la Revolución Rusa dio paso a programas políticos que afectaron gravemente al mantenimiento de las lenguas regionales y minoritarias en la Unión Soviética; pero también este caso tuvo escasa repercusión en el exterior. No es habitual encontrar cambios con implicaciones de un alcance tal que afecten a grupos de lenguas, y resulta extremadamente raro detectar transformaciones tan globales que afecten a rodas ellas. En realidad, para ser capaces de encontrar un ejemplo de este último punto debemos cambiar el ámbito y hacer referencia a la aparición de los nuevos medios de comunicación -como la escritura, la imprenta, la telefonía y las retrasmisiones audiovisuales- cuya influencia sobre la naturaleza de las lenguas ha sido universal. Internet es el último de estos medios en incorporarse, y su impacto en el lenguaje ha sido el más revolucionario de todos.

La emergencia de la lengua inglesa como una auténtica lengua mundial es la primera de las tres tendencias que adquirieron especial relevancia durante los noventa. El adjetivo «auténtica) resulta clave para valorar este fenómeno. Ya en el siglo XVIIl se había reconocido la posibilidad de que el inglés adquiriese un carácter global. El 1780 el futuro presidente de los Estados
Unidos, John Adams, afirmó: «El inglés está destinado a ser la lengua mundial durante el próximo siglo y los siguientes, en mayor proporción de lo que el latín lo fuera en el pasado o el francés lo es actualmente». Sin embargo, ha sido necesario que transcurrieran dos siglos para demostrar que estaba en lo cierto. Hace relativamente poco tiempo, la perspectiva de que el inglés se convirtiera en una lengua auténticamente global era incierta.
Esto se manifiesta de dos maneras principalmente. En primer lugar, puede considerarse como lengua oficial (o sernioficial) del país, y ser utilizada como medio de comunicación en ámbitos del gobierno, los tribunales, los medios de comunicación y el sistema educativo. Para triunfar en esas sociedades resulta esencial dominar la lengua oficial lo antes posible en la vida. El inglés ejemplifica adecuadamente este rol ya que, como resultado de la historia británica y norteamericana, posee algún tipo de estatus administrativo especial en más de setenta países, tales como Ghana, Nigeria, India, Singapur y Vanuatu.
¿Por qué el inglés? Esta claro que el inglés no posee ninguna
cualidad intrínsecamente maravillosa como idioma que le haya hecho adquirir esta relevancia. Su pronunciación no es más sencilla que la de muchas otras lenguas, ni su gramática más simple (lo que le falta en morfología -casos y géneros- lo complica en sintaxis – las pautas de colocación de las palabras-), y su ortografía no es, en absoluto, sencilla. Un idioma se convierte en lengua mundial por una razón exclusiva: el poder de las personas que lo hablan. Este poder puede ser muy diferente: político (militar), tecnológico, económico y cultural. Cada uno de ellos influyó en el desarrollo del inglés en diferentes épocas. El poder político nació mediante el colonialismo que difundió el idioma por todo el mundo a partir del siglo XVI, de ral modo que hacia e! siglo XIX «no se ponía e! sol» para la lengua inglesa. El poder tecnológico vino asociado a la Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX, cuando más de la mitad de los científicos y técnicos que la fraguaron trabajaban utilizando el. inglés como lengua, y las personas que viajaban hasta Gran Bretaña (y posteriormente Estados Unidos) para aprender las nuevas tecnologías tenían que usar igualmente el inglés.
¿Qué ocurre con un idioma cuando se convierte en lengua mundial? ¿Qué ocurre en ese caso con las otras lenguas? No existen precedentes, porque nunca antes ningún idioma había sido hablado pot tantas personas en tantos países. Pero algunas de las principales tendencias son ya visibles, y cada una de ellas está llamada a desempeñar un papel significativo en la creación del nuevo clima lingüístico del siglo XXI.
No obstante, antes de pasar a considerar el caso con más
detalle deberíamos preguntarnos: ¿va a mantener el inglés su posición actual, o su estatus global va a verse desafiado por otras lenguas?. La historia nos enseña que no hay lugar para la complacencia cuando consideramos la posición de una lengua.
El inglés puede sentirse relativamente estable en su esratus mundial, pero no tiene razones para confiar en la estabilidad de su carácter lingüístico. En realidad, está cambiando más rápidamente que en ningún otro momento desde el Renacimiento. Varios factores son responsables de ello, pero sin duda el principal es el cambio en el centro de gtavedad de la lengua. Un punto que suele olvidarse, especialmente por los hablantes de nacimiento, es que, cuando una lengua es hablada por tanta gente, deja de pertenecer a sus comunidades constituyentes: ni a los británicos, con quienes el inglés inició su andadura hace 1.500 años, ni a los norteamericanos, que suponen en la actualidad la mayor comunidad que lo tiene por lengua materna. La totalidad de personas en el mundo para quienes es lengua materna, unos 400 millones, como hemos visto, en realidad está disminuyendo en cuanto proporción de usuarios mundiales del inglés, a causa del diferente crecimiento demográfico entre
los países para quienes es la primera lengua y aquellos para los que es la segunda lengua o una lengua extranjera. Tres de cada cuatro hablantes del inglés no lo tienen como lengua materna.

Una lengua no necesita mucho tiempo para desaparecer, una vez que su comunidad pierde la voluntad de mantenerla. En realidad, la velocidad que puede adquirir su declive ha sido una de las principales averiguaciones producidas por la investigación lingüística más reciente. Ejemplo de ello sería el aleutiano, la lengua de las Islas A1eutianas, situadas al oeste de Alaska, que sobrevive en una sola de ellas, Arka. En 1990 apenas 60 personas lo hablaban fluidamenre: cuatro años después, eran sólo 44. Si el declive continúa a este ritmo, el aleutiano habrá desaparecido en el año 2010. Considerando la edad de sus hablantes más jóvenes, aún en laveintena, probablemete se conservará hasta la mitad del siglo, y será utilizado ocasionalmente hasta que, al final, sus escasos hablantes, aislados unos de otros y sin oportunidades para renovar la lengua mediante la interacción diaria, encuentren que no tienen a nadie con quien hablarlo.

Un factor que contribuyó al carácter revolucionario de la
década de los noventa, y que justifica en mayot medida el uso del epíteto «revolucionario», fue la popularización de Internet. Aunque la tecnología de Internet funcionaba desde la década de los sesenta para correo electrónico y chats, muy pocas personas comenzaron a utilizarla hasta treinta años más tarde. La propia World Wide Web no vio la luz hasta 1991, pero en un periodo de tiempo extremadamente breve los usuarios adoptaron su tecnología y se hicieron expertos en ella, adaptando y expandiendo su lenguaje bien diferenciado. Al principio se pensaba que la principal novedad lingüística consistía en el argot y la jerga utilizados por sus entusiastas impulsores, así como en la tendencia a ignorar las reglas convencionales sobre puntuación y ortografía.
Se pueden identificar tres funciones básicas:
1. La Red (World Wide Wob, o, simplemente, Web) es la manifestación más frecuente de esta estructura en red. Se trata del conjunto de todos los ordenadores conectados a Internet que contienen documentos mutuamente accesibles mediante el uso de un protocolo homologado (el HyperText Transjer Protocol, o http).
2. El correo electrónico (e-mail) es el uso de sistemas informáticos para enviar mensajes entre usuarios. En la actualidad hace referencia principalmente a los mensajes intercambiados entre buzones de correo privados (en oposición a los que se mandan a grupos de chac). Aunque ocupa un espacio relativamente pequeño del dominio de Internet, en comparación con los miles de millones de páginas de la Web, supera ampliamente a ésta en cuanto al número de transacciones individuales diarias realizadas.
3. Los grupos de chat (o simplemente chats) son debates ininterrumpidos sobre temas específicos, organizados en «salas» en determinados sitios de Internet, en los que puede participar cualquier usuario interesado. Pueden ser de dos tipos, dependiendo de si la interacción se desarrolla en tiempo real o no (síncronos o asíncronos).
Internet es un medio electrónico, global e interactivo, y
cada una de esas propiedades tiene consecuencias sobre el tipo de lenguaje que encontramos en él. La influencia más importante deriva del carácter electrónico del canal. Es decir, las opciones de comunicación del usuario están limitadas por el tipo de equipamiento que se necesita para acceder a Internet. Así, el conjunto de caracteres del teclado determina la capacidad lingüística productiva (el tipo de información que puede ser enviada); y el tamaño y configuración de la pantalla determinan la capacidad lingüística receptiva (el tipo de información que nos llega).
La comunicación mediante ordenador (CMO) no es como el habla, ni siquiera en aquellas actividades electrónicas más parecidas a ésta, como pueda ser el correo electrónico. Existen varias diferencias importantes entre la CMO y la conversación cara a cara. La primera de ellas está relacionada con la tecnología: la carencia de respuestas instantáneas y simultáneas. El éxito de una conversación depende totalmente de que los interlocutores se den respuestas inmediatas.
Las lenguas utilizadas en la Web han adquirido a su vez nuevo vocabulario, buena parte del cual procede del uso global del inglés. Ha surgido un gran número de nuevas palabras y expresiones para hacer referencia a situaciones, personal, operaciones y actividades restringidas a Internet. lo que convierte al léxico de este campo en uno de los más creativos del inglés contemporáneo y de otros idiomas cuya presencia aumenta en la Web. Muchas de ellas están asociadas al softwa- re que permite el uso de Internet, y aparecen de forma rutinaria en la pantalla. Algunas se han ganado una presencia permanente (aunque sea dentro de menús escondidos), como etiquetas utilizadas para designar áreas y funciones de la pantalla, y para especificar opciones del usuario y comandos: file (archivo), edit (edición), view (ver), insert (insertar), paste (pegar)…

Existe otra razón que confiere carácter revolucionario a Internet y es el hecho de que ofrezca un hogar a todas las lenguas (tan pronto como sus comunidades posean la tecnología informática necesaria, por supuesto). El cambio más notorio desde que entró en funcionamiento (hace no tantos años) ha sido su creciente transformación en un medio multilingüe a partir de un origen completamente inglés.
Internet es el medio ideal pata las lenguas minoritarias, y puede suponer una auténtica tabla de salvación pata algunas de ellas cuya grave situación es palpable. Cualquier persona que hable o defienda una lengua amenazada -sea una lengua aborigen o un dialecro celta- estará encantado de dar cierta publicidad a su causa y mostrar su situación ante el mundo. Anteriormente esto resultaba muy complicado. Era dificil conseguir la publicación de un artículo en los periódicos sobre el caso, el coste de los anuncios en prensa resultaba prohibitivo, y era prácticamente imposible encontrar algún programa de radio o televisión dedicado al tema. Sin embargo, actualmente, con las páginas web y el correo electrónico listos, el mensaje puede emitirse prácticamente al instante, en su propia lengua -acompañado de una traducción, si queremos- ante una audiencia global cuyo tamaño potencial convierte a las audiencias de los medios de comunicación tradicionales en minúsculas en comparación.
Se han producido algunos avances en cuanto al apoyo de los medios. El interés mostrado por algunos sectores de los medios de comunicación se ha incrementado como resultado de la década revolucionaria. Han aparecido diferentes artículos en revistas y periódicos de interés general. Se han publica- do trabajos, a menudo acompañados de asombrosas fotografías, en Civilization, Prospect, National Geographic, Scientific American, e incluso en la revista que se ofrece en los vuelos de la compañía British Airways, High Life. También la radio ha contribuido a divulgar el tema.

La prominencia del inglés en la escena mundial y el papel de Internet en la sociedad contemporánea reflejan, cada uno de manera diferente, el mismo proceso de globalización que ha provocado tantos estragos en la diversidad lingüísrica de! planeta. No hay ninguna duda de que la crisis a la que se enfrentan las lenguas del mundo carece de precedente en cuanto a su escala y urgencia, y de que en el siglo XXI es la máxima responsabilidad que se les plantea a los gobiernos, organizaciones internacionales, filántropos, artistas y activistas que manifiestan reconocer la importancia del lenguaje en sus vidas. El hecho de que desaparezca una lengua en algún lugar del mundo aproximadamente cada dos semanas hace palidecer el peligro que amenaza a las especies de plantas y animales, y pide a gritos que se le dedique una atención especial. La rápida evolución de Internet está beneficiando a muchas de estas lenguas minoritarias y amenazadas, que pueden utilizarlo como instrumento para desarrollar sus capacidades expresivas a un nivel con el que sus comunidades no podrían ni haber soñado hace apenas una década. Sin embargo, esta tecnología no está disponible para ayudar a dos rerceras partes de las lenguas que se encuentran más amenazadas, por lo que deben buscarse estrategias alternativas.

1. La principal prioridad debería ser incrementar la preocupación general por las lenguas amenazadas. Además de acometer las tareas de documentación puramente lingüísticas. el interés puede materializarse ejerciendo presión para conseguir apoyo político. Ofreciendo asistencia en el ámbito comunitario y recaudando fondos. Todos los hablantes, especialmente aquellos cuyas lenguas no se encuentran amenazadas (de momento), deberían reflexionar sobre ello y hacer algo al respecto.
2. Inmediatamente después vendría el conseguir un mayor interés por las lenguas minoritarias, aunque no se encuentren amenazadas en sentido global. Todas las lenguas expresan la identidad de sus hablantes, pero para aquellos que son una pequeña parte de una comunidad mayor, el papel de la lengua resulta esencial. Quieren que la cultura dominante la trate con respeto; quieren oportunidades para utilizarla en público y sentirla valorada (lo que habitual- mente supone necesidad de fondos). Sería intelectualmente deshonesto enorgullecerse de los logros alcanzados por la propia lengua y denegar las mismas oportunidades a otras.
3. Tenemos que promover una mayor preocupación por todos los acentos y dialectos. Estamos hablando de la disposición a aceptar la variedad de formas que una lengua adopra en una u otra parte del país. No es necesario que nos gusten personalmente todas ellas, más de lo que nos tiene que gustar todo tipo de música o literatura.
4. Al mismo tiempo, debemos fomentar un mayor interés por la gama expresiva del lenguaje. Esto supone valorar todas las variedades y estilos de una lengua, ya sea hablada o escrita, formal o informal, regional o social, doméstica o profesional. Significa también man- tener la preocupación sobre las pautas de excelencia, a la vez que se reconoce que una lengua refleja multitud de necesidades y actividades. Uno de Jos propósitos de las lenguas es expresar identidad.
5. Necesitamos hacernos más multilingües tanto en nuestros pensamientos como en nuestras capacidades. Todavía existen muchas culturas de temperamento monolingüe que ahora se encuentran en desventaja, a pesar de que puedan no ser conscientes de ello. Aunque sean culturalmenre dominantes como reflejo de su pasado colonial, están perdiendo oportunidades intelectuales al no conseguir convenir el aprendizaje de una segunda lengua en parte normal del crecimiento de cualquier individuo.
6. Tenemos que aceptar que la transformación de laslenguas es un proceso normal, que no supone un deterioro o decadencia y dejar de quejarnos de ello a la prensa, al primer ministro o a cualquiera que nos quiera escuchar.
7. Deberíamos mostrar una mayor preocupación por aquellos que tienen dificultades en aprender su lengua materna, ya sea por razones médicas, psicológicas o de cualquier otro tipo.
8. Es necesario mostrar un mayor interés por aquellos que han perdido la capacidad de emplear su lengua materna, en la que un día fueron competentes. También ellos forman parten del mundo de las patologías del lenguaje, pero en este caso nos estamos refiriendo a las consecuencias lingüísticas de las apoplejías y otro tipo de daños cerebrales entre la población adulta. Uno de los síndromes más conocidos es la afasia, pero existen muchos trastornos, como el tartamudeo, que necesitan de comprensión bondadosa y de
investigaciones serias.
9. Necesitamos aproximar uno a otro el estudio de la lengua y el de la literatura. Las escuelas, universidades e instituciones de enseñanza de la lengua marcan con demasiada frecuencia una clara frontera entre los dos campos: se enseña «lengua» en una clase y «literatura» en otra.
10.Por último. tenemos que apreciar, apreciar verdaderamente, el valor del lenguaje en el desarrollo del hombre y de la sociedad. Las lenguas deberían ser consideradas tesoros nacionales y ser tratadas
como tales.

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«The Language Revolution» by David Crystal is broken into three crystal clear parts. Crystal discusses English becoming a global language, the death of languages and the implications of the digital age on language revolution. All in under 200 pages! Crystal is able to make a clear effective argument. He states his point, gives an example and connects it to the next point. His fluidity makes this a must read for everyone, not just students. He uses simple language (layman’s terms)and engages the reader by showing how each individual’s life might be impacted the changes associated with the digital revolution.
Crystal makes an interesting argument for English as a global language. He believes that English is already a global language but isn’t necessarily a threat to minority languages. He explains that English allows people to bring attention to dying languages and other causes. Most importantly, English has become a global language because it is «a vacuum cleaner of [other] languages.»(27) This vacuum cleaner concept allows him to make an interesting comparison to Latin which asserts the differences between the languages. English is spreading and allowing various other languages to evolve the language and use it for their own language needs without stripping their national identity (Spanglish, Japanese English, etc). This leads to Crystal’s argument that dying languages must allow their teenagers to play with English because they will not feel isolated thus would be more likely to allow the dying language to evolve and continue to be meaningful.
Crystal provides statistics and clear research to strengthen his theories. The most shocking statistic was that 96 percent of the world’s languages are being spoken by only 4% of the world’s population. Crystal shares these scary statistics and even provides solutions to the problem. Throughout the book, he uses sarcasm and keeps an optimistic tone so it’s not shocking when all his solutions boil down to money. He makes an interesting point that the money needed to revive these dying languages is equivalent to one day of oil revenue. The problem is that people are not aware of the problem. Crystal suggests raising awareness through schools, art and political campaigns. He reflects on how this was already done, what was effective and what needs to be done.
He spends the entire third chapter discussing «netspeak.» His analysis of the different aspects of communicating on the internet makes it exponentially easier to accept something so far-fetched as the internet. He argues the internet, though it has some deficits, overall allows for the expansion in the variety of language. He also argues it allows for dying languages, where resources are provided, to be recorded and studied. The internet is a completely new medium of communication which is both exciting but requires our minds to evolve to work within its confines while simultaneously being offered the world in the palm of your hand.

Throughout the book, the theme of sharing languages was prominent. Accepting new technology and using it to save old languages instead of further isolating them. Crystal’s positive attitude and sense of humor are engaging. Off the top of my head, he tells a joke about how if Jesus came back today no one would understand him in his native tongue of Aramaic. He clearly explains concepts and offers solutions to problems. He ties up all his loose ends nicely in the last chapter, citing the most important points. A must read for anybody concerned with language, the emergence of multilingualism or the effects of the internet on language. I look forward to reading further works by David Crystal.
Chapters 1 and 2 are outstanding, and the reason I read this book in the first place. Chapter 3 was boring and outdated. Additionally, some of the data is presented as «I guess,» «My feelings are…». This is unfortunate because a quick google of some of the information proves it wrong. Anyway, moving on to chapters 4 and 5, I was expecting more, and they are somewhat conversational in style.

We are experiencing moments of emergence of concerns for human languages, for each of them and also for language in general, although the latter is a subject that our author does not dedicate himself to in this work. We can add, however, that for not many years now, in theoretical and descriptive linguistics, a real revolution has been taking place, which has taken us far from those «encounters in the third phase» that, in Crystal’s opinion, frightened the media professional and pushed him to get as far away from linguistics as possible. In revolutions, similar movements often appear simultaneously in separate places, unrelated to each other.
Crystal writes, however, that «no language has ever been a majority language in more than a dozen or so countries.» If we add to this extensive list of Spanish-speaking countries the significant number of its speakers in the United States and, currently, Brazil, but also in other smaller American territories, such as the Netherlands Antilles or Belize, which have other official languages, We will see that Spanish is in an exceptional situation as English, although in a different way: today, most of those who use English are not native speakers, but in Spanish the opposite is true.

The treatment of foreign loans is a good example of how we should see things, instead of the simple thoughtless and prejudicial scandal. In English, the loans (which some hyperpurists want to reject, however) are considered as an enrichment of the language: they bring precision that did not exist before, introduce new nuances, provide a greater wealth of expression. Among us, unfortunately, hyperpurism tends to win. Of course, the violent rejection of foreign words, which we find so commonly in the most varied circles, is no obstacle to pride ourselves on because Spanish has enriched other languages with its words. That is to say: the abundance of Hispanic loans in Tagalog and other Philippine languages is proof of the wealth and vitality of Spanish: but the adoption of English words – before they were French – in Spanish is seen as a threat. «Law of the funnel», this way of seeing things is often called; the loans and the mixture of languages can be used as thrown weapons against whoever we want, and in general the language they give seems to be strong and vital.
Many other languages have had their own periods of revolutionary change, at different times and for different causes. The wars, political alliances and revolutions that cause immense social (and therefore linguistic) changes do not follow any shared or predictable calendar. The French Revolution had fundamental consequences for both French and the minority languages of France. but little linguistic impact elsewhere. Similarly, the Russian Revolution gave way to political programs that seriously affected the maintenance of regional and minority languages in the Soviet Union; but also this case had little impact abroad. It is unusual to find changes with implications of such a scope that they affect groups of languages, and it is extremely rare to detect transformations so global that they affect all of them. In fact, to be able to find an example of this last point, we must change the scope and make reference to the appearance of new media – such as writing, printing, telephony and audiovisual broadcasting – whose influence on nature of languages has been universal. The Internet is the last of these media to be incorporated, and its impact on language has been the most revolutionary of all.

The emergence of the English language as a true world language is the first of three trends that became particularly relevant during the 1990s. The adjective «authentic» is key to assessing this phenomenon. Already in the seventeenth century the possibility of English acquiring a global character had been recognized. In 1780 the future President of the States United States, John Adams, stated: «English is destined to be the world language for the next century and the following centuries, to a greater extent than Latin was in the past or French is today». It took two centuries for him to prove him right Relatively recently, the prospect of English becoming a truly global language was uncertain.
This manifests itself in two main ways. First, it can be considered as the official (or serniofficial) language of the country, and be used as a means of communication in government, courts, the media and the educational system. To succeed in these societies it is essential to master the official language as soon as possible in life. English adequately exemplifies this role as, as a result of British and American history, it has some kind of special administrative status in more than seventy countries, such as Ghana, Nigeria, India, Singapore, and Vanuatu.
Why English? It is clear that English does not have any
intrinsically wonderful quality as a language that has made it acquire this relevance. Its pronunciation is not simpler than that of many other languages, nor its simpler grammar (what it lacks in morphology -cases and genres- complicates it in syntax – the guidelines for the placement of words-), and its spelling is not , not at all simple. A language becomes a world language for an exclusive reason: the power of the people who speak it. This power can be very different: political (military), technological, economic and cultural. Each of them influenced the development of English at different times. Political power was born through colonialism that spread the language throughout the world from the 16th century, in the way that it did! XIX century «he didn’t wear e! sun »for the English language. Technological power was associated with the Industrial Revolution of the 18th and 19th centuries, when more than half of the scientists and technicians who forged it worked using it. English as a language, and people who traveled to Great Britain (and later the United States) to learn new technologies also had to use English.
What happens to a language when it becomes a world language? What happens in that case with the other languages? There are no precedents, because never before has a language been spoken by so many people in so many countries. But some of the main trends are already visible, and each of them is called to play a significant role in creating the new language climate of the 21st century.
However, before moving on to consider the case with more in detail, we should ask ourselves: is English going to maintain its current position, or is its global status going to be challenged by other languages? History teaches us that there is no room for complacency when we consider the position of a language.
English may feel relatively stable in its global environment, but it has no reason to trust the stability of its linguistic character. In fact, it is changing more rapidly than at any other time since the Renaissance. Several factors are responsible for this, but undoubtedly the main one is the change in the center of the language gtavedad. A point that is often forgotten, especially by native speakers, is that, when a language is spoken by so many people, it no longer belongs to its constituent communities: neither to the British, with whom English began its journey 1,500 years ago, nor North Americans, who currently represent the largest community that has it as their mother tongue. The total number of people in the world for whom it is a mother tongue, some 400 million, as we have seen, is actually decreasing as a proportion of world users of English, due to the different demographic growth among countries for which it is the first language and those for which it is the second language or a foreign language. Three out of four English speakers do not have it as their mother tongue.

A language does not take long to disappear, once its community loses the will to maintain it. In fact, the speed that its decline can acquire has been one of the main findings produced by the most recent linguistic research. An example of this would be Aleutian, the language of the A1eutian Islands, located in western Alaska, which survives in only one of them, Arka. In 1990 only 60 people spoke it fluently: four years later, it was only 44. If the decline continues at this rate, the Aleutian will have disappeared in 2010. Considering the age of its youngest speakers, even in their 50s, it will probably remain until the middle of the century, and it will be used occasionally until, in the end, its few speakers, isolated from each other and without opportunities to renew the language through daily interaction, find that they have no one to talk to.

A factor that contributed to the revolutionary character of the
decade of the nineties, and which more than justifies the use of the epithet «revolutionary», was the popularization of the Internet. Although Internet technology had worked since the 1960s for email and chat, very few people started using it until thirty years later. The World Wide Web itself did not see the light of day until 1991, but in an extremely short period of time users adopted its technology and became adept at it, adapting and expanding their well-differentiated language. The main linguistic novelty was originally thought to consist of the slang and jargon used by its enthusiastic proponents, as well as the tendency to ignore conventional rules of punctuation and spelling.
Three basic functions can be identified:
1. The Network (World Wide Wob, or simply the Web) is the most frequent manifestation of this network structure. It is the set of all computers connected to the Internet that contain mutually accessible documents through the use of an approved protocol (the HyperText Transjer Protocol, or http).
2. Electronic mail (e-mail) is the use of computer systems to send messages between users. Currently it mainly refers to messages exchanged between private mailboxes (as opposed to those sent to chac groups). Although it occupies a relatively small space in the Internet domain, compared to the billions of Web pages, it far exceeds it in terms of the number of daily individual transactions carried out.
3. Chat groups (or simply chats) are uninterrupted discussions on specific topics, organized in «rooms» on certain Internet sites, in which any interested user can participate. They can be of two types, depending on whether the interaction takes place in real time or not (synchronous or asynchronous).
The Internet is an electronic, global and interactive medium, and
each of those properties has consequences on the type of language that we find in it. The most important influence derives from the electronic nature of the channel. In other words, the user’s communication options are limited by the type of equipment needed to access the Internet. Thus, the character set of the keyboard determines the productive linguistic capacity (the type of information that can be sent); and the size and configuration of the screen determine the receptive linguistic capacity (the type of information that reaches us).
Computer communication (CMO) is not like speech, not even in those electronic activities most similar to this, such as email. There are several important differences between CMO and face-to-face conversation. The first of these is related to technology: the lack of simultaneous and instantaneous responses. The success of a conversation depends entirely on the interlocutors giving each other immediate answers.
The languages used on the Web have in turn acquired new vocabulary, much of which comes from the global use of English. A large number of new words and expressions have emerged to refer to situations, personnel, operations and activities restricted to the Internet. which makes the lexicon of this field one of the most creative in contemporary English and other languages whose presence increases on the Web. Many of them are associated with software that allows the use of the Internet, and appear routinely on the screen. Some have gained a permanent presence (even within hidden menus), such as labels used to designate areas and functions of the screen, and to specify user options and commands: file (file), edit (edit), view (see ), insert (paste), paste (paste) …

There is another reason that gives the Internet a revolutionary character and that is that it offers a home to all languages (as soon as their communities have the necessary computer technology, of course). The most noticeable change since it came into operation (not so many years ago) has been its growing transformation into a multilingual medium from an entirely English origin.
The Internet is the ideal medium for minority languages, and can be a real lifeline for some of them whose serious situation is palpable. Anyone who speaks or defends a threatened language – be it an Aboriginal language or a Celtic dialect – will be happy to give some publicity to your cause and show your situation to the world. Previously this was very complicated. It was difficult to get an article in the newspapers about the case, the cost of advertising in the press was prohibitive, and it was practically impossible to find any radio or television program dedicated to the subject. Today, however, with web pages and email ready, the message can be delivered virtually instantly, in your own language – accompanied by a translation, if you like – to a global audience whose potential size turns media audiences. lowercase communication lines compared.
Some progress has been made in terms of media support. The interest shown by some sectors of the media has increased as a result of the revolutionary decade. Different articles have appeared in magazines and newspapers of general interest. Works, often accompanied by stunning photographs, have been published in Civilization, Prospect, National Geographic, Scientific American, and even in the magazine featured on British Airways company flights, High Life. Radio has also contributed to publicizing the issue.

The Prominence of English on the World Stage and the Role of Internet in contemporary society reflect, each differently, the same process of globalization that has wreaked so much havoc on the linguistic diversity of! planet. There is no doubt that the crisis that the world’s languages are facing is unprecedented in terms of scale and urgency, and that in the 21st century it is the highest responsibility that governments, international organizations, philanthropists, artists and activists who say they recognize the importance of language in their lives. The fact that a language disappears somewhere in the world approximately every two weeks pales the danger that threatens plant and animal species, and cries out for special attention. The rapid evolution of the Internet is benefiting many of these threatened and minority languages, which can use it as a tool to develop their expressive capacities to a level that their communities could not and would not have dreamed of just a decade ago. However, this technology is not available to help two parts of the languages that are most threatened, so alternative strategies should be sought.

1. The main priority should be to increase general concern for threatened languages. In addition to undertaking purely linguistic documentation tasks. interest can materialize by lobbying for political support. Offering assistance at the community level and raising funds. All speakers, especially those whose languages are not threatened (for now), should reflect on it and do something about it.
2. Immediately afterwards would come a greater interest in minority languages, even if they are not globally threatened. All languages express the identity of their speakers, but for those who are a small part of a larger community, the role of language is essential. They want the dominant culture to treat it with respect; They want opportunities to use it in public and feel it valued (which usually implies a need for funds). It would be intellectually dishonest to take pride in the achievements of your own language and deny the same opportunities to others.
3. We have to promote greater concern for all accents and dialects. We are talking about the willingness to accept the variety of forms that a language takes in one or another part of the country. It is not necessary that we personally like all of them, more than we have to like all kinds of music or literature.
4. At the same time, we must foster a greater interest in the expressive range of language. This involves valuing all the varieties and styles of a language, whether spoken or written, formal or informal, regional or social, domestic or professional. It also means maintaining concern about standards of excellence, while recognizing that a language reflects a multitude of needs and activities. One of the purposes of languages is to express identity.
5. We need to become more multilingual in both our thoughts and our abilities. There are still many monolingual temperament cultures that are now at a disadvantage, even though they may not be aware of it. Although they are culturally dominant as a reflection of their colonial past, they are missing out on intellectual opportunities by failing to agree to second language learning as a normal part of any individual’s growth.
6. We have to accept that the transformation of languages is a normal process, that it does not suppose a deterioration or decadence and stop complaining about it to the press, the prime minister or anyone who wants to listen to us.
7. We should show greater concern for those who have difficulties in learning their mother tongue, whether for medical, psychological or any other reason.
8. It is necessary to show a greater interest in those who have lost the ability to use their mother tongue, in which they were once competent. They are also part of the world of language pathologies, but in this case we are referring to the linguistic consequences of strokes and other types of brain damage among the adult population. One of the best-known syndromes is aphasia, but there are many disorders, such as stuttering, that need kind understanding and
serious investigations.
9. We need to bring the study of language and literature closer to each other. Schools, universities and language teaching institutions all too often mark a clear boundary between the two fields: «language» is taught in one class and «literature» in another.
10.Finally. we have to appreciate, truly appreciate, the value of language in the development of man and society. Languages should be considered national treasures and treated as such.

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