Las Grandes Epidemias Modernas. La Lucha De La Humanidad Contra Los Enemigos Invisibles — Salvador Macip / The Great Modern Epidemics. Humanity’s Struggle Against Invisible Enemies by Salvador Macip (spanish book edition)

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Muy interesante y ameno, aunque se tengan ideas siempre se aprenden cosas y es de muy fácil lectura. Me gusta que haya sido escrito en 2009 ya que no se deja llevar por la actualidad del Covid-19, Y a la vez explica muchas cosas. Haría falta una actualización de los casos de infecciones que habla del 2009, tratamientos prometedores que se investigaban, etc, ya han pasado 10 años y tenemos muchas respuestas, buenas y malas.

Ha habido confusión, pánico e incertidumbre. De nuevo se ha gestionado mal la información y se ha creado desconfianza entre la ciudadanía. Tal vez una cosa ha mejorado un poco: en muchos países se ha actuado con mayor rapidez y se han compartido con mayor eficacia los datos importantes…
Aunque la COVID-19 esté acaparando todos los focos mediáticos, no es la única enfermedad infecciosa que debe preocuparnos. En lo que se refiere a la COVID-19, que es lo que ahora nos preocupa, todo dependerá de lo rápido que se consiga una vacuna y de lo efectiva que ésta sea (se está trabajando intensamente en laboratorios de todo el mundo), y de las capacidades que tenga el virus de ir variando. Parece claro que la COVID-19 es lo bastante seria como para tenerla en cuenta y todavía dará problemas relevantes durante una larga temporada.
¿Qué podemos hacer mientras tanto? Prepararnos. Es fácil olvidarse del problema latente de las pandemias cuando acabamos de superar una y la próxima es poco probable que aparezca dentro de la misma década, por una cuestión puramente estadística. Pero los gobiernos tienen la obligación de planificar medidas de respuesta rápida y, lo que es más importante, instruir a la población. Sin la participación de los ciudadanos, de todos los ciudadanos, no podemos hacer frente a las infecciones con garantías de éxito.
Lo que hicieron las autoridades durante la pandemia de gripe y, más aún, lo que han hecho ahora con la COVID-19 no es excesivo, sino, en general, adecuado. Algunas acciones se podrían pulir, sin duda, pero ahora se han evitado algunos errores del pasado y se ha actuado con mayor firmeza. Aunque parezca exagerado, aislar poblaciones infectadas, promover la higiene y evitar grandes aglomeraciones de personas son estrategias muy efectivas en estas situaciones, sobre todo para evitar un colapso puntual en el sistema sanitario de un país, que acabaría causando una gran cantidad de víctimas colaterales. Esto es clave durante las primeras fases de una epidemia.
Lo que no ha mejorado mucho ha sido la gestión pública de la crisis, como decía antes. Siempre habrá alguna persona que creerá que todo esto no es más que un complot o una exageración, pero lo que tenemos que conseguir es que este punto de vista sea marginal y la gente haga caso a aquellos que saben del tema. Por tanto, es necesario que haya una estrategia de comunicación coordinada y razonada, si puede ser con una sola fuente fiable de información (quizá la OMS), secundada y amplificada por todas las autoridades y medios de comunicación.
No creo que nadie dude de que las enfermedades infecciosas son un problema global. Comienzan en un rincón del planeta, pero nuestro estilo de vida hace que se extiendan como la pólvora. Las pandemias seguirán siendo frecuentes, y debemos aprender de cada incidente para que la próxima vez las cosas salgan mejor. Son problemas que no podemos ignorar.

Si la gripe es poco más que un resfriado potente, ¿por qué últimamente se le tiene tanto miedo? La razón es que en un porcentaje de los infectados puede presentar complicaciones muy graves y hasta ocasionar la muerte. Como nos referimos a un virus que contagia a mucha gente, los números rápidamente se vuelven preocupantes. En Estados Unidos, por ejemplo, entre el 5 y el 20 por ciento de la población contrae la gripe todos los años, lo cual comporta la hospitalización de 200.000 personas y la muerte de unas 36.000. En España la cifra se acerca al 25 por ciento, con aproximadamente 3.000 fallecimientos. La gripe causa anualmente entre 250.000 y 500.000 víctimas mortales en todo el mundo. El 90 por ciento de ellas son mayores de 65 años, una de las poblaciones con mayor riesgo de padecer complicaciones graves por culpa del virus. La otra son los niños pequeños. Estos dos grupos tienen en común un sistema inmune menos potente, que los vuelve especialmente vulnerables.
¿Cómo consigue el virus de la gripe ir cambiando cada año? Una razón es su gran habilidad para traficar con información genética. Un virus de la gripe puede captar un trozo de ADN de otro virus de su familia y dejar a cambio uno de los suyos. Las colecciones de genes con las que acaban unos y otros después de esas «negociaciones» pueden ser tan diferentes a las originales que los virus resultantes pueden considerarse prácticamente nuevos.
La gripe se transmite gracias a que el virus viaja en las gotas de la saliva. Aparte del contagio directo si estamos cerca de un enfermo cuando tose o estornuda, también podemos infectarnos estrechando la mano. Igualmente, si entramos en contacto con una superficie contaminada y luego nos tocamos la nariz, la boca o los ojos. La razón es que el virus puede sobrevivir fuera del cuerpo humano hasta 24 horas. Después de un período de incubación, que puede ser de días o hasta de una semana, empezará la enfermedad propiamente dicha. Debemos tener presente que una persona suele ser contagiosa sólo mientras le duran los síntomas de la enfermedad.

La compañía estadounidense Protein Sciences puede tener la clave para librarnos de la dependencia de los huevos: está perfeccionando un sistema para cultivar el virus de la gripe en células de insectos.
El gobierno de Estados Unidos le otorgó 35 millones de dólares, que podrían aumentar hasta 147 millones a lo largo de cinco años, para producir vacunas con el nuevo sistema. Pero este contrato de repente está en peligro porque el futuro de la compañía depende de una demanda judicial. Resulta que debe 11 millones de dólares a unos acreedores, entre ellos el fabricante de vacunas Emergent BioSolutions. Da la casualidad de que Emergent intentó comprar Protein Sciences, pero no lo consiguió.
Queda claro que el progreso de la ciencia y la salud global quedan en segundo plano cuando se trata de negocios.

FASES DE ALERTA DE PANDEMIA DE GRIPE (SEGÚN LA OMS)
1. Ningún virus de los que se sabe que circulan entre los animales ha infectado a humanos.
2. Se confirma que un virus de gripe animal ha infectado a humanos. Posible peligro de pandemia.
3. Pequeños brotes en comunidades. No hay transmisión del virus entre humanos, o sólo en casos muy limitados. El virus todavía no tiene la capacidad de crear una pandemia.
4. Transmisión entre humanos verificada y común. Riesgo de pandemia elevado.
5. Transmisión del virus entre humanos demostrado en al menos dos países dentro de una misma área geográfica definida por la OMS.* Pandemia inminente. Hay que actuar con rapidez para evitar que se extienda.
6. Inicio de la pandemia global. Transmisión entre humanos en un país de una región distinta a los de la fase 5.
* Las áreas son: África, América, Europa, Sudeste asiático, Mediterráneo oriental y Pacífico occidental.

En Europa se ha puesto en funcionamiento el programa Portfastflu, que con un presupuesto de cuatro millones de euros intenta desarrollar un aparato portátil que permita realizar diagnósticos rápidos. La idea es que el Portfastflu pueda ser utilizado por personal no especializado y que detecte diferentes cepas del virus de la gripe.

El sida, o síndrome de inmunodeficiencia adquirida, ha sido considerado la peor epidemia que haya afectado nunca a la humanidad. A escala mundial, se cree que hay unos 33,4 millones de personas infectadas, el 68 por ciento de las cuales se encuentran en el África subsahariana y el 18 por ciento en el sudeste de Asia, con un incremento de 2,5 millones de contagios al año. Desde el año 2002, el sida es la principal causa de muerte por enfermedad infecciosa en África. Se estima que ha habido más de 60 millones de infectados y unos 25 millones de muertes desde el principio de la pandemia, una cifra que seguirá creciendo: desde ahora hasta el año 2015 morirán 115 millones de personas. Entre el año 2008 y el 2010, unos 42 millones de niños habrán perdido a uno o a ambos progenitores por culpa del sida, sobre todo en el África subsahariana.
A pesar de la gravedad de estas cifras, en los países desarrollados hay la falsa percepción de que la enfermedad ya no supone un peligro.
Actualmente el sida no puede curarse. No hay ningún medicamento conocido que consiga eliminar el VIH de la persona que ha sido infectada. A pesar de todo, hemos conseguido encontrar una solución aceptable: una serie de fármacos, llamados antirretrovirales, que evitan que el VIH se reproduzca y lo mantienen bajo control.
Los antirretrovirales han reducido de forma espectacular la mortalidad de la enfermedad. El primero en ser descubierto, en 1987, fue el AZT (zidovudina). Pero el tratamiento con un solo fármaco provocó que el virus desarrollara rápidamente resistencias. Hasta 1995 no apareció una nueva clase de antirretrovirales, los inhibidores de la proteasa, y empezaron a combinarse más de dos fármacos en el tratamiento.
El desarrollo de una vacuna sería la forma más eficaz de frenar el progreso de la pandemia. Pero después de un cuarto de siglo de investigación, aún no estamos ni siquiera cerca de conseguir una, según declaraba el virólogo y premio Nobel David Baltimore en 2008.

FASES DE UN ESTUDIO CLÍNICO
0. Primeras pruebas en humanos. Se da una sola dosis del fármaco, en una concentración por debajo de la que se cree que realmente será efectiva, a 10-15 voluntarios sanos.
I. Se suministran diferentes concentraciones del fármaco, en un entorno hospitalario y durante un tiempo prolongado, para evaluar los efectos secundarios, a 20-80 voluntarios, normalmente sanos.
II. Una vez se ha establecido que el fármaco es seguro, se evalúan sus efectos positivos, mientras se siguen realizando estudios de fase I en grupos más grandes; 20-300 voluntarios, sanos y enfermos.
III. Se compara la eficacia con otros tratamientos ya probados anteriormente. Se llevan a cabo estudios en más de un centro a la vez, a menudo en diferentes países. Un fármaco que supera satisfactoriamente un par de estudios de fase III suele aprobarse para el uso público; 300-3.000 voluntarios.
IV. Estudios de largo plazo una vez el fármaco ya se ha comercializado, para continuar evaluando su eficacia y su seguridad. Algunos fármacos han sido retirados del mercado cuando un estudio de fase IV ha detectado problemas inesperados que no se habían observado antes.

En febrero de 2009, Bill Gates estaba pronunciando una conferencia en California en un acto organizado por su fundación. Para ilustrar hasta qué punto es terrible el impacto de la malaria, dejó ir un montón de mosquitos sobre el público, a la vez que afirmaba que el miedo a infectarse «es algo que no sólo los pobres deberían experimentar».
Hasta más tarde la fundación no hizo público un comunicado en el que explicaba que, obviamente, los mosquitos liberados no eran portadores de Plasmodium. Muchos de los presentes no estaban nada seguros.

Al problema del turismo hay que añadir el fenómeno conocido como la «malaria de aeropuerto». Se produce cuando un mosquito viaja como polizón en un avión desde una zona endémica a un país libre de malaria, normalmente en Europa o Norteamérica. Que los Anopheles van en los aviones se sabe porque en un radio de un par de kilómetros alrededor de un aeropuerto internacional importante (por ejemplo, Nueva York o Los Ángeles), suelen verse casos aislados de la enfermedad, sobre todo en épocas cálidas, cuando los mosquitos pueden sobrevivir mejor. Por eso no debe sorprendernos que recientemente se hayan visto casos de malaria incluso en Suiza. El hecho de que se esté produciendo un calentamiento global en todo el planeta no hace más que aumentar las posibilidades de que el mosquito se extienda, y así sucede no sólo en el caso de la malaria, sino también con otras enfermedades transmitidas por insectos, como el dengue. En teoría, eso puede causar en el futuro epidemias de enfermedades tropicales fuera de las zonas endémicas.

Cuando se habla de infecciones, hay una serie de términos que se utilizan con frecuencia para definir su alcance. Por ejemplo, un brote es una infección localizada de un grupo relativamente pequeño de personas, como una familia, una escuela o incluso un pueblo. Un caso típico serían las intoxicaciones alimentarias, que suelen afectar tan sólo a quienes han comido un plato que contenía microbios patógenos.
El siguiente nivel es la epidemia, que se define, de forma un poco subjetiva, como una acumulación de infectados superior al número «normal».
Una enfermedad infecciosa que se mantiene presente en una región de forma constante, sin que disminuya ni aumente globalmente el número de casos, se dice que es endémica. Por ejemplo, la malaria es endémica en muchas partes de África.

Las recomendaciones para prevenir infecciones empiezan con medidas como lavarse bien las manos, sobre todo si debe manipularse comida y, en especial, si se ha estado en contacto con excrementos. Con esta simple precaución se cree que pueden reducirse en un 50 por ciento los microorganismos que llevamos en las manos. No hay que olvidar lavar con jabón y desinfectante todas las superficies, especialmente las de la cocina y los lavabos, que son las zonas donde se acumulan más microorganismos. En cuanto a la comida, si la conservamos de la forma adecuada evitamos también muchos problemas, ya que su descomposición favorece el crecimiento de todo tipo de bacterias. Del mismo modo, se recomienda por principio no comer huevos crudos ni dejar restos de alimentos fuera de la nevera durante más de dos horas.

Aparte de las vacunas, la otra arma importante en la lucha contra los microbios son los antibióticos. Es difícil decir exactamente cuándo se descubrieron. Tanto la medicina tradicional china como la egipcia, la griega y la árabe utilizaban hace siglos plantas y hongos para tratar infecciones. Sin conocer los mecanismos implicados, los médicos primitivos habían descubierto que en la naturaleza había sustancias que frenaban a los microbios. Ésta sería la definición de antibiótico, un término utilizado por primera vez en 1942: cualquier compuesto que mata o frena el crecimiento de una bacteria. Los que sirven para luchar contra los virus se llaman antivirales y los trataremos más adelante.
Ya en 1877 los científicos Louis Pasteur y Robert Koch observaron que ciertas bacterias podían interferir en la reproducción de otras, un fenómeno que llamaron originalmente antibiosis. Estaba claro que debían de fabricar algún tipo de sustancia que poseía unas propiedades tóxicas para ciertos microbios. El primer antibiótico sintético, llamado arsfenamina.
El coste de descubrir, fabricar, producir y distribuir nuevos fármacos y vacunas es inmenso. ¿De dónde sale el dinero para hacerlo? Hay tres fuentes principales que financian nuestra guerra contra los microbios. Por una parte, los diferentes Estados invierten una parte del presupuesto de investigación en estudiar las enfermedades infecciosas y sus consecuencias. Pero las prioridades de los gobiernos no siempre coinciden con los intereses globales. Además, los países en los que el impacto de las infecciones es más grave son también los que tienen menos recursos para dedicar a la investigación. Por eso es necesario que los países ricos hagan el esfuerzo de subvencionar programas que puedan aplicarse a África, Asia y Sudamérica.
También hay una serie de fundaciones privadas que generan un importante flujo de dinero hacia este campo, supliendo de este modo las carencias de la financiación pública. Quizá la más importante de todas sea la Fundación Bill y Melinda Gates, dirigida por el creador de Microsoft y su mujer, y que cuenta con la colaboración del millonario Warren Buffett.

TIPOS DE LABORATORIOS DE MICROBIOLOGÍA
Según el grado de medidas de seguridad, hay cuatro tipos de laboratorios donde se investigan microorganismos:
Nivel 1: se trabaja con organismos que no causan enfermedades o que representan un riesgo mínimo para la salud. Las precauciones que se toman son bajas.
Nivel 2: se pueden estudiar microbios que causan enfermedades, pero que no se transmiten bien por el aire en el laboratorio (por ejemplo, el VIH o la salmonela). El personal debe estar adiestrado, el acceso al laboratorio es restringido y se utilizan sistemas de contención para evitar que los agentes se propaguen.
Nivel 3: los microbios estudiados causan enfermedades graves o la muerte si son inhalados (por ejemplo, los responsables de la tuberculosis, el ántrax o el SARS). Las medidas de seguridad son muy elevadas y el aire del laboratorio se filtra.
Nivel 4: se estudian enfermedades graves que se transmiten por el aire y contra las que no existen vacunas ni tratamiento (por ejemplo, el Ébola). Los laboratorios están sellados y los investigadores trabajan dentro de escafandras ventiladas. También deben pasar por duchas de descontaminación y cámaras de luz ultravioleta. Son poco habituales.

LISTA DE «ENFERMEDADES OLVIDADAS» CUBIERTAS POR EL PROGRAMA DE LA OMS
Enfermedad de Chagas
Dengue
Úlcera de Buruli
Dracunculiasis
Fascioliasis
Tripanosomiasis
Leishmaniasis
Lepra
Filariasis linfática (elefantiasis)
Enfermedades zoonóticas (transmitidas por los animales)
Oncocerquiasis
Helmintiasis
Mordeduras de serpiente
Tracoma
Bouba (o frambesia o yaws)

Esta pandemia ha demostrado que la comunicación entre los políticos, los científicos y los ciudadanos no es ni mucho menos fluida.
Más allá de la gripe, el siglo XXI puede ser el momento en que por fin dejemos de ver morir a millones de personas a causa de enfermedades contra las que desde hace tiempo tenemos medidas eficaces. Parece que la concienciación ha arraigado en los lugares adecuados y los programas de ayuda para que África, América y Asia escapen a las zarpas de los microbios más comunes empiezan a surtir efecto. Esperemos que pronto los medicamentos y las vacunas lleguen a todos quienes los necesitan, sin importar dónde se encuentren.
Como hemos dicho antes, compartimos la Tierra con los microorganismos. De hecho, éste es su planeta. Nosotros no somos más que unos parientes lejanos a los que han invitado a la fiesta. Si queremos quedarnos a vivir en este mundo debemos aprender a marcarles los límites. Tenemos las herramientas y la inteligencia para hacerlo. Ahora habrá que ver si seremos capaces.

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Very interesting and enjoyable, even if you have ideas you always learn things and it is very easy to read. I like that it was written in 2009 since it does not get carried away by the news of the Covid-19, and at the same time it explains many things. It would take an update of the infection cases that speaks of 2009, promising treatments that were investigated, etc., 10 years have already passed and we have many answers, good and bad.

There has been confusion, panic, and uncertainty. Again, information has been mismanaged and mistrust has been created among citizens. Perhaps one thing has improved a little: in many countries, more rapid action has been taken and important data has been shared more effectively …
Although COVID-19 is monopolizing all the media foci, it is not the only infectious disease that should concern us. As for COVID-19, which is what we are now concerned with, everything will depend on how quickly a vaccine is obtained and how effective it is (intensive work is being done in laboratories around the world), and of the capabilities of the virus to vary. It seems clear that the COVID-19 is serious enough to take it into account and will still give relevant problems for a long season.
What can we do in the meantime? Prepare ourselves. It is easy to forget about the latent problem of pandemics when we have just overcome one and the next is unlikely to appear within the same decade, for a purely statistical matter. But governments have an obligation to plan rapid response measures and, more importantly, educate the population. Without the participation of citizens, of all citizens, we cannot face infections with guarantees of success.
What the authorities did during the flu pandemic and, even more, what they have done now with COVID-19 is not excessive, but generally adequate. Some actions could be polished, to be sure, but now some mistakes of the past have been avoided and more firm action has been taken. Although it seems exaggerated, isolating infected populations, promoting hygiene and avoiding large crowds of people are very effective strategies in these situations, especially to avoid a specific collapse in the health system of a country, which would end up causing a large number of collateral victims. This is key during the early stages of an epidemic.
What has not improved much has been the public management of the crisis, as I said before. There will always be someone who will believe that all this is nothing more than a plot or an exaggeration, but what we have to achieve is that this point of view is marginal and people listen to those who know about it. Therefore, there needs to be a coordinated and reasoned communication strategy, if it can be with a single reliable source of information (perhaps the WHO), seconded and amplified by all authorities and the media.
I don’t think anyone doubts that infectious diseases are a global problem. They start in a corner of the planet, but our lifestyle makes them spread like wildfire. Pandemics will continue to be frequent, and we must learn from each incident so that next time things go better. These are problems that we cannot ignore.

If the flu is little more than a powerful cold, why are you so scared of late? The reason is that in a percentage of those infected it can present very serious complications and even cause death. As we refer to a virus that infects many people, the numbers quickly become worrisome. In the United States, for example, between 5 and 20 percent of the population contracts the flu every year, which leads to the hospitalization of 200,000 people and the death of some 36,000. In Spain the figure is close to 25 percent, with approximately 3,000 deaths. The flu causes between 250,000 and 500,000 fatalities annually worldwide. 90 percent of them are over 65 years old, one of the populations with the highest risk of serious complications from the virus. The other is young children. These two groups have in common a less powerful immune system, which makes them especially vulnerable.
How does the flu virus change every year? One reason is their great ability to traffic genetic information. A flu virus can pick up a piece of DNA from another virus in your family and leave one of its own in return. The gene collections that they end up with after these «negotiations» may be so different from the original that the resulting viruses can be considered practically new.
Flu is spread by the virus traveling in droplets of saliva. Apart from direct contagion, if we are close to a sick person when they cough or sneeze, we can also become infected by shaking hands. Likewise, if we come into contact with a contaminated surface and then touch our nose, mouth or eyes. The reason is that the virus can survive outside the human body for up to 24 hours. After an incubation period, which can be days or up to a week, the disease itself will begin. We must keep in mind that a person is usually contagious only while the symptoms of the disease last.

The US company Protein Sciences may hold the key to rid us of egg dependency: It is perfecting a system to grow the flu virus in insect cells.
The United States government awarded him $ 35 million, which could increase to $ 147 million over five years, to produce vaccines with the new system. But this contract is suddenly in jeopardy because the company’s future depends on a lawsuit. Turns out, he owes $ 11 million to creditors, including vaccine maker Emergent BioSolutions. As it happens, Emergent tried to buy Protein Sciences, but failed.
It is clear that the progress of science and global health are in the background when it comes to business.

FLU PANDEMIC ALERT PHASES (ACCORDING TO WHO)
1. No virus known to circulate among animals has infected humans.
2. It is confirmed that an animal influenza virus has infected humans. Possible pandemic hazard.
3. Small outbreaks in communities. There is no transmission of the virus between humans, or only in very limited cases. The virus does not yet have the ability to create a pandemic.
4. Verified and common human-to-human transmission. High pandemic risk.
5. Transmission of the virus between humans demonstrated in at least two countries within the same geographic area defined by the WHO. * Imminent pandemic. You have to act quickly to prevent it from spreading.
6. Start of the global pandemic. Transmission between humans in a country in a region other than those in phase 5.
* The areas are: Africa, America, Europe, Southeast Asia, Eastern Mediterranean and Western Pacific.

n Europe, the Portfastflu program has been put into operation, which with a budget of four million euros tries to develop a portable device that allows rapid diagnostics. The idea is that Portfastflu can be used by non-specialized personnel and that it detects different strains of the influenza virus.

AIDS, or acquired immunodeficiency syndrome, has been considered the worst epidemic that has ever affected humanity. Globally, an estimated 33.4 million people are believed to be infected, 68 percent of whom are in sub-Saharan Africa and 18 percent in Southeast Asia, with an increase of 2.5 million infections per year. Since 2002, AIDS has been the leading cause of death from infectious disease in Africa. It is estimated that there have been more than 60 million infected and about 25 million deaths since the beginning of the pandemic, a number that will continue to grow: from now until 2015, 115 million people will die. Between 2008 and 2010, some 42 million children will have lost one or both parents to AIDS, especially in sub-Saharan Africa.
Despite the seriousness of these figures, in developed countries there is a false perception that the disease is no longer a danger.
AIDS cannot currently be cured. There is no known medicine that can eliminate HIV from the person who has been infected. Despite everything, we have managed to find an acceptable solution: a series of drugs, called antiretrovirals, that prevent HIV from reproducing and keep it under control.
Antiretrovirals have dramatically reduced disease mortality. The first to be discovered, in 1987, was AZT (zidovudine). But treatment with a single drug caused the virus to quickly develop resistance. It was not until 1995 that a new class of antiretrovirals, protease inhibitors, appeared, and more than two drugs began to be combined in the treatment.
Developing a vaccine would be the most effective way to slow the progress of the pandemic. But after a quarter century of research, we are not even close to getting one yet, according to virologist and Nobel laureate David Baltimore in 2008.

PHASES OF A CLINICAL STUDY
0. First human tests. A single dose of the drug, at a concentration below what is believed to be truly effective, is given to 10-15 healthy volunteers.
I. Different concentrations of the drug are administered, in a hospital setting and over a long period of time, to evaluate the side effects, to 20-80 volunteers, normally healthy.
II. Once the drug has been established to be safe, its positive effects are evaluated, while phase I studies are continued in larger groups; 20-300 volunteers, healthy and sick.
III. Efficacy is compared to other treatments previously tested. Studies are carried out in more than one center at a time, often in different countries. A drug that successfully passes a couple of phase III studies is usually approved for public use; 300-3,000 volunteers.
IV. Long-term studies once the drug has been commercialized, to continue evaluating its efficacy and safety. Some drugs have been recalled when a phase IV study has detected unexpected problems that have not been seen before.

In February 2009, Bill Gates was giving a conference in California at an event organized by his foundation. To illustrate how terrible the impact of malaria is, he released a lot of mosquitoes to the public, while affirming that the fear of becoming infected «is something that not only the poor should experience.»
It was not until later that the foundation released a statement explaining that the released mosquitoes were obviously not carriers of Plasmodium. Many of those present were not at all sure.

To the tourism problem we must add the phenomenon known as «airport malaria». It occurs when a mosquito travels as a stowaway on a plane from an endemic area to a malaria-free country, usually in Europe or North America. That Anopheles go on airplanes is known because within a radius of a couple of kilometers around a major international airport (for example, New York or Los Angeles), isolated cases of the disease are often seen, especially in hot weather, when mosquitoes can survive better. So it should come as no surprise that cases of malaria have been seen recently even in Switzerland. The fact that global warming is taking place throughout the planet only increases the chances that the mosquito will spread, and this is the case not only in the case of malaria, but also with other diseases transmitted by insects, such as dengue. In theory, this may cause epidemics of tropical diseases in future endemic areas.

When it comes to infections, there are a number of terms that are frequently used to define their scope. For example, an outbreak is a localized infection of a relatively small group of people, such as a family, a school, or even a town. A typical case would be food poisoning, which usually affects only those who have eaten a dish containing pathogenic microbes.
The next level is the epidemic, which is defined, somewhat subjectively, as an accumulation of infected people greater than the «normal» number.
An infectious disease that is constantly present in a region, without globally decreasing or increasing the number of cases, is said to be endemic. For example, malaria is endemic in many parts of Africa.

Recommendations to prevent infections begin with measures such as washing hands well, especially if food should be handled and, especially, if it has been in contact with excrement. With this simple precaution it is believed that the microorganisms that we carry on our hands can be reduced by 50 percent. Do not forget to wash all surfaces with soap and disinfectant, especially those in the kitchen and sinks, which are the areas where most microorganisms accumulate. As for food, if we preserve it in the proper way we also avoid many problems, since its decomposition favors the growth of all kinds of bacteria. Similarly, it is recommended in principle not to eat raw eggs or leave food remains out of the refrigerator for more than two hours.

Apart from vaccines, the other important weapon in the fight against microbes is antibiotics. It is difficult to say exactly when they were discovered. Both traditional Chinese and Egyptian, Greek and Arabic medicine used plants and fungi for centuries to treat infections. Without knowing the mechanisms involved, primitive doctors had discovered that there were substances in nature that slow down microbes. This would be the definition of an antibiotic, a term first used in 1942: any compound that kills or slows the growth of bacteria. Those that are used to fight viruses are called antivirals and we will deal with them later.
As early as 1877 scientists Louis Pasteur and Robert Koch observed that certain bacteria could interfere with the reproduction of others, a phenomenon they originally called antibiosis. It was clear that they must have manufactured some kind of substance that had toxic properties for certain microbes. The first synthetic antibiotic, called arsphenamine.
The cost of discovering, manufacturing, producing and distributing new drugs and vaccines is immense. Where does the money come from to do it? There are three main sources that fund our war on microbes. On the one hand, the different States invest a part of the research budget in studying infectious diseases and their consequences. But governments’ priorities do not always coincide with global interests. Furthermore, the countries where the impact of infections is most severe are also those with the least resources to devote to research. That is why it is necessary for rich countries to make the effort to subsidize programs that can be applied to Africa, Asia and South America.
There are also a number of private foundations that generate a significant flow of money into this field, thus filling the gaps in public funding. Perhaps the most important of all is the Bill and Melinda Gates Foundation, led by the creator of Microsoft and his wife, and which has the collaboration of the millionaire Warren Buffett.

TYPES OF MICROBIOLOGY LABORATORIES
Depending on the degree of security measures, there are four types of laboratories where microorganisms are investigated:
Level 1: work with organisms that do not cause disease or that pose a minimal risk to health. The precautions that are taken are low.
Tier 2: Microbes that cause disease but are not well transmitted through the air in the laboratory (for example, HIV or salmonella) can be studied. Personnel must be trained, access to the laboratory is restricted, and containment systems are used to prevent agents from spreading.
Tier 3: Microbes studied cause serious illness or death if inhaled (for example, those responsible for tuberculosis, anthrax, or SARS). The security measures are very high and the air in the laboratory is filtered.
Tier 4: Serious airborne diseases against which there are no vaccines and no treatment (eg Ebola) are studied. The labs are sealed and researchers work inside ventilated diving suits. They must also go through decontamination showers and ultraviolet light chambers. They are rare.

LIST OF «FORGOTTEN DISEASES» COVERED BY THE WHO PROGRAM
Chagas disease
Dengue
Buruli ulcer
Dracunculiasis
Fascioliasis
Trypanosomiasis
Leishmaniasis
Leprosy
Lymphatic filariasis (elephantiasis)
Zoonotic diseases (transmitted by animals)
Onchocerchiasis
Helminthiasis
Snake bites
Trachoma
Bouba (or yaws or yaws)

This pandemic has shown that communication between politicians, scientists and citizens is far from smooth.
Beyond the flu, the 21st century may be the time when we finally stop watching millions of people die from diseases against which we have long had effective measures. It seems that awareness has taken root in the right places, and aid programs for Africa, America and Asia to escape the claws of the most common microbes are beginning to take effect. Hopefully medicines and vaccines will reach everyone who needs them soon, no matter where they are.
As we have said before, we share the Earth with microorganisms. In fact, this is your planet. We are but distant relatives who have been invited to the party. If we want to stay and live in this world, we must learn to set limits for them. We have the tools and the intelligence to do it. Now we will have to see if we will be capable.

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