Capitalismo (1679-2065): Una Aproximación Al Sistema Económico Que Ha Producido Más Prosperidad Y Desigualdad En El Mundo — Santiago Niño Becerra / Capitalism (1679-2065): An Approach To The Economic System That Has Produced More Prosperity And Inequality In The World by Santiago Niño Becerra (spanish book edition)

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Buen libro para quienes quieran entender como ha evolucionado la sociedad, el factor trabajo y el capital y como ha estado interconectado todo ello en los sucesivos cambios que se han ido produciendo hasta llegar al presente. A pesar del mundo que pronostica intuyo en el autor cierto optimismo en el sentido de que lo que nos viene encima no es peor que lo que tenemos sino simplemente diferente. Una realidad diferente a la que el ser humano se adaptará.

El Capitalismo nació como un grito reivindicativo de libertad, pero hoy, cuando se le dice a la población que ha de ceder su soberanía a entes continentales, planetarios, con una creciente entrega de trocitos de identidad individual a cambio de algún tipo de seguridad, el Sistema Capitalista está agonizando porque está sacrificando el individuo a lo colectivo. Y el Capitalismo no es eso. Es decir, que el fenómeno del que estamos hablando es un síntoma de que sus principios filosóficos se hallan en revisión. El Sistema Capitalista, al igual que los que le precedieron —y aunque oficialmente tenga un inicio y un final—, no comenzó ni acabará a una hora concreta de un día determinado. Se puso en marcha como consecuencia de la evolución de una serie de variables que desencadenaron unos acontecimientos que se produjeron de unas determinadas formas y maneras y que dieron lugar a unos principios filosóficos nuevos, diferenciados, y que predeterminaron unas estructuras que fueron los pilares sobre los que se fue erigiendo el sistema. Cuando en el año 2011 nació el concepto de «Nueva Normalidad» se lo asoció con un nuevo escenario en el que, según se decía entonces, acabaría normalizándose el uso de la tecnología extrema, la Inteligencia Artificial, el Internet de las cosas, la tendencia hacia la concentración productiva y financiera, la comoditización del trabajo, el aumento de la desigualdad, el adelgazamiento de la clase media, la colaboración entre competidores, el acceso al uso —concepto desarrollado por Jeremy Rifkin- . Es decir, la Nueva Normalidad tendrá un carácter meramente temporal. En mi opinión, eso no va a ser así.
El término «Nueva Normalidad» se halla ya plenamente vigente: el virus lo que ha hecho es acelerar su llegada porque ha comprimido su tiempo de implantación a la vez que ha adelantado la introducción de nuevos elementos y de nuevas situaciones que anteriormente no eran contempladas o, simplemente, eran ignoradas por ser estimadas inconvenientes, al menos hasta la aparición del virus. Por tanto, el virus ha acelerado la llegada y la implementación de la nueva realidad, de los elementos sociales de esa ya anunciada Nueva Normalidad, pero además la completa mediante nuevos elementos. Por lo cual, ya puede darse por iniciado, aunque sea aún de forma incompleta, el nuevo modelo que iba a sustituir al que manifestó su agotamiento al inicio de la crisis actual en el año 2007. El período de transición que nos lleve hasta su completa manifestación será el tiempo de superación sanitaria de la pandemia.

La Revolución Industrial supuso una cadena de cambios radicales respecto a cómo se había entendido la economía y la sociedad, de ahí que podamos hablar de nuevo sistema. En lo operativo, este nuevo sistema aportó un incremento espectacular de la productividad respecto al Sistema Mercantilista, pero, a diferencia de lo que sucede ahora, para que se produjese aquel aumento en la productividad era indispensable que creciese la oferta de trabajo, cantidad de producción al menor coste. A mediados del siglo XVIII , el inicio de las Enclosures posibilitó que la oferta de trabajo creciese: oleadas de campesinos desplazados por la parcelación de los campos fueron emigrando en masa a los nacientes centros fabriles, que no eran ya aquellas factorías manufactureras del Mercantilismo, sino lugares dotados de inversión productiva y de una organización del trabajo sistemática y orientada a obtener la máxima cantidad de producción al menor coste.
La Depresión fue la primera crisis global a la que se enfrentó el Sistema Capitalista; global por su extensión planetaria y global por la cantidad de elementos que se vieron involucrados y afectados por ella. Además, provocó algo inédito: un aparatoso exceso de oferta ante la demanda existente, y todo ello en un entorno que hizo saltar las costuras de una forma de hacer —el Modelo Clásico— que resultó muy útil a la hora de acumular capital, pero que se quedó sin herramientas cuando la productividad comenzó a aumentar tras la Primera Guerra Mundial. Las políticas puestas en marcha en Estados Unidos por la administración Roosevelt, y luego replicadas en otros países, consistía en involucrar al Estado en la economía abandonando la Mano Invisible, y funcionó. Pero el modelo de protección social, uno de los ejes fundamentales de ese estado, se sustentaba sobre cuatro supuestos: pleno empleo del factor trabajo, salarios crecientes indexados a la inflación, demanda de trabajo permanentemente al alza y esperanza de vida tras la jubilación de, como máximo, diez años. Y ello en un entorno de constante crecimiento económico, redistribución ininterrumpida de la renta y voluntad de potenciación de la clase media. La Depresión supuso un cambio de modelo económico y social y, aunque nadie en su época la calificó de sistémica, la crisis de los años treinta volvió a poner de relieve que tampoco en el Capitalismo nada era eterno. Sucede más bien al revés: la creación, auge, descomposición y desaparición de unidades de producción es una de las características esenciales de la forma productiva del Capitalismo, y tal dinámica constituye un ciclo en el que se produce la sustitución de unas entidades, unos procesos industriales y unos bienes por otros.
Darwin explicó el desarrollo de la vida como una evolución en la que sobrevive el más apto, esto es, el que mejor se adapta a los cambios que se van produciendo. Pero la interpretación expuesta en esta frase hace saltar por los aires la visión darwinista y plantea que en el desarrollo de la vida todo puede planificarse y modificarse a voluntad: todo consiste en acceder a los programas que rigen ese desarrollo de la vida. La de Darwin era una interpretación productivista que se sustentaba en la adaptabilidad, la de Thorpe adopta la acción como método. El anuncio realizado en enero del 2020 de que se ha construido una maquina biológica, un biobot, hace buena esta conceptualización.
La reaganomics se basaba en unos principios tan simples como inexactos: fuertes bajadas de impuestos darían lugar a aumentos del consumo y de la inversión que cristalizarían en crecimiento económico, lo que compensaría con creces el inicial descenso en la recaudación fiscal. La posible inflación se controlaría vía aumento o disminución de los tipos de interés. El desempleo, por su parte, debería mantenerse en la cota adecuada para que la inflación fuera lo más baja posible. Estas medidas se complementaron con un gasto público básicamente orientado al ámbito militar. Las cosas no sucedieron así, y las medidas impuestas dieron como resultado unos abultados déficits fiscal y exterior y un significativo aumento del endeudamiento del Estado. Además, las reducciones de impuestos beneficiaron sobre todo a quienes obtenían unos ingresos superiores al millón de dólares, porque la reforma fiscal de 1986 eliminó una serie de deducciones de las que, fundamentalmente, se beneficiaba la clase media.

Los mercados son apolíticos, pero el odio al Estado como ente que coarta su libertad de acción se ha convertido, aunque no lo sea, en algo muy parecido a una ideología. El pueblo no quiere ideólogos, sino expertos que le proporcionen crecimiento y bienestar; sin embargo, esos expertos pretenden saltar por encima de los ejecutivos que gobiernan a los Estados a fin de llevar adelante sus negocios, unos Estados que son los que, al menos hasta ahora, han proporcionado el bienestar al pueblo.Pero cuando en una vorágine de agresividad provocada por la competencia desbocada esas prácticas hacen peligrar la estabilidad de los mercados, sus dirigentes no dudan en solicitar ayudas a los Estados con el argumento de que un caos sistémico. En el fondo, la burbuja puntocom fue una tentativa para acelerar unos rendimientos que cada vez se demostraban más difíciles de alcanzar en una atmósfera de exigencias de los propietarios del capital —los grandes accionistas, los grandes fondos de inversión— exponencialmente al alza. Salvo contadas excepciones, como la electrónica de consumo de última generación, los rendimientos generados por la actividad económica real no cumplían con tales exigencias a pesar de la deslocalización de actividades productivas y de que las reivindicaciones del trabajo cada vez hallaban un menor eco. Había por consiguiente que inventar algo que garantizase la máxima participación de la población, de forma que los rendimientos financieros obtenidos fuesen máximos y seguros en un tiempo determinado. Ese algo fueron las hipotecas concedidas a personas con una baja o muy baja calificación.
Los años comprendidos entre 2002 y 2007 fueron los años de «el mundo va bien». Los años en los que todo era posible, porque a cualquiera le estaba permitido acceder a los niveles de endeudamiento que fueran necesarios para cumplir su sueño. Evidentemente, en un contexto como ese no estar bien, no sentirse bien, no comportarse animadamente, no tenía cabida ni era aceptable. Desde los años ochenta proliferaron medicamentos y sustancias orientadas a mejorar el rendimiento, a reducir el cansancio, a eliminar la ansiedad o a propiciar el descanso. Posiblemente, el más conocido sea el Prozac, de los laboratorios Eli Lilly and Company, comercializado a partir de 1987. Pero desde finales de los noventa comenzaron a generalizarse componentes químico-farmacéuticos cuyo objetivo era, simplemente, ayudar a sentirse bien.
El Sistema Capitalista es contaminador porque durante casi dos siglos estuvo externalizando costes a coste cero mediante el método de arrojar a la naturaleza subproductos y desperdicios. El problema estriba en que cuando se ha sido plenamente consciente de las implicaciones que comportaba tal proceder es ya imposible revertir totalmente las consecuencias, de ahí la inevitabilidad de algunos efectos. El medio ambiente es lo más global que hay en el planeta Tierra, y así ha sido siempre, porque es imposible ponerle fronteras. Cuando un país contamina los efectos se extienden más allá de ese país; lo que sucede es que los menos desarrollados son los que utilizan medios de producción y procesos productivos más contaminantes. Estos países precisarán de ayuda exterior si se pretende compensarles de algún modo por el impacto que tendrá en sus economías la eliminación de tales medios y procesos. A eso cabe añadir que una de las razones para las deslocalizaciones de procesos productivos a esos países es la laxitud de sus legislaciones medioambientales. La moraleja de esta historia es doble. Por un lado, la humanidad, en estos dos últimos siglos, ha hecho cosas que ya no tienen vuelta atrás; por otro, eliminar, reducir, mitigar los efectos sobre el medio ambiente es tarea de todos, no de un solo país o de un grupo de países. Se precisa coordinación y colaboración, y lo bien o lo mal que se haga tendrá consecuencias en nuestro modelo de vida.
Second Life es un metauniverso, un espacio virtual cuya utilidad reside en describir espacios tridimensionales con fines lúdicos y profesionales, pero su finalidad última es la de crear un mundo en el que los participantes, en forma de avatar, lleven a cabo actividades e interactúen con otras personas caracterizadas de igual modo. Second Life fue desarrollado por Linden Lab y lanzado el 23 de junio del 2003, y fue el primer lugar en el que existió una moneda virtual, el linden, equivalente en valor a un dólar estadounidense, con el que pueden llevarse a cabo transacciones económicas. Como dice el fundador, Second Life ofrecía la posibilidad de ser quien se quisiese ser y de hacer lo que se quería hacer, pero que por las razones que fuese resultaba imposible de hacer en el mundo real. Todo es perfecto y glamuroso, digital.

2007 y 2008 fueron los años dorados de Second Life, cuando el modelo ya estaba tocado de muerte. Compañías, políticos, músicos y artistas compraban un espacio y una escenografía en el metauniverso para tener acceso a unos usuarios que nunca abundaron: los escenarios de Second Life siempre estaban prácticamente vacíos. La importancia de este mundo virtual radica en dos aspectos. Por un lado, puede ser considerado la primera manifestación masiva de lo que se conoció como la web 2.0: las redes sociales. Por otro, llevó hasta sus últimos extremos la capacidad de ensoñación y de metamorfosis que Internet puede ofrecer. De hecho, hoy la red se halla más próxima a la realidad de lo que en su momento se supuso que podía estar.
La actual crisis es una culminación de un superboom de más de sesenta años. El sistema tuvo tanto éxito que la gente empezó a creer en lo que el expresidente de Estados Unidos Ronald Reagan llamó la magia del mercado, y que yo llamo fundamentalismo de mercado. El superboom se fue de las manos cuando los nuevos productos se volvieron tan complicados que las autoridades ya no podían calcular los riesgos y empezaron a depender de los métodos de gestión de los propios bancos. Igualmente, las agencias de calificación dependían de la información que les hacían llegar los generadores de los productos sintéticos. George Soros en el World Economic Forum Annual Meeting 2008 que, bajo el lema «The Power of Collaborative Innovation», tuvo lugar en la ciudad suiza de Davos entre los días 23 y 27 de enero. Citado por Walter Oppenheimer, «¿Crisis, recesión o cambio de cetro?», El País , 27 de enero de 2008.

Una de las consecuencias de la actual crisis es que ha puesto de manifiesto las diferencias entre los modos de hacer, los intereses y las estrategias de los distintos bloques económicos. En 2010 Europa tuvo claro que el camino del gasto público indiscriminado y la profundización en los déficits no llevaba más que al aumento de la deuda pública y al encarecimiento en las primas de riesgo, y dio un paso hacia los recortes y la austeridad —otra cosa es si el gasto que se continuó realizando y los recortes que se practicaron fueron planteados de forma eficiente—. Otros países, como Estados Unidos, optaron por la senda de tipos de interés reales negativos y de constates inyecciones de fondos en su economía; es decir, no es que no fueran por el lado de la austeridad, sino que pura y simplemente optaron por lo contrario. Una de las consecuencias de la actual crisis es que ha puesto de manifiesto las diferencias entre los modos de hacer, los intereses y las estrategias de los distintos bloques económicos. La estrategia de austeridad desplegada en Europa durante la Primera Fase consiguió reducir los saldos presupuestarios negativos, pero sumió a muchas economías en un estado de casi parálisis a la vez que sus primas de riesgo no descendían debido al estado en que se hallaban sus economías, lo que afectó al valor y aceptación del euro. Estados Unidos continuó yendo a lo suyo, Japón fue ensayando iniciativas para reactivar su economía —casi plana desde principios de los noventa— mientras China prosiguió en su continuado proceso de posicionamiento mundial, sobre todo a partir de su entrada en las economías menos desarrolladas. Y los exportadores de commodities continuaron a la espera de una oportunidad. A partir de julio de 2012 todo cambió en Europa: el BCE empezó a inyectar ingentes cantidades de dinero fresco en la economía hundiendo los tipos de interés hasta niveles reales negativos y luego comprando deuda pública y deuda privada y permitiendo que fuese de una menor calidad, lo que llevó a que durante seis años se volviese de nuevo a pensar que «el mundo volvía a ir bien». Pero en realidad se estaba tapando la imprescindible limpieza de las instituciones existentes con la alfombra de unos fondos que en algún momento habrá que devolver… o no.

La Primera Fase fue macro: recortes y reformas con el objetivo de reducir el déficit público. La Segunda Fase fue muy micro: inyecciones masivas de anfetas, estímulos económicos a mansalva —incluidos unos tipos de interés reales negativos— a fin de que el dinero llegase a todas partes (o, al menos, eso es lo que se dijo), tanto a personas físicas como jurídicas, para que el consumo y la inversión creciesen y la recaudación fiscal aumentase y de esta manera dinamizar la economía. El problema es que un programa de ese estilo no puede sostenerse en el tiempo porque una de sus consecuencias es que acaba agotándose la política monetaria y que la economía se acostumbra a funcionar en un estado permanente de euforia artificial, se convierte en una economía dopada, tal como se comprobó en repetidas ocasiones. La Tercera Fase de la crisis que se inició en 2007 será la de implementación e imposición de la nueva forma de funcionamiento del Sistema Capitalista (del modo en que operará): el nuevo modelo. La Tercera Fase será la fase del despertar.

En 2050 prácticamente nada va a ser como ahora lo conocemos. Esa nueva dimensión será posible gracias a la Inteligencia Artificial y a los cambios que va a aportar. Es posible: recordemos cómo eran las cosas en 1990. No había Internet ni WhatsApp; los teléfonos móviles debían ser transportados de forma solidaria a un maletín que se encajaba en un automóvil y cuya cobertura era ridícula; los ordenadores estaban dotados de pantalla en blanco y negro y su capacidad se medía en MB; la robótica industrial se encontraba en sus inicios; los videojuegos de entonces hoy harían sonreír; no había televisión en streaming ni smart TV. Cierto: existía el Concorde y se podía fumar en todas partes. Es difícil recordar no tanto cómo era el mundo en 1990 sino de qué modo hacíamos las cosas en 1990. Con el 2050 pienso que sucederá algo parecido, pero con una diferencia fundamental. Es verdad que en 1990 se necesitaban menos horas de factor trabajo que en 1960, pero se necesitaban en cambio muchas horas de trabajo en profesiones intelectuales. Esta es la realidad: hoy ya existen personas que no van a trabajar jamás porque las capacidades que pueden aportar no van a ser nunca necesarias. En esencia, en términos económicos esto no es ni bueno ni malo, supone un paso más en la dirección de la eficiencia. Pero, además, y desde otros puntos de vista, este hecho es algo inédito, algo que resultaba imposible de imaginar un par de décadas atrás, ya no digamos en la fase de acumulación capitalista de mediados del XIX . No es explotación de la clase obrera, ni mileurismo, ni precariedad laboral. Es el no-nada porque, cada día que pasa, más factor trabajo no es preciso a ningún precio. El Capitalismo seguirá, pero evidentemente será otro Capitalismo.

Resaltando el efecto turbo que el virus está teniendo sobre realidades que iban a acabar llegando porque estaban siendo traídas por el nuevo modelo que inaugurará el fin de la crisis, puede dibujarse un decorado de tendencias:
• Concentración del capital: las grandes corporaciones van a ser mucho más potentes y tenderán hacia la construcción de oligopolios, figura hacia la que, recordémoslo, el Capitalismo tiende de forma natural. Lo que supone que los actuales niveles de PIB no van a recuperarse nunca o, al menos, no van a recuperarse según su distribución actual: descenderán los de algunas zonas y aumentarán los de otras, y en el conjunto mundial el PIB caerá, porque lo que va a primar no será la idea de más-de-todo sino la de conveniencia .
• Papel decreciente del Estado en favor de zonas con potencial, constituidas en ejes, redes y clusters. Y ello a pesar de que, en la fase de contención de la enfermedad, el desempeño de los Estados está siendo esencial porque puede incrementar las dotaciones a la sanidad, ayudar a la economía con inyecciones directas de fondos en forma de subsidios, conceder aplazamientos en el pago de impuestos, avalar créditos…
• Reducción de la movilidad de las personas y aumento de la comunicación por medios y plataformas online, lo que supondrá un aumento de las posibilidades de este tipo de medios: conferencias, trabajo a distancia, compras, comunicación en general… Esto tendrá un considerable impacto sobre las compañías aéreas, ferroviarias y de transporte.
• Aumento de la importancia del consumo realizado en y a través de plataformas digitales y caída en vertical de las tiendas de barrio. (La organización empresarial catalana Foment del Treball realizó un estudio a finales de marzo de 2020 en el que apunta la posibilidad de que, en el peor escenario, el 80 % del pequeño comercio pudiera desaparecer.)
• Progresiva importancia de la productividad como punto de enfoque, por lo que la tecnología será crecientemente importante (robotización, robótica colaborativa, producción aditiva) y desplazará aún más al factor trabajo, lo que incidirá en la polarización de rentas y en la desigualdad social.
• Relocalización. Mucho se ha comentado en los meses cercanos a la difusión internacional del virus acerca del peligro que supone para los países depender de producciones y procesos elaborados en el exterior como consecuencia de la deslocalización de actividades intensivas en factor trabajo hacia lugares con costes de producción mucho más reducidos y legislaciones mucho más permisivas, un fenómeno que se ha ido ampliando a partir de los años ochenta.
• Caída muy importante del PIB —¿entre el 20 % y el 40 % según zonas?—, que no se recuperará totalmente tras la erradicación del virus porque la tendencia ya apuntaba hacia la reducción de la oferta; entre otras razones, por la imposibilidad de la demanda para absorberla.
• Creciente control telemático de la población, aumento de su geolocalización, justificado por necesidades sanitarias y vendido a la opinión pública por la seguridad que tal control confiere a las personas. Será un control que, pienso, ha llegado para quedarse, porque ofrece múltiples posibilidades para ordenar procesos logísticos y, llegado el caso, identificar y neutralizar disidencias.
• Creciente utilización del telediagnóstico, de la telemedicina y de la teleasistencia, por razones de coste y por la posibilidad de atender a inmensos colectivos que no habría modo de asistir por métodos analógicos convencionales.
• El aislamiento y la soledad en que muchos enfermos mayores han fallecido por causa de las complicaciones del virus acelerará la aceptación social y la implantación generalizada de la eutanasia, por el criterio de mejora en la utilización de recursos escasos, pero también por sus aspectos emocionales.
• No realizar pagos con dinero fiduciario ha sido una de las recomendaciones dadas para la prevención del contagio; sin duda, esas razones sanitarias acelerarán la tendencia hacia su eliminación y la sustitución por medios de pago electrónicos.
• El acceso a las tecnologías de la comunicación durante el aislamiento y también la posibilidad de que el trabajo pueda ser realizado a distancia han puesto aún más de manifiesto algo ya sabido: la existencia de dos clases sociales, de dos grupos de personas cada vez más alejados, distancia que irá creciendo a medida que el uso de la tecnología se generalice. En Estados Unidos, el hecho de que solo el 20 % de la población afroamericana pueda realizar su trabajo a distancia ha influido en que, en porcentaje al número total de estadounidenses, la población afroamericana concentre el mayor número de contagios.

Resulta bastante sorprendente, aun así, la facilidad con que se ha aceptado, asumido, el concepto de «Nueva Normalidad». La pandemia lo ha trastocado todo, pero la recuperación no llevará a lo que teníamos , no nos devolverá adonde estábamos , sino a un lugar nuevo, con una normalidad nueva; y las diferentes ciudadanías, la población de los diversos países, lo ha aceptado como algo natural, como algo necesario para afrontar esa nueva realidad. El SARSCoV-2 ha acelerado la llegada de una Nueva Normalidad que ya se estaba dibujando en el horizonte. Lo que no tengo claro es eso de que «todo el mundo va a estar mejor»; tampoco eso de que esa nueva situación normalizada «va a beneficiar a la mayoría». Ni siquiera cuando, tras unos cuantos años, se haya asimilado este nuevo estar . Simplemente me quedo en un «habrá que verlo»… cosa que podrán hacer solo quienes vayan a verlo.
El Capitalismo ya no tiene cabida. Un mundo en el cual la propiedad privada no tiene sentido, ni tampoco la tiene la competencia entre unidades productivas. Lo necesario pasa a ser lo importante, por lo que no existe el desperdicio de recursos ni la explotación humana. No existe la incertidumbre. El individuo pasa a ser necesario en la medida en que realiza una determinada aportación al conjunto, por lo que la libertad individual se convierte en algo que se diluye en el colectivo. La única incertidumbre radicaría en si, gracias a las medidas tomadas previamente con este objetivo, se ha logrado realmente asegurar la sostenibilidad ambiental del planeta. Solo así podría evitarse una cadena de catástrofes climáticas que lleguen a poner en peligro de existencia amplias zonas. Suponiendo que se continúe cumpliendo la dinámica histórica de los últimos dos mil años, el Sistema Capitalista dará paso a un nuevo sistema en algún momento situado entre los años 2060 y 2070, aunque poco importa cuál sea el momento exacto. Lo cierto es que el Capitalismo desaparecerá porque se habrá agotado, al igual que en su momento desaparecieron los sistemas que le precedieron. En otras palabras, porque habrá cumplido su función.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/07/20/diario-del-crash-santiago-nino-becerra/

https://weedjee.wordpress.com/2015/07/21/el-crash-del-2010-toda-la-verdad-sobre-la-crisis-santiago-nino-becerra/

https://weedjee.wordpress.com/2015/07/21/mas-alla-del-crash-santiago-nino-becerra/

https://weedjee.wordpress.com/2019/08/30/el-crash-tercera-fase-santiago-nino-becerra-the-crash-third-phase-by-santiago-nino-becerra-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2020/11/15/capitalismo-1679-2065-una-aproximacion-al-sistema-economico-que-ha-producido-mas-prosperidad-y-desigualdad-en-el-mundo-santiago-nino-becerra-capitalism-1679-2065-an-approach-to-the-e/

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Good book for those who want to understand how society, the labor factor and capital have evolved and how all this has been interconnected in the successive changes that have taken place up to the present. Despite the world that he predicts, I sense in the author a certain optimism in the sense that what comes to us is not worse than what we have but simply different. A different reality to which the human being will adapt.

Capitalism was born as a cry for freedom, but today, when the population is told that it has to cede its sovereignty to continental, planetary entities, with a growing delivery of bits of individual identity in exchange for some type of security, the Capitalist System is dying because it is sacrificing the individual to the collective. And Capitalism is not that. In other words, the phenomenon we are talking about is a symptom that its philosophical principles are under review. The Capitalist System, like those that preceded it —and although it officially has a beginning and an end—, it did not begin or end at a specific time on a certain day. It was launched as a consequence of the evolution of a series of variables that triggered events that occurred in certain forms and ways and that gave rise to new, differentiated philosophical principles, and that predetermined structures that were the pillars on which that the system was erected. When the concept of «New Normal» was born in 2011, it was associated with a new scenario in which, as it was said at the time, the use of extreme technology, Artificial Intelligence, the Internet of things, the trend towards the concentration of production and finance, the commoditization of work, the increase in inequality, the thinning of the middle class, collaboration between competitors, access to use – a concept developed by Jeremy Rifkin-. In other words, the New Normal will have a merely temporary character. In my opinion, that is not going to be the case.
The term «New Normal» is now fully in force: what the virus has done is accelerate its arrival because it has compressed its implantation time at the same time that it has advanced the introduction of new elements and new situations that were not previously considered or, simply, were ignored because they were considered inconvenient, at least until the appearance of the virus. Therefore, the virus has accelerated the arrival and implementation of the new reality, of the social elements of that already announced New Normal, but also completes it with new elements. For this reason, the new model that was going to replace the one that manifested its exhaustion at the beginning of the current crisis in 2007 can already be considered started, even if it is still incomplete. The transition period that will take us to its complete manifestation will be the time of sanitary overcoming of the pandemic.

The Industrial Revolution supposed a chain of radical changes regarding how the economy and society had been understood, hence we can speak of a new system. In operational terms, this new system contributed a spectacular increase in productivity compared to the Mercantilist System, but, unlike what happens now, for that increase in productivity to take place, it was essential that the supply of work, quantity of production, should grow at the lowest cost. In the middle of the 18th century, the beginning of the Enclosures made it possible for the labor supply to grow: waves of peasants displaced by the division of the fields were emigrating en masse to the nascent manufacturing centers, which were no longer those manufacturing factories of Mercantilism, but places endowed with productive investment and a systematic organization of work aimed at obtaining the maximum amount of production at the lowest cost.
The Depression was the first global crisis that the Capitalist System faced; global for its planetary extension and global for the amount of elements that were involved and affected by it. In addition, it caused something unprecedented: a spectacular excess of supply in the face of existing demand, and all this in an environment that jumped the seams of a way of doing – the Classic Model – that was very useful when it came to accumulating capital, but that ran out of tools when productivity began to rise after World War I. The policies put in place in the United States by the Roosevelt administration, and later replicated in other countries, consisted of involving the state in the economy by abandoning the Invisible Hand, and it worked. But the social protection model, one of the fundamental axes of that state, was based on four assumptions: full employment of the labor factor, rising wages indexed to inflation, permanently rising demand for work, and life expectancy after retirement of, maximum ten years. And this in an environment of constant economic growth, uninterrupted redistribution of income and the will to empower the middle class. The Depression brought about a change in the economic and social model and, although no one in his time described it as systemic, the crisis of the 1930s once again highlighted that nothing was eternal in Capitalism either. It happens rather the other way around: the creation, boom, decomposition and disappearance of production units is one of the essential characteristics of the productive form of Capitalism, and such dynamics constitutes a cycle in which the substitution of some entities, some processes takes place. industrial and some goods for others.
Darwin explained the development of life as an evolution in which the fittest survives, that is, the one who best adapts to the changes that take place. But the interpretation set forth in this sentence blows up the Darwinian vision and proposes that in the development of life everything can be planned and modified at will: everything consists of accessing the programs that govern this development of life. Darwin’s was a productivist interpretation that was based on adaptability, Thorpe’s adopts action as a method. The announcement made in January 2020 that a biological machine has been built, a biobot, makes this conceptualization good.
Reaganomics was based on principles as simple as they were inaccurate: sharp cuts in taxes would lead to increases in consumption and investment that would crystallize in economic growth, which would more than compensate for the initial decline in tax collection. Possible inflation would be controlled via an increase or decrease in interest rates. Unemployment, for its part, should be kept at the appropriate level so that inflation was as low as possible. These measures were complemented with public spending basically oriented to the military sphere. Things did not happen that way, and the measures imposed resulted in large fiscal and foreign deficits and a significant increase in the State’s debt. In addition, the tax cuts benefited above all those earning more than a million dollars, because the 1986 tax reform eliminated a series of deductions from which, mainly, the middle class benefited.

Markets are apolitical, but hatred of the state as an entity that restricts their freedom of action has become, even if it is not, something very similar to an ideology. The people do not want ideologues, but experts who provide growth and well-being; However, these experts intend to jump over the executives who govern the States in order to carry out their businesses, States that are the ones that, at least until now, have provided the well-being of the people, but when in a whirlwind of aggressiveness caused by unbridled competition these practices endanger the stability of the markets, their leaders do not hesitate to request aid from the States with the argument that a systemic chaos. At its heart, the dot-com bubble was an attempt to accelerate returns that were increasingly difficult to achieve in an atmosphere of demands from the owners of capital – the large shareholders, the large investment funds – exponentially upwards. With few exceptions, such as the latest generation of consumer electronics, the returns generated by real economic activity did not meet these requirements despite the relocation of productive activities and the fact that the demands of work were increasingly less echoed. It was therefore necessary to invent something that would guarantee the maximum participation of the population, so that the financial returns obtained were maximum and safe in a given time. That something was the mortgages granted to people with a low or very low qualification.
The years between 2002 and 2007 were the years of «the world is doing well.» The years in which everything was possible, because anyone was allowed to access the levels of debt that were necessary to fulfill their dream. Obviously, in a context like that, not being well, not feeling well, not behaving animatedly, had no place or was acceptable. Since the eighties, drugs and substances aimed at improving performance, reducing fatigue, eliminating anxiety or promoting rest have proliferated. Possibly the best known is Prozac, from the Eli Lilly and Company laboratories, marketed since 1987. But since the late 1990s, chemical-pharmaceutical components began to become generalized whose objective was, simply, to help you feel good.
The Capitalist System is polluting because for almost two centuries it has been outsourcing costs at zero cost through the method of throwing by-products and waste into nature. The problem is that when one has been fully aware of the implications of such a procedure, it is already impossible to completely reverse the consequences, hence the inevitability of some effects. The environment is the most global thing on planet Earth, and it has always been that way, because it is impossible to put borders on it. When a country pollutes the effects extend beyond that country; What happens is that the least developed are those that use the most polluting means of production and production processes. These countries will need foreign aid if they are to be compensated in any way for the impact that the elimination of such means and processes will have on their economies. To this it should be added that one of the reasons for the relocation of production processes to these countries is the laxity of their environmental laws. The moral of this story is twofold. On the one hand, humanity, in these last two centuries, has done things that can no longer be turned back; on the other, eliminating, reducing, and mitigating the effects on the environment is the task of all, not of a single country or a group of countries. Coordination and collaboration are required, and how well or how badly it is done will have consequences on our way of life.
Second Life is a meta-universe, a virtual space whose utility lies in describing three-dimensional spaces for recreational and professional purposes, but its ultimate purpose is to create a world in which participants, in the form of an avatar, carry out activities and interact with other people characterized in the same way. Second Life was developed by Linden Lab and launched on June 23, 2003, and it was the first place in which there was a virtual currency, the linden, equivalent in value to one US dollar, with which economic transactions can be carried out. As the founder says, Second Life offered the possibility of being whoever you wanted to be and doing what you wanted to do, but for whatever reasons it was impossible to do in the real world. Everything is perfect and glamorous, digital.

2007 and 2008 were the golden years of Second Life, when the model was already touched to death. Companies, politicians, musicians and artists bought a space and a scenery in the metauniverse to have access to users that never abounded: Second Life stages were always practically empty. The importance of this virtual world lies in two aspects. On the one hand, it can be considered the first massive manifestation of what became known as web 2.0: social networks. On the other, it took the capacity for dreaming and metamorphosis that the Internet can offer to its extreme ends. In fact, today the network is closer to reality than it was supposed to be at the time.
The current crisis is a culmination of a superboom of more than sixty years. The system was so successful that people began to believe in what former US President Ronald Reagan called the magic of the market, and what I call market fundamentalism. The superboom got out of hand when the new products became so complicated that the authorities could no longer calculate the risks and began to depend on the management methods of the banks themselves. Likewise, the rating agencies depended on the information provided to them by the generators of the synthetic products. George Soros at the World Economic Forum Annual Meeting 2008 which, under the slogan «The Power of Collaborative Innovation», took place in the Swiss city of Davos between January 23 and 27. Quoted by Walter Oppenheimer, «Crisis, recession or change of scepter?», El País, January 27, 2008.

One of the consequences of the current crisis is that it has revealed the differences between the ways of doing things, the interests and the strategies of the different economic blocs. In 2010, Europe was clear that the path of indiscriminate public spending and deepening deficits led to nothing more than an increase in public debt and higher risk premiums, and it took a step towards cuts and austerity – something else. it is if the spending that was continued and the cuts that were made were raised efficiently. Other countries, such as the United States, opted for the path of negative real interest rates and constant injections of funds into their economy; that is to say, it is not that they were not on the side of austerity, but that they purely and simply opted for the opposite. One of the consequences of the current crisis is that it has revealed the differences between the ways of doing things, the interests and the strategies of the different economic blocs. The austerity strategy deployed in Europe during the First Phase managed to reduce negative budget balances, but it plunged many economies into a state of near paralysis while their risk premiums did not decline due to the state of their economies, which that affected the value and acceptance of the euro. The United States continued to do its thing, Japan was testing initiatives to reactivate its economy —almost flat since the early nineties— while China continued in its continued process of global positioning, especially after entering the less developed economies. And commodity exporters continued to wait for an opportunity. Starting in July 2012, everything changed in Europe: the ECB began to inject huge amounts of fresh money into the economy, sinking interest rates to negative real levels and then buying public and private debt and allowing it to be of a lower quality, which led to six years of thinking that «the world was going well again.» But in reality the essential cleaning of existing institutions was being covered with the carpet of funds that at some point will have to be returned … or not.

The First Phase was macro: cuts and reforms with the objective of reducing the public deficit. The Second Phase was very micro: massive injections of speed, wildfire economic stimuli – including negative real interest rates – so that money could go everywhere (or at least that’s what was said), both to individuals as well as legal entities, so that consumption and investment grow and tax collection increases and thus boost the economy. The problem is that a program of this style cannot be sustained over time because one of its consequences is that monetary policy ends up being exhausted and that the economy gets used to operating in a permanent state of artificial euphoria, it becomes a doped economy, as was repeatedly verified. The Third Phase of the crisis that began in 2007 will be the implementation and imposition of the new way of functioning of the Capitalist System (the way it will operate): the new model. The Third Phase will be the phase of awakening.

In 2050 practically nothing will be as we know it now. This new dimension will be possible thanks to Artificial Intelligence and the changes it is going to bring. It’s possible: let’s remember how things were in 1990. There was no Internet or WhatsApp; mobile phones had to be transported jointly to a briefcase that was fitted into a car and whose coverage was ridiculous; computers were equipped with a black and white screen and their capacity was measured in MB; industrial robotics was in its infancy; video games of then today would make you smile; there was no streaming television or smart TV. True: the Concorde existed and you could smoke everywhere. It is difficult to remember not so much what the world was like in 1990 but how we did things in 1990. With 2050 I think something similar will happen, but with a fundamental difference. It is true that in 1990 fewer man-hours were needed than in 1960, but many hours of work were needed in intellectual professions. This is the reality: today there are already people who will never work because the skills they can contribute will never be necessary. In essence, in economic terms this is neither good nor bad, it is another step in the direction of efficiency. But, in addition, and from other points of view, this fact is something unprecedented, something that was impossible to imagine a couple of decades ago, let alone in the capitalist accumulation phase of the mid-nineteenth century. It is not exploitation of the working class, nor millennium, nor job insecurity. It is the no-nothing because, with each passing day, more work factor is not necessary at any price. Capitalism will continue, but obviously it will be another Capitalism.

Highlighting the turbo effect that the virus is having on realities that were going to end up arriving because they were being brought by the new model that will inaugurate the end of the crisis, a set of trends can be drawn:
• Concentration of capital: large corporations will be much more powerful and will tend towards the construction of oligopolies, a figure towards which, let us remember, Capitalism naturally tends. This means that current levels of GDP will never recover or, at least, will not recover according to their current distribution: those in some areas will decrease and those in others will increase, and in the world as a whole GDP will fall, because What will prevail will not be the idea of more-of-everything but the idea of convenience.
• Decreasing role of the State in favor of areas with potential, constituted in axes, networks and clusters. And this despite the fact that, in the containment phase of the disease, the performance of the States is being essential because it can increase health allocations, help the economy with direct injections of funds in the form of subsidies, grant postponements in paying taxes, guaranteeing credits …
• Reduced mobility of people and increased communication through online media and platforms, which will increase the possibilities of this type of media: conferences, remote work, shopping, communication in general … This will have a considerable impact about airlines, rail and transport companies.
• Increase in the importance of consumption carried out on and through digital platforms and vertical drop in neighborhood stores. (The Catalan business organization Foment del Treball carried out a study at the end of March 2020 in which it points out the possibility that, in the worst scenario, 80% of small businesses could disappear.)
• Progressive importance of productivity as a focus point, so that technology will be increasingly important (robotization, collaborative robotics, additive production) and will further displace the labor factor, which will affect the polarization of income and social inequality.
• Relocation. Much has been said in the months surrounding the international spread of the virus about the danger for countries to depend on productions and processes made abroad as a result of the relocation of labor-intensive activities to places with much higher production costs reduced laws and much more permissive legislation, a phenomenon that has been expanding since the eighties.
• Very important drop in GDP —between 20% and 40% depending on the area? – which will not fully recover after the eradication of the virus because the trend was already pointing towards a reduction in supply; Among other reasons, due to the impossibility of the demand to absorb it.
• Increasing telematic control of the population, increase in its geolocation, justified by health needs and sold to public opinion for the security that such control confers on people. It will be a control that, I think, is here to stay, because it offers multiple possibilities to organize logistical processes and, if necessary, identify and neutralize disagreements.
• Increasing use of remote diagnosis, telemedicine and telecare, for cost reasons and because of the possibility of serving huge groups that there would be no way to assist by conventional analogical methods.
• The isolation and loneliness in which many elderly patients have died due to the complications of the virus will accelerate social acceptance and the generalized implementation of euthanasia, due to the criterion of improvement in the use of scarce resources, but also due to its emotional aspects .
• Not making payments with fiduciary money has been one of the recommendations given for the prevention of contagion; these health reasons will undoubtedly accelerate the trend towards their elimination and replacement by electronic means of payment.
• Access to communication technologies during isolation and also the possibility that work can be carried out remotely have made even more evident something already known: the existence of two social classes, of two groups of people increasingly remote, a distance that will grow as the use of technology becomes widespread. In the United States, the fact that only 20% of the African-American population can carry out their work remotely has influenced the fact that, as a percentage of the total number of Americans, the African-American population concentrates the highest number of infections.

It is quite surprising, even so, how easily the concept of «New Normal» has been accepted, assumed. The pandemic has disrupted everything, but recovery will not lead to what we had, it will not return us to where we were, but to a new place, with a new normality; and the different citizenships, the population of the different countries, have accepted it as something natural, as something necessary to face this new reality. SARSCoV-2 has accelerated the arrival of a New Normal that was already drawing on the horizon. What I am not clear about is that «everyone is going to be better»; nor is it that this new normalized situation «is going to benefit the majority.» Not even when, after a few years, this new being has been assimilated. I just stay in a «must see» … which can only be done by those who go to see it.
Capitalism no longer has a place. A world in which private property does not make sense, nor does competition between productive units. What is necessary becomes what is important, so there is no waste of resources or human exploitation. There is no uncertainty. The individual becomes necessary to the extent that he makes a certain contribution to the whole, so that individual freedom becomes something that is diluted in the collective. The only uncertainty would lie in whether, thanks to the measures previously taken with this objective, it has really been possible to ensure the environmental sustainability of the planet. Only in this way could a chain of climatic catastrophes that endanger large areas of existence be avoided. Assuming that the historical dynamics of the last two thousand years continue to be fulfilled, the Capitalist System will give way to a new system sometime between 2060 and 2070, although the exact moment does not matter. The truth is that Capitalism will disappear because it will be exhausted, just as the systems that preceded it disappeared at the time. In other words, because it will have fulfilled its function.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/07/20/diario-del-crash-santiago-nino-becerra/

https://weedjee.wordpress.com/2015/07/21/el-crash-del-2010-toda-la-verdad-sobre-la-crisis-santiago-nino-becerra/

https://weedjee.wordpress.com/2015/07/21/mas-alla-del-crash-santiago-nino-becerra/

https://weedjee.wordpress.com/2019/08/30/el-crash-tercera-fase-santiago-nino-becerra-the-crash-third-phase-by-santiago-nino-becerra-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2020/11/15/capitalismo-1679-2065-una-aproximacion-al-sistema-economico-que-ha-producido-mas-prosperidad-y-desigualdad-en-el-mundo-santiago-nino-becerra-capitalism-1679-2065-an-approach-to-the-e/

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