Geopolítica Del Yihadismo Global — Alfredo Jalife-Rahme / Geopolitics Of Global Jihadism by Alfredo Jalife-Rahme (spanish book edition)

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Interesante breve libro frente al tablero de ajedrez de Oriente Medio y aunque escrito hace unos años no pierde el interés de su lectura.
Las Revoluciones Árabes en Curso, cerca de un año después de su estallido imprevisto en Túnez, han tenido, al corte de caja de hoy, resultados dramáticos cuan inesperados y, más que nada, trágicos, que las colocan en una profunda incertidumbre sobre su destino en el mediano y largo plazos.
En su inmediatez, a menos de un año del estallido de la revolución árabe, las tendencias son hoy muy claras, aunque no sean necesariamente definitivas, en medio de sus vertiginosas evoluciones e involuciones.
Se han escenificado tres defenestraciones, curiosamente en el norte de África (Túnez, Egipto y Libia): las tres dictaduras republicanas, aunque en Libia el sistema imperante que sucedió a la monarquía había sido una oclocracia –el gobierno de las masas, la famosa jamahiriya del asesinado Muammar Kadafi a sus 69 años de edad.
Cosas de la vida: la OTAN asesinó a su recién adquirido socio petrolero y financiero Kadafi, pero ha preservado las vidas de sus dos anteriores aliados: el tunecino Ben Alí y el egipcio Mubarak.
Sea lo que fuere, tres repúblicas dictatoriales de la subregión norafricana del mundo árabe han sufrido dramáticos (trágico en el caso de Libia) cambios de régimen, mientras que, guste o disguste, las seis petromonarquías del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (CCEAG-6) –los más ricos de todos y quienes han hecho sentir su poder financiero para redireccionar algunas revueltas en varios sitios desde Bahrein pasando por Yemen hasta Siria (que incluye a su esfera de influencia en Líbano)– se han consolidado hasta cierto punto, con la notable excepción de Bahrein, donde aún no amaina la revuelta de la mayoría chiíta.

Las tensiones entre la sunita Arabia Saudita y la chiíta Irán se encuentran al borde de una guerra fría en el Golfo Pérsico, la cual ha sido salpicada con extraños eventos que han involucrado a UE y a México (el asunto de Los Zetas).
La parte más grotesca de la propaganda occidentaloide consiste en pretender que los islámicos del mundo árabe van a cesar de ser religiosamente islámicos por decreto.
La narrativa occidentaloide es proclive a vender la idea maniquea y lineal de una división religiosa entre los moderados Hermanos Musulmanes y los radicales salafistas (quienes sostienen la teología jihadista de Al-Qaeda).
Con la guerra en Irak termina la era del petróleo y comienza la del hidrógeno y el gas De acuerdo con nuestra hipótesis operativa de «guerra multidimensional», que desde los atentados terroristas del 11 de septiembre libra Estados Unidos para impedir su inexorable declive y que se ha acelerado con la mediocridad de Baby Bush en el poder, la guerra en Irak marca también tres eventos energéticos mayúsculos: el fin de la era del petróleo, el auge del gas y el inicio de la era del hidrógeno.
La ocupación y la gestión de los riquísimos yacimientos petroleros de Irak por Estados Unidos marcarían significativamente el comienzo del fin de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), oligopolio de 11 países constituido por nueve miembros islámicos, lo cual redundaría con mayor impacto en Arabia Saudita en caso de un desenlace fatídico. Desde ahora los principales vencedores son Israel, la teocracia chiíta de los ayatolas de Irán (que salieron airosos en la reciente guerra de Afganistán), los kurdos y Turquía (en ese orden). Cabe señalar que Arabia Saudita e Irak poseen las principales reservas de petróleo a escala mundial, así como Rusia e Irán se sitúan en los primeros lugares en reservas de gas. Lo que hemos denominado el shifting («desplazamiento») de la era del petróleo, al auge del gas, acarrearía consecuencias geopolíticas ineluctables en toda Eurasia y en la periferia de los países pletóricos en petróleo y gas como México.
Como en Rusia, desde la llegada al poder del zar Putin, no se comen los cuentos estadunidenses, no es nada sorpresivo que «sus fuerzas nucleares se preparen para sus más extensas maniobras en dos décadas, un ejercicio que involucra la prueba de lanzamiento de misiles y el vuelo de docenas de bombarderos en una simulación para una guerra nuclear total”.

El extático aroma del jazmín revolucionario ha despertado los rescoldos acumulados en el mundo árabe en los recientes 60 años y cada región, subregión, país, provincia y hasta aldea aprovecha la oportunidad para acudir a su inesperada cita con la historia y así manifestar su lista de legítimos agravios idiosincráticos frente a los cuales las satrapías se encuentran impotentes en reaccionar ilustre e ilustradamente.
El extático aroma de la revolución del jazmín del paradigma tunecino alcanzó dramáticamente el sur de siria, en la frontera con Jordania e Israel, lo cual comienza a sacudir su andamiaje transfronterizo y la geopolítica regional, específicamente en la ciudad agrícola de Daraa, que padece una severa penuria del agua debido al cambio climático de los recientes cinco años, donde las precipitaciones pluviales han disminuido 60 por ciento.
El aroma revolucionario del jazmín irrumpe en la hipercomplejidad del creciente fértil, que ya habíamos formulado en nuestra taxonomía de las cinco subregiones árabes.

El escenario ideal para Turquía es un acomodamiento que despresurice las protestas mientras abre el sistema político sirio al ascenso de los sunnitas, que adoptarían el modelo turco de Erdogán, el sultán de Estambul.
Turquía mantendría transitoriamente un pie con la oposición y otro con Bashar para manejar una evolución política de largo plazo en la que los sunnitas retomarían gradualmente el poder para evitar un cambio violento del poder.

Lamentablemente el mundo árabe se encuentra fracturado en su núcleo ideológico/nacionalista (Siria), poblacional/militar (Egipto) y petrolero (Arabia Saudita).
Se despliega una ominosa guerra civil religiosa entre sunitas y chiítas que no se atreve a pronunciar su nombre en seis puntos ultrasensibles: Yemen (defenestración del dictador Alí Abdalá, sustituido por el vicepresidente, de acuerdo con el plan qatarí-saudita con bendición de Estados Unidos/OTAN), Líbano (al borde de la protobalcanización), Siria (la nueva fractura tectónica geopolítica regional y global), Irak (balcanizada de facto en
tres provincias etnoreligiosas), Bahrein (intervención militar de las seis petromonarquías sunitas encabezadas por Arabia Saudita para someter la revuelta de la mayoría poblacional chiíta aliada a Irán), y Arabia Saudita, país de mayoría apabullante sunita, que Alá ha deseado que su región oriental, donde se encuentran sus mayores reservas de petróleo, esté en manos de su minoría chiíta.
No existe región alguna del mundo árabe que escape a la perniciosa confrontación entre sunitas y chiítas –lo cual, en última instancia, favorece la agenda balcanizadora de Estados Unidos/Gran Bretaña/OTAN/Israel–, los rebeldes sirios han recibido armas israelíes para derrocar al régimen de Bashar Assad.
Atroz espectáculo para quienes anhelamos el diálogo de civilizaciones, a escala global, y la unidad árabe (hoy atomizada) en coexistencia pacífica con el ascenso (mejor dicho, retorno milenario) de dos nuevas potencias regionales no árabes: Turquía (sunita) e Irán (chiíta).
Los conflictos específicamente locales se han desparramado al ámbito regional, mientras en unos sitios exquisitos, como Siria, las turbulencias han atraído a las tres grandes superpotencias geoestratégicas (Estados Unidos, Rusia y China) y donde Moscú, en la nueva etapa más vigorosa de Putin, ha definido sus líneas rojas (apuntalada por China).
Conclusión: En medio de la grave crisis financiera a los dos lados del Atlántico norte, UE-GB-OTAN-Israel profundizan su guerra de baja intensidad contra Rusia y China en los teatros de Siria e Irán.

British Petroleum (BP) estima que Irak e Irán juntos tienen casi 20 por ciento (sic) de las reservas probadas (¡supersic!) de petróleo del mundo, y Medio Oriente tiene más de 48 por ciento.
A juicio de Alex Lantier, Estados Unidos es capaz de organizar gratamente (sic) las muertes de centenas de miles en Siria como hizo en Irak con el fin de conseguir el objetivo de controlar las vastas reservas de petróleo en el Medio Oriente. ¿Será?
Moraleja: hay que tomar muy en serio los análisis geopolíticos de BP, la petrolera depredadora ambiental (válgase la tautología), presunta propiedad de los legendarios banqueros Rothschild, sobre las reservas probadas (sic) conjuntas de Irak e Irán.
Los oleo-gasoductos del gran Medio Oriente, que ahora incluye hasta el Cáucaso (el bajo vientreislámico de Rusia contiguo al Mar Caspio), son teológicamente sectarios como reflejo de la guerra civil que se desató en Siria y que ha incendiado todas sus fronteras.
El control del poder geoestratégico del petróleo y el dominio financiero del dólar son bidireccionales para Estados Unidos: desde el Medio Oriente hasta México.

Rusia exhibió mayor musculatura que el propio Irán, cuyo presidente, el moderado Hassan Rouhani –recientemente elegido democráticamente–, y su carismático canciller, Mohammad Javad Zarif, manifestaron enorme mesura durante toda la crisis que quizá sea registrada como cercana a la de los misiles de 1962.
Irán, con el enorme peso de ser de los pocos países de la región con un régimen democrático muy sui generis dentro de su estructura teocrática, está dispuesto a negociar su contencioso nuclear con el P5+1 (los cinco permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania), lo cual hubiera sido enterrado con el bombardeo unilateral de Obama al avispero sirio y hubiera desencadenado un efecto dominó hasta Indonesia, el mayor país islámico del mundo (250 millones de feligreses), que se pronunció asombrosamente durante el G-20 contra la aventura militar de Obama.
Conclusión: la propuesta rusa, que rescata simultáneamente a Bashar y a Obama, cuenta con el apoyo singular de los BRICS –en especial de China– y puede imprimir un efecto inverso al bombardeo unilateral de Obama, ya que pone en la mesa del debate integral la desnuclearización de todo el Gran Medio Oriente sin excepciones celestiales mediante un quid pro quo creativo: destrucción, firma y ratificación de la Convención de Prohibición de Armas Químicas por Bashar, que debe ser imitada por Israel, al unísono de un acuerdo entre Irán y el P5+1 sobre su contencioso nuclear que culmine en la inspección y vigilancia del reactor nuclear de Dimona concomitante a la desnuclearización de Israel. El alfa del alfabeto bélico fue la dotación de un máximo de 400 bombas atómicas de Israel, según el excelso Boletín de los Científicos Atómicos, lo cual orilló al omega de la carrera de todas las armas de destrucción masiva en Medio Oriente, como la dotación de armas químicas –las armas nucleares de los pobres– por Siria, así como el incrementalismo del enriquecimiento de uranio por Irán (hoy en un máximo de 20 por ciento, que sólo sirve para propósitos médicos).

No todo es color de rosa para la intervención rusa, ya que tiene en su contra dos consideraciones demográficas cruciales:
1. El trascendental factor sunnita, cuando la mayoría de la población de Siria lo es (80 por ciento), no se diga 85 por ciento del sunnismo en el mundo árabe (22 países y 365 millones) y en el mundo islámico (57 países y mil 700 millones de feligreses), y
2. la repetición del empantamiento soviético en Afganistán, sumado de una chechenización juvenil de yihadistas.

La jugada maestra de jaque previo al mate ya fue dada en las finales geoestratégicas entre las tres superpotencias, cuando EU orilló a la asociación estratégica entre Rusia y China, lo cual significa el retorno a las esferas de influencia y a sus respectivos regionalismos, cuando la desregulada globalización financierista sucumbe a sus propios demonios y la otrora superpotencia unipolar, EU, no gana más guerras –destruye sin reconstruir, que no es lo mismo, con el objetivo nihilista de elevar su PIB mediante las guerras del complejo-militar-industrial y su colosal venta masiva de armas–, de la propia confesión de sus dos máximos geoestrategas vivientes: Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski.
Los demás movimientos en el tablero de ajedrez global de los tres supremos actores tripolares –UE/Rusia/China– en varias partes del mundo, como Siria y Ucrania, son reflejo del jaque previo al mate global que sólo ocurriría mediante una tercera guerra mundial nuclear que ha sido pospuesta hasta el arribo del nuevo mandatario estadunidense en 15 meses, quien deberá tomar la suprema decisión de repartir el nuevo orden tripolar o acabar con la vida en la biosfera.

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Interesting short book in front of the chessboard of the Middle East and although written a few years ago it does not lose the interest of its reading.
The Arab Revolutions in Progress, close to a year after their unforeseen outbreak in Tunisia, have had, at the cash cut of today, dramatic results, how unexpected and, above all, tragic, that place them in deep uncertainty about their destiny. in the medium and long terms.
In its immediacy, less than a year after the outbreak of the Arab revolution, the trends are very clear today, although they are not necessarily definitive, in the midst of its dizzying evolutions and involutions.
Three defenestrations have been staged, curiously in North Africa (Tunisia, Egypt and Libya): the three republican dictatorships, although in Libya the prevailing system that succeeded the monarchy had been an oclocracy – the government of the masses, the famous Jamahiriya of the murdered Muammar Kadafi at 69 years of age.
Things in life: NATO assassinated its recently acquired oil and financial partner Kadafi, but has preserved the lives of its two previous allies: Tunisian Ben Ali and Egyptian Mubarak.
Be that as it may, three dictatorial republics in the North African subregion of the Arab world have undergone dramatic (tragic in the case of Libya) regime changes, while, like it or dislike it, the six petromonarchies of the Cooperation Council for the Arab States of the Gulf (CCEAG-6) – the richest of all and those who have made their financial power felt to redirect some revolts in various places from Bahrain through Yemen to Syria (which includes its sphere of influence in Lebanon) – have consolidated to a certain extent point, with the notable exception of Bahrain, where the revolt of the Shiite majority has not yet subsided.

Tensions between Sunni Saudi Arabia and Shiite Iran are on the brink of a cold war in the Persian Gulf, which has been peppered with bizarre events that have involved the EU and Mexico (the Los Zetas affair).
The most grotesque part of western propaganda is pretending that Islamists in the Arab world will cease to be religiously Islamic by decree.
The western narrative is prone to selling the Manichean and linear idea of a religious divide between the moderate Muslim Brotherhood and the Salafist radicals (who uphold the jihadist theology of Al-Qaeda).
With the war in Iraq, the oil era ends and the hydrogen and gas era begins. According to our operational hypothesis of «multidimensional warfare», that since the terrorist attacks of September 11 has been waging the United States to prevent its inexorable decline and that has accelerated with Baby Bush’s mediocrity in power, the war in Iraq also marks three major energy events: the end of the oil age, the gas boom and the start of the hydrogen age.
The occupation and management of the rich oil fields of Iraq by the United States would significantly mark the beginning of the end of the Organization of Petroleum Exporting Countries (OPEC), an oligopoly of 11 countries made up of nine Islamic members, which would have a greater impact on Saudi Arabia in the event of a fatal outcome. From now on, the main victors are Israel, the Shiite theocracy of Iran’s ayatolas (who were successful in the recent war in Afghanistan), the Kurds and Turkey (in that order). It should be noted that Saudi Arabia and Iraq have the main oil reserves on a world scale, as well as Russia and Iran are in the first places in gas reserves. What we have called the shifting of the oil age, to the gas boom, would have unavoidable geopolitical consequences throughout Eurasia and on the periphery of oil and gas-rich countries like Mexico.
As in Russia, since Tsar Putin’s coming to power, American stories are not eaten, it is not surprising that «their nuclear forces prepare for their most extensive maneuvers in two decades, an exercise that involves the test of missile launch and the flight of dozens of bombers in a simulation for total nuclear war».

The ecstatic aroma of revolutionary jasmine has awakened the embers accumulated in the Arab world in the recent 60 years and each region, subregion, country, province and even village takes the opportunity to attend its unexpected appointment with history and thus manifest its list of legitimate idiosyncratic grievances against which satrapies are powerless to react illustriously and enlightened.
The ecstatic scent of the Tunisian paradigm’s jasmine revolution dramatically reached southern Syria, on the border with Jordan and Israel, beginning to shake its cross-border scaffolding and regional geopolitics, specifically in the agricultural city of Daraa, which suffers from a severe water shortage due to climate change in the last five years, where rainfall has decreased 60 percent.
The revolutionary aroma of jasmine bursts into the hypercomplexity of the fertile crescent, which we had already formulated in our taxonomy of the five Arab subregions.

The ideal setting for Turkey is an accommodation that depressurizes protests while opening up the Syrian political system to the rise of Sunnis, who would adopt the Turkish model of Erdogan, the sultan of Istanbul.
Turkey would temporarily keep one foot with the opposition and the other with Bashar to manage a long-term political evolution in which the Sunnis would gradually retake power to prevent a violent change of power.

Unfortunately the Arab world is fractured in its ideological / nationalist (Syria), population / military (Egypt) and oil (Saudi Arabia) nucleus.
An ominous religious civil war unfolds between Sunnis and Shiites that does not dare to pronounce his name in six ultrasensitive points: Yemen (defenestration of the dictator Ali Abdallah, replaced by the vice president, in accordance with the Qatari-Saudi plan with the blessing of the United States / NATO), Lebanon (on the brink of protobalcanization), Syria (the new global and regional geopolitical tectonic fracture), Iraq (de facto balkanized in
three ethno-religious provinces), Bahrain (military intervention by the six Sunni petromonarchies led by Saudi Arabia to subdue the revolt of the majority Shiite population allied to Iran), and Saudi Arabia, a country of overwhelming Sunni majority, which Allah has wished its eastern region , where its largest oil reserves are located, is in the hands of its Shiite minority.
There is no region of the Arab world that escapes the pernicious confrontation between Sunnis and Shiites – which, ultimately, favors the balkanizing agenda of the United States / Great Britain / NATO / Israel – the Syrian rebels have received Israeli weapons to overthrow to the Bashar Assad regime.
Atrocious spectacle for those of us who long for the dialogue of civilizations, on a global scale, and the Arab unity (today atomized) in peaceful coexistence with the rise (or rather, millennial return) of two new non-Arab regional powers: Turkey (Sunni) and Iran ( Shia).
Specifically local conflicts have spread to the regional level, while in exquisite places, such as Syria, the turmoil has attracted the three great geostrategic superpowers (United States, Russia and China) and where Moscow, in Putin’s most vigorous new stage , has defined its red lines (underpinned by China).
Conclusion: Amid the severe financial crisis on both sides of the North Atlantic, EU-GB-NATO-Israel deepen its low-intensity war against Russia and China in the theaters of Syria and Iran.

British Petroleum (BP) estimates that Iraq and Iran together have almost 20 percent (sic) of the world’s proven (supersic!) Oil reserves, and the Middle East has more than 48 percent.
In Alex Lantier’s view, the United States is able to pleasantly organize (sic) the deaths of hundreds of thousands in Syria as it did in Iraq in order to achieve the goal of controlling vast oil reserves in the Middle East. Will be?
Moral: take the geopolitical analyzes of BP, the predatory environmental oil company (take the tautology), alleged property of the legendary Rothschild bankers, on the joint proven reserves (sic) of Iraq and Iran.
The oil pipelines of the greater Middle East, which now includes as far as the Caucasus (Russia’s lower belly of Islam adjoining the Caspian Sea), are theologically sectarian as a reflection of the civil war that broke out in Syria and which has set fire to all its borders.
Control of the geostrategic power of oil and the financial dominance of the dollar are bidirectional for the United States: from the Middle East to Mexico.

Russia exhibited more muscle than Iran itself, whose president, the recently democratically elected Hassan Rouhani, and his charismatic chancellor, Mohammad Javad Zarif, showed enormous restraint throughout the crisis that may be registered as close to that of the US missiles. 1962.
Iran, with the enormous weight of being one of the few countries in the region with a very sui generis democratic regime within its theocratic structure, is ready to negotiate its nuclear dispute with P5 + 1 (the five permanent members of the Security Council of the UN plus Germany), which would have been buried with Obama’s unilateral bombardment of the Syrian hornet’s nest and would have triggered a ripple effect to Indonesia, the world’s largest Islamic country (250 million parishioners), which made a staggering statement during the G-20 against Obama’s military adventure.
Conclusion: The Russian proposal, which simultaneously rescues Bashar and Obama, has the singular support of the BRICS – especially China – and may have the opposite effect of Obama’s unilateral bombardment, since it puts on the table of the comprehensive debate the Denuclearization of the entire Greater Middle East without celestial exceptions through a creative quid pro quo: destruction, signing and ratification of the Chemical Weapons Ban Convention by Bashar, to be imitated by Israel, in unison with an agreement between Iran and P5 +1 on its nuclear dispute that culminates in the inspection and surveillance of the Dimona nuclear reactor concomitant with the denuclearization of Israel. The alpha of the warlike alphabet was the endowment of a maximum of 400 Israeli atomic bombs, according to the exalted Bulletin of the Atomic Scientists, which led the omega of the race of all weapons of mass destruction in the Middle East, such as the endowment of chemical weapons – the nuclear weapons of the poor – by Syria, as well as the incrementalism of uranium enrichment by Iran (today at a maximum of 20 percent, which only serves medical purposes).

Not everything is rosy for Russian intervention, since it has two crucial demographic considerations against it:
1. The momentous Sunni factor, when the majority of Syria’s population is (80 percent), let alone 85 percent of Sunnism in the Arab world (22 countries and 365 million) and in the Islamic world (57 countries and 1.7 billion parishioners), and
2. the repetition of the Soviet empathy in Afghanistan, added to a youthful chechenization of jihadists.

The pre-mate checkmaking move was already made in the geostrategic finals between the three superpowers, when the US led the strategic partnership between Russia and China, which means the return to the spheres of influence and their respective regionalisms, when the deregulated Financial globalization succumbs to its own demons and the once unipolar superpower, the US, does not win any more wars – it destroys without rebuilding, which is not the same, with the nihilistic objective of raising its GDP through the wars of the military-industrial-complex and its colossal massive sale of arms–, from the own confession of its two maximum living geostrategists: Henry Kissinger and Zbigniew Brzezinski.
The other movements on the global chessboard of the three supreme tripolar actors – EU / Russia / China – in various parts of the world, such as Syria and Ukraine, are a reflection of the pre-global checkmate that would only occur through a third nuclear world war It has been postponed until the arrival of the new US president in 15 months, who must make the supreme decision to distribute the new tripolar order or end life in the biosphere.

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