Hijos Del Carbón — Noemí Sabugal / Coal Sons by Noemí Sabugal (spanish book edition)

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Un gran trabajo de documentación. El libro se salva por la cercanía a la minería desde el que está escrito, sin duda nos describe una realidad que no pasa desapercibida y con familiares lejanos mineros me ha hecho recordar. Me ha recordado a Sergio del Molino al cual la autora menciona.

La población de mi municipio es menos de la mitad que cuando nací y sólo ha pasado media vida. Yo también me he ido. El ecosistema de zorros, gatos, conejos y ratones, ranas, mosquitos, pardales, capones, moscos, pájaros y demás familia es cada vez más pequeño. Y no es fácil atraer a nuevos vecinos. Desde el Ayuntamiento de La Pola de Gordón, Beni Rodríguez, gerente de la Fundación Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga, prefiere darme una nota positiva: en los últimos años la despoblación ha sido menos acelerada. «Se debe principalmente a muertes por envejecimiento, no por emigración de familias…
En Santa Lucía de Gordón, los dos colegios abiertos bajo el auspicio de la empresa minera, la Hullera Vasco-Leonesa, y que se mantenían como centros concertados, ya habían cerrado en 2013. El de primaria, el Santa Lucía, llevaba cincuenta y cinco años abierto; el de secundaria, el Santa Bárbara, cuarenta. Ahora acumulan telarañas bajo los pupitres abandonados.
Queramos o no, ahora somos hijos del petróleo. La gasolina y el gasóleo alimentan nuestros coches; el asfalto cubre las carreteras; el gasóleo y el butano calientan las casas y el agua de la ducha; los plásticos nos rodean hasta el punto de que nos los comemos. Antes, también queramos o no, fuimos hijos del carbón. El carbón movía los trenes y los barcos, calentaba las casas, cocinaba los alimentos. El carbón era el pan de todas las industrias.

Las últimas líneas de la crónica de la muerte anunciada de la minería del carbón se están escribiendo ahora. Sus estertores se oyen en los pozos cerrados, en los cielos abiertos que faltan por restaurar. El minero es una especie en extinción en España, como los linces. Una anécdota reveladora: en octubre de 2019, Correos emitió un sello dedicado al minero, dentro de una serie llamada «oficios antiguos».
El desempleo en los municipios mineros se ha multiplicado. En la mayoría supera el 20 %. En algunos ha llegado a estar por encima de un 40 %. Como la despoblación continúa, los habitantes que se van dejan de aparecer en las cifras y los porcentajes se vuelven engañosos. El elevado desempleo no se debe sólo al cierre de las minas, porque la plantilla de muchas ya era escuálida, y a la dependencia de las empresas auxiliares, sino también a la falta de una estrategia eficaz para ofrecer alternativas.
La anoxia laboral de las cuencas ha convertido a los jubilados y prejubilados mineros, unos setenta mil en todo el país y subiendo, en una de las bases de su economía. Sus pensiones evitan la asfixia de pequeños negocios de todo tipo, de la panadería y el supermercado de la esquina al bar donde se echa la partida de cartas.
El cierre de las minas no parece tener vuelta atrás, pero todavía hay mucho que decir sobre las cuencas mineras y su futuro.

En todas las zonas mineras se construyeron estos tipos de vivienda. En las cuencas del noroeste, en las aragonesas y catalanas, en los pueblos de Sierra Morena. A veces son idénticas hasta el punto de que, frente a ellas, he tenido que recordarme dónde estaba.
Las viviendas de las cuencas mineras reflejan su estratificación social. Las casas para los obreros se agrupan en barriadas y están cerca de los pozos, incluso a las afueras de los pueblos. Los bloques unifamiliares suelen reservarse para las categorías medias: vigilantes, capataces, jefes de grupo, también personal de oficina. Para la cumbre socioempresarial, ingenieros y mandos, se construyen chalés. Ahora muchos están vacíos y en venta.
En las primeras décadas del siglo veinte, para los que menos tenían y ante la falta de techos, la construcción de chabolas fue una solución obligada.
La minería es uno de los trabajos más masculinizados que existen, pero desde el principio hubo mujeres mineras. Pocas. Para las empresas eran más valiosas como garantes de la reposición de mano de obra. «La erradicación de la mujer de la producción, a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, no parece haber obedecido en modo alguno a exigencias “técnicas” del proceso de trabajo; obedecía, más bien, a exigencias de la reproducción, a exigencias de la reconstitución de la familia obrera».
Con la excepción de estas mineras e ingenieras, de unas pocas conductoras de retroexcavadoras y camiones en los últimos cielos abiertos y de las que trabajaban en puestos de oficina y otros, en la minería las mujeres han sido sobre todo puntales de apoyo. En 2012 se creó la asociación Mujeres del Carbón y las mujeres se pusieron en la primera línea para protestar por el cierre de las minas.
A muchas mujeres de las cuencas las ha unido además una circunstancia trágica: ser viuda de minero. Maridos que morían por accidentes o por enfermedades derivadas de la mina. Una situación que, por ser tan frecuente, las ha convertido en un grupo social distintivo dentro del microcosmos minero.

La roca es dura. La perforación tiene que hacerse a mano: pico, martillo neumático. El espacio es tan reducido que sólo dos mineros pueden trabajar a la vez. A la espalda llevan un equipo de respiración autónoma que pesa catorce kilos. Se postea al avanzar para evitar derrumbes y se pelea cada centímetro.
En la mina se dice que nunca nadie se queda dentro y es verdad.

Minería y agricultura llevan décadas cambiando este paisaje. Marcando las formas de vivir y de ser, las costumbres y los horarios, la construcción de los pueblos. El escritor Armando Palacio Valdés las confrontó en su novela La aldea perdida, publicada en 1903.
El valle de Laviana se transformaba. Bocas de mina que fluían la codiciada hulla, manchando de negro los prados vecinos; alambres, terraplenes, vagonetas, lavaderos; el río corriendo agua sucia; los castañares talados; fraguas que vomitaban mucho humo espeso esperando que pronto las sustituirían grandes fábricas que vomitarían humo más espeso todavía.
Asturias, entre el grandonismo y el fatalismo. Entre el amor hacia un territorio hermoso y con una historia tan difícil como épica, y el pesimismo de creer que las cosas no van a mejorar, que los jóvenes seguirán marchándose y que la región seguirá envejeciendo, ahogada en el estancamiento y la queja en el chigre, en el lamento y en la demanda de una salvación que se espera de fuera.
Entre el grandonismo y el fatalismo…

«El problema no es que se acabe el carbón. El problema es que no haya otra cosa.» «Yo tengo un poco de dilema con esto del carbón, porque yo soy de la cuenca minera. Y lo soy, mi carácter es de la cuenca minera. Pero cuando sales de casa, empiezas a oír otras opiniones, a oír a ecologistas y llega un momento en que no sabes qué creer.» «¿Tú quieres que tu hijo vaya a trabajar en la mina?» «Yo no.» «Ninguno de nosotros queremos que nuestros hijos trabajen en la mina y sin embargo tenemos una relación con la mina de amor-odio que es difícil de explicar, es muy difícil.
La última mina del Bierzo cerró en noviembre de 2018 en Santa Cruz de Montes, aquí al lado. En el pozo Salgueiro, de Uminsa, trabajaban treinta mineros. Lorca decía que le interesaba más la gente que habita el paisaje que el paisaje mismo, que podía estar contemplando una sierra durante un cuarto de hora, pero enseguida corría a hablar con el pastor o el leñador. Coincido con él, y eso que este paisaje dice mucho: bosque-escombrera-bosque. Una belleza que se contradice.
Villablino sigue siendo la población principal, pero en sus calles han cerrado tantos comercios que ya nadie lleva la cuenta. A mí todavía me parece un pueblo dinámico, pero en todas las bocas surge, antes o después, la misma frase: «Con lo que fue esto».
—No hay mucho que decir. Se ve. Pasa en todas las cuencas. Estamos en el periodo de aceptación de esa derrota, entre comillas, que es para algunos. Ahora nos enfrentamos a otra situación. Es un proceso largo, si es que algún día llega a cristalizar. Cuando empezaron las minas, en las primeras décadas del siglo pasado, al principio tampoco fue aceptado por la gente de aquí, pero era un proceso de cambio…

Mantener el servicio ferroviario es una reclamación en los pueblos de estas cuencas, pero el descenso de población ha llevado a la pérdida de frecuencias. Para darle valor a esta histórica línea de Feve se han creado dos trenes-hotel: el Expreso de La Robla, de León a Bilbao, y el Transcantábrico, de León a Santiago de Compostela. Son trenes con los vagones panelados de madera y espejos.
Las Cuevas y San Isidro y María, después Mina Fely, fueron las últimas minas de interior en Palencia. En los años finales su situación fue muy inestable. En 2010, cuarenta y cinco mineros de Las Cuevas iniciaron un encierro por el impago de sus salarios. Como otras veces, Uminsa los usa como ariete contra las murallas políticas. La estrategia es vieja, pero no está gastada del todo. Victorino Alonso, entonces presidente de Carbunión, reclamaba dinero de Hunosa por la compra de mineral. Dos años después, la explotación se paraliza y los mineros son trasladados al pozo Pilotuerto en Tineo, Asturias. En la primavera de 2017, Uminsa inicia su proceso de liquidación. El Imperio Galáctico llega a su fin.

Durante casi dos siglos, el carbón de Mequinenza atrajo a miles de trabajadores que no llegaron más que a subsistir. Otras gentes vinieron a tratar de hacerse ricas, como el empresario italiano Enrico Misley, que vio en el lignito mequinenzano el combustible perfecto para crear una compañía de barcos de vapor. A mediados del siglo diecinueve, Misley quiso convertir el Ebro en el Misisipi y traer y llevar pasajeros desde Zaragoza hasta Barcelona, pero su Empresa de Vapores por el Ebro fracasó antes de empezar y su idea de llegar navegando hasta el Mediterráneo se quedó en una quimera.
Con la pesca y los deportes náuticos, Mequinenza vuelve a ver su futuro en el agua, pero sigue sonando a pueblo minero. Los visitantes menos avisados pueden llevarse un buen susto al escuchar, a la una del mediodía, un fuerte pitido. No es el aviso de una rotura en la presa, sino la sirena de la mina que cada día zumba en las calles alfabéticas de la nueva Mequinenza. Para los mineros, anunciaba el fin de la jornada de la mañana. Ahora, la hora del vermú.

No hay un plan de reindustrialización claro para la comarca de Andorra, sólo propuestas. Las instituciones europeas quieren que el 32 % de la energía provenga de renovables en el 2022. El porcentaje en Aragón todavía no llega al 20 %, por lo que el Gobierno autonómico prevé la creación de parques eólicos en las cuencas mineras, pero a nadie se le escapa que los parques, una vez montados, suponen muy pocos empleos. Se ha anunciado la creación de una gran planta solar; por el mismo motivo, la propuesta tampoco convence del todo.
—Van a llenar Teruel de molinos y de placas solares, pero ni una pala ni una placa se fabricarán aquí. Casi todo el material viene de China.
Los problemas de Teruel se ven bien sobre el mapa. A Teruel no llega ninguna de las autopistas radiales que salen de Madrid. Como si estuviera en un país distinto. Es un vacío. Un lugar de paso, como mucho. Teruel Existe, que consiguió a finales de 2019 su primer diputado nacional, pide el desarrollo de una conexión con Madrid que tenga salida hacia el Mediterráneo, por Tarragona. Se conseguiría con la prolongación de la A-40 de Cuenca a Teruel, siguiendo la N-420. Desde la capital turolense, es la llamada Autovía de las Cuencas Mineras. Crearla serviría para traer empresas a sus anoréxicos polígonos industriales.

La mina más importante de Vallcebre, la del transversal María Teresa, cerró a mediados de los ochenta. La actividad minera produjo un gran incremento de la población, que llegó a superar el millar de habitantes. Es mucho para un lugar tan pequeño. Había mineros de muchos sitios, sobre todo andaluces y marroquíes. Todos llegaron animados por la agencia de viajes más persuasiva del mundo: la pobreza.
Vallcebre está formado por masías de piedra que se desparraman entre decenas de carreteras estrechas. No alcanza los trescientos habitantes.
El fin del carbón fue una situación muy dura, como en otras zonas industriales rurales. Además habíamos tenido antes la crisis de la industria textil. La población está envejeciendo muchísimo y hay una fuerte despoblación en las zonas norte y sur en favor de la capital, Berga. Con la crisis económica hubo proyectos que se paralizaron, como el polígono industrial Olvan-Berga. Se había hecho una parte, pero se quedó sin servicio de aguas residuales y sin luz.

El vulcanismo del Campo de Calatrava es un tesoro para los geólogos y para los estudiosos de la mineralogía. Algunas de estas rocas volcánicas se utilizan. Hay canteras de las que ha salido balasto para las vías del AVE que vuela sobre estos campos a toda prisa, pero aquí el carbón fue mucho más importante. El uso del pasado es correcto porque la cuenca hullera de Puertollano también lo es.
Sin carbón, la tierra sigue siendo valiosa. Campos de cereal cosechados, decía, plantaciones de olivos. Y enormes extensiones de viñedos. Antes de Puertollano hay un océano verde. Olas de viñedos que giran y se ciernen al paso del coche. Una alucinación de movimiento al pasar las filas de viñas, un zoótropo vegetal. Castilla-La Mancha es la mayor región vitivinícola de Europa. Dicen también: del mundo. Casi la mitad de los viñedos de España están aquí.
La última mina de carbón de Puertollano fue una explotación a cielo abierto con un nombre muy literario: Emma.
La primera gran empresa minera de Puertollano fue la francesa Sociedad Escombreras Bleiberg, pero la más importante llegó desde Córdoba a principios del siglo veinte: la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya, también de origen francés. Compró casi todas las minas. En las primeras décadas del siglo veinte, el número de mineros en Puertollano superaba los tres mil. Otras mil quinientas personas trabajaban en los ferrocarriles y en las instalaciones ligadas a las explotaciones carboníferas. La producción de carbón de interior cesó en los setenta y a partir de entonces se inició la de cielo abierto.
Detrás de Emma está la central térmica que empezó a funcionar en 1972. Los puertollanenses la siguen llamando «La Sevillana», porque fue propiedad de Sevillana de Electricidad. Cerró en octubre de 2013, tenía setenta trabajadores y pertenecía a la alemana E.ON.

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A great job of documentation. The book is saved by the proximity to mining from which it is written, without a doubt it describes a reality that does not go unnoticed and with distant mining relatives it has made me remember. It reminded me of Sergio del Molino whom the author mentions.

The population of my municipality is less than half that when I was born and only half my life has passed. I’m gone too. The ecosystem of foxes, cats, rabbits and mice, frogs, mosquitoes, pardales, capons, flies, birds and other families is getting smaller and smaller. And it is not easy to attract new neighbors. From the City Council of La Pola de Gordón, Beni Rodríguez, manager of the Alto Bernesga Biosphere Reserve Foundation, prefers to give me a positive note: in recent years depopulation has been less accelerated. «It is mainly due to deaths due to aging, not due to family emigration …
In Santa Lucía de Gordón, the two schools opened under the auspices of the mining company, the Hullera Vasco-Leonesa, and which were maintained as subsidized centers, had already closed in 2013. The primary school, Santa Lucía, had been fifty-five years open; the high school one, the Santa Barbara, forty. Now they accumulate cobwebs under the abandoned desks.
Whether we like it or not, we are now children of oil. Gasoline and diesel fuel our cars; asphalt covers the roads; diesel and butane heat houses and shower water; plastics surround us to the point that we eat them. Before, whether we like it or not, we were children of coal. Coal powered trains and ships, heated houses, cooked food. Coal was the bread of all industries.

The last lines of the chronicle of the announced death of coal mining are now being written. Their rales are heard in the closed wells, in the open skies that have yet to be restored. The miner is an endangered species in Spain, like lynxes. A revealing anecdote: in October 2019, Correos issued a stamp dedicated to the miner, within a series called «ancient trades.»
Unemployment in mining municipalities has multiplied. In most it exceeds 20%. In some it has reached over 40%. As the depopulation continues, the inhabitants who leave cease to appear in the figures and the percentages become misleading. The high unemployment is not only due to the closure of the mines, because the workforce of many was already squalid, and to the dependence on auxiliary companies, but also to the lack of an effective strategy to offer alternatives.
The labor anoxia of the basins has made mining retirees and early retirees, some seventy thousand throughout the country and rising, into one of the bases of its economy. Their pensions prevent the suffocation of small businesses of all kinds, from the bakery and the corner supermarket to the bar where the card game is played.
The closure of the mines does not seem to be going back, but there is still much to say about the mining basins and their future.

In all mining areas these types of houses were built. In the northwestern basins, in the Aragonese and Catalan, in the towns of Sierra Morena. Sometimes they are identical to the point that, in front of them, I have had to remind myself where I was.
The dwellings in the mining basins reflect their social stratification. The houses for the workers are grouped in neighborhoods and are close to the wells, even on the outskirts of the towns. The single-family blocks are usually reserved for the middle categories: guards, foremen, group leaders, also office staff. For the socio-entrepreneurial summit, engineers and managers, chalets are built. Now many are empty and for sale.
In the first decades of the twentieth century, for those who had the least and in the absence of roofs, the construction of shacks was a necessary solution.
Mining is one of the most masculinized jobs out there, but from the beginning there were women miners. Few For the companies they were more valuable as guarantors of the replacement of labor. «The eradication of women from production, throughout the second half of the 19th century, does not seem to have obeyed in any way the“ technical ”demands of the work process; Rather, it obeyed the demands of reproduction, the demands of the reconstitution of the working class family ».
With the exception of these female miners and engineers, of a few female backhoe and truck drivers in the last open skies, and of those who worked in office and other positions, women in mining have been primarily supporters. In 2012, the Mujeres del Cobón association was created and women took the front line to protest the closure of the mines.
Many women in the basins have also been joined by a tragic circumstance: being a miner’s widow. Husbands who died of accidents or diseases derived from the mine. A situation that, because it is so frequent, has made them a distinctive social group within the mining microcosm.

The rock is hard. Drilling has to be done by hand: pick, jackhammer. Space is so tight that only two miners can work at the same time. They carry a self-contained breathing apparatus that weighs fourteen kilos on their backs. It is posted as it advances to avoid collapses and it fights every inch.
In the mine it is said that no one ever stays inside and it is true.

Mining and agriculture have been changing this landscape for decades. Marking the ways of living and being, customs and schedules, the construction of towns. The writer Armando Palacio Valdés confronted them in his novel The Lost Village, published in 1903.
The Laviana Valley was transformed. Mine mouths that flowed the coveted coal, staining neighboring meadows black; wires, embankments, wagons, laundries; the river running dirty water; the chestnut trees felled; forges that spewed a lot of thick smoke, hoping that they would soon be replaced by large factories that would spew even thicker smoke.
Asturias, between grandiose and fatalism. Between the love for a beautiful territory and with a history as difficult as it is epic, and the pessimism of believing that things are not going to get better, that young people will continue to leave and that the region will continue to age, drowning in stagnation and complaints in the windlass, in the lament and in the demand for a salvation that is expected from outside.
Between grandsonism and fatalism …

The problem is not that the coal runs out. The problem is that there is nothing else. » «I have a bit of a dilemma with this coal issue, because I am from the mining basin. And I am, my character is from the mining basin. But when you leave the house, you start to hear other opinions, to hear environmentalists and there comes a time when you don’t know what to believe. » «Do you want your son to go to work in the mine?» «I do not.» “None of us want our children to work in the mine and yet we have a love-hate relationship with the mine that is difficult to explain, it is very difficult.
The last El Bierzo mine closed in November 2018 in Santa Cruz de Montes, right next door. Thirty miners worked at the Salgueiro well, in Uminsa. Lorca said that he was more interested in the people who inhabit the landscape than the landscape itself, that he could be contemplating a mountain range for a quarter of an hour, but immediately ran to talk to the shepherd or the woodcutter. I agree with him, and that this landscape says a lot: forest-dump-forest. A beauty that contradicts itself.
Villablino is still the main town, but so many businesses have closed on its streets that no one keeps track of it anymore. It still seems to me a dynamic people, but sooner or later the same phrase appears in all mouths: «With what was this.»
-There is not much to say. It looks. It happens in all basins. We are in the period of acceptance of that defeat, in quotes, which is for some. Now we are faced with another situation. It is a long process, if it ever comes to fruition. When the mines started, in the first decades of the last century, at first it was not accepted by the people here either, but it was a process of change …

Maintaining the rail service is a claim in the towns of these basins, but the population decline has led to the loss of frequencies. To give value to this historic Feve line, two hotel-trains have been created: the La Robla Express, from León to Bilbao, and the Transcantábrico, from León to Santiago de Compostela. They are trains with wooden paneled wagons and mirrors.
Las Cuevas and San Isidro y María, later Mina Fely, were the last inland mines in Palencia. In the final years his situation was very unstable. In 2010, forty-five miners from Las Cuevas started a lockdown for non-payment of their wages. Like other times, Uminsa uses them as a battering ram against political walls. The strategy is old, but it is not quite worn out. Victorino Alonso, then president of Carbunión, demanded money from Hunosa for the purchase of mineral. Two years later, the exploitation is paralyzed and the miners are transferred to the Pilotuerto well in Tineo, Asturias. In the spring of 2017, Uminsa begins its liquidation process. The Galactic Empire comes to an end.

For almost two centuries, the coal of Mequinenza attracted thousands of workers who did not get more than subsist. Other people came to try to get rich, such as the Italian businessman Enrico Misley, who saw in Mequineno lignite the perfect fuel to create a steamship company. In the mid-nineteenth century, Misley wanted to turn the Ebro into the Mississippi and bring and carry passengers from Zaragoza to Barcelona, but his Steamship Company for the Ebro failed before starting and his idea of sailing to the Mediterranean remained a chimera .
With fishing and water sports, Mequinenza once again sees its future in the water, but it still sounds like a mining town. Less well-informed visitors can be shocked when they hear a loud beep at one o’clock. It is not the warning of a break in the dam, but the siren of the mine that buzzes every day in the alphabetical streets of the new Mequinenza. For the miners, it announced the end of the morning shift. Now, it’s time for vermouth.

There is no clear reindustrialization plan for the Andorra region, only proposals. The European institutions want 32% of energy to come from renewables in 2022. The percentage in Aragon still does not reach 20%, so the regional government foresees the creation of wind farms in the mining basins, but nobody is It escapes him that the parks, once set up, suppose very few jobs. The creation of a large solar plant has been announced; for the same reason, the proposal is not entirely convincing either.
—They are going to fill Teruel with mills and solar panels, but neither a shovel nor a plate will be manufactured here. Most of the material comes from China.
Teruel’s problems look good on the map. Teruel does not reach any of the radial highways that leave Madrid. As if you were in a different country. It is a void. A place of passage, at most. Teruel Existe, which won its first national deputy at the end of 2019, calls for the development of a connection with Madrid that has an outlet to the Mediterranean, through Tarragona. It would be achieved with the extension of the A-40 from Cuenca to Teruel, following the N-420. From the capital of Teruel, it is called the Autovía de las Cuencas Mineras. Creating it would serve to bring companies to their anorexic industrial estates.

The most important mine in Vallcebre, the María Teresa transversal mine, closed in the mid-eighties. The mining activity produced a great increase in the population, which reached more than a thousand inhabitants. It’s a lot for such a small place. There were miners from many places, especially Andalusians and Moroccans. They all arrived encouraged by the most persuasive travel agency in the world: poverty.
Vallcebre is made up of stone farmhouses that spread out between dozens of narrow roads. It does not reach three hundred inhabitants.
The end of coal was a very tough situation, as in other rural industrial areas. We had also had the crisis in the textile industry before. The population is aging a lot and there is a strong depopulation in the north and south areas in favor of the capital, Berga. With the economic crisis, there were projects that came to a halt, such as the Olvan-Berga industrial estate. A part had been done, but it was left without sewage service and without electricity.

The volcanism of Campo de Calatrava is a treasure for geologists and for students of mineralogy. Some of these volcanic rocks are used. There are quarries from which ballast has come out for the AVE tracks that flies over these fields in a hurry, but here coal was much more important. The use of the past is correct because the Puertollano coal basin is also correct.
Without coal, the land is still valuable. Harvested cereal fields, it said, olive groves. And huge expanses of vineyards. Before Puertollano there is a green ocean. Waves of vineyards that twist and hover as the car passes. A hallucination of movement passing the rows of vines, a plant zoetrope. Castilla-La Mancha is the largest wine-growing region in Europe. They also say: of the world. Almost half of the vineyards in Spain are here.
The last coal mine in Puertollano was an open pit mine with a very literary name: Emma.
The first major mining company in Puertollano was the French Sociedad Escombreras Bleiberg, but the most important came from Córdoba at the beginning of the twentieth century: the Sociedad Minera y Metallúrgica de Peñarroya, also of French origin. He bought almost all the mines. In the first decades of the twentieth century, the number of miners in Puertollano exceeded three thousand. Another 1,500 people worked on the railways and in facilities linked to coal mining. The production of indoor coal ceased in the 1970s and from then on the open-pit production began.
Behind Emma is the thermal power plant that began operating in 1972. The people of Puerto Rico continue to call it “La Sevillana”, because it was owned by Sevillana de Electricidad. It closed in October 2013, had 70 employees and belonged to the German E.ON.

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