Confinados: Historias De Una Pandemia Que Paralizó El Mundo — Jordi Évole / Confined: Stories of a Pandemic That Paralyzed the World by Jordi Évole (spanish book edition)

El libro es una recopilación de entrevistas por video llamada en la cocina del autor, a personajes conocidos, famosos; y a ciudadanos de a pie. Por lo tanto es un libro para todo público. Es fácil de leer.
Aborda el sentir de todas esas personas ante el confinamiento y el miedo a una enfermedad que tiene menos de un año de existencia en el mundo y que tiene una alta letalidad, como el COVID19. Es mirar desde donde el otro mira.
El libro está estructurado en diez capítulos, cada capítulo está compuesto de entrevistas logradas por video llamada y la historia que hay detrás de cada una para que el equipo de producción las pudiera conseguir.
Cómo empezó todo. El autor se pregunta por qué no la vieron venir si desde comienzo de año, la enfermedad ya estaba causando estragos en China. Ya era sabido.
Subestimaron a la enfermedad, se confiaron en que estaba lejos, en que era sólo una gripe y sólo mataba a viejos.
También habla sobre la “Gestapo del prójimo”, la policía de los balcones. La gente confinada en casa, cumpliendo cuarentena, que insulta a quienes no la cumplen. Lo que pasa es que al comienzo nadie era consciente de la magnitud de la tragedia, era de no creer. ¿Esto nos está pasando a nosotros? ¿Cómo? El ser humano ha ido a la luna, ha regresado, ha creado armas de destrucción masiva, y lamentablemente está siendo diezmado por un bicho microscópico.
En la entrevista con Juan José Millás, se menciona los miedos anticipativos, pero que ni esos miedos pudieron salvar a nadie, porque no hubo persona en el mundo que pudiera imaginarse una pandemia en pleno siglo XXI, con semejante capacidad de destrucción. Porque no sólo se ha llevado vidas, sino, que ha destrozado las economías de los países de forma dramática.
En esa misma entrevista le pregunta al invitado que qué es lo que haría el día que termine el confinamiento. Y responde que ese día no saldrá a la calle, lo hará el día siguiente “porque afirma que la espera en la vida es fundamental y no es fan de la eyaculación precoz”.
Es un libro de conversaciones que el autor ha querido compartir y que pueden encontrarse en internet.
Van desde la entrevista a una camionera, hasta el Papa de Roma, de la actriz Rosa María Sardá hasta René Residente, de una señora de la limpieza hasta la cantante Rosalía, de Pepe Mujica a una enfermera recuperada de COVID19, desde un cura hasta Joaquín Sabina.
En mi opinión la mejor entrevista fue con Rosa María Sardá, de lejos. Me pareció interesante que el autor pretendiera hacer la comparación entre el virus del COVID19 y virus del SIDA, desde el punto de vista de la sociedad. Y Sardá dijo que no había punto de comparación porque hace 40 años, los enfermos del SIDA eran tratados como subhumanos prácticamente, fue horrible lo que se hizo con esas personas. Y ella hablaba por la experiencia que tuvo que pasar con su hermano. Muy doloroso.
Hay varias entrevistas que me parecen muy forzadas, como queriendo victimizar… Para mí es oportunismo. Se está lucrando con el dolor de la gente. No estoy diciendo que el lucro es malo. Al contrario, el lucro mueve el mundo, el lucro es bueno, la sana competencia también es buena, el libre emprendimiento, es mejor aún; porque hasta donde yo sé, nadie trabaja por hobby. Todos trabajamos por plata. Esa es la verdad de las cosas. Y está muy bien que así sea. Pero creo que hay momentos.
Desde Setiembre de 2020, Europa sufre la segunda ola. Y están espantados. Creo que se adelantó a escribir este libro. Muy pronto.
Felizmente tenemos sistemas de salud con las espaldas suficientes para aguantar, porque a diferencia de la primera ola, ahora sí saben qué hacer en teoría.
Y a propósito de ello, una de las entrevistas fue a Mercedes Milá, que decía que los únicos que tenían derecho a quejarse eran los sanitarios.
Y no, derecho a queja, tenemos todos, sobre todo cuando el estado no hace las cosas bien. Una cosa es tormenta en trasatlántico y otra, tormenta en bote de remos.
En conclusión, no me siento bien recomendando la lectura. Pero para quienes son seguidores del autor y de su programa, seguro que les va a encantar. Desgraciadamente no es mi caso.
Me quedo con la reflexión de Enric González:
No soy especialmente optimista, pero sé que esto va a acabarse. Va a ser un fin gradual. El ritmo del mundo nunca volverá a ser el mismo. Muchas cosas habrán cambiado. El día que salgamos creo que no ocurrirá como en China, donde las cosas han cambiado relativamente poco. Vamos a ceder al Estado los poderes que nos pida porque vamos a tener miedo. Los problemas económicos van a ser tan graves que esta vida más o menos hedonista que hemos seguido llevando, incluso después de la gran crisis de 2008, se va a acabar. No sé cómo seremos, pero no seremos los de antes. La idea es que cuando salgamos seremos otra gente en otro lugar.

El coronavirus nos ha puesto delante de nuestras caras, y a muy pocos centímetros, el espejo de la muerte. Ese hecho ineludible que nuestra sociedad occidental sigue tratando como un tabú. Pero las cifras de muertos eran tan demoledoras y tan espantosas durante el momento álgido de la crisis que no había armarios posibles para ocultarlas.
Por eso quisimos dedicar el último programa de la serie a las víctimas. Tanto da si son 28.000 como 30.000. Aunque fueran menos, son muchas. Demasiadas. Creo que todavía no somos conscientes de lo que representan tantas muertes, porque la cifra es tan abrumadora, tan aplastante, que sepulta todo entendimiento y razón. Y muchas veces pecamos de falta de sensibilidad, porque tras cada uno de esos números se esconde un nombre, unos apellidos, una historia personal y un drama familiar.
Un nombre y unos apellidos…

(Emilio Aragón) Son tiempos complicados. Yo tengo mucha ansiedad y no me importa decirlo, tengo miedo. Esta ansiedad que se traduce en el sueño que tuve el otro día. Soñé que vivíamos todos con monos blancos, con máscaras y con cacharros en la cabeza, e íbamos a los restaurantes y los camareros iban también con monos blancos y con máscaras. Era todo tan de ciencia ficción que en el fútbol todos estábamos también con monos blancos. Y tal y como se presentan las cosas, creo que mi sueño no es muy descabellado.

(Consol Noguera víctima Covid-19) Sentía que en ese momento era necesario decir a la gente que se podía salir, que aunque yo había tenido miedo, había luchado. Lo que me daba apuro era salir por la tele, sobre todo con estos pelos, sin arreglar. Tuvo que venir el médico de la UCI tres veces a convencerme, incluso llamó a mi hijo para que me insistiera. Al final, lo consiguieron porque me dijeron que me darían un gorro para taparme el pelo y una mascarilla para que no se me viera que estaba sin arreglar. También quería alabar el trabajo del personal sanitario porque se expusieron, se pusieron en riesgo para ayudarnos. Yo no sé qué cara tenían, iban vestidos de astronautas y los reconocía por la voz o por la altura. ¡Pero me ayudaron tanto! Había un enfermero que tenía una voz, una voz…, que solo con escucharla me calmaba en los peores momentos.
—¿Qué es lo primero que vas a hacer cuando te den el alta?
—Quiero ver a mi nieta.

(Ana Sotodosos) ¿Qué te has encontrado esta mañana cuando has llegado a la residencia?
Me he encontrado una residencia en la que faltan muchos. Tengo la sensación de estar trabajando en otro sitio. Hoy se nos ha marchado otra persona en nuestro turno de mañana…, y lloras… —Sus ojos están anegados, pero ninguna gota sale del lagrimal—. Hay ratos que lloras, pero tienes que seguir por ellos, por ti… Hay momentos en que en la residencia hay silencio, cuando jamás había habido silencio. Siempre había mucho bullicio, y el silencio… estremece.
Supongo que también notáis la angustia de los familiares que no pueden ir a visitar a los suyos, que no pueden visitar la residencia…
Cuando el centro lo gestiona una empresa, esa empresa busca beneficios, y cuando buscas beneficios, y no solo el bienestar de los residentes, está claro que vas a recortar por algún sitio. Creo que hay servicios que no pueden ser un negocio. Las residencias de ancianos no pueden ser un negocio y la sanidad pública tampoco. Es este tipo de política que piensa más en el beneficio de algunos que en el de las personas mayores. No sé en otros casos, pero la Comunidad de Madrid lo único que le exige a una empresa es lo mínimo, porque no está dispuesta a poner más dinero.

Paula sí que es consciente de la revalorización de la figura de los sanitarios y sanitarias. «Es verdad que en la sociedad de repente nos están muy agradecidos. Es una pena que hayamos tenido que pasar por esto para valorar la figura del sanitario. Me gustaría que saliéramos de esta crisis con más consciencia. No se puede ir a urgencias por cualquier cosa. Tenemos una de las mejores sanidades de Europa y además es gratuita, hagamos buen uso. Y sí, tengo la sensación de que la gente se ha concienciado, pero no querría cantar victoria. Me gustaría que, cuando reclamemos derechos, toda la gente salga con nosotros a reclamarlos. Que pidan que las administraciones traten más dignamente a nuestro colectivo, que nos den recursos. Que no todo se quede en los balcones a las ocho de la tarde: que salgan a aplaudir con nosotros y también a protestar con nosotros.

Siempre decimos que hay que convertir los problemas en oportunidades de crecimiento y nos quedamos tan descansados. Pero una pandemia no es solo un problema, es una catástrofe dolorosa que va a quedar y que va a impregnar nuestras vidas. No vamos a quedarnos a cero, y entonces, ¿construimos un mundo nuevo? ¡Eso no ha pasado jamás! Creo que hemos de construir desde la libertad de saber si queremos que sea una sociedad en la que se respeten los derechos de todos o queremos hacer otra cosa, pero no porque partamos de cero, sino porque hay que ir profundizando en aquello que ya está bien y mejorando lo que no lo está. A mí siempre me preguntan: «¿Es usted optimista o pesimista?» Y contesto: «Me parecen dos estados de ánimo exactamente igual de fugaces». Pero lo que sí es importante es generar esperanza.

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The book is a compilation of interviews by video call in the author’s kitchen, with well-known, famous people; and ordinary citizens. Therefore it is a book for all audiences. It is easy to read.
It addresses the feelings of all those people in the face of confinement and fear of a disease that has been in existence for less than a year in the world and has a high lethality, such as COVID19. It is looking from where the other looks.
The book is structured in ten chapters, each chapter is made up of interviews obtained by video call and the story behind each one so that the production team could get them.
How it all started. The author wonders why they did not see it coming if since the beginning of the year, the disease was already causing havoc in China. It was already known.
They underestimated the disease, they trusted that it was far away, that it was just a flu and only killed old people.
He also talks about the “Gestapo of the neighbor”, the police of the balconies. People confined at home, serving quarantine, who insult those who do not comply. What happens is that at the beginning nobody was aware of the magnitude of the tragedy, it was not to believe. Is this happening to us? How? The human being has gone to the moon, has returned, has created weapons of mass destruction, and unfortunately is being decimated by a microscopic bug.
In the interview with Juan José Millás, anticipatory fears are mentioned, but not even those fears could save anyone, because there was no person in the world who could imagine a pandemic in the 21st century, with such a capacity for destruction. Because not only has it taken lives, but it has destroyed the economies of countries dramatically.
In that same interview, he asks the guest what he would do the day the confinement ends. And he responds that that day he will not go out on the street, he will do it the next day “because he affirms that waiting in life is essential and he is not a fan of premature ejaculation”.
It is a book of conversations that the author has wanted to share and that can be found on the internet.
They range from the interview with a truck driver, to the Pope of Rome, from the actress Rosa María Sardá to René Residente, from a cleaning lady to the singer Rosalía, from Pepe Mujica to a nurse recovered from COVID19, from a priest to Joaquín Sabina.
In my opinion the best interview was with Rosa María Sardá, by far. I found it interesting that the author tried to make the comparison between the COVID19 virus and the AIDS virus, from the point of view of society. And Sardá said that there was no point of comparison because 40 years ago, AIDS patients were practically treated as subhuman, it was horrible what was done with those people. And she spoke from the experience she had to go through with her brother. Very painful.
There are several interviews that seem very forced, like trying to victimize … For me it is opportunism. He is profiting from people’s pain. I am not saying that profit is bad. On the contrary, profit moves the world, profit is good, healthy competition is also good, free entrepreneurship is even better; because as far as I know, nobody works as a hobby. We all work for money. That is the truth of things. And it is very good that it be so. But I think there are moments.
Since September 2020, Europe has suffered the second wave. And they are scared. I think he was ahead of writing this book. Coming Soon.
Fortunately, we have health systems with enough backs to endure, because unlike the first wave, now they do know what to do in theory.
And about this, one of the interviews was with Mercedes Milá, who said that the only ones who had the right to complain were the health workers.
And no, right to complaint, we all have, especially when the state does not do things well. One thing is a storm on an ocean liner and another is a storm on a rowboat.
In conclusion, I do not feel good recommending reading. But for those who are followers of the author and his program, they are sure to love it. Unfortunately it is not my case.
To my way of thinking a good idea Enric González opinion:
I’m not particularly optimistic, but I know this is going to end. It will be a gradual end. The rhythm of the world will never be the same again. Many things will have changed. The day we leave I think it will not happen like in China, where things have changed relatively little. We are going to cede the powers that it asks of us to the State because we are going to be afraid. The economic problems are going to be so serious that this more or less hedonistic life that we have continued to lead, even after the great crisis of 2008, is going to end. I don’t know how we will be, but we will not be the ones we used to be. The idea is that when we go out we will be other people in another place.

Coronavirus has put the mirror of death in front of our faces, and very few centimeters away. That inescapable fact that our western society continues to treat as a taboo. But the death toll was so devastating and so dire during the height of the crisis that there were no possible closets to hide them.
That is why we wanted to dedicate the last program of the series to the victims. It doesn’t matter if it’s 28,000 or 30,000. Even if they were less, there are many. Too many. I think we are still not aware of what so many deaths represent, because the figure is so overwhelming, so overwhelming, that it buries all understanding and reason. And many times we sin of lack of sensitivity, because behind each of those numbers there is a name, a surname, a personal story and a family drama.
A name and a surname …

(Emilio Aragón) These are difficult times. I have a lot of anxiety and I don’t mind saying it, I’m scared. This anxiety that translates into the dream I had the other day. I dreamed that we all lived in white overalls, with masks and with pots on our heads, and we went to restaurants and the waiters also went in white overalls and with masks. It was all so science fiction that in football we were all wearing white monkeys too. And as things are presented, I think my dream is not very far-fetched.

(Consol Noguera, Covid-19 victim) I felt that at that moment it was necessary to tell people that they could leave, that although I had been afraid, I had fought. What gave me trouble was going out on TV, especially with these hairs, without fixing. The ICU doctor had to come to convince me three times, he even called my son to insist. In the end, they succeeded because they told me that they would give me a hat to cover my hair and a mask so that it would not be seen that it was not fixed. I also wanted to praise the work of the health personnel because they exposed themselves, they put themselves at risk to help us. I don’t know what their faces were, they were dressed as astronauts and I recognized them by their voices or their height. But they helped me so much! There was a nurse who had a voice, a voice … that just by listening to it calmed me down in the worst moments.
“What is the first thing you are going to do when you are discharged?”
“I want to see my granddaughter.”

(Ana Sotodosos) What did you find this morning when you arrived at the residence?
I have found a residence in which many are missing. I have the feeling that I am working somewhere else. Today another person has left us on our shift tomorrow… and you cry… ”His eyes are flooded, but no drop comes out of the tear duct. There are times when you cry, but you have to continue for them, for yourself … There are times when there is silence in the residence, when there has never been silence. There was always a lot of noise, and the silence … shudders.
I suppose you also notice the anguish of relatives who cannot go to visit their loved ones, who cannot visit the residence …
When the center is managed by a company, that company looks for benefits, and when you look for benefits, and not just the well-being of the residents, it is clear that you are going to cut back somewhere. I think there are services that cannot be a business. Nursing homes cannot be a business and neither can public health. It is this type of policy that thinks more of the benefit of some than of the elderly. I do not know in other cases, but the Community of Madrid the only thing that it demands of a company is the minimum, because it is not willing to put more money.

Paula is aware of the revaluation of the figure of the sanitary and sanitary. “It is true that society is suddenly very grateful to us. It is a shame that we have had to go through this to assess the figure of the toilet. I would like us to come out of this crisis with more awareness. You can’t go to the ER for anything. We have one of the best healthcare in Europe and it is also free, let’s put it to good use. And yes, I have the feeling that people have become aware, but they would not want to claim victory. I would like that, when we claim rights, all the people come out with us to claim them. That they ask the administrations to treat our collective more with dignity, that they give us resources. That not everything stays on the balconies at eight in the afternoon: that they come out to applaud with us and also to protest with us.

We always say that you have to turn problems into growth opportunities and we are so rested. But a pandemic is not just a problem, it is a painful catastrophe that will remain and that will permeate our lives. We are not going to stay at zero, and then, do we build a new world? That has never happened! I think we have to build from the freedom of knowing if we want it to be a society in which everyone’s rights are respected or we want to do something else, but not because we start from scratch, but because we have to go deeper into what is already good and improving what is not. They always ask me: “Are you optimistic or pessimistic?” And I answer: “They seem to me two states of mind exactly as fleeting.” But what is important is to generate hope.

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