El Cuerpo Humano. Guía Para Ocupantes — Bill Bryson / The Body: A Guide for Occupants by Bill Bryson

Aprendí de este libro. Una de las cosas que aprendí fue que seguir aprendiendo y mantener mi cerebro activo me ayudará a evitar la demencia, por lo que también debería leer este libro. Marqué muchas, muchas páginas, así que solo ofreceré algunos puntos destacados aquí.
Lo más interesante fue leer sobre nuestra piel, la diminuta capa que nos hace blancos, negros o marrones. Bryson observó a un cirujano hacer una incisión y retirar una astilla de piel de un milímetro de grosor del brazo del cadáver. Era tan delgado que era translúcido. Eso es la raza. Por eso es tan ridículo que se le dé tanta importancia a una faceta tan pequeña de nuestra composición cuando se trata simplemente de una reacción a la luz solar. “Biológicamente, no existe la raza, nada en términos de color de piel, rasgos faciales, tipo de cabello, estructura ósea o cualquier otra cosa que sea una característica definitoria entre las personas”.
Las pieles obtienen su color de una variedad de pigmentos, la más conocida es una molécula que conocemos como melanina. También es responsable del color de las plumas de las aves y le da a los peces la textura y la luminiscencia de sus escamas. Nuestra piel evolucionó en función de nuestra geografía.
Muchos mitos con los que crecí no son ciertos. Como el hecho de que solo usamos el diez por ciento de nuestro cerebro, falso. Cuando era niño me enseñaron que diferentes partes de la lengua estaban en sintonía con diferentes gustos como salado, dulce, agrio. No Además, al igual que la película Matrix, aparentemente cuando como un brownie directamente del horno, en realidad no sabe bien, mi cerebro solo lee estas moléculas sin aroma y sin sabor y me hace pensar que son placenteras.
En uno de los estudios de los que habla, un hombre recibió una inyección de un líquido inofensivo para imitar los mocos. No se podía ver a simple vista, pero bajo esas luces azules los detectives usan. El sujeto de prueba entró en una habitación con otras personas, y cuando apagaron las luces del techo y las luces azules, cada persona, pomo de la puerta y tazón de nueces tenía el moco fingido, que es cómo pasa el resfriado común persona a persona con tanta facilidad, a través del tacto, aparentemente no besándose con alguien (aunque presumiblemente en algún momento podría tocar a esa persona).

Antibióticos
• Casi 3/4 partes de las recetas escritas cada año son para afecciones que no se pueden curar con antibióticos (como la bronquitis)
• El 80 por ciento de los antibióticos se alimentan a los animales de granja para engordarlos que luego comen los consumidores de carne, que es una de las razones por las que los antibióticos ya no son tan efectivos como solían ser.
• Los productores de frutas usan antibióticos para combatir infecciones bacterianas en sus cultivos, a veces incluso de productos marcados como “orgánicos”. Lo que significa que los humanos estamos comiendo antibióticos sin saberlo, lo que los hace ineficaces cuando los necesitamos para una enfermedad / infección real.

Hay muchas cosas más interesantes aquí.

Combine la cantidad correcta de cada uno de los 59 elementos, a un costo de US $ 151,578.46 según la Royal Society of Chemistry. (Real Sociedad de Químicas).
~ O ~
Si no tiene ese tipo de dinero mintiendo, también puede hacerlo de la manera tradicional que implica el sexo heterosexual. No estoy aquí para juzgar tus métodos; haz un humano como quieras. ¡Lo que estoy aquí para hacer es decirte que Bill Bryson lo ha vuelto a hacer! Ha escrito otro libro brillante y muy interesante, esta vez sobre el cuerpo humano. Ya sea que desee saber sobre huesos, piel, digestión, músculos, cerebros o bacterias, lo encontrará en este libro. Ni siquiera sé por dónde empezar para contarte los contenidos. Si bien algunas cosas que ya sabía y, por lo tanto, esto fue un repaso, había aún más que no sabía y por lo tanto, mi cerebro estaba muy feliz. Hay tantos hechos interesantes envueltos en este libro. Unos pocos al azar de mis mejores momentos:

• “Tienes un medidor de [ADN] empaquetado en cada célula, y tantas células que si formaras todo el ADN de tu cuerpo en una sola hebra, se extendería diez mil millones de millas, más allá de Plutón”.
• Arrojamos más de un millón de escamas de piel cada hora, dejando aproximadamente una libra de polvo cada año. (Una forma fácil de librarte de una libra, pero por alguna razón nunca la he visto en un libro de dietas).
• Si pudieras patinar sobre hielo en el cartílago, irías 16 veces más rápido que en el hielo, debido a la suavidad del cartílago.
• “En el segundo más o menos desde que comenzó esta oración, su cuerpo ha producido un millón de glóbulos rojos”. (y usé una docena de músculos solo para leer estas palabras)
• “La longitud de todos tus vasos sanguíneos te llevaría dos veces y media alrededor de la Tierra”.
• “Cada gramo de heces que produce contiene 40 mil millones de bacterias y 100 millones de arqueas”. (¡Ahora es algo con lo que puedes impresionar a tus compañeros de trabajo en tu fiesta de Navidad!)
• “La tasa de mortalidad por enfermedades infecciosas ha ido en aumento y ha vuelto al nivel de hace unos cuarenta años”. Esto se debe a la resistencia de las bacterias a nuestros antibióticos, en parte debido a las abundantes cantidades de antibióticos que se alimentan al ganado (¡una buena razón para eliminar la carne y los lácteos!) Y la prescripción excesiva de antibióticos, especialmente para enfermedades que no son ayudados por ellos (¡por favor, deje de pedirle a su médico antibióticos para resfriados!).

El premio para mi información favorita en este libro es para:
• Todo el color de su piel está en “una franja de piel de aproximadamente un milímetro de grosor”.
¿¿Lo entendiste?? ¡TODO el pigmento en tu piel está en una astilla tan delgada que puedes ver a través de ella! “Eso es todo lo que es la carrera: una astilla de epidermis”. Por esto hemos esclavizado a millones de personas, asesinado, odiado, tratado injustamente, encarcelado. Para una astilla translúcida de piel. Razón estúpida si me preguntas, especialmente cuando consideras que si regresas lo suficientemente lejos, cada persona en la tierra tiene antepasados que vinieron de África. TODOS tuvimos antepasados negros. TODOS vinimos de África. El color original de la piel del homo sapiens era oscuro, así que detente ya. Deja de odiar a las personas por una astilla de piel. Si tienes la piel “blanca”, se debe a una mutación genética, un gen anormal que se transmitió porque nuestros ancestros necesitaban vitamina D después de que salieron de África. No porque seas de alguna manera superior a las personas que tienen más melanina que tú. ¿Lo tengo?
Estas son solo algunas de las muchas cosas que destaqué en este libro. Si te gusta aprender cosas nuevas, si te gusta saber qué te hace sentir, o si tienes $ 151,578.46 adicionales a la mano y quieres saber los ingredientes necesarios para crear un cuerpo humano, ¡este es el libro para ti!

El milagro de la vida humana no es que tengamos algunas debilidades, sino que no nos veamos superados por ellas. No olvide que nuestros genes provienen de ancestros que durante la mayor parte del tiempo ni siquiera fueron humanos. Algunos de ellos eran peces; otros muchos eran pequeños y peludos, y vivían en madrigueras. Tales son los seres de los que hemos heredado nuestro plan corporal. Somos el producto de 3.000 millones de años de ajustes evolutivos. Sin duda todos estaríamos mucho mejor si pudiéramos empezar de cero y dotarnos de un cuerpo construido para nuestras necesidades específicas de Homo sapiens: caminar erguidos sin destrozarnos las rodillas y la espalda, tragar sin tener un elevado riesgo de atragantarnos, producir bebés como una máquina expendedora… Pero no fuimos construidos para eso.

Puede que resulte un poco sorprendente si se piensa, pero nuestra piel es nuestro mayor órgano, y posiblemente el más versátil. Mantiene las tripas dentro y las cosas malas fuera. Amortigua los golpes. Nos proporciona el sentido del tacto, brindándonos placer, calor, dolor y casi todo lo que nos convierte en seres vitales. Produce melanina para protegernos de los rayos del sol. Se repara cuando la maltratamos. Es la responsable de cuanta belleza logremos poseer. Cuida de nosotros.
El nombre formal con el que se denomina la piel es sistema cutáneo. Su tamaño es de unos dos metros cuadrados, y su peso total suele oscilar entre los 4,5 y los 7 kilos, aunque, obviamente, ello depende de nuestra estatura.
La piel está formada por una capa interna llamada dermis y una externa que recibe el nombre de epidermis. La superficie más externa de la epidermis, la denominada capa córnea, está compuesta íntegramente de células muertas. Resulta una idea fascinante que justo aquello que nos hace más encantadores esté muerto. Allí donde el cuerpo se encuentra con el aire, todos somos cadáveres. Esas células externas de la piel se reemplazan cada mes. Perdemos piel de manera copiosa, casi irresponsable: unos 25.000 «copos» por minuto, es decir, más de un millón cada hora.
Los corpúsculos de Meissner son los favoritos de todo el mundo. Detectan el más ligero roce y son particularmente abundantes en nuestras zonas erógenas y otras áreas de sensibilidad acrecentada: las yemas de los dedos, los labios, la lengua, el clítoris, el pene, etc. Reciben su nombre del anatomista alemán Georg Meissner, a quien se atribuye su descubrimiento en 1852, aunque su colega Rudolf Wagner afirmó que en realidad el descubridor era él.

El sudor es un 99,5 % de agua; el resto se compone aproximadamente de la mitad de sal y la mitad de otros productos químicos. Aunque la sal representa solo una pequeña parte de nuestro sudor, cuando hace calor podemos llegar a perder hasta 12 gramos (tres cucharaditas) de ella en un día, una cantidad que puede resultar peligrosamente elevada, por lo que también es importante reponer la sal además del agua.
La sudoración se activa mediante la liberación de adrenalina; de ahí que sudemos cuando estamos estresados. A diferencia del resto del cuerpo, las palmas de las manos no sudan en respuesta al esfuerzo físico o al calor, sino únicamente a causa del estrés. Esa sudoración emocional es la que se mide en las pruebas del polígrafo.
Las glándulas sudoríparas son de dos tipos: ecrinas y apocrinas. Las glándulas ecrinas son con mucho las más numerosas y producen ese sudor acuoso que nos empapa la camisa. Las apocrinas se limitan principalmente a las ingles y las axilas, y producen un sudor más espeso y pegajoso.

El cerebro humano resulta tremendamente poco atractivo. Para empezar, está hecho de entre un 75 y un 80 % de agua, mientras que el resto se reparte principalmente entre grasas y proteínas. No deja de ser curioso que tres sustancias tan mundanas puedan unirse de una manera que nos permite pensar, recordar, ver, apreciar la estética y demás. Si el lector pudiera sacarse el cerebro del cráneo, casi con toda seguridad se sorprendería al ver lo blando que es. La consistencia del cerebro se ha comparado, entre otras cosas, con el tofu, la mantequilla blanda o un budín gelatinoso ligeramente recocido.
La gran paradoja del cerebro es que todo lo que sabemos del mundo nos lo proporciona un órgano que en sí mismo nunca ha visto ese mundo. El cerebro vive en el silencio y la oscuridad, como un preso en una mazmorra. No tiene receptores de dolor, y literalmente tampoco sentimientos. Nunca ha sentido la calidez del sol ni una suave brisa. Para nuestro cerebro, el mundo es solo una corriente de impulsos eléctricos, como golpecitos de código Morse.

Puede que los sueños sean tan solo un subproducto de nuestra «limpieza» cerebral nocturna. Mientras el cerebro elimina residuos y consolida recuerdos, los circuitos neuronales se activan de forma aleatoria produciendo breves imágenes fragmentarias, algo parecido a cuando saltamos de un canal de televisión a otro buscando algo que ver. Frente a este flujo incongruente de recuerdos, ansiedades, fantasías, emociones reprimidas y demás, posiblemente el cerebro intente construir un relato coherente, o también es posible, dado que está descansando, que no lo intente en absoluto y se limite a dejar fluir todos esos pulsos inconexos. Eso podría explicar por qué generalmente no recordamos demasiado los sueños pese a su intensidad: porque, en realidad, no son ni importantes ni significativos.

Nadie sabe por qué bostezamos. Los bebés bostezan en el útero (también tienen hipo). Las personas que están en coma bostezan. Es un aspecto de la vida omnipresente, y, sin embargo, se ignora qué hace exactamente por nosotros. Se ha sugerido que podría estar relacionado de algún modo con la eliminación del exceso de dióxido de carbono, aunque todavía nadie ha explicado cómo exactamente. Otra posibilidad es que introduzca una ráfaga de aire más fresco en la cabeza, lo que eliminaría ligeramente la somnolencia, aunque todavía no he conocido a nadie que se sienta renovado y lleno de energía después de bostezar. Es más: ningún estudio científico ha demostrado que haya una relación entre el bostezo y los niveles de energía. Ni siquiera existe una correlación fiable entre el bostezo y el nivel de cansancio. De hecho, cuando más bostezamos es en los primeros minutos después de levantarnos tras una noche de sueño reparador, es decir, cuando más descansados estamos.
Quizá el aspecto menos explicable del bostezo es lo extremadamente contagioso que resulta. No solo tendemos a bostezar más o menos cuando vemos hacerlo a otros, sino que el mero hecho de oír hablar o pensar en bostezar nos hace bostezar realmente.

Actualmente, el legado que los recién nacidos traen al mundo consigo no es la falta de nutrición, sino todo lo contrario. De modo que no solo nacen en hogares donde las personas comen más y hacen menos ejercicio, sino que además adquieren una mayor vulnerabilidad innata a sucumbir a las enfermedades que comportan esos deficientes estilos de vida.
Se ha sugerido que los niños de hoy serán los primeros en la historia moderna que tendrán vidas más cortas y menos saludables que sus padres. Parece, pues, que no solo nos estamos precipitando a la tumba antes de tiempo por culpa de nuestro estilo de vida, sino que además estamos criando a nuestros hijos para que nos acompañen.

El dolor es curiosamente mutable. El cerebro puede aumentarlo, atenuarlo o incluso ignorarlo dependiendo de la situación. En circunstancias extremas, incluso es posible que se pase completamente por alto.
El único problema de los placebos es que, aunque a menudo resultan eficaces en aquellas dolencias sobre las que nuestra mente ejerce algún control, no pueden ayudarnos en nada con aquellos problemas que escapan a nuestro nivel consciente. Los placebos no reducen los tumores ni eliminan la obstrucción de las arterias. Pero, para el caso, tampoco lo hacen los analgésicos más agresivos, y al menos los placebos nunca han enviado a la tumba a nadie antes de tiempo.

Las empresas farmacéuticas no siempre han actuado de la forma más ética. En 2007, Purdue Pharma pagó 600 millones de dólares en multas y penalizaciones por comercializar el opioide OxyContin (oxicodona) con afirmaciones fraudulentas. Merck pagó 950 millones de dólares en sanciones por no revelar los problemas que podía causar su antiinflamatorio Vioxx (rofecoxib), que finalmente se retiró de la venta, pero no antes de haber causado probablemente hasta 140.000 ataques cardiacos evitables. GlaxoSmithKline ostenta actualmente el récord de la mayor sanción impuesta hasta ahora a una farmacéutica: 3.000 millones de dólares por un montón de transgresiones.
Todos los fármacos implican una mezcla de riesgos y beneficios, y a menudo los primeros no están bien estudiados. Todo el mundo ha oído decir que tomar cada día una dosis baja de aspirina puede ayudar a prevenir un ataque cardiaco. Eso es cierto, pero solo hasta cierto punto. Según un estudio realizado con personas que habían estado tomando diariamente dosis bajas de aspirina durante cinco años, 1 de cada 1.667 se había librado de un problema cardiovascular, 1 de cada 2.002 había eludido un ataque cardiaco no letal y 1 de cada 3.000 había escapado a una apoplejía no letal, mientras que 1 de cada 3.333 sufrió una hemorragia gastrointestinal importante que de otro modo no habría experimentado.
En realidad, un cadáver es algo muy vivo. Solo que esa vida ya no es la nuestra, sino la de las bacterias que hemos dejado atrás, además de cualesquiera otras que se suban al carro. A medida que devoran el cuerpo, las bacterias intestinales producen diversos gases, entre ellos metano, amoniaco, sulfuro de hidrógeno y dióxido de azufre, aparte de otros compuestos que llevan los explícitos nombres de cadaverina y putrescina. El olor de un cadáver en descomposición generalmente se hace insoportable en cuestión de dos o tres días, algo menos si hace calor. Luego los olores comienzan a disminuir poco a poco hasta que ya no queda carne y, por lo tanto, nada que pueda oler. Obviamente, este proceso puede verse interrumpido si el cuerpo cae en un glaciar o una turbera, donde las bacterias no pueden sobrevivir ni proliferar, o si se mantiene en condiciones de extrema sequedad para que se momifique. Digamos de pasada que es un mito, además de una imposibilidad fisiológica, que el pelo y las uñas sigan creciendo tras la muerte. Después de la muerte no crece absolutamente nada.

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I learned from this book. One of the things I learned was that continuing to learn and keeping my brain active will help me avoid dementia, so you should read this book, too. I flagged many, many pages, so I’ll just offer a few highlights here.
The most interesting thing was reading about our skin, the tiny tiny layer that we makes us white or black or brown. Bryson watched a surgeon incise and peel back a sliver of skin a millimeter thick from the arm of cadaver. It was so thin it was translucent. That’s what race is. Which is why it’s so ridiculous that such a small facet of our composition should be given so much importance when it’s merely a reaction to sunlight. “Biologically, there is no such thing as race—nothing in terms of skin color, facial features, hair type, bone structure, or anything else that is a defining quality among peoples.”
Skins gets its color from a variety of pigments, the best known is a molecule we know as melanin. It’s also responsible for the color of birds’ feathers and gives fish the texture and luminescence of the their scales. Our skin evolved based on our geography.
A lot of myths I grew up with are not true. Like the fact we only use ten percent of our brain–false. I was taught as a kid that different parts of the tongue were attuned to different tastes like salty, sweet, sour. Nope. Also, like the movie the Matrix, apparently when I eat a brownie straight from the oven, it doesn’t actually taste good, my brain just reads these scentless, flavorless molecules and makes me think they’re pleasurable.
In one of the studies he talks about, a man was given an injection of a harmless liquid to mimic snot. It couldn’t be seen by the naked eye, but under those blue lights detectives use. The test subject went into a room with other folks, and when they turned the overhead lights off and the blue lights on, every single person, doorknob, and bowl of nuts had the pretend snot on it, which is how the common cold passes from person to person so easily—through touch, apparently not by making out with someone (although presumably at some point you might touch that person).

Antibiotics
• Almost 3/4ths of prescriptions written each year are for conditions that can’t be cured with antibiotics (like bronchitis)
• 80 percent of antibiotics are fed to farm animals to fatten them up which meat eaters then consume, which is one of the reasons antibiotics aren’t as effective as they used to be.
• Fruit growers use antibiotics to combat bacterial infections in their crops, sometimes even of produce mar ked “organic.” Which means we humans are unwittingly eating antibiotics, rendering them ineffective when we need them for a real disease/infection.

There’s a lot more interesting stuff in here.

Blend together the right amount of each of 59 elements, at a cost of US$151,578.46 according to the Royal Society of Chemistry.
~Or~
If you don’t have that kind of money lying about, you can also do it the old-fashioned way that involves heterosexual sex. I’m not here to judge your methods; make a human whichever way you please. What I am here to do is tell you that Bill Bryson has done it again! He has written yet another brilliant and vastly interesting book, this time about the human body. Whether you want to know about bones or skin or digestion, muscles or brains or bacteria, you’ll find it in this book. I don’t even know where to begin in telling you about the contents. Whilst some things I already knew and thus this was a refresher, there were even more that I didn’t know and thus made my brain very happy. There are just so many interesting facts wrapped up in this book. A random few from my highlights:

•”You have a meter of [DNA] packed into every cell, and so many cells that if you formed all the DNA in your body into a single strand, it would stretch ten billion miles, to beyond Pluto.”
•We shed over a million flakes of skin every hour, leaving behind about a pound of dust every year. (Easy way to rid yourself of a pound, but for some reason I’ve never seen it in a diet book.)
•If you could ice skate on cartilage, you would go 16 times as fast as on ice, due to the smoothness of cartilage.
•”In the second or so since you started this sentence, your body has made a million red blood cells.” (and used a dozen muscles just to read these words)
•”The length of all your blood vessels would take you two and a half times around Earth.”
•”Every gram of feces you produce contains 40 billion bacteria and 100 million archaea.” (Now that’s something you can impress your co-workers with at your Christmas party!)
•The “the death rate for infectious diseases has been climbing and is back to the level of about forty years ago.” This is due to bacteria evolving resistance to our antibiotics, partly because of the copious amounts of antibiotics that are fed to livestock (a good reason to cut out meat and dairy!) and the over-prescription of antibiotics, especially for illnesses that are not helped by them (please stop asking your doctor for antibiotics for colds!).

The award for my favourite tidbit of information in this book goes to:
•All of your skin colour is in “a sliver of skin about a millimeter thick”.
Did you get that?? ALL of the pigment in your skin is in a sliver so thin that you can see through it! “That’s all that race is—a sliver of epidermis.” For this we have enslaved millions of people, killed, hated, treated unfairly, imprisoned. For a translucent sliver of skin. Stupid reason if you ask me, especially when you consider that if you go back far enough, every single person on earth has ancestors who came from Africa. We ALL had black ancestors. We ALL came from Africa. The original skin colour of homo sapiens was dark, so stop already. Stop hating on people over a sliver of skin. If you have “white” skin, it’s due to a gene mutation, a freak gene that happened to get passed on because our ancestors needed Vitamin D after they left Africa. Not because you are somehow superior to people who have more melanin than you. Got that?
Those are just a few of the many things I highlighted in this book. If you enjoy learning new things, if you like to know what makes you you, or if you have an extra $151,578.46 on hand and want to know the ingredients required to create a human body, this is the book for you!.

The miracle of human life is not that we have some weaknesses, but that we are not overcome by them. Don’t forget that our genes come from ancestors who for the most part were not even human. Some of them were fish; many others were small and furry and lived in burrows. Such are the beings from whom we have inherited our body plan. We are the product of 3,000 million years of evolutionary adjustments. Without a doubt we would all be much better if we could start from scratch and provide ourselves with a body built for our specific Homo sapiens needs: walking upright without destroying our knees and back, swallowing without having a high risk of choking, producing babies like a vending machine … But we were not built for that.

It may be a bit surprising if you think about it, but our skin is our biggest organ, and possibly the most versatile. It keeps guts inside and bad things out. Cushions the blows. It provides us with a sense of touch, giving us pleasure, warmth, pain and almost everything that makes us vital beings. Produces melanin to protect us from the sun’s rays. It is repaired when we mistreat it. She is responsible for how much beauty we manage to possess. Take care of us.
The formal name by which the skin is called is the cutaneous system. Its size is about two square meters, and its total weight usually ranges between 4.5 and 7 kilos, although, obviously, this depends on our height.
The skin is made up of an inner layer called the dermis and an outer layer called the epidermis. The outermost surface of the epidermis, the so-called horny layer, is made entirely of dead cells. It is a fascinating idea that just what makes us most charming is dead. Wherever the body meets air, we are all corpses. Those external skin cells are replaced every month. We lose skin copiously, almost irresponsibly: about 25,000 “flakes” per minute, that is, more than a million every hour.
Meissner’s corpuscles are everyone’s favorite. They detect the slightest touch and are particularly abundant in our erogenous zones and other areas of increased sensitivity: fingertips, lips, tongue, clitoris, penis, etc. They are named after the German anatomist Georg Meissner, who is credited with discovering it in 1852, although his colleague Rudolf Wagner claimed that he was actually the discoverer.

Sweat is 99.5% water; the rest is made up of about half salt and half other chemicals. Although salt represents only a small part of our sweat, when it is hot we can lose up to 12 grams (three teaspoons) of it in a day, an amount that can be dangerously high, so it is also important to replace the salt in addition of the water.
Sweating is activated by releasing adrenaline; hence we sweat when we are stressed. Unlike the rest of the body, the palms of the hands do not sweat in response to physical exertion or heat, but only because of stress. That emotional sweating is what is measured on polygraph tests.
Sweat glands are of two types: eccrine and apocrine. The eccrine glands are by far the most numerous and produce that watery sweat that soaks our shirt. Apocrines are mainly limited to the groin and armpits, and produce thicker, stickier sweat.

The human brain is tremendously unattractive. For starters, it is made of between 75 and 80% water, while the rest is mainly divided between fats and proteins. It is curious that three such mundane substances can come together in a way that allows us to think, remember, see, appreciate aesthetics, and so on. If the reader could remove the brain from the skull, they would almost certainly be surprised to see how soft it is. The consistency of the brain has been compared, among other things, to tofu, soft butter, or a lightly overcooked gelatinous pudding.
The great paradox of the brain is that everything we know about the world is provided by an organ that has never seen that world in itself. The brain lives in silence and darkness, like a prisoner in a dungeon. It has no pain receptors, and literally no feelings. You have never felt the warmth of the sun or a gentle breeze. To our brains, the world is just a stream of electrical impulses, like taps of Morse code.

Dreams may just be a by-product of our nocturnal brain “cleansing.” As the brain removes debris and consolidates memories, neural circuits are randomly activated, producing brief, fragmentary images, akin to when we jump from one television channel to another looking for something to watch. Faced with this incongruous flow of memories, anxieties, fantasies, repressed emotions, and so on, the brain is perhaps trying to construct a coherent story, or it is also possible, given that it is resting, that it is not trying at all and just letting all those unrelated pulses. That could explain why dreams are not generally remembered too much despite their intensity: because, in reality, they are neither important nor significant.

No one knows why we yawn. Babies yawn in the womb (they also have hiccups). People who are in a coma yawn. It is an omnipresent aspect of life, and yet what exactly it does for us is unknown. It has been suggested that it could be related in some way to the removal of excess carbon dioxide, although no one has yet explained how exactly. Another possibility is to introduce a gust of cooler air into your head, which would slightly eliminate drowsiness, although I haven’t yet met anyone who feels refreshed and energized after yawning. What’s more, no scientific study has shown that there is a relationship between yawning and energy levels. There is not even a reliable correlation between yawning and fatigue level. In fact, when we yawn the most it is in the first minutes after getting up after a good night’s sleep, that is, when we are more rested.
Perhaps the least explainable aspect of yawning is how extremely contagious it is. Not only do we tend to yawn more or less when we see others do it, but simply hearing about or thinking about yawning really makes us yawn.

Currently, the legacy that newborns bring to the world with them is not lack of nutrition, but quite the opposite. So not only are they born in homes where people eat more and exercise less, but they also acquire a greater innate vulnerability to succumb to the diseases that these poor lifestyles entail.
It has been suggested that today’s children will be the first in modern history to have shorter and less healthy lives than their parents. It seems, then, that not only are we rushing to the grave prematurely because of our lifestyle, but we are also raising our children to accompany us.

Pain is curiously mutable. The brain can augment it, attenuate it, or even ignore it depending on the situation. In extreme circumstances, it may even be completely overlooked.
The only problem with placebos is that, although they are often effective in those ailments over which our mind has some control, they cannot help us at all with those problems that escape our conscious level. Placebos do not shrink tumors or remove blockage in the arteries. But for that matter, neither do the more aggressive painkillers, and at least placebos have never sent anyone to their graves early.

Pharmaceutical companies have not always acted in the most ethical way. In 2007, Purdue Pharma paid $ 600 million in fines and penalties for marketing the opioid OxyContin (oxycodone) with fraudulent claims. Merck paid $ 950 million in penalties for failing to disclose the problems its anti-inflammatory drug Vioxx (rofecoxib) could cause, which was eventually withdrawn from sale, but not before having likely caused up to 140,000 preventable heart attacks. GlaxoSmithKline currently holds the record for the largest sanction ever imposed on a pharmaceutical company: $ 3 billion for a lot of transgressions.
All drugs carry a mixture of risks and benefits, and the former are often not well studied. Everyone has heard that taking a low dose of aspirin every day can help prevent a heart attack. That’s true, but only up to a point. According to a study of people who had been taking low-dose aspirin daily for five years, 1 in 1,667 had escaped a cardiovascular problem, 1 in 2,002 had avoided a non-lethal heart attack, and 1 in 3,000 had escaped a non-lethal stroke, while 1 in 3,333 suffered significant GI bleeding that they would not otherwise have experienced.
Actually, a corpse is very much alive. Only that life is no longer ours, but that of the bacteria we have left behind, in addition to any others that get on the car. As they gobble up the body, gut bacteria produce various gases, including methane, ammonia, hydrogen sulfide, and sulfur dioxide, in addition to other compounds that carry the explicit names of cadaverine and putrescine. The smell of a decomposing corpse generally becomes excruciating in a matter of two to three days, a little less if it’s hot. Then the smells begin to diminish little by little until there is no meat left and therefore nothing that you can smell. Obviously, this process can be interrupted if the body falls into a glacier or a peat bog, where bacteria cannot survive or proliferate, or if it is kept in extremely dry conditions so that it mummifies. Let’s say in passing that it is a myth, in addition to a physiological impossibility, that hair and nails continue to grow after death. After death, absolutely nothing grows.

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