Emocionarte: La Doble Vida De Los Cuadros — Carlos Del Amor / Thrill You: The Double Life Of Paintings by Carlos Del Amor (spanish book edition)

Este libro ha ganado el premio Espasa 2020 y me parece una pequeña joya para los amantes de la pintura y muy recomendable su lectura.
Los cuadros tienen muchas vidas. Esa es la premisa de este libro. Un cuadro esconde una historia real, o una curiosidad, que normalmente no leemos en las cartelas que cada museo instala al lado de la obra. Pero también esconde una ficción, que es la que cada espectador imagina cuando se pone delante y lo mira atento, olvidándose por un instante de todo y de todos.
Esta obra es una declaración de amor a la pintura.

Ángeles Santos. Cuesta creer que aquella mujer, aquella chica que puso patas arriba el mundo artístico del Madrid de la época, no haya sido más recordada y no sea tan reconocida como su figura merece.
En cualquier caso, logró el sueño que muchos persiguen y no acarician después de toda una vida, haber dejado como herencia para las generaciones venideras todo un mundo en el que perderse. Un mundo es un cuadro ante el que se puede estar horas y horas y descubrir detalles y personajes en cada mirada.

Vermeer (La callejuela) dos cosas sí están claras: era una zona humilde de la ciudad y lo de explorar no iba mucho con Vermeer, que prefería siempre retratar lo que tenía a mano y conocía. Claro, no fuera a moverse demasiado, el bueno de Vermeer.
Uno de los grandes logros de esta pintura, a mi juicio, es la capacidad de transmitir lo cotidiano, lo normal, la vida a ras de suelo. De ser el reflejo de la verdad y del tiempo vivido. No sucede en ella nada extraordinario y, sin embargo, todo lo que sucede no volverá a acontecer. Es la rutina de una mujer cosiendo, otra aclarando, dos niños jugando. Es lo que se vería cada tarde, al abrir una ventana, en cientos de casas un día cualquiera de aquel siglo XVII. Documentar las pequeñas cosas de nuestro día a día es una gran labor sociológica y antropológica.
De Vermeer, del que solo se conservan treinta y cinco obras, me da mucha pena que no se animara más a salir a campo abierto. Nos hemos perdido muchos cielos por eso.

Rembrandt (Autorretrato 63 años) “En la vergüenza de tener que llegar a vender incluso la tumba de Saskia. Pensará en aquel mono que compró y en para qué lo compró, en los objetos adquiridos en subastas, en el Rafael que le arrebataron por un puñado de florines, en los viajes que no hizo ni a Italia ni a ningún sitio. Pensará en cómo dotó a diosas y personajes bíblicos de rostros mundanos, en las modelos imperfectas a las que dibujó y a las que hizo posar en posturas novedosas y pioneras que no convencían a los clásicos. Su mirada limpia de hombre derrotado nos interpela para que busquemos en los museos y en los libros sus victorias, que fueron muchas; sobre todo la de la Historia, a la que ha pasado como un genio que puede firmar solo con su nombre, como lo hicieron Leonardo o Miguel Ángel.
Quien mejor resumió la obra de Rembrandt fue, probablemente, Vincent Van Gogh, que firmaba solo como Vincent como homenaje a su compatriota. Al ver sus cuadros, Vincent dijo que había que haber estado muerto varias veces para pintar así. Y esa es la clave de la mirada de los últimos autorretratos: la de un hombre que ha muerto muchas veces y ha resucitado otras tantas. Uno puede nacer con el don de la pintura, pero lo de morir en repetidas ocasiones solo está al alcance de los elegidos.
La luz siempre la luz.

Picasso mostró mucho interés por el cuadro Muchacha de Figueres. Nace aquí también una de las relaciones artísticas más peculiares de la historia, basada en la rivalidad y la admiración. Rivalidad sobre todo en una dirección, del discípulo hacia el maestro. Una rivalidad que se convirtió en división durante el franquismo y que se puede resumir en este juego de afirmaciones y negaciones salidas de la boca de Dalí:

Picasso es español, yo también. Picasso es un genio, yo también. Picasso tiene 72 años, yo unos 48. Picasso es conocido mundialmente, yo también. Picasso es comunista, yo tampoco.
Muchas veces el talento de Dalí se le escapaba a borbotones por una boca demasiado grande.

Hiroshige fue uno de los máximos exponentes del ukiyo-e un género de grabados en los que el paisaje era el motivo principal. El término ukiyo-e viene a significar ‘mundo flotante’ y, de alguna manera, nos sirve como metáfora para descubrir una de las principales virtudes de Hirosigue: su mágica habilidad para captar la atmósfera de lo que refleja en sus grabados. No se trata solo de dar testimonio de la manera en que viven sus vecinos, el mérito está también transmitir el ambiente y la intrahistoria de esas personas que peleaban por asimilar tanto cambio en tan poco tiempo.
Lo mejor es repasar todas las imágenes que componen la estupenda serie, donde comprobaremos también la influencia del «japonismo» en, por ejemplo, el impresionismo y el postimpresionismo.

Retrato de Madame X (John Singer) El cuadro produjo justo el efecto contrario al deseado. Esa sociedad que parecía moderna no estaba dispuesta a aplaudir un lienzo que exaltaba la belleza femenina sin ningún tipo de sumisión. El machismo imperante quería a la mujer bella, pero no protagonista; quería ver sensualidad, desnudos incluso, pero en mujeres lejanas y no reconocibles, con las que no fueras a cruzarte un día por la calle. No se veía con buenos ojos la palidez azulada de alguien que se saltaba las normas establecidas y vivía ajena a la corrección imperante. Las mentes supuestamente abiertas de aquellos años se mofaban y se llevaban las manos a la cabeza cada vez que veían un cuadro que, en un principio, dejó contentas a ambas partes.
Después de su exhibición, la reputación de Virginie cayó en picado, hasta el punto de que la leyenda cuenta que terminó recluida en una casa de la que mandó quitar todos los espejos para no verse nunca más. Una exageración, tal vez, pero que sirve para hacernos una idea del daño que puede hacer un tirante caído o unos ojos que miran mal.
A Sargent le dejaron de llegar encargos y «huyó» a Gran Bretaña, donde encontró de nuevo el rumbo de una carrera brillante. El título del cuadro quedó para siempre con una X, la señora X,aunque todo el mundo supiese quién era esa X. El cuadro y su historia han inspirado libros, e incluso un ballet.
El tirante volvió por arte de magia al hombro y el lienzo estuvo en poder de Sargent hasta que lo compró el Metropolitan de Nueva York. Él siempre dijo que era lo mejor que había pintado, aunque el precio fuese alto.

Interior en la calle Strand. La obra de Vilhelm Hammershøi, sobre todo los interiores que protagonizan gran parte de su producción, está llena de interrogantes, de misterio y, por tanto, de preguntas. Sus cuadros transmiten, al mismo tiempo, paz e inquietud. Son bellísimos de ver, pero, una vez que el ojo los ha examinado, se activa el cerebro y empieza la incertidumbre. Empezamos diciendo lo bonita que es la luz, el juego de cortinas que atenúan su paso, pero enseguida nos preguntamos por la soledad que transmite la mujer o por la ausencia de los enseres habituales en un hogar.
Esa desnudez es el denominador común en toda la obra de este artista danés que trabajó a caballo entre dos siglos, finales del XIX y principios del XX.
Para quien tenga la tentación de tacharle de simple —aunque dudo que alguien lo haga—, no estaría mal comentar que en 2012, durante la restauración de este cuadro, el equipo que intervino encontró cuarenta tipos diferentes de blanco. El blanco es el color por excelencia de la simplicidad —bien entendida, claro—, el color de la sencillez y de la perfección. Yo no sabía que el blanco podía llegar a tener cuarenta tonalidades dis­­­tintas.
Blanco abedul, blanco alabastro, blanco albino, blanco de Krems, blanco lechoso, blanco de luna, blanco nácar, blanco nieve, blanco perla, blanco tiza, blanco viejo, blanco yeso, ultrablanco…

El origen del mundo (Gustave Courbet) No sabemos cómo se produciría la oferta ni la reacción de Constance al escuchar cómo querían retratarla. Ni siquiera sabemos si le contaron toda la verdad o ella iba con la idea de que sería un desnudo de cuerpo entero. Es más, hasta hace poco no sabíamos que la protagonista del desnudo más polémico de la historia del arte era ella. Durante un tiempo se creyó que la protagonista era Joanna Hiffernan, amante del artista.
A Courbet hay que concederle un mérito innegable: nunca dejaba indiferente. Nadaba a contracorriente, en contra del romanticismo y del neoclasicismo, los cánones imperantes en su época. Era una piedra en el zapato de las mentes supuestamente limpias de ayer y también de hoy.
Courbet escandalizaba, pero sesenta años antes un tal Francisco de Goya ya había pintado vello púbico, algo menos abundante, en La maja desnuda. Por algo Goya es el más moderno siempre, sea la época que sea.
Volviendo a El origen del mundo, hay varias preguntas que no tienen respuesta todavía. No sabemos qué le pareció a Constance el resultado final de la obra, pero, a pesar del escándalo, lo cierto es que no repercutió en su vida, que transcurrió cómodamente e incluso llegó a convertirse en una filántropa reconocida. Sí sabemos que, al morir, tenía con ella un cuadro de Courbet: un jarrón con flores. Camelias, las flores de las cortesanas, y en el centro una planta con una corola rojiza profunda, que abre. Un homenaje a quien, años atrás, se había abierto de piernas ante el artista que creó una de las obras más misteriosas de la historia.

Los Amantes (René Magritte) Lo bueno de un cuadro de René Magritte es que cada uno lo puede hacer suyo y cada cual interpretarlo de una manera diferente. Al propio artista no le gustaba explicar mucho sus obras; son cuadros llenos de preguntas esperando ser respondidas por la imaginación o la mente del que las observa. Magritte tiene algo de mago en su forma de desvirtuar la realidad, de deformarla y, sin embargo, provocar que nos hagamos preguntas muy reales que no sabíamos siquiera que nos perturbaran. A veces nos pone delante de una especie de espejo que nos devuelve, no el reflejo de nuestra figura, sino el reflejo de unos pensamientos guardados en algún rincón de nuestra memoria.

Vieja friendo huevos es uno de los primeros cuadros de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, al menos como pintor con todas las de la ley. Se había examinado con éxito un año antes, después de pasar otros seis en el taller de Francisco Pacheco. Ese examen le daba licencia para practicar el arte en todo el reino y tener tienda pública, además de aprendices. Pacheco fue una de las personas que más influyó en él y al que debe gran parte de su carrera, que se adivinaba mientras pintaba esta escena.
No existe certeza absoluta, pero sí muchas sospechas, de que la mujer y el chico que vemos en este cuadro son su suegra, María del Páramo, y Diego Melgar, aprendiz que estuvo en su taller dos de los seis años que debían cumplir los aspirantes a pintor.
Un apunte menor y anecdótico, aunque ¿qué sería del arte sin las anécdotas? En Escocia este cuadro se titula An old woman cooking eggs. Es un matiz, pero nos sirve para hacernos una idea de hasta dónde se analiza un cuadro. Ese cooking es ‘cocinando’ y no ‘friendo’, como se ha titulado en España. Hay «encendidas discusiones» sobre si la señora está friendo un huevo o lo está escalfando, y si es aceite o agua lo que contiene el anafe. Yo, sinceramente, si me tuviese que jugar el sueldo, diría que los está friendo. Pero tampoco pondría la mano en el fuego, o en el aceite.

La casa junto a la vía del tren (Edward Hopper) Casi cuarenta años después de que Edward Hopper pintara esta obra, otro genio, llamado Alfred Hitchcock, la construyó en un estudio en California y la convirtió en una protagonista más de Psicosis, la morada de Norman Bates.
Este lienzo, al margen del desasosiego que provoca en el espectador, marcó para siempre la carrera de un artista que hasta 1926 no había podido vivir de sus cuadros. Hopper estuvo a principios del siglo XX en un París en el que todo el mundo quería estar, o al menos todo el mundo deseoso de ser artista y vivir, y donde dedicó más tiempo a la ilustración que a otra cosa.

La ronda de los presos (Van Gogh) Van Gogh envidia la normalidad y el aire que respiramos. Podría salir del cuadro, pero se ha olvidado de respirar y de estar en otro mundo que no sea el mundo de fantasmas que llena su cabeza.
Hay un rayo de esperanza en el cuadro, una vía de escape, un símbolo de la ansiada libertad que no es que haya sido cortada, es, simplemente, imposible de disfrutar. Ese símbolo son dos pequeñas mariposas blancas que se pueden adivinar en la parte superior del cuadro, en el segmento correspondiente a la pared central. Esas mariposas podrían vencer esos muros, doblegar el infinito y revolotear por el mundo que tanto añora ese hombre que, bajo la atenta mirada de un vigilante y ajeno a la conversación de dos señores con sombrero, sueña con ir con ellas y sentirse libre. Libre de esas cadenas invisibles y mentales que uno no sabe cómo romper.

Bodegón con flores, copas doradas, monedas y conchas (C.Peeters)
Hablar de Clara Peeters, intentar trazar su biografía, es práctica­mente imposible. Cada pista termina conduciéndote a un callejón sin salida, a un lugar sin retorno. Son muchos los especialistas que han tratado de dibujar su existencia en la Amberes de la primera mitad del siglo XVII, pero no hay conclusiones claras sobre quien fue realmente esta mujer. Se desconoce si Peeters fue su apellido de nacimiento o el apellido de su marido, que ella adoptó. No se puede afirmar si su padre fue pintor o si lo fue su marido. Solo existen sombras alrededor de la figura de una mujer de la que sí se sabe que triunfó y que vivía holgadamente, al menos si nos fijamos en los materiales utilizados en sus cuadros, en las telas y en los diferentes soportes. La mayoría de los investigadores dan por hecho que estuvo casada, por la representación hasta en seis obras de un cuchillo. Los cuchillos, en el siglo XVII, dan para una novela completa. En las celebraciones o banquetes el cuchillo lo traía el invitado, que, al sacarlo, y dependiendo del nivel de belleza, filigrana y materiales del mismo, dejaba constancia de su clase social. El cuchillo, además, era el regalo estrella en las bodas; por eso, por haberlo incluido hasta en seis de sus cuadros, y con su nombre, muchos dan por hecho su casamiento. Por cierto, el tenedor no estaba muy bien visto entonces.
El bodegón, considerado en ocasiones un género menor, se puso de moda en el siglo XVII y Clara fue pionera en él por varios motivos. Fue la primera en representar peces en una naturaleza muerta —los peces tenían connotaciones religiosas, al hacer alusión al ayuno—. Son peces de agua dulce, peces para consumir frescos, muy apreciados entonces frente a los de agua salada, conservados en salazón. A Clara le gusta también representar quesos, y en la obra que ilustra este comentario vemos también conchas de mar que aportan un toque exótico a la composición.
La que es una de las señas de identidad de Clara Peeters, los selfies incluidos en muchos de sus cuadro.

Triple Swirl Fade to Black (Charles Bell) No es la más espectacular de las pinturas de Charles Bell, pero entre las que podía elegir me quedo con esta por las sombras de todas y cada una de las canicas. A alguien que no ha sido dotado con el don del dibujo o la pintura le resulta imposible entender cómo es posible pintar esa sombra perfecta de cada una de esas canicas y captar esos destellos de luz que salen de cada una.
El hiperrealismo, o fotorrealismo, es un género a veces denostado por los gurús del arte. Siempre me ha parecido fascinante por la capacidad para engañar al ojo humano, por la parte de trampantojo que tiene. La realidad es tan real, como su propio nombre indica, que deja de serlo para transformarse en otra cosa. En una imagen onírica que parece sacada de algún sueño, donde los sentidos se ponen a flor de piel y percibimos todo con tal detalle que, si nos sucediera despiertos, caeríamos desmayados por el exceso de información.

El Abrazo (Juan Genovés) El abrazo necesita de dos personas, es un espejo en el que nos vemos reflejados con la cara del otro. Los brazos suben acompasados para buscar la espalda del que tenemos enfrente, las caras suelen evitarse y las mejillas, dependiendo del tipo de abrazo, quedan más o menos cerca. Los abrazos necesitan poca excusa para darse, pero aun así hay abrazos que pueden cambiar el curso de la historia, de la personal o de la otra. Un abrazo es sellar la paz si ha habido guerra o un acto que sirve para celebrar la paz de vivir sin guerra.
Era 1976 y España necesitaba, entre otras muchas cosas, que la gente se abrazara. En realidad, es algo que nunca ha dejado de necesitar ni España ni casi ningún país. Ese cuadro, que nació en la puerta de un colegio, se convertiría en el icono de un tiempo en el que se buscaba la reconciliación entre personas que conviven en un mismo país, entre las dos partes de una España que necesitaba sacudirse décadas de dictadura, de opresión, de torturas y de cercenamiento de libertades. Había que celebrar que terminaba una etapa llena de oscuridad y, a la vez, intentar abrazar al de enfrente que siempre estuvo enfrente.
El cuadro se convirtió en icono de la forma más rocambolesca posible.
Para Genovés, ese cuadro no era suyo, no le pertenecía. Era un cuadro exclusivamente del pueblo y destinado a recordar a todos los que lucharon por instaurar la libertad en España y a convertirse en símbolo de la fraternidad entre los españoles.
Decía al principio que para un abrazo es imprescindible que haya dos personas. Genovés me quita la razón. Si se fijan, en el extremo derecho del cuadro hay una persona que no abraza a nadie, sus brazos no vuelan a encontrarse con ninguna espalda. Genovés decía que esa mujer está abrazando al futuro, ese en el que todo está por hacer, por ver, por imaginar, por pelear. En el que todo está por abrazar.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/06/30/el-ano-sin-verano-carlos-del-amor/

https://weedjee.wordpress.com/2015/07/13/la-vida-a-veces-carlos-del-amor/

https://weedjee.wordpress.com/2020/10/24/emocionarte-la-doble-vida-de-los-cuadros-carlos-del-amor-thrill-you-the-double-life-of-paintings-by-carlos-del-amor-spanish-book-edition/

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This book has won the Espasa 2020 prize and I think it is a little gem for lovers of painting and I highly recommend reading it.
Paintings have many lives. That is the premise of this book. A painting hides a real story, or a curiosity, that we normally do not read on the posters that each museum installs next to the work. But it also hides a fiction, which is what each viewer imagines when they stand in front of it and look at it attentively, forgetting for a moment everything and everyone.
This work is a declaration of love for painting.

Holy Angels. It is hard to believe that that woman, that girl who turned Madrid’s artistic world upside down at the time, has not been more remembered and is not as recognized as her figure deserves.
In any case, she achieved the dream that many pursue and do not cherish after a lifetime, having left as an inheritance for future generations a whole world in which to lose oneself. A world is a painting in front of which you can spend hours and hours and discover details and characters in each look.

Vermeer (La callejuela) two things are clear: it was a humble area of the city and exploring did not go much with Vermeer, who always preferred to portray what he had at hand and knew. Sure, he wasn’t going to move too much, good old Vermeer.
One of the great achievements of this painting, in my opinion, is the ability to transmit the everyday, the normal, life at ground level. To be the reflection of the truth and of the time lived. Nothing extraordinary happens in it, and yet everything that happens will never happen again. It is the routine of one woman sewing, another clarifying, two children playing. It is what you would see every afternoon, when you open a window, in hundreds of houses on any given day of that seventeenth century. Documenting the little things of our day to day is a great sociological and anthropological task.
Of Vermeer, of which only thirty-five works are preserved, I am very sorry that he did not dare to go out into the open again. We have missed a lot of heavens for that.

Rembrandt (Self-portrait 63 years) “In the shame of having to sell even Saskia’s grave. He will think of the monkey he bought and why he bought it, the objects he bought at auctions, the Raphael that was taken from him for a handful of florins, the trips he made neither to Italy nor anywhere. He will think about how he endowed goddesses and biblical characters with worldly faces, the imperfect models he drew and posed in novel and pioneering poses that did not convince the classics. His clean gaze of a defeated man challenges us to search museums and books for his victories, which were many; especially that of History, to which he has passed as a genius who can sign only with his name, as Leonardo or Miguel Ángel did.
The person who best summarized Rembrandt’s work was probably Vincent Van Gogh, who signed only as Vincent as a tribute to his compatriot. Seeing his paintings, Vincent said that he must have been dead several times to paint like this. And that is the key to the gaze of the latest self-portraits: that of a man who has died many times and has risen again many times. One can be born with the gift of painting, but dying repeatedly is only available to the chosen ones.
The light always the light.

Picasso showed great interest in the painting Girl by Figueres. One of the most peculiar artistic relationships in history is also born here, based on rivalry and admiration. Rivalry especially in one direction, from the disciple to the teacher. A rivalry that turned into a division during the Franco regime and that can be summarized in this game of affirmations and denials that came out of Dalí’s mouth:

Picasso is Spanish, so am I. Picasso is a genius, me too. Picasso is 72 years old, I am 48. Picasso is known worldwide, I am too. Picasso is a communist, neither am I.
Dalí’s talent often gushed out of a too-large mouth.

Hiroshige was one of the greatest exponents of ukiyo-e, a genre of engravings in which the landscape was the main motif. The term ukiyo-e comes to mean ‘floating world’ and, in a way, it serves as a metaphor to discover one of Hirosigue’s main virtues: his magical ability to capture the atmosphere of what he reflects in his engravings. It is not only about giving testimony of the way their neighbors live, the merit is also transmitting the environment and the intrahistory of those people who fought to assimilate so much change in such a short time.
The best thing is to review all the images that make up the great series, where we will also check the influence of “Japonism” in, for example, Impressionism and Post-Impressionism.

Portrait of Madame X (John Singer) The painting produced just the opposite effect as desired. That society that seemed modern was not willing to applaud a canvas that exalted feminine beauty without any kind of submission. The prevailing machismo wanted the beautiful woman, but not the protagonist; I wanted to see sensuality, even naked, but in distant and unrecognizable women, with whom you would not cross one day on the street. The bluish pallor of someone who broke the established norms and lived oblivious to the prevailing correctness was not viewed favorably. The supposedly open minds of those years scoffed and clapped at their heads every time they saw a painting that initially left both parties happy.
After its exhibition, Virginie’s reputation plummeted, to the point that legend has it that she ended up confined in a house from which she had all the mirrors removed to never see herself again. An exaggeration, perhaps, but that serves to give us an idea of the damage that a fallen strap or eyes that look bad can do.
Sargent was cut off from commissions and “fled” to Britain, where he again found the path to a brilliant career. The title of the painting remained forever with an X, Mrs. X, even though everyone knew who that X was. The painting and its history have inspired books, and even a ballet.
The strap magically returned to the shoulder, and the canvas remained in Sargent’s possession until purchased by the Metropolitan in New York. He always said that it was the best thing he had painted, even if the price was high.

Interior on Strand Street. Vilhelm Hammershøi’s work, especially the interiors that star a large part of his production, is full of questions, mystery and, therefore, questions. His paintings convey, at the same time, peace and concern. They are beautiful to see, but once the eye has examined them, the brain is activated and uncertainty begins. We begin by saying how beautiful the light is, the set of curtains that attenuate its passage, but immediately we wonder about the loneliness that women transmit or the absence of the usual items in a home.
That nudity is the common denominator in all the work of this Danish artist who worked between two centuries, the late nineteenth and early twentieth centuries.
For those who are tempted to dismiss it as simple – although I doubt that anyone does – it would not be wrong to comment that in 2012, during the restoration of this painting, the team that intervened found forty different types of white. White is the quintessential color of simplicity — well understood, of course — the color of simplicity and perfection. I did not know that white could have forty different shades.
Birch white, alabaster white, albino white, Krems white, milky white, moon white, mother-of-pearl white, snow white, pearl white, chalk white, old white, plaster white, ultra white …

The Origin of the World (Gustave Courbet) We do not know how the offer would come about or Constance’s reaction to hearing how they wanted to portray her. We don’t even know if they told her the whole truth or if she was going with the idea that it would be a full body nude. Moreover, until recently we did not know that the protagonist of the most controversial nude in art history was her. For a time it was believed that the protagonist was Joanna Hiffernan, lover of the artist.
Courbet must be given an undeniable merit: he never left indifferent. He swam against the current, against romanticism and neoclassicism, the prevailing canons of his time. It was a stone in the shoe of the supposedly clean minds of yesterday and also today.
Courbet was scandalizing, but sixty years earlier a certain Francisco de Goya had already painted pubic hair, somewhat less abundant, in La maja desnuda. For a reason, Goya is always the most modern, whatever the era.
Returning to The Origin of the World, there are several questions that have not yet been answered. We do not know how Constance thought the final result of the play, but despite the scandal, the truth is that it did not affect her life, that she passed comfortably and even became a recognized philanthropist. We do know that when she died she had with her a painting by Courbet: a vase of flowers. Camellias, the flowers of courtesans, and in the center a plant with a deep reddish corolla, which opens. A tribute to who, years ago, had spread her legs before the artist who created one of the most mysterious works in history.

The Lovers (René Magritte) The good thing about a René Magritte painting is that everyone can make it their own and each interpret it in a different way. The artist himself did not like to explain his works much; they are pictures full of questions waiting to be answered by the imagination or mind of the observer. Magritte has something of a magician in his way of distorting reality, distorting it, and yet causing us to ask very real questions that we did not even know would disturb us. Sometimes it puts us in front of a kind of mirror that gives us back, not the reflection of our figure, but the reflection of some thoughts stored in some corner of our memory.

Old Woman Frying Eggs is one of the first paintings by Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, at least as a fully-fledged painter. It had been successfully examined a year earlier, after spending another six in Francisco Pacheco’s workshop. That exam gave him license to practice the art throughout the kingdom and have a public store, as well as apprentices. Pacheco was one of the people who most influenced him and to whom he owes much of his career, which was guessed while he was painting this scene.
There is no absolute certainty, but there are many suspicions, that the woman and the boy we see in this painting are her mother-in-law, María del Páramo, and Diego Melgar, an apprentice who was in her workshop for two of the six years that the applicants had to fulfill to painter.
A minor and anecdotal point, although what would art be without anecdotes? In Scotland this painting is titled An old woman cooking eggs. It is a nuance, but it helps us to get an idea of how far a painting is analyzed. This cooking is ‘cooking’ and not ‘frying’, as it has been called in Spain. There are “heated discussions” about whether the lady is frying an egg or poaching it, and whether it is oil or water that is on the stove. I, honestly, if I had to stake my salary, I would say that it is frying them. But neither would she put her hand in the fire, or in the oil.

The House by the Railroad (Edward Hopper) Almost forty years after Edward Hopper painted this work, another genius, named Alfred Hitchcock, built it in a studio in California and made it another protagonist of Psycho, the abode by Norman Bates.
This canvas, apart from the uneasiness it causes in the viewer, forever marked the career of an artist who until 1926 had not been able to live off his paintings. At the beginning of the 20th century, Hopper was in a Paris where everyone wanted to be, or at least everyone wanted to be an artist and live, and where he devoted more time to illustration than to anything else.

The round of prisoners (Van Gogh) Van Gogh envies normality and the air we breathe. He could get out of the painting, but he has forgotten to breathe and to be in another world other than the world of ghosts that fills his head.
There is a ray of hope in the painting, a way of escape, a symbol of the long-awaited freedom that is not that it has been cut off, it is simply impossible to enjoy. This symbol is two small white butterflies that can be seen in the upper part of the painting, in the segment corresponding to the central wall. Those butterflies could overcome those walls, bend the infinite and flutter through the world that this man longs for so much that, under the watchful eye of a vigilant and oblivious to the conversation of two men with hats, dreams of going with them and feeling free. Free from those invisible and mental chains that one does not know how to break.

Still Life with Flowers, Golden Cups, Coins and Shells (C. Peeters)
Talking about Clara Peeters, trying to trace her biography, is practically impossible. Each clue ends up leading you to a dead end, to a place of no return. Many specialists have tried to draw her existence in Antwerp in the first half of the seventeenth century, but there are no clear conclusions about who this woman really was. It is unknown whether Peeters was her birth name or her husband’s last name, which she adopted. It cannot be said whether her father was a painter or whether her husband was. There are only shadows around the figure of a woman who is known to have succeeded and who lived comfortably, at least if we look at the materials used in her paintings, the fabrics and the different supports. Most researchers assume she was married, from the depiction of a knife in up to six works. Knives, in the seventeenth century, give for a complete novel. In celebrations or banquets, the knife was brought by the guest, who, when taking it out, and depending on the level of beauty, fil and materials of the same, left evidence of her social class. The knife, in addition, was the star gift at weddings; For this reason, for having included her in up to six of her paintings, and with her name, many take her marriage for granted. By the way, the fork was not very well seen then.
Still life, sometimes considered a minor genre, became fashionable in the 17th century and Clara was a pioneer in it for several reasons. She was the first to represent fish in a still life – the fish had religious connotations, referring to fasting. They are freshwater fish, fish to be eaten fresh, highly valued then compared to saltwater fish, preserved in salting. Clara also likes to represent cheeses, and in the work that illustrates this comment we also see sea shells that add an exotic touch to the composition.
Which is one of Clara Peeters’ hallmarks, the selfies included in many of her paintings.

Triple Swirl Fade to Black (Charles Bell) It is not the most spectacular of Charles Bell’s paintings, but from which I could choose, I prefer this one for the shadows of each and every one of the marbles. It is impossible for someone who has not been gifted with the gift of drawing or painting to understand how it is possible to paint that perfect shadow of each one of those marbles and capture those flashes of light that come out of each one.
Hyperrealism, or photorealism, is a genre sometimes reviled by art gurus. I have always found it fascinating because of the ability to deceive the human eye, because of the trompe l’oeil part it has. Reality is so real, as its name suggests, that it ceases to be so to transform into something else. In a dreamlike image that seems to be taken from some dream, where the senses are put to the surface and we perceive everything in such detail that, if it happened to us awake, we would fall unconscious by the excess of information.

The Hug (Juan Genovés) The hug needs two people, it is a mirror in which we see ourselves reflected with the other’s face. The arms go up in rhythm to look for the back of the one in front of us, the faces are usually avoided and the cheeks, depending on the type of hug, are more or less close. Hugs need little excuse to give themselves, but there are still hugs that can change the course of history, personal or otherwise. A hug is to seal the peace if there has been war or an act that serves to celebrate the peace of living without war.
It was 1976 and Spain needed, among many other things, that people hug each other. In reality, it is something that neither Spain nor almost any country has ever stopped needing. That painting, which was born at the door of a school, would become the icon of a time in which reconciliation was sought between people living in the same country, between the two parts of a Spain that needed to shake off decades of dictatorship, of oppression, torture and curtailment of freedoms. It was necessary to celebrate the ending of a stage full of darkness and, at the same time, try to hug the one in front who was always in front.
The painting became an icon in the most bizarre way possible.
For Genovés, this painting was not his, it did not belong to him. It was a painting exclusively of the people and destined to remember all those who fought to establish freedom in Spain and to become a symbol of brotherhood among Spaniards.
I said at the beginning that for a hug it is essential that there are two people. Genovés takes my reason away. If you look at the right end of the painting there is a person who does not hug anyone, his arms do not fly to meet any back. Genovés said that this woman is embracing the future, the one in which everything is to be done, to see, to imagine, to fight. In which everything is to be embraced.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/06/30/el-ano-sin-verano-carlos-del-amor/

https://weedjee.wordpress.com/2015/07/13/la-vida-a-veces-carlos-del-amor/

https://weedjee.wordpress.com/2020/10/24/emocionarte-la-doble-vida-de-los-cuadros-carlos-del-amor-thrill-you-the-double-life-of-paintings-by-carlos-del-amor-spanish-book-edition/

2 pensamientos en “Emocionarte: La Doble Vida De Los Cuadros — Carlos Del Amor / Thrill You: The Double Life Of Paintings by Carlos Del Amor (spanish book edition)

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