Estos Mataron La Paz — Jorge Blaschke Torraballeda / These Killed The Peace by Jorge Blaschke Torraballeda (spanish book edition)

Interesante libro del año 2003 para los interesados poder profundizar más en estos temas en la senda de investigadoras como Cristina Martín Jiménez, donde sus libros estan comentados en el blog.

Actualmente, el Gobierno de Estados Unidos, con su partido republicano al frente, está presidido por un político que parece mantener aspiraciones a emperador del mundo; su poder se sostiene en el triunvirato formado por el Senado, el Pentágono y las multinacionales. Los servicios de seguridad estadounidenses son la guardia pretoriana del Presidente.
Una de las características de la religión romana era su profundo conservadurismo, algo muy similar sucede con las «religiones norteamericanas». Sin embargo, los romanos, como demuestra el decreto del año 212, aceptaban también el reconocimiento de los dioses venerados por otros pueblos. Las intenciones del actual cesar de la Casa Blanca, el presidente George W. Bush, son expandir su religión evangélica al resto del mundo, convertirse en un Mesías de su «renovado cristianismo». Éste es su objetivo secreto, para el cual cuenta con el apoyo de los movimientos fundamentalista de Estados Unidos, que poco a poco se han ido introduciéndose en la Casa Blanca y en la política americana para acabar con ese laicismo que les repugna.
El neofundamentalismo y la política proisraelí de la Administración de Bush ha situado al Vaticano en una disyuntiva, sin embargo, la Santa Sede ha optado por una política clara, el apoyo al «no» a la guerra y el apoyo al «sí» a las reivindicaciones del pueblo palestino. Roma ha tenido que elegir entre Alá o el Jehová de Israel; el primero considera a Jesús como un profeta, el segundo niega su existencia igual que niega la de la Virgen María. Es evidente que la apuesta del Vaticano no podía estar al lado de Israel.
El problema principal de la Administración de Bush eran los grupos integristas que proliferan en el mundo islámico. Su obsesión Al Qaeda y Hamás, su infravaloración del wahabismo de Arabia Saudí. La guerra de Irak ha buscado una independencia del petróleo estadounidense en manos de las familias saudíes, especialmente cuando se ha demostrado que las principales redes financieras del terrorismo pasan por ese Estado situado entre el mar Rojo y el golfo Pérsico, donde los derechos más fundamentales de la mujer no son respetados, así como muchos otros derechos humanos.

Hay más norteamericanos que asisten a eventos religiosos que a los eventos deportivos profesionales a lo largo de una semana; hay diferencias raciales importantes que segregan a los diferentes grupos dentro de una misma Iglesia (por ejemplo, los metodistas negros están representados principalmente por las Iglesias Episcopales Metodistas Africanas, en tanto que los metodistas blancos pertenecen en su mayoría a la Iglesia Metodista Unida, y lo mismo con otras comunidades); hay importantes comunidades cristianas separadas compuestas por inmigrantes (por ejemplo, las iglesias evangélicas independientes coreanas y centroamericanas).
El judaísmo es una religión de gran peso social, cultural y económico en Estados Unidos. Las personas de fe y cultura judías hacen grandes contribuciones en todos los aspectos de la vida norteamericana. En Estados Unidos, donde hay tres ramas principales del judaísmo (ortodoxos, reformistas y conservadores), viven más judíos que en cualquier otro país del mundo, Israel incluido.
En Estados Unidos, el Islam procede de dos tradiciones diferentes: la de los afroamericanos (descendientes de los antiguos esclavos) y la de los inmigrantes llegados a partir del siglo XX, principalmente de Asia y Oriente Medio. Los afroamericanos (o afronorteamericanos) se basaron en el hecho de que muchos de los esclavos eran, probablemente, musulmanes.
En realidad, el neofundamentalismo de Estados Unidos comenzó a desarrollarse durante la I Guerra Mundial, basándose en unos folletos titulados «Los fundamentos, un testimonio de la Verdad», que aparecieron entre 1910 y 1912. En ellos se exponía el nacimiento virginal de Cristo, la resurrección física de los muertos, la exactitud de la Biblia, la teoría de la Redención y el Segundo Advenimiento de Jesús. Estas teorías dividieron a los baptista y los presbiterianos que se colocaron a un lado y a otro como fundamentalistas y liberales.
Hoy, Estados Unidos es un enorme puzzle religioso donde existen 2150 religiones organizadas. Las raíces del pueblo estadounidense tienen una gran connotación fundamentalista a través de una enorme diversidad de grupos y ramas religiosas que, en muchos casos, salieron «por pies» del que el secretario de defensa Donald Rumsfeld llamó con desprecio, en 2003, «viejo continente».

William J. Clinton fue un problema para los fundamentalistas americanos. De entrada era un demócrata y no compartía las ideas belicistas de los halcones republicanos. Bill Clinton era un liberar que había que barrer, un protestante compasivo que simpatizaba con la gente de color y que, además, llegaba a la Casa Blanca con ideas reformistas que cambiaban las líneas marcadas por George H. W. Bush y Reagan. El caso Lewinsky posiblemente no habría tenido la publicad que tuvo si el ocupante de la Casa Blanca hubiera sido un republicano de la derecha más conservadora.
Clinton tenía la idea de elaborar una nueva política exterior y construir un mundo mejor con países más asociados y menos terroristas. Para ello tenía la pretensión de reforzar las instituciones internacionales, aliviar la deuda de las naciones pobres y cooperar en su desarrollo y, sobre todo, intensificar los esfuerzos para conseguir la paz en los lugares donde se veía amenazada la convivencia, especialmente en Oriente Medio. También quería, con medios pacíficos, presionar a Afganistán para que Al Qaeda y sus cabecillas, Osama Bin Laden entre otros, fueran expulsados. En cuanto a Corea de Norte, pensaba negociar con este país ayudas a cambio de impedir el desarrollo de misiles nucleares. Otro de sus ambiciosos proyectos se basaba en un control de la producción y distribución de armas químicas, biológicas y nucleares. En definitiva, todo un programa que no veían con buenos ojos los halcones que más tarde ocuparían la Administración de Bush; así que se pusieron manos a la obra para impedir que Al Gore pudiera ganar las siguientes elecciones y seguir con el programa de Clinton, y con sus propios programas ecologistas que tanto entusiasmaban a los partidos verdes.

Los neofundamentalistas han mostrado desde el primer momento un odio desmesurado hacia los movimientos feministas, los movimientos gays y todo lo relacionado con la New Age. Como consecuencia, creen que California es el Estado más depravado de la Unión, ya que en esta parte del país los movimiento feministas y gays se encuentran más implantados, así como las escuelas tipo Esalen del movimiento psicológico transpersonal, muy relacionado con el pensamiento New Age. Por otra parte, es un Estado dónde el consumo de enteógenos (marihuana, ayahuasca, peyote, etc.) tiene una mayor permisividad.
El neofundamentalismo ve como peligrosas todas las ideas que los movimientos feministas tienen de los derechos de la mujer, especialmente aquellos que están relacionados con el aborto, los anticonceptivos y la libertad sexual.
Los gays se convierten en casi el mismo Satanás, un sector social al que hay que castigar, encarcelar y, en el mejor de los casos, reformar. En cuanto a los seguidores de la New Age, están calificados de traficantes de drogas, comunistas, ateos, adoradores de Satanás, revolucionarios y humanistas laicos. Esta última calificación se convierte en un piropo bien aceptado por muchos pensadores progresistas norteamericanos y europeos.
Indudablemente, el movimiento New Age representa un gran peligro para los neofundamentalistas, ya que en sus postulados la Biblia queda relegada como libro anacrónico y Dios pasa a ser la «energía» o lo divino que hay en cada ser. El movimiento New Age no basa su creencia en un solo texto sagrado, sino en una tradición universal, primordial y original.
La moralidad neofundamentalista es, por otra parte, terriblemente ambigua. Así, los neofundamentalistas se oponen al aborto, pero están a favor de la pena de muerte, e igualmente muestran su indiferencia ante los miles de niños muertos en el Tercer Mundo por falta de alimentos. La libertad pregonada por Estados Unidos se ve coartada por el fundamentalismo; mientras se permite la venta de revistas eróticas y, en algunos casos, pornográficas, en determinados Estados la gente puede ser detenida por tener comportamientos sexuales «extraños» en sus propias casas, es decir, en su vida privada.
Si bien por un lado se denuncian las barbaridades que cometen otros países, por otro lado se hace una grosera vista gorda a las brutalidades e injusticias que produce su sistema penal.

Las elecciones del 7 de noviembre de 2000 no fueron un dechado de democracia, sino una pugna sombría en la que ambos partidos utilizaron toda serie de argucias para ganar, incluso los jueces del Tribunal Supremo se vieron presionados. Una cosa es evidente, que no fueron los votantes los que eligieron al sustituto de Clinton.
Hubo muchas irregularidades en el censo, en las papeletas y en la forma de votar. Pequeños arreglos del hermano de Bush. Muchas papeletas fueron declaradas nulas de una forma arbitraria, mientras el resto de la nación miraba con indiferencia la lucha entre dos candidatos que no despertaban mucho interés. Los cómicos del país encontraron en lo acontecido una gran fuente de frases ocurrentes y chistes políticos. La realidad es que todo los analistas parecen coincidir en que Gore obtuvo más votos que Bush. Pero no sólo fueron estos votos los que hubieran legitimado a Gore como presidente, sino todo los votos de electores de raza negra de Florida, que vieron cómo algunos oportunos cambios no les permitían votar en su zona electoral, y esto no son rumores, sino hechos que fueron corroborados por la Comisión de Derechos Civiles de Estados Unidos.
La lucha contra el Mal de Bush se basa en tres puntos esenciales: una nueva visión estratégica de la supremacía mundial estadounidense, un avance mesiánico del fundamentalismo cristiano y una relación entre el fundamentalismo cristiano y el sionismo israelí.
Para Bush, el Mal son los países que apoyan el terrorismo o fabrican armas de exterminio masivo, y esos países siempre forman parte de Oriente o son los más miserables del mundo. Nadie que esté en contra del terrorismo y de cualquier otra forma de violencia con fines políticos o de cualquier otro tipo, dejará de rechazar el hecho de que un país de Occidente pueda otorgarse a sí mismo el derecho de representar al Bien mientras, como es el caso de Estados Unidos, permita el «terrorismo» de las multinacionales y el hambre en el Tercer Mundo, donde se asesina a miles de seres humanos en guerras locales guiadas por intereses económicos y estratégicos ajenos a los mismos ciudadanos afectados.

Volvamos al Nuevo Orden Mundial, un nombre que, sin querer hacer comparaciones, porque son siempre odiosas, me recuerda al «orden mundial» que también quiso imponer la dictadura hitleriana. Entre otros aspectos que veremos al hablar de Nuevo Orden Mundial, el más espeluznante de todos es el conocido como Preemptive Attack, una estrategia que se empezó a utilizar sólo en cuestiones terroristas, pero sobre la que, más adelante, se argumentó que «la superposición entre Estados que patrocinan el terror y los que persiguen el desarrollo de las armas de destrucción masiva nos obliga a la acción», una acción que no necesita la justificación de una agresión directa y que convierte la simple sospecha en argumento más que suficiente para lanzar un ataque preventivo.
La guerra preventiva, o Preemptive Attack, da pie a atacar a todo país sospechoso, sólo se necesita colocarlo en el eje del Mal o insinuar que tiene armas de destrucción masiva para que pase a ser objetivo de los misiles de crucero. La guerra de Irak empezó con una advertencia de Bush, el país tenía —no era sospechoso de tener, sino que se aseguraba que tenía— armas de destrucción masiva, además de dar cobijo a los terroristas de Al Qaeda. Siria está ahora en el ojo del huracán militar estadounidense (y también Arabia Saudí), ya que Bush acusa al Gobierno de Damasco de tener armas químicas y de dar cobijo a los gobernantes de Irak que han huido de la guerra y que son sospechosos de tener relaciones con el terrorismo internacional.
El Nuevo Orden Mundial (o Estrategia de Seguridad Nacional) es un intento de reestructurar el mundo y responder a los acontecimientos del 11-S. La doctrina del Nuevo Orden Mundial aspira, como primer punto, a la defensa de la dignidad humana, uno de valores que todos reivindicamos. Sin embargo, esta defensa se realizará luchando contra los «estados delincuentes», y al parecer sólo será Estados Unidos y sus aliados coyunturales, como ha demostrado en la guerra contra Irak, quienes decidan qué países son delincuentes y cuáles no lo son.
Otro punto del Nuevo Orden Mundial se refiere al fortalecimiento de las alianzas entre países para derrotar el terrorismo en el mundo, así como a la creación de una estrategia que prevenga atentados contra Estados Unidos y los países que son sus amigos. No cabe duda de que hay que incrementar la lucha contra el terrorismo, pero no sólo con medios militares o policiales; también hay que encontrar las causas de la aparición de terrorismo y actuar sobre ellas, causas que como ya he destacado en otra parte de este libro son debidas a la marginación, la pobreza, el hambre y la enfermedad, factores que llevan a los oprimidos a buscar mejores alternativas.

El mayor peligro relativo al talante de la política internacional de Estados Unidos es su prepotencia. En Washington hay demasiados responsables políticos y militares que se saben inmensamente poderosos en lo militar, y que parecen mostrar una actitud soberbia que los lleva a pensar que pueden hacer cualquier cosa con total impunidad. Esta gente son principalmente los «halcones» de Bush, y no han aparecido espontáneamente, sino que han estado volando sobre los cielos del Capitolio, el Pentágono y la CIA, en Langley, desde los tiempos de la Administración Reagan. Sus vuelos rasantes van de uno al otro lado del Potomac, con insinuaciones, mensajes, planes y proyectos. Un día, hace ya mucho tiempo, estos halcones se reunieron en las entrañas de su nido secreto y elaboraron un plan siniestro que consistía, primero, en armar a su país de una forma que nadie pudiera igualarle, y después en lanzarse a la conquista del mundo para, según sus criterios neofundamentalistas, cambiarlo, controlar sus recursos y cumplir, junto a su aliado Israel, un designio divino.
Los «halcones» de Bush no sólo son conservadores y neofundamentalistas, también son potentados hombres de negocios y poderosos dirigentes de empresas multinacionales.
Rumsfeld es un representante de las megacorporaciones armamentistas que actúan dentro del complejo militar-industrial. Junto a Condoleezza Rice, es uno de los principales impulsores del Escudo de Defensa Antimisiles, cuyo programa fue dejado en suspenso tras el 11-S, para poner en marcha otros proyectos más rápidos y eficaces que tenía Rumsfeld en su cartera: la invasión de Afganistán, Irak, Siria, Irán, Líbano y Arabia Saudí, todo un superplan que cambiaría el mundo y aseguraría la tranquilidad de Israel.
Dicen que el sombrío Rumsfeld sólo comenzó a sonreír el día que anunció a los medios de comunicación que Estados Unidos se encontraba en guerra contra Irak; esa noticia parecía significar para él el arranque de su gran proyecto imperialista, en el que Irak aparecía desde hacia años, desde la era de Jimmy Cárter, como primer objetivo.

Dick Cheney, por entonces secretario de Defensa del Gobierno de George H. W. Bush, fue quién orquestó, en 1990, la llamada guerra del Golfo Pérsico. Ya en aquel momento su idea era reafirmar el control de Estados Unidos sobre el petróleo de Oriente Medio.
Dick Cheney es uno de los accionistas mayoritarios de Halliburton Inc., en Texas, empresa que dirigió entre 1995 y 2000. Halliburton Inc. es la subsidiaria más importante de la compañía de petróleo y de la construcción Brown & Root, que, a su vez, con otras compañías asociadas, puede instalar plataformas petrolíferas, perforar pozos y construir gigantescos oleoductos. Halliburton Inc. es, sin duda, la primera empresa del mundo en servicios petrolíferos, y su capacidad de acción se extiende a cualquier parte del mundo.

Richard Perle es conocido en la Administración de Bush desde hace años como «el príncipe de las tinieblas», por su aspecto físico, su tendencia a actuar en segundo plano y su extremismo ideológico.
Perle fue secretario adjunto de Defensa en la Administración de Ronald Reagan, cargo desde el que se opuso a los acuerdos de limitación de armas estratégicas entre Estados Unidos y la URSS; también fue uno de los más ardientes defensores de la llamada «guerra de las galaxias».
Perle es un halcón que asegura que Estados Unidos «no derrotará y ni siquiera contendrá al terrorismo fanático a no ser que pueda llevar la guerra a los territorios en los que se inicia». Su amenaza no se centra estrictamente en Afganistán e Irak, para Perle, el siguiente objetivo, que califica de «urgente», es acabar con el régimen iraní.
Richard Perle, Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz forman el triunvirato más peligroso de la historia de Estados Unidos y uno de los más inquietantes de la historia de la humanidad.

Todos los analistas apuntan a Paul Wolfowitz como el ideólogo del Nuevo Orden Mundial, e, indudablemente, como el cerebro del Pentágono.
Wolfowitz es un defensor a ultranza de Israel y su política militarista. Su tendencia proisraelí, como apunté antes, viene provocada por la muerte de varios familiares suyos en el Holocausto.

La postura del Vaticano hay que verla en que este parece haber encontrado en el Islam uno de sus principales interlocutores, al igual que en la Iglesia protestante u ortodoxa. La Iglesia católica ha fomentado unas buenas relaciones con el Islam, el mismo Papa ha estrechado lazos en los últimos tiempos, más que con el judaísmo, con el que las posturas son mucho más enfrentadas, especialmente porque la Santa Sede siempre ha ligado los problemas de Irak con el viejo contencioso palestino-israelí. La diplomacia vaticana ha apoyado siempre la causa palestina, también ha condenado su terrorismo, pero ha sido partidaria de otorgar un estatuto internacional a Jerusalén, tema del que los judíos no quieren ni oír hablar, ya que, a ese respecto, no están dispuestos a doblegarse bajo ningún concepto.
Es evidente que la Santa Sede está más cerca del Islam que del judaísmo. También sabe que la Administración de Bush está poblada de proisraelíes, y esto se lo ha manifestado el Papa al embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, Nicholson, al advertir la gran preocupación que tiene el Vaticano y su disconformidad con la política de Estados Unidos en Oriente Medio.

La Administración de Bush y todo su plan del Nuevo Orden Mundial han tenido sus voces disidentes entre políticos moderados, filósofos, intelectuales, profesores de Universidad, escritores, organizaciones humanitarias, pensadores y el propio pueblo americano, que ha mostrado su rechazo en numerosas manifestaciones. Intelectuales como Noam Chomsky, Joseph S. Nye, Robert Kaplan, Gore Vidal, Susan Sontag o Norman Mailer han advertido de las consecuencias negativas en todo el mundo que se podrían derivar de la actual política imperialista de Estados Unidos.
En Europa, también se han oído algunas voces disidentes en este sentido; aquí recojo tres de entre las más significativas. Entre unos y otros, a un lado y al otro del Atlántico, estas personas vienen a ser los nuevos «Espartacos» del imperio que persigue George W. Bush.

Con sus raíces intelectuales en el Mayo del 68, Joschka Fischer es la voz más representativa de los Verdes en Europa y el actual ministro de Exteriores de Alemania.
Fischer ya conocía, desde septiembre de 2001 —a través del propio ideólogo de la Casa Blanca, Paul Wolfowitz—, cómo debía ser la respuesta al terrorismo internacional; Wolfowitz le expuso una larga lista de países que debían ser «liberados de sus gobiernos terroristas por la fuerza» para poder izar su bandera en el planeta del Nuevo Orden Mundial.
Los parientes pobres de Lucifer son algunos de esos líderes del mundo árabe que se encuentran en la lista negra de la Administración de Bush, y que han realizado desesperados llamamientos a la yihad para unirse en una lucha total contra lo que ellos consideran el Satán americano. Lamentablemente esos llamamientos siempre han sido realizados por líderes que no tenían la fuerza moral o la suficiente fuerza para evocarlos. La yihad sólo puede ser convocada por los ulemas más destacados del shiismo o el sunismo. Osama Bin Laden, nunca tuvo la representación necesaria para convocar la yihad, ni Sadan Husein la moralidad suficiente, ni Yasir Arafat la fuerza, ni Gaddafi la seriedad. Por otra parte, el concepto de yihad es complicado en cuánto a su significado, ya que, mientras para algunos ulemas más agresivos es un llamamiento a la guerra santa, para otros es un llamamiento a la lucha interior contra la maldad.
Para algunos musulmanes e instituciones como Al Azhar, la más antigua del mundo, con más de mil años, todos los musulmanes deben emprender una yihad contra las fuerzas invasoras estadounidenses. Esta institución entiende el Nuevo Orden Mundial como una lucha del «bando de los creyentes contra los no creyentes.

Los Hermanos Musulmanes forman la más antigua, extendida e influyente cofradía integrista del mundo islámico. Recientemente, han sido capaces de movilizar cien mil personas en El Cairo para protestar contra la invasión de Irak.
Si en un principio fue brutalmente reprimida, primero por el rey Faruk y después por Gamal Abdel Nasser, en la actualidad están tolerados por el Gobierno de Hosni Mubarak, y han conseguido tener 17 diputados en el Parlamento egipcio. Si las elecciones en Egipto fueran verdaderamente libres, probablemente alcanzarían un 25% de los sufragios. De cualquier forma, en Egipto son un poder paralelo inspirado en el pensamiento de Jomeini, Osama Bin Laden y su asesor y médico Ayman al Zawahiri, Uno de los intelectuales de Al Qaeda y fundador de la Yihad Islámica en Egipto.

Al hablar de las redes de la financiación del terrorismo islámico, todos los caminos llevan al wahabismo y a Arabia Saudí. Hay que partir de la base de que muchas familias millonarias y grupos de negocios saudís han financiado organizaciones islámicas y grupos fundamentalistas en todos los países que tenían actividades vinculadas con Al Qaeda. La familia real saudí, junto a sus 4000 príncipes, ha dado donativos para el apoyo del wahabismo y de las organizaciones que apoyan la causa islámica. De todas formas hay que ser prudente con la información que nos llega, ya que se han difundido informaciones de los servicios secretos israelíes y estadounidenses para desacreditar las organizaciones solidarias islámicas en todo el mundo.
Los fondos del Zakát han contribuido a la Organización de Ayuda Islámica Internacional (International Islamic Relief Organization, IIRO) para programas humanitarios, una ONG de corte musulmán. Pero la IIRO ha sido relacionada con militantes fundamentalistas islámicos y grupos vinculados a Al Qaeda. Se ha sospechado que ha canalizado fondos para las familias de los que participan en los actos terroristas y la lucha armada.
El régimen saudí también ha mostrado su apoyo en la difusión del wahabismo, de donde salen los más radicales integristas. Se ha demostrado que la Liga Mundial Musulmana, que recibe apoyo de Aramco, y de un consorcio de bancos islámicos, ha ayudado con ese apoyo financiero a causas como la de Afganistán e Yemen del Sur.
Los bancos árabes han sido, al parecer, los que más se han involucrado en estas redes. Las ayudas saudís se han canalizado a través del banco DMI, fundado por Mohammed al Faisal, el Banco Dalla al Baraka, creado por Saleh Abdullah Kamel, también saudí. Todo parece indicar que Osama Bin Laden y familiares suyos utilizaron estas redes financieras y que a través de ellas se movieron los fondos destinados a Al Qaeda.
La Investcorp, empresa petrolífera con sede en Bahrein que aúna los intereses de varias familias árabes de Kuwait y Arabia Saudí —y que, a la vez, cuenta con la asociación del Chase Manhattan Bank—, tiene socios involucrados en el affaire del BCCI, entre ellos Baksh Mohammed al Zalik y Bakr Mohammed Bin, este último hermano mayor de Osama Bin Laden. En cuanto a Zalik, controla veinte bancos, entre ellos el Tadamon Islamic Bank, cuyas filiales sudanesas proveían de fondos a Osama Bin Laden. El hermano mayor de Osama Bin Laden, controla por su parte el grupo financiero Binladin, creador de la Saudí Investment Company, a la que también controla. Abdul Taha Baksh, antiguo representante del grupo Binladin, compró el 11% del Harken Energy Corp., en Texas, cuyo director en el momento de la compra era George W. Bush.
La conexión entre el régimen wahabí saudí y las redes islámicas de las que salió Al Qaeda son evidentes. ¿Qué acciones se estarán financiando ahora? Recordemos que los saudíes son, ante todo, wahabíes.

Las multinacionales norteamericanas no tienen escrúpulos a la hora de desarrollar sus técnicas para potenciar el consumismo. A través de la presión en los mercados y la publicidad salvaje imponen sus valores comerciales y su estilo de vida en otros países. No importa cuánto sufrimiento pueden originar esos cambios, cuántas tradiciones caerán, cuántos valores mejores desaparecerán. El objetivo es vender a toda costa, producir en masa, cambiar la forma de vida de otros pueblos y llevarlos hacia el capitalismo salvaje.
La Administración de Bush, con su Nuevo Orden Mundial, no sólo tiene interés en democratizar los regímenes de otros países, sino también en que esos países cambien su estilo de vida, que ellos creen inadecuado, para adaptarse al suyo.

La tecnología norteamericana le ha permitido ocupar un lugar predominante en las telecomunicaciones a través de satélites artificiales. El espacio exterior es prácticamente suyo. Y con el dominio del espacio exterior está el dominio de las retransmisiones vía satélite. Hasta hace muy poco los Estados Unidos eran los únicos que podían colocar un satélite de retransmisiones en órbita. Ahora, afortunadamente, su monopolio se ha roto y Rusia, Francia, Europa y Japón pueden enviar sus propios satélites o los de otros países para ofrecer una mayor pluralidad de información. Pronto, China y la India podrán hacer lo mismo.
A pesar de todo, los satélites de Estados Unidos tienen las mejores coberturas y en algunos casos, como es el del GPS, desde hace tres décadas bloquean las negociaciones con la Agencia Espacial Europea (ESA). Esta circunstancia ha creado la mayor crisis que se ha conocido en la industria aeroespacial y de las telecomunicaciones europea. Este hecho afecta al proyecto Galileo de comunicaciones que cada día tiene menos posibilidades de avanzar, especialmente después del plantón de Francia y Alemania en cuanto a su aparente negativa a apoyar a la guerra de Irak.
Internet se ha convertido en un gigante informativo difícil de domar para sus creadores. La ilusión con la que vieron el crecimiento de internet en la era Clinton, y la preocupación con la que se ve con la Administración de Bush demuestran cómo la red de redes se ha convertido en un arma de doble filo. La Casa Blanca ve internet cada vez con más recelo, y quiere controlar las comunicaciones y las informaciones difundidas por la red de un modo u otro.
En Estados Unidos, internet permitió contemplar imágenes y grabaciones que se censuraron en las cadenas normales de la televisión del país. La guerra de Irak en internet no estuvo censurada, ni tampoco las protestas internacionales, ni los foros de discusión contra la política de la Administración de Bush. En Estados Unidos los que estaban cansados del exceso de patriotismo de las cadenas americanas se conectaban a internet, donde podían acceder a una información más amplia y desinhibida. Era la libre opinión del mundo desde sus diferentes rincones, cada uno con sus valores y creencias determinadas.

Hay otros factores que preocupan a los gobiernos: el bioterrorismo a bordo. Los controles de seguridad pueden impedir que se suban armas a bordo de los aviones, sin embargo, nada puede impedir que un terrorista acceda a un avión con un pequeño frasco de bacterias o gérmenes mortales, o que ese mismo terrorista ya esté infectado y lleve la epidemia que se le ha inoculado a otro país.
Tras el 11-S, el terrorismo ha seguido haciendo acto de presencia en otros lugares del mundo, especialmente en paraísos turísticos a los que acudían turistas norteamericanos e israelíes. Este nuevo fenómeno ha causado grandes pérdidas en las compañías turísticas que ven cómo el turismo más rico del mundo no quiere arriesgarse a viajar a lugares en los que hay influencia islámica.
La industria farmacéutica desarrolla una guerra invisible entre las multinacionales de Europa y Estados Unidos. Cualquier error en un producto es aireado por la competencia para tambalear a su competidor.
A la industria farmacéutica le interesa que el mundo tenga miedo ante la aparición de enfermedades contagiosas que pueden ser extendidas por el bioterrorismo. La campaña del miedo a la viruela tuvo su gran efectividad, hasta el punto que el Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos apoyó una campaña nacional de inmunización ante un eventual ataque terrorista. El Pentágono compró dosis para vacunar a 350.000 soldados, sin embargo, la campaña se tuvo que cancelar cuando empezaron a surgir riesgos cardiacos entre los primeros vacunados y, especialmente, cuando se produjo la muerte de dos personas. Finalmente, sólo se vacunaron 25 645 personas.
La industria farmacéutica es un negocio que crece más cuanto más se invierte en la enfermedad. Hoy no sabemos si muchas enfermedades tiene remedios efectivos ya descubiertos que se guardan hasta agotar determinados medicamentos que se venden con grandes beneficios. La industria farmacéutica, especialmente la norteamericana, tiene el objetivo de consolidar el control mundial de este negocio. Cualquier descubrimiento de una vacuna que no se realice en sus laboratorios es desacreditado inmediatamente (recordemos los enfrentamientos entre la industria norteamericana y el Instituto Pasteur de París) o copiado (como ha ocurrido con ciertas vacunas).

Las religiones no perdonan nunca el progresismo, saben que en la oscuridad se manipula mejor a las personas y a los pueblos. Y el fanatismo religioso es un oscurantismo. Por otra parte, las grandes religiones están predicando hermandad, amor, comprensión y al mismo tiempo están difundiendo odio e intolerancia.
Por más que lo neguemos sigue existiendo un enfrentamiento religioso en el mundo, entre países y entre civilizaciones. Todos quieren imponer su verdad y no quieren aceptar que ninguna doctrina detenta la verdad, que no hay un futuro claro y profetizado, sino muchas eventualidades, que no hay «una» historia, sino un gran número de posibilidades, y que en ellas estarán o no estarán las doctrinas que se pregonan, pero por poco que se quiera, el ser humano, si sobrevive a la violencia y a la guerra, acabará por escoger el mejor camino.
Lo que es evidente es que nuestra sociedad, por encima de las religiones, precisa el retorno de los humanistas. Las religiones no han resuelto los conflictos existentes, sino que, más bien al contrario, los han agudizado. Tal vez la salida esté en un humanismo que se centre en el bienestar general de los seres humanos y en la potenciación de sus mejores y verdaderos valores.

El regreso a la espiritualidad preocupa a las grandes religiones, ya que es una parcela del comportamiento del ser humano que difícilmente pueden manipular. La espiritualidad no es propiedad especial de ningún grupo ni religión, aunque todos quieran instrumentalizarla. Como destaca Francés Vaughan «la espiritualidad presupone algunas cualidades de la mente, tales como compasión, gratitud, percatación de una dimensión trascendente y una apreciación de la vida que incluye sentido y propósito de existencia». Por otra parte, la espiritualidad se abre a la existencia de muchos caminos hacia la verdad, lejos del presupuesto de los dogmatismos, que sólo admiten «su» propio camino hacia «su» verdad.

El sistema actual, la política mundial, los monopolios y los grandes grupos económicos corren el riesgo de ser juzgados el día de mañana bajo acusaciones semejantes a las que se vertieron contra los que se sentaron en el banquillo de acusados en los juicios Nuremberg. Todos esos grupos, monopolios y multinacionales han estado y están conspirando para preparar guerras, apoderarse de las riquezas de otros países, alimentar con productos cancerígenos a sus propios conciudadanos, cometer crímenes contra la paz y la humanidad. Han utilizado su fuerza económica para someter países enteros. Han permitido el hambre, la pobreza, la muerte de niños y personas inocentes, la incultura y el freno en el desarrollo evolutivo de millones de seres. Los objetivos financieros han estado detrás de todas las grandes matanzas de la humanidad.
Al margen de muchos hechos puntuales, la sociedad actual se enfrenta a cuatro aspectos que se han convertido en el auténtico cáncer de nuestra humanidad:
—Los fundamentalismos religiosos que obligan a todos a creer solamente su verdad.
—Los imperialismos económicos de las multinacionales, a las que no les importa el impacto de su comercio, explotación o industrialización en el medioambiente, y sólo quieren obtener beneficios a costa de lo que sea.
—La falta de una racionalidad global y de pluralismo.
—La falta de condiciones o medidas que promuevan la enseñanza y el conocimiento para todos los seres humanos, sin diferenciación de raza, creencia, condición o sexo.

Dos nuevos fundamentalismos nos amenazan, uno marcado por un integrismo islámico que vive aún anclado en siglos pasados, que se niega a aceptar un mundo en evolución y rechaza la posibilidad de que existan otras verdades a los grandes misterios de nuestra existencia y nuestras creencias. El otro fundamentalismo tiene una ambición imperial y quiere imponer sus reglas, creencias y valores en todo el mundo. Es un neofundamentalismo católico que hace temblar a una parte del mundo, e incluso también a su propio establishment. No debería sorprendernos que las consecuencias de las últimas iniciativas de este neofundamentalismo, aliado con los grandes poderes políticos y económicos, se expandan peligrosamente poniendo en peligro la paz mundial y desestabilizando la ya de por sí precaria convivencia entre los pueblos del mundo. En este sentido, todos estamos invitados, casi obligados, a la reflexión.

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Interesting book of the year 2003 for those interested to be able to go deeper into these topics in the path of researchers such as Cristina Martín Jiménez, where her books are commented on the blog.

Currently, the United States Government, with its Republican Party at the helm, is chaired by a politician who seems to maintain aspirations to emperor of the world; Its power is sustained in the triumvirate formed by the Senate, the Pentagon and the multinationals. The American security services are the President’s Praetorian Guard.
One of the characteristics of the Roman religion was its deep conservatism, something very similar happens with the “North American religions”. However, the Romans, as evidenced by the decree of the year 212, also accepted the recognition of the gods venerated by other peoples. The intentions of the current cessation of the White House, President George W. Bush, are to expand his evangelical religion to the rest of the world, to become a Messiah of his “renewed Christianity.” This is his secret objective, for which he has the support of the fundamentalist movements of the United States, which little by little have been entering the White House and in American politics to end that secularism that disgusts them.
Neofundamentalism and the pro-Israel policy of the Bush Administration has placed the Vatican in a dilemma, however, the Holy See has opted for a clear policy, support for the “no” to war and support for “yes” to the demands of the Palestinian people. Rome has had to choose between Allah or the Jehovah of Israel; the first considers Jesus as a prophet, the second denies his existence just as he denies that of the Virgin Mary. It is evident that the Vatican’s bet could not be on Israel’s side.
The main problem of the Bush Administration was the fundamentalist groups that proliferate in the Islamic world. His obsession with Al Qaeda and Hamas, his underestimation of Wahhabism in Saudi Arabia. The Iraq war has sought independence from American oil in the hands of Saudi families, especially when it has been shown that the main financial networks of terrorism pass through that State located between the Red Sea and the Persian Gulf, where the most fundamental rights of women are not respected, as well as many other human rights.

More Americans attend religious events than professional sports events over the course of a week; There are important racial differences that segregate different groups within the same Church (for example, Black Methodists are primarily represented by African Methodist Episcopal Churches, while White Methodists belong mostly to the United Methodist Church, and same with other communities); There are important separate Christian communities made up of immigrants (for example, the Korean and Central American Independent Evangelical Churches).
Judaism is a religion of great social, cultural, and economic weight in the United States. People of Jewish faith and culture make great contributions in all aspects of American life. In the United States, where there are three main branches of Judaism (Orthodox, Reform, and Conservatives), more Jews live than in any other country in the world, Israel included.
In the United States, Islam comes from two different traditions: that of African Americans (descendants of former slaves) and that of immigrants who arrived from the 20th century, mainly from Asia and the Middle East. African-Americans (or African-Americans) relied on the fact that many of the slaves were probably Muslims.
In reality, neofundamentalism in the United States began to develop during World War I, based on pamphlets entitled “The Foundations, a Testimony to the Truth”, which appeared between 1910 and 1912. In them was exposed the virgin birth of Christ, the physical resurrection of the dead, the accuracy of the Bible, the theory of Redemption and the Second Advent of Jesus. These theories divided Baptists and Presbyterians who stood on one side and the other as fundamentalists and liberals.
Today, the United States is a huge religious puzzle where there are 2,150 organized religions. The roots of the American people have a great fundamentalist connotation through an enormous diversity of religious groups and branches that, in many cases, emerged “by the feet” of what Defense Secretary Donald Rumsfeld contemptuously called, in 2003, “old continent ».

William J. Clinton was a problem for American fundamentalists. From the outset he was a Democrat and did not share the warmongering ideas of the Republican hawks. Bill Clinton was a liberator who had to be swept away, a compassionate Protestant who was sympathetic to people of color and who also came to the White House with reformist ideas that changed the lines marked by George H. W. Bush and Reagan. The Lewinsky case might not have been as public as it had been if the occupant of the White House had been a more conservative right-wing Republican.
Clinton had the idea to create a new foreign policy and build a better world with more associated and less terrorist countries. To do so, it sought to strengthen international institutions, alleviate the debt of poor nations and cooperate in their development, and above all, intensify efforts to achieve peace in places where coexistence was threatened, especially in the Middle East. He also wanted, with peaceful means, to pressure Afghanistan so that al Qaeda and its ringleaders, Osama Bin Laden among others, would be expelled. As for North Korea, he planned to negotiate aid with this country in exchange for preventing the development of nuclear missiles. Another of his ambitious projects was based on controlling the production and distribution of chemical, biological and nuclear weapons. In short, a whole program that the hawks that would later occupy the Bush Administration did not see favorably; So they went to work to prevent Al Gore from winning the next elections and continue with the Clinton program, and with his own environmental programs that so excited the green parties.

Neofundamentalists have shown from the outset an inordinate hatred for feminist movements, gay movements and everything related to New Age. As a consequence, they believe that California is the most depraved state in the Union, since in this part of the country the feminist and gay movements are more implanted, as well as the Esalen schools of the transpersonal psychological movement, closely related to New Age thinking. . On the other hand, it is a State where the consumption of entheogens (marijuana, ayahuasca, peyote, etc.) has a greater permissiveness.
Neofundamentalism sees as dangerous all ideas that feminist movements have of women’s rights, especially those related to abortion, contraception and sexual freedom.
Gays become almost the same Satan, a social sector that must be punished, imprisoned and, at best, reform. As for the followers of the New Age, they are described as drug dealers, communists, atheists, worshipers of Satan, revolutionaries and lay humanists. This last qualification becomes a compliment well accepted by many progressive American and European thinkers.
Undoubtedly, the New Age movement represents a great danger for neo-fundamentalists, since in its postulates the Bible is relegated as an anachronistic book and God becomes the “energy” or the divine that is in each being. The New Age movement does not base its belief on a single sacred text, but on a universal, primordial and original tradition.
Neofundamentalist morality, on the other hand, is terribly ambiguous. Thus, the neofundamentalists are opposed to abortion, but they are in favor of the death penalty, and they also show their indifference to the thousands of children killed in the Third World due to lack of food. Freedom proclaimed by the United States is restricted by fundamentalism; While the sale of erotic and, in some cases, pornographic magazines is allowed, in certain states people can be detained for having “strange” sexual behaviors in their own homes, that is, in their private lives.
Although on the one hand the barbarities that other countries commit are denounced, on the other hand a rude blind eye is given to the brutalities and injustices that their penal system produces.

The elections of November 7, 2000 were not a paragon of democracy, but a grim struggle in which both parties used all sorts of tricks to win, even the Supreme Court justices were pressured. One thing is clear, it was not the voters who chose Clinton’s replacement.
There were many irregularities in the census, in the ballots and in the way of voting. Small arrangements of Bush’s brother. Many ballots were declared invalid in an arbitrary way, while the rest of the nation watched with indifference the fight between two candidates who did not arouse much interest. The country’s comedians found in the event a great source of witty phrases and political jokes. The reality is that all analysts seem to agree that Gore got more votes than Bush. But it was not only these votes that would have legitimized Gore as president, but all the votes of Florida’s black voters, who saw how some timely changes did not allow them to vote in their electoral area, and this is not rumors, but facts that were corroborated by the United States Commission on Civil Rights.
The fight against Bush Evil is based on three essential points: a new strategic vision of American world supremacy, a messianic advance of Christian fundamentalism, and a relationship between Christian fundamentalism and Israeli Zionism.
For Bush, Evil is the countries that support terrorism or manufacture weapons of mass destruction, and those countries are always part of the East or are the most miserable in the world. No one who is against terrorism and any other form of violence for political or any other purpose will fail to reject the fact that a country in the West can grant itself the right to represent the Good while, as is the In the case of the United States, allow the “terrorism” of multinationals and hunger in the Third World, where thousands of human beings are killed in local wars guided by economic and strategic interests outside the affected citizens themselves.

Let us return to the New World Order, a name that, without wanting to make comparisons, because they are always hateful, reminds me of the “world order” that the Hitler dictatorship also wanted to impose. Among other aspects that we will see when talking about the New World Order, the most horrifying of all is the one known as Preemptive Attack, a strategy that began to be used only in terrorist matters, but on which, later, it was argued that «the superposition between states that sponsor terror and those that pursue the development of weapons of mass destruction compel us to action ”, an action that does not need the justification of direct aggression and that turns simple suspicion into more than enough argument to launch a preemptive attack.
Preventive war, or Preemptive Attack, gives rise to attack any suspicious country, it is only necessary to place it on the axis of Evil or imply that it has weapons of mass destruction to become a target of cruise missiles. The Iraq war began with a warning from Bush, the country had – was not suspected of having, but was making sure it had – weapons of mass destruction, in addition to sheltering al-Qaeda terrorists. Syria is now in the eye of the US military hurricane (and also Saudi Arabia), as Bush accuses the Damascus government of having chemical weapons and of harboring Iraqi rulers who have fled the war and are suspected of having relations with international terrorism.
The New World Order (or National Security Strategy) is an attempt to restructure the world and respond to the events of 9/11. The doctrine of the New World Order aspires, as a first point, to the defense of human dignity, one of values that we all claim. However, this defense will be carried out by fighting “criminal states”, and it seems that only the United States and its conjunctural allies, as demonstrated in the war against Iraq, decide which countries are criminals and which are not.
Another point of the New World Order refers to the strengthening of alliances between countries to defeat terrorism in the world, as well as the creation of a strategy that prevents attacks against the United States and the countries that are its friends. There is no doubt that the fight against terrorism must be increased, but not only with military or police means; we must also find the causes of the appearance of terrorism and act on them, causes that, as I have already highlighted elsewhere in this book, are due to marginalization, poverty, hunger and disease, factors that lead the oppressed to look for better alternatives.

The greatest danger regarding the mood of the United States’ international politics is its arrogance. In Washington, there are too many political and military officials who know they are immensely powerful in the military, and who seem to show a superb attitude that leads them to think that they can do anything with total impunity. These people are primarily Bush’s “hawks,” and they have not appeared spontaneously, but have been flying over the skies over the Capitol, Pentagon, and CIA, in Langley, since the days of the Reagan Administration. Its low flights go from one to the other side of the Potomac, with hints, messages, plans and projects. One day, a long time ago, these hawks gathered in the bowels of their secret nest and devised a sinister plan that consisted, first, in arming their country in a way that no one could match, and then launching into the conquest of the world to, according to its neo-fundamentalist criteria, change it, control its resources and fulfill, together with its ally Israel, a divine design.
Bush’s “hawks” are not only conservative and neo-fundamentalist, they are also powerful businessmen and powerful leaders of multinational companies.
Rumsfeld is a representative of the mega-arms corporations operating within the military-industrial complex. Along with Condoleezza Rice, he is one of the main promoters of the Anti-Missile Defense Shield, whose program was put on hold after 9/11, to launch other faster and more effective projects that Rumsfeld had in his portfolio: the invasion of Afghanistan , Iraq, Syria, Iran, Lebanon and Saudi Arabia, a super plan that would change the world and ensure the tranquility of Israel.
They say that the gloomy Rumsfeld only began to smile the day he announced to the media that the United States was at war with Iraq; This news seemed to signify for him the start of his great imperialist project, in which Iraq had appeared for years, since the era of Jimmy Carter, as the first objective.

It was Dick Cheney, then Secretary of Defense for the George H. W. Bush Government, who orchestrated, in 1990, the so-called Persian Gulf War. Already at that time his idea was to reassert US control over Middle East oil.
Dick Cheney is one of the majority shareholders in Halliburton Inc., in Texas, a company he led between 1995 and 2000. Halliburton Inc. is the largest subsidiary of the oil and construction company Brown & amp; Root, which, in turn, with other partner companies, can install oil rigs, drill wells, and build giant pipelines. Halliburton Inc. is, without a doubt, the first company in the world in oil services, and its capacity of action extends to any part of the world.

Richard Perle has been known in the Bush Administration for years as “the prince of darkness” for his physical appearance, his tendency to act in the background, and his ideological extremism.
Perle was Deputy Secretary of Defense in the Ronald Reagan Administration, a position from which he opposed the strategic arms limitation agreements between the United States and the USSR; He was also one of the most ardent defenders of the so-called “Star Wars”.
Perle is a hawk who assures that the United States “will not defeat and will not even contain fanatical terrorism unless it can take the war to the territories where it begins.” His threat is not strictly focused on Afghanistan and Iraq. For Perle, the next objective, which he describes as “urgent,” is to end the Iranian regime.
Richard Perle, Donald Rumsfeld and Paul Wolfowitz form the most dangerous triumvirate in the history of the United States and one of the most disturbing in the history of humanity.

All analysts point to Paul Wolfowitz as the ideologue of the New World Order, and undoubtedly as the brain of the Pentagon.
Wolfowitz is an outspoken defender of Israel and its militaristic policy. His pro-Israeli tendency, as I pointed out earlier, is caused by the death of several of his relatives in the Holocaust.

The Vatican’s position must be seen in that it seems to have found one of its main interlocutors in Islam, as well as in the Protestant or Orthodox Church. The Catholic Church has fostered good relations with Islam, the Pope himself has strengthened ties in recent times, more than with Judaism, with which the positions are much more confronted, especially since the Holy See has always linked the problems of Iraq with the old Palestinian-Israeli dispute. Vatican diplomacy has always supported the Palestinian cause, it has also condemned its terrorism, but it has been in favor of granting an international status to Jerusalem, an issue that the Jews do not even want to hear about, since, in this regard, they are not willing to bend under no circumstances.
It is evident that the Holy See is closer to Islam than to Judaism. He also knows that the Bush Administration is populated by pro-Israelis, and this has been stated by the Pope to the United States ambassador to the Holy See, Nicholson, warning of the great concern the Vatican has and its disagreement with United States policy. in the Middle East.

The Bush Administration and its entire New World Order plan have had their dissenting voices among moderate politicians, philosophers, intellectuals, university professors, writers, humanitarian organizations, thinkers and the American people themselves, who have shown their rejection in numerous demonstrations. Intellectuals like Noam Chomsky, Joseph S. Nye, Robert Kaplan, Gore Vidal, Susan Sontag or Norman Mailer have warned of the negative consequences worldwide that could be derived from the current imperialist policy of the United States.
In Europe, some dissenting voices have also been heard in this regard; Here I collect three of the most significant. Between each other, on one side and the other of the Atlantic, these people become the new “Spartacs” of the empire that George W. Bush is pursuing.

With his intellectual roots in May ’68, Joschka Fischer is the most representative voice of the Greens in Europe and the current German Foreign Minister.
Fischer had known, since September 2001 – through the White House ideologist himself, Paul Wolfowitz – what the response to international terrorism should be like; Wolfowitz presented him with a long list of countries that had to be “freed from their terrorist governments by force” in order to raise their flag on the New World Order planet.
Lucifer’s poor relatives are some of the leaders of the Arab world who are blacklisted by the Bush Administration, and who have made desperate calls for jihad to unite in a total fight against what they consider to be American Satan. Unfortunately, these appeals have always been made by leaders who did not have the moral strength or enough strength to evoke them. Jihad can only be called by the most prominent ulemas of Shiism or Sunism. Osama Bin Laden never had the necessary representation to summon the jihad, nor Sadan Hussein sufficient morality, nor Yasir Arafat the force, nor Gaddafi the seriousness. On the other hand, the concept of jihad is complicated in terms of its meaning, since, while for some more aggressive ulama it is a call to holy war, for others it is a call to the internal fight against evil.
For some Muslims and institutions like Al Azhar, the oldest in the world, more than a thousand years old, all Muslims must wage a jihad against the invading American forces. This institution understands the New World Order as a fight of the “side of the believers against the non-believers.

The Muslim Brotherhood forms the oldest, most widespread and influential fundamentalist brotherhood in the Islamic world. Recently, they have been able to mobilize 100,000 people in Cairo to protest against the invasion of Iraq.
If at first it was brutally repressed, first by King Farouk and later by Gamal Abdel Nasser, they are now tolerated by the Hosni Mubarak government, and they have managed to have 17 deputies in the Egyptian Parliament. If the elections in Egypt were truly free, they would probably reach 25% of the votes. In any case, in Egypt they are a parallel power inspired by the thought of Khomeini, Osama Bin Laden and his adviser and doctor Ayman al Zawahiri, One of the al-Qaeda intellectuals and founder of Islamic Jihad in Egypt.

When talking about the networks of the financing of Islamic terrorism, all roads lead to Wahhabism and Saudi Arabia. It must be based on the assumption that many millionaire families and Saudi business groups have financed Islamic organizations and fundamentalist groups in all the countries that had activities related to Al Qaeda. The Saudi royal family, along with its 4,000 princes, has made donations to support Wahhabism and organizations that support the Islamic cause. In any case, we must be careful with the information that comes to us, since information from the Israeli and American secret services has been disseminated to discredit Islamic solidarity organizations throughout the world.
Zakat funds have contributed to the International Islamic Relief Organization (IIRO) for humanitarian programs, a Muslim NGO. But the IIRO has been linked to Islamic fundamentalist militants and groups linked to Al Qaeda. It is suspected that he has channeled funds for the families of those involved in terrorist acts and armed struggle.
The Saudi regime has also shown its support in spreading Wahhabism, where the most radical fundamentalists come from. The Muslim World League, which receives support from Aramco, and from a consortium of Islamic banks, has been shown to help with such financial support for causes such as Afghanistan and South Yemen.
Arab banks have apparently been the most involved in these networks. Saudi aid has been channeled through the DMI bank, founded by Mohammed al Faisal, the Dalla al Baraka Bank, created by Saleh Abdullah Kamel, also Saudi. Everything seems to indicate that Osama Bin Laden and his relatives used these financial networks and that the funds destined for Al Qaeda were moved through them.
Investcorp, a Bahrain-based oil company that brings together the interests of several Arab families from Kuwait and Saudi Arabia – and which, at the same time, has the association of the Chase Manhattan Bank -, has partners involved in the BCCI affair, among they Baksh Mohammed al Zalik and Bakr Mohammed Bin, the latter older brother of Osama Bin Laden. As for Zalik, he controls twenty banks, including the Tadamon Islamic Bank, whose Sudanese subsidiaries provided funds to Osama Bin Laden. Osama Bin Laden’s older brother, for his part, controls the Binladin financial group, creator of the Saudi Investment Company, which he also controls. Abdul Taha Baksh, a former representative of the Binladin group, bought 11% of the Harken Energy Corp., in Texas, whose director at the time of the purchase was George W. Bush.
The connection between the Saudi Wahhabi regime and the Islamic networks from which Al Qaeda emerged are evident. What actions are being financed now? Let us remember that the Saudis are, above all, Wahhabis.

North American multinationals have no scruples when developing their techniques to promote consumerism. Through pressure on the markets and wild advertising they impose their commercial values and their lifestyle in other countries. It doesn’t matter how much suffering those changes can cause, how many traditions will fall, how many better values will disappear. The goal is to sell at all costs, mass produce, change the way of life of other peoples and lead them towards savage capitalism.
The Bush Administration, with its New World Order, has an interest not only in democratizing the regimes of other countries, but also in those countries changing their lifestyle, which they believe is inappropriate, to adapt to their own.

North American technology has allowed it to occupy a predominant place in telecommunications through artificial satellites. The outer space is practically yours. And with the domain of outer space is the domain of satellite broadcasts. Until very recently, the United States was the only one that could place a relay satellite into orbit. Now, fortunately, their monopoly has been broken and Russia, France, Europe and Japan can send their own satellites or those from other countries to offer a greater plurality of information. China and India will soon be able to do the same.
Despite everything, the satellites of the United States have the best coverage and in some cases, such as GPS, for three decades they have blocked negotiations with the European Space Agency (ESA). This circumstance has created the greatest crisis known in the European aerospace and telecommunications industry. This fact affects the Galileo communications project, which is less likely to advance every day, especially after the French and German sit-in regarding its apparent refusal to support the Iraq war.
The Internet has become a difficult information giant for its creators to tame. The enthusiasm with which they saw the growth of the internet in the Clinton era, and the concern with which they see themselves with the Bush Administration demonstrate how the web of networks has become a double-edged sword. The White House sees the internet with increasing suspicion, and wants to control the communications and information disseminated over the network in one way or another.
In the United States, the Internet allowed viewing images and recordings that were censored on the country’s normal television networks. The internet war in Iraq was not censored, nor were the international protests, nor the forums for discussion against the Bush Administration’s policy. In the United States, those who were tired of the excess of patriotism of the American networks connected to the Internet, where they could access more extensive and uninhibited information. It was the free opinion of the world from its different corners, each with its own values and beliefs.

There are other factors that worry governments: bioterrorism on board. Security controls can prevent weapons from being loaded on board aircraft, however, nothing can prevent a terrorist from accessing an airplane with a small vial of deadly bacteria or germs, or that terrorist himself is already infected and carries the epidemic that has been inoculated to another country.
After 9/11, terrorism has continued to appear in other parts of the world, especially in tourist paradises where American and Israeli tourists flocked. This new phenomenon has caused great losses in the tourist companies that see how the richest tourism in the world does not want to risk traveling to places where there is Islamic influence.
The pharmaceutical industry is waging an invisible war between multinationals in Europe and the United States. Any mistake in a product is aired by the competition to stagger its competitor.
The pharmaceutical industry is interested in making the world fearful of the appearance of contagious diseases that can be spread by bioterrorism. The fear of smallpox campaign was very effective, to the point that the Center for Disease Control in the United States supported a national immunization campaign against a possible terrorist attack. The Pentagon bought doses to vaccinate 350,000 soldiers, however, the campaign had to be canceled when cardiac risks began to emerge among the first vaccinated and, especially, when two people died. Finally, only 25,645 people were vaccinated.
The pharmaceutical industry is a business that grows the more you invest in the disease. Today we do not know if many diseases have effective remedies already discovered that are kept until the end of certain medicines that are sold with great benefits. The pharmaceutical industry, especially the North American, has the objective of consolidating world control of this business. Any discovery of a vaccine that is not made in their laboratories is immediately discredited (remember the confrontations between the North American industry and the Pasteur Institute in Paris) or copied (as it has happened with certain vaccines).

Religions never forgive progressivism, they know that people and peoples are better manipulated in the dark. And religious fanaticism is obscurantism. On the other hand, the great religions are preaching brotherhood, love, understanding and at the same time they are spreading hatred and intolerance.
As much as we deny it, there continues to be a religious confrontation in the world, between countries and between civilizations. Everyone wants to impose their truth and they do not want to accept that no doctrine holds the truth, that there is no clear and prophesied future, but many eventualities, that there is not “one” history, but a great number of possibilities, and that they will be The doctrines that are proclaimed will not be there, but no matter how little you want, the human being, if he survives violence and war, will end up choosing the best path.
What is evident is that our society, above the religions, requires the return of the humanists. Religions have not resolved existing conflicts, but rather, on the contrary, have exacerbated them. Perhaps the way out is in a humanism that focuses on the general welfare of human beings and the empowerment of their best and true values.

The return to spirituality worries the great religions, since it is a plot of human behavior that they can hardly manipulate. Spirituality is not the special property of any group or religion, even if everyone wants to use it. As French Vaughan emphasizes “spirituality presupposes some qualities of the mind, such as compassion, gratitude, awareness of a transcendent dimension and an appreciation of life that includes meaning and purpose of existence.” On the other hand, spirituality opens up to the existence of many paths to truth, far from the presupposition of dogmatism, which only admit “their” own path to “their” truth.

The current system, world politics, monopolies and large economic groups are in danger of being tried tomorrow on charges similar to those brought against those who sat in the dock in the Nuremberg trials. All these groups, monopolies and multinationals have been and are conspiring to prepare wars, seize the wealth of other countries, feed their own fellow citizens with carcinogenic products, commit crimes against peace and humanity. They have used their economic strength to subdue entire countries. They have allowed hunger, poverty, the death of innocent children and people, ignorance and the brake on the evolutionary development of millions of beings. Financial objectives have been behind all the great slaughters of humanity.
Apart from many specific events, today’s society faces four aspects that have become the true cancer of our humanity:
—The religious fundamentalisms that compel everyone to believe only their truth.
—The economic imperialisms of multinationals, which do not care about the impact of their trade, exploitation or industrialization on the environment, and only want to make a profit at whatever cost.
—Lack of global rationality and pluralism.
—Lack of conditions or measures that promote teaching and knowledge for all human beings, without distinction of race, belief, condition or sex.

Two new fundamentalisms threaten us, one marked by an Islamic fundamentalism that lives still anchored in past centuries, which refuses to accept an evolving world and rejects the possibility that there are other truths to the great mysteries of our existence and our beliefs. The other fundamentalism has an imperial ambition and wants to impose its rules, beliefs and values throughout the world. It is a Catholic neo-fundamentalism that is shaking part of the world, and even its own establishment as well. It should not surprise us that the consequences of the latest initiatives of this neo-fundamentalism, allied with the great political and economic powers, are expanding dangerously, endangering world peace and destabilizing the already precarious coexistence among the peoples of the world. In this sense, we are all invited, almost obliged, to reflection.

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