El Poeta Que Rugió A La Luna Y Se Convirtió En Tigre — Atshusi Nakajima / Sangetsuki (The Moon Over the Mountain: Stories) by Atsushi Nakajima

“Nakajima trata de la magia que tienen las letras” – Sese Makiko, traductora y epiloguista de este libro.
Este título de Nakajima es una compilación de ocho cuentos bastante curiosos si tenemos en cuenta que el autor es japonés: pertenece a la misma generación que Dazai, Kawabata o Akutagawa. De todos los relatos ninguno de ellos está ambientado en Japón: salvo uno ambientado en Siria y otro en la antigua Grecia, todos los demás son, por decirlo pronto y mal, cuentos chinos. De entre ellos destaco dos: el de “La luna sobre la montaña”, que es el que da título al libro y “La catástrofe de las letras”.
El primero es, probablemente, el cuento más conocido es el primero: es una especie de “Metamorfosis” de Kafka, en el que un poeta que se siente fracasado huye a una montaña y allí va perdiendo la humanidad. El segundo plantea una cuestion a los lectores empedernidos: ¿Nosotros controlamos lo que leemos o son nuestras lecturas las que nos atrapan y nos controlan a nosotros? Es decir, ¿nuestros gustos literarios son cosa nuestra o son un camino que nos van marcando los libros que leemos? ¿Tanta magia tiene el espíritu de las letras como para atraparnos y modelarnos a su antojo? Nakajima no da respuesta a estas preguntas, eso es cosa nuestra.
Del resto de relatos unos me han gustado más y otros menos, algunos requieren más relecturas para que yo haya captado realmente el mensaje. Es un libro muy corto e intenso que vale muchísimo la pena. Recomiendo que no os saltéis el epílogo: en él Sese Makiko nos cuenta cómo traducir este libro le supuso descubrir a un autor que en sus tiempos no se estudiaba en los colegios de Japón (ahora hay libros de texto que lo incluyen).

Los nueve relatos que componen este magnífico volumen se presentan como leyendas reales ambientadas en tiempos remotos, cuandos los hombres todavía habitaban una tierra mística e inexplorada. De modo que los personajes comparten muchos lugares comunes a pesar de la distancia.
Como siempre, unos relatos me han gustado más que otros, pero es una colección que me ha cautivado por su prosa. Los cuentos de Atsushi Nakajima son pura magia y su lectura me ha transportado a cada uno de los paisajes que describe.
Nakajima Atsuji es un maestro de la sensibilidad. las dos primeras historias de esta colección te dejan con los pelos de punta. Hay mucha genialidad, y la narración fluye como el agua y te deja empapado.

Tres historias, en particular, se han quedado conmigo: “La luna sobre la montaña”, en la que un poeta fracasado que sigue quejándose de su destino infeliz se convierte en un tigre; “El Maestro”, en el que un arquero, después de haber estudiado este arte con dos grandes maestros, alcanza la perfección solo cuando comprende que “La acción perfecta radica en la inacción, el habla perfecta abandona las palabras y el tiro con arco perfecto significa nunca disparar”; y “El discípulo”, que cuenta la historia de un discípulo de Confucio. Para aquellos de nosotros que no sabemos mucho sobre este último (cuyo nombre chino era, aparentemente, Kong Qiu), la historia presenta hábilmente la vida y la filosofía de este hombre de fama mundial a través de una narrativa cautivadora. Ahora entiendo por qué se dice que su filosofía es pragmática: si sirvió a los ricos y poderosos (durante un tiempo fue ministro) o vagó sin rumbo en relativa pobreza junto con sus discípulos, trató de hacer el bien, pero nunca en un De manera idealista. En situaciones extremas, siempre aconsejaba a sus discípulos que salvaran su propia piel en lugar de sacrificarse por una causa mayor. En el lenguaje de hoy, se lo llamaría “realista”.

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“Nakajima is about the magic of letters” – Sese Makiko, translator and epilogist of this book.
This Nakajima title is a compilation of eight rather curious tales considering that the author is Japanese: he belongs to the same generation as Dazai, Kawabata or Akutagawa. Of all the stories, none of them are set in Japan: except for one set in Syria and another in ancient Greece, all the others are, to put it mildly, Chinese tales. Among them I highlight two: that of “The moon on the mountain”, which is the one that gives the book its title and “The catastrophe of letters”.
The first is probably the best known story is the first: it is a kind of Kafka’s “Metamorphosis”, in which a poet who feels unsuccessful flees to a mountain and there he loses humanity. The second raises a question for hardened readers: Do we control what we read, or are our readings the ones that catch and control us? In other words, are our literary tastes our own or are they a path that the books we read mark us? Does the spirit of the letters have so much magic to catch us and shape us as they please? Nakajima does not answer these questions, that is up to us.
Of the rest of the stories, some I liked more and others less, some require more rereadings so that I have really got the message. It is a very short and intense book that is very worthwhile. I recommend that you do not skip the epilogue: in it Sese Makiko tells us how to translate this book meant discovering an author who in his time was not studied in schools in Japan (now there are textbooks that include it).

The nine stories that make up this magnificent volume are presented as real legends set in ancient times, when men still inhabited a mystical and unexplored land. So the characters share many common places despite the distance.
As always, I liked some stories more than others, but it is a collection that captivated me with its prose. Atsushi Nakajima’s stories are pure magic and their reading has transported me to each of the landscapes he describes.
Nakajima Atsuji is a master of sensitivity. The first two stories in this collection leave you on your toes. There is a lot of genius, and the narration flows like water and leaves you drenched.

Three stories, in particular, have stayed with me: “The Moon over the Mountain,” in which an unsuccessful poet who keeps complaining about his unhappy fate is turned into a tiger; “The Master,” in which an archer, after having studied this art with two great masters, achieves perfection only when he understands that “Perfect action lies in inaction, perfect speech abandons words, and perfect archery means never shooting;” and “The Disciple,” which tells the story of a disciple of Confucius. For those of us who don’t know much about the latter (whose Chinese name was, apparently, Kong Qiu), the story skillfully presents the life and philosophy of this world-famous man through a captivating narrative. I now understand why it is said that his philosophy is pragmatic: whether he served the rich and powerful (for a while he was a minister) or wandered aimlessly in relative poverty together with his disciples, he tried to do good, but never in an idealistic way. In extreme situations, he always advised his disciples to save their own skin rather than sacrifice themselves for a higher cause. In today’s parlance, he would be called a “realist”.

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